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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

28-05-2006 18:45:54

Un año. Reflexión y propuesta sobre la crítica que queremos

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Un año de Diario de Lecturas. Reflexión y propuesta sobre la crítica que queremos

La reflexión

Hace unos días se cumplió un año del nacimiento de este Diario de Lecturas. El jueves pasado, el blog apareció en el Ciberpaís (edición especial Andalucía), con una foto del crítico, algo cegado por el sol. Este período transcurrido, este Diario se ha convertido en algo parecido a un foro sobre literatura, en el que hay muchas más visitas de lo que los comentarios parecen sugerir, y donde se puede hablar con libertad (siempre que no haya insultos) de todo. Nació como una experiencia piloto que venía a romper con dos ausencias de libertad, una mía y otra de los lectores.

Mi falta de libertad venía constituida por la imposibilidad de decidir, en el resto de revistas y medios donde colaboro con mis reseñas, algo tan esencial como: 1) qué libro criticar; 2) de qué modo hacerlo, 3) con qué extensión. Por no añadir que, a veces, se suele enviar los libros al crítico con la advertencia de que no estaría mal que la reseña anduviese por tal o cual camino o que no transite por él. Utilizando las posibilidades de Internet, quería además construir una crítica on line que, mediante notas al final del texto y links, se convirtiese también en crítica hipertextual, en hipercrítica.

La falta de libertad de los lectores ya la señaló Jordi Doce en uno de los artículos de su ensayo Curvas de nivel: los suplementos literarios y las revistas están hechas, en la casi totalidad de casos, de manera que los lectores no pueden “responder” al análisis del crítico. Ni el autor puede defenderse del diagnóstico del reseñista ni los lectores interesados someterlo a juicio, de modo que la crítica de libros se configura como una operación vertical y dogmática con escasa o nula corrección democrática. Aunque el texto de Doce apareció cuando esta bitácora llevaba unos meses caminando, me pareció que materializaba verbalmente a la perfección una de mis intenciones al abrir la página: la posibilidad de criticar al crítico, completando, desarrollando o refutando la reseña. E incluso (aunque creo recordar que no ha pasado hasta ahora), ofrecer a los autores reseñados un margen de respuesta, de modo que podrían, si quisieran, contestar a mi análisis en el mismo terreno, casi al mismo tiempo y con igual o mayor extensión, lo que no sucedería en ningún otro medio de comunicación. Es la ventaja de los blogs.

Este Diario ha intentado definirse por algo que me define, la generosidad. Leo mucho, escribo mucho y no creo que deba perdón por ello. No son pocas las voces que me dicen que me dosifique, que me haga esperar, pero eso va contra mi naturaleza. No sé cuánto tiempo tengo por delante para escribir; no quiero arrepentirme de no haber disfrutado lo suficiente. Además, lo que hago en este blog no es escritura creativa, no es onanista, sino lectura atenta y generosa de lo que hacen o hacéis los demás. Es por vosotros y para vosotros. Lo bueno que tiene el blog es que no es de obligatoria lectura, así que quienes quieran que me dosifique sólo tienen que entrar de higos a brevas. Así parecerá que escribo menos.


Propuesta

La cuestión es que, a la vista de esta experiencia, y de varias reflexiones de varios lectores, me gustaría proponer, que nos propongamos todos, una cuestión esencial. ¿Cuál es la crítica que queremos? ¿Qué tipo de crítica debería presidir los suplementos?

Del análisis de los suplementos más vendidos (Babelia, El Cultural, ABCD las Letras) se deduce que hay muchos tipos de crítica:

1. La que llamaba Jordi Gracia “escritura cultural” en Hijos de la razón (Edhasa, 2001), consistente en una especie de ensayo de cierta altura sobre el autor o los temas del libro reseñado.
2. La crítica “impresionista”, o conjunto de impresiones que al crítico le ha producido la lectura del texto.
3. La crítica “dirigida” que, partiendo de un presupuesto o ideario estético previo, intenta imponerlo ensalzando a los libros que participan del mismo, o destrozando las obras que no lo comparten o lo combaten. Esto es especialmente visible en poesía, como hemos demostrado documentalmente en Singularidades.
4. La crítica “descriptiva”: se limita a dar cuenta del contenido, tono general y estructuras básicas del libro analizado, obviando cualquier calificación singular del mismo, puliendo tacañamente todo adjetivo valorador, y con ahorro de cualquier contextualización de la obra en su entorno, combatiendo –esquizofrénicamente– el carácter canónico que toda crítica tiene por su propia definición.
5. La crítica entendida como “propaganda”, peste denunciada desde hace años por Juan Bonilla, que comenzó en España con la brusca aparición de un mercado de novela, que intenta justificar lo injustificable, vender lo invendible y hacer aparecer como literatura (Ignacio Echevarría dixit) lo que antes era aceptado como subproducto editorial. Está especializada en buscar argumentos increíbles para aplaudir ciertos libros premiados, o ciertos best-sellers presentados como novelas o libros de cuentos. Esta práctica pronto llegará a la poesía, si es que no ha llegado ya.
6. La crítica “educativa”: intenta enseñarle al escritor novel cómo tiene que hacer un poemario, un libro o una obra de teatro. Su estrategia es aplaudir, con algunas palabras de aliento y numerosa condescendencia, el primer libro de un autor, para destrozarle en el segundo y perdonarle la vida en el tercero.
7. La crítica de “destrucción masiva”: sólo intenta exterminar a un rival, a un competidor, o a alguien que se presenta como amenaza de la posición de uno, mediante el ataque inmoral, general y personal contra su obra o contra su persona. Muy extendida en ciertas revistas y ciertos medios.
8. La crítica inteligente.

