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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

23-09-2006 21:18:15

La vida ausente, de Ángel Zapata

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Ángel Zapata
La vida ausente; Páginas de Espuma, Madrid, 2006.


Quizá haya llegado el momento en que la imaginación esté próxima a volver a ejercer los derechos que le corresponden
André Breton

Imaginen la estepa
Ángel Zapata

A pesar de su brevedad (98 páginas) este libro de relatos del psicoanalista, escritor y crítico Ángel Zapata nos ofrece, en realidad, dos volúmenes de cuentos. En uno, escrito en un tono despojado (o irónicamente ampuloso, como en la primera pieza), encontramos la descripción cortante de diversas formas de sonambulismo social –luego volveremos a esto–; en el otro (que ocupa la parte II del volumen), lo que sería la puesta por escrito del onirismo de los sonámbulos en un acercamiento, muy poco frecuente en la narrativa española actual, al surrealismo estético. El último cuento, “Mientras dicen adiós”, sería el momento del encuentro entre esos dos libros, y su cabal desenlace común.

Debe destacarse que La vida ausente (título homenaje a la famosa frase “la existencia está en otra parte”, de Breton) es una obra muy singular dentro de nuestra narrativa contemporánea, cuyas características iremos viendo; pero antes también hay que apuntar que llama particularmente la atención en estos relatos los continuos hallazgos que revelan, junto a un poderosísimo sentido del humor, una desarmante capacidad de observación: “en la vitrina, junto a los Episodios Nacionales, dos de las moscas se han puesto a copular, y la tercera (que se conoce que es optimista) las mira fijamente y se frota las manos” (p. 51); así como su soberbia capacidad de desmonte de las nuevas mitologías del consumismo, como la añagaza (siempre rozando el protofascismo) de los superhéroes (véase el cuento “Días de sol en Metrópolis”).

Los relatos de Zapata están atravesados de cotidianidad, de realidad inventada pero verosímil, transidos del desencanto dócil de las clases medias, de los sábados por la tarde sin planes (memorable “Las otras vidas”), de los soportales oscuros de las calles atestadas de neones, de las zonas en penumbra mediática de la globalización. La narrativa de Zapata es social, y lo es contundente y verdaderamente, social hasta la médula en cuanto hinca sus garras en los convencionalismos, en la rutina de la semana (teórica) de treinta y cinco horas, en los excesos del ultracapitalismo, en los entresijos de una época angustiada y obsesionada por la obsesión del dinero y de la apariencia de éxito: “El piso de Toto está orientado hacia poniente (y él se lo dice siempre a las visitas, porque al decir ‘poniente’ le parece como si su casa –un piso del montón– fuese un velero rumbo a las antillas)” (p. 48). Estamos ante una observación que deja al desnudo, como las novelas de Belén Gopegui, la desesperanza humanista de nuestra forma de vida, donde es imposible que estemos a la altura de las expectativas que el sistema, los demás o nosotros mismos, nos imponemos (véase “Un día vendrá”). Pero no hay que engañarse: estamos ante un proyecto estético en las antípodas del nihilismo. Basta leer la cita de Breton que abre el libro: “es preciso que el hombre se pase, con armas y equipajes, al bando del hombre”. La radical “crítica de la vida” que ejerce Zapata en sus textos está al servicio de la misma revolución (artística e ideológica) que amparaba el Manifiesto Surrealista: un modo de acción, una forma de cambiar la realidad, a partir de la denuncia en unos casos, y de la subversión artística del orden estético dominante, en otros (y ambos caminos, como dijimos al principio, conforman La vida ausente), mediante el desarreglo del sentido (narrativo). Por lo demás, el autor (parte del colectivo surrealista La Llave de los Campos, vide http://www.lallavedeloscampos.com) lo suscribe de manera expresa y vibrante:

y en aquella poesía fulgurante, atravesada por lo aleatorio, por la utopía y por la ensoñación, yo encontraba la llama y el latido interior de mi vida, me descubría surrealista, o descubría en el surrealismo, igual da, una lengua anterior a la lengua materna, una realidad contigua a aquella realidad desoladora (…) una región donde habitar (p. 21).

