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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

24-06-2006 10:18:28

Eduardo García: Una poética del límite

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Eduardo García
Una poética del límite; Pre-Textos, 2005


El poeta Eduardo García (Sao Paulo, 1966) ha publicado un libro a mi juicio capital para la poesía contemporánea; es raro que un creador tenga una formación y una capacidad tales como para afrontar un desafío como Una poética del límite y salir indemne del intento, pero él lo ha conseguido. Más allá de una “poética” personal, el trabajo puede verse como un personal modo simbólico de mirar la literatura, estableciendo un mapa de irradiaciones, que además deconstruye con férrea sistemática argumental toda una serie de mistificaciones y errores de la crítica y la teoría literaria españolas recientes. Por tanto, este ensayo es una obra ambiciosa, que requiere ir examinando detenidamente sus propuestas, para entender su auténtica dimensión.

La primera declaración del libro es capital para entender el tipo de ensayo al que nos enfrentamos. Se nos deja bien claro que Una poética del límite no es una “poética” al modo de la de Boileau, esto es: de ninguna manera intenta constituirse como “una preceptiva, un conjunto de normas al gusto del modo neoclásico” (p. 9), que a su vez se remonta al preceptus horaciano del Ars poetica. Tampoco es, obviamente, una “poética” del estilo de las que los poetas actuales incluimos al frente de nuestra participación en antologías. La de Eduardo García es una propuesta mucho más consistente y compleja, ni más ni menos que un intento de “desarrollar una estética en el sentido romántico del término, una epistemología de la creación” (íbidem). Evidentemente, esto no está al alcance de cualquiera: es necesaria una sólida preparación filosófíca (puesto que la Estética nace en el seno de la Filosofía), y una gran cultura poética para afrontar un desafío de estas características. Bastan unas páginas, o la lectura de algún escrito anterior de García (sobre todo, el artículo “Reencantar el mundo”, incluido en el número 14 de la revista Hélice, que prefigura varios de los planteamientos aquí expuestos) para constatar que García tiene la preparación necesaria para el envite.

García ya había elaborado en su momento (Cómo escribir un poema, Fuentetaja, 2000) un modelo de enseñanza de escritura. Y sin embargo, creo que dar a leer Cómo escribir un poema es menos útil para un poeta joven que Una poética del límite, puesto que este último le mostrará el teatro de posibilidades de la escritura, sólo después de cuyo conocimiento debería comenzarse la escritura adulta de poesía. Es decir: último en la publicación, Una poética del límite debería preceder en la lectura a Cómo escribir un poema. Así, el poeta joven entendería que la formación extraliteraria no debería limitarse a leer cómics o ver películas, sino que también le ayudarían unos breves conocimientos científicos y unas nociones –amplias, a ser posible–, de filosofía. Sería consciente de que la realidad no es lo que parece, que la memoria nos juega malas pasadas, y que nuestros sentidos nos dan un conocimiento sensorial muy limitado de nuestro entorno. Entendería que el realismo es una creación de la obra de arte, y no un imposible traslado mimético, y que el arte duradero está en el camino del símbolo, no en el del reflejo. Y que, por tanto, “ser realista es hoy abrir los ojos a todas las laderas de la percepción” (p. 70). Con este simple planteamiento, y de un modo oblicuo –que no busca la confrontación, sino el diálogo–, el autor cumple con uno de sus propósitos iniciales, “la superación de los límites heredados” (p. 11). Y ello porque la episteme que rige buena parte de la poesía española contemporánea (y de su crítica, que es lo más grave), sigue anclado en un concepto de realismo donde la percepción no está sometida a ningún tipo de ajuste o revisión epistemológica. En este sentido, García insiste en un hecho que me parece fundamental pero que, como todo lo obvio, requiere de periódico recuerdo en la poesía española: la crítica al realismo ingenuo. Completando el ataque práctico que Agustín Fernández Mallo hace en Joan Fontaine Odisea (2005) y el crítico de Antonio Méndez Rubio en Poesía sin mundo (2004), donde se lee “por mucho que el realismo más ingenuo lo pretenda, la palabra agua no moja” (p. 84), García sentencia: “la verdad se impone ineludible: la tan traída y llevada realidad objetiva es una superstición. Un mito racionalista, aplaudido en las Universidades y en la Bolsa como en la prensa en el mercado” (p. 59). La referencia a la Universidad me parece excelente, porque de ella suelen venir (con las consabidas y magníficas excepciones que intentamos destacar en esta página) la mayoría de las incoherencias epistemológicas y desconocimientos teóricos que sumergen, secularmente, a la crítica española de poesía en un mar de silencio.

Desde el primer momento, García señala una tensión constitutiva de la estética moderna, que sigue planteándose todavía hoy: la dialogía entre Ilustración y Romanticismo, que de ninguna manera entiende como bandos irreconciliables (p. 21). Hace así caso al Agapito Maestre que ha tiempo sospechaba que “la Ilustración no está agotada; necesita una nueva crítica” (1). García se opone frontalmente a la “versión oficial” consistente en la división irreconciliable entre ambos movimientos estéticos y filosóficos, pero también, optando por una lectura romántica de la Ilustración se opone, silenciosamente, a quienes han defendido, como Luis García Montero, una lectura ilustrada del Romanticismo. Las bases para esa lectura son claras: ahondar en las limitaciones del realismo, de la visión ilustrada (intelectual, científica, filosófica y estéticamente insostenible) y de la deshumanización, por un lado. Y reconstituir la imaginación desde una perspectiva más abierta y próxima al ánima, dotándose ambas de sentido, y generar mito desde el poema, por otro. Esto último es mucho menos esotérico de lo que parece, ya que para García consiste en “hacer revivir desde mi peculiar experiencia histórica, mi insoslayable realidad presente, la experiencia imaginal” (p. 32), algo que incluso comulga con las tesis de la historización de Juan Carlos Rodríguez (cf. La norma literaria, 1994, o Dichos y hechos, 2001), para sorpresa –supongo– de muchos. Pero es obvio que la “experiencia imaginal” de García es mucho más abierta y amplia que la de algunos seguidores (prácticos y teóricos) de Rodríguez, porque él ha comprendido bien que, como decía Claude Lévi-Strauss, “el símbolo es más real que lo simbolizado”. Y un acierto singular del libro en esa línea (p. 98) es el de identificar el “resplandor simbólico” con el aura desacralizada estudiada por Walter Benjamin (cf. José Luis Brea, Las auras frías, 1991). Dentro de las tendencias actuales de la poesía española, destaca el autor tres espacios del imaginario donde aún es posible revivir poéticamente el mito: la infancia, el erotismo y la lectura. Y hay un camino intelectual que me parece del máximo interés: “el psicoanálisis (…) opera la fusión entre romanticismo e Ilustración que vengo defendiendo. Analiza los fenómenos de la intuición poética, de la imaginación. En ese sentido es genuinamente romántico-simbolista. Pero lo hace sin acudir a trascendencia alguna. Su explicación es siempre inmanente. En este aspecto asume también la herencia de la secularización ilustrada”; (p. 216). Esto le une (en la búsqueda, no en el método) a poetas tan dispares como Jorge Riechmann o Diego Doncel, ya que todos buscan una trascendencia dentro de la inmanencia puramente humana, sin resonancias superiores; “trascendencia inmanente” que también ha sido también defendida recientemente por Frederic Jameson (2). Todo esto es esencial porque permite a García afirmar que hay una lógica otra en el poema (algo que ya decía Colerigde, en persecución –quiero decir plagio– de Schelling, como recuerda García), y que es posible (y él lo defiende, como poeta desde No se trata de un juego, y como ensayista) una “voz en el límite”, que se encuentra “en la misma frontera entre consciente e inconsciente, vigilia y sueño, realidad e imaginación” (p. 75), dentro de un “realismo visionario” (p. 79) que traspase el umbral de la consciencia, pero sin suponer “una entrega pasiva a la ensoñación”.

