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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

24-08-2006 17:18:33

Douglas Coupland: jPod

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Douglas Coupland
jPod; El Aleph, Barcelona, 2006, 527 páginas.


Novela con SPAM

Esta novela parte de una idea compositiva prácticamente genial. En una original variante de la técnica del “manuscrito encontrado”, a la altura de la página 329 descubrimos que Douglas Coupland (que aparece como personaje en la novela) se encuentra por segunda vez con el protagonista de la novela, Ethan, perdido en una carretera secundaria de China, en compañía de un heroinómano. Ethan le ruega a Coupland que les saque de allí, llevándoles en su coche. El escritor le dice que acepta ayudarles a cambio del ordenador portátil de Ethan, que es su “vida” o su alma, si buscamos asociaciones fáciles con el Mefistófeles que compró el alma del bluesman Robert Johnson en un cruce de caminos. Pues bien, jPod sería el resultado de imprimir selectivamente todo el contenido de ese ordenador portátil, incluido el spam que contiene, y reelaborar algunos de sus materiales (p. 368). Para terminar la novela, Coupland tendrá que comprar el siguiente portátil de Ethan, para actualizar la información.

Este hecho, la inclusión ficticia en la novela de todo el contenido de un ordenador personal, hace que haya numerosos elementos incorporados que no sirven para nada: correos antiguos de spam (mensajes no deseados, normalmente de contenido publicitario o engañoso), documentos de una o dos frases inconexas, páginas bajadas de Internet para navegar off shore (sin conexión), borradores, escaneos arbitrarios, etc. La obra, por tanto, está salpicada –como la vida misma, queremos suponer que es la intención de Coupland– de material sobrante, de basura, de exceso técnico, de residuos textuales, de publicidad no deseada, de contaminación acústica. En ese sentido, la incorporación del spam supone un auténtico giro metafísico de la novela: la excrecencia tecnológica, social, se vuelve literaria, se incorpora también a la narración, en un intento de imitación de la vida, de mímesis.

Resumiremos brevemente el argumento: Ethan y sus compañeros (entre freaks y geeks) trabajan para jPod, la división de software de una empresa informática dedicada a la creación y producción de videojuegos. El proceso de creación de uno de estos juegos es el hilo principal del que se van descolgando las tramas accesorias, que son la auténtica preocupación del narrador, más interesado en el seguimiento psicosocial de sus personajes que de sus andanzas narrativas. De hecho, uno de los más sugerentes elementos de esta novela, es el modo de presentación de los caracteres: los personajes se retratan a través de las pruebas que Ethan les sugiere para “disminuir la productividad”, lo que le sirve al autor para integrar elementos de la sociedad de consumo: la primera vez, a través de una carta de amor a Ronald McDonald, la segunda desafiándoles a venderse, con menos de 500 palabras, como si fueran a anunciarse en eBay, la famosa web de subastas digitales. Más tarde, Kaitlin, su novia, entrevista sucesivamente a la mayoría de personajes con la excusa de unos trabajos de inglés. Estos inteligentes recursos permiten a Coupland que los personajes se presenten por sí mismos, ocultando sus puntos débiles y enfatizando sus mentiras defensivas. El procedimiento es hábil; no lo es tanto, como después veremos, el resultado.

En la solapa se nos hace hincapié en la vertiente de diseñador gráfico de Coupland, pero es que jPod es una novela de diseño. No sólo desde el punto de vista visual; experimental e innovadora, jPod participa de una de las técnicas literarias más utilizadas en la última narrativa anglófona… y española: la autoficción. Para Ramón Buckley, “que los novelistas se nutran de su propia vida para escribir sus novelas es un recurso tan antiguo como la propia novela. Ahora bien, que la falsifiquen, que la suplanten o que, en último término, se calumnien a sí mismos o a su propia familia es, por decirlo de alguna manera, esa otra ‘vuelta de tuerca’ de la era posmoderna en la que todavía estamos inmersos” . El citado crítico escribía esto a raíz de la novela El verano del inglés (Alfaguara 2006), de Carme Riera (también valdría como ejemplo cercano La velocidad de la luz, de Javier Cercas, o Una vez Argentina, de Andrés Neuman); en el mismo entorno del canadiense Coupland, el estadounidense Bret Easton Ellis ha publicado este año su novela Lunar Park, donde comparece, desdibujado y excesivo, como uno de los protagonistas principales. Como vemos, estamos ante una auténtica pandemia narrativa. Y tiene razón Buckley, no hemos salido de la posmodernidad, desde luego; tampoco Coupland, que es plenamente posmoderno en la utilización del recurso, tanto por la consciencia del uso como por su retorsión irónica: hay bromas con la idea del Coupland ficticio como Dios (= narrador omnisciente) de la narración: “es como si lo supiera todo de nosotros” (p. 467); algo obvio, por otro lado, si se tiene en cuenta que el Coupland novelado tiene acceso a toda la información del alma informática de Ethan. En general, el recurso de la autoficción está bien empleado y facilita un sugestivo (y de nuevo irónico) final a la novela.

Otra característica de jPod es la constante presencia de los elementos tecnológicos, audiovisuales y de los símbolos icónicos de la sociedad de consumo. En buena medida, esta novela sería la segunda entrega de Microsiervos (1995), un Microsiervos 2.0. Si allí los personajes desarrollaban el videojuego Oop!, aquí se dedican a configurar un juego de monopatín que más tarde, tras la sospechosa desaparición del responsable, pasará a ser un juego de conquista, esoterismo y magia, como las novelas de moda. El entorno informático permite a Coupland desarrollar una de sus aficiones preferidas, la observación sociológica, para la que está dotado de una penetrante capacidad de observación, como demostró en su interesante miscelánea Polaroids (Ediciones B, 1999). A lo largo de toda la obra, hay una continua interacción de los ordenadores y la televisión, desvestida de tecnofobia: “la televisión e Internet son buenos porque hacen que la gente estúpida no pase demasiado tiempo en público” (p. 11). La estructura textual facilita además la consideración de la obra como una parodia de la saturación informativa, del paroxismo publicitario (algo que está en el título: jPod es una fácil broma sobre iPod, el conocido reproductor de MP3 y MP4 de Apple), y de la cultura del diseño y del consumo. La página 23 es el texto de una caja de sopa de sobre: el mensaje sin el medio. También aparecen alucinógenas teorías sobre la Coca-Cola (pp. 220-222), Ikea (135), Star Wars (224), Los Simpson (incontables), la cultura visual de las siglas (p. 149), y un genial y desopilante diálogo sobre la probable vida sexual del payaso Ronald McDonald (54-55), imagen de la conocida franquicia hamburguesera. La cultura de la televisión es omnipresente, y los símiles y metáforas son casi siempre tecnológicos: “siempre se me olvida que tu familia funciona con software de Microsoft” (p. 232). En este sentido, no pocas veces el excesivo número de comparaciones de personajes y objetos satura la narración, la superficializa y la hace parecer una partida de Scatergories (como ejemplo de lo denunciado). Amén de empobrecer léxicamente el discurso, lo superficializa: gana el que ha visto más televisión, no el que ha leído más o es más inteligente para captar resonancias profundas.

