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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

11-11-2006 20:52:57

Hamburguesas y poesía

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Hamburguesas y poesía

Cada vez me interesa más ir uniendo aspectos sociológicos con los literarios; esta técnica aporta una saludable dosis de proximidad a lo real (sea éso lo que sea) y un acicate para no dejar de tocar suelo al hablar de poesía. Bien. En los últimos años he detectado una creciente presencia de McDonald’s y Burger King en los poemas publicados en España. Especialmente intenso es el tratamiento que Manuel Vilas dedicaba en Resurrección (2005) a sus visitas al McDonald’s en Zaragoza, hablando del poder “democrático” de obtener carne por tres euros. Y no es el único: Jorge Riechmann, desde una perspectiva radicalmente opuesta a la de Vilas, lo ha hecho en Poesía desabrigada (Ediciones Idea, Tenerife, 2006, p. 80) y Mercedes Cebrián, en un saludable e irónico punto intermedio, si bien más próximo a Riechmann, ha tocado también el tema, en un excelente poema, titulado “Contra la grasa, en vano”, incluido en su miscelánea de relatos y poemas El malestar al alcance de todos (Caballo de Troya, 2004), de la que pronto hablaremos aquí.

Si hacemos caso a ciertos politólogos internacionales (lo que haremos ahora a título pedagógico, para partir de algún sitio), Estados Unidos quiere transmutar el antiguo poder inervador de la burguesía en el poder conservador de la hamburguesa. A juicio de ensayistas norteamericanos como Barber, Ritzer o Schlosser, las multinacionales de su país están desarrollando un proceso para hamburguesar al mundo. Su hipótesis se basa en que los fenómenos de todo tipo, ya sean culturales, económicos o sociales, tienden a la racionalización, y, como expresa George Ritzer (La macdonalización de la sociedad, Ariel, 1996), el paradigma contemporáneo de la racionalización formal es el restaurante de comida rápida. Su modelo (rapidez, flexibilidad, eventualidad laboral, franquicia como rápido sistema expansivo) se desarrolló geométricamente durante los años 80 (allí) y 90 (en Europa), y demostró velozmente sus aptitudes para desarrollarse sin límites en un mercado global. La receta es también aplicable a otros modelos de negocio típicamente norteamericanos, como el Nasdaq neoyorquino, el índice bursátil tecnológico más importante, que suma en importancia económica lo que todos los demás juntos. Leamos las razones expuestas por su directora, D. Davis, por las que este mercado se independizó físicamente de Wall Street, sede tradicional de la Bolsa neoyorquina: "Es imprescindible que el público nos vea, que tengamos un gran escaparate, porque tenemos muchos pequeños accionistas. (...) necesitamos un sitio popular. Cuanto más público, más nos conocerán, luego más venderemos". Como saben los lectores, ese sitio es... la calle. Los índices salen en Times Square, proyectados en gigantescas pantallas que pueden ver al año 458 millones de transeúntes. El autor del artículo de donde extraigo la información, Javier Martín, señala con perspicacia: "Los directivos del Nasdaq han copiado la estrategia del fast-food para popularizar el fast-stock. Hamburguesas y start-up tienen en común la riqueza en calorías y su alta volatilidad; y su público, que entra con la misma velocidad que sale". Así es, en efecto, porque ese es el modelo general americano. Dice Vicente Verdú en ese imprescindible ensayo para entender la metrópoli, El planeta americano:

La hamburguesa es algo más. Aparte de comportarse como alimento se comporta como documento. (...) Más allá de un simple negocio, McDonald's se ha desarrollado como un doble patriótico de Estados Unidos. (...) Una hamburguesa americana actúa como signo de un sistema cultural y cada local opera como un centro de propaganda incomparablemente más eficaz que los institutos oficiales. El ideal americano no busca conquistar el mundo en sentido duro, prefiere la dominación mediante la mímesis blanda de la hamburguesa.

Posteriormente se ha sumado a esta opinión Eric Schlosser con su libro Fast Food Nation. Esta visión es exacta. Es el primer paso para entrar en el american way of life, tal como lo desean las multinacionales: el atontamiento, la aniquilación del individuo por el consumidor y del obrero por el elemento productivo, la sustitución programática (empresarial, ojo, no estoy hablando de “lo norteamericano” en abstracto, error metonímico en que muchos suelen caer) del ciudadano por el espectador. Como explica Schlosser, la hamburguesa es la muestra perfecta del universal deseo de gratificación instantánea, que busca el placer, la ebriedad o la curación aquí y ahora. "El exagerado consumo de alcohol y la casi universal prescripción de tranquilizantes por los médicos", que denunciaba el psicólogo Nicholas Cummings hace años, consecuencia de que nuestra sociedad farmacocéntrica "no tolera la tristeza, la enfermedad ni el dolor" (José Cabrera), contribuyen a generalizar la modorra mental hasta los límites del electroencefalograma plano.

Esto es lo que combaten, cada uno a su manera, Riechmann y Cebrián. Para el primero, lo interesante es destacar, desde la visión del “Intelectual meditabundo” (así se titula su poema), la perspectiva de mercantilización de la que, a su juicio, McDonald’s es el paradigma antonomásico: “pues me pagan / para que me deje comprar”. Pero reconozco que me encanta la versión crítica y malvadamente naïf de Cebrián en “Contra la grasa, en vano”, con que finalizamos:

(…)
Escuchad el chisporroteo descarado
de las patatas al freírse en enormes cubetas
de nuevo orden mundial;
ajenas al lejano girasol, a la bíblica oliva,
sumergidas en grasas de procedencia innoble.

Grasa, a ti me dirijo: mírame
a los ojos con algo de respeto
-es mi única compensación,
las dos tenemos claro que la flecha de líneas discontinuas
acabará sin remedio en mi metabolismo,
produciendo tejidos monstruosos.



Nota bibliográfica: Declaraciones de D. Davis: Ciberp@ís mensual 5/2000, p. 11. Verdú: El planeta americano; Anagrama, Barcelona, 1996, pp. 165-166. Ignoro si el título de este ensayoo de Verdú proviene del libro de Jacques Spitz, un escritor francés de literatura fantástica, que en La agonía del globo narra cómo América se despega del resto del mundo para formar un planeta independiente. “En cualquier caso, nuestras mocedades viven el patriotismo de la hamburguesa, se cuelgan de pepsi y rebeldía, y, queriendo ser globales, sólo son subciudadanos yanquis”; Francisco Umbral, “La hamburguer”, El Mundo, 19/1/2001. Según escribía en 1973 el gran teórico de la pulsión de gratificación instantánea, Konrad Lorenz, la intolerancia hacia el desagrado tiene como resultado “esa petición impaciente exigiendo la satisfacción inmediata de todos los deseos incipientes” (Los ocho pecados mortales de la sociedad civilizada; Plaza y Janés, Barcelona, 1973, p. 49), algo que Paulino Castells e Ignasi de Bofarull relacionan agudamente con la generalización de la domótica y la ley tecnológica del mínimo esfuerzo (Enganchados a las pantallas. Televisión, videojuegos, Internet y móviles; Planeta, Barcelona, 2002, p. 55). La de sociedad “farmacocéntrica” es una memorable definición de P. García Barreno en El Cultural de El Mundo, 21/3/2001. La cita de Nicholas Cummings está tomada de José Antonio Marina, Crónicas de la ultramodernidad; Anagrama, Barcelona, 2000, p. 132. “La gente quiere vivir en seguida, aquí ahora, conservarse joven y no ya forjar el hombre nuevo”; Gilles Lipovetsky, La era del vacío (1983), Anagrama, Barcelona, novena edición, 1996, p. 9.


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Comentarios

  1. Anoche vi la película de Goya de Milos Forman. No me gustó demasiado, pero hubo una cosa, muy probablemente impremeditada, que sí me gustó: la película deslizaba la idea de que Goya lo único que hizo fue estar allí, mirándolo todo. Era tal la fuerza de lo que ocurría, que sólo podía representarlo. Corregir lo que ocurría hubiera sido hipocresía, hubiera sido una falta de compasión para el dolor y la destrucción y poco entendimiento de la vida. Pasaron Carlos IV, la Inquisición, los franceses revolucionarios, volvieron la Inquisición y los reyes absolutos, y Goya allí estaba, pintando.No sabía pensar, no tenía ideología (ya no podía tenerla), estaba espiritualmente muerto, sólo tenía unos sucios pinceles y la sordera.Era vulgar hasta la saciedad. Sólo sabía pintar.

