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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

11-10-2006 18:39:01

Aeropuertos

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

En el último número de la revista digital Kiliedro (http://www.kiliedro.com), hay un interesantísimo cuento (como todos los suyos), de Germán Sierra, amén de otros diversos contenidos, que hacen de esta publicación digital un especimen curioso y casi único por su polifonía. Recomiendo la lectura de la revista en general y del cuento en particular.

La cuestión es que el tema del relato de Sierra, la vida en aeropuertos, parece estar configurándose en un topoi literario y sociológico de la máxima actualidad. Amén de la película La terminal, está presente en la primera y más que recomendable novela de Agustín Fernández Mallo, Nocilla Dream, que acaba de ver la luz en Candaya y que no deberían perderse -ya hablaremos de ella aquí, en extenso-. Pueden completar estas experiencias fílmicas y literarias con la página The Budget Traveller's Guide to Sleeping in Airports (http://www.sleepinginairports.net), donde encontrarán amenas descripciones de instalaciones aeroportuarias de las más diversas partes del mundo, con decenas de comentarios de sus usuarios habituales, para quedarse a vivir en ellas o hacer su corta estancia (que incluye, por supuesto, pasar una noche en los aeropuertos para ahorrarse el hotel) lo más agradable posible. El aeropuerto está dejando de ser un no-lugar para convertirse en un lugar de encuentro (al menos, en el terreno de la ficción, y quizá no solamente allí) de voluntades y figuras perdidas. Augé definía el no-lugar precisamente a partir del aeropuerto: “los aeropuertos, las cadenas hoteleras, las autopistas, los supermercados (…) son no lugares en la medida en que su principal vocación no es territorial, no consiste en crear identidades singulares, relaciones simbólicas y patrimonios comunes, sino más bien en facilitar la circulación (y, por ello, el consumo) en un mundo de dimensiones planetarias” (Marc Augé, El tiempo en ruinas; Gedisa, Barcelona, 2003, p. 101), pero encontramos ahora colectivos (ficcionales y reales) que buscan del aeropuerto precisamente lo que tiene de lugar de detención, de encierro (el aeropuerto es una síntesis perfecta de las sociedades de encierro de Foucault y de las sociedades de control de Deleuze), y de permanencia. Kafka, supongo, haría hoy sus cuentos de El médico rural ambientados en una de estas miniciudades llenas de permisos, códigos de acceso, aduanas, pasaportes y registros. Si La terminal acabara con un plano de un ataúd obteniendo el permiso de salida del aeropuerto, sería una versión exacta de El castillo.

En su curioso artículo "Airports: A Personal Memoir" (incluido en Here, There, Elsewhere. Dialogues on Location and Mobility; Open Editions, London, 2002), Peter Wollen repasaba los más de cien aeropuertos que ha visitado en su vida, uno por uno. De sus cortas descripciones se deducía la inquietante idea de que cuando se ha pasado demasiado tiempo en aeropuertos, te queda la impresión de que estás siempre en el mismo lugar, un Aeropuerto compuesto de millares de fragmentos similares o clonados del Aeropuerto Arquetípico, perdonen la imagen borgiano-platónica, que está más allá de nuestra realidad, en alguna caverna de la mente.

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Comentarios

  1. Acabo de acordarme de este poema de mi primer y lamentable libro, Texto Refundido de la Ley del Sueño (1999):


    AEROPUERTO


    Abro mi mano y poso
    mis dedos sobre ella o en su mano,
    mientras contemplo distraído el tráfico
    de bultos (equipajes y equipados)
    hormigas mareándose en la nada.
    Silbo Chopin y tres notas agudas
    advierten de un avión en que alguien huye
    o de otro en el que vienen refugiados
    ignorando que llegan a otra cárcel
    con un poco de sol en los barrotes.
    Aprieto sus muñecas; me conforta
    saber que todos corren y yo vuelo
    aquí sin despegarme del asiento.
    Son todos infelices y se insultan
    o insultan al reloj o a los atrasos
    o al vuelo del amor, que llega tarde
    o nunca o viene con secuestradores.
    Todo me importa nada.
    Vuelvo a tomar la mano suave y tibia
    de quien conmigo va, pero de pronto
    me acuerdo de que nadie va conmigo
    y la mano es la de un señor de Murcia
    que me empieza a mirar de un modo extraño.

    vicente luis mora — 11-10-2006 19:48:03

  2. Yo me quedo con el aeropuerto de Singapur, lleno de extrañas orquídeas gigantes, de pantallas planas con conexión wifi de 8 MB para uso gratuito del viajero, sillones con artilugios de masaje a varias intensidades...vamos...nada de no-lugar, yo a ese aeropuerto hasta le llamaría HOGAR.