No es este el único debe de jPod. Los personajes son demasiado excéntricos. Hace poco leíamos una entrevista a John Berendt, el fascinante creador de Medianoche en el jardín del bien y del mal, donde éste decía que es shakespeariana y necesaria la búsqueda de personalidades excéntricas y fuertes, para dar fuste a las historias y que estas duren en el tiempo. Puedo estar de acuerdo si esa excepcionalidad es creíble, pero no cuando la construcción psicológica es deliberadamente insostenible o roza el absurdo, lo que ocurre con los personajes de jPod. En realidad, los caracteres de Coupland no son personajes literarios, sino de videojuegos: puedes intercambiarles las cabezas. A la altura de la página 300, te das cuenta de que no tienes ninguna imagen mental del posible físico de los amigos de Ethan, de su familia ni de él mismo.

Hay que destacar la gran edición de El Aleph, que ha publicado un libro valiente sin escamotear ninguno de sus juegos visuales, de sus excesos tipográficos, de sus avances expresivos. También la traducción del libro es excelente, habida cuenta de la dificultad de trasladar la jerga tecnológica al castellano, aunque algún término, como “regenderización” (p. 61, de re-gender, reasignar el género sexual) podría haberse sustituido por una paráfrasis o un neologismo hispano, y no inglés. Una edición, por tanto, a la altura de un libro que, como todos los de Coupland, no destaca por la construcción de personajes, ni por su estilo (pobre), ni por su variedad léxica, pero que tiene, como todos los de Coupland, unas virtudes que lo hacen único, admirado y admirable: una construcción valiente y sólida, ideas parciales que rozan el virtuosismo, grandes dosis de humor y de ternura soterrada, clarividencia sociológica, amenidad y originalidad, y la asombrosa potencia global de haber conseguido, en esta novela sobre la información, la saturación, el consumismo, el exceso tecnológico y el spam/basura, una imagen perfecta y completa del tiempo en el que vivimos.

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Comentarios

  1. no he querido leer tu post.
    no quiero saber el argumento.
    durante años he estado robando los editados por Ediciones B en el camino que iba de madrid a valencia. es lo único que he robado en mi vida y tienen el sello azul/violeta que pone WAY ATALAYA S.L. AREA 175 P.P. cuando se acabaron pude encontrar en el fnac "all families are psychotic" por la editorial flamingo pero me resultó crudo, escasamente cocinado. en estocolmo conseguí "polaroids from the dead" por regan books, donde incluye un pickrelato subjetivo de cómo vivimos la muerte de kurtco. ¿recordáis qué estabais haciendo en ese simbólico momento en que moría la generación x y “reality bites” dejaba repentinamente de tener gracia?.
    ahora por lo que se ve douglas vuelve como vuelve bret easton ellis con “lunar park”, como su propio personaje de ficción en el proceso de creación de una novela, intentando convivir con él mismo después de haber maldigerido el hecho de que la posadolescencia, la brillantez, los noventa, acabaron, y sólo queda un vacío virtual de mp3 y públicos objetivos. de videojuegos y barrios residenciales.

    pues que viva la propensión al hurto.

    superwoobinda — 24-08-2006 18:46:15

  2. Aunque hay algo de ese desencanto que apuntas, aunque pueda haber una forma de entonación hipócrita del "we didn't believe the hype", aunque tu observación sobre la resaca epocal en Coupland, Ellis, Egolf y otros sea cierta, te aseguro que hay más, bastante más, en esta novela. Puede que el ruido de fondo en todos sea muy parecido, pero no todos lo cuentan como lo cuentan Coupland, Lethem o Chabon. Saludos, Superwoo.

    vicente luis mora — 24-08-2006 19:17:01

  3. estoy absolutamente de acuerdo en su calidad.

    pero la resaca o crisis de la madurez en breat easton ellis y en coupland parece ser la propia temática de estas dos últimas novelas, lunar park y jpod, no un rasgo periférico de ambientación.
    coupland está cargado de algo prodigioso: es capaz de provocar extrañamiento en un lector cuando le describe su propia vida. es agudo y existencial, expresando la inquietud del ser humano en la era de la tecnología. saber enfocar qué tipos literarios y qué momentos han sido claves en un periodo histórico concreto para luego hacer extensiva la duda al género humano. la obsesión social por la fama, el consumo, la estética superficial del lujo cutre, la clase media contaminada por la hiperrealidad. pero sobre todo, sobre todo, tiene sentido del humor.
    yo me tomo el escaso desarrollo del estilo narrativo como un recurso para dejar al lector perplejo, desconcertado. el relato es una serie de, como él titula uno de sus libros, polaroids. y deben parecer casuales, insuficientes, de corto enfoque y poca profundidad de campo.
    yo no robo cualquier cosa.

    un saludo.

    superwoobinda — 24-08-2006 19:48:09

  4. Por eso creo que me das la razón: sociológicamente exacto, corrompido, con un mal estilo, con un posmodernismo deliberado y forzado, con sobredosis de todo lo consumible, con alienación individual y exceso de noias y frenias sociales, el trabajo de Coupland es insuperable en su capacidad de reflejar (esperpénticamente) la realidad; es un Valle-Inclán que ha sometido también el estilo a las deformidades del callejón del gato, en este caso a los callejones perversos, deformes e ilegales de Internet.

    vicente luis mora — 24-08-2006 19:52:36

  5. te la doy.
    te la doy.

    superwoobinda — 24-08-2006 19:58:49

  6. Hola, Vicente. espero que te interese la reseña que publiqué en Diario Sur hará un mes sobre "jPod".

    Viernes, 14 de julio de 2006

    NARRATIVA

    La vida no es un videojuego

    La última novela de Douglas Coupland ofrece una glosa divertida de la tesis de Lyotard sobre el capital

    JUAN FRANCISCO FERRÉ/

    NOS guste o no, el acontecimiento histórico capital de las últimas décadas es la expansión mundial del capitalismo de mercado. En la literatura española, sin embargo, no abundan todavía los ecos del evento, sí en la norteamericana, desde luego, con autores como Bret Easton Ellis, David Foster Wallace, George Saunders, William Gibson o Chuck Palahniuk dando cuenta detallada de las metamorfosis y transfiguraciones del proteico capital, incluida su colonización tecnológica del espacio privado y las mentalidades. En este contexto mediatizado aparece ahora la última novela de Douglas Coupland, una glosa inteligente y divertida a esta tesis incontestable de Lyotard: «El capital no es un fenómeno económico y social, sino la sombra que el principio de razón proyecta sobre las relaciones humanas».

    Sociólogo de ficción

    Coupland se hizo famoso a comienzos de los noventa como sociólogo de ficción al lexicalizar los rasgos de la 'Generación X' (1991), ese sector de la población nacido entre comienzos de los sesenta y los setenta. En sucesivas novelas, el territorio anímico de esta hipotética generación fue cartografiado a través de relatos más bien tediosos que combinaban el realismo autista de los diálogos y el conductismo surreal de las actitudes. En una de las más logradas, 'Microsiervos' (1995), se planteaba ya la descripción de la 'Generación Y', sujetos nacidos en los setenta que no habían supuesto ninguna novedad respecto de la (de)generación anterior excepto un agravamiento de sus síntomas y, por ende, una mayor predisposición a servir del modo más impersonal posible a los fines del capital corporativo (siervos de 'Microsoft', la versión más adecuada del título).