    Manuel Vilas — 12-11-2006 11:08:50

  2. Veo por dónde vas, Manuel. Gracias por tu comentario.

    vicente luis mora — 12-11-2006 18:18:08

  3. No me gusta pensar que por ser la hamburguesa un elemento tan de nuestro tiempo, algunos autores traten de integrarla a su obra para darle a ésta un toque de "modernidad". Porque quiero descreer de dicho pensamiento, rogaría que los aquí lectores colgaran algunos de estos poemas vacunos.Gracias.
    ----
    (siempre me pregunto si colgar es el verbo adecuado. En un sentido metafórica está claro que vale; pero la cuestión es que en la acepción informática de "colgar" el DRAE estipula:
    colgar: 16. prnl. Inform. Dicho de un ordenador: bloquearse. U. t. c. tr.
    ¿Cómo referirme al "acto de colgar" sin caer en la imprecisión de la metáfora?)

    Tipo — 12-11-2006 19:47:52

  4. El poema de Vilas es fabuloso (todo su libro lo es); y el extracto del de Cebrián también. Espero con entusiasmo su reseña sobre el libro. Saludos.

    lauzier — 13-11-2006 07:12:24

  5. La idea de que una hamburguesa o un local de hamburguesas aparecen en una obra para darle un "toque de modernidad" es tan sorprendente como habitual entre nosotros. Las hamburguesas y sus locales norteamericanos son ya clásicos, antiguos, habituales, cotidianos, no tienen nada que ver con nuestra modernidad última, líquida o estricta. En El Corán aparecen camellos, mal le pese a Borges, y en las novelas de hoy día aparece comida basura, como parte del paisaje. La novela que evita eso, como evita la música pop, la tecnología, las hipotecas o los dibujos animados, es una novela anacrónica, arcaizante, ridícula. Mayoritaria.

    J.C. — 13-11-2006 14:20:38

  6. Me ha dado la impresión de estar leyendo a Foster Wallace.

    (sobre)impresionado. — 13-11-2006 18:41:11

  7. Por un lado, no creo que para demostrar "actualidad" uno tenga que hablar de hamburgueserías o de emails. En este mundo ultrarrápido, se hable de lo que se hable, a ese nivel digamos superficial (como paisaje o trasfondo de la acción), es susceptible de ser visto, en cuestión de días como un anacronismo. Las hamburgueserías, de hecho, son ya un anacronismo. ¿Acaso entrar en un McDonalds o en un Burger King no da siempre la impresión de entrar en un local un tanto decrépito (sin valoración moral), anacrónico, de otra época? Uno sólo puede situar en un local de ese tipo a un personaje si pretende hablar, precisamente, del derrumbe del presente (sin valoración moral). Y, por favor, no caigamos en decir que, precisamente, ese es el signo de los tiempos... el derrumbe y todo eso.
    Por otra parte, qué difícil nos resulta librarnos de la visión europea al tratar ciertos temas propios de la idiosincrasia estadounidense. Recuerdo un comentario del respetable Philip Roth en el que criticaba que los europeos siempre arremetiesen contra los locales de comida rápida como los de McDonalds. Aludía a su carácter democrático diciendo algo así como que eran limpios, luminosos y resguardaban del frío a todos aquellos que no tenían dónde ir. De ahí también, supongo, esa visión un tanto decrépita de las hamburgueserías, pues su razón democrática afecta principalmente a los indigentes o vagabundos, a los que no tienen otra cosa. ¿Quién más querría pasar el rato allí, aparte de los adolescentes? Porque los adolescentes siguen encontrándose en el McDonalds, ¿no? O al menos una parte de los adolescentes.
    Por último, el problema con lo que comentabais sobre la cultura de la hamburguesa, y sin remitir en sentido estricto a lo metafórico, no es la hamburguese en sí, que no es más que carne (carne picada y fácil de comer, eso sí, pero carne auténtica, no procesada), si no lo que acompaña a esa carne. El problema de la cultura de la hamburguesa es el azúcar. ¿Azúcar? Sí. El azúcar de los superrefrescos, de las salsas para las patatas... El azúcar presente en todos los productos de McDonalds. Ese es el auténtico enemigo. Y lo que hay que pensar es por qué todo ese azúcar y también el efecto que eso crea en el organismo y en el cerebro. Las neuronas necesitan azúcar, una sobredosis genera un grave problema. Un problema real, pero también extensivo metafóricamente.

    Nolan — 14-11-2006 10:04:37

  8. Imagino que ya no soy pobre, o ya no soy tan pobre como lo fui,o ya no soy pobre del todo, o hay muchos más pobres que yo. Pero aunque tenga ingresos regulares, aunque escasos o ridículos, según el día, me siento pobre. Si te sientes pobre como yo, el único sitio en donde tienen compasión de tu pobreza es el MacDonald´s. Estoy de acuerdo con lo que dice Nolan (un beso si eres, como imagino, Nembrot, y si no eres Nembrot, pues igual te doy un beso)respecto a lo de la visión europea, y estoy infinitamente de acuerdo con Roth: allí, en MacDonald´s, te quitan el hambre. Eso es lo que a mí me ha interesado del MacDonald´s, que te quiten el hambre.
    Pero no te quitan el hambre a base de pan y chorizo, no, te quitan el hambre con cierta delicadeza (puede ser una delicadeza para advenedizos, o una delicadeza falsa, no lo niego): la carne lleva pepinillo, ceboza, queso, la carne es a la brasa, el pan es especial; los pobres agradecemos esto, agradecemos un poco de delicadeza, aunque sea falsa y grosera, pero es un detalle. En fin, que soy pobre y en MacDonald´s estamos los pobres y lo pasamos un poco bien; nos cuidan, nos tratan como si fuésemos personas de verdad, como si fuésemos comensales auténticos; y luego están las patatas fritas, baratas, y las ensaladas, baratas. Es todo barato, pero parece algo. Ese "parece algo" es el éxito de MacDonald´s. Un bocadillo de chorizo no parece nada. Una BigMac parece algo, y aún es más barata la BigMac que el bocadillo de chorizo. Y eso es todo amigos.

    Manuel Vilas — 14-11-2006 14:37:55

  9. "Acaso entrar en un McDonalds o en un Burger King no da siempre la impresión de entrar en un local un tanto decrépito (sin valoración moral), anacrónico, de otra época?"

    McJob (Coupland)
    ïndice Big MaC (the economist)
    Más de 5 millones de googles.

    Literatura, tecnología y economía están de acuerdo: la hamburguesa está de moda.
    (Billones de clientes y centenares de miles de empleados también lo aseguran)
    ((Acabo de enterarme: http://www.mcdonalds.com/corp/career/hamburger_uni...))

    ----

    Otra cosa: Vieron ustedes el programa de FSD? Un poeta,cuyo nombre he olvidado, CASI recomienda las Singularidades (el libro) de VLM. Se podría decir que VLM ya es CASI mediático. Y yo, claro, me alegro.

    Tipo — 14-11-2006 20:23:57

  10. No tenía ni idea. ¿Qué significa casi recomendó? ¿Que habló bien o mal? ¿Quién era el poeta? ¿Me espera Aquí hay tomate? ¿Puedo saludar?

    Pues eso, saludos.

    vicente luis mora — 14-11-2006 23:59:57

  11. (colgado en el otro blog)

    McDonalds (con todo lo que significa) está ahí y no podemos obviarlo. La cosa está en ser de los que arrojan piedras a los escaparetes o de los que se quedan dentro comiendo mientras todo va perdiendo. Si es que ya no es demasiado tarde. A veces pienso que McDonalds ha ganado la partida hace tiempo. Si Jesucristo volviera de nuevo a la tierra, la última cena se serviría con cubiertos de plástico y el vino se tomaría en vasos de papel.

    djs — 15-11-2006 00:05:39

  12. 1-El programa de FSD lo repiten a eso de las 22:00 este miércoles (hoy!) en Telemadrid Sat, esto es, el canal 91 del CSD.
    2-El poeta es Jesús Urceloy.
    3-Digo casi porque desafortunadamente el tiempo, impertérrito asesino de sí mismo, no lo permitió. Aún así, el libro relució su verde fosforito mientras urceloy, apurando el tiempo, declamaba los versos de no sé cuál poemario de no sé qué autor. What a pitty!