Una de esas formas de actuación es la disección de las formas de poder. En “Un día vendrá”, un hijo conversa con su padre y le cita una serie de profesiones, preguntándole si se sentiría orgulloso de él, en el caso de ejercerlas. Después de leer el magnífico ensayo de Zapata El vacío y el centro: tres lecturas en torno al cuento breve (Fuentetaja, 2002), un relato de Zapata que aborda la identidad y lo paterno debe leerse (o se enriquece de forma infinita si se lee) desde la perspectiva psicoanalítica, e incluso desde la ideológica: el individuo enfrentado como deseante ante la instancia superior que controla (y en cierta forma, legitima) su goce. No hay deseo, sino derecho al deseo, y el ejercicio de ese deseo, parece sentenciar Zapata, no depende de nosotros, está en otras manos, que nos autorizan a perseguirlo. A veces. No hay amparo, ni conformismo, ni sometimiento, ni calidez alguna en estos cuentos, donde aparece lo humano mismo como lo que es, un despojo, un hueco irrellenable, para el que ni siquiera el humor del relato es salvación o viático, sino otro medio más de abrir la herida, y examinar la piel abierta, al efecto del diagnóstico. Y el diagnóstico de Zapata es aterrador, por exacto. Su método coincide, punto por punto, con una autopsia. Y tal diagnóstico es esa imagen tremenda, brutal, a la altura del mejor Beckett, del último relato: dos hombres que hablan, incapaces de comunicarse ni entenderse en su diálogo, en una estepa (el desierto de lo real, que diría Zizek) imaginaria: dos hombres perdidos, dos sonámbulos a la intemperie de la existencia.

Y para terminar, qué mejor corolario que esta pieza, contenida en el conjunto “Migraciones”, donde Zapata se entrega a un ejercicio de escritura donde el surrealismo encuentra un espacio (si no posmoderno, sí al menos tardomoderno) de reactualización, que entraría de lleno en el grand style narrativo, del que tan ahítos andamos:

Un trozo de algo, por ejemplo la hebilla de un cinturón, y un círculo de tiza dibujado en una pizarra, no podrían injertarse uno en otro –y ni siquiera permanecer por mucho tiempo uno al lado del otro–, pues las afinidades entre las cosas, regidas por el ciclo de las mareas, no admiten ese hueco, ávidamente diurno, de los encuentros impremeditados. Las cosas, dices, el peso de las cosas, un cepillo de dientes, una escalera de aluminio, también los reglamentos y el filo hendido de las lágrimas; esta alegría maltrecha de quien ya no imagina más tropiezos, pero sigue esperando a que esté oscuro para amontonar cabecitas de pájaro en la puerta de las comisarías.

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Comentarios

  1. Algo debe estar cociéndose cuando Zapata es mencionado aquí y allá, cuando las reseñas se multiplican, cuando se percibe el tembleque de la tapadera, y tanta gente en tantas partes comenta un libro al que apenas le ha dado tiempo de llegar a la mesa. Ojalá que explote la olla, y nos empape a todos. Porque es un autor que de veras lo merece. No sé qué hará el mercado editorial (Páginas de Espuma es una editorial con vocación casi artesana), pero los lectores avezados al menos sabremos rebuscar para encontrarlo si hace falta, gracias, precisamente, a toda esa gente que lo esperamos con verdadero interés. Por cierto, hablando de mercado, y de pilas de libros (que casi debieran ser piRas en algún caso), ¿qué narices hacían, el viernes en la Gran Vía madrileña, seis individuos perpetrando un sucedáneo de Tai Chi, a la puerta de un enorme almacén de libros, con una camiseta roja del último artefacto de Julia Navarro? ¿Qué, aparte de taponar el tránsito? ¿Y qué es eso, Vicente, de "Escritores a sueldo" que he visto en Córdoba? ¿Su poema personalizado por la voluntad? Como diría Matías Prats... ¿¿¡Pero esto qué es!??

    Me precio de tener un amigo común con Zapata (a él lo he visto un par de veces, pero no creo que me recuerde), y gracias a este lo descubrí en su día. Empecé por el prólogo inconmensurable a "Escritura y verdad" de Medardo Fraile, seguí por "El vacío y el centro" (que poco a poco ya voy desentrañando, desentumeciendo mi materia gris, Ángel), y ahora, también gracias a este amigo común (lo siento, Ángel, soy pobre) voy a poder leer con tiempo "La vida ausente". Dentro de un par de semanas le haré en mi página una humilde reseña, siempre sincera y con las entrañas, es decir, probablemente infructuosa para la mayoría (por cierto, en "Recomendación de la semana", en los enlaces de mi bitácora, encontrarán uno al colectivo surrealista "La llave de los campos", donde además de numerosas pistas e intervenciones, podrán disfrutar de un cuento de Zapata, "El valor").