    En esta nueva novela, publicada simultáneamente en Estados Unidos, Alemania, Japón y España como indicio de la condición globalizada de su discurso, vuelve a reunir a un grupo mixto de miembros de la 'generación Google' en el entorno de una transnacional tecnológica para la que diseñan sofisticados videojuegos. La trama se organiza, por tanto, como una endiablada intersección entre tecno-literatura de primera categoría y sociopatía individual de alto rendimiento. El videojuego de última generación ('jPod') al que consagran su energía creativa Ethan, narrador y protagonista, y su equipo profesional de colaboradores, contando su tentativa terrorista de inclusión de un payaso asesino que sabotee el juego desde dentro, acaba fracasando estrepitosamente y enfrentando a los expoliados cerebros de sus creadores al gran dilema de sus vidas, cómo sobrevivir a la competencia en un mundo laboral colmado de identidades clónicas.

    Así, la peripecia vital de Ethan aparecería representada como un videojuego compuesto de diversos niveles, obstáculos y pruebas, con las complicadas relaciones familiares y amorosas como incentivo, para pasar de uno a otro y conquistar un estado de felicidad triunfal, la recolocación en 'Dglobe', una compañía utópica regida por Douglas Coupland. Precisamente, la pugna entre el narrador desorientado y el cínico y desenfadado autor de la novela es uno de los alicientes de esta trama concebida por uno y controlada por el otro: en el accidentado curso del juego, Coupland conseguirá apropiarse de dos portátiles de Ethan y dominar así la historia personal que constituye la materia prima de la novela. Como estrategia narrativa, la negociación final entre el autor omnipresente y sus vulnerables personajes redimiría a éstos de su servidumbre laboral y rubricaría su traslado irónico desde la cruda realidad del mundo corporativo al paraíso alternativo de una empresa de ficción que les pagará por ser creativos aunque no logren ser lucrativos.

    Lucha de clases

    Por más que 'jPod' simule configurarse conforme a la lógica de un videojuego doméstico donde la 'lucha de clases' entre autor y personajes representa uno de sus niveles más sugestivos, no se lo crean en ningún momento. Nos guste o no, la vida no es un videojuego. Y la vida capitalista o multinacional mucho menos. Así que la próxima vez que compren un producto fabricado en China recuerden que los obreros que lo han manufacturado son heroinómanos, como muestra la novela, y la industria que los explota produciendo a destajo mercancías de baja calidad para su consumo en el confortable borde occidental del mundo les suministra la dosis que necesitan en todo momento. Destellos de lucidez política como éste sobre la situación contemporánea justifican la 'conexión' a esta novela en cierto modo interactiva.

    Juan Francisco Ferré — 24-08-2006 23:35:49

  7. No estaba muy seguro de colgar la crítica de babelia leída hace un par de semanas e inusitadamente registrada y clasificada; pero viendo que los nobles se atreven, por qué no los siervos?

    'Jibones tecnofrikis'
    La nueva novela de Douglas Coupland es un collage de correos electrónicos, publicidad, eslóganes y alusiones a la música pop y a la globalización. El autor de Generación X narra en Jpod las peripecias de seis jóvenes programadores de juegos informáticos.
    IURY LECH
    BABELIA - 05-08-2006


    Seis programadores informáticos de videojuegos, cuyos apellidos comienzan por j, trabajan en unos cubículos (pods) apodados jPod dentro de una compañía diseñadora de software de Vancouver especializada en ocio electrónico. De entre este grupo de personajes de vida opaca y sin atisbo de personalidad, "tarados emocionales" como se autocalifican ellos mismos, predomina Ethan Jarlewski, un treintañero que no sabe muy bien cuál es su función dentro de la empresa pero que tiene como objetivo escalar posiciones, aunque le retendrán, a su manera, una madre sociópata, un hermano traficante de inmigrantes, un padre aspirante a un papel de actor con diálogo y una serie de incidentes absurdos en los que se ve involucrado al estilo de un Charlie Chan canadiense. El título de la novela hace referencia al iPod (reproductor de música, imágenes, vídeo) como al Jpop (pop japonés), por el que Douglas Coupland (canadiense nacido en 1961) ha demostrado cierta inclinación en sus otros libros y se compone básicamente por un entramado de textos aleatorios con ínfulas de caligrama, publicidad, correo electrónico y correo basura, símbolos gráficos, listado de acrónimos, eslóganes, perfiles personales de los personajes, todo tipo de tics de la actual cultura internauta seguidora de las novedades tecnológicas, una importante dosis de autorreferencias al propio autor, la incorporación de China a la globalización, así como más de medio centenar de páginas de combinaciones numéricas que sirven de relleno seudoexperimental a este superlativo descomedimiento narrativo.

    La gratuidad que salpica el conjunto le imprime un aire de reencarnación literaria de los dibujos animados South Park, aunque vaya a saber quién es el huevo y quién la gallina, ya que en un pasaje se sugiere que los productores de Melrose Place (Aaron Spelling) "fusilaron" a los personajes de otra novela de Coupland, Generación X (1991), una sátira minimalista sobre tres miembros de la generación que se independizó en los años ochenta que deciden irse a vivir al desierto de California para descubrirse a sí mismos y huir del consumismo.

    De todas formas, es obvio que jPod imita el formato de los reality shows televisivos al llevar al lector-espectador una historia banal aderezada de eventos extraordinarios, definitivamente manipulados y si bien todo puede llevar a pensar que es una actualización de Microsiervos (1995), aquel libro de Coupland en el que relataba cómo un grupo de amigos que trabajan para Microsoft comienzan su propia empresa, según su autor se trata antes de una reflexión sobre el tiempo que le toca vivir que una enciclopedia compiladora de modismos de tribus urbanas.La novela no transmite valores para la redención social ni tampoco valores literarios apreciables, ya que es una sinopsis de anécdotas e incidencias vitales expandidas por bromas imaginarias, destacando quizá las pormenorizadas descripciones de reuniones empresariales o de toda clase de juegos multimedia. Pero ahí se queda, en un intento parcheado, a ratos gracioso, a ratos deshinchado, del que poco se puede extraer si no se está en sintonía con la filosofía de los modernizados jibones tecnofrikis adictos a Google, Ebay y a los festivales de música electrónica avanzada.

    Tipo de incognito — 25-08-2006 00:07:00

  8. Se me olvidaba decirte que tu crítica o comentario a la novela de Coupland es espléndido. Enhorabuena. No te sabía un fan fatal del canadiense-norteamericano. No encuentro, no obstante, tan arbitrario el diseño de los personajes. Incongruente sí, pero ¿no ese el modo predominante de la psique potmoderna? O, como diría el gran Macedonio fusilando a Deleuze sin rebozo, la Manera de una Psique del Cuerpo Sin Órganos. Me atrevería a decirte que me parece su mejor novela. Al igual que Ellis, Coupland se las ha arreglado para extraer petróleo de donde no parecía haber ya más que agua, y ni siquiera potable. La última de Ellis es igualmente lograda y relevante, digan lo que digan algunos despistados de la crítica oficial...

    Juan Francisco Ferré — 25-08-2006 00:11:04

  9. El hecho de que estas tres críticas aporten cada una visiones no siempre coincidentes, y mucho material de referencia distinto, creo que es la mejor muestra posible de la complejidad y valía de esta novela, en la que como dices, Juan Francisco, Coupland ha sacado mucho petróleo. Sería difícil saber qué otro narrador actual (Pynchon aparte, si se pusiera) sería capaz de ahondar tanto en tantas cosas. Saludos.

    vicente luis mora — 25-08-2006 08:00:35

  10. Los de Microsiervos publicaron hace poco su reseña:

    http://www.microsiervos.com/archivo/libros/jpod.ht...