Este número 8 es precisamente el que nos interesa ahora. ¿Cómo debiera ser una crítica inteligente, una crítica auténtica, teniendo en cuenta las limitaciones de espacio disponible en los medios de comunicación? Es obvio que la crítica de fondo sólo puede hacerse en artículos de largo aliento o monografías, pero los lectores compradores de libros no suelen leer revistas científicas (ni muchos críticos), ni monografías, ni tesis doctorales, y sin embargo esos lectores demandan de nosotros cierto asesoramiento, cierta jerarquía de lecturas. Quieren saber por qué debemos leer antes a González Sainz que a Pérez Reverte. Quieren que les justifiquemos la supuesta primacía de Juan Ramón frente a Neruda, o de Neruda frente a Juan Ramón, según qué criterios. Quieren saber qué novedad deben comprar cuando vayan a las librerías, y por qué. Y quieren que esos argumentos aparezcan brevemente articulados, en dos, tres o cuatro mil palabras, en periódicos, revistas de información general o medios digitales. Aquí tenemos el problema. ¿Cómo deberíamos hacer esa crítica inteligente, qué debería tener y qué no? ¿Debería obviar el argumento de la novela, o no? ¿Debería describir la métrica del poemario, o no? ¿Debe contextualizar al autor y a la obra en su entorno geográfico o cultural, o limitarse al análisis de la obra como elemento exento? ¿Debe contener una valoración expresa? ¿Debe incitar a la compra? ¿Se pueden permitir comparaciones con otras obras recientes, de similares características? ¿Se debe hacer crítica sólo de libros interesantes, como he leído muchas veces, o también es necesario un poco de canon negativo, rechazando libros de nulo interés o vendidos por el marketing como imprescindibles, cuando no se sostienen sobre pilares literarios exigentes?

No son cuestiones menores. Pero no son temas, curiosamente, de los que suela hablarse. Este año de blog y de crítica criticada me ha hecho reparar en la importancia de estos asuntos, sobre los que me gustaría abrir un debate. Además de para aportar pensamiento sobre crítica literaria, algo siempre interesante y útil de por sí, me servirá para intentar mejorar la crítica que ofrezco desde el Diario de Lecturas. Abro aquí la discusión, en la que prometo participar al más mínimo requerimiento de los lectores. ¿Qué pensáis? ¿Qué crítica queremos?

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Comentarios

  1. Creo que la crítica no tiene sentido en sí misma si no es desinteresada, que sería lo mismo que decir que la crítica ha de ser apasionada, que la escribiríamos incluso por nada o en contra de nuestros propios intereses. Hay que recuperar el sentido Kantiano de un arte desinteresado y la crítica de Wilde como obra de arte. Debe la crítica dar gusto al ser leída, ser, en sí, pura literatura. Siguiendo el parámetro Baudelaireano debemos despejar si la proporcion justa entre belleza eterna y efímera se da en perfecta medida en la obra...