    En esta bitácora ya presumo unos cuantos interesados en las letras de Ángel Zapata, gracias a sus lúcidos comentarios (con los que a pesar de puntuales disensiones, aprendo siempre y abro la boca a veces), pero si ahora lee alguien esto de nuevas, y acaba de llegar a la bitácora de Vicente, y no tiene ningún amigo dadivoso... hagan el favor de conseguir "La vida ausente". Es una jodida orden (de su propio subconsciente, lo que pasa es que aún no lo saben).

    Sergi Bellver — 24-09-2006 13:43:25

  2. Todos quietos, ya me doy yo mismo la colleja o pertinente patada en el culo. No había visto el enlace que colocó Vicente a "La llave de los campos". Mea culpa (y del verdecito, y del antediluviano monitor del cutreciber este), pero sobre todo mea... Bellver fuera de tiesto.

    Sergi Bellver — 24-09-2006 13:46:43

  3. Estoy de acuerdo en lo fundamental con el comentario de Vicente Luis Mora acerca de "La vida ausente", de Ángel Zapata.

    En general pienso que los libros de relatos se pueden empezar por cualquier sitio, pero en este caso creo –con VML, supongo- que, aunque no sea estrictamente necesario, merece la pena seguir la "propuesta" de lectura del autor, es decir, el orden en que nos ofrece sus cuentos. Dicho de otra manera, que conviene leer primero "La vida ausente", que es también el título del primer cuento, pues funciona como una puerta hacia todo lo que viene después: su posición en el libro está muy justificada.

    Pero es que además ese primer cuento es excelente; yo hacía tiempo que no leía nada igual. Es muy difícil hacer frente con un mínimo de calidad y sin caer en nostalgias simplonas a un tema como el del adolescente o el joven que da sus primeros pasos en la literatura: creo que Ángel Zapata lo ha logrado. Y, lo que es más, reflejando a través del mismo cuento un momento y un lugar en la historia social de España con una agudeza que duele (estos días estoy preparando, para mis alumnos, el tema "El desarrollismo y la economía de la España democrática, 1959-2006" y, que queréis que os diga, me da la impresión de que "La vida ausente" dice muchísimas más cosas -y mejor- acerca de algunos de las cuestiones que intento tocar, que mi discurso pretendidamente científico-académico...). No sé si me explico, pero bueno. Es un cuento magnífico, en todo caso.

    Tengo que reconocer, por otra parte, que nunca he acabado de entenderme bien con el surrealismo. Es una tara mía, lo sé, consecuencia seguramente de mi (desordenada y poco cuidada) formación como lector (es decir, de no haber dado con los textos precisos en el momento indicado). Y consecuencia también, por otra parte, últimamente, de la desconfianza que produce en mí el surrealismo superficial (el oxímoron es intencionado) que practican algunos escritores vascos, sobre todo jóvenes: suele ser una excusa para defender que "la literatura es sobre todo juego", algo con lo que no estoy nada de acuerdo; como decía Vila-Matas, es posible que la literatura sea un juego, pero, en cualquier caso, es un juego muy serio (ya sé que Vila-Matas no es santo de devoción por estos lares, pero qué se le va a hacer, a mí me gusta lo que escribe).

    Sin embargo, no es ése el caso del surrealismo de los relatos de Zapata, que sí tienen la dosis de crítica y subversión que echo en falta en esos autores del "surrealismo superficial". Dicho de otra manera: los cuentos que componen "La vida ausente" sí que son, o me lo han parecido a mí, pertinentes.

    De los cuentos que siguen al primero, con los que más he disfrutado en mi primera lectura han sido: "Días de sol en Metrópolis" (un final genial), "Las otras vidas" (envidiable la tensión interna que logra Zapata en este relato), "Un día vendrá" (otro final que no tiene precio) y "La maquinaria de los teleféricos" (implacable). No será la única vez que los lea.