    Bea — 11-10-2006 20:06:03

  3. “In airports and late night cafeterias, hotel lobbies and station cafés, we too may dilute a feeling of isolation in a lonely public place and hence rediscover a distinctive sense of community. The lack of domesticity, the bright lights and anonymous furniture may be a relief from what can be the false comforts of home”
    ALAIN DE BOTTON, On seeing and noticing, Pocket Penguin, England, 2005, p.2.

    un señor de murcia — 11-10-2006 20:41:12

  4. Aparte del asunto del aeropuerto como un no-lugar, quizá el contemporáneo espacio para el desarrollo del dandy no sea ya la urbe, la ciudad, como lo fuera para Baudelaire, sino el aeropuerto en la zona ubicada más allá del control policial. Todo son gestos, paseos a ninguna parte en un lugar de tránsito, una interface, que no existe.

    Urbe vs Aeropuertos: un argumento más para quienes defienden la tesis de que aún estamos en la Modernidad.

    (Vicente, creo que dices que Nocilla Dream ya ha visto la luz, pero si no me equivoco sale a principios de noviembre)

    Agustín Fernández Mallo — 11-10-2006 21:51:51

  5. Otro de aeropuertos: Planos paralelos, de Ursula K. Leguin, premio Locus 2004: "Sita Dulip ha perdido su avión. En lugar de escuchar los confusos mensajes que salen por megafoní­a o intentar aguardar en las criminales sillas de plástico clavadas al suelo, descubre un método para trasladarse a universos paralelos desde las salas de espera de los aeropuertos, técnica que se populariza hasta tal punto que nace una agencia de viajes interplanetarios" (de la contraportada)

    daniel — 11-10-2006 22:14:22

  6. Historias en las terminales, allí la gente durmiendo en esos "tapiflex" de plástico que bien son cama, respaldo, silla o biblioteca .
    Son historias paralelas a las de las estaciones de trenes, estas últimas incluso servirían para argumentar más de un trhiller, historia de amor o reality show.

    Nacho Montoto — 13-10-2006 16:11:09

  7. Nocilla Dream no aparece en la página web de El Corte Inglés ni de la Casa del Libro: se debe estar distribuyendo. ¿No?
    Por otro lado, la etiqueta de Augé puede ser cómoda, pero es falsa. Cualquiera que vaya a shoppings, aeropuertos y otros supuestos no-lugares sabe que allí también hay vida, memoria, sedimentación, etc. Por otro lado, la palabra utopía viene de "u-topos", no lugar, de modo que no fue una opción terminológica demasiado feliz.
    Estaría por ver, además, que sea una tendencia estrictamente actual. Al memos en literatura de viajes se puede rastrear desde los años setenta, no en vano cuando nace la posmodernidad. En los noventa Monzó publicó su serie de crónicas de una vuelta al mundo sin salir de los aeropuertos.

    Jordi C. — 13-10-2006 16:42:50

  8. En efecto, la novela o lo que sea de Fernández Mallo, que la editorial me hizo llegar en galeradas, se está comenzando a distribuir, pensé que estaría ya en librerías. Se podrá encontrar muy a principios de noviembre. Y no se la pierdan. Saludos.

    vicente luis mora — 13-10-2006 17:49:21

  9. "Ya las he olvidado, hasta que un día
    en un futuro no muy lejano cuando nos encontremos
    posiblemente en la sala de embarque de un aeropuerto moderno,
    ellas con el mismo aspecto lozano y juvenil que tenían al hacerse esta foto,
    pero llenas de ideas contradictorias, algunas estúpidas
    y otras meritorias, aunque todas inundando el suelo de nuestras mentes
    mientras charlamos sobre el cielo y el clima y los bosques del cambio"