    Baudrillard — 28-05-2006 19:11:54

  2. Te puedo asegurar, con el ejemplo, que creo en esa crítica hecha "por nada" e incluso "contra los propios intereses". De acuerdo con la crítica como obra de arte, aunque habría que decidir si nos referimos a una "obra de arte crítica" o a una "obra crítica de arte"; esto es: ¿hacemos bonitas, literarias, las críticas, o hacemos un ejercicio tan perfecto de crítica tan perfecto y armado que resulte una obra de arte?

    vicente luis mora — 28-05-2006 19:14:55

  3. La tuya y aquí, en este blog, porsupuestísimo que es desinteresada, incluso altruista, pero no lo digo en el sentido coloquial, lo digo poniéndome estupendo... Yo no creo o no me gusta eso último, lo de un cuerpo bien armado y argumentado para algo como la crítica artística, eso es algo para la ciencia de nuestro amigo Agustín que él mismo admite está menos armada de lo que parece, sería mejor hablar de una teoría del gusto, como los de antes, eso de hacer bonitas las críticas es lo que puede dar desconfianza en la autenticidad del propio crítico artista pues es una máscara más, es decir nada como un oficio todo como un diletantismo... desprofesionalización de las artes, amateurismo como resistencia

    Baudrillard — 28-05-2006 19:48:32

  4. Sobre crítica positiva/ negativa: publicándose tanto como se publica (estamos en las decenas de miles de títulos cada año), entiendo que la primera debe prevalecer absolutamente sobre la segunda. El riesgo principal para el lector/a es no dar con algo absolutamente imprescindible: frente a ello, el riesgo de perder el tiempo con un mal libro parece de mucho menor calado. Si se publicasen unos cientos de novedades cada año, las críticas negativas y las positivas podrían estar algo más equilibradas. En la situación actual, emplear las preciosas "ventanas de tres mil palabras" en algo que no sea incitar a leer lo que el crítico/a valora como excelente o necesario parece contraproducente. Sólo se justifica, a mi entender, si un mal libro está siendo aupado por el aparato mediático: y entonces hay que afinar bien los argumentos.

    Siempre aprecio, como lector, la "contextualización del autor y la obra en su entorno geográfico o cultural". Los seres humanos somos animales ávidos de sentido, vale decir de contextos. Así como no hay Adán, no hay obra adánica, y situarla dentro de sus vínculos me parece útil.

    Jorge Riechmann — 28-05-2006 19:53:59

  5. El que planteas sobre críticas positivas / negativas es el criterio que he seguido aquí, Jorge, a pesar de tener espacio para más. Mis recomendaciones negativas suelen ser meras líneas, salvo en el caso de "Doctor Pasavento", donde tuve, en efecto, que afinar argumentos, calibrando la que se me venía encima (y que luego vino). Lo que ocurre que estos desmontajes de operaciones mediáticas son muy útiles, porque revelan estructuras críticas del sistema. Jordi Carrión acaba de hacer un ejemplar ejercicio de esto en su blog, a partir de la última novela de Pérez Reverte (http://www.jorgecarrion.com/blog). Creo que estos ejercicios son muy saludables para todos (bueno, salvo para Pérez Reverte, pero no creo que le importe o le afecte demasiado).

    vicente luis mora — 28-05-2006 20:22:01

  6. Respecto a tu retahíla de preguntas, la respuesta no puede ni debe ser única: el crítico debe decidir, y ahí quizá radica su calidad, en cada caso concreto cuál es la información, el contexto, el enfoque, etc. que es de ley utilizar en su reseña. Todo eso desde una "poética personal", es decir, en la coherencia de una trayectoria, de unas lecturas, de un método, de unos referentes. El único requisito, a mi parecer, y en esa dirección estamos trabajando en la nueva Quimera, es la valoración. No tiene por qué ser cuantitativa ni adjetival, pero tiene que quedar claro el grado de interés que el crítico adjudica al libro, de un modo u otro, virtudes de la retórica y de la buena pluma (otro elemento fundamental).

    Jordi C. — 28-05-2006 21:00:13

  7. He ahí un tema interesante: cómo configurar criterios "objetivos" de excelencia literaria. El auténtico meollo de la cuestión. ¿Por qué un libro vale más que otro? ¿Cuándo es un libro muy valioso? ¿Se puede apreciar una obra maestra recién publicada, o se necesita tiempo? En el segundo caso, ¿depende entonces del juicio de las personas, o del juicio medio, sostenido durante cierto tiempo, de los críticos? ¿Es buen crítico el que se dio cuenta de la importancia de un libro, luego devenido clásico, nada más aparecer, o sólo un crítico con suerte?

