Advertencia a navegantes
Queridos amigos, dos recientes precedentes legales me obligan a tomar una decisión sobre los comentarios en esta página, para evitar males mayores. Tengo datos más concretos sobre los precedentes, pero como ambos son desagradables y afectan gravemente a sus implicados, no daré detalles. En uno de ellos, que incluso ha trascendido a la prensa, el administrador de un blog donde se denunciaban las prácticas profesorales de un instituto madrileño ha sido expulsado de su centro y denunciado a los tribunales por injurias. En el otro caso, la cuestión ha venido por el foro de una página web literaria, donde se había calumniado (las calumnias no son lo mismo que las injurias, éstas atentan contra la fama o estimación de una persona, mientras que las calumnias, según la antigua definición del Código Penal, son “la falsa imputación a una persona de un delito de los que dan lugar a procedimiento de oficio”) a una persona. Al no poder encontrar al autor de la calumnia, que había actuado mediante seudónimo, el procedimiento se ha dirigido contra el administrador de la página.
Estos antecedentes me preocupan. Es cierto que en el debate literario, como en el político, el margen de las injurias y difamaciones es más flexible que en otros (ayer anunciaba Juan Palomo en El Cultural la aparición de un libro precisamente de trifulcas entre escritores), pero el de las calumnias no. Son punibles en todo caso, y el Código Penal establece una responsabilidad ascendente, en caso de no encontrarse a los autores, que puede salpicar a los administradores de los medios digitales. Por este motivo, y viendo que de vez en cuando entran trols en la página (abajo se explica qué sea un trol en la terminología informática), me veo obligado a tomar medidas, que no pueden ser entendidas en ningún caso como censura, porque ninguna libertad ampara la injuria y la calumnia (en el caso de la libertad de prensa se discute a veces el primer extremo, pero esto no es un periódico ni yo soy periodista). Estas medidas son las siguientes:
1) Se someten indefinidamente a aprobación previa, como antes se hacía de cuando en cuando, todos los comentarios de la página.
2) Los comentarios que contengan calumnias serán guardados, con la IP del usuario que las envía, en previsión de que puedan ser enviados a la Unidad de Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional.
3) Los comentarios que contengan injurias, difamaciones o expresiones impertinentes contra terceras personas no serán colgados o lo serán con los cortes que el administrador estime pertinentes. Quien no quiera ser cortado, que no envíe mensajes que las contengan. Una vez que un mensaje entra en el ámbito de mi administración, tengo sobre él derecho de edición. El hecho de publicarlo o no es la máxima forma de derecho de edición, y como, según principio general del derecho, el que puede lo más puede lo menos, también puedo colgarlo cortado, con la aclaración de que ha sido mutilado, y dónde.
4) En el caso de que las injurias sean contra el administrador de la página (es decir, contra mí), el administrador podrá decidir, puntualmente, que se publiquen.
5) Los comentarios que contengan expresiones difamantes podrán ser publicados si el autor de los mismos se identifica escribiendo en la casilla correspondiente su correo electrónico, que no pueden ver los demás blogueros, pero sí el administrador, y tras consulta de éste a aquel, en el sentido de aceptar, con su sola responsabilidad, las consecuencias que puedan derivarse de éste. Si no acompañan correo electrónico, éste es falso o no se corresponde con el supuesto remitente, el comentario no será publicado.
Cuelgo estas aclaraciones por respeto a los bitacoreros habituales que visitáis esta página. Siendo mi casa digital, como es, podría hacer lo que me diera la gana sin dar mayores explicaciones, pero no es mi manera de hacer las cosas. Prefiero aclarar que la aprobación previa, en contra de lo que se ha dicho por algunos apresurados comentaristas, no sólo no es censura, sino que es precisamente el instrumento perfecto para no tener que censurar nada. Si lo que se envía a través de un comentario es respetuoso y limitado a lo literario, que es lo que se persigue, es imposible que sea censurado, por más que vaya contra el administrador del blog. Creo que a lo largo de este año y medio hay muestras más que evidentes de que no me escondo, y que acepto las críticas. Pero la crítica, incluso personal, es una cosa, y lo delictivo otra; y la opción que tomado busca que lo delictivo no enturbie este proyecto. Echo muchas horas en este Diario de Lecturas y me da a veces bastantes disgustos, para que además me origine problemas legales gratuitos. Espero que lo entendáis.
Y además, de este modo conseguiré evitar a los trols. Según José Luis Orihuela,
Los trols han existido desde los comienzos de la Red, y son aquellos usuarios que se aprovechan de la interactividad y del anonimato de los sistemas en línea para sabotear las discusiones, incendiar los debates, insultar a los participantes, y en general, destruir lo que un autor o una comunidad intenta trabajosamente construir. Frente a los spammer y los trols no hay que ceder nunca, hay que limpiarlos del blog con toda paz y saber que siempre estarán acechando. (La revolución de los blogs, La Esfera de los Libros, 2006, p. 110).
En fin, creo que este paso era necesario. Lo poquísimo que perdamos en instantaneidad lo ganaremos en tranquilidad. Y seguramente nos centraremos más en lo literario, que es de lo que se trata. Saludos a todos.