    J. Ashbery, "Mixed Feelings", Self-Portrait in a Convex Mirror

    John Ashbery — 13-10-2006 20:37:57

  10. De acuerdo con Jordi C. en 7. Cuánta tontería de plexiglás en el llamado "pensamiento" de las últimas décadas.

    rafayiyo — 14-10-2006 00:59:16

  11. Smoking Room

    "Parece ser que va a llover,
    el aire aquí es más cálido", me dijo una mujer
    de aspecto amable y peinado imposible
    esta mañana en el ascensor. ¿Por qué nadie me iba a mentir allí?
    Tal revelación me impidió dormir.
    Tracé un ambicioso plan: consistía en sobrevivir.

    Y mi voz era un imán, y así logré captar,
    paseando por el Carrefour a un ejército de un centenar.
    Y nos reuniremos en los aeropuertos,
    y al calor de una smoking-room en la que no entra aire ni luz
    hablaremos del tiempo y acaso del gobierno,
    y trazaremos nuestro magno plan, y a una estación sucederá otra igual.

    Parece ser que fracasé;
    mi rostro hoy no apareció por televisión.
    Da igual; yo, como buen occidental,
    sé nadar igual que un pez, un pez en un mar de mediocridad.

    Casi claudiqué. Decían de mí:
    "con lo que hay dentro de ti, no estará nada mal si mañana estás aquí".
    Y en la cama de un sucio hospital
    continúo en soledad disparando como Kevin Ayers a una luna llena,
    tan tan llena que no, no puedo fallar, que no voy a fallar.

    Y sé que no querrás volver a confiar en mí;
    ya nadie confía en la energía nuclear después de lo de Chernobyl.

    Pero el cielo, aun tan negro,
    es nuestro cielo, es nuestro,
    y tengo un ambicioso plan: consiste en sobrevivir.

    nacho vegas — 14-10-2006 21:17:43

  12. Recuerdo ahora un disco mítico de Brian Eno, uno de los padres del ambient, Music for airports (1978), verdadera obra maestra. Eno, que no se define como músico, trató de poner música a ese no-lugar, una música que pudiera escucharse como fondo ambiental mientras se pulula por los inacabables pasillos corredizos, se habla por el celular o se toma uno un whisky en la cafetería de turno mientras aguarda su avión.

    Lo que dices, Vicente, de Peter Wollen de “que cuando se ha pasado demasiado tiempo en aeropuertos, te queda la impresión de que estás siempre en el mismo lugar”, recuerda algo a lo que decía el protagonista insomne y esquizofrénico del Club de la lucha sobre los aeropuertos (no sé si será en esto fiel a la novela, en la que se basa, de Chuck Palahniuk).

    Pero hay sitios más siniestros que esos espacios de tránsito; por ejemplo, las oficinas. Son lugares donde uno se pasa la mitad de su vida (si no te despiden antes por defenestrar al jefe). Los oficinistas cada vez se pasan más horas en la empresa, sólo les falta llevarse el cepillo de dientes y un colchón, como ese personaje tan kafkiano de Herman Melville, Bartleby el escribiente.

    Lo que dices, Vicente, de Peter Wollen de “que cuando se ha pasado demasiado tiempo en aeropuertos, te queda la impresión de que estás siempre en el mismo lugar”, recuerda algo a lo que decía el protagonista insomne y esquizofrénico del Club de la lucha sobre los aeropuertos (no sé si será en esto fiel a la novela, en la que se basa, de Chuck Palahniuk).

    Y ahora que los aeropuertos, tan frecuentados, ya no son sólo lugares de tránsito, los parques de las grandes ciudades (que se oponen a la lógica de la urbes) son cada vez más extraños. La ciudad, mordida por el ruido y por las prisas, se ha inventado un oasis entre edificios. Si la dinámica de la ciudad te exige un ritmo acelerado, los parques están ahí, se supone, para lo contrario, para relajarse. No sé vosotros, pero a mí me producen una conmoción esos parques diminutos compuestos de un puñado de arena, un banco aquí y otro acullá y un tobogán.

