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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

28-09-2006 08:19:42

Firma (Digital) Invitada: Germán Gullón

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Comenzamos hoy las nuevas secciones del blog para esta temporada. Y es para mí un placer inaugurar la sección de Firma (Digital) Invitada con Germán Gullón, uno de los críticos más agudos del estado actual de la narrativa española contemporánea. Espero que su artículo os dé que pensar.



Germán Gullón (Santander, 1945) es catedrático de Literatura Española e investigador en la Escuela de Estudios Culturales de la Universidad de Amsterdam. Ha publicado numerosos libros de crítica y teoría literaria sobre la novela de los siglos XIX y XX, así como de antologías (La poesía española de vanguardia) y ediciones de autores clásicos modernos, desde Benito Pérez Galdós, pasando por Miguel de Unamuno y Ana María Matute, hasta de José Ángel Mañas. También cultiva la creación literaria. Es autor de dos libros de cuentos (cuentelas) y de una novela. Tiene una amplia experiencia del mundo editorial y. figura como asesor en el consejo de redacción de numerosas revistas, editoriales, y publicaciones en todo el mundo. Es también colaborador de El Cultural. Su libro Mercaderes en el tiempo de la literatura (Caballo de Troya, 2004) quedó finalista del Premio Nacional de Ensayo. Más información en www.germangullon.com.



La desmemoria crítica y las letras españolas

Vivimos claramente un momento en que la literatura tiene que re-situarse, es decir, encontrar de nuevo su puesto en el horizonte cultural, pues la observamos zozobrando en este inmenso mar de la cultura de masas. La mayoría de los entendidos apuntan a una causa principal: el abismo creado por línea que separa a las personas menores de 35/40 años de los mayores de esa edad; los últimos prefieren los libros mientras los jóvenes se inclinan al consumo intelectual en formato digital. Yo pienso, en cambio, que la causa antecede a la era de la digitalización y se relaciona directamente con la internacionalización de la cultura del mercado, iniciada en los años setenta del siglo XX. El cambio copernicano que trae la mercantilización de las relaciones sociales reside en una permuta funesta: el principio de solidaridad social basado en la confianza del intercambio justo, custodiado por el estado de derecho, es sustituido por el frágil acuerdo mercantil basado en las leyes de la oferta y la demanda. La literatura se convirtió así en un mero producto comercial, y ninguno de los actores que participan en su producción, venta o promoción, se ajusta a los principios de la solidaridad, sino a los del mercado. Se creaba de esta manera un clima de desconfianza en el ámbito literario, pues nadie se fiaba de nadie, porque sus relaciones supuestamente se basaban en la confianza, cuando en realidad era una relación puntual. El autor era interesante para el editor mientras le produjera un beneficio; igualmente el autor cambia de editor cuando otro le ofrece mejores condiciones económicas.

Sin embargo, yo quisiera deciros unas palabras sobre un aspecto de nuestra cultura que me parece enturbia tanto o más que la mercantilización y el entorno digital la perspectiva con que debemos encarar las creaciones intelectuales del presente: la falta de memoria crítica. Tengo la impresión cuando leo artículos o libros, bastantes de ellos buenos, que ganarían muchísimo con unos cimientos mejores. Demasiados volúmenes de crítica empiezan apoyándose en el vacío, una impresión, un pensamiento de moda, o, aún peor, en ideas mandadas recoger. Nada hay que me moleste tanto que encontrarme con la edición de un libro que lleva un prólogo donde la bibliografía citada obvia los últimos estudios sobre el mismo y, lo que en verdad me solivianta, cuando la ignorancia del editor le lleva a citar y apoyarse únicamente en conocidos suyos.

Cuando comparo los espacios culturales español y holandés --tengo la fortuna de poder experimentar ambos a la vez -- observo, fuera del agobiante personalismo hispano frente a un ambiente más abierto y democrático, la seriedad con que se plantean los asuntos culturales. Lo noto inmediatamente a la vuelta de las vacaciones. Los diarios y revistas dedican largos artículos a poner las cosas en su sitio, las novedades editoriales, los premios que se avecinan, y luego a revisar las cuestiones pendientes, como la cuestión de Günter Grass. Quien como sabéis este verano confesó haber acudido voluntario a las SS, siendo lo peor que guardó silencio sobre el asunto hasta ahora, cuando se acerca a los ochenta. Se examinaron detenidamente todas las implicaciones del asunto, como las heridas causadas por los ataques de Grass a Joachim Fest, un escritor de derechas que sin embargo mantuvo siempre a los nazis a distancia. Se revisaron las implicaciones morales, políticas, sociales y literarias. Mientras en España atendimos principalmente a la noticia, y la toma de posición moral fue inmediata, antes de leer la autobiografía donde se cuenta el asunto. Lo mismo podemos decir de tantas otras cuestiones candentes, como el acoso permanente a los escritores turcos, como Orhan Pamuk por la ultraderecha, y la cuestión aún mayor de las repercusiones de la integración de los inmigrantes en la sociedad, y muchos más. La cantidad de libros sobre estos asuntos comentados impresiona, pero lo que más me gusta es que hay en los medios culturales una memoria, más o menos consensuada, de lo que se va escribiendo sobre cada tema, y los avances, matizaciones si se prefiere, que se efectúan en su entendimiento.

Me da la impresión de que las revistas culturales y los suplementos españoles carecen de espacio suficiente para ofrecer este tipo de cobertura, probablemente por la escasa demanda, y que a pesar del alto número de libros que se publican todavía tenemos un largo camino que recorrer en la amplitud de la oferta. Publicamos muchos libros, pero menos títulos de los que parece, según opina Beatriz Moura. La mayoría de la gente quiere titulares y poco más. Estamos consiguiendo que el libro deje de ser un escenario válido para el debate donde hacer propuestas relevantes.

Otro aspecto importante en el que nos diferenciamos de los países con una crítica fuerte y sana reside en el distinto punto de partida con respecto a qué es la literatura Los españoles utilizamos un libro de estilo con respecto a lo literario absolutamente caduco. Diría que la mayoría de los críticos siguen creyendo en brujas, o lo que es lo mismo, valiéndose de una idea de la literatura retrógrada y altamente dañina. Piensan todavía que la literatura es algo muy especial, creado por unos seres extraterrestres, y que los lectores son seres escogidos capaces de disfrutar esos deliciosos frutos, los libros. La lectura de los cuales nos pone en contacto con las verdades de la naturaleza que se quedaron en el tintero de la Biblia, porque la literatura funge de segunda Biblia. La arrogancia de tales caballeros tiene que ver, como explicó con agudeza John Carey, en que los hombres somos incapaces de entrar en la conciencia de otros, y por lo tanto resulta imposible determinar si lo que yo siento al leer uno de mis libros favoritos, Platero y yo, resulta superior a lo experimentado por un amigo mío que frecuenta libros de entretenimiento, a la Ruiz Zafón. Por ende, el placer derivado de la literatura no resulta tan exclusivo ni ése es el camino.

Mientras no haya un consenso sobre qué es literatura, es imposible que nuestro entorno cultural tenga un fuerte impacto en España, que los libros se valoren como deben de ser valorados, que los lectores pidan más textos críticos. Los editores de las secciones culturales, tan aficionados a abrillantar lo obvio, a las celebraciones de personajes, deberían comenzar por escribir unas normas de estilo literario, desterrando frases como el ‘mítico libro’, que no dicen nada, pero sí ayudan a extraterritorializar la literatura, a ponerla fuera de donde debe de estar, al alcance del debate racional. También sería muy de mi agrado que desaparecieran de las publicaciones culturales esos sustitutos de la argumentación bien trabada que son los artículos donde se parodia o se cuenta a medio chascarrillo lo que queda sin pensar, lo apenas entrevisto. Son incitaciones a la mediocridad, a ver las soluciones de un sudoku verbal con grado de dificultad 0. Muchas veces tengo la impresión de que la literatura en España está impresa en papel de fumar, porque parece hecha para que se aspire y obtener así un cierto placer, que luego acaba consumiéndose y del que al final sólo quedan cenizas.