La otredad es una constante en la obra ensayística (como en la poética) de García, algo obvio teniendo en cuenta que está sustentada en el mito y el mito, en sí mismo, es disociativo, como apunta José Luis Pardo: “la historia que el mito cuenta es (…) la historia de una ruptura cosmológica y también ontológica: narra cómo en el momento prístino del origen del cosmos, se produjo la diferencia en el ser y este se separó de sí mismo: lo masculino y lo femenino, lo crudo y lo cocido (…) En este sentido, el mito es conciencia de la diferencia, conocimiento de la escisión” (3). He aquí, pues, el elemento clave de la concepción de García: el símbolo, entendido no en un restrictivo modo neosimbolista, y tampoco limitado a las analogías (en el sentido en que Octavo Paz las estudiase en Baudelaire), sino en un modo aún más abierto, tal y como las concibiese Carl Gustav Jung, poniéndolas en conexión con el inconsciente personal y colectivo. Vamos uniendo siempre mito y sujeto, símbolo e individualidad en crisis, pero es que así es también lo hace Eduardo García. El símbolo, a diferencia de otros elementos que se han venido considerando esenciales en poesía (la metáfora, antes; el signo, después; la alegoría, casi siempre) tiene a su favor que no se agota, que puede utilizarse generación tras generación y salvar, sin dificultades, las barreras idiomáticas. Cuando alcanza la dimensión mítica, cuando se logra generar mito mediante la creación de “redes de símbolos” (p. 141), cuando ese mito se ha clavado en el inconsciente colectivo hasta hacerse arquetipo (esa imagen de Jung que Borges utilizaba, sin citarle, a todas horas), estamos ante un sustrato esencial para la creación poética. Como apuntaba Lezama Lima, en una brillante frase que citaba Melchor López recientemente, “un mito es una imagen participada y una imagen es un mito que comienza su aventura, que se particulariza para irradiar de nuevo”. El término irradiación es especialmente afortunado porque, desde un centro semántico, el mito y los símbolos que se refieran al mismo generan concéntricamente sentido (recordemos el verso asombroso de Juan Ramón: “el centro escucha en círculos”; del mismo Juan Ramón que, en otro contexto, definía a la poesía como “una tentativa de aproximarse a lo absoluto por medio de símbolos”). Esa irradiación iluminaba los vórtices de Ezra Pound (4) y, en general, cualquier arte construido con intención de perdurar.

La operación final es, por tanto, la creación de una “conciencia simbólica” (p. 249), preconsciente, pero abierta a lo sensitivo; clavada en el “como si” de la ficción, ya que sabe que la representación exacta del lenguaje es una quimera; dotada de resplandor y abandonada de toda razón instrumental o de todo pensamiento dirigido. El resultado no es, según terminología lacaniana, imaginario sino simbólico (5), y por ello García dedica un extenso capítulo a un asunto interesante: la relación entre la poesía y la literatura fantástica (de hecho, una de sus máximas influencias como poeta es la obra narrativa cortazariana), que culmina con dos normas de poética a la que él se aplica (y a la que algunos, pienso en Jesús Aguado y otros, suelen a veces aplicarse): “situarse en el límite entre poesía y relato neofantástico. Tomar de lo neofantástico las estrategias narrativas que puedan adaptarse a su propio ámbito” (p. 110). De esto, unido a lo anterior, deducimos algo insoslayable al hablar tanto del pensamiento como de la poesía de Eduardo García, y es su cercanía al proyecto de la Modernidad; buen conocedor de lo posmoderno, prefiere ejercer, sin adscribirse expresamente al mismo, el proyecto inacabado moderno de Habermas, elaborando su constructo a partir siempre de elementos, poéticas y estética modernas, intentando algo incompatible con la posmodernidad: la elaboración de su propio gran relato de la razón poética en el mundo contemporáneo (6).

Sólo en ocasiones es posible rechazar algún planteamiento de García, y suelen coincidir con aquellas en que el ensayista se confunde con el poeta y se hacen juicios de cierto dogmatismo: “un poema es un artefacto lingüístico cuya naturaleza consiste en dar vida a una escena de la imaginación dotada de una notable intensidad psicológica” (p. 46), aseveración que es obvia para la lírica del propio autor, pero que no puede entenderse con tanta generalidad, ya que se dejan fuera la poesía visual, la meramente verbal (como la del soneto de R. J. Freyre que tanto gustaba a Borges), las no imaginativas (como la “poesía del dato” del último García Casado), o las que tienen sus valores al margen de intensidades psicológicas, centrándose en el puro esteticismo. Con independencia de gustos, quizá sea mucho dejar fuera, pero creemos que ese dogmatismo puntual se debe sólo al énfasis del autor en dejar clara su postura, su poética personal. En realidad, es una de las veces en que al autor se le transparenta el deseo, contenido la mayoría del tiempo por su sólida rigidez argumental. Tampoco estoy de acuerdo, evidentemente, con que García otorgue validez (p. 225) a la insostenible división entre voz “lógica” y voz “órfica” creada por Luis Antonio de Villena. Como ya censuro este criterio en mi ensayo Singularidades, no me extiendo ahora, pero veo contradictorio aseverar que, por un lado, la poesía surge de lo inconsciente y, por otro, que pueda existir, al lado de lo órfico, una “voz lógica” que surgiría de lo consciente, por sí misma. Esa voz lógica sólo puede existir como modulación de la otra (es decir: posterior y menor), no como alternativa del mismo rango.

En suma, y configurando una poética que tiende lazos hacia la “razón metafórica” (Judith Schlanger, Les métaphores de l’organisme; Vrin, 1971) o hacia el pensamiento metafórico de Blumenberg (Paradigmas para una metaforología, Trotta, 2003), el libro de García es una apuesta intelectual de gran calado; en primer lugar (y como toda poética), es una apuesta por su modo de entender la poesía; en segundo lugar, por un modelo de trabajo intelectual digno y riguroso que no suele abundar, por desgracia, en nuestras letras, y mucho menos en nuestra poesía, de cualquier edad. La generosidad del volumen, que no esconde sus referencias ni sus ascendentes; la manifestación final de un compromiso volcado hacia la sociedad desde la palabra; su fino planteamiento argumental, y el elegante y efectivo estilo de este libro, lo convierten en una obra absolutamente necesaria para entender muchos de los problemas actuales de la poesía y la literatura españolas pero, sobre todo, fundamental para entender el futuro próximo de las mismas.


Notas
(1) Agapito Maestre, “Estudio preliminar” a Varios Autores, ¿Qué es Ilustración?; Tecnos, Madrid, 1999, p. XII.

(2) Cf. F. Jameson, El realismo y la novela providencial; edición de Julián Jiménez Heffernan, Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2006, p. 33.

(3) José Luis Pardo, La metafísica; Pre-Textos, 2006, pp. 41-42.

(4) “Por la palabra ‘imagen’ entiendo (…) no una ecuación matemática, no algo acerca de a, b y c, que tienen algo que ver con la forma, sino algo acerca de mar, elegir, noche, cosas que conciernen al templo del alma. La imagen no es una idea. Es un nudo o una maraña de irradiaciones; lo que yo puedo y debo forzosamente llamar un VÓRTICE”; Ezra Pound, “Vorticismo (IV)”, Il mare; Berenice, 2006, p. 27.

(5) “Es preciso introducir aquí la distinción lacaniana elemental entre la proyección-identificación imaginaria y la identificación simbólica. Según su definición más concisa, la identificación simbólica consiste en asumir una máscara que es más real y vinculante que el rostro real que hay debajo (de acuerdo con la idea lacaniana de que el fingimiento del ser humano es el fingimiento del fingimiento mismo: en un engaño imaginario, simplemente presento una falsa imagen de mí mismo, mientras que en un engaño simbólico presento una imagen verdadera y cuento con que sea tomada por una mentira…)”; Zizek, Lacrimae rerum; Debate, 2006, p. 229-230.