    Jorge Grual — 14-10-2006 22:31:46

  13. Estimado Jorge, bienvenido, creo que es la primera vez que entras. Te felicito, porque (no sé si queriendo o no) has hecho algo sensacional: repitiendo dos veces el mismo párrafo, ese que empieza: "Lo que dices, Vicente, de Peter Wollen", has conseguido precisamente ese efecto de reduplicación infinita y de periódico parentesco entre aeropuertos que Wollen, de otra forma, intentaba conseguir. Algo que tú has hecho en mucho menos espacio. Enhorabuena. Saludos.

    vicente luis mora — 14-10-2006 23:31:07

  14. Bien hallado, Vicente. La influencia de la música ultra-minimal, con sus infinitas repeticiones o loops, deja huella, jeje.

    Por cierto, acabo de entrar en la revista digital kiliedro. Además del estupendo relato que recomiendas de Germán Sierra, yo destacaría también Preparando un gin tonic (con graduación irreverente y cínica), Mañana de domingo en Aluche (curioso paseo por un mercadillo frecuentado por polacos y ucranianos. Recuerda al relato de Bram Stoker, El entierro de las ratas) y Los putrefactos (no hay que fiarse del DRAE).

    Un libro que es todo él repeticiones, espéculos, palíndromos, uróboros, etc., es el de Bernardo Schiavetta, Fórmulas para Cratilo, (III Premio Loewe, ed. Visor). Magnífico engendro.

    Jorge Grual — 15-10-2006 00:50:43

  15. Escribo esto en casa, releyendo la copia de la bitácora que me llevé encima, cuando sólo había 8 intervenciones, y vengo al ciber (es que son bolivianos, Enrique) a colgarlo (yo me ahorco luego, si hace falta), de modo que si me repito en algo, mis excusas.

    En “La terminal”, la previsible benevolencia de Spielberg deja al personaje de Hanks en el club de jazz. Pero los hay que no franquean la salida y desandan el camino en algo muy parecido a ese ataúd de K., o al cadáver de una esperanza empezando a descomponerse en el pecho, que viene a ser lo mismo.
    El aeropuerto no es sólo espacio de tránsito y partida. Es un no-lugar si acaso lo es también cualquier emplazamiento de una expectativa. Desde la parada del autobús al ascensor, desde la consulta del dentista al utilitario en el atasco, de la carta a la llamada perdida. También resulta ser, a menudo, el vestíbulo de un país o una ciudad, una miniatura de estado donde podemos ensayar la inminente experiencia de ser extranjeros allá, huroneados por el aduanero corrupto o registrados por la amenaza, sorprendidos por la eficacia o contrariados por el desdén. Podemos extraviarnos en esa eterna imposibilidad kafkiana, o dejarnos abordar por la fauna propia de ese ecosistema, como la empleada cabizbaja o el taxista clandestino, que gastan sus días en la terminal y que probablemente no lleguen a subir nunca a un avión. Pero un aeropuerto también es, sobre todo, adelanto del reencuentro con nuestro lugar en el mundo, cuando regresamos a casa y viene la sangre o el amigo a buscarnos.

    ¿“Nocilla Dream”? No conozco nada de la obra de Agustín, pero en ocasiones sus comentarios me parecen de los más lúcidos en estos lares, así que estaré atento.

    Si, a vueltas con los aeropuertos, Vicente se acordó de un pecado del pasado, yo caigo en uno futurible. Fragmento sin desbastar de una de las dos novelas (llámale novela, llámale engendro) que preparo con alevosía, cosido a una reinterpretación pertinente del poema, para traerlo a este foro:

    “El bostezo de persianas y mangueras, y el vaho de la calle en espejos turbios, y el paño frío bajo los párpados, y el café apurado en la barra, sin quitarse la chaqueta ni las ojeras. Y el silencio de la muchedumbre apretada, y la respiración plástica del vagón, y el olor del periódico húmedo, y la maleta abrazada, como un paso de baile estático. Y ya el espacio de la luz tubular en los oídos, y la voz metálica de la colmena, y el rumor de cremalleras, y el golpe de las ruedas, y la figura que avanza como un bulto por la cinta, y el portal de los jueces, y la espera, y la misma incertidumbre de siempre, el mismo viaje prometido y vulnerable, como ante el último estertor, en la sala de espera de la muerte, postergando el ahora en un aeropuerto.”