Jamás ha dejado de sorprenderme la falta de consenso entre las diferentes publicaciones con respecto a la memoria crítica. Carecemos de memoria en lo que respeta al desarrollo de nuestras letras. Me explico. Los españoles somos estupendos a la hora de montar homenajes, actos donde se habla mucho y se dice poco, porque los invitados nunca son los que saben del tema, sino sus organizadores y beneficiarios directos. Todos estamos de acuerdo en que hay que celebrar cuantas fechas y aniversarios existen: es lo más cercano a un mandamiento cultural. Sería interesante sondear si los lectores han aprendido algo más de Cervantes, fuera de los lugares comunes, en la celebración de la publicación del primer tomo del Quijote. Yo me pregunto si ha quedado algo del libro o de Cervantes. Me temo que poco, y por ello tiendo a pensar que nuestra memoria crítica está medio vacía. De hecho, muchas veces siento que el crítico a modo de Sísifo tiene siempre que empezar desde el principio, bosquejar un marco de entendimiento del libro del que habla, porque no hay puentes críticos que le abrevien el camino hacia un argumento más complejo. Nuestra memoria cultural, insisto, está hecha a base de capítulos de la historia de la literatura, un instrumento del nacionalismo del siglo XIX para que las gentes se identificaran con un pedazo geográfico y una lengua, que en la era de la globalización resulta obsoleto, y con la lista de centenarios, pero escasean esas unidades de sentido crítico que forman la gran tradición cultural de occidente a partir de la Ilustración.

Termino con una gota de optimismo. Estos últimos años han aparecido en las librerías una serie de excelentes traducciones de Goethe, de Voltaire, de Sainte-Beuve, de Cyril Connolly, por citar un puñado de textos y autores importantes, geniales creadores de núcleos de sentido crítico de que hablo, que quedaron incrustados en el acerbo cultural occidental, a modo de espacios de luz, a los que podemos regresar cuando perdamos el camino. Ellos constituyen un excelente trasfondo, un apoyo, para que nuestros Galdós, Unamuno, Ortega, puedan salir de la cárcel de la historia literaria, de las respectivas celdas del realismo, del noventayocho, de la generación del 14, y sus obras servir para crear esos lugares de crítica. Y acabaremos llegando a donde nos debe llevar la literatura, a aprender sobre el rumbo del destino humano.

Quizás cuando una nueva generación mejor armada críticamente se ponga al timón las cosas cambien, entonces tendremos por fin la memoria crítica que nos falta.
Germán Gullón>versions


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Comentarios

  1. Antes de nada agradecer a Germán Gullón el esfuerzo por situar algunos de los ejes del debate en torno al concepto de “memoria crítica”. Al calor de su lectura me surgen bastantes preguntas que me gustaría plantear al blog para que, quién quiera, las recoja, las conteste, las reformule. Pero me concentraré sólo en dos reflexiones en voz alta. La primera sería hasta qué punto nuestra falta de memoria crítica para lo literario guarda relación o no con nuestro propio falseamiento de la historia. La transición inmodélica (elevada a los altares por quienes la protagonizaron) tapó un complejo entramado de “intereses” que permanecen instalados a pesar de sus leves transformaciones. En aras de una reconciliación nacional se tuvo que posponer cualquier intento de justicia social y ética para con los vencidos, de tal modo que las bases económico-sociales del tardofranquismo pudieron mantenerse estables. Bien es cierto que la evolución posterior de nuestra sociedad ha modificado parte de ese panorama, pero los cambios han venido más por el impacto de las tecnologías y de la nueva invasión “neocon”, que por un auténtico proyecto emancipatorio. No se subvirtió ningún orden, sino que se consolidó una visión “políticamente correcta y tranquila” de nuestra historia reciente. En este contexto, una parte de la literatura y de la crítica han transitado también por esos mismos derroteros. ¿Qué tenemos? Una crítica (salvando ciertas individualidades) encapsulada en nombres consolidados, mezquina para con las aventuras intelectuales, sesgada por los intereses de los grupos editoriales y de las capillas literarias, y temerosa de perder su status. Por el contrario, y esta sería mi segunda reflexión, nos encontramos con un nutrido grupo de autores (no todos, por suerte) enceguecidos por la luminaria de la venta y el éxito. Un éxito, por cierto, minúsculo a tenor de los índices de venta y lectura de nuestro país (pensemos, por ejemplo, en las tiradas de los libros de poesía). En este contexto, creo, hay responsabilidades repartidas (críticos, autores y lectores) a la hora de hablar de falta de “memoria crítica”. Y todos debemos enfangarnos en este debate. De su resolución o, al menos, planteamiento, quizá dependa parte del futuro de la literatura en nuestro país.

    Ernesto García López — 29-09-2006 21:14:27

  2. Aterradora y clarividente la sentencia pronunciada por Constantino Bértolo en una mesa redonda celebrada en Córdoba el jueves pasado:

    Los escritores de hoy han interiorizado el márketing.

    Parafraseando a Muchnik, lo peor no son sólo los críticos, ni los editores. También los escritores son o somos culpables de muchas de las cosas que están pasando.

    vicente luis mora — 30-09-2006 09:42:32

  3. Constantino Bértolo es de lo más lúcido que hay suelto. Sé que no viene a cuento, pero es que me cuesta tanto acceder a esta página, que quiero dejar mi huella una vez aquí, como la típica bandera que se clava en una cima. Dichoso "Mensaje de Bitacorae, error inesperado" o qué sé yo qué más. Respecto lo de los suplementos... Bueno, es que me parece que os lo tomáis muy a pecho. A mí, que cada vez descreo más del periodismo en general (tendríais que ver las noticias de la Fox), una crítica cegata, parcial y descerebrada (más que desmemoriada: quizá los ejemplos que aporta la loable propuesta de Gullón no serían los míos) casi que me parece coherente con el resto del periódico.

    Carlos VG — 02-10-2006 00:59:18

  4. Amigos, amigas: saludos a todo el mundo. Enhorabuena por los nuevos libros, etc.
    Acabo de volver en mí de mis vacaciones en Donosti comiendo pintxos, bebiendo txakolí, admirando la grandeza del arte civil burgués y escuchando la Oreja de Van Gogh y me he encontrado con este interesante aunque probablemente inútil debate en ciernes.
    Debo decir que estoy bastante de acuerdo con las opiniones de EGL y Carlos VG. Me temo que está bastante claro que el problema de la crítica es sólo una de las manifestaciones de un problema más profundo y estructural.
    Una crítica que, sólo por poner un ejemplo, denuesta La fiesta del asno de J.F. Ferré (sólo he leído la escena inicial de momento, pero da exactamente igual) por ser una “sátira sin indignación” es, sencillamente, hija de su padre y de su madre: el periódico y la empresa que hay detrás –de los partidos no digo nada porque tanto monta monta tanto-. ¿Memoria? ¿Aventuras intelectuales? ¿Debate intelectual? ¿Diálogo de algún tipo? Juas, juas, juas, juas, juas. Ojalá.
    Ante esto parece que hay dos posturas claras: intentar cambiar la crítica desde dentro de La Prensa o buscar canales y medios alternativos como este blog, por ejemplo, para llegar al público. Llegar al público, señores y señoras, es por otra parte una aspiración anterior al invento de la palabra Marketing, y me parece que, junto con la de elegir entre esto y aquello, es la principal responsabilidad de un editor; no digo que sea fácil, ojo.

    David M — 02-10-2006 11:52:43

  5. Los escritores de hoy han interiorizado el márketing
    --
    Creo: Se equivocan los editores volcando todos sus recursos en potenciar la figura del escritor. La causa literaria es el lector. ¡Deberían maquillar al lector y no al escritor!

    Tipo — 02-10-2006 23:34:33

  6. ¿Pero aún existe la literatura? ¿Pero de verdad hay suficiente tejido cultural y crítico en este país? ¿Pero hay una suficiente masa crítica de lectores? Ah... pues no lo sabía.

    rafayiyo — 03-10-2006 06:28:58

  7. No creo que debamos liquidar el asunto de forma tan rápida. La inexistencia de lectores, de una crítica sólida, e incluso de un tejido cultural fuerte, tiene raíces profundas que deberíamos analizar. No podemos permanecer al margen de este hecho y no debemos, creo, pasar de largo simplemente constantando que no existe. La cuestión es ¿por qué no existe?, ¿cómo se puede modificar?, ¿en qué puede incidir en ello la literatura? y ¿qué papel deben jugar los escritores para que nuestra sociedad se dote de un cuerpo cultural más significativo?