    (Yo creía que el saludo era parte implícita en cualquier comentario)

    Tipo — 15-11-2006 01:40:00

  13. Urceloy es un poeta poco conocido, que debiera serlo mucho más. A ver si un día hablamos aquí de él.

    Y no, Tipo, el saludo es para quien se lo gana. Así que

    Saludos.

    vicente luis mora — 15-11-2006 08:09:17

  14. Estoy muy de acuerdo con lo que dice Manuel Vilas. De hecho, quizá lo anacrónico sea criticar sistemáticamente, porque sí, la hamburguesa y la cultura de la hamburguesa.
    Que alguien me explique qué tiene de mejor la cultura del chorizo, tanto culturalmente como alimenticiamente.
    Yo cuando entro en un local de comida de este tipo, me siento bien, me da la impresión de que estoy en un lugar familiar, donde nada me puede pasar, donde me vuelvo a hacer amigo del mundo. ¿Una ficción? En efecto, es una ficción, pero es la mía, y la de muchos millones de personas. Pero de la misma manera que ser afecto a lugares contrarios a los McDonalds, es vivir otra ficción, otro manierismo. O acaso, aplicando la misma lógica de los que tachan a McDonalds de decadente, ¿no lo son lugares decadentes los locales que imitan las costumbres, cultura y comida de nuestros bisabuelos? ¿No son un folclore tan vacuo y falso como los McDonalds ?
    ¿Por qué se afirma siempre, en términos generales, que nuestros antepasados comían mejor, cuando es científicamente falso? ¿Pero alguien se ha pasado a pensar de qué se moría la gente hace 200 años? ¿Pero alguien se ha pasado a pensar que los supuestamente malos "conservantes" que comemos no son malos porque, precisamente, conservan? En fin, habría tanto que desmontar de de esa nueva mitolgía-bucólico-pastoril-mercadotécnica de lo "natural", "lo de siempre", del producto comestible "ecológico", donde hay mucha estafa, falta de información para pobres despistados, y una ideología detrás muy reaccionaria manejada por grandes empresas disfrazadas de "naturales” (y aquí se incluyen desde compañías petrolíferas a no pocas ONGs). Para empezar, “natural” lo es todo en tanto existe (del lenguaje al átomo de uranio, pasando por la hamburguesa). Para terminar, “artificial” lo es todo en tanto está “fabricado” por una cultura y costumbres humanas (del lenguaje al átomo de uranio, pasando por la hamburguesa). La controversia natural vs artificial es falsa, estéril, y filosóficamente muy antigua y superada; no existe tal dicotomía.
    A mí, por lo menos, que no me den por sistema lo mismo que ya comieron mis abuelos, que eso ya me lo conozco; sé de qué murieron.

    Y todo esto tiene mucho que ver con la literatura, con la definición de los “géneros”, de los gustos y lecturas de la gente. Porque es un esquema que tiene correlatos en todos los ámbitos de la cultura de un pueblo (me refiero a cultura como modo de vida y costumbres, no como ilustración).

    Agustín Fernández Mallo — 15-11-2006 13:03:56

  15. Así es, como dice Fdez. Mallo (te he leído, pero no te conozco, te va un saludo) en las cuatro últimas líneas de su post: se comienza denostando las hamburguesas y se acaba denostando también toda literatura que se aparte del canon de literatura nacional, es decir, todo lo que no sea el bocadillo de chorizo.

    Pero hay algo en este comentario de Vicente que me ha interesado especialmente y por eso me he decidido a intervenir: me refiero a los procesos de representación de la realidad (sea la realidad lo que sea, como da a entender Vicente).
    Nunca he acabado de entender por qué la poesía española no es permeable a la representación de las realidades históricas, sociales, económicas, etc, como sí es permeable la novela, el cine o la fotografía.
    Probablemente, esto es así porque la poesía tal como se entiende hoy no es cultura exactamente sino institución cultural. Y de las instituciones se espera protocolo y normativa.
    De ahí surge algo un poco preocupante: que la poesía no forme parte de la literatura en la medida en que la poesía no refleja los procesos vivos de una sociedad sino arquetipos lingüísticos del pasado, es decir, arquetipos institucionalizados.
    Si no hay representación de la realidad (sea la palabra realidad cuanto queramos siempre y cuando tenga un nexo racional con la Historia), no puede haber literatura.

    Manuel Vilas — 15-11-2006 19:35:50

  16. Eso es una falacia. La comida basura es basura. El chorizo del pueblo no es basura, aunque tenga colesterol del malo.
    Eso no quita que la utilización literaria de ambos elementos simbólicos no remita, como dice Agustín, a unos campos semánticos e ideológicos falsos, en cuyo fondo esté el elogio de la villa y el menosprecio de la corte.
    En cualquier caso, que cada cual utilice los aspectos de la realidad que le parezcan más fértiles para su mundo literario. Pero con la conciencia de que se trata de una elección, no de una imposición de la mimesis inconsciente de nuestro tiempo, que oculta muchos de sus rasgos esenciales.

    J.C. — 15-11-2006 21:31:37

  17. Eso es una falacia. La comida basura es basura. El chorizo del pueblo no es basura, aunque tenga colesterol del malo.
    Eso no quita que la utilización literaria de ambos elementos simbólicos no remita, como dice Agustín, a unos campos semánticos e ideológicos falsos, en cuyo fondo esté el elogio de la villa y el menosprecio de la corte.
    En cualquier caso, que cada cual utilice los aspectos de la realidad que le parezcan más fértiles para su mundo literario. Pero con la conciencia de que se trata de una elección, no de una imposición de la mimesis inconsciente de nuestro tiempo, que oculta muchos de sus rasgos esenciales.

    J.C. — 15-11-2006 21:33:40

  18. PASTORAL AMERICANA (Hamburger Dream)

    En el South Side de Chicago, mientras un griego impasible trata de convencerme de que durmamos en un motel de putas que se llama Pink Palace.

    En el barrio muy pijo de Beacon Hill (en Boston), donde compro con ella un paraguas blanco y negro, blanco y negro, blanco y negro, pero no puedo jugar a las damas.

    En un callejón vacío y oscuro de San Francisco, mientras un policía lleno de costras me pide los papeles del coche sin quitarse las gafas de sol y yo suplico por una llamada del capitán Furillo.

    En una esquina cercana al Art Institute de Minneapolis, después de compartir con A un Miró y un beso furtivo/cautivo/diminutivo bajo la atenta mirada de la vigilante.

    En el mall de Des Moines, junto a gordos de postal, barbis permanentadas y sonrientes dependientes (la rima es accesoria) con manchas de mostaza en sus feas corbatas de trabajo.

    En el estadio de los Chicago Bulls, destellados a dentelladas por el oro encadenado de un pandillero que nada sabe de la globalización y sus valores más allá de su barrio hecho pedazos.

    Y ahora más que nunca, otro sobre de ketchup y a otra cosa.

    j. — 15-11-2006 21:37:31

  19. Mi infancia son recuerdos de hamburguesas y aritos de cebolla. Dicho esto, con el tiempo como más chorizo que hamburguesas. Si eso es una vuelta a los orígenes, me suda el nabo -por seguir continuar el símil gastronómico-, pero creer que una hamburguesa conlleva un proceso de universalización cultural me parece aún más ridículo. Hay un interesante libro, Naciones literarias (Edición de Dolores Romero, Anthropos) con un capítulo recomendable:"Contra la globalización: la importancia de lo nacional para una historia comparada de las literaturas ibéricas" de Randolph D. Pope. Recomiéndolo.
    A pesar de que nos preeciemos de una cultura universal, creo que este blog tiende a una identificación -bien como modelo o antagonista- de la universalidad con los estados reunidos de américa. Y eso debe de ser la idelogía: los dibujos que vimos de niños, la ropa, los discos.
    Qué aburrimiento.