    Javier — 25-08-2006 08:15:05

  11. "¡Ajajá! Al fin te encuentro, superwoo. Llevo años detrás de los robos de libros -malos, pero robos al fin y al cabo- que tuvieron lugar en las áreas de servicio entre Madrid y Valencia. He tenido que aprender a navegar, hacerme pasar por bloguero, leer filosofía y literatura posmoderna -a mí, que leo en la intimidad a Campoamor y Mistral, en una salita decorada por mi decente esposa con bonitos cuadros de los floreros de Van Gogh -.

    ¡Ajajá! Pero mis esfuerzos y esta trabajosa vida de policía oculto en rostro de intelectualoide al fin han dado su fruto. Te pillé. ¿Creías que quedarías impune? Nada se nos escapa, ni siquiera en este rincón cutre de la red. Pronto te detendrán -no tengo claro si virtual o realmente, es que hay días en que no llevo bien la esquizofrenia-. Devolverás las novelas y se te borrará del cerebro -eternal sunshine of the spotless mind- cualquier recuerdo sobre los hurtos. Todavía puedes ser una mujer trabajadora con familia caníbal -doble jornada- normal."

    Saludos.

    antonio alcaide — 25-08-2006 12:52:10

  12. te vi en el autobús de naperville a aurora. fingías ser chino y comer con disimulo un sándwich partido en triángulos. te vi en el supermercado con el número en la mano, esperando tras de mí. vi tus huellas sobre la nieve. coincidimos de nuevo en la barra del hindenburg. sé que tienes una foto de mí, en el porche, con un gin-tonic en la mano y observando las plantaciones de té. fuiste despiadado conmigo cuando te tocó ser mi director de arte, con una cresta a lo mohicano. ayer en los alphaville estuve a punto de girarme y pedirte por favor que dejases de hacer ruido con los papeles de los caramelos.
    sé que me seguiste todo este tiempo.
    no me condenes a veinte años de aburrimiento por intentar cambiar el sistema desde dentro. dame una segunda última oportunidad.

    déjame huir a superwoonderland.

    superwoo — 25-08-2006 16:46:31

  13. Todo es como una segunda oportunidad para una novia en coma.

    Me gustaría preguntar si hay alguien aficionado a Will Self y su reciente The Book Of Dave. Para mí, otro escritor que plantea multitud de cuestiones cada vez que se pone al teclado. Nada más acabar tu reseña de Jpod, recordé una anécdota de Horacio Quiroga, quien después de leer una crítica de uno de sus libros acabó diciendo :así se las den todas a uno! Es decir, menos mal que el estilo de Coupland es romo para tu gusto -traducido suena facilón, pero está muy bien en el ingés original- porque si no...

    Suerte con el blog, y gracias.

    PS: Y si alguien quiere junk words en serio, que le echen un vistazo a cualquier libro de Jason Webster, (Duende, Andalus, o Guerra)Otro tipo de literatura ambient, pero sin ascensor ni aeropuertos.

    carrlos maiques — 25-08-2006 17:29:53

  14. Y antes de que llegue el Corrector, disculpas por la errata del nombre.La prisa mata!

    carlos maiques — 25-08-2006 17:47:40

  15. Sobre la construcción de personajes

    Por eso, porque creo en las sincronías y las conjunciones astrales, les dejo con esta opinión que yo creo no casual sino causal. Precisando: una serendipia.

    "No ambiciono arrancarte aplausos con mi sutileza y mi sentido del humor. Hay autores que ponen su talento al servicio de la delicada descripción de distintos estados de ánimo, rasgos de carácter, etc. Que no me cuenten entre ellos. Toda esta acumulación de detalles realistas, que supuestamente esboza personajes netamente diferenciados, siempre me ha parecido, perdón por decirlo, una pura chorrada."

    Michel Houellebecq-Ampliación del campo de batalla

    Tipo de incognito — 25-08-2006 18:13:36

  16. Caramba, caramba, bonito e interesante debate: ¿han muerto los personajes? ¿Ya no es importante la definición de caracteres psicológicos? Hum... Ese sujeto posmoderno, constelado, "diffuso", de que habla Maffesoli, ¿implica una nube magallánica de impulsos y deseos sin necesidad de orden, sin un criterio rector? ¿Sólo pulsiones? Tentador, pero... Entonces, ¿para qué poner nombres? ¿Para qué poner Ethan, o papá, o el director del proyecto, si sus psiques son volátiles, erráticas, si pueden, como critico en mi reseña, intercambiarse? ¿Necesita un personaje femenino de hoy parecer una mujer? ¿O una psique libre, sin amarres? ¿Para saber que estamos ante un hombre tendremos que ponerle el mote de Bigotes, porque su discurso intercambiable, no diferenciado, alejado de realismos, como pide Houellebecq, nos hace imposible saber su edad, su aspecto, sus intenciones? ¿Tendremos que esperar a que se baje la bragueta para conocer su sexualidad -y quizá ni eso, con la que está cayendo-?

    Hum.

    Estoy preguntando, no concluyendo. Pero hay algo aquí sospechoso. Juan Francisco Ferré puede, por ejemplo en sus relatos, operar con personajes (o no/personajes) de ese tipo: en un cuento de cuatro páginas (si lo que importa es la historia) es difícil además plantear más de un personaje creíble. Pero cuando Ferré hace novelas, pienso en La fiesta del asno, sus personajes son muy psíquicos, pero tienen detrás una elaborada construcción. Elaboradísima, diría. De hecho, si su carácter esencial es la metamorfosis, es necesariamente porque hay algo debajo que cambiar. Un estado, si se quiere, mejor que una esencia, pero algo que es estable hasta que cambia. Lo que sugiere Houellebecq (una de las muchas chorradas que dice, junto a otras cosas muy inteligentes que dice, casi siempre en el mismo párrafo) es algo distinto, algo parecido al personaje del Terminator proteico, de metal líquido, de Terminator 3: no tiene exoesqueleto, como los convencionales, sino que se adapta instantáneamente a lo que toca. O mejor aún, el agente Smith de Matrix, ese archimalvado que puede aparecer a la vez como cien Smith, o convertido en cien personas sucesivamente. He utilizado mal lo de Proteo, porque Proteo podía cambiar de forma sin necesidad de tocar aquello en lo que se convierte. Pues algo así, no me estoy explicando demasiado bien. En resumidas palabras, ahora me entenderéis mejor: estoy en contra de la idea teórica de Houellebecq, y de la práctica de Coupland: me parece que esa aparente ligereza posmoderna encubre una incapacidad esencial para dibujar personajes creíbles. Hace poco le leí a Fresán unas declaraciones que me asombraron por su sinceridad. se reconocía malo para la creación de personajes (no quiere decir que no los haya hecho, sino que le cuesta mucho trabajo, que no es su fuerte), y por ello ponía más hincapié en la historia y en el estilo. Esa misma honestidad me gustaría verla en Houellebecq. Es lo de la zorra y las uvas, eso es todo. Ataco los personajes porque no soy capaz de hacerlos. Defiendo su no necesidad porque así mi incapacidad ya no es un defecto.

    Es una técnica muy extendida en la literatura actual, sobre todo en la española.