    Ernesto García López — 03-10-2006 15:21:40

  8. ¿Cuántos son "suficientes"? ¿A partir de qué punto decimos "ah, ya está bien. Ya podemos hablar de lectores y de crítica en este país"? ¿En algún momento serán demasiados? ¿Qué grupo de control establecemos, el de mayores de edad, el de universitarios, el de lectores en general (los acríticos, me refiero)? Y si no hubiera, si no hay, una masa crítica de lectores (que si fueran masa seguramente no sería crítica), ¿qué hacemos? Porque no menos derecho tiene mi padre de leerse el MARCA que yo a Frye. ¿Nos llevamos las manos a la cabeza? ¿Para qué? O, mejor, ¿por qué? Si nos indignamos porque el crítico de Babelia, agárrate, despacha a Ashbery con dos topicazos y, lo mejor, un cierto aire de condescendencia, ¿no es porque ya sabemos, nos guste o no, del peso específico de Ashbery, a pesar de todos los críticos de Babelia que lo puedan ningunear? ¿Ahora le vamos a poner reparos a una empresa no por los beneficios que genera, sino por nuestra idealización del producto con que comercia (que es, cierto, al fin y al cabo, lo que le permite generar beneficios) porque, en tanto que idealizado, debería responder a unos ciertos valores si no universales sí por lo menos públicos? A estas alturas eso me parece, cuanto menos, confundir categorías.

    Uf, qué estupendo me pongo. Es que todavía no me he tomado el café. Me perdone rafayiyo si lo utilizo para dar rienda suelta a preocupaciones personales. Un saludo.

    Carlos VG — 03-10-2006 18:04:43

  9. Es verdad, podemos estar haciéndonos preguntas hasta el día del juicio final. Pero la sobreabundancia de dudas no elude el meollo del problema. Carecemos en este país de una base cultural sólida que sea capaz de aunar diferentes niveles y categorías (incluidos los lectores de Marca y de Frye). Carecemos de un tejido cultural (asociativo, profesional, institucional) dinámico que interpele a los poderes y cuestione sus prácticas. Carecemos de una crítica "civica" que apoye a los lectores y dibuje caminos (muchos, distintos) hacia los que dirigirse. Carecemos de unos escritores (salvo excepciones, repito) preocupados por la "res pública", por el papel del intelectual en nuestro mundo. En definitiva, carecemos en España de un entramado sociocultural más firme. Ya sé que sólo llevamos 25 años de democracia pero no se trata de llegar a números ni de fijar cantidades, sino de construir una ciudadanía cultural más amplia porque, y es mi opinión, la capacidad simbólica de una sociedad para pensarse y criticarse es una de las bases sobre las cuales levantar la justicia social. Lo siento por este final tan "soflamático". Saludos.

    Ernesto García López — 04-10-2006 19:34:33

  10. Amigo Ernesto, no te disculpes. Ya sabemos que últimamente no ha estado muy de moda hablar de ideales políticos y tal, que ha resultado ser incluso algo de mal tono, un aburrimiento, etc., pero pienso que esto ha sido debido sobre todo a un cansancio lógico, a una reacción del espíritu, diría yo, o a un recogimiento natural después de los fracasos socialistas, del dogmatismo ciego de las izquierdas, etc., es decir, debido a causas naturales en primer lugar, y en segundo, a causa también -y aquí es donde aparece el malo de la película o el Malo a secas- del consiguiente aprovechamiento ciego, necio, automático y mecánico de la situación por parte de las Fuerzas del Mal, que si por algo se distinguen precisamente es por no hablar. Sin embargo, la idea de justicia social no es algo que vaya a pasar de moda jamás, y no sólo eso: es una preocupación noble y loable que honra a cualquier persona que emplea un minuto en pensar en ella y, sobre todo, en hablar de ella. Pero claro, si hablamos de ello, igual resulta que no todos tenemos la misma idea de lo que es justo y lo que no y la liamos.

    Creo que estás en lo cierto: a más cultura, más libertad, más igualdad y más fraternidad. Y es más, si yo fuera un patriota, que no lo soy, diría que cuanto más ricos y florecientes son la cultura y el tejido cultural de un país, más fuerte es éste en todos los sentidos. Pero estamos en una dinámica económico-social nefasta en la que ni siquiera parece haber una auténtica economía de mercado. Igual la mía es una visión deformada, pero lo que yo veo es una especie de sistema institucional dictatorial dominado por la cultura de la subvención, por los políticos, en el que lo importante no es producir ni hacer nada sino que el dinero pase de unas manos a otras. Resultado: mediocridad y pobreza en todos los ámbitos de la sociedad, no sólo en la cultura; y esto por no hablar de la polarización de la desigualdad, etc. Estos hombres de acción nuestros, representantes del pueblo, son espadachines del cazo y gimnastas del pelotazo. Y no me refiero a estos macarrillas de Marbella, sino a toda la macarrada política en general.
    En fin, cada uno tendrá que pensar hasta qué punto entra o sale del juego, como siempre. Lo que os puedo asegurar es que yo ni pertenezco ni simpatizo con partido alguno, ni tengo una ideología heredada de ninguno de ellos; y que si la tengo, la ideología, la he construido o la estoy construyendo yo mismo.
    Sinceramente, pienso que se debería considerar seriamente la posibilidad de crear un “tejido cultural” paralelo e independiente, sin ningún tipo de servidumbre ni posición de dependencia con respecto al tejido actual, o sea, cambiar mucho más que la crítica desde fuera, con independencia, en libertad. Y no estoy hablando de utopías políticas, sino de utilizar todos los medios del sistema a nuestro alcance para mejorar las cosas.
    Ahora, yo no vivo ni de la literatura ni de la crítica, y tampoco espero hacerlo en el futuro. No me puedo poner en el pellejo del escritor profesional, que tiene derecho a vivir de su trabajo.
    En fin, os invito humildemente a señalar mis posibles ingenuidades, desmanes o errores, y a decir lo que opináis.
    Saludos.

    David M — 05-10-2006 12:38:57

  11. Esto me ha encantado:

    Los críticos de poesía

    ¿Por qué los críticos de poesía
    no escriben poesía
    visto que saben todo de poesía?

    Si supieran, tal vez preferirían
    escribir poesía en vez que de poesía.

    Los críticos de poesía son como los viejos.
    También ellos saben todo sobre el amor.
    Lo que no pueden es hacer el amor.


    Izet Sarajlic, Una calle para mi nombre
    (4 Estaciones, Lucena, 2003)

    vicente luis mora — 05-10-2006 19:34:12

  12. Coincido en mucho, en realidad, con EGL y DM. Incluso, creo, en lo de suavizar con ironía o modestia, al final de nuestras respectivas intervenciones (¿por pudor? Zizek dice por ahí, creo que en Las metástasis del goce, que los títulos de los libros de política de los sesenta y setenta tenían miedo a afrontar el objeto en sí: Materiales para una investigación de la ideología, Principios para..., Rudimentos de..., Aproximación a...). Pero no en todo. Por ejemplo, yo no pongo en duda la carestía de un "tejido cultural que interpele a los poderes y cuestione sus prácticas", pongo en duda que ese tejido pueda establecerse a partir de iniciativas privadas (y por ello entiendo aquellos medios y estructuras dirigidas a la obtención de plusvalías, de capital o electorales -iba a decir económicas o electorales, pero la plusvalía electoral es necesariamente económica-) o institucionalmente. Sí creo que es posible construir tal tejido asociativamente. Pienso en Alicia Bajo Cero, por ejemplo, aunque como germen de algo mayor. Tengo mucha fe, no sé si ilusa, en Internet. Lo que no sé muy bien es a qué te refieres con tu final soflamático. Es decir, no sé muy bien que es una ciudadanía cultural, en la medida en que toda ciudadanía es cultural, incluso la analfabeta. Otra cosa es si te refieres a un segmento social que participe de una, digamos, Institución-Cultura, a lo Peter Bürger. En eso no nos pondríamos de acuerdo. No creo que una tal institución pueda asumir posturas externas al resto de estructuras e instituciones sociales y, por tanto, cuestionarlas. Pero quizá no es a eso a lo que te refieres. De verdad, me gustaría que te extendieras. Con DM, cuya actitud respeto y valoro, parto de una discrepancia mayor en los términos. Por ejemplo, me gustaría que esas fuerzas del mal, que escribes con mayúsculas, tuvieran nombres y apellidos. Yo sé quiénes se lucran con mi trabajo. Quiero saber quién se lucra menos preciando a Ashbery, EN ÚLTIMA INSTANCIA (alguno pensará que ya lo he decidido, que forzaré cualquier argumento para que convenga a esa decisión previa; pero estoy dispuesto a reconocer un argumento mejor, lo que no acepto es que me hablen de una estructura económicamente autosuficiente, sin suplementos pero cuyos elementos resultan fetiches). También me gustaría que te explicaras en algo, ¿cómo puede ser la cultura motor del cuerpo social? ¿Cómo actuaría un nuevo tejido cultural, más válido, y permanecería, al tiempo, independiente del antiguo? es decir, ¿dónde ocurre ese "afuera" del tejido cultural perverso, especialmente si para su construcción dependemos de las herramientas que nos provee el "sistema"? ¿Puede ser una tejido cultural NACIONAL -perdón por el recurso a las mayúsculas, es que no sé escribir aquí con cursiva- por mucha cultura que suponga promover la libertad, solidaridad y fraternidad, en la medida que la explotación se produce de manera trasnacional?