(6) “El retorno del mito significa la vuelta de los grandes relatos”; José Luis Molinuevo, Humanismo y nuevas tecnologías; Alianza, Madrid, 2004, p. 94.


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Comentarios

  1. Una crítica muy interasante para mí. Ahora mismo vengo de la librería, y he comprado el libro. A ver. Pinta bien.

    [Por cierto, aviso a los editores de Berenice si es que alguno nos escucha: pedí el de Metamorfosis Registrada, [[título cojonudo donde los haya]], y además de no tenerlo me dicen que encargar cualquier título de la editorial Berenice en Mallorca es una odisea. El editor les remite a los distribuidores, y los distribuidores no se ponen al teléfono. Ya me pasó con Cero Absoluto, y con el de J.Carrión, La Brújula, si no recuerdo mal]

    Agustín Fernández Mallo — 24-06-2006 14:49:23

  2. Es tan entusiasta tu comentario que comprare el libro de ese autor.Mas adelante opinare.

    leo zelada — 24-06-2006 16:58:36

  3. Es un gusto contar con autores que se manejan bien por las aguas difíciles de la hermenéutica. Por otra parte, suscribo por completo la afirmación (de Vicente, en este caso), de que a los poetas jóvenes les vendría bien una "mano de pintura" filosófica. De lo contrario, caen en una poética desfondada y frívola, en la que muchas intenciones se convierten en gestos huecos.

    mario — 26-06-2006 16:26:14

  4. Sobre todo, sirve para hacerse consciente de que muchos ya han pensado antes y mejor que uno, y se reserva uno su voz para emitirla sólo allí donde de verdad diga o enuncie algo de valor. Leer el pensamiento de los demás concede humildad al propio. Y la poesía española, no así la hispanoamericana, no anda sobrada precisamente de humildad. Saludos.

    vicente luis mora — 26-06-2006 18:03:33

  5. Al hilo del comentario al libro de Eduardo García, encuentro en el estupendo ensayo Poesía sin estatua (Pre-Textos, 2005), de Álvaro García, que ahora estoy examinando, lo siguiente:

    "En el villancico o en la oración infantil, la trascendencia, el ir más lejos que la simple lógica o el simple realismo, encuentra un lenguaje también liberado de la gravedad o la gravidez de conectar sólo lo previsible: en la lírica popular española trasmitida oralmente y por tanto sometida a la justeza y levedad necesarias a ese pasar sin ser escrita de una generación a otra, Rafael Alberti ha visto cómo hay 'maravillosas retahílas' en las que ya puede verse una 'exaltación de lo ilógico' en que el Surrealismo tendría un largo y arraigado antecedente temperamental que nos permite reflexionar cómo el método creador del Surrealismo iba a seguir en buena medida el difuso, progresivo y secular método creador de la lírica popular, no escrita y anónima: casi la vida misma puesta a cantar sus conexiones menos evidentes". (pp. 44-45)

    vicente luis mora — 26-06-2006 19:39:20

  6. vosotros no habéis visto hacer encaje de bolillos a las mujeres en alcadozo. vosotros no sabéis la cantidad de verdad que hay aún en la lengua de los pueblos castellanos. el humor surrealista de lo popular. su amor por lo insólito. la conciencia de la vejez del mundo (aunque propp sí).
    lo postmoderno no es un ente, no lo olvidemos, es sólo una construcción para hacernos entender sin ser continuamente explicativos. más que de posmodernismo, hablamos aquí de literatura comparada, ¿no?.
    a lo mejor me equivoco.
    pero me da la impresión de que el entrecruce de discursos es mucho más fluido de lo que parece, y empiezo a sentirme incómoda ante la disociación postmodernos/no postmodernos.
    y eso que lo soy.
    porque lo soy.


    un abrazo

    superwoobinda — 26-06-2006 23:10:07

  7. Me uno al entusiasmo generado por la crítica sobre el libro y ya tengo asegurada, entre otras, lectura para este verano. Muy interesante Vicente tu texto. Me quedo, de momento y a falta de la lectura atenta del libro, con la idea de la recuperación del símbolo como atizador de la poesía. Percibo en una parte de la última poesía española un cierto desencanto respecto al carácter indagatorio del símbolo, y como decía Adolph Gottlieb: "Mis símbolos preferidos eran los que no acaba de comprender". Saludos a todos y tan pronto como pueda me pongo con el texto de Eduardo García.

    Ernesto Garcia Lopez — 27-06-2006 08:32:19

  8. Bueno, sí, qué duda cabe de que la escritura surrealista busca conectar con las fuentes vivas y anónimas de la inspiración que atraviesan las zonas más recónditas del sujeto. Pero no perdamos de vista, por favor, que detrás del surrealismo está -como edificio por derribar- el Racionalismo y la Ilustración, y -como fuente viva- las experiencias fundadoras de la Revolución Francesa y la Comuna, el Romanticismo, el Simbolismo, y la recepción tempranísima del psicoanálisis... asuntos todos ellos que Eduardo evoca en su ESPLÉNDIDO libro, y que están, en cambio, soberanamente ausentes tanto de la Historia como del tejido de la anémica "cultura" de este país.
    Hago esta precisión tan obvia, por el riesgo que observo de que el personal se lance enfebrecidamente al menosprecio de la ciudad y la alabanza de la aldea, a la apología de las entrañables viejucas de los pueblos y a la entronización de lo RURAL... esterotipos, todos ellos, de los que yo creo que nuestro panorama intelectual está, a estas alturas, entre sobradito y estragadito.

    Saludos para todos/as.

    ángel zapata — 27-06-2006 13:44:01

  9. si aludes a mi post, te equivocas tantísimo. pero es que los romances y el sentido del humor manchego (véase chanante) son muy surrealistas. sólo quería significar que no somos los descubridores del pastiche y la interferencia.
    vivo en la glorieta de bilbao.
    y si pertenezco a algún panorama cultural en concreto, desde luego que no es el relativo a lo rural. pero no lo niego, sin embargo.
    me parece que estamos perdiendo (de nuevo) el debate. lástima.

    superwoo. — 27-06-2006 14:00:39

  10. Zapata,
    te habrás quedado nuevo, hijo.
    Qué panzada de tópicos llevas encima!!!
    ...dios...

    Q. h. — 27-06-2006 14:51:18

  11. He lèido una apologia sobre los pueblos de España,mas debo decir que naci y prefiero vivir en una ciudad.Particularmente el provincianismo de los pueblos castellanos me repele,esas actitudes xenofobicas,ese culto a los tradiciones conservadoras cursis,esa mirada de indignaciòn hacia lo otro, me molesta.Ciudades grandes como Barcelona y Madrid cosmopolitas e intercultuarales me agradan.Lo mejor de España no esta en sus pueblos sino en sus grandes ciudades.

    leozelada — 27-06-2006 16:38:59

  12. Los franceses son bien graciosos hasta sus muestras maa radicales de antirracionalismo como el surrealismo son bien cartesianos.Sino revisar los manifiestos del surrealismo,su apologia a la irracionalidad es todo un "tratado" desde la otra orilla.

    leozelada — 27-06-2006 16:42:41

  13. Si lo de Eduardo García es una poética del límite, lo de este leozelada es una ortografía/sintaxis/puntuación sin límites. Mora, Morita, exige al menos corrección lingüística: si no puede haber perspicuitas, que haya al menos latinitas. O volveré a los versillos... Por cierto, parece que estos provocaron que los participantes se lo estén pensando -o leyendo el libro- antes de seguir opinando sobre el vacío.
    Un abrazo al sobrino de Ferré (que, ciertamente, no me conoce).
    Y otro para ti.
    Bueno, para todos, que la vida es bella y estoy viendo la playa.