    Clemente — 16-11-2006 12:43:03

  20. Mc’Donalds tiene unos precios bastante homogéneos en el mundo. Por eso en Estados Unidos, Francia… resulta barato; aquí no del todo: he comido muchos bocadillos de chorizo y muchas hamburguesas (por cierto son mucho mejores las del Burger King) y éstas, salvo ofertas muy excepcionales, suelen costar el doble que los primeros; en países con niveles de vida inferior es un sitio caro.

    Respecto al último comentario de Manuel Vilas yo no creo que la poesía deba ser permeable a la “representación de las realidades históricas, sociales, económicas…” simplemente debe ser permeable a la historia, sociedad, economía, ciencia, tecnología… Y, por otra parte (o quizá la misma), ¿es o ha de ser literatura? (yo no lo tengo nada claro).

    Juanjo — 16-11-2006 13:37:24

  21. Por cierto. El último libro de Mercedes Cebrián -excelente excelente- tiene una parte significativamente titulada "España Limita". En esa gramática heredada, la niña lee Segovia donde dice Secuoya, y así se hace un mundo de arquetipos, algunos yankees -vistos con la mirada provinciana de una niña española-: de arquetipazos.
    Libro magnífico. ¿Para cuándo una crítica, Vicente?

    Clemente — 16-11-2006 14:21:03

  22. Hola, ¿qué tal? Todo el mundo parece tener cierta razón, incluso Clemente al quejarse así. Lo último que dice J.C. me parece muy razonable, lo que dice Manuel Vilas (una saludo, Manuel) también; creo que entiendo su punto de vista sobre la necesidad de realismo (en tanto que capacidad de representación o diálogo con la realidad) en la poesía y lo comparto (sin que nos hayamos puesto de acuerdo en ello jamás), pero me gustaría matizar un poco lo que yo pienso ahora mismo sobre la hamburguesa como elemento (¿nuestra magdalena de Proust?) representativo o elemento desde el que se pueda partir para indagar en la realidad y representarla y dialogar con ella mediante la literatura. Pienso que “ese algo” del que habla Manuel que tiene el MacDonalds y que indentifica como clave de su éxito, es algo que podríamos llamar “estilo” una porción de arte norteamericano del S. XX, y el arte norteamericano del S. XX, si se caracteriza por algo, en mi opinión, es por su carácter “democrático” (y ahí está el supremo sacrilegio: la unión de pueblo y arte, la superación de esa ficción clasista, de ese paradigma de control social). Es decir, ellos cogieron el democrático bocadillo de chorizo alemán, y lo transmutaron artísticamente, con total naturalidad, igual que los edificios, los coches, la moda o la música, al ritmo de su desarrollo social, un desarrollo más primaveral que el que podemos haber experimentado nosotros los europeos mientras tanto, o sea, un desarrollo con más acné y más flores, con muchos colores, salvaje y violento pero con color, mientras nosotros padecíamos una violencia mucho más gris, más terrible, más vieja, más enferma y también más letal. Es decir, el arte norteamericano del S. XX es esencialmente democrático porque la mayor parte de sus destinatarios y ,en grandísima medida, los propios artistas, han sido gente llana, más o menos pobre, y también joven. Eso –la combinación pueblo-juventud-arte ha sido algo peligroso en EE.UU., pero menos que en Europa. Mirad el punk, por ejemplo: a Malcon Mclaren se le ocurrió la gracia de montar algo parecido a lo que hacían los punks de Nueva York (Ramones, Heartbreakers; las pintas fueron copiadas de Richard Hell) y lió un pitote de la hostia, porque claro, en Europa había una tradición revolucionaria y de diálogo social que en EE.UU. no existía, y lo siguiente que ocurrió fue que tenías a los Clash haciendo música política y millones de grupos que vinieron después. Si pensáis que esto no ha sido “peligroso”, estudiad por ejemplo lo que fue el llamado Rock Radical Vasco y veréis por qué, en este país europeo llamado España, se ha preferido que la poesía no sea cultura sino institución, como dice Manuel, y por qué se prefiere siempre fomentar la (in)cultura de masas y nunca la cultura popular en todas las artes.
    Saludos.

    David Murders — 16-11-2006 14:53:15

  23. Lo mal que comen los poetas. No es nuevo. Así se construyen las leyendas y se os agradecerá este sacrifio ulceroso. El sentido del gusto (literario) también corre un grave riesgo con una poesía insabora. Supongo que un mordisco a una hamburguesa es hincarle el diente a una forma sagrada contemporánea, es el cuerpo del capitalismo, de lo que el capitalismo nos tiene reservado, y no es mero símbolo: la representación de su posibilidad material (granjas de ganadería intensiva, cartonajes y talas) es inmediata. Esclavitud: el cliente deposita su propia basura en el minicontenedor, un inmigrante con visera sabe que el cliente es otro empleado malpagado.

    Chema — 16-11-2006 21:16:56

  24. Tipo, si no te gusta pensar eso, pues no lo pienses.

    castellano viejo — 16-11-2006 22:09:46

  25. McDonalds (con todo lo que significa) está ahí y no podemos obviarlo. La cosa está en ser de los que arrojan piedras a los escaparetes o de los que se quedan dentro comiendo mientras todo va perdiendo. Si es que ya no es demasiado tarde. A veces pienso que McDonalds ha ganado la partida hace tiempo. Si Jesucristo volviera de nuevo a la tierra, la última cena se serviría con cubiertos de plástico y el vino se tomaría en vasos de papel.

    djs — 16-11-2006 22:10:01

  26. Clemente, la reseña de Cebrián este fin de semana. Me has leído el pensamiento. Por cierto, si no lo tienes, cómprate El malestar al alcance de todos; misma autora, misma editorial. Saludos.

    vicente luis mora — 16-11-2006 22:14:03

  27. David Murders menciona dos cosas muy importantes para el debate sobre el arte estadounidense, y por extensión, la producción industrial globalizada:

    1) "Ellos cogieron el democrático bocadillo de chorizo alemán, y lo transmutaron artísticamente, con total naturalidad, igual que los edificios, los coches, la moda o la música, al ritmo de su desarrollo social, un desarrollo más primaveral que el que podemos haber experimentado nosotros los europeos mientras tanto, o sea, un desarrollo con más acné y más flores, con muchos colores, salvaje y violento pero con color, mientras nosotros padecíamos una violencia mucho más gris, más terrible, más vieja, más enferma y también más letal".

    Es decir, esa amalgama sin complejos, esa capacidad de fagocitarlo casi todo, es lo que hacen grandes artistas y escritores estadounidenses, desde el espíritu de Whitman a las propuestas de Pound. Esa actitud, la apertura a Europa tras la Segunda Guerra, es lo que permite la aparición de Robert Rauschenberg o John Ashbery (da lo mismo que lo que se mezcle sea Wallace Stevens, Rilke, los surrealistas y Lacan, se empaqueta bien y termina en comida contundente y sabrosa: Pizza, Hamburguesa, Burrito). Pero hay que tener en cuenta que la Europa de la que se partía era una Europa cercana, de primera mano (más sobre esto en un segundo).

    2)"El arte norteamericano del S. XX es esencialmente democrático porque la mayor parte de sus destinatarios y ,en grandísima medida, los propios artistas, han sido gente llana, más o menos pobre, y también joven. Eso –la combinación pueblo-juventud-arte ha sido algo peligroso en EE.UU., pero menos que en Europa".

    Bastante aproximado, pero qusiera ofrecer ciertos matices. Esa gente joven, más o menos pobre, incluía, efectivamente, a Rothko, De Kooning, Arshile Gorky, es decir, los artistas que forjaron el cambio de la centralidad de las Artes Plásticas de París a Nueva York: ninguno de ellos estadounidense de nacimiento y que fueron pobrísimos por largos años(cabría preguntarse por qué alguien en similar circunstancias como Esteban Vicente es recuperado tan tarde en España y sólo a partir de la institucionalidad cultural política, o por qué Buñuel no pudo entrar en Holywood, aunque lo intentó, o, lo que es más urgente, si alguien hoy se atreve a ser pobrísimo y vivir a la sombra, o si la sociedad española promueve una movilidad social auténticamente democrática).