    ¿No sé complica todo enormemente si intentamos pensar más allá de límites políticos, sean los nuevos límites la lengua o la economía?

    Ansioso por seguir debatiendo, recibid mis saludos.

    Carlos Varón — 06-10-2006 02:35:54

  13. La disculpa fue por ese final un tanto "mitinero" pero, por supuesto, considero necesario hablar de justicia social. Aunque podría suscribir algunas de las afirmaciones que haces David M. no estoy de acuerdo con el fondo. No podemos liquidar a la clase política de un plumazo y hay muchos casos de gente honesta y trabajadora. Quizá el problema radica en lo que Mitchell decía sobre las "Oligarquías de hierro de los partidos", aunque no debemos olvidar que a final sus posiciones nihilistas y desengañadas se acercaron peligrosamente al fascismo italiano. Reivindico el hecho político e, incluso, la participación política en estructuras. La cuestión es que, para desgracia nuestra, las estructuras organizativas "clásicas" que atraviesan nuestra sociedad están enfermas. Pero hay otras en ciernes. Por eso quizá es hoy más necesario que nunca fortalecer el frente cultural. Ante una anemia social, la literatura, las artes plásticas, la crítica son espacios de conciencia desde donde todos podemos interpelar al poder, someterlo a critica. No soy tan ingenuo como para pensar que la poesía cambia el mundo, pero puede contribuir a modificar sensibilidades y eso ya es mucho. Por eso me rebela que la crítica, que debería ser, ¿por qué no? un territorio orientado hacia la búsqueda de nuevas propuestas, de nuevas sensibilidades, con apertura mental y cultural, se ha quedado encapsulada en la frontera de lo próximo, de lo pequeño, de lo local. Por cierto, Vicente, estupendo el poema que recoges. Sólo una pega: un buen crítico también escribe el mundo, mientras que un mal poeta lo elude. Está bien reivindicar al poeta pero también quiero reivindicar al crítico. Lástima que haya pocos. Esta Bitácora, por ejemplo. Saludos.

    Ernesto García López — 06-10-2006 08:32:58

  14. Aprovecho que Carlos menciona más arriba (12) el trabajo de Alicia bajo Cero para anunciar que, tras agotar la tirada del libro en papel (y los de Alicia no tenemos pasta para una segunda edición), hemos subido el libro, por fin completo (y para quien quiera acceder a él), en la Biblioteca del MLRS, en: http://www.nodo50.org/mlrs/
    Un abrazo

    Enrique Falcón — 06-10-2006 17:18:44

  15. Respecto a la aportación (11.) que trae Vicente, estoy más que de acuerdo, se lo he dicho mil veces a las paredes, mientras me peleaba con las palabras, y a las sábanas, mientras sudaba y agitaba la pelvis en compañía. Pero poco después acepto que podemos estar equivocados, que haya tal vez "viejos" capaces de hacer el amor, aún incapaces del asalto carnal. Y "jóvenes" de polla hiperactiva, pero incapaces de hacerle el amor de veras a una mujer, esto es, a la poesía.

    Y en cuanto a lo de la interiorización del marketing>, bueno, también estoy leyendo estos días toda clase de críticas y ataques, los más con razón, a esa horda de vedettes literarias con tan poco talento y tanta prisa. Pero hasta en las editoriales menores de ese emporio, se cuela de vez en cuando una joya, pasada, presente o futura.

    ¿No será más útil infiltrarse en el "sistema" para dinamitarlo, que quedarse en la periferia berreando? ¿No será más fértil una voz que se cuele por ahí, que el murmullo a este lado del muro?

    La mayoría de lectores están dispuestos al adocenamiento, esto es así, pero también los hay atentos, sedientos, impacientes, y muy capaces de reconocer lo valioso, aunque florezca en la grieta de un panteón de muertos ilustres y cadáveres andantes (esos con alma de balance de pagos).

    A mí me parece que a quien tomamos (vosotros los críticos, los editores, vosotros los autores, y algún juntaletras -ego-) por idiotas es a esa clase de lectores.

    Pero esto, como siempre, no es más que una opinión sin importancia, del todo prescindible, sin ideas, como pensaría algún timorato ilustrado.

    pd: yo también tengo problemas desde hace semanas con el acceso a este ágora. Un dato aparte: hoy el portal Yahoo habla de la saturación de libros publicados en torno a los "blogs".

    Sergi Bellver — 06-10-2006 19:33:17

  16. (Sobre algo que comenta EGL):"La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer" Bertolt Brecht.

    Ah, se me olvidó en mi intervención anterior, sobre el poema que nos trae VLM. A mí no me ha gustado demasiado. Uno tiende a recordar a Benet, el escritor como crítico frustrado y tal. Pero, eso sí, me ha encantado el título del libro.

    Saludos a todos.

    Carlos VG — 06-10-2006 20:06:58

  17. Querido Carlos, obviamente no comparto todo lo que el poema dice, sólo me hizo gracia. Lo que sí comparto viene a ser esto: por supuesto que creo que la poesía puede ser bien entendida, analizada e interpretada por lectores que no son poetas; pero creo que ser poeta otorga humildad a esa lectura y la mejora. Los mejores analistas de poesía que conozco son a veces poetas, y a veces profesores universitarios; los mejores lectores de poesía que he podido conocer han sido, invariablemente, poetas, o al menos escritores: establecen aperturas de sentido, en vez de contarlas, o cerrarlas. Saludos.

    vicente luis mora — 07-10-2006 11:23:31

  18. Puede equivocarse el crítico. No así la historia. ¿Alguien duda del Greco? Habrá pocos.

    Tipo — 07-10-2006 14:20:24

  19. ¿Has conocido alguna vez, Vicente, algún lector, de poesía o prosa, que sin ser autor ni docente, te pareciera "bueno"? ¿O sólo tratas con ánimas in lettera? ¿Con quién hablas, Bellver? ¿Quién yo? No, nada, con nadie. Ah.

    Salten casilla, para variar. Pero no se salten esto:

    "El mejor poeta tiende a preocuparse menos por el estilo que por ser un libre canal para sí mismo"

    Qué va a decir Bellver eso ni que ocho cuartos, no, hombre. Es de la introducción que el propio Walt Whitman hizo en 1855 de su "Hojas de hierba". Duden, duden.

    Sergi Bellver — 07-10-2006 19:02:45

  20. Ah, pero la historia da tantas vueltas. Es lo mejor que tiene.

    Carlos VG — 07-10-2006 22:53:12

  21. (Para Carlos Varón) Para mí la “ciudadanía cultural” es aquella que inscribe, profundiza y expande entre los ciudadanos los cuatro niveles de conciencia que Edgar Morin reivindicó para el futuro, a saber: la “conciencia antropológica” (que reconoce nuestra unidad en nuestra diversidad), la “conciencia ecológica” (conciencia de habitar con todos los seres mortales en una misma esfera viviente), la “conciencia cívica terrenal” (la de responsabilidad y solidaridad para con los hijos de la Tierra), y la “conciencia espiritual” (condición que deriva de un ejercicio completo del pensamiento que nos permite tanto criticarnos mutuamente como a nosotros mismos y comprendernos unos a otros). Por supuesto estas conciencias deben tener un sustrato económico de derechos sobre los cuales levantar el resto de derechos. La literatura, la crítica, la poesía históricamente, creo, han contribuido a fortalecer estas capas de conciencia, y lo han hecho desde una esfera imaginativo-simbólica tremendamente deslizante (por eso han sido tan peligrosas para el poder). No digo que ahora no lo hagan de igual modo, pero sí coincido con la cita de Bértolo que nos propuso Vicente de que el marketing se ha instalado en nosotros y eso lastra nuestra capacidad crítica. El marketing (y su máximo exponente: las marcas) no responde a un principio de identidad (Yo = Nike ó Coca-Cola, etc.), sino a un principio de incompletud: Un Yo adolescente, por ejemplo, inseguro, que se mueve en la incertidumbre, que su cuerpo biológicamente cambia se identifica con aquello de lo que “carece” y que, en forma de veladura, se lo facilita. Ejemplo Nike y su “Just do it”, ese “hazlo” viene a otorgar certidumbre y seguridad a un público que carece de ella, y por eso se apropia de la marca. Mi opinión es que a algunos poetas jóvenes (y no tan jóvenes) les pasa lo mismo. La “marca”, el “premio de turno” acaba dotándote de una legitimidad de la que “intelectualmente” quizá careces. No quiero decir con ello que los premios sean algo perverso.