    Ramon Carballo — 27-06-2006 17:06:58

  14. La pretensión del surrealismo no es "antirracionalista", mon cher Zelada, sino super-racionalista; es decir: busca una razón integradora (no excluyente), capaz de alojar en sí lo irracional, en una línea muy similar -en este punto al menos- a la poética propuesta por Eduardo en su libro.
    Diferirían, eso sí, en que el surrealsimo no reconoce lo estético como un dominio autónomo, y apuesta por una poesía no-separada, y llamada a encarnarse en el tejido mismo de la vida.

    angel zapata — 27-06-2006 17:45:41

  15. A la pretensión de los símbolos no le viene bien la inflexión postmoderna sino más bien la transparencia. El adiós a la metafísica produce la derogación de la metáfora hasta esto, lo de ahora -lo postmoderno-: un parloteo disperso que satisface las demandas de un mercado de diferentes nostalgias del discurso.
    Para que finalmente el término postmoderno sea tan adorable como el término surrealismo deberemos insertarlo tanto como lo fue el surrealismo en la experiencia cotidiana de tres al cuarto, hasta que cualquier cosa pueda ser detectada por su superficie y, en lugar de describirla como "art decó", podamos llamarla "postmoderna", siendo una evasión o nostalgia más. Efectivamente a los surrealistas les encantaba lo rural aunque no lo confesaran, Buñuel se surrealizaba con sólo mostrar a un burro por París o a unos curas paletos arrastrados por los salones de dicha ciudad, lo rural descontextualizado es puro arte, ya sea surrealismo o realismo mágico, es puro Duchamp como los urinarios humanos de gran hermano, un estúpido, un don nadie, puesto en el centro del ojo de todo el mundo.

    Baudrillard — 27-06-2006 21:03:34

  16. Leo Zelada: Temo ser poco original haciendo notar lo que me indigna sus tildes huidas, sus comas travestidas y sus espacios después de punto y seguido desaparecidos. Quién se cree usted que es para someter a nuestra honorable lengua a esos inmundos atropellos? Recuerde al Camus de: "Mi patria es la lengua francesa". Sin asomo de nacionalismo chusco, pero es bien cierto. Esto me viene de perlas para responder también a sus comentarios sobre los alegres pueblos de mi patria. Hablaba superwoobinda de su entusiasmo por el lenguaje del riachuelo y las lavanderas españolas, y a usted no se le ocurre más que saltar a
    descalificar nuestras entrañables aldeas. Me pregunto si a usted le enseñaron a escribir así en la ciudad, en mi pueblo lo hicieron de otro modo! El lenguaje que únicamente conocemos hasta el extremo de encararnos con él es el del sustrato, el que aprendimos a codificar en nuestras observaciones primeras. No es una limitación, es nuestra historia basal. Aunque me pasara las cuatro próximas décadas en Nueva York, Londres, Madrid o aledaños jamás lograría asociar los vericuetos de su lengua porque siempre acabaría apelando a la niñita llorona que le tiraba de la falda a la madre en el mercado de la plaza mayor. Su cosmopolitismo de segunda no sirve para mis propositos, cualquier escritor o crítico sólo puede y debe aspirar a morar en la palabra. Europa y sus urbes con tanto laberíntico laicismo ya
    no son más que un nido caído de la rama firme siendo arrastrado a la
    deriva por charcos meados de residuos bajo la comandancia simiesca de acicalados ineptos. No hay más que ver a sus ciudadanos y su inepta y simiesca ortografía.

    Sophie Volland — 27-06-2006 21:16:05

  17. propÓsitos, señorita Sophie.

    el corrector. — 27-06-2006 22:16:15

  18. Era sólo una broma de aburridísima noche de martes, espero no ofender a nadie. Muchas gracias, corrector!

    Sophie Volland — 27-06-2006 22:30:30

  19. bueno, bueno. no me he hecho entender (again). parezco el elemento disruptivo: introduzco elementos que distorsionan la conversación y la disparan hacia lugares raros. ¡pues eso quería manifestar!, lo que otras veces ha expresado vicente: que el posmodernismo no está constreñido al siglo XXI y a los nexus seis. que en principio, es una corriente o tendencia opuesta al funcionalismo y al racionalismo modernos. y eso hacen las bolilleras, el ejemplo que os ponía: tienen un sentido del humor amante de lo absurdo, de la mezcla. creen sin creer.
    ¿me explico?
    ¿alguien ha visto el neorrealismo mágico de almodóvar en volver?¿tenéis idea de lo que estoy hablando?

    superwoo — 27-06-2006 22:31:24

  20. reaaaa
    reata
    resma
    tabanco
    chiribitil
    especiero
    altillo

    Sí, el léxico rural es soberbio. Las microsociedades rurales son tablas náufragas del léxico patrio. Las costumbres morales de los pueblerinos gozan de la indiscutible superiodidad morbosa del que debe transgredir el tabú con el perro de un primo a no más de 800 metros de la antigua casa familiar. El inceso se ejercita apenas disimulado tras una parra y sólo con agacharse un poco puede observarse el rebosar carnal de los gluteos de la cuñada sobre y bajo las lindes de la faja. No he visto "Volver", pero me suena a que habrán fajas y primas y perricos. Que vivan Requena y Utiel!

    Sophie Volland — 27-06-2006 22:54:04

  21. Ojo, Sophie: lee el ensayo de Julián Jiménez Heffernan sobre la obra de José-Miguel Ullán que comienza con el famoso verso del poeta: "estripa terrones, Paco" (Los papeles rotos, 2004). El lenguaje del campo, de lo rural (mira también La casa de Anteo, de Philip Silver, y su agudo análisis del "objeto natural" vía Paul de Man) es uno de los más potentes ontológicamente y cargados simbólicamente que existen. Acercarse a él evitando sus muchos peligros es parte de alguna de las mejores estéticas líricas de nuestra historia, como demuestra el propio Silver. Saludos.

    vicente luis mora — 28-06-2006 00:10:15

  22. Y tengo que ver Volver. Azorín decía que "vivir es ver volver", ja ja, qué gilipollez. Disculpad, es el vino. Never again. Saludos.

    vicente luis mora — 28-06-2006 00:11:55

  23. Es que quería rebasar los 500 comentarios. Por cierto, Baudrillard, has superado a Jonathan, un clásico del blog. Y me ha gustado mucho tu último post. Zelada no tiene nada que hacer contigo, es España (o Ecuador) luchando contra Francia, en más de un sentido. Saludos.

    vicente luis mora — 28-06-2006 00:13:43

  24. Muchas gracias por tus recomendaciones, esta misma tarde hurgaré en la biblioteca, Vicente. Yo también querría compartir mis lecturillas por aquí (mucho más modestas)
    Después de lo dado:
    Leo esta mañana al gordo Lezama Lima en un ejemplar del libelo "Sierpe de don Luis de Góngora/Las imágenes posibles", estudio libertario y de ineludible lectura para nuestro oneroso aprendizaje de esa asimilación personal del cosmos que es la poesía. Se lo editó el corrillo literario-burgués de Barcelona de los sesenta-setetenta, es un cuadernillo de tipografía clandestina de manifiesto
    sindical, adorable librín color marrón, breve y apretado como el culito astral de las actrices porno rubias teñidas.
    Lezama dice: "El sistema poético no pretende tener ni aplicación ni
    inmediatez. No aclara, no oscurece, no se derivan de él obras, no hace novelas, no hace poesía. Es, está, respira. Lo mismo repasa una superficie muy pulimentada, sigue en una ballena, pone huevos de tortuga en el espacio vivo. Lo que pretendo es un henchimiento, una dilatación de la imagen hasta la línea del horizonte. Ese henchimiento se acerca con veneración a don Luis de Góngora,
    respirante y carbunclo, lince de diamante, grave como la mariposa cuando ya no está."