    Puedo estar equivocado, convénzanme. Y, Juan Francisco, no te pongas como ejemplo, al menos como novelista, porque no es tu caso. Tú sí eres capaz de hacer personajes, y los haces. Saludos.

    vicente luis mora — 25-08-2006 19:14:57

  17. Voy ha hacer una breve précis de lo que borrosamente intuyo como idea o, para no atribuirme méritos, de lo que sonsaco (¡maravillosa palabra!) del párrafo de Houellebecq.
    Entiendo que Michel no propone la desaparición del personaje de ficción sino su deconstrucción (exacto: en el sentido de la cocina de Adriá), el mismo producto pero con diferente aspecto. Es decir, interpreto que Houellebecq deduce nula la importancia de la descripción estética del personaje (cabello rubio, nalgas fofas, hombros caídos...), así como la descripción ética a priori (por ej: Juan era un tipo rudo, émpatico y vital). Yo no creo necesaria la aplicación de esta teoria "houellebecquiana", sin embargo no la desprecio si ésta está bien tratada. Houellebecq la trata bien, sabe domarla. Estoy terminando el libro de "ampliación del campo..." y los personajes se me aparecen con silueta y bien pintados. Dejar las puertas entreabiertas para que la imaginación del lector pueda acabar de definir los personajes me parece una buena idea.

    Tipo de incognito — 25-08-2006 20:23:42

  18. Tipo, no sé si en otro lugar hará énfasis Houellebecq en los aspectos físicos, pero en el párrafo que citas se lee: "descripción de distintos estados de ánimo, rasgos de carácter": ambos extremos psicológicos. Siempre hay un lado corporal en las descripciones, mínimo y a veces trascendente para entender a los personajes (alturas, complejos, deformidades, etc.), pero lo que no puede faltar nunca, al menos en la novela, es una profundidad psicológica. Sobre lo de deconstruir una psique... dejando de lado si el psicoanálisis, cuando está mal hecho, funciona de esa manera, no creo que sea lo que hace/dice el francés y, por supuesto, no pienso que lleve a ninguna parte. Bastante difícil es construir un personaje como para luego deconstruirlo: nadie que tenga uno bueno, real, creíble, se tomará el lujo de proceder a su deconstrucción, a su construcción alternativa según otros procedimientos (además: ¿cuáles valdrían?): eso estaría a la altura de un Shakespeare, campeón del mundo en construcción de personajes. Por desgracia, no hablamos aquí de Shakespeare. De momento, si yo viese un pesonaje "deconstruido" me provocaría inmediatamente la sospecha de que el autor no ha sabido dibujarlo del todo, y por eso presenta un puzzle mezclado, una recreación significante de un significado válido.

    No viene a cuento, pero ayer vi "La joven del agua", la película de M. Night Shymalan. Qué putada, el único que muere es el crítico literario. Saludos.

    vicente luis mora — 26-08-2006 09:47:09

  19. La mayoría de los personajes de Houllebecq, son como animales disecados, y como Tipo de incógnito apunta, de alguna forma son seres deconstruidos, casi liofilizados. Para mi gusto "Ampliación..." es el libro que mejor trabó todo esto,-intencionalidad, incapacidad...- después ha sido muy reiterativo ( pero a Bernhard, por ejemplo, nadie puede negar que repite un tono, un personaje o una letanía). En el caso de K Dick, apenas sabemos cómo son sus personajes, pero no nos importa, ya que se están reconstruyendo delante de nosotros, rellenando sus huecos o buscándolos.Tratándose de los de Jpod, es muy coherente que sean así de inconsistentes, porque su vida ya lo es, y se expresa en la novela como una pérdida en tiempo real (de minutos inevitables de lectura de correo basura, páginas sin interés alguno y spams varios si se quiere llegar al final de la no-peripecia de sus protagonistas). Su angustia vital es aún más terrible si se experimenta como un incesante zapping sin otro propósito que el dejarse llevar. A mí también me parece de las más logradas de su autor. Y verdaderamente prefiero lo último de Rick Moody o el Fresán de Jardines de Kensington a Lunar Park, por esto de la autoficción.
    Un saludo sin calor.

    carlos maiques — 26-08-2006 10:19:50

  20. Me atenderé al mandato de wittgenstein "de lo que no se puede hablar, se tiene que callar" porque si continuase por el mal camino de la contraréplica esto se convertiría en una reacción nuclear en cadena y al final el núcleo, lo importante, se perdería.

    No viene a cuento, pero ayer vi "la tienda de la calle mayor" de Ján Kadar y Elmar Klos. Qué putada, al final el arianizador reconvertido a protector de judíos se carga sin querer a la vieja hebrea de un empujón. Después, atormentado por su borrachuza torpeza, sólo le queda la redención de la soga y el gancho.

    ¡Soga de gancho!: Gran película de los hermanos Marx...

    Siento esto último, voy a por una ducha.

    Tipo de incognito — 26-08-2006 10:23:42

  21. no estoy tan de acuerdo en cuanto a houllebecq. (¿y por qué cambiamos de sujeto entrecouplandellishoullebecq cuando su obra es tan diversa?). el libro de no sé qué del campo de batalla era un librito anémico y pálido con respecto al resto de su obra. reconozco que nunca acaba de redondear los personajes, pero en atomised y platform reconstruye unos estereotipos muy interesantes. parece que se centra en su comportamiento hacia el mundo, más que conocer sus introspecciones. creo que el lector de hoy casi agradece esto: a mí me personalmente me causa un pudor incómodo leer en off los pensamientos de un personaje. no digamos los sentimientos, que me tirria. no parece ser su interés ni su objetivo: el foco se sitúa sobre la inevitable servidumbre social a través del trabajo, la mediocridad y el reblandecimiento de las pasiones intrínsicamente humanas.

    en el caso de ellis debemos reconocerles un gran personaje inolvidable que desde mi punto de vista marcó la literatura: patrick bateman. el joven ejecutivo brillante incapaz de sostener la presión que ejerce sobre él mismo su imagen social, y comete crímenes sexuales (supuestamente, pero el punto de vista desde el que están narrados es su propia voz, nada confiable). un héroe, nada de antihéroes, triunfador pero arrastrado, al borde de la enfermedad mental por su propio éxito. de hecho es probable que se haya convertido en algo demasiado grande para ellis, y por ello lo haya necesitado para un lunar park que es del todo prescindible y dependiente de american psycho. glamourama, igualmente, omitía a patrick bateman, pero retrataba su mundo.

    estoy de acuerdo con carlos: ¿por qué pensar que la decisión que ha tomado coupland sobre los personajes es una incapacidad?. me resulta coherente que sean superficiales y cambiantes, llenos de vacíos temporales y obesidad mental, tal vez es lo que representan. pero, ¿qué pinta k. dick en todo esto? su fanta-ciencia es hipótesis, no se caracteriza por un mimo de los literario. sus personajes y situaciones son un mecanismo pseudocientífico para la ejemplificación.
    lo digo sin maldad.
    no vaya a ser que me caiga otra condena.