    vicente luis mora — 28-05-2006 21:16:28

  8. Obviamente esa cuestión tiene que ver con los filtros. Ten en cuenta que el primero que tiene que descubrir la obra de arte es el lector de editorial; después el editor (en el caso de que sea un economista, se acabó la historia), que tiene que decidir arriesgarse y seguramente no lo haga. Después ese libro llega a la redacción de un diario o revista o a las librerías. En la redacción, el encargado de turno se dejará guiar por criterios extra-literarios (autor, editorial, contraportada, colección, rumores, que le suene o no, humor, tiempo, salario, nivel de explotación, si ya ha salido alguna reseña, formación propia o cultura si la tiene, etcétera) para finalmente decidir encargar o no la reseña. Lo más probable es que no la encargue si el libro no viene "avalado". De modo que el otro canal es la librería, el boca a boca de los lectores competentes. En resumen: un laberinto donde el azar tiene mucha, demasiada importancia. Una vez el libro ha llegado a su lector crítico, ahí sí que entran en juego las preguntas que formulas, pero se trata de un segundo nivel de debate. Quizá el cambio de la crítica española debería empezar por el primer nivel. Una vez operado ése, podríamos empezar a reflexionar sobre la pertinencia de reseñar un libro de Lucía Etxevarría o Bernardo Atxaga o de Luisa Castro o de Pérez Reverte que haya sido encumbrado sospechosamente en Babelia: ¿merece la pena darle más espacio mediático aunque sea para cargárselo? ¿importa? ¿qué lectores tienen en cuenta esas valoraciones? ¿no son los mismos que no pensaban leer el libro en cuestión y cuestionado? Quizá más que un debate sobre la crítica en este país, haría falta un estudio, con encuestas, análisis cuantitativos, etcétera, que permita conocer el grado de penetración de la crítica, su capacidad de generar debate entre los lectores y de cambiar rumbos de venta. Como ves, tengo más dudas que certezas.

    Jordi C. — 28-05-2006 21:41:18

  9. Jordi, esa capacidad de cambiar rumbos de venta existe. Hace poco un/a editor/a, cuyo nombre prefiero mantener en secreto, me decía que salir en Babelia, con un tamaño decente de reseña, puede suponer un incremento de hasta un 30% de las ventas. Y él lo había contrastado hasta la saciedad. El impacto existe. ¿Crees que si no las editoriales iban a dejarse el dinero anunciándose en esos suplementos? Sólo los lee el lector interesado, el que tiene en mente comprar libros de vez en cuando. Los demás compradores de periódico (estoy harto de verlo), tiran los suplementos en cuanto compran el diario en el quiosco, o se los dan al quiosquero. Es un público sensible. Y piensa que esos suplementos, amén de la publicidad, están hechos de críticas, de reseñas. Éstas, por tanto, influyen en el lector directamente.

    vicente luis mora — 28-05-2006 21:51:05

  10. En primer lugar, me gustaría aplaudir el "kantiano desinterés" de Vicente, sobre todo si se considera que criticar es también exponerse. El meollo de la cuestión, el de si existen valores objetivos (yo diría "intersubjetivos" o "compartibles") en el texto literario, creo que la resuelve la propia práctica de la crítica. ¿Se puede hacer crítica sin la convicción de que algunos productos son ostensiblemente mejores que otros? ¿se puede hacer crítica desde el célebre "textos o terrones" de Rorty? Otra cosa es la fundamentación que respalde o que actúe como fondo (background) de la crítica, y esto es lo que la separa del capricho y las veleidades. ¿Qué crítica necesitamos? La que no acude a esos fundamentos "ad hoc". Es decir, honesta, valiente.