    Ida. Y vuelta. O el poeta walking around por todas las terminales de llegadas del mundo, buscando con las cejas el espectro de un amigo, y con un cartelito en alto, como una bandera, con una letra de náufrago que dice “Alberto”:

    Entre plumas que asustan, entre noches,
    entre magnolias, entre telegramas,
    entre el viento del sur y el oeste marino,
    vienes volando.


    Pudahuel, Santiago de Chile.

    Bajo las tumbas, bajo las cenizas,
    bajo los caracoles congelados,
    bajo las últimas aguas terrestres,
    vienes volando.


    Charles de Gaulle, París.

    Más abajo, entre niñas sumergidas,
    y plantas ciegas, y pescados rotos,
    más abajo, entre nubes otra vez,
    vienes volando.


    Don Muang, Bangkok.

    (…)
    Sobre diputaciones y farmacias,
    y ruedas, y abogados, y navíos,
    y dientes rojos recién arrancados,
    vienes volando.


    Ezezia, Buenos Aires.

    Sobre ciudades de tejado hundido
    en que grandes mujeres se destrenzan
    con anchas manos y peines perdidos,
    vienes volando.


    Tegel, Berlín.

    (…)
    Entre aviadores desaparecidos,
    al lado de canales y de sombras,
    al lado de azucenas enterradas,
    vienes volando.


    Maiquetía, Caracas.

    Entre botellas de color amargo,
    entre anillos de anís y desventura,
    levantando las manos y llorando,
    vienes volando.


    Portela de Sacavém, Lisboa.

    Sobre dentistas y congregaciones,
    sobre cines, y túneles, y orejas,
    con traje nuevo y ojos extinguidos,
    vienes volando.


    L.A. International Airport, Los Ángeles.

    Sobre tu cementerio sin paredes
    donde los marineros se extravían,
    mientras la lluvia de tu muerte cae,
    vienes volando.


    Galeão, Río de Janeiro.

    Mientras la lluvia de tus dedos cae,
    mientras la lluvia de tus huesos cae,
    mientras tu médula y tu risa caen,
    vienes volando.


    Heathrow, Londres.

    Sobre las piedras en que te derrites,
    corriendo, invierno abajo, tiempo abajo,
    mientras tu corazón desciende en gotas,
    vienes volando.


    Ruzyně, Praga.

    No estás allí, rodeado de cemento,
    y negros corazones de notarios,
    y enfurecidos huesos de jinetes:
    vienes volando.


    Barajas, Madrid.

    (…)
    Hay vapores, y un frío de mar muerto,
    y silbatos, y meses, y un olor
    de mañana lloviendo y peces sucios:
    vienes volando.


    Schiphol, Amsterdam.

    (…)
    Allí está el mar. Bajo de noche y te oigo
    venir volando bajo el mar sin nadie,
    bajo el mar que me habita, oscurecido:
    vienes volando.


    El Prat, Barcelona (bautismo aéreo).

    Oigo tus alas y tu lento vuelo,
    y el agua de los muertos me golpea,
    como palomas ciegas y mojadas:
    vienes volando.


    JFK, Nueva York.


    (En cursiva, fragmentos nerudianos de “Alberto Rojas Giménez viene volando”, del poemario “Residencia en la tierra”).

    Sergi Bellver — 15-10-2006 20:18:21

  16. Por mi trabajo conozco muchos aeropuertos, demasiados para mi gusto, ya que no son promesa de ningún descanso, sino trámite del trabajo, y lejos de literaturas, la verdad es que la mayoría me parecen a misma cosa, sobre todo de un tiempo a esta parte, que volar se está convirtendo en algo tan controlado, medido y sospechoso.

    Esa alienación la encuentro también en esos no-parques que dice Jorge, que de veras parecen un animal perdido en el asfalto, en el zoológico, o disecado. Yo prefiero escaparme a alguna parte donde no lleguen las aceras.

