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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

10-02-2007 11:39:13

Planeta enfermo, planeta sitiado

Categoria: GeneralVicente Luis Mora


Guy Debord
El planeta enfermo; Anagrama, Barcelona, 2006

Eduardo Subirats
La existencia sitiada; Fineo, México, 2006



La frase que citamos a continuación, ¿no parece escrita hoy?: “El mundo racional producido por la revolución industrial ha liberado racionalmente a los individuos de sus límites locales y los ha unido a nivel mundial (…) Los bárbaros ya no están en los confines de la tierra: están aquí, constituidos como bárbaros precisamente por su participación forzada en el mismo consumo jerarquizado” (p. 33). Pues no, la escribió en 1966 un hombre de inteligencia aterradora, que unía a su lucidez observadora un asombroso don de clarividencia: el filósofo francés Guy Debord, prematuramente desaparecido en 1994.

Anagrama ha publicado bajo el título de El planeta enfermo tres textos que tienen en común la atención del filósofo por el presente, en el momento de su redacción. Les une, además, la agudeza de esa observación ad hoc. Así, comentando los terribles sucesos que tuvieron lugar en Watts, el barrio negro de Los Ángeles, en 1966 –que prefiguraban los ocurridos treinta años después– Debord analiza los métodos de reacción y las causas, para sentenciar: “el país industrialmente más avanzado no hace sino mostrarnos el camino que se seguirá en todas partes si no se echa abajo el sistema” (p. 35). La única diferencia entre entonces y ahora es que el sistema norteamericano ya no puede derribarse… porque está en todas partes. Y el modo en que se ha impuesto a lo largo y ancho del mundo es el espectáculo, ese concepto central de la filosofía de Debord, al que dedicó su clásico La sociedad del espectáculo y los Comentarios a la sociedad del espectáculo, títulos ambos publicados también por Anagrama. De hecho, buena parte de los argumentos contenidos en El planeta enfermo son lugares revisitados de la segunda parte de La sociedad del espectáculo, titulada “La mercancía como espectáculo”, aunque añaden una luz particular al ser arrojados a los hechos del periódico.

Dentro del último ensayo, un inédito que da título al libro, Debord escribía -en 1971- reflexiones que veinte años más tarde expondría Barry Commoner, en su libro En paz con el planeta. Ambos alertaron de los riegos que genera una sociedad como la nuestra, y en las dificultades de controlar la aplicación por las empresas de sus compromisos de no agresión ambiental. Debord iba más allá que Commoner, a quien quedaba cierto optimismo, para sentenciar que la situación de nuestro planeta es terminal: “todo el conocimiento científico (…) ya no discute sino el plazo que queda y los paliativos que, de aplicarse con firmeza, podrían alargarlo un poco” (p. 77). El diagnóstico de Debord es tan preocupante como extendido: en esta cuestión todos sabemos que la actual política fabril y contaminante conduce a la extinción del entorno medioambiental, y todos pensamos a la vez que ya vendrá alguien a arreglarlo; quizá confiemos, como apunta Debord con agudeza, que los ricos necesitan algún planeta para seguir siéndolo, y que ellos mismos acabarán teniendo que poner los medios, ya que la contaminación es lo único que ha igualado a las clases (p. 80). Como análisis de nuestro tiempo, la obra de Debord, sobre todo en lo tocante al espectáculo, no ha sido superada. Mientras que a muchos filósofos contemporáneos se les lee con un asomo de admiración o distancia, leyendo a Debord tiene uno la obligación, no pocas veces irritante, de reconocer que pura y simplemente tiene razón.