    Buenos días a todos, nublada mañana de finales de junio, se acabaron las clases, legañas, melancolía, sítcoms malas...

    Sophie Volland — 28-06-2006 11:39:23

  25. Sí, Vicente, el vino, el vino, para olvidar el 3-1.

    Baudrillard: dices, "Para que finalmente el término postmoderno sea tan adorable como el término surrealismo deberemos insertarlo tanto como lo fue el surrealismo en la experiencia cotidiana de tres al cuarto, hasta que cualquier cosa pueda ser detectada por su superficie y, en lugar de describirla como "art decó", podamos llamarla "postmoderna", siendo una evasión o nostalgia más."

    ¿No crees que eso ocurre ya? ¿No crees que, en efecto, lo que se puede considerar como posmoderno ya lo detectamos por todas partes porque quizá ya se esté finiquitando todo eso, o se haya pasado a otra etapa dentro de la propia posmodernidad? El otro día leía en no sé dónde que los teóricos denominaban a nuestra era ya como Hiperrealidad unos, y Transmodernidad otros, conceptos ambos antagónicos. El primero vendría a ser, en fecto, una especie de posmodernidad tardía, y el segundo una especie de Modernidad puesta al día. Creo.

    Agustín Fernández mallo — 28-06-2006 16:17:41

  26. Agustín, leche, ¿dónde leíste eso? Me interesa mucho. Por favor, localiza la referencia. Hace bastante tiempo colgué aquí un post precisamente sobre eso.

    vicente luis mora — 28-06-2006 19:57:15

  27. Tienes razón Agustín se trata de eso, al tiempo que lo escribía iba pensando en eso mismo, en que realmente ya funciona esa superficie reconocible de lo postmoderno, quizá nosotros deberíamos buscar la forma de morder esa superficie, un leve mordisco bastaría.
    Creo que el referente artístico es muy elocuente para las letras porque en los últimos años se ha dinamizado y mostrado "al desnudo" tanto peligro disfrazado de logro.
    Es un placer entrar en esta trinidad, contigo y con Vicente, de los mayores posteadores. Sinceramente no creo merecérmelo, casi no he escrito nada desde hace mucho.
    Sobre lo del partido del otro día de España una cosa: Aunque me resisitía a verlo, al final, me vi dentro de esa pasión y ¿no creéis que se trataba de una cosa totalmente literaria, el siglo de oro y el 98 revividos en ese sentimiento de comernos el mundo y, al instante, naufragar en la más absoluta derrota? Lo que era imposible para nosotros (meter un gol en el último minuto) se torna no sólo posible sino real para los otros.

    Baudrillard — 29-06-2006 18:39:34

  28. Seguramente me expliqué mal, o deprisa, o algo, pero el hecho es que la fusión arte/vida a la que aspira el surrealismo no tiene nada que ver, ni de lejos, con la apropiación indebida de ciertos iconos y practicas ligadas a este movimiento por parte de los dispositivos culturales burgueses. Este es más bien -y hasta el momento- uno de sus fracasos. (Aunque, por otra parte, tampoco está claro que la dicotomía “éxito/fracaso” -deudora del utilitarismo mercantil- sirva para describir adecuadamente la trayectoria de ningún proceso genuinamente emancipador -ni en lo colectivo ni en lo individual-, y ya el propio Breton nos puso en guardia, desde luego, frente a todo aquello que “triunfa”.)
    El surrealismo, pues, no aspira ni aspiró nunca a inundar con sus “productos” las redes de distribución del mercado. Aspira a una sociedad finalmente liberada del mercado, lo que es algo muy distinto. Por lo mismo, “la poesía debe ser hecha por todos” -esta visión de Lautréamont que el surrealismo convierte en bandera-, ni siquiera apunta sólo o en primer lugar a una especie de “democratización” de la escritura poética, a la abolición de la poesía en tanto práctica especializada. Más allá de esto, el desplazamiento que la consigna opera hace surgir, antes que nada, el novum de una poesía que debe ser HECHA, no escrita; y la altura de su aspiración, vuelta hacia el mito de la Edad de Oro, se mide por la voluntad de terminar con el confinamiento de lo poético en el recinto angosto y desnaturalizador de un “género literario”, a fin de reintegrarlo a la corriente misma de la vida.
    Para el surrealismo, pues, la cuestión no puede ser nunca la de barnizar de supuesta poesía las baratijas que “llenan” nuestra vida. Sino la de hacer de la vida misma del ser humano, en una sociedad transformada, poesía-realmente-existente.
    Qué duda cabe de que una posición como esta se expone a todos los relativismos, y a la condescendencia de la sonrisa escéptica... Aunque a este “escéptico”, eso sí, cabría exigirle una porción por lo menos igual de sensibilidad hacia el ridículo, cuando el próximo sábado, de mañanita, esté empujando su carro de la compra en Carrefur, como un monaguillo obediente para con las liturgias y los mitos de sus Amos.
    Si hemos de ser escépticos, seámoslo de una manera seria. Hasta el momento no se ha detectado ninguna suerte de masoquismo congénito en la especie. Y por eso, no es impensable en absoluto una sociedad en la que el hombre defina su vida por la disposición para la “póiesis”; si de hecho está siendo posible esta otra, donde se deja reducir a algo tan regresivo, antinatural, amenazante y patético como lo es la figura del “consumidor”.

    Saludos para todos/as.

    ángel zapata — 29-06-2006 18:47:56

  29. Sí, Ángel, pero no se trata -desde la visión postmoderna- ya más de desentrañar la poética pura del surrealismo ni de cualesquiera movimientos producidos desde el interior del arte sino lo que, al fin, es en el mundo el surrealismo, lo que es todo reflejado en el rostro de la masa. Esa vaga o profunda hemenéusis tocó a su fin cuando ya ningún núcleo mítico del arte funda ningún arte sino que la institución artística es la que promueve la mínima visibilidad de todo. Lo que quisiera bretón o no es cosa que sólo nos interesará ya a cuatro nostálgicos pues las artes ya serán cosa de las masas.

    Baudrillard — 29-06-2006 19:17:54

  30. ¿no era eso lo que queríais, las bodas de la alta y baja cultura?
    si no me confundo, el contenido del término "hiperrealidad" no se refiere a lo que tantas veces habéis definido tan bien: una realidad que contiene elementos a partir de los cuales se puede acceder a otra realidad.
    para baudrillard (el real) la hiperrealidad es digamos, el hecho de que todo parezca más real que lo que es. si vas al vips, por ejemplo, las patatas fritas se acercan más a tu imagen mental de patatas fritas: son amarillas, tiene el tamaño perfecto y brillan. el tomate del súper no tiene imperfecciones, las manzanas parecen son rojas e iguales unas a otras. todo, como en los macdonald´s, tiene más color, es más grande. su imagen es "más" que ello mismo, es hiperreal.
    como los cantantes. como los complejos de carretera.
    más o menos eso contaba en un libro llamado "las estrategias perversas" o algo así, que alguien no me devolvió.
    nuestro baudrillard hiperreal gana al baudrillard real, por ejemplo.

    superwoo — 29-06-2006 22:03:42

  31. oh. se me había olvidado la paradoja de la hiperrealidad, aunque todos la saben:
    ni edurne ni la special vips saben a nada.
    todo es imagen.