    un saludo

    superwoobinda — 26-08-2006 12:14:06

  22. Inc-Ó-gnito.
    W-ittgenstein.
    contra-R-réplica.
    J-A-n.

    el corrector. — 26-08-2006 13:22:32

  23. Sobre la disolución del personaje... en fin, a estas alturas, qué se puede decir que no hayan llevado a la práctica Kafka, Virginia Woolf, Musil o teorizado Valery, Sarraute... En fin, que el agotamiento de la coherencia del personaje viene de antiguo... El propio Jean Paul bifurca el protagonismo de La edad del pavo, especie de novela de contraprendizaje. El narrador de El asno de oro, Lucio, vuélvese burro, y con ello cambia, caramba, su percepción del mundo.
    Lo que comenta Houellebecq va por ahí, me da a mí, y hace bien, digo yo, porque la construcción de un personaje definido como mujer, con coño tras bragueta, bigotes o arrocet lleva al absurdo de identificar tipo con ser, mapa con territorio. En fin, este blog desemboca, mes tras mes, en la mascarada.
    Las críticas más lúcidas contra el personaje con nombre y apellido, de cartón piedra, las he leído en -no he leído tanto, o sea que tómese la valoración como se quiera- La era de la sospecha, de Sarraute, clásico ensayo de la novela que todos deberías leer, hasta yo. La escritura de Lispector juega a esa misma suspensión-indeterminación del personaje que no es suspensión-indeterminación de la fenomenología, sino mayor libertad para percibir. A saltitos, sin nombre y apellido, ¡epojé! ¡evohé! Yo me digo, Vicente, que tras las dudas sobre la oportunidad del personaje innominado, hay algo de fe en la marca registrada, argumento de autoridad, provincia, nike. En esta era de las pospospospozí, qué menos.

    Clemente — 26-08-2006 14:07:09

  24. Tengo otra: basamos la psicología en una cuestión de imágenes. A tales rasgos tal sentido. La novela realista y el psicoanálisis. Idea de la profundidad, de la verdad tras la superficie: Platón. Si oliéramos a los personajes, si los esccuháramos o escucháramos su escucha...
    No, si encima querremos que a los personajes les sucedan cosas.

    Clemente — 26-08-2006 14:21:47

  25. lo de incognito sin tilde es forzado.
    lo de ján es así.
    wittgenstein en minúsculas porque aún no le he leído, sólo una escueta biografía.
    Contrarréplica con dos erres, vale.

    Mojo la pluma en su mala baba. Gracias.

    Tipo de incognito — 26-08-2006 15:32:35

  26. Es difícil confiar de nuevo en la posibilidad de un ente-personaje después de su: 1) Puesta en duda desde Woolf, Kafka, Unamuno... 2) Ruptura de la ilusión narrativa que dotaba de entidad real a los personajes (Unamuno otra vez, Pirandello, Joyce, la nouvelle vague en cine y en novela...

    A mí me interesa el cruce de realidad/ficción derivado de la ruptura. El rizado del rizo de algunos textos que juegan con varios niveles de realidad/personaje cuando sabemos al leer que ninguno es real. Un poco a lo que en cine ocurre en Matrix (que no me gusta) o Nivel 13, Dark city (que me gustan más).
    Sobre la pequeña polémica de personajes definidos o no (construidos o deconstruidos) y la habilidad para hacerlo. Supongo que si fuera novelista intentaría dejar claro que puedo hacer tanto una cosa como otra.

    antonio alcaide — 26-08-2006 15:37:53

  27. Claro que les suceden cosas, hasta, como uno de Lispector -buen ejemplo que no esperaba encontrarme hablando de Jpod-, llegan a comerse una cucaracha.

    Y lo de Philip K. Dick, si es "hipótesis,(que)no se caracteriza por un mimo de los literario(y) sus personajes y situaciones son un mecanismo pseudocientífico para la ejemplificación..." No sé, Superwoo, pero lo veo muy relacionado, y como seguramente me equivoco, te pido disculpas si no he entendido lo que decías.

    Por cierto, ¿alguien considera a Jimmy Corrigan un buen personaje?

    carlos maiques — 26-08-2006 16:42:56

  28. no creo que ni houllebecq ni ellis ni coupland tengan interés alguno en plantear teorías hipotéticas sobre lo que puede pasarle al mundo. pero no tengo muchas razones para defenderlo. en su actitud, en su postura inclinada al sentido del humor, veo más a un grupo de autores fascinados por el zapping y la sinestesia mediática que a pensadores sociales preocupados por el futuro del mundo.
    no plantean tesis.
    ni parece que les interese sacudir conciencias.
    hablan con los ecos que resuenan de la llamada entonces "generación x". y no es que ahora hablen del presente: ahora hablan de cómo se comporta esa "generación x" en el presente.
    ya te digo, carlos, es sólo una opinión. y nunca me doctoré.
    si me tiras de cómic tampoco voy más allá de los viejos cimoc, el creepy, enki bilal, o frank miller. eso es todo lo que tengo. pero puedo robarlo.

    antonio, hablando de cruces realidad/ficción, ¿conoces la obra de sophie calle y su trabajo junto a paul auster? a lo mejor te interesa.

    un saludo.

    superwoo — 26-08-2006 20:55:30

  29. No, superwoo, no he leído de Auster Leviatán. Y a Sophie Calle no la localizaba en mis provincias interiores (vivo en las provincias exteriores). Pero gracias a la red me pondré al día. Por cierto, ahora que ha salido Auster, ¿dónde lo situáis exactamente dentro la liteteratura americana actual? Vosotros los que domináis el asunto.

    antonio alcaide — 27-08-2006 12:00:31

  30. Sobre la disolución del personaje tengo la impresión de que nos encontramos ante una veladura. Por un lado la narrativa del siglo veinte se ha esforzado en debilitar su perfil amparándose, con razón, en la crisis de la razón objetiva. Sin embargo, por otro lado, el personaje ya sea en su vertiente más vanguardista (a la vieja usanza, digo, pensemos, por ejemplo, en “Locura y muerte de nadie” de Benjamín Jarnés) ó en su ladera rehumanizadora-existencial (“El extranjero” de Camus, por poner un caso paradigmático) sigue jugando un papel esencial. Y es que tengo la impresión que con mayor o menor éxito el texto narrativo circula alrededor de la psique ó, en su defecto, de los actos (a la manera de Carver) que esa psique proyecta. Nos podemos alejar de todo esto de forma consciente, podemos incluso negar su existencia amparados en la indeterminación microscópica que disuelve, radicalmente, su aparente fisicidad; ó podemos también eludir su coyuntura como si de un virus se tratara, pero casi siempre el personaje (es decir, nosotros mismos) al final sobrevive detrás de la ladera. Por eso creo que estamos ante una veladura, se esfuma y se renueva de igual modo que nosotros cambiamos la posición desde donde observamos el mundo. Un saludo.

    Ernesto García López — 28-08-2006 09:31:20

  31. Siempre estrá detrás de una ladera. Es la persona que compra, saca de la biblioteca un libro, o bien lo devuelve a quien se lo prestó, también otra persona. Y es muy probable que ambas paguen un alquiler desorbitado.

    Siempre es curioso que al final se diga o escriba de algunas novelas que la ciudad es SU auténtico personaje (caso muy cierto en numerosos trabajos de Iain Sinclair), el recorrido -la última novela de E.L. Doctorow- ,lo que justificaría la escasa fuerza de cada personaje separado del colectivo.