    He doblado dos hojas en el libro: eso quiere decir que hay alguna frase o algún pasaje que me ha llamado la atención y que, de una manera u otra, le robaré algún día a Zapata. Primera marca: "como ese atractivo que en los años de madurez les sobreviene a algunas mujeres, y les inventa como por sorpresa una belleza falsamente atardecida, por la que sería ocioso guardar luto. '¡Tuvo que ser guapísima de joven!' se dice en esos casos. Pues no señor, es ahora cuando es guapa, el tiempo tiene sus caprichos, de joven era un loro".

    Segunda marca. Busco en la página. Ésta tiene que ser: "la vida simple es buena pero no hay quien la aguante".

    Pues eso.

    Mi enhorabuena para el autor.

    Iban Zaldua — 28-09-2006 00:14:36

  4. Iban, un placer verte por aquí. Muy interesante tu comentario, del que sólo discrepo en una cosa: aquí admiramos a Vila-Matas, sólo que su último libro me parece un bluf. Ambas cosas son compatibles, no hay escritor sin libro malo (salvo Rulfo, Manrique y Lampedusa, si mal no cuento). Saludos.

    vicente luis mora — 28-09-2006 08:10:39

  5. Coño, qué nivelón se empieza a respirar por aquí. Reverencias a los tres, reverencias...

    Intento prometerme a mí mismo que haré la reseña del librod e Ángel antes de irme a Egipto. Pero es posible qu edespués, para leerme las que han hecho otros (excelente la tuya, Vicente, de corazón) y decir algo distinto.

    "Superman daba vueltas al globo rompiendo la barrera del sonido, hacía cosas así, y en cambio hay personas, hombres más que nada, que se ponen a abrir una sencilla lata de berberechos y se rebanan las pelotas".

    Impagable.

    M — 29-09-2006 11:05:24

  6. La vida simple es lo que nos empuja a muchos a leer. Por cierto, corrijo un error del primer comentarista: creo que la propaganda a la que se refiere era para Matilde Asensi, no Julia Navarro, pero tanto monta monta tanto, porque es la misma charcutería.

    Cuando esté disponible el libro de Zapata, me gustaría saber en qué atrevida librería buscarlo. Gracias.

    lector de paso — 01-10-2006 16:26:04

  7. Solo he leído, de momento, el primer relato, La vida ausente, pero no quiero dejar de resaltarlo: realmente magnífico, exacto. La historia de ese triste desclasamiento hacia arriba a través de la cultura/literatura como única tabla de salvación posible frente a ese "mal oscuro"del entorno y que recoge con precisión el aire lento, sucio y mediocre del Madrid del franquismo. Un gusto leerlo.

    Constantino Bértolo — 10-10-2006 20:22:12

  8. Del mayor interés esta entrevista con Ángel Zapata:

    http://elsindromechejov.blogspot.com/2006/11/ngel-...

    vicente luis mora — 09-11-2006 19:30:51

  9. De puta madre! Así da gusto... Esto sí es un hombre. Digo, un escritor.

    Saludos a la Modernidad jajajajajaa

    Toto — 10-11-2006 14:44:52

  10. La brillante entrevista de Zapata en el blog "El síndrome Chéjov" es por sí misma un texto antológico, un microensayo para llevar en el bolsillo en tiempos agitados.Al leerla se tiene la sensación de asistir a un momento histórico, uno de esos escasos instantes en los que la literatura recupera su vitralidad, su impulso transformador, para una vez más arrojarse en busca de nuestros sueños. Todo un canto al deseo , en efecto especular respecto con su no menos brillante libro "La vida ausente". ¿Las cosas pueden ser diferentes? ¿Es posible una literatura que vuelva a ser desveladora de nuestra identidad en lugar de enmascaradora ideológicamente, de mercenaria del beneficio? Zapata nos señala la extrema facilidad de le empresa: sólo hace falta "querer", desear de verdad otro horizonte, ponerse en camino hacia nuestro afán. Pero para "desear" primero hay que "despertar". Despertar de las consignas del pensamiento único, que lleva invirtiendo desde hace décadas todos sus recursos mediáticos en una sistemática estafa ideológica que se propone maniatarnos (o mejor, que nosotros mismos nos entreguemos al "desencanto"), hasta que acabamos por creer nuestra su mordaza: "nada puede hacerse", "todo está inventado", "sólo nos cabe asumir lo irremediable". La verdad es exactamente la contraria. La "realidad" no es algo "dado", sino una invención humana que el hombre puede siempre modelar de una manera inédita.Como nos advierte Zapata, desconfiemos de nosotros mismos cada vez que hagamos nuestro el deseo del Amo. Escuchemos, por el contrario, la voz de nuestro propio deseo. La clave estriba en no renunciar jamás al entusiasmo.
    Felicidades también a Vicente por su magnífica reseña de "La vida ausente".