    Como lisboeta de nacimiento y admirador de Neruda, me ha parecido muy acertado lo que ha hecho Belver, mezclando los versos con las estampas aeroportuarias. En el verso que le toca a mi ciudad, o a mi aeropuerto, pareciera que Neruda lo tuviera premeditado.

    Hace unos días que vengo visitando este blog y me parece de una lucidez extraordinaria. Mi enhorabuena.

    lisboeta en madrid — 16-10-2006 17:45:13

  17. “En el cuadro de Hopper (titulado) Gas, la oculta actividad del hombre tiene realmente algo de ritual. En el medio del crepúsculo se ven las cabezas de los surtidores y el letrero de la estación de servicio iluminados, lo mismo que el interior de la casita (...) Otro indicio de ello sería la iluminación desde el interior. El hombre que maneja los surtidores está vestido, corbata y chaleco, no con un mono o, al menos, un mandil. La gasolinera está en el límite entre el día y la noche, entre la naturaleza –el bosque en segundo término, cada vez más siniestro- y la civilización, la carretera.
    Los cuadros de Hopper residen en un área intermedia. No muestran el estado de inocencia ni, menos aún, la autodestrucción del hombre. Los cuadros muestran un estado de suspensión permanente, pero no de equilibrio.”

    IVO KRANZFELDER, Hopper 1882-1967 Visión de la realidad, Taschen, 2006, p.74.

    ivo kranzfelder — 16-10-2006 19:45:50

  18. Yo también espero la novela de Agustín Fernández Mallo, aunque me temo que tendré un serio problema de comprensión: yo jamás probé la nocilla, le tuve aversión desde el principio. Supongo que esto será como si uno que detesta las magdalenas se pone a leer a Proust... aunque estoy seguro de que el talento de Agustín nos hará disfrutar de la novela incluso a los del phoskitos.

    J. A. Montano — 17-10-2006 01:04:35

  19. Un saludo a todos.
    Aunque con retraso, gracias, Vicente, por recomendar mi relato en Kiliedro (he intentado entrar un par de veces en los últimos días pero, no sé por qué, no he conseguido acceder hasta ahora).
    Aparte de lo que ya habéis comentado, mi breve aeropuerto fué concebido como una versión de pueblo fronterizo, allí donde, estando el viajero obligado a detenerse más tiempo de lo necesario por motivos que cada vez le resultan más kafkianos (el reciente caso que ha "tijuanizado" el aeropuerto de Cancún es una muestra más de ello), no parece improbable que, además de las tiendas autorizadas, muchos otros intenten sacar provecho de tanto cliente potencial forzosamente ocioso. Además, siempre me han parecido inquietantes las áreas a las que no se puede acceder, como si fuesen salidas alternativas a dimensiones paralelas.
    Otra sensación que me producen los aeropuertos, los aviones, y las tecnologías de transporte en general, es la de un conjunto de anticuados cacharros a los quew se les han ido añadiendo algunos periféricos poco útiles, pero que siguen incapaces de ponernos al otro lado del Atlántico en menos tiempo que en los años setenta. Lo cierto es que en los últimos 40 años la aviación comercial sólo se ha expandido, pero apenas ha mejorado (al menos en lo que respecta a la experiencia del viajero) y parece sumida en una continua crisis económica por no hablar de la ritualística paranoide de las llamadas "medidas de seguridad". El avión comercial más moderno que hemos conocido, el Concorde, ha sido retirado sin sustituto. Esta mirada es, evidentemente, muy distinta a las de las generaciones inmediatamente anteriores, para las que la experiencia del viaje cambió notablemente en el curso de sus vidas.

    Acerca de "Nocilla Dream": he visitado la página de la editorial Candaya, donde dice que puede adquirirse online, y les he enviado un email preguntando, pero no he recibido respuesta. Supongo que todavía no disponen de ejemplares

    Germán — 21-10-2006 12:48:20

  20. "(...) Ayer pescando volví a pensar
    en el aeropuerto de Amsterdam,
    en sus pasillos sin pisos, en salas
    de espera llenas de sueños ajenos,
    manchados con el infortunio.

    Los aviones, halcones sin botín,
    hambrientos, golpeaban
    el cemento casi con rabia.