El espectáculo es también uno de los temas preferidos del filósofo Eduardo Subirats (Barcelona, 1947), profesor de la New York University y una de las figuras más interesantes –e incómodas– del panorama del pensamiento español contemporáneo. Subirats, que ha estudiado bien a Debord, aborda en su último ensayo, La existencia sitiada (Fineo, México, 2006), la realidad o falta de realidad de nuestro mundo tras su reemplazo imaginario y visual por una “realidad suplementaria (…) una superrealidad integral o un sistema hiperreal del espectáculo global” (p. 28). A su agudo juicio, hay una “indistinción objetiva entre lo real y el espectáculo y (…) la verdad compulsivamente impuesta de slogans e imágenes mediáticos que no poseen ninguna realidad” (p. 29). En la órbita del Baudrillard de El crimen perfecto, se sostiene que los medios de comunicación no son un sistema de representación, sino “una realidad concebida, editada, producida y globalmente difundida como un montaje” (p. 42). En términos similares se expresaba hace tiempo Román Gubern: “la densa y omnipresente iconosfera contemporánea tiende a reemplazar nuestra experiencia directa de la realidad por una experiencia vicarial e indirecta de la misma, intensamente mediada (y, por tanto, interpretada), en forma de mensajes manufacturados por expertos de las industrias culturales, aunque oculten celosamente su condición filtrada, manipulada o tergiversada” (1). El modo de operar, según Subirats, es fácilmente reconocible: Los medios actúan rompiendo el discurso real, y reordenándolo de nuevo, en una práctica del montaje que suele dejar fuera lo más importante (p. 27), justo aquello que necesitamos como ciudadanos para hacernos una correcta idea del problema en cuestión.

Subirats cree que hemos pasado del predominio de lo militar sobre lo civil que Schmitt veía como fundador de la modernidad política, a la sustitución de los elementos de dominio y control: “las decisiones más criminales se imponen con mayor eficiencia a través de la retórica de la seducción” (p. 41): no hace falta justificar con mecanismos militares la invasión de un país, sino seducir con la imagen de qué hermoso sería el mundo con la desaparición de cierto dictador, de cierto gobierno, de cierta idea. Dentro de esas estéticas de la desaparición, por utilizar un término de Virilio, se ha llegado incluso, a abordar filosóficamente, sobre todo desde posturas cientifistas (no muy lejanas a veces de la ciencia-ficción) la desaparición del hombre, al menos tal y como ahora lo entendemos. El filósofo Víctor Gómez Pin, en otro ensayo reciente, Entre lobos y autómatas (Premio Espasa de Ensayo de 2006), dice que “la utopía de la superación del hombre por la vía de la artificialidad cibernética se hermana así con la utopía de la superación del hombre por dilución de las fronteras que lo separan del mundo animal. El despliegue potencial de las tecnologías digitales tendría, pues, complemento en una suerte de pulsión mística, de retorno a formas de espiritualidad que la Ilustración (…) parecía haber dejado atrás” (p. 14). Sin embargo, para Subirats, la superación de lo humano ha encontrado otros caminos alternativos: “Los medios electrónicos (…) constituyen un sistema complejo de instrumentos, de softwares, poderes institucionales, agentes subalternos y códigos formales. Son dichos aparatos, y sus formas jerárquicas espacio-temporales, los que operan como sistema constitutivo de la realidad electrónica. Son los códigos lingüísticos electrónicamente definidos los que constituyen subestructuralmente la nueva ‘forma cultural global’ y los nuevos sujetos ‘posthumanos’” (p. 23).

El ensayo de Subirats recoge ideas ya presentes en otros libros suyos, como Culturas virtuales (2001) o Viaje al fin del paraíso (2005): la destrucción del planeta, la globalización icónica, la tendencia al vacío del arte contemporáneo, la catástrofe belicista y nuclear de la política mundial, y las perplejidades de una conciencia crítica ante ese desolador panorama. Aunque Subirats insiste en que su libro no es negativo, tenemos que reconocer que aquella frase sobre que el pesimismo es sólo buena información no andaba desencaminada. Eso sí, hay motivos para alegrarse: que sigan publicándose libros como los de Subirats y Debord, que siga existiendo esa fractura a cuyo través nos llegan reflexiones de tanto calado, nos permite a nosotros ser conscientes de esos problemas y soñar que alguien, en algún sitio con poder real, detrás de las pantallas del simulacro, sea consciente también de ellos y haga algo para solucionarlos. Sí, he escrito soñar, no soy un insensato. Pero soñar es gratis.