    superwoo — 29-06-2006 22:15:34

  32. ay ay ay
    que no. que haciendo memoria he recordado. también el sabor es potenciado hiperrealmente, también se le exige que sepa a _ pero más.
    en mi sector (publicidad) sabemos que las personas no quieren ser otras, sino que su deseo es ser ellos, pero mejores. así es la buena cirugía: notas que bustamante está mejor dentro de lo que cabe, pero no sabes si es el corte de pelo, y es que en realidad se ha retocado la nariz. trabajo sobre la identidad de marca: hacemos que las empresas parezcan quienes quieren ser. real madrid: pureza deportiva. para efe, creamos un discurso basado en HAL, de 2001 odisea del espacio. dove: belleza real. les tratamos como a una persona: decidimos la música de su hilo, sus colores, su tipografía, el estilo verbal, de ilustración y foto, el tacto y a veces (starbucks, natura) el olor.
    una poeta entre otros muchos (fernando beltrán) trabajando para el lado oscuro.
    pero como dice julián cañizares, hay que pagar el alquiler.
    perdón por esta falta de elegancia de tres post seguidos.

    un abrazo.

    superwoo — 29-06-2006 23:08:18

  33. No te disculpes. En otro rincón del post Agustín FM y yo mismo señalamos las similitudes entre la publicidad y la poesía. Mejor dicho, la publicidad ocupando el lugar de la poesía. Agustín llegó a afirmar que la verdadera poesía estaba ahora en los anuncios de la tele verbalizando una idea detrás de la que llevo algunos años (la condensación, el mensaje, el recurso a lo simbólico y lo metalingüístico). Tú pagas el alquiler con la publi, lo mío es peor. Doy clases -esquizofrénico perdido- sobre lengua y literatura a unos adolescentes que me miran como a una sonda espacial. Tenemos que hablar sobre el lado oscuro. Habría que incluir a la publicidad como el octavo, noveno? arte y hacerle un sitio a la derecha? de la poesía.

    Por cierto, lo de Agustín FM es casualidad, no porque nos ilustre a menudo con las letras de sus grupos.

    antonio alcaide — 29-06-2006 23:49:21

  34. Jo, jo,jo, qué bueno, me parto de risa, Baudrillard: el desbanque de España en los Mundiales como revisión del "desastre del 98". Cojonudo. El fatum.

    Suerwoo, sí, un gran libro ese de Baudrillard (el del francés, no del bloguero, claro), Las Estrategias Fatales (Anagrama). Tendré que desempolvarlo. Recuerdo cuando lo devoré, hace no sé cuántos años. Fue una tremenda revelación.
    Estoy bastante de acuerdo con tu definición de hiperralidad.

    ¿Os imagináis que nuestro Baudrillard fuera "realmente" Baudrillard?

    Agustín Fernández mallo — 30-06-2006 00:03:30

  35. hola agustín. yo lo leí allá por el dos mil, y para mí fue un ladrillazo.
    hola antonio: sí, tenemos que hablar. mi sector se autodenomina branding y no publicidad, porque no hacemos anuncios, hacemos las marcas verbales con sus correspondientes marcas gráficas y sus "instrucciones de personalidad" que vendemos en lo que llamamos Manual de Marca. éste contiene logos, tipos, pantones, ejemplos de gráfica publicitaria y en general reglas de cómo representarse controladamente para dar una imagen de coherencia. de ser un ente íntegro. una vez creada la personalidad crear lo que llamamos “pieza de comunicación” es consecuencia secundaria: la página, el anuncio, las camisetas, las señales de la ciudad deportiva.
    nos autodenominamos guardianes de marca.
    los procesos de creación en este mundo se generan en la poiesis, pero digamos que son gestados, nacen y viven mediados. eres el creador de un encargo con fecha de presentación y que únicamente pervivirá si es efectivo. están pervertidos en el sentido que expresa baudrillard. a pesar de todo pones el amor que pondrías en un frankestein, golem, maría, nexus seis, y eso cuenta.
    es muy difícil de explicar la duda que genera: aprendes cómo determinados elementos dispuestos de determinada manera funcionan juntos, aprendes a estructurar el mundo piscológicamente en una sinestesia en constante movimiento de cuchillas.
    sin embargo, no es arte.
    pero es lo más cercano al mundo de hoy que he conocido, y me enseña cuál es el de manaña. ¿lo hace eso menos válido?¿o es la duda fe?
    por favor y sin malicia, agradecería enormemente la abstención de comentarios promarcusianos.


    si baudrillard fuera baudrillard, ¿qué desbaudrillardador lo desbaudrillardía?, porque él mismo no podría representarse, ¿no? buf.
    un saludo

    superwoo — 30-06-2006 00:23:17

  36. Por lo que cuentas -necesito leerlo más veces y más lentamente- la publicidad parece un replicante del arte. Sigue las mismas reglas, pero no para los mismos resultados. Lo de guardianes de marca y las pinceladas que das de vuestro trabajo ponen los pelos de punta. Imaginamos que la publicidad es así de hard y de dirigida, pero en nuestro fuero interno nos queda una duda razonable. Pues no. Sobre la división entre instrucciones de personalidad y pieza de comunicación conocía la diferencia intuitivamente, de ver maratones publicitarios y escuchar la jerga de los miembros de los jurados de los premios de publicidad (hay que observar al enemigo, al otro, que lee lo que tú, escribe como tú, pero en realidad hace anuncios).

    Siguiendo la idea del extrañamiento y la alienación -pasada el el relato Tlön de Borges-, podría afirmar que, como aquí, donde vivo y escribo, no soy publicista, tiene que haber un mundo, donde no vivo ni escribo, donde lo sea. Los mundos paralelos, sliding doors.

    Guardianes de marca. ¡¡UFFF! Suena a historia de Auster. Volveremos a encontrarnos ahora que ya sé con lo que pagas el alquiler.

    antonio alcaide — 30-06-2006 00:42:13

  37. Perdonen que interrumpa.


    Mi muy querida Superwoo,

    Lo que haces no es poiesis desde una perspectiva clásica, pero sí desde una perspectiva originaria.
    Los primeros poietai no eran creadores. Eran instrumentos de la diosa. Recibían la poiesis desde el mundo de lo suprahumano y la codificaban y transformaban en algo compresible para sus congéneres. Eran iniciados que dominaban y usaban códigos lingüisticos con los que expresaban el mensaje divino hasta hacerlo “consumible” por humanos.

    Tú eres una tecno-poietai. Sirves a fuerzas superiores a ti. Eres un instrumento, una herramienta de los nuevos dioses. Tú te encargas de transformar, codificar, de asignar mensajes a los objetos que los conviertan en hiperreales.
    Tú te encargas de descodificar el gran relato (young lovers never die) y recodificarlo dentro de la marca.
    El consumidor recibirá de ti un objeto hiperreal, porque tú, mediante técnicas (tcnos:artes) accesibles sólo a los iniciados, entretejes en el producto el mensaje de los dioses a los que sirves.

    El pobre consumidor está a expensas de tu talento.


    Feliz finde. :)

    Sísifo k. — 30-06-2006 10:20:42

  38. Una anécdota publi-literaria de uno que estudió "Publicidad y Relaciones Públicas": No sé si sabréis que William Burroughs tenía un tío que se llamaba Ivy Lee. Pues bien, el Ivy Lee éste, según nos contaron en la facultad, "inventó" lo que se conoce hoy como Relaciones Públicas, que es básicamente lo que todo el mundo entiende por propaganda, pero quizá con ese matiz moderno de la construcción de una imagen y de un mensaje hiperreales. Entre los mejores clientes de Ivy Lee estaba, por ejemplo, el partido nazi.
    Esto nos lo contó el profe de Relaciones Públicas en su día. Supongo que será cierto.

    David M — 30-06-2006 11:10:45

  39. Sí que es cierto... Para los interesados: léanse los 5-6 últimos párrafos de esta crítica que hace un tipo en prwatch.com (supongo que significa public relations watch) a cuento de un libro que al parecer repasa la historia de la Relaciones Públicas en EE.UU. pero omitiendo los aspectos más... sucios:

    http://www.prwatch.org/prwissues/1996Q4/ewen.html

    David M — 30-06-2006 12:24:28

  40. ¿Cómo escribir un buen poema?