    Aquí podría haber sido tu entierro,
    (inatención, multitudes huyendo),
    un buen lugar para la ausencia

    (...)"

    Adam Zagajewski, "El aeropuerto de Amsterdam", Tierra de fuego

    vicente luis mora — 24-10-2006 14:38:00

  21. Mercedes Cebrián, en su primer e inclasificable poemario, que acaba de aparecer:

    "Estoy lejos del pan: he optado
    por quedarme sobre el suelo diáfano
    del aeropuerto internacional, he venido a postrarme
    ante la permanencia
    de su iluminación.
    (...)
    Todo lo necesario está en este
    lugar, aquí es donde aprendemos el lenguaje
    de lo simultáneo, las acciones opuestas
    al horneado de pan:
    escoger alimentos envasados en plástico
    abrirlos y comerlos mirando
    las pantallas
    (...)"


    "Aeropuertos 2", Mercado común, Caballo de Troya, 2006

    vicente luis mora — 25-10-2006 17:11:41


  22. “Acaso sólo somos aeropuertos, me digo ahora, al que van llegando sombras, minutos, segundos: sombras. Pero esto ni en la vejez lo sabemos. Yo, sólo observo”; Agustín Fernández Mallo, yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del tractatus; Edición Personal, Madrid, 2001, p. 28.

    vicente luis mora — 27-12-2006 20:38:29

  23. -Creo que vienen aquí por muy buenas razones -dijo Frances. Lo que estaba pensando era que las caravanas y remolques ocupaban demasiado espacio. Se trataba de un problema de espacio abarrotado, no de movimiento. El Gran Cañón era un espacio abierto-. La gente no se mueve sólo por moverse. Yo no me moría de ganas de conducir y alguien ideó un Gran Cañón para mí. Eso es una estupidez.
    -La civilización -dijo Howards sin entusiamo y sin prestar atención- viene hasta aquí, se entusiasma, se lo pasa bomba... La forman esos miles de personas. Esto es como un aeropuerto, no es un lugar de verdad. Si llegamos a ver el puto Cañón, si no es sólo un mito, será lo mismo que estar en un aeropuerto. Mirarlo será como mirar una pista de aterrizaje en la que todos los aviones están alineados. Por eso prefiero quedarme en casa a que me lleven con el rebaño por aquí y por allá.

    Richar Ford, Pecados sin cuento (A multitude of sins); Anagrama, Barcelona, 2003, p.337.

    richard ford — 28-12-2006 19:25:08

  24. En la página cuya dirección especifico a continuación se habla de un hombre que lleva desde 1988 viviendo en el aeropuerto Charles de Gaulle.
    http://www.oddpeak.com/item_65612.aspx

    Marina — 03-01-2007 15:19:21

  25. Gracias por la pista, Marina. Imagino que ese caso está detrás de la película de Spielberg. Saludos.

    vicente luis mora — 03-01-2007 20:48:23

  26. Un apunte más. La película Dogma de Kevin Smith comienza en un aeropuerto donde los dos ángeles caídos posmodernos, Bartleby y Loki, se encuentran más a gusto. Sentados en la sala dicen cosas como:

    "- Lo que yo no entiendo de ti es por qué sientes la necesidad de venir siempre a este lugar.
    - ¡Oh, amigo!, porque esto es humanidad en todo su esplendor. Míralos, todo ese odio, todo ese rencor, toda esa desconfianza, esa infelicidad olvidada durante un momento perfecto cuando bajan del avión."

    Y en otro orden de cosas -realidad paralela- recuerdo una entrevista a la en otro tiempo ínclita Carmen Posadas. Recordaba cómo empezó a escribir de pequeña (esa familia bien de padre embajador) imaginando que el cielo era un inmenso aeropuerto. Me gustó la imagen.

    Saludos.

    antonio alcaide — 04-01-2007 03:19:02

  27. Comienzo del año 2007: estar dando vueltas en un aeropuerto mientras esperas el embarque por la puerta 2, pasajero con 0 bultos,0 compañía, por ejemplo a las 7 de la tarde. Es algo triste, cierto; pero no sabes bien por qué has elegido ese día para subir a ese avión que te espera en la pista.

    Toto — 04-01-2007 22:19:36


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