    Y todo se esfuma también.

    carlos maiques — 28-08-2006 15:05:34

  32. Sophie Calle es una artista francesa. Su trabajo se basa sobre todo en crear obras que parecen testimonios: series de fotos con un breve texto debajo, en tono neutro y estilo escueto. Cada conjunto foto/texto expresa un “noeme”, “un ya ocurrido” si seguimos a Barthes. Sophie, al ser el sujeto de las fotos y los textos, presenta lo pasado de una manera actual. Explota el misterio de la concomitancia: alguien ha estado en tal sitio en tal momento. Es un juego muy seductor. Los textos están escritos sin “pathos” alguno pero son simbólicos, y el personaje es “ordinario”. Funciona porque lo ordinario es lo que mejor se puede compartir con el mundo.
    A lo largo de las exposiciones que ha ido presentando desde 1978 hasta hoy, siempre con foto+texto, va creando un personaje por acumulación.
    En 1992 Paul Auster, en Leviatán, le da las gracias por permitirle mezclar realidad y ficción. De la página 60 a la 67 del libro ha usado episodios de la vida de Sophie Calle para un personaje, la ha adoptado. Fascinada, ella le pide que le dé una serie de comportamientos o actos para ejecutar. Él le envía “Instrucciones Personales Dirigida a SC Para Mejorar La Vida En Nueva York (Porque Ella Me Lo Pidió…)”. Eran entre otras SONREIR, HABLAR CON EXTRAÑOS, LADRONES Y VAGABUNDOS. CULTIVAR UN PUNTO CONCRETO DE LA CIUDAD. Por ejemplo ella eligió una cabina de teléfonos, le puso flores, fotos, botellas vacías, periódicos. La humanizó. E incluyó un cuaderno donde la gente escribía su impresión. Las fotos, las imágenes de los cuadernos y sus propias notas sobre sus observaciones, configuraron la expo Gotham Handbook, 1994.

    Yo tengo Des Histories Vraies, publicado por Galerie Sollertis en la colección Actes Sud (ISBN 2-7427-0342-X), y Sophie Calle, publicado por Prestel (ISBN 3-7913-3035-7). En el Centre Pompidou tienen mucha de su obra.

    Enough?

    Un saludo

    superwoo — 28-08-2006 19:02:51

  33. Después de Superwoo y Sophie Calle, Juan Muñoz (1953-2001), otro artista con una obra muy vinculada con la literatura. Tiene trabajos en colaboración con John Berger, Gavin Bryars, entre otros. Todo un storyteller, como dijo Bruce Nauman de sí mismo una ocasión, ¿igual que Mr. Gondry?, si queréis, seguimos hablando de los traductores de imágenes literarias. Un saludo.

    (Nota de prensa de la Galería Pepe Cobo con motivo de la exposición de la pieza "Descarrilamiento") 02-02.02

    Se muestra la última pieza que hizo el internacionalmente conocido escultor madrileño. Es un " Descarrilamiento" en acero cortén, de cuatro vagones de un tren de alta velocidad. La obra ocupa toda la sala y está realizada en escala menor con respecto al modelo. A través de las ventanas de los vagones se revela un paisaje inmerso en laberintos urbanos, futuristas, cargados de calles en miniatura y escaleras en espiral. El juego con el espacio de lo contradictorio y las figuras mordazmente silenciosas, la sensación de distaciamiento y paradoja, son entre otros características constantes de su trabajo. Esta conexión que Juan Muñoz consigue, una vez más, entre el lenguaje propio de la escultura y la experiencia de la condición humana, con "Descarrilamiento" podrá ser disfutado en la Galería Pepe Cobo, hasta finales de Marzo.-

    http://www.masdearte.com/noticia.cfm?noticiaID=589...
    Ahí se puede ver una imagen, sin detalle del interior, eso sí.

    P.S.: No me lo diga. Estará detrás de una ladera, nunca estuvo ni nunca "estrá", Sr. Corrector. Gracias.

    carlos maiques — 29-08-2006 09:57:28

  34. Que nadie se sienta ofendido y, mucho menos corregido, no era mi intención. Tan sólo quería exponer mi punto de vista. Soy consciente que, al afirmar que la obra narrativa pivota alrededor de la psique o de los actos que la psique proyecta, deja de lado numerosísimas propuestas sustentadas en la idea de colectividad, desconcentración, etc. Ahora bien, lo que quería decir es que incluso esas alternativas tienen arraigo en la identidad de un o unos personajes. Claro que la ciudad puede ser protagonista, pero lo es en la medida que se manifiesta a través de sus personajes “menores”, que insuflan vida, que “reedifican” su significado. Pondré sólo dos ejemplos: La Calle de Valverde de Max Aub y Manhattan Transfer de Dos Passos. Creo, y aquí sí me reafirmo, que una obra coral lo es tanto más en la medida que sus “criaturas menores” tienen coherencia e identidad propias, y de ese modo se comunican entre sí y con el lector a través, por seguir el ejemplo, de la ciudad. Estas criaturas pueden ser animadas o inanimadas. Da igual. Lo importante es que existe “presencia” en todas ellas. El descarrilamiento, por ejemplo, es en sí mismo un personaje porque genera significado y porque ese significado es coherente a los ojos del espectador. En él se contienen tanto los aspectos visibles de su identidad como los aspectos invisibles de su misterio. Pero al fin y al cabo unos y otros, ayudan a reconstruir en la mente del espectador su presencia como sujeto. Quizá por eso, como decía Wilde, el arte es más real que la naturaleza. De verdad, no tengo vocación de corrector, sólo quería dejar clara mi posición al respecto.

    Ernesto García López — 29-08-2006 11:23:29

  35. Si estoy de acuerdo en muchas cosas que plantea Ernesto, no quería molestar ni nada parecido. Lo siento si así le ha parecido, debe ser el calor. Su comentario me sugirió otra posibilidad o aproximación, porque no era excluyente lo que decía- -creo que es cierto lo que afirma sobre las "criaturas menores", y en lo casi inevitable que es personalizar, dar id-entidad a las presencias. En realidad, me parece que es un asunto de mucho interés, que no se puede dejar de lado con facilidad y que por ese motivo regresará con muchos rostros. Dudas del escriba, como la escalera de A. Corazón.

    Lo de corrector es por las (mis) faltas de ortografía o de picado de textos, ya me fastidia a mí lo suficiente. Un saludo.

    P.S.: David Hockney, después de concluir su ciclo de reaprendizaje técnico del "conocimiento secreto" de los maestros antiguos, afirmaba que la pintura "es más real que la fotografía". Discutible, sin duda, pero lo que me interesa es su curiosidad, que le llevó a meterse en ello por el puro placer de saber por él mismo cómo funcionaba, y encontrar durante en el proceso una explicación que le satisficiera. Lo que no quiere decir que dicha "solución al problema" no haya sido contestada ni aceptada, en absoluto.

    carlos maiques — 29-08-2006 14:40:14

  36. Algo más aobre el conocimiento secreto.Os dejo aquí un enlace a un documental de la BBC, para quien pueda y le interese verlo.

    www.davidhockney.com/films.php

    carlos maiques — 29-08-2006 17:27:47

  37. ¿Qué opináis de otras posibilidades de conformar un personaje colectivo? Pienso en el recurso de Belén Gopegui en Lo real, un coro brechtiano que asume (pretende asumir) las inquietudes y ambiciones de clase asalariada, relacionándose con el relato no actuando en su interior sino explicitando las tensiones y las contradicciones en que incurren los personajes, digamos, individuales. Creo que Gopegui, en esta novela, no desarrolla el artificio en todas sus posibilidades, pero el esfuerzo está ahí y se le agradece. De todos modos, vosotros estáis más puestos en narrativa reciente. Ya me contaréis. Un saludo.