    Ernesto García López — 08-10-2006 10:52:00

  22. Querido Sergi, tu comentario, algo agresivo, me viene al pelo para explicar algo de lo que me doy cuenta en los talleres que imparto. Los textos, como bien sabes, tienen (sobre todo, los buenos), muchas y sucesivas capas de significación. La mayoría se despliegan en presente, es decir: pueden ser entendidas por las personas coetáneas del texto, por sus contemporáneos (ya sé que ambas palabras no son sinónimos exactos, pero intento hacerme entender). El uso de resonancias simbólicas puede operar del milagro de que el texto siga produciendo sentidos nuevos con el paso del tiempo: valga de ejemplo el Odradek de Kafka, cuyo perfil ha sido estirado, decenios después de su escritura, hasta extremos sociológicos increíbles. La cuestión es que la detección y disfrute de todas las capas de significación requiere de una especial familiaridad con el texto, que sólo (repito: sólo, única y exclusivamente) puede darse si concurre al menos una de las circunstancias siguientes: 1) que el lector esté familiarizado de modo íntimo, en general, con cualquier texto, por ser él mismo escritor, o autor, como dices; 2) que el lector se haya molestado en estudiar los mecanismos de construcción, hermeneusis y análisis de los textos del género, origen geográfico y circunstancias temporales a los que el texto en estudio pertenece. Es decir: no que sea “profesor” (yo no lo soy), sino que se haya tomado la molestia de estudiar o al menos leer documentadamente teoría de la literatura y literatura comparada. Sin eso, la comprensión máxima o total del texto es imposible. Benet hizo en su tiempo una interesante reseña del King Lear (creo que era de esa obra, no tengo a mano el volumen de Bitzoc que la contiene), porque Benet era, como escritor, “primo lejano” de Shakespeare, estaba familiarizado con la Literatura, que vivía de modo íntimo. Había en esa obra de teatro elementos discursivos y estéticos que rozaban cosas que él usaba para sus novelas. Bien, tenía mucho mérito, en su momento, esa reseña, pero de ahí a pensar que Benet podía ser un experto en Shakespeare va un mundo, Sergi. Carecía de los rudimentos teóricos, de las lecturas históricas de época, de los conocimientos filológicos sobre métrica inglesa, del método comparativo necesario para hacer una lectura compleja, una buena lectura real de la dramaturgia shakespeariana. Respondiendo a tu pregunta: no, no conozco a ningún buen lector (si entendemos “bueno” en el sentido de aquel que hace una buena lectura, completa y compleja, de un libro), que no sea autor o estudioso, porque es imposible, porque no se puede; ni lo conozco, ni lo conoceré. Todo el mundo puede opinar sobre un cohete espacial, pero no todo el mundo puede construirlo. A todos nos gusta beber vino, pero no tenemos la formación de un catador “nariz de oro”, que puede decirnos hasta la localización geográfica de la uva de la que procede un vino concreto, y si su conservación ha sido o no la correcta. Eso es saber de vinos, eso es hacer una buena degustación del caldo, Sergi, lo otro es beber. Un personaje de Caras B, de Eloy Fernández Porta, que podría ser el hijo ilegítimo de Paul de Man (el personaje, no Eloy), apuntaba: “el desprecio a la Teoría no ha dejado de ser una constante desde sus primeros tiempos, y las formas risueñas o virulentas que cobra ese desprecio son la prueba mejor de su importancia”. Es una frase para tener grabada en el cabecero de la cama. Todas las formas políticas dictatoriales laminan, en primer lugar, a los intelectuales no afines; después, a la libertad de prensa. Saben bien dónde está el refugio de la carga crítica.

    A lo largo de mi vida he conocido muchos lectores, como imaginarás. Imparto frecuentemente talleres de iniciación a la escritura creativa y de iniciación a la lectura, donde la mayoría de los participantes pertenecen a ese perfil que apuntas: no son escritores (aún), ni filólogos. Entre ellos he encontrado personas muy inteligentes, que dejaron caer comentarios agudos sobre una parte de un libro, o sobre un personaje, pero jamás, ni dentro ni fuera de esos talleres, es posible que nadie encuentre un buen lector. Leer bien es un arte difícil, Sergi. Como todas las artes, requiere un enorme y costosísimo trabajo previo, o tener un don natural de tal calibre que excuse deficiencias formativas. Lo siento, no hay excepciones. Si conoces alguna, no lo dudes: avísame. Será una rara avis, un mirlo blanco a estudiar. Hasta entonces, lo demás es silencio. El de un cuarto, con libros, para estudiarlos.

    vicente luis mora — 08-10-2006 11:17:15

  23. Los profesionales de la lectura olvidan -olvidamos- que la lectura también es algo personal, propio de cada lector, sin criterios normativos externos. Nadie me va a dejar un ferrari para que haga una 'mala lectura' de él, pero me acerco con facilidad? a Shakespeare o Ben Sahl, a pesar de no ser estudioso de ninguno de los dos. Me pregunto si el autor, la literatura en general prefieren unos lectores a otros. ¿Prefiero una lectura de mi único libro hecha por un colega, enriquecedora o completiva, realizada por un crítico lúcido o la que hace Loli, la chica que sustituye a la funcionaria habitual de correos en mi pequeño pueblo?. Cuando la he visto estos días del pasado verano intentando tozudamente arrancar el sentido a los poemas más referenciales y cultistas (desde unos estudios ni siquiera medios), he sentido un placer autorial que hasta ahora ninguno de los demás lectores ha -habéis- igualado.

    antonio alcaide — 08-10-2006 11:53:55

  24. Disculpas por un segundo post tan contiguo. De acuerdo con Sergi Bellver y su cita de Whitman, la referencia para cuando queremos ponernos 'estupendos'.

    Os dejo, no sé si en contradicción con mi defensa del pueblo llano del comentario anterior, un apólogo sobre los niveles de lectura que me envió este verano un colega que sabe mucho más de esto que yo .

    Los niveles del lector. Parábola


    Un ya lejano día, en una comida de trabajo de profesores de secundaria, a la hora de los postres una joven compañera interina llevaba ya dos horas mostrando su erudición en novelistas que ella creía eran lo último de lo último (Borges, Monterroso...). Todo el mundo, especialistas en Machado, Juan Ramón, Cela y si acaso algún best-seller, best-known autor más reciente, estaba un poco fastidiado.

    En un momento del animado monólogo, aquella chica cuyo nombre no logro recordar para poder decir aquello de de cuyo nombre no quiero acordarme mencionó el relato Jardín de senderos que se bifurcan. Sentí la llamada de lo arcano, de la cultura y no pude menos que bromear diciendo: Eso es de Garcilaso ¿no? Para echar unas risas y frenar un poco tanta verborrea. Mi sorpresa vino de sus cejas enarcadas hacia mí, profesor funcionario, supuestamente culto: "No, -dijo enojada por haber hablado ante semejante auditorio- es de Borges". Mi chiste quedó en sonrisa –arcaica- interior y severa desaprobación del resto de contertulios.

    Moraleja: hubo tres niveles de lectores en aquella comida. Yo que, a falta de homo más sabio, representaba al lector más o menos cultivado. La chica de marras que, capaz de citar a Borges, carecía de la agilidad y cultura para deconstruir su propio discurso y mezclar –posmodernamente- materiales tan diversos como Borges y Garcilaso en la misma frase. Y me temo que todavía había un tercer nivel, el de algunos compañeros que, como la joven, no sólo no entendieron mi chiste, sino que no estaban seguros ni de Borges ni –horror- de Garcilaso (Word está empeñado en poner ‘Gracilazo’ que debe ser un clon virtual del anterior, un Garcilaso de Microsoft).

    Tres niveles de lector/lectura para un solo de comida con pedante (título opcional).