Notas
(1) Román Gubern, La mirada opulenta. Exploración de la iconosfera contemporánea; Gustavo Gili, Barcelona, 1989, pp. 400-401.

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Comentarios

  1. liquid sky has left a new comment on your post "PLANETA ENFERMO, PLANETA SITIADO

    Quemando cromo está la situación! Tomado al vuelo del ABCD del fin de semana pasado.

    (Laura Revuelta en un artículo sobre Nam June Paik)

    "Aunque los tiempos ha cambiado una barbaridad, y ni una cámara de vídeo ni una pantalla de televisión son objetos fetiches como para que se ejerza sobre ellos una violencia destructora y renovadora al estilo Paik, hacen bien en mantenerlo vivo las nuevas generaciones. Al cabo, él fue uno de los últimos románticos del arte, aunque sus obras más que alcanzar precios imposibles en el mercado sean imposibles de encontrar. Pero sus frases no cuestan nada y aún preservan toda una filosofía:

    «La esencia del entorno está en la televisión mucho más que en el cine o en la pintura. De hecho la televisión (su movimiento aleatorio de diminutos electrones) es el entorno actual».

    «Imaginemos un futuro en el que la TV Guide (guía de programación televisiva) sea tan voluminosa como la guía telefónica de Manhattan».

    En esas estamos.

    Un saludo.



    Posted by liquid sky to Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas at 6:08 AM

    liquid sky — 12-02-2007 16:46:30

  2. Razón tienes, liquid, no menos que Nam June. Saludos a los dos, él seguro que los recibe vía satélite.

    vicente luis mora — 12-02-2007 16:48:02

  3. Silvio Gnisci Morgach dijo...
    los medios de comunicación no son un sistema de representación, sino “una realidad concebida, editada, producida y globalmente difundida como un montaje

    Qué idea tan interesante. Si así es y así está comprobado hay que empezar a ser más subversivos de lo ahora estamos siendo.

    Saludos.

    Silvio Gnisci Morgach — 12-02-2007 16:48:57

  4. manolotel dijo...
    Me parece un resumen muy clarividente de un autor esencial para entender el mundo de hoy. Produce un poco de tristeza y un poco de miedo (mezclados)comprobar que analizado lo que en cada uno de nosotros no pasa de ser una impresion más o menos fugaz, resulta ser una fuerza que dirige a la humanidad a no se sabe donde.

    Un saludo.

    1:00 PM

    Manolotel — 12-02-2007 16:50:40

  5. Gracias, Silvio y Manolo. Saludos.

    vicente luis mora — 12-02-2007 16:52:47

  6. La palmera virtual del asedio al fondo de la mente: un arte del acabamiento, o una crónica de la enfermedad. No sé del todo el motivo, pero hay mucha relación entre los últimos posts que has ido colgando, debe ser la sincronicidad, -o tu toque de "serendipity"-. Me da la impresión que me puedo encontrar algo sobre Tom Robbins, Lawrence Peter o Toffler al volver la esquina, pero no, ya sería demasiada casualidad en el extrañamiento del mundo. A pesar de todo lo que cae, y lo que nos queda, incluso, al decir de Wislawa Szymborska

    "En la hierba que ha crecido
    sobre causas y efectos
    alguien debe tumbarse
    con una espiga entre los dientes
    para contemplar las nubes"

    (Fin y principio, traducción de Jerzy Slaworminski y Ana María Moix)

    Un saludo.

    carlos maiques — 12-02-2007 23:02:20

  7. Pangea es ese aire de familia, supongo. Me alegro de verte de nuevo por aquí, Carlos. Saludos.

    vicente luis mora — 13-02-2007 08:39:45

  8. liquid sky dijo...
    Hablando del asunto, y de pasos no más allá. Esto se encuentra en la web de Revista de Occidente. De largo no es el mejor artículo que ofrece la revista en Febrero, pero sí el único disponible en red. Aquí tienes el link:

    http://www.ortegaygasset.edu/revistadeoccidente/ar...(309)Fernando_Castro.pdf

    El estupor se recrudece en según qué ámbitos, al lado de los que otros comentarios aletean (alrededor de Francisco Ferrer Lerín, en esta ocasión),

    http://blogs.elboomeran.com/azua/2007/02/presentac...