    Eduardo García — 12-11-2006 14:22:48

  11. Gracias a ti, por tu visita, Eduardo. Tienes razón con lo de Ángel, es una joya en un lodazal. Esa entrevista nunca podría haberse publicado en una publicación de cierta distribución nacional. Lo dijo Belén Gopegui, cuando vino a Córdoba: los discursos críticos están exiliados del centro, sólo encuentran su sitio en las afueras. Bienvenidas sean éstas. Bienaventurados nosotros, mientras podamos usarlas.

    vicente luis mora — 12-11-2006 18:17:04

  12. Que gran blog. A mi "La vida ausente" me parece un milagro, lo mejor del año en cuanto a narrativa en castellano y un libro delicado, cuidadísimo, increíble, con un primer relato que es un prólogo al escritor y su universo personal.

    PD: Ah, magnífico también su artículo sobre la next generation. Aún así en las conclusiones no he terminado de entender si realmente se insinua que de estos narradores tienen talento o no dejan de ser vagos deudores de Coover ,Barth & Pynchon.

    Alvy Singer — 10-12-2006 12:51:20

  13. Estimado Sr. Singer, pregúntese el por qué de esa ambigüedad... Viene a decir que, por supuesto, a día de hoy no han demostrado que sean mejores que sus mayores, pero también es verdad que algunos son tan jóvenes que no han tenido mucho tiempo para hacerlo. La narrativa puede llegar a su cénit tardíamente, y los maestros tienen la mayoría más de 60 años; démosle tiempo, a ver hasta dónde llegan. Saludos y bienvenido.

    vicente luis mora — 10-12-2006 14:22:31

  14. "si no posmoderno, sí al menos tardomoderno" Me ha encantado esta afirmación, pero en que sentido podría ser Zapata, "tardomoderno"? A mi me parece profundamente posmoderno la reactualización que propone el cuento de Migraciones (y como afirma Zapata en la entrevista tampoco es intención suya hacer el revival facilón de la estética y creo que la revisita como diría Eco en su definición del término posmoderno, sin ingenuidad, con ironía) o quizá no entienda bien esto de tardomoderno.


    ¡Saludos!

    Alvy Singer — 02-01-2007 15:36:38

  15. La ironía, por sí sola, y pese a los esfuerzos de Linda Hutcheon, no garantiza la presencia del posmodernismo. Pocos escritores más irónicos que Karl Kraus, pocos tan sospechosos de posmodernos.

    Fuera bromas, el relato de Zapata que apunta podría estar en un concepto posmoderno si éste fuera meramente histórico, pero la propuesta estética de Zapata entronca más bien con espíritus inequívocamente modernos, como la vanguardia francesa de la tercera decena del XX y con escritores de dudosa adscripción posmodernista, como Kafka o -sobre todo- Beckett. Por eso es tardomoderno, porque se nota que ha superado lo moderno (en el sentido de que regresa a lo moderno para abrevar tonos y atmósferas), pero el posmodernismo como estilo no es en absoluto de su interés. Ni falta que le hace. Espero haberle solucionado algo, señor Singer; si no es así, consuélese pensando que su perplejidad sigue siendo inferior a la mía.

    vicente luis mora — 02-01-2007 17:04:46

  16. Gracias, en serio. Es que con esto de los autores posmodernos tiendo a tener algun que otro cacao mental, espero que eso sea un buen síntoma porqué me tiran las obras del movimiento.

    Y una pregunta más, algo offtopic, en la lista de autores posmodernos de la Wikipedia Inglesa (http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_postmodern_au...)hay un chiste posmoderno o algo que tampoco capto: ¿James Joyce posmoderno? ¿Eing? ¿Samuel Beckett? ¿Saul Bellow? Estos creo que están claro (que no) pero el que me parece más interesante analizar es si Philip Roth lo es o no.

    Saludos!

    Alvy Singer — 02-01-2007 20:42:15


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