    Carlos VG — 29-08-2006 17:52:15

  38. Se está produciendo aquí un interesante debate sobre el personaje literario, en el que no tengo tiempo de entrar, pero ayer estaba leyendo el libro de relatos Los encuentros, de González Sainz (¿he dicho ya aquí que es uno de los mejores narradores en castellano vivos? ¿No? Ya lo diré), y me he topado con una curiosa “descripción por ausencia” que no me resisto a trasladar:

    “Yo no salía nunca del oscuro asombro de su piel, de la minuciosa inteligencia de sus afectos y la solicitud de unos cuidados interminables para conmigo que ni esperaban nada a cambio ni devolvían nada. Pero sobre todo ella era lo que no era, el además, la altivez y el aire que no tenía, las ambiciones y caprichos que no alentaba, lo que no hacía, lo que no padecía, los esfuerzos, ansias y trajines a los que ciertamente era ajena.
    Hastiado de quienes eran nada más que ellos mismos, de la impostura profunda de ser lo que somos y queremos ser, yo me enamoré en lo más hondo de esa ausencia, de ese no ser, de esa nada verdadera y por tanto inmensa como nunca jamás a lo mejor lo había hecho”.

    vicente luis mora — 29-08-2006 19:23:48

  39. Ha salido aquí en nombre de Juan Muñoz y quiero recordar que justo ayer 28 de Agosto hace cinco años que murió. Como sabeis siempre le fascino la magia, el escapismo, pero de algún modo aunque ha desaparecido estará siempre presente porque supo hablar en silencio. Cuando me comentaba poco antes de morir que todo el proyecto de la Tate Modern "Double Blind" tras su exhibición sería destruido lo hacía con unos ojillos brillantes de niño. Era una persona extremadante inteligente, muy cariñosa. Sus trabajos siempre tienen esa extraña cualidad de hablar a la gente de uno en uno: no era un sermoneador ni alguien que necesitase amplificadores o tribunas para gritar, sino que sus silencios, sus monólogos y sus risas calladas vivirán siempre.
    Lo recuerdo con mucho cariño, nos reímos mucho aquel día de primavera de 2001.

    javier castro — 29-08-2006 21:07:53

  40. Gracias, Superwoo, (post 32) por los detalles sobre S.Calle. Ya había notado tu familiaridad con la fotografía por tus expresiones metafóricas sobre la profundidad de campo. Yo he llegado tarde también a la fotografía ("yo, que he llegado tarde a tantas vidas..." como decía un poema que me gustaba). Pero he llegado. Bueno, no voy a daros a todos la paliza sobre estas intimidades, así que a estas horas de la noche dejo mi correo (pedirle a VLM el correo de Ferré por indicación de éste o el de Agustín Fernández Mallo, el de las largas vacaciones sin internet, es una cosa y otra muy distinta seguir con semejantes peticiones). Así que dejo yo el mío.
    A vuelta de e-mail, te enviaré un regalo geométrico-poético-visual en primicia mundial e incluso intergaláctica. (Si hay espontáneos curiosos no pasa nada).
    Good night (dogo tingh).
    alcaidesoler@yahoo.es

    antonio alcaide — 30-08-2006 02:17:26

  41. Noticias sobre personjes huecos a lo Jpod a la salida del cine de palomitas: Trailer de Stay Alive, nuevo terror americano post nu skool japonesa. Stay Alive, el juego definitivo de terror para la partida del siglo en una mansión. Varias personas juegan, quien pierde la "vida" en el juego, morirá de igual modo en la vida "real". Todo muy Palahniuk y Diez Negritos, por lo que parece, pero sin extracción de petróleo por parte de los guionistas.

    Silent Hill, un prodigio de dirección artística. Desconociendo todas las entregas del juego original, lo de menos es la casquería digital. Qué ambientación. Los personajes son huecos, supongo que para estimular la identificación, los actores hacen lo que pueden y el mal nunca se ha ido de la colina, pero hay imágenes para guardarse en el bolsillo. Una película terraria?

    (Para Carlos VG)
    El coro de "Lo real" es una ampliación de los cuatro insomnes personajes de La conquista del aire, salvando todas las distancias posibles. A mí lo que me ha sucedido con la narrativa de Gopegui es una sensación de alejamiento progresivo, lo cual, como apuntas, es muy brechtiano. Me quedo con sus dos primeras novelas, me dan la impresión de ser menos programáticas. Y me sigue pareciendo una fuera de serie. Será que ya no sé llegar a lo que dice como lo dice ahora.

    (Para Javier Castro)
    Cinco años ya... No me había dado cuenta. Qué te voy a decir si lo llegaste a conocer. Por mi parte, echo de menos todo lo que Juan Muñoz podía ya haber imaginado y nunca se realizará. El silencio también se ve y se toca en la obra de Cristina Iglesias, tan diferente a la vez. Un saludo.

    carlos maiques — 30-08-2006 11:53:43

  42. No he leído los primeros, pero La conquista del aire me impactó. Me quedé con mal cuerpo, con mala conciencia de pequeñoburgués aliado con la clase dirigente, durante días (por fortuna soy un pequeñoburgués aliado con la clase dirigente con muy poca conciencia). ¿Programática? Bueno, es que ése es su rollo. Ése no es el problema. El problema es que incluso desde ese punto de vista, sus libros posteriores son, en mi opinión, menos eficaces. O a lo mejor es que yo también me he alejado. A lo mejor Mafalda tenía razón y si uno no se apura a cambiar el mundo es el mundo el que lo cambia a uno. Un saludo.

    Carlos VG — 30-08-2006 12:37:20

  43. (para Carlos VG)
    A lo mejor tenía razón, a lo mejor. Tocarnos la cara, que precede a La conquista del aire, también es más parecido en tono a esa frase. Apreciando mucho esos dos, La escala de los mapas es un libro sobre el que no puedo opinar con distancia. Ese es el que me impactó con más eficacia. Aunque la vida no sea un videojuego, como se ha dicho mucho más arriba. Un saludo.

    carlos maiques — 30-08-2006 15:51:37

  44. Si no vives como piensas acabarás pensando como vives (68) o en palabras de Marx: "La vida se convierte en medio de vida" (Creo que en Manuscritos).

    antonio alcaide — 30-08-2006 15:52:05

  45. Sacado del Letras Libres de agosto 2006, acabo de leer un poema sin título de Antonio Gamoneda. Después de este mes, es difícil dejar de ver fuego consumiéndose -aquí y en Silent Hill-. Un saludo:

    Sacudí la ceniza de mis párpados.

    Busqué la luz en el interior de la noche y, sí, se abrió en

    mí una esfera de luz. Era como ser y no ser.



    Descansé de mí mismo



    hasta sentir que mis venas se vaciaban en la luz



    y que las sombras giraban hasta crear el día.



    Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las

    que gritan hasta despertar el corazón



    y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de las

    máquinas enloquecidas en la inmovilidad.



    En la pausa mortal, una vez más,

    pasaron suavemente sobre mí tus manos. ~

    carlos maiques — 30-08-2006 16:57:15

  46. Lean a Coupland o a quien quieran, pero lean ficción:

    "Apague el televisor para poder activar su memoria - sondeo

    CANBERRA (Reuters) - Apagar el televisor, hacer un crucigrama y comer más pescado podrían ser las claves para mejorar la memoria, según reveló un sondeo realizado en Australia.

    Una encuesta realizada por Internet entre casi 30.000 personas como parte de la celebración de la semana de la ciencia en Australia también descubrió que las personas que leen ficción tienen mejor memoria que aquellas que no lo hacen."

    vicente luis mora — 31-08-2006 17:05:12


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