    Andy Warhol, inmigrante de segunda generación, es quien reconoce la botella de Coca-Cola y la caja de jabón, en su ambiguedad dramática y orgullosa, superando la ironía burguesa europea de Duchamp. Y ya para pasar al Rock, la cuestión de la educación es clave desde Bowie hasta los punks o los new wave (Joe Strummer, en The Clash, no olvidemos, era hijo de diplomáticos). Eso es lo bueno y lo malo de Europa: las contradicciones que aparecen por tratar de mantener un proyecto ilustrado, humanista o cívico. Pero en Estados Unidos se da lo mismo en una imagen inversa: Ashbery y todo su bagaje tan intelectualmente sugerente no deja de reconocer que a él le gusta Popeye porque es un gringo vulgar, procaz y, si las circunstancias lo fuerzan, imperialista, como su padre Whitman (les recomiendo "Pirografía, poemas escogidos de John Ashbery (1957-1985), Visor, 2003) una antología de los 10 primeros libros del autor, donde se ve el proceso que lo lleva a la parcial superación de las responsabilidades cívicas y/o morales de los modernistas). Lo grave es que parece que en Estados Unidos en la actualidad se ha dado por perdida esa batalla por democratizar nada que no sea el consumo de baja calidad, cueste lo que cueste en términos de violencia.

    Sobre el traductor de "Pirografía", creo que alguna vez fue un inmigrante en dos continentes y que también estuvo vendiendo pizzas o patatas fritas en un restaurante de comida rápida, como en el poema de Mercedes Cebrián.

    Martín Rodríguez-Gaona — 17-11-2006 12:04:55

  28. Hola Martín. Para mí lo has clavado. Estoy muy de acuerdo contigo, como con Murders y con Vilas. Sólo eso. (Por cierto, Martín, aunque Ashbery no es santo de mi devoción, me compre hace poco Pirografía; te felicito).

    Para JC: desengáñate, el chorizo de pueblo, si seguimos la lógica que usáis los que separáis la comida entre basura y no basura, es comida basura total. Vamos, es que con la vida sedentaria de hoy te metes cada día un superbocata de chorizo y ya verás qué pronto te están tratando en un hospital; ¡peor que el tabaco! Siguiendo la misma lógica de nuestros lumbreras gobernantes, tendría que estar prohibido, es una tentado contra la salud.
    (Aviso tangencial: qué se preparen los gordos. En mayor número de muertes en España es por enfermedades derivadas de problemas del corazón y arteriales. A este paso prohibirán la venta de Bollycaos y a los gordos no les estará permitida la asistencia pública sanitaria, o sí, pero en los últimos de la cola, como ya ocurre en Gran Bretaña con los fumadores. Veis, veis, veis a lo que llevan esas terminologías puritanas de "comida basura", comida "natural", etc, a la exclusión y el fantismo, al paternalismo más rancio. Curiosamente algo contra lo que supuestamente luchan muchos de los “naturistas”, que están en contra de los de los totalitarismos de las multinacionales. Contradicciones flagrantes. Los progres de los 70 son los reaccionarios del siglo 21. Pero así es la vida, mejor será escribir poemas y olvidarse del mundo)

    Que no, hombre, JC, que no, que el término “comida basura” es un término puramente comercial, si rigor técnico alguno, de cada a marujas y marujos.
    Pregunta: ¿Los plátanos son comida basura?
    Respuesta: ¡¡No, hombre no, son "naturales"!!
    Contrarespuesta: Pues tómate un kilo cada día y ya verás cómo terminas.

    En fin, espero pacientemente las pedradas. Sobre literatura hoy no tengo nada que decir.

    Agustín Fernández Mallo — 17-11-2006 16:20:00

  29. Saludos, Martín. Al final siempre acabamos hablando de Rock. Espero que en el futuro podamos conocernos y charlar. La verdad es que no soy precisamente un enciclopedista del Rock (ni de nada), pero supongo que -si me permitís modificar el título de los Stones (a los que, como grupo, y para bien o para mal, les tengo una manía terrible)- “It’s only Rock and Roll but I love it”. O “It’s only Rock and Roll but I’m lovin’ it”. Y esto último no por los publicistas de “MacDonals” sino citando a Eminem: “... and now they’re saying I’m in trouble with the Government, I’m lovin’ it!...”
    Por eso me da por pensar en torno a ello, porque me encanta aún hoy, en primer lugar, y porque me parece un hecho sin parangón en la Historia (si alguien puede corregir esta percepción mía, me encantaría que lo hiciese), a no ser que pasase algo parecido en la antigua Grecia con la Tragedia o con la música de los cultos dionisíacos que, según Mr. Friedrich Nietzsche, si no recuerdo mal, estuvo en el origen de la Tragedia griega. Hasta el punto en que me pregunto (me pregunté, de hecho, hace unos pocos años): ¿cuál es la relación entre el carácter de un arte dominante y floreciente y el devenir social humano? O –a ver si puedo atinar más-: si los que producen y consumen –por utilizar terminología actual- Arte (sí, con mayúscula) no son ya los miembros de una clase o una casta situada en lo más alto de la pirámide social, sino un grupo heterogéneo –y considero esta heterogeneidad muy importante- que lo es en cuanto a clase y también –ojo al dato- en cuanto a nacionalidad, y teniendo en cuenta que el origen de ese Arte es no sólo pobre y llano, sino doloroso, trágico, insoportable (el blues de los esclavos africanos; el folk de los proletarios), es decir, si en origen ese arte nuevo es la expresión de los “valores” del llamado Pueblo (incluyendo mucho sexo, mucha droga y mucha música para soportar el dolor), ¿no debería esto reflejarse en la organización social, en sus jerarquías?, ¿no deslegitima esto la perpetuación de un orden social que en el fondo se pretende basado en la ley natural, y más cuando los miembros más jóvenes de la sociedad hacen de ello su cultura por excelencia? Yo diría que sí, porque cuando los poderosos no manejan los hilos del arte, los únicos hilos que pueden manejar son los de la violencia pura y dura. Y creo que ante esta perspectiva se han tomado medidas concretas: ser lo más invisible que se pueda y, mientras tanto, dinamitar en todo lo posible la posibilidad de un arte libre, sociológico, que comunique, realista, que sirva para dialogar con la realidad (ojo, que cuando digo realista no estoy hablando de estilos ni de escuelas); dinamitar en lo posible –mediante el puñetero simulacro- la ley natural que dice que los que se lo ganan por sus propios medios tienen derecho a hablar, a ser escuchados en la plaza pública.
    Para mí, como decía Iosu Eskorbuto, el Rock es –y siempre ha sido, añado, en todas sus manifestaciones- rebelión, y añado también que es una promesa de democracia. ¿Una utopía? Quizá.
    En fin, yo podría llegar a soportar, quizá, el despotismo ilustrado si realmente fuese ilustrado, pero no me parece que lo sea. No está justificado.
    Así es como lo veo hoy por hoy. Por supuesto, nunca he dicho que haya que mandar a la mierda la “alta cultura”, nuestro acervo europeo, ni nada por el estilo. Joe Strummer, que en paz descanse, era un poco pijo, efectivamente, y creo que armó cierto revuelo –entre los políticos de izquierdas más dogmáticos, supongo- cuando dijo más o menos que su arte (su música) y su vida no tenían por qué coincidir al pie de letra. O sea, que no tenía por qué estar todo el día poniendo barricadas en las calles y, sobre todo, que no iba a ser el siervo de ningún partido ni organización política.
    Esto también lo decía Io$u, un tipo mucho menos culto y educado que Strummer, pero igual de artista e igual de inteligente.
    Me gustaría ahondar más en todo esto, pero no doy para tanto. Hay muchos comentarios que me interesan. Por ejemplo, esa crítica de Agustín Fernández Mallo a la moda de los productos naturales, etc. Yo conozco gente histérica, obsesionada con su salud, con que lo que coman sea natural y perfectamente ecológico y todo eso que luego ni siquiera separan su basura para reciclar (también los altos nazis eran vegetas). Y sobre la comida basura: no hace falta que tenga forma de hamburguesa, también hay chuletas basura, pescado basura y de todo basura, para pobres (que son basura, sí), y esperad a que el agua sea privatizada, etc., beberemos o beberán (si pisamos cabezas rápido) agua basura.
    Saludos.