    Un saludo.

    1:25 PM

    liquid sky — 13-02-2007 08:43:23

  9. Yo le estaba echando un ojo a El contente vacío y es que Subirats es un nombre que como siempre hace bien en sacar a relucir. A mi me encandiló por sus merecidas observaciones sobre el nacionalismo católico español (¿hasta qué punto se considerará provocador algo tan lógico?).

    Cuando advirtió sobre una censura de alcance mundial no falló, pocas veces disidentes encontramos a pesar de Internet y ese pensamiento único muchas veces me contamina (para mal mío). Y luego está eso que Subirats ya define muy bien él:
    ".Este final de la historia fue, como es muy sabido, una ilusión global expuesta por el neoliberalismo norteamericano. Pero el final de la historia es, en realidad, una vieja consigna apocalíptica, formulada primero por el imperialismo cristiano español o refundido más tarde por el milenarismo nacionalsocialista alemán bajo el signo de la construcción de siempre repetidos órdenes mundiales y globales. En sustancia esta doctrina quiere decir que cuando todo el orbe sea cristiano o cuando todo el globo se haya convertido a la propaganda construida por la media corporativa, la Humanidad obediente alcanzará la felicidad, ya como consumidores del reino de Dios, ya como beatos del paraíso neoliberal."

    Alvy Singer — 13-02-2007 13:32:29

  10. Soy licenciada, leía con entusiasmo a Subirats en la universidad pero si ayer me hubiesen preguntado de qué habla su obra no habría podido evocar ni una idea. Qué frustración. Gracias por refrescarme la memoria y activar el pensamiento. Aprovecho para recomendar una novedad narrativa muy rica en humor y reflexión: "El rencor de los bufones" (Barataria), del argentino Pablo Manzano. Un adelanto del libro en http://elrencordelosbufones.blogspot.com
    Un beso, Laura.

    Laura — 13-02-2007 18:54:48

  11. Sobre el pensar: nada que objetar al panegírico de Debord, un pensador real y auténtico, tan lúcido y profético como alejado de esa jerga seudofilosófica en que tan a menudo se embraga un discurso que ha dimitido de su labor de pensar de verdad para deslizarse por la pendiente de un blabla tan pedantesco como vacuo (lo vacuo: el vacío mentiroso). Ahí tenemos a Subirats, ejemplo pertinente de académico a piñón fijo, astuto rentabilizador de dos o tres ideas recicladas a las cuales ha sabido extraer inopinado jugo academicista (pero, ¿quién se puede tomar todavía en serio toda esa atosigante cháchara matrix?).
    Sobre el humanismo: la retórica humanista tan defendida en los últimos años por el "biempensamiento" dominante es la que sirve para justificar las estrategias capitalistas de dominación. Déjense de sujetos poshumanos y observen cómo los humanos de siempre son sacrificados en los altares del mercado de siempre por el beneficio económico de siempre y la supremacía política y estratégica de siempre. Revisen conceptos de siempre como plusvalía, imperialismo, humanismo burgués y jodida hipocresía.
    Sobre la ingenuidad:"soñar que alguien, en algún sitio con poder real, detrás de las pantallas del simulacro, sea consciente también de ellos y haga algo para solucionarlos". Si ya lo sabía yo, los ricos y poderosos en el fondo tienen su corazoncito y terminaremos todos juntos en la lucha final... ¿por la salvación de las ballenas?

    simpapeles — 27-05-2007 08:56:06


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