    Saludos.

    antonio alcaide — 08-10-2006 12:10:03

  25. Antonio, todas las lecturas valen. No tergiverses: yo no digo que esas lecturas no valgan; sólo apunto lo que más me vale a mí. Saludos.

    vicente luis mora — 08-10-2006 13:00:26

  26. Agresivo no, Vicente, si acaso incisivo en la actitud, romo en la acritud, y vehemente a ratos, pero con la mejor intención que puedas imaginar. Te doy mucha razón en lo que has dicho, y cuadra casi como un mecano en toda la exposición que has hecho (señalar aquí que he hecho la ola, por la atención prestada -si en el fondo soy un crío- aunque no me hayan secundado los bolivianos de al lado en el locutorio), pero como tú mismo respondes a Antonio, esa lectura de las lecturas es la que más te vale a ti.

    Cabría preguntarse entonces para qué se publican libros, por qué se hacen tiradas de más de un millar (¿cuantos "Lectores cualificados" habrá que pasen de esas cifras en cada país?), si será algo así como hacer un facsímil de un icono y copiarlo hasta el infinito. Algo así como le explicaban la religión a nuestros tatarabuelos, con estampitas labradas en madera o piedra, o vitrales. Desde el conocimiento reservado a la élite que se dulcifica y simplifica para la plebe, y, ea, a publicar libros y más libros, y que los feligreses sueñen con un remedo de epifanía privada en su cama, sofá o vagón de metro, cuando, pobrecillos, el verdadero secreto de Fátima sigue bajo siete llaves bajo las ínfulas del sacerdote.

    Pero la religión es cosa de hombres (sí, así de cutre, como el anuncio de Brummel, porque trae la misma proporción de marketing y avidez por perdurar que la mala literatura). Pero del espíritu, si acaso es la fe. Y esa no la reparten con la hostia (aunque sí a hostias durante muchos siglos), no, no cae a mano con la comunión. En fin, que a menudo nos perdemos en los entresijos de la curia, en los misterios trinitarios, y olvidamos que toda esta historia que nos une, la literatura, tiene un origen (y un hechizo, y un milagro) mucho más humano (en el sentido más grandioso del término ahora). Desde la primera historia del cazador narrada junto al fuego. Sí, estoy contigo, Vicente, hay que estudiar, la cultura es cuestión de codos, sin lugar a dudas (al menos yo, cuanto más leo, más quiero, y me expando, y busco, y sigo estudiando), pero no puedes castrar esa serpiente que se agita y nos incita desde el espinazo, con la losa de la razón pura. De acuerdo, hay lecturas mancas, visiones cojas, entre los simples lectores, pero de tanto diseccionar las cosas, muchos estudiosos acaban por tener vocación de taxidermista. Conocen al dedillo la anatomía de un lobo, pero olvidaron para siempre el pavor atávico de oir su aullido en el bosque, o la fascinación de una manada a la carrera.

    No estremece una obra sólo por lo que el demiurgo del autor ha creado con todas las herramientas a su alcance, abarcando en lo posible el mundo que ha pretendido plasmar (veo que a ciertas fieras literarias, y con cierta razón, lo que más extrañan en la literatura actual son los mundos creados, las cosmogonías plasmadas, las grietas a cielo abierto), estremece sobre todo por lo que de sus tripas ha quedado en el texto, algo difícil de constatar al microscopio.

    Por eso traje a Whitman a esta fiesta, para que dijera unas cosillas el hombre, que "algo" sabía de poesía.

    En fin, se me perdone la impulsividad y loa poca reflexión, pero creo que igual se me entiende. Y qué bendición que a veces no nos pongamos de acuerdo, así este campo es más feraz en letras e ideas.

    pd: ¿Vendrás o vendrías, Vicente, a la presentación de "La vida ausente" de Zapata en Madrid? Una amiga mía te ha visto por ahí y dice que eres guapito de cara. No es coña. Te invito a una absenta virtual en mi garito.

    Sergi Bellver — 08-10-2006 20:22:13

  27. Sería interesante, ir a lo de Zapata. ¿Cuándo y dónde es la presentación? A ver si me encarta.

    vicente luis mora — 09-10-2006 08:10:46

  28. Para Sergi Bellver: Si por "boliviano" se entiende "lo político" a lo Evo Morales yo, al menos, lo acepto. Si "boliviano", en cambio, enmascara un cierto distanciamiento de lo que se estaba discutiendo, lo siento, me parece injusto. El tema apuntado por Germán Gullón, afortunadamente, tiene muchas caras y cada cual elige desde donde plantearlo en función de sus preocupaciones. Lástima que las nuestras, "bolivianas sí", no sean correspondidas por tí. O al revés. C´est la vie.

    Ernesto García López — 09-10-2006 14:24:06

  29. Pido disculpas Sergi Bellver. Leyendo con mayor atención tu post me doy cuenta que lo de bolivianos era "literal", es decir, que te visualizo en un locutorio real y, por tanto, tu comentario no tenía ninguna carga oculta. Lo siento. Me he equivocado.

    Ernesto García López — 09-10-2006 20:33:24

  30. De acuerdo, Vicente, con tu puntualización del post 25. De todas formas no me había propuesto contestarte directamente ni, por supuesto, tergiversar. Debe de ser que de vivir tanto de espaldas al mundo de la cultura, me sale solo.

    Tu capacidad de lectura es borgiana. Ten piedad de los meros ayudantes del bibliotecario. Parafraseando el pensamiento de Confucio: el hombre sabio no desperdicia ni la ocasión de leer ni tampoco su vista. Saludos.

    antonio alcaide — 10-10-2006 00:43:00

  31. Amigos contertulios. Os ruego que me disculpéis, sobre todo vosotros, EGL y Carlos, que habéis comentado parte de mi post, por no haber vuelto antes; sencillamente no he tenido tiempo.
    Ahora casi me abruma la labor. Pero voy a ver si logro centrar un poco mi postura en el debate.

    Parece que el día que escribí mi último post estaba mosquedo con los políticos y lo expresé de igual manera que el que se mosquea de repente en la barra de un bar y suelta cuatro maldiciones contra ellos ¿Creéis que la percepción de las cosas públicas de este parroquiano es menos auténtica o real que la de alguien que cree conocer todas las circunstancias, las analiza y expone una opinión de varios folios sobre el tema?

    Lo cierto es que no es que haya otros días en que los políticos actuales, así, en general, me caigan mejor. Lo de espadachines del cazo y gimnastas del pelotazo es, evidentemente, un desprecio general, sí; es mostrar su perfil más chusco, hacerles descender de las alturas, llamarles sacamuelas despreciables en lugar de dentistas. No me refiero a casos concretos. Me refiero a la propia idiosincrasia de estos grupos de poder, a la dinámica en la que parecen anquilosados, a su connivencia con los poderes económicos, a su falta de pudor, a su falta de respeto, a su falta de escrúpulos y a la baja catadura moral de la que dan abundantes muestras. Iba a decir también a su falta de “ideas”, pero cuidado, mejor no invocar ningún idealismo porque cuando tienen “ideas” son aún más peligrosos, sobre todo ahora que los únicos que parecen tenerlas son los de derechas (último episodio de “ideas” en Bélgica).
    Y, aunque no me refiero a casos concretos, desprecio personalmente a muchos políticos actuales, es verdad. En general, no me suelen gustar los políticos que veo en la tele; no sé qué os parecerán a vosotros. No me suele gustar, en general, su manera de actuar. Los principios éticos de los que hacen gala no me suelen gustar. Su estilo tampoco.
    En resumen, no me gusta su manera de ser políticos. Pero sobre todo, lo que no me gusta son los intereses que representan, que por supuesto, no son los intereses del llamado pueblo (aquél antiguo concepto tan útil para no decir nada), ni los intereses de los ciudadanos, sino los suyos como grupo organizado que gestiona y controla esos intereses en “equilibrio” con los intereses financieros que más o menos les apoyan, y los intereses de Europa, y los de EE.UU (pero los intereses de Europa o de EE.UU., ¿de dónde salen?).

    Ya sé que no es tan fácil cambiar las cosas, que se hace poco a poco, que quizá haya cosas que no cambien jamás, etc. Me hago cargo. No es fácil.

    Seguramente, acabemos estando en un libro o no, seremos como todos los escritores sobre cuya peripecia vital recuerdo haber leído en los libros de texto: “Cuando era joven, era idealista, de izquierdas, pero con el paso de los años acabó volviéndose más conservador, de derechas, etc.”. Todos menos Valle-Inclán, que aparecía como una original y esperpéntica anomalía.