    David Murders — 17-11-2006 17:29:12

  30. Primero, saludos para David M. Sí, el rock es rebelión; pero desde mi punto de vista, ántes que rebelión es energía. Llevo pensando algún tiempo en eso, en por qué me ha fascinado tanto el rock (es el arte que más me ha conmovido y emocionado en mi vida), mi conclusión es que veo en el rock energía vital en estado puro, y ante eso caigo de rodillas, por decirlo un poco a lo sacro. Hay canciones de los Who, de los Sex Pistols, de Patti Smith y de la Velvet Underground que son simplemente el fuego.

    Manuel Vilas — 18-11-2006 01:26:34

  31. Hay un detalle que marca la diferencia a la hora de comer. Un detalle que se convierte e una diferencia de estilo, de costumbre e incluso me atrevería a decir que de cultura. Me refiero a los cubiertos.

    Supongo que no debo de ser el único mortal que no entre a los "restaurantes" de comida rápida. Me da asco ese olor a ketchup y patata frita, pero me da más asco mancharme los dedos con la mezcla de lí­quidos que rebosa por el perí­metro del redondo carbohidrato. También me da asco la aglomeración instintiva del populacho y esa cara de satisfacción que ponen cuando se comen algo que quita el hambre mientras los niños se colocan una corona dorada de cartón en sus cabecitas.

    Tengo prejuicios como todo el mundo, pero la comida rápida y todo lo que gira en su órbita no deja de representar para mi la decadencia del tí­o Sam (Europa tambien es el Tio Sam, aunque con algunas diferencias).

    -Pepe, ponme una de ese salmorejo, y unas berenjenas de esas que siempre me guardas, y ya sabes que el queso lo acompaña todo-
    -¿Una copita de vino mientras se hace?-
    -Eso ni lo preguntes, de ese de la tierra, blanquito, blanquito-
    -Ahora mismo-

    Pepe siempre me pone los cubiertos.

    Jacko Parnasso — 18-11-2006 09:44:32

  32. No he estado al tanto del debate, o sea que creo que llego tarde y muy desorientado. Pero leo a vuelapluma unos comentarios de David M y de Vilas sobre el rock.
    A mí hay algo que me tiende desde siempre súper intrigado: ¿por qué en el pop-rock sólo se dan canciones geniales cuando sus compositores están en la primera juventud, es decir, esa franja que puede ir de los 16 a los 30 años, y no así en otras actividades artísticas? Si se repasa la historia de esta música todos los hits, las grandes canciones se han hecho en esa franja de edad. ¿qué tiene el pop-rock que sólo admite la frescura de esa edad para crear obras maestras? Parece como si la música popular “permitiera” lo que en literatura sería el fenómeno Rimbaud. Y no me digáis que es porque para crear una obra maestra en pop-rock hay que ser un descerebrado adolescente ya que es una música muy sencilla, porque eso no me lo creo. Cualquiera que haya cogido una guitarra entre sus manos sabe que hacer canciones de sólo 3 ó 4 acordes y que sean tan geniales como una pieza de un clásico de otras artes es extremadamente dificil, Ahí están Lennon, Lou Reed, Ramones, Sex Pistols, o mucho más cercanos en el tiempo, Radiohead, Nirvana, el primer disco de Strokes, o The Smiths (dicho sea de paso, grupo este último calificado por la prensa británica especializada como la banda más influyente de la historia de la música anglosajona, por encima de Beatles, Rolling, etc. Ahí es nada!).
    Casi todos esos artistas o grupos, pasada la edad de aproximadamente los 30 años, se vuelven flojos, previsibles, amanerados, etc.

    Esto no ocurre ni en la poesía ni en las artes plásticas, pero, curiosamente, sí ocurre, aunque en menor medida, en las ciencias: un número muy grande los genios de las ciencias han hecho sus construciones a esas edades para después sólo (que no es poco!!) desarrollar esa línea hasta sus últimas consecuencias.

    Por otra parte, incidiendo el lo último que dice Vilas, a mí la música pop-rock me lo dado casi todo a la hora de escribir y de cómo escribir. Desde que comencé hasta ahora. Por ejemplo (y ahora me haré autopromoción, que falta me hace, pero es que viene totalmente al caso): mi novela Nocilla Dream, que acaba de salir al mercado, tiene una técnica tanto constructiva como intrínsecamente poética totalmente paralela a la que usan los DJ para componer, es decir, como si estuviera ante la mesa de un “sampler”, ése instrumento milagroso por el cual estos músicos llevan a cabo su apropiacionismo (“sampleado”) de otras piezas musicales para transformarlas en algo que supera a suma de las partes, es decir, en una sinergética. Como un collage en ocasiones in pegamento.

    Por último, hay algo en la música pop-rock que no encuentro en otras músicas, algo imprescindible, directo y visceral, algo que en el fondo tiene que ver con la supervivencia: que escucharla me insufla ganas de vivir.

    Agustín Fernández Mallo — 19-11-2006 17:43:19

  33. De acuerdo contigo, Agustín, aunque los Who siguieron haciendo obras maestras empezada la treintena, y Neil Young, y Van Morrison, y los Beach Boys y etc. Sin ser AOR, son los que prefiero. Claro que son excepciones.
    Imagino yo, así, sin pensarlo mucho, que tiene que ver con la conexión entre música pop, rock, techno o como quieras, y la vida, la vida nuda, directa, desclaustrada. La poesía y las artes siguen siendo -o devienen, lástima- un reducto de pedantes entrada la treintena, muy pocas veces algo que se mame.
    Creo, de todas maneras, que eso ha cambiado: la música empieza a ser una especialidad donde los mejores artistas no son los más jóvenes, entre otras cosas porque la juventud apenas es el slogan de la falta de autonomía o una autonomía creativa adolescente empezados los treinta. Los músicos veinteañeros, aquí y hoy, son miméticos y viven en casa de sus padres. Y si no lo son es porque su padre fue algún famoso productor, o músico o yo que sé.
    En esto los anglosajones -¿os gustan las chuletas de sajonia? nadie habla de ellas, de su breve discreción- nos ganan, chanfle.
    Cuesta comprobar que nuestro país limita -otra vez Cebrián- y que aquí el musical impulso juvenil se lo lleva el flamenco, fresquito.