    Lucia — 30-06-2006 18:33:26

  41. Eh, eh, eh... un momento, qué es eso de ficcionalizarme como un más Baudrillard que Baudrillard, a ver si la ronda de hiperrealidad la voy a pagar yo...
    Es muy interesante lo que dice el Baudrillard real sobre el ketchup, que sustituye a la comida -la esencia de la comida- por la intensidad de la sensación... por eso que con esos fenómenos cómo podemos pensar en internarnos en la poesía postmoderna, efectivamente es atractivo ese abismo, esa aceleración en el vacío ¿os atrae? o es inercia. Dice Derrida que la metáfora sólo es posible dentro de la metafísica, ¿es posible la poesía ahora, es poesía la poesía de ahora o es otra cosa que desciende de ella o un resto de ella? Son cosas tan cruciales que no acabamos de despejar con lo que seguro queda afectada nuestra voz sin esperanza histórica.

    Baudrillard (el hiperreal) — 30-06-2006 18:35:12

  42. Estimados generosos,

    ¿Podrían recomendarme algún libro (libro, blog, web...) que me ayude a romper con mi tradicional esquema poético?
    Llegado al intento 67, me siento un poco desencantado con todo lo escrito, y necesito renovar mi visión radicalmente para poder adoptar una diferente (quizás más eficaz) postura de ataque (enfretamiento).
    Me resulto repetitivo, cansino y poco transgresor. Y no es que pretenda transgredir la ley poética (si es que realmente existe una ley poética), pero sí me gustaría dar a la mia un nuevo enfoque para sentirla un poco más propia. De momento no sale nada y estoy empezando a desesperarme...Un poco de ayuda me vendría bien.

    saludos agradecidos,

    Tipo de incognito — 30-06-2006 19:21:54

  43. Baudrillard, cada día estoy más de acuerdo contigo.

    Bueno, amigos, me largo de vacaciones; hasta agosto sin red; suerte. El lema para este verano: "más vale ser punki que maricón de playa" (Siniestro Total dixit, 1982)

    Os dejo con un poco de vida naif:

    ARTE (del CD "Popemas",
    sello Elefant Records, 2002)
    Letra y Música, NOSOTRASH

    Durmiendo la siesta,
    bailando en la fiesta,
    nadando en el mar,
    fumando después del café,
    fumando después de...
    después de la tarde.

    Cuando se enciende la noche en el monte,
    cuando cruzamos mi ciudad en coche,
    mientras que suena el casset...te
    con su voz ronca de Jac...ques Brel.

    Mirarme en tus ojos,
    oírte charlar,
    dejar que me peines en vez de pensar,
    dejarme abrazar por cualquiera,
    que sepa mentirme,
    que bese con fuerza.

    Volver a tus brazos,
    sentir tu rechazo,
    gritar hasta quedarme afónica,
    llorar hasta que me entre la sed,
    beberme un buen vino
    y poderme comer un bistec a la plancha.

    Dormir cien mil horas,
    soñar que me quieres
    y no hacerme daño el pellizco,
    volver a encontrarte a mi lado,
    volver a abrazarte y desayunarte,
    esto sí que es arte...

    Agustín Fernández mallo — 30-06-2006 20:24:58

  44. Leo a Baudrillard sobre Baudrillard, me inquieta el ketchup de repente sobre la mesa, y no puedo dejar de aventurar algunas reflexiones hipocráticas. ¿Os suena el "síndrome del restaurante chino", más popularmente conocido por síndrome del glutamato monosódico o asma inducida por glutamato? Los síntomas --potencialmente mortales-- pueden ser similares a los de cualquier otra reacción alérgica severa y requieren atención médica inmediata. Incluyen inflamación de la garganta, dolor torácico, palpitaciones cardíacas y dificultad respiratoria. La causa es un popular potenciador del sabor del que se hace generoso uso en los restaurantes chinos, y en la rápida comida basura en general:el glutamato monosódico, químicamente similar a uno de los neurotransmisores (glutamato) más importantes del cerebro humano.

    Sólo quería sugerir que "sustituir la comida -la esencia de la comida- por la intensidad de la sensación", fuera del ciberespacio, tiende a enfermarnos: y que --por añadidura-- en realidad las sensaciones más intensas no se obtienen con el ketchup. Lo más adictivo no es lo más intenso. Un buen tinto bate a cualquier ketchup (aunque exija más trabajo aprender a apreciarlo). En cuanto a las ciberrealidades y a las otras realidades, y la poesía posmoderna junto con las demás poesías, juraría que lo mismo, mutatis mutandis.

    Jorge Riechmann — 30-06-2006 20:26:15

  45. Señor Baudrillard,
    discúlpeme las preguntas. Cuando usted se refiere a la poesía, a qué poesía en concreto se refiere? A la de quiénes? Y cuando dice poesía de ahora, a cuál de ellas en concreto? Y desde cuándo hasta cuándo es "ahora"?...
    Partiendo de que haya un ahora´y un antes de ahora, fué la de antes de ahora poesía? desde cuándo hasta cuándo ha sido poesía?
    Cuándo hay poesía y cuándo no la hay?

    gracias de antemano.



    Sísifo k. — 30-06-2006 20:36:59

  46. ¿Por qué, si es posible llevar el plazo de la existencia
    como un laurel, un poco más verde que todo
    lo otro verde, con pequeñas ondulaciones en la orilla
    de cada hoja (como una sonrisa del viento): por qué,
    entonces, tener que ser humanos -y, evitando el destino,
    anhelar destino?...
    Oh, no porque haya felicidad,
    esa prematura ganancia de una futura pérdida...
    No por curiosidad, ni como ejercicio del corazón,
    que también pudiera estar en el laurel...
    Sino porque es mucho estar aquí, y porque al parecer nos
    necesita todo lo de aquí, lo fugaz que de manera extraña
    nos concierne. A nosotros, los más fugaces. Todo una
    vez, sólo una. Una vez y nada más. Y nosotros también
    una vez. Nunca otra. Pero este
    haber sido una vez, aunque sea una sola:
    haber sido terrenal, no parece revocable.

    Y así nos urgimos y queremos llevarlo a cabo,
    queremos contenerlo en nuestras simples manos,
    en nuestra mirada cada vez más colmada y en el corazón
    atónito. Queremos llegar a serlo. ¿Dárselo a quién? Mejor
    consérvalo todo para siempre... Ah, por el otro lado,
    ay, ¿qué se lleva uno más allá? No la mirada, la aquí
    lentamente aprendida, ni nada de lo que ocurrió aquí.
    Ninguna cosa. Entonces, los dolores. Entonces sobre todo
    la pesadumbre, entonces la larga experiencia del amor;
    entonces lo puramente indecible. Pero luego, bajo
    las estrellas, ¿qué ha de ser de eso? Ellas son mejores
    inefables. Pues bajando por la falda de la montaña,
    el caminante tampoco trae al valle un puñado de tierra,
    la inefable para todos, sino una palabra ganada, pura,
    la genciana amarilla y azul. ¿Acaso estamos aquí
    para decir: casa, puente, fuente, puerta, jarra, árbol
    frutal, ventana; a lo más: columna, torre?... Sino
    para decir, compréndelo, oh para decirlo así, como
    íntimamente las cosas mismas nunca creyeron serlo. ¿No es
    la secreta astucia de esta callada tierra, cuando
    impulsa a los amantes, que en su sentimiento, todas
    y cada una de las cosas se arroben?
    Umbral: ¿qué es para dos
    amantes, gastar su propio, viejo umbral de la puerta
    un poco, también ellos, después de los muchos
    que los precedieron y antes de los venideros...? Poca cosa.