    En fin, supongo que este no sería el mejor lugar para hablar de mi “descontento” ante los políticos si no fuera porque, en realidad, lo que quería decir es que, en cualquier caso, los políticos no sólo están muy ocupados en sus peleas diarias (conseguir esto, conseguir lo otro, repartir esto, lo otro), sino que no tienen ningún interés en que exista ningún tipo de tejido o entramado cultural desde el que se les interpele. Su interés en que la gente lea y tal es nulo. Sólo son problemas para ellos. ¿Por qué iban a trabajar por algo así? Ni siquiera tienen tiempo.

    Lo que quiero decir es que me parece bastante irrisorio esa especie de miedo hacia el Marketing en una sociedad basada en una economía de mercado. Me parece irrisorio pero lo comprendo perfectamente. Yo mismo he tenido que dirigirme a una serie de autores el año pasado para proponerles colaborar en un proyecto de colección, proyecto a presentar a un editor, y en la propuesta escrita, al utilizar términos marketinianos tipo “público objetivo”, “producto”, etc., he sentido una especie de rechazo, de repelús. Pero decidí utilizar esos términos por dos motivos: 1. Porque, al ser yo una persona desconocida en el ámbito literario y un autor “joven” e inédito, necesitaba dar a mi propuesta la mayor apariencia de seriedad posible –un toque científico-técnico- para que se me tomase en serio –por parte de los autores y por la del editor- y no pareciese otro alocado joven escritor con muchas ideas poco realistas; y 2. Porque me parece que esa especie de miedo atávico de muchos editores independientes al Marketing es un craso error, ya que el Marketing –palabra inventada evidentemente por los anglos, reyes del positivismo y el utilitarismo- no es otra cosa que lo que hacen siempre estos campeones de los racional: un modelo racionales para hacer cosas que ya se hacían antes, para que esas cosas puedan aprender a hacerse.
    Es decir, hablando en plata: el Marketing en sí mismo no es ni bueno ni malo ni de derechas ni de izquierdas. Utilizar estrategias de comunicación y de distribución para un producto en el que crees no es malo. Lo que “quieren” los políticos es que el mundo de la literatura siga siendo como es ahora: que los grandes sigan utilizando el Marketing de mala manera, es decir, inundando el mercado con 50.000 productos de manera que nadie encuentre los libros de los pequeños en las librerías, libros excelentes de escritores contemporáneos que escriben literatura contemporánea de verdad. Y sobre todo, que no los encuentren los jóvenes. “No vendáis a los jóvenes, no. La literatura es una cosa seria y adulta. Los jóvenes no...” “Los literatos son gentes muy muy razonable...; gentes que después, quizá, de años jóvenes y alocados, años soñadores, caen del guindo..., abrazan la tradición –que, por cierto, es ésta que yo te enseño-“. En resumen: no comunicar, no vender; y sobre todo, no distribuir (“¡No quiero ver esos libros en mis jodidas librerías! ¡Está claro!”). Quedarse al amparo de las administraciones. “¿Por qué no nombramos a la Literatura, así en general, partrimonio de la humanidad y hacemos unos cuantos museos? ¿Te apuntas, Harry? Claro: yo pongo las grúas y la mano de obra.”

    Lo erróneo y despreciable es el gobierno del Marketing, que es cuando los chicos-listos-con-no-demasiado-talento-ni-escrúpulos-siquiera-estéticos del Marketing crean el producto. ¿Por qué?, porque su objetivo no es el producto sino simplemente conseguir un producto que genere beneficios. Si hace falta hacer un manual de prevención de riesgos laborales escrito por la mona chita se hace. Ah, no, que si algo sale mal daría mala imagen. Bueno, vale, ...
    Parafraseando a la excantante antes conocida como Tamara en el programa Dolce Vita hace un par de sábados: quieren vender, y venden, productos que NO ESTÁN EN VENTA.

    En cuanto a los autores, la verdad es que esa sentencia del Sr. Bértolo, no sé si quizá por sacada de contexto, no me parece muy certera. Parte de la tarea o del sino del escritor es luchar por la manera en que quiere ser leído.

    El poema de Zizec me gusta porque dice muy bien algo que supongo que hemos pensado casi todos, no porque sea una verdad absoluta El tema es un clásico. Sólo decir que el principal problema para el crítico me parece la distancia. En otro post, J. Riechmann hablaba de que a distancia 0 no se percibe el objeto; pues me parece a mí que tampoco se percibe igual en función de la perspectiva y el contexto. Por ejemplo, hace unos años estaba escuchando un programa en radio 3 en el que el pinchadiscos-comentarista invitado de la semana –un especialista en música beat- dijo que para él los Beatles eran un grupo más de ese estilo. Supongo que estaba tan interesado en el estilo beat que dejó de percibir que los Beatles no fueron un grupo más.

    Carlos: en otro post en el que el citado Riechmann debatía con J.F. Ferré, éste le dijo algo así como que el enemigo está más bien dentro de nosotros mismos. No hay nombres y apellidos que valgan.

    Ya no puedo más, se me van a caer los dedos. Demasiada literatura.
    Saludos cordiales.

    David M — 10-10-2006 11:21:06

  32. Me he dejado dos temas que me interesan: participación en estructuras políticas (Ernesto) y asociacionismo ante el mercado (Carlos). A ver si encuentro tiempo.
    Saludos.

    David M — 10-10-2006 14:43:27

  33. Ahora en serio (me refiero a mi comentario anterior, el 6): lo que pasa es que la literatura depende del mercado desde que dejó de depender del Estado, la Iglesia o la aristocracia (el mecenazgo habitual). Y de esto ya se da cuenta impecablemente Swift en el XVIII, al ver cómo le han utilizado los partidos políticos ingleses. Por este lado, mejor depender del mercado que de los anteriores, ¿no? Por otro lado, la estética y el arte en general (y con él, la literatura), es una puta creída y con remilgos: depende del mercado pero pretende no darse cuenta y quedar por encima o al margen de él; confirma todos los valores burgueses y capitalistas (puesto que el arte y la literatura, en sentido moderno, nacen gracias a ellos), los reafirma incluso cuando aparentemente los rechaza (leed a Terry Eagleton), pero pretende, nuevamente, estar al margen, por encima o más allá... Cuando antes nos demos cuenta de esto, mejor que mejor.

    rafayiyo — 13-10-2006 14:11:16

  34. Cucu... Interesante artículo de Dana Gioia sobre "la situación real de la poesía norteamericana en que, entre otras cosas, se trata de explicar el divorcio existente entre los poetas y los lectores" lincable desde el blog de David González http://davidgonzalezpoeta.blogspot.com/.

    David M — 16-10-2006 17:25:48

  35. Sin ánimo de molestar: ¿pero este Germán Gullón no es el gran defensor de Lucía Etxeberría?

    rafayiyo — 18-10-2006 12:51:44

  36. Rafa, Gullón es un gran defensor de la literatura realista; recuerdo polémicas intervenciones suyas defendiendo a autores como Loriga o Mañas, por ejemplo. Ignoro si defiende a Etxeberría o no en este momento; y, aun si fuera así, antes leería las razones por las que la defiende. Pero me parece un grandísimo conocedor de la literatura española de los últimos decenios y sus descripciones generales son de lo más interesante que se puede leer. No se puede estar en todo de acuerdo con todos, quizá con nadie. Saludos.

    vicente luis mora — 18-10-2006 16:32:47

  37. No me parece tan sugerente el planteamiento hecho por Gullón que a primera vista podría resultar tan sorprendente. En todo caso si algo de interesante tiene es que empuja a disentir.