    Clemente — 20-11-2006 11:17:39

  34. Es verdad, como dice AFM, que las grandes canciones se escribieron en plena juventud; pero muchos han seguido evolucionando. Lou Reed se ha reinterpretado al completo, se versionea, y lo hace bien. Yo voy a todos los conciertos que da en España, siempre en primera fila; ha perdido toda la energía, eso es cierto, también es cierto que canta una “Sweet Jane” que es para cortarle los huevos (perdonen ustedes, se ma va la lengua). Lógicamente, nos tenemos que aguantar con estas tonterías de Mr. Reed, como la de subir al escenario a su profesor de tai-chi. A veces pienso que Lou no tiene amigos, que está solo, que no hay nadie que le diga o que se atreva a decirle “salir así al escenario, y destrozar Sweet Jane es para darte de hostias o limosna, tú eliges”. Sin embargo, la versión última (tiene un par de años) de “Street Hassle” es una obra perfecta, es lo más grande y refinado que se haya hecho en música rock, y en poesía diría yo. De todas formas, Lou Reed puede hacer lo que quiera, siempre será el artista más grande de los setenta. Lo que ha hecho lo invade todo.
    John Cale dio hace unos meses unos conciertos en España absolutamente geniales. Hace una versión de “Venus in Furs” que es, sencillamente, de una hermosura que mata.
    Tampoco sabíamos cómo iban a envejecer. No había antecedentes. Lo que estamos viendo, la vejez de todos ellos, es nuevo. El último disco de Dylan es francamente malísimo. La crítica ha mentido con ese disco, pobre Dylan. A Dylan le ha abandonado el fuego. Sin embargo, los Who han resucitado. Los vi este verano en Zaragoza y casi se me sale el corazón por la boca. Daltrey y Pete Townshend están arrebatadores. Hacen una versión de “The kids are alright” que es simplemente lo más hermoso que yo haya oído nunca. Hablan de sí mismos, de lo que les ha hecho el tiempo, de la vejez, cambian la letra de la canción y Daltrey dice “we were all in the Who”. Es simplemente una exaltación de la vida que a mí me deja de rodillas. Ningún poeta puede alcanzar lo que canta Daltrey allí, ninguno. Tenéis esa canción, reinventada completamente, en el DVD de Who titulado “Live in Boston”. Humildad, dignidad, pasión, todo en diez versos de una canción, pero en la voz de Daltrey y en la guitarra de Townshend, es así como funciona, sin esa voz y sin esa guitarra, no funciona.
    Estoy hablando de poesía. Quien se crea que la poesía en los finales del siglo XX y principios de este vive solo en los versos de los poetas, pues eso, que siga así.
    Me duele lo de Dylan. Pero por qué demonios ha hecho ese disco.
    Es verdad que Dylan no volverá a escribir un “Like a rolling stone” ni Lou Reed otra “Sweet Jane”, ni Patti otra “Redondo Beach”, pero los Who han resucitado. Vale lo de los Who por todo lo demás. De los Rolling no digo nada porque no me interesan absolutamente nada.
    Vuelvo a decir que todo lo que acabo de escribir en este post tiene por tema la poesía. Es allí donde está, en “The kids are alright”. Sin pasión no hay nada. Y sin vida tampoco. Eso es el rock: el mayor acto de vida que he visto.

    Manuel Vilas — 21-11-2006 20:33:09

  35. - ¿Sí, señor?
    - Menú doble whopper con coca-cola light
    - ¿Quiere hacerlo gigante por 50 centavos?
    - .... ¿Perdón? Eh.... no, no, está bien, está bien
    - Perfecto señor, serán 6,50 señor
    - Ss..sí, sí, claro. Aquí tiene.
    - Gracias, señor
    - ...Disculpa, ¿es ése tu verdadero nombre?
    - ¿Perdón?
    - Si es ése tu verdadero nombre, el de la chapa, digo.
    - Sí, señor.
    - ¿Y de qué es la A?
    - De Arthur, señor.
    - ¿Arthur? ¿Quieres decir que te llamas Arthur Rimbaud?
    - Pues sí, señor
    - ¿Pero tú sabes quien es Arthur Rimbaud?
    - No le entiendo... Yo soy Arthur Rimbaud.... mi padre es Arthur Rimbaud... no sé qué quiere decir.
    - Ya, perdona, Rimbaud es un poeta francés muy famoso...
    - ¿De veras? No tenía ni idea...
    - Pues sí... no tiene importancia... en fin... muchas gracias... por cierto... ¿De dónde eres hijo?
    - De París, señor. De París, Texas.

    Autor Mariam Shall Die, http://asicomoasi.blogspot.com/2006_06_01_asicomoa..., a partir de una anécdota real de Luis Escribano Cauqui, quien se encontró con un camarero llamado Arthur Rimbaud que no sabía quién era Arthur Rimbaud.

    eme — 21-11-2006 23:18:47

  36. Frente a tanto fervor por el rock aquí va una opinión discordante: lo único que encuentro es una música trivial, unas maneras tribales, unas letras pueriles y una supuesta rebeldía que, en realidad, no va mucho más lejos que la de los "hooligans" del fútbol. Cierto es que yo mismo sentí ese mismo entusiasmo. Eso ocurrió cuando contaba con doce años de edad y hacia los diecisiete desgraciadamente (lo digo sin ironía) dejé de tenerlo (uno cambia, lo que no sé es si evoluciona o degenera).

    Y, si aquí se está hablando de poesía, en muy pocos autores de pop o rock creo que podamos encontrar valores destacables. De los que aquí se han mencionado sólo podrían encontrar algo (y bastante poco) en Bob Dylan. En los Who, Lou Reed, Beach Boys, John Cale… absolutamente nada.

    Saludos

    Juanjo — 22-11-2006 12:47:33

  37. Buff... Tengo problemas de “conectividad” (de todo tipo, no sólo por los errores inesperados de bitacoras.com), así que perdón por el retraso... Pero conectivi wonder: estoy en sintonía con lo que comentáis. Estoy de acuerdo contigo, Manuel, en esa visión vitalista del Rock: energía, vida, fuego, quintaesencia..., antes que otras consideraciones. Y cómo no van a ser objeto de nuestras meditaciones las singularidades del Rock en relación con otras actividades artísticas o metafísicas, como la cuestión de por qué en la juventud, que dice AFM, etc. Es algo tan grande, tan mistérico, tan natural, que existe una especie de respeto, de “terror sagrado”, incluso, que nos disuade de intentar racionalizarlo o intentar aprehenderlo racionalmente del todo. Me viene a la cabeza un tema de un grupo llamado Pinky Fairies que se llama “Do it”. Yo lo conozco en la versión de Henry Rollins, pero el caso es que el estribillo dice: “Don’t talk about it. Do it.” Y luego creo que dice también “Just do it”.
    Do the locomotion. Do the rockandroll. Do Do Do. Hacer Hacer Hacer. Hacer realidad.
    Pero volviendo a lo de las grandes canciones en la juventud, y un poco en la estela de Clemente y de Manuel Rivas, que habla de la resurrección de los Who (hace poco he leído en algún sitio una crítica en el mismo sentido, y me llamó la atención), la verdad es que cada vez creo menos, en cierto modo, en esas cosas de la edad y la experiencia. El presente es el futuro absoluto. Puede pasar cualquier cosa. Como dice Manuel hablando de Lou Reed & Co.: no había antecedentes. Lo que estamos viendo, la vejez de todos ellos, es nuevo.
    Por último, no quiero dejar de exprimir mi estupefacción ante lo que dices del flamenco y la chavalería, Clemente. Eso será en Andalucía, porque en otros sitios...
    Saludos.

    David Murders — 22-11-2006 23:01:38

  38. Cuando hoy he mirado los últimos commentarios de este post sobre hamburguesas y poesía debo confesar que por un momento he pensado que me había equivocado de blog y había entrado en alguno de música rock. ¿Es esto una evolución del debate?... podría serlo, o quizás una involución, eso lo dejo a criterio de los contertulios. Pero ya que estamos metidos en esto no voy a quedarme sin dar mi opinion inútil.

    El rock, en su aspecto más puro, está muy lejos de parecerse a la poesía. Despierta otros instintos y estimula de diferente manera. Solo hace falta ver las escenas del comportamiento de la masa que asiste enardecida idolatrando a los "saltimbanquis" en los conciertos. A mi personalmente me gusta observarlo. No deja de parecerme gracioso además de otras cosas.

    Fui un fan de Queen y de Héroes del Silencio. Por aquella época me divertía mucho con mis amigos.

    Que Don Vicente juzgue si este comentario merece estar entre la Jet.

    Cordialmente

    Parnasso — 23-11-2006 10:37:19

  39. Dos apósitos.
    Uno: cuando hablaba de los Who o Beach Boys "maduros", me refería a esa cosa que antes se entendía por madurez y que empezaba a los treinta años -...te vas para no volver...-. Esto, creativamente, se sitúa en ambos grupos -y en Bob Dylan, por ejemplo- a mediados de los setenta, casi a finales; Quadrophenia, Who's nexts y 15 Big ones, Love you, respectivamente. Música de señores con barba y los huevos... negros. Morfinólogos, depresivos, en sus primeros divorcios... No hablo de resurrecciones, si no de desarrollo.
    Dos: el flamenquito fresco -poquito a poco te voy camelando- quicir que cualquier grupo español juvenil desde el power pop al noise, pasando por el techno irónico, suena a cosa hecha en Anglosajonia, hecha hace años, muchos. Es neo. No vivo en Andalucía, pero me consta -porque soy aficionado- que en torno al flamenco y sus derivados hay energía, energía, energía que no tiene el juvenil pop rock español. Pero quizá esté idealizando el sur, y la entropía popera –de popular- haya acabado con la música. O sea que tienes razón, Murdoch. A eso me refería.