    Aquí está el tiempo de lo decible, aquí su patria.
    Habla y confiesa. Más que nunca
    van cayéndose las cosas, las que podemos vivir, pues
    lo que las sustituye, desplazándolas, es un hacer sin imagen.
    Actuar bajo costras, que por sí mismas revientan,
    tan pronto por dentro la actividad las rebasa y se limita
    de otra manera. Entre los martillos persiste
    nuestro corazón, como entre los dientes
    la lengua, que sin embargo
    continúa alabando.

    Alabe el mundo al ángel. No el mundo inefable. Ante
    el ángel no puedes jactarte de tu sentir esplendoroso;
    en el universo, donde él, más sensible, siente, eres
    un novato. Por esto, muéstrale lo sencillo,
    lo configurado de generación en generación, lo que
    como cosa nuestra vive junto a la mano y en la mirada.
    Dile las cosas. Se quedará más asombrado, como
    lo estuviste tú junto al cordelero en Roma o al alfarero
    en el Nilo. Muéstrale qué feliz puede ser una cosa, qué
    libre de culpa y qué nuestra; cómo el propio dolor
    que se queja se encamina, puro, hacia la forma, sirve
    como una cosa, o muere en una cosa —y felizmente escapa
    del violín, rumbo al otro lado. Y estas cosas, que viven
    en el camino de salida, entienden que las alabas;
    pasajeras, nos creen algo que salva, a nosotros, los más
    pasajeros. Quieren que las transformemos por completo,
    dentro del corazón invisible, ¡en —oh, infinitamente—
    nosotros!, quienesquiera que finalmente seamos.

    Tierra, ¿no es esto lo que quieres: invisible
    resurgir en nosotros? ¿No es tu sueño
    ser alguna vez invisible? ¡Tierra! ¡Invisible!
    ¿Cuál, si no la transformación, es tu misión urgente?
    Tierra, tú, amada, yo quiero. Oh, créeme: no necesitas
    más de tus primaveras para ganarme para ti, una,
    ay, una sola es ya demasiado para la sangre.
    Sin palabras estoy por ti decidido, desde hace mucho.
    Siempre tuviste razón, y tu idea santa
    es la muerte íntima.
    Mira, yo vivo. ¿De dónde? Ni la infancia ni el futuro
    son menos... Existencia de sobra
    me mana en el corazón.

    Clemente — 01-07-2006 17:01:09

  47. He estado con trabajo y en mis momentos libres mirando el Mundial y veo que habiendo salido el gato han salido a hacer fiesta los ratones jajaja.

    Al señor "caballo" no le responderé. A Sophie como es una dama le digo a su atingencia, que ese tema de la gramática ya lo explique hace 95 mensajes de anteriores post.

    Como la única respuesta seria era de un señor que hablo del Supraracionalismo que era el término que utilizan los surrealistas a su razón integradora, acoto que mas allá de los buenos deseos de los surrealistas, su pretensión es ni más ni menos la utopía de la razón totalitaria moderna.

    Los surrealistas por ello fueron grandes teóricos de literatura mas no buenos creadores. Por ello los mejores poetas de esa escuela no son Aragón, ni Eluard, ni mucho menos el arisco y seco de Bretón, sino Aime Cesaire y Cesar Moro, como el mismo Bretón en alguna ocasión lo reconoció.

    No sean más papistas que el papa.

    Por ultimo y esto si es golpe bajo Vicente jejeje. Francia fue inmensamente superior a España y le dio una paliza.

    ! A sobarse chavales!

    leo zelada — 01-07-2006 17:42:40

  48. "Pero si despertaran en nosotros un símbolo, ellos,
    los interminablemente muertos, mira, señalarían quizás
    los amentos de los avellanos vacíos, colgantes,
    o pensarían en la lluvia, que cae sobre el suelo oscuro en primavera."

    Sisifo k. — 01-07-2006 18:46:39

  49. cómo está el patio.
    comento rápido:
    1.efectivamente la estética de las dictaduras era neta, con límites marcados, sistemática, dura e hiperdimensionada. lo coherente es convincente. agustín mancebo tiene una tesis doctoral sobre el tema en UCLM.
    2. oh, gracias, sísifo. pero en realidad trabajo para el capital de un gaditano que se deja siempre restos de sustancias en el lavabo.
    3. maravilloso lo del glutamato y el calimocho, cómo ha cambiado nuestro paladar (incluso literario) últimamente.
    y más allá: ¿no estaremos buscando sabores concretos que sabemos que funcionan de antemano?¿no será que sabemos cuál es el público objetivo y cuál debe ser el emisor correcto? ¿existe una literatura de producción, al igual que existe una gastronomía de este tipo?
    ¿es eso censurable?

    un abrazo.

    superwoo — 02-07-2006 21:41:50

  50. Mi muy querida Superwoo,

    Con más razón, jejeje (estaba yo pensando ahora en los dioses y la ambrosía y blablabla), pero callaré, no vaya a estar siendo involuntario apologeta de la cosa chunga.

    Pues creo que sí, sí, sí, y no.

    Creo que es previsible lo que resulta atractivo, y es lícito usarlo, pero ¿Podemos conocer plenamente a otro ser humano que no seamos nosotros? ¿Y podríamos conocer lo más profundo del Ser Humano si no es a tavés de nosotros mismos? Es decir, aparte de todas las búsquedas externas, válidas, aceptables o lo que sea, ¿ No es la capacidad de ahondar en cada quién lo que arroja nuevas luces sobre las zonas oscuras? Y no es eso lo que buscamos? ...Pregunto...

    Sísifo k. — 03-07-2006 19:13:06

  51. Gracias por la referencia de Agustín Mancebo sobre ese tema, Superwoo.
    Muy interesante de todas formas lo de los tecno-poietai que apuntaba Sísifo. También hubo en la facultad -fue precisamente el profesor de creatividad publicitaria el que lo dijo el primer día de clase- quien nos aseguró que seríamos los nuevos sacerdotes.
    De paso doy una respuesta a las cuestiones del último párrafo de Sísifo k, aunque sólo sea por comentar la jugada: No - No - Sí - Sí.

    David M — 04-07-2006 13:40:15

  52. Querido David,

    Podrías alargar tu comentario?

    Otra cosa. Cabe la posibilidad de que seas un David que está esperando respuesta del Sr Carvajal? ;)

    Abrazos

    Sísifo k. — 05-07-2006 19:05:30

  53. Qué hay, Sísifo:

    Encantado de parlamentar contigo. Creo que no conozco a ningún Sr. Carvajal, por lo que en principio no espero respuestas suyas, aunque quién sabe.

    Supongo que me pides que explique el por qué de mi “No - No - Sí – Sí” a tus cuestiones encadenadas. Muy difícil, por motivos de tiempo, espacio y capacidad de raciocinio.

    Para responder, no obstante, diría que “el sabio hace esto y no eso” y también que “el sabio hace esto y no queso”. Ambas afirmaciones derivan del Tao te king, que también dice algo así como que “el tao que se puede nombrar no es el verdadero tao” y también, no obstante, si no recuerdo mal, que “fluyendo si parar se le puede nombrar”.

    En fin, no quiero hacerme el listillo ni nada parecido. Es la mejor respuesta que puedo dar ahora mismo.

    David_ — 06-07-2006 11:59:34

  54. Perdón, el ordenador ha hecho cosas raras, el teclado ha escrito mal sólo y me ha cambiado el nombre.

    David_M — 06-07-2006 12:25:20

  55. Y ahora ha escrito "solo" con tilde... Mil perdones de parte del Halito este.

    David_M — 06-07-2006 14:07:36

  56. Es una respuesta maravillosa.
    Nítida. Exacta. :)
    Muchas gracias

    Sísifo k. — 06-07-2006 15:53:29

  57. Muchas gracias a ti.
    Un placer. :)D

    David_M — 06-07-2006 21:26:13


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