    Se parte de un malestar, bien es verdad que reconocido por cualquiera con dos dedos de frente. Pero me parece que este malestar es fruto de otro malestar más amplio y estructural. Y aquí Gullón, pese a echar mano del concepto “memoria crítica”, ahoga el planteamiento previsto, como asimismo la mayoría de comentarios posteriores. El malestar literario es fruto de un malestar cultural, y éste de un malestar social. Que Pepito de los Palotes hable en una página de un suplemento literario cualquiera sobre éste o aquel escritor, éste o aquel libro, con mayor o menor cordura, con mayor o menor interés particular o empresarial, es un mal menor, por muy literario que sea, frente a otras impunidades más básicas y por ello más graves. Me duele más la carencia de “otros lugares”, “otras pizarras” donde se plasme la reivindicada crítica por Germán Gullón, mucho más que la preocupación por que en El País, el ABC o El Mundo escriban los que están escribiendo y, consecuentemente, escriban lo que escriben. Hay que tener en cuenta que también entre ellos, si alguna diferencia de principios existiera, nunca será por servir a la literatura, entiéndaseme, sino precisamente por ganarnos como lectores, pero nunca como auténticos lectores de la mejor de las literaturas, sino por incremento de número de lectores, lo que va a repercutir en ventas, lo que va a repercutir en ganancias. No hay que ser ingenuos y olvidar las reglas básicas del mercado, del Gran Mercado, nuestro Gran Mercado, lo que somos y en el que nos desenvolvemos. Por eso vuelvo a interrogar: ¿dónde lo que no sea ningún periódico, ninguna publicación de estas características? O también: ¿a nadie le parece escandaloso que más de la mitad de las páginas de cualquiera de ellos las dedique a los jodedores de pelotas, al fútbol monotemáticamente? Por deducción entonces, ¿cómo van a ser, si no, las reseñas literarias? Pues interesadas, facilonas y sin mayor implicación ni consistencia. ¿Cuál es la novedad?
    Señala Gullón la necesidad de un consenso sobre qué es literatura. Y digo: ¿no es esta reclamación una estupidez? ¿Acaso el mismo juego de la Literatura no es no-saber qué es literatura? Llevados por este reclamo, recuerdo, lo más probable es que el consenso derive en ley, lo más dañino para la literatura. Nunca lo comunal ha satisfecho lo individual, o mejor, muy pocas veces.
    También, y para no alargarme, me opongo a su optimismo un tanto timorato cuando subyuga el bienestar literario a “cuando haya una generación mejor armada críticamente” suponiendo de esta premisa un cambio. Recuerdo que la ha habido, la hay y la habrá. Lo que pasa es que tal vez se dedica a freir huevos con papas fritas y no a escribir en ningún medio, lo que es lamentable.
    Y para concluir, se olvida en todo su planteamiento de que quien verdaderamente manda es el Lector, el que no se lleva por comentarios tontos (si es que lo son) sino por un asentimiento interno después de cualquier lectura escogida. Precisamente ese escogimiento es ya el primer acto libre del individuo y el que verdaderamente vale. Lo demás entendámoslo como asesoramiento, aproximación, o incluso consejo: son lícitos todos. Pero el lector siempre manda en última instancia.
    La gran conclusión que saco, a grandes rasgos, es que el comentario mismo de Gullón demuestra que es la misma universidad la que vive de espaldas a la sociedad y ante un tema como éste apenas sabe balbucear. El planteamiento hubiera sido más interesante si desde el primer momento los problemas literarios no se extrapolaran de la problemática situación social en la que todos estamos inmersos y, por tanto, todo está inmerso. En sus conclusiones otro gallo más afinado hubiera cantado.

    Quedarse corto en una propuesta pública no es ni más ni menos que un síntoma de “mala memoria”, crítica, literaria. Y eso me da pena, y se me apuran mucho me hace hasta llorar.

    Toto — 20-10-2006 20:43:30

  38. Ya que estamos con lecturas: no puedo evitar haceros partícipes de mi decepción al leer últimamente algunos libros que me han parecido muy flojitos: Manual de literatura para caníbales, de Rafael Reig (como novela no vale un pimiento; como sátira, tampoco. Las anécdotas de escritores que cuenta son topiquísimas y archiconocidas, y su visión de la historia literaria es antediluviana, con errores gordos, además). Manual de librería de ¿Fernando San Basilio? (perdón si euivoco el nombre del autor) es mucho mejor que el anterior, desde luego, pero no va muy lejos. Al menos, no está mal escrito. En fin, le doy un aprobado justo. Buzón vacío de Juan Bonilla es más de lo mismo (lo que en un autor "joven" me decepciona); Los Campos Elíseos de García Baena es más de lo mismo (pero, a su edad, no esperaba otra cosa); Construcción, del dueño de este blog, me ha parecido muy endeble (lo siento), pese a su intento por hacer algo distinto. Discúlpame, Vicente, pero lo veo como el típico libro del adolescente al que le ha dejado la novia (aunque con mucho acompañamiento de citas, recuros y demás). El que sí merece la pena es el último de Manuel Vilas, que ya habéis comentado suficientemente aquí: Carver, Baudelaire, Whitman y realismo sucio muy bien aprovechaditos. Una única pega: a veces, un poco impostado.

    rafayiyo — 21-10-2006 14:02:10

  39. Coincido en una cosa (38.): lo de Rafael Reig tiene delito. El otro día, en el programa de su valedor Dragó, hacía chufla de unos cuantos escritores que, en una mala tarde, escribirían cualquier cosa bastante más digna de las que es capaz este caníbal. A estas alturas, no tiene mucho mérito decir que los libros de Etxebarría son de todo menos literatura, pero aseverar que Virginia Woolf está sobrevalorada (otra perla televisiva del susodicho), que su renombre obedece poco más que a la corrección política de la época... en fin, de juzgado de guardia.

    Sergi Bellver — 21-10-2006 19:05:58

  40. No sé si el libro es bueno, pero a mi me gustó.

    PS: ¿Tú te los has leído, Sergi, los libros de Lucía E [... censurado por el moderador]?

    Tipo — 22-10-2006 00:14:35

  41. Conoces las normas, Tipo: sin insultos. Un saludo.

    vicente luis mora — 22-10-2006 10:18:37

  42. Me olvidaba: tampoco es gran cosa Manteca colorá de Montero Glez: un Pérez Reverte versión bajos fondos gaditanos. Al décimo taco o modismo con color local, ya no tiene gracia. Metamorfosis(r) de Ferré, curioso, diferente, bien, sin pasarse. Los cuentos de Los conspiradores de Daniel Sueiro, bien, dadas las circunstancias (un realismo de posguerra con sus detalles y cositas). Espero que me disculpéis por compartir con vosotros una opinión sumarísima de mis últimas lecturas: si alguien ha leido estos libros, encantado de que me déis vuestras opiniones, y ¡estoy deseando leer algo bueno sin tener que acudir a los clásicos!

    rafayiyo — 22-10-2006 13:18:26

  43. Nos informa Llàtzer Moix hoy en la Vanguardia: "Saparmurat Niyazov, presidente vitalicio de Turkemnistán, contribuye al acervo cultural de la humanidad con un nuevo libro de poema, titulado Turkemnistán,mi felicidad (...) un canto de amor a la patria y su historia."
    Dictador y poeta, curiosa combinación que prueba que la poesía no es sino exceso de fe. Véase también el caso de Stalin que con 17 años compuso estos versos:
    "El viento huele a violeta,
    en la hierba reluce el rocío,
    alrededor se despierta el universo
    en un estallido luminoso de rosas"
    Con Solzhenitsyn supimos de que nos hablaba.

    Se entiende ahora la "presunta" imposición en España de este pequeño libro rojo del buen poeta. Alma de poeta, alma de dictador.

    Rafaiyo: A mi me entretuvo Lo importante es perder de Pérez Subirana, pero si tienes una cierta edad no te valdrá. Yo descreía bastante de las novelas hasta ayer cuando pillé la conjura de los necios. Fantástico personaje este Ignatius.

    Tipo — 22-10-2006 13:42:09

  44. Con todos mis respetos para todos, es un placer escuchar a Toto.

    David M — 22-10-2006 20:56:03

  45. Gracias, Tipo. Otra cosa: ¿nadie va a decir nada en este foro del artículo de García Montero en El País contra José Antonio Fortes?

    rafayiyo — 22-10-2006 20:58:22

  46. Rafayiyo, he aprobado tu comentario porque no sabía de qué iba la historia. Luego he ido al buscador de El País y he leído el artículo de García Montero. La cosa parece grave, y la verdad es que no me apetece que ese tema salga aquí. Por lo leído deduzco que hay un problema personal entre ambos profesores de la Universidad de Granada, y que éste, desde luego, no es el sitio de resolverlo. Así que, antes de que se produzcan comentarios sobre el tema, advierto que no los publicaré. Lo siento, pero de vez en cuando tengo que recordar que aquí se habla de literatura, y no de otras cosas. Perdón y saludos.

    vicente luis mora — 22-10-2006 22:51:03

  47. Lo entiendo, Vicente. No obstante, en la polémica también parecen ventilarse otras cosas: como mínimo, dos conceptos de la literatura, de la ideología, de la libertad de expresión y de la educación universitaria. (por supuesto, no somos nosotros en este sitio los llamados a resolver la polémica).

    rafayiyo — 23-10-2006 10:39:14


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