    Clemente — 23-11-2006 16:56:36

  40. Parnasso, no deja de ser una de las habituales muletillas conservadoras, ham-burguesas: el rock como "espectáculo" para el observador distante, la masa despersonalizada y demás funiculturas de difunto sujeto cartesiano. Digno de figurar como antagonista en El lobo estepario. Si Nietzsche levantara los bigotes... No decimos que el rock sea análogo a la poesía, es más: tampoco la lírica medieval es análoga a nuestra actual decontrucción lingüística. Simplemente, nos gusta hablar de rock como de una faceta más, o cara, o lado, del prisma cultural: una cara interna. Si has vivido el rock como un rito de paso hacia la juventud -tus gustos te delatan- y eso da una visión sesgada, mutilada, demediada. Para saber de Rock es necesario haber bailado muchas veces mucho.

    Clemente — 23-11-2006 18:32:50

  41. INFORME DE UN TRAUMATIZADO:

    CUANDO VOLVÍ LOS OJOS, LA HAMBURGUESA (A DIFERENCIA DEL DINOSAURIO), YA NO ESTABA ALLÍ

    Cada vez me interesa ir menos a los Mc Donald´s y a los Burger King, sobre todo, después de lo que me sucedió anoche en el Mc Donald´s de Zaragoza, ese maravilloso sitio que inspiró el primer poema de Resurrección, el magnífico libro de Manuel Vilas.
    Me había sentado a la mesa con la hamburguesa, las patatas fritas y la bebida cuando, en un abrir y cerrar de ojos (en realidad sólo giré la cabeza a la derecha), entró un enorme perro y se llevó mi cena entre sus famélicos dientes.
    Al verme allí, ante el plato vacío, traumatizado por no encontrar nada donde poner mis ojos, me acordé de Freud y no tuve otro remedio que darle la razón al profesor Miguel A. Hernández-Navarro quien hace unos meses escribíó las siguientes palabras:
    "Esa escena primordial es siempre demasiado traumática. Ante ella el sujeto siempre llega demasiado tarde. Anorexia / escopofobia; bulimia / escopofilia. Tras el tambaleamiento de la pantalla (léase hamburguesa o campo visual) ante la contemplación del vacío, tiene lugar un corrimiento, un dramático deslizamiento: del lado del objeto (escopofobia-desaparición-anorexia), o del lado del sujeto (escopofilia-presencia obscena-bulimia). Y la pantalla, que siempre había estado fija en el pensamiento de Lacan (como la hamburguesa en mi pensamiento) se normaliza, se moviliza, deja de estar quieta y se desplaza desde el centro hacia X (la boca del perro), en un vaivén mareante, sujeto-mirada, mirada-sujeto, como un tonel sin amarre en un barco un día de marejada.
    Ante un fondo de imágenes, ante el equilibrio y la transparencia, ya sólo nos vale el desequilibrio de lo visual, la inestabilidad de lo apenas visible o lo demasiado visible. La decepción de la mirada. Lo infra y lo supra. La sombra y la sobra. La oscuridad y el resto. La so(m)bra. Desaparecer o vomitar".


    Nota:en estos momentos me estoy metiendo el dedo.

    Dolan Mor

    Dolan Mor — 24-11-2006 10:53:49

  42. Te entiendo, Clem.

    David Murders — 25-11-2006 00:47:12

  43. All right

    David Murders — 25-11-2006 00:47:45

  44. Nunca una hamburguesa había dado para tanto jejejeje!

    Toto — 25-11-2006 14:51:00

  45. Siempre veo con sorpresa que en los debates literarios de alto nivel (como éste) el desinterés por la llamada "música culta" es casi siempre una constante. Es Ejpaña quien ha causado el mal, lo sé. Culpémosla a ella.

    penisneid — 26-11-2006 13:31:56

  46. Que el rock es sexo lo sabe cualquiera que esté o haya estado en él. Desgraciadamente, el 90% de la poesía que se hace se hace después de follar. Los viejos follan poco. Y hasta los perros se ponen tristes después de eyacular.

    Luis T. — 27-11-2006 14:02:08

  47. Eso de la música culta... urf. Qué pocahontas que a quien le guste Sciarrino no pueda hablar también de Brian Wilson. Habría que especificar qué es eso de música culta, hoy en día: si Berio está a la altura -con sus collages pseudopops- del serialismo integral, o si por culto se entiende solo la negación del lenguaje musical de la llamada escuela de Darmstadt. Si culto es Ferneyhough o culto es Nancarrow. Pero estábamos hablando de rock y de hamburguesas.

    Clemente — 02-12-2006 11:25:32

  48. Bien por Vilas y Cebrian. Está bien que los poetas se acuerden del mundo en el que viven.
    Normalmente, dejé de leer poesía desde hace un tiempo, ahora veo que hay cosas nuevas.

    lector — 26-12-2006 12:38:38

  49. Antes enhorabuena por el Blog, llevo ya un cierto disfrutándolo tras llegar a él gracias a la lectura de esa grandísima joya llamada “Construcción” (perdón por el peloteo sincero).
    Me he sentido un poco contrariado con el Post en el que un tal penisneid menta la música culta en los términos en que lo hace. Suele ocurrir que los aficionados a la música “culta” se creen que el resto de la música no existe como tal, o debiera desaparecer, con lo que tornamos a las hamburguesas y poesía, variando esto último por música, pero siguiendo con el arte. Decía Ad Reinhardt que la única manera de decir que es arte es diciendo que no es arte, esto es una manera que hasta podría ser válida pero seguiría que siendo sesgada. Prefiero pensar que el arte es cuando pretende ser arte, que es una manera de vivir más, y así, de paso, no me cargo al magnífico Joseph Beuys, cuyos objetos, frutos de un proceso artístico presumiblemente intensísimo, podrían a partir de esto ser descartados.
    Perdón me pierdo un poco, siempre me pasa.
    Agustín Fernández Mallo dice en algún lugar que los obras maestras del rock han sido compuestas por jóvenes de entre 16 y 30 años. Nada que objetar, sólo decir que si al rock no accedes con esa edad, tampoco te va a gustar demasiado luego, yo por mi parte fui un poco más aficionado al thrash metal o al death y ahora ya prácticamente sólo disfruto de aquellos discos que antes me encantaban, no sintiendo el más mínimo interés por grupos nuevos que puedan salir; algo habrá en todo ello. Lo que sí tengo claro, que aunque ahora tienda más a otro tipo de música, ciertas sensaciones que produce la música rock no me las aportan otro tipo de músicas y esto es una verdad impepinable. Mi novia es pianista de música ”culta” y de vez en cuando la castigo en el coche con algún grupo del tipo Cryptopsy o Dying fetus y sus comentarios (gritos diría incluso) siempre hablan del enfado y nerviosismo que “ese ruido de cerdos gritones” le provoca. Pues ése quizás sea el efecto buscado, aunque no a todos les guste y que no encuentro en otros sitios. Me ha encantado “Resurrección” de Manuel Vilas, (aunque me parezca un tanto irregular) (disculpas por el atrevimiento). ¿Hay que estar todo el día leyendo a Dante? ¡¡Sería un auténtico coñazo!! Tampoco estoy diciendo que leer a Manuel Vilas (y digo Manuel Vilas como podría decir cualquier otro) sea como cambiar a Bergman por “Rubí rebelde”, me refiero a las diferentes necesidades en cada momento, a que en ocasiones me encanta zambullirme en un poco de realidad actual y directa intensificada, incluso que la necesito. Los límites del arte se expanden y no porque se tenga por arte cosas que no lo son, sino porque se eliminan del arte cortapisas y condiciones previas que no son más que formalismos absurdos y abstrusos. Penisneid, espero que no sea usted una de esas personas que pierde tanto debido a sus prejuicios.

    Saludos a todos y perdón por la digresión y la deshora.

    genaro — 27-12-2006 13:22:09


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