    Mario — 28-05-2006 23:10:13

  11. Me parece muy bien tu propuesta de debatir sobre la escritura crítica, si bien me parece un tema de incontables ramificaciones y de difícil delimitación. Por otro lado, me parece que el debate no debería quedarse ahí, sino que (viva la ingenuidad) debería generar una suerte de manifiesto o minilibro de estilo, firmado por escritores y críticos, en el que dejáramos sentados algunos principios irrenunciables, mejor dicho, un código deontológico de obligado cumplimiento para suplementos, críticos, etc. Lamento volver sobre lo ya dicho, pero resulta de veras fundamental que los suplementos y revistas den cabida a media página o una página entera de respuestas, comentarios al hilo de lo reseñado, objeciones o matizaciones concretas que no dejen al libro y al autor comentados en el penoso estado de vulnerabilidad en el que se encuentran ahora. Sólo así comenzaremos a ir en la senda correcta, o al menos en la dirección de una mínima transparencia crítica. Otro principio fundamental es el de rotación: no puede ser que los mismos críticos copen una y otra semana los mismos espacios, que sepamos ya de antemano qué libros se van o no a comentar, y que sepamos igualmente qué juicio van a merecerle al crítico en cuestión. Entiendo que es una consecuencia de la pereza o de la lógica tendencia a la comodidad de los redactores de los suplementos, que así tienen el ochenta por ciento de la publicación hecho de antemano. Y entiendo que es también cómodo para los editores, porque les permite afinar muy bien los envíos y saber con quién tratar. Pero los efectos son tremendamente dañinos para el sistema: todas las semanas tenemos la consabida crítica de los consabidos gurús de la crítica de suplemento. Es previsible, es dañino y, sobre todo, es inmoral. El espacio en el suplemento se convierte en podio y en sinecura, en un instrumento de poder puro y duro. El suplemento o la revista no lo pueden hacer los críticos, sino el jefe de redacción o su equipo. Sólo así tendrá personalidad y sólo así se podrá rendir y pedir cuentas sin opacidades interesadas.
    Por lo demás, la crítica no es sólo, o no puede ser tan sólo, una actividad fundamentada en pilares cientifistas: hay que tener cierta capacidad de gusto, tener buena prosa y algunas ideas claras, y, claro, haber leído, ser culto, no dejar que a uno le descubran mediterráneos, tener cierta capacidad (y cierta valentía) para pensar a contrapelo si es preciso, etc., y en fin, parece claro que no se trata de rasgos que abunden en nuestro ámbito literario --y me atrevo a decir que en ninguno. Quiero decir, de manera tal vez algo prolija, que en última instancia la escritura crítica depende, como cualquier modalidad escritural, de cierto talento y capacidad del autor para desenvolverse en ese medio. Y ahí hay sitio para muchas estrategias de lectura.
    De todos los elementos que he mencionado, los hay de distinta importancia. El gusto, digamos, es menos importante que la coherencia: quiero decir, por ejemplo, que mi gusto no siempre coincide con el de Vicente, pero, gracias a que veo una coherencia en sus juicios, una determinada línea de tensión que imanta sus gustos y disgustos, puedo leer entre líneas, puedo trazar el triángulo que me permite situar sus juicios en relación con los míos.
    En cualquier caso, gente que haga buena crítica siempre habrá poca, y esto va en contra de la necesidad de contar con muchas y buenas firmas para permitir que se turnen, convivan y no se agoten prematuramente.
    En fin, lo dejo aquí. Enhorabuena, Vicente, por este primer aniversario. Sigue en la misma línea, es decir, en la tuya.

    Jordi Doce — 28-05-2006 23:20:42

  12. Por cierto, no puedo leer tu respuesta a la reseña de García Martín sobre "Singularidades". Me sale en blanco. ¿Cómo puedo llegar a ella? Ya me dirás.

    Jordi Doce — 28-05-2006 23:32:02

  13. 1)
    Ninguna crítica en sí, hecha desde la honradez, es buena o mala. Es, simplemente la interpretación del mundo que hace una persona. El mundo lo incluye todo: la obra reseñada y sus resonancias sociales y culturales que a su vez son reelaboradas por la propia trayectoria vital del crítico.

    2)
    Ninguna crítica habla de un libro “en sí”. Habla de la vida del crítico. No existe un metalenguaje con el que sea posible hablar de libro alguno, lo que equivale a decir que la Crítica es un género literario más, como lo son la novela o la poesía. Con otras palabras: la crítica a un poema es otro poema; la crítica a una novela es otra novela, etc, pudiéndose cruzar géneros: la crítica a un poema puede ser una novela, o un ensayo, etc. De ahí que un buen crítico deba ser también un buen "poeta" en el sentído ámplio del término, es decir, un buen artista. Incluso si es un crítico literario de la tribu académico-científica: para ser un buen científico también hace falta cierta dosis de estética (científica)

    3)
    Así las cosas, creer que pueda existir una lenguaje que pertenezca exclusivamente al corpus de la crítica y con el cual se pueda hablar de las obras literarias alzándose por encima de ellas, resulta de una asombrosa candidez, propia del realismo ingenuo. Ninguna crítica se alza por encima de la obra a la cual critica, sino que se coloca al mismo nivel epistemológico: están empatadas.

    4)
    Es imposible saber por qué un libro es mejor que otro en términos absolutos. Será mejor o peor siempre refiriéndonos a una escuela, o a un “sistema de referencia” particular. De ahí que las elucubraciones de si una obra es mejor o peor que su vecina resulten estériles si el crítico no se aclara antes a qué sistema (al cabo una fe como otra cualquiera) se adhiere. Es tan estéril como preguntarse si comer carne humana es un tabú: pues para nosotros sí, pero para una cultura caníbal no.

    5)
    Bajando al plano de la crítica embebida en una sociedad, y en particular, hablando de nuestra crítica, la que nos afecta y padecemos, encuentro que ésta no se ha planteado en términos serios cómo opera o cómo le afecta “la tradición”. Ésta, “la tradición” se ha erigido en “mito”, lo que equivale a decir que opera DESDE DENTRO de la propia poesía, como el colesterol, provocando rigidez en sus arterias. Ningún sistema cuyo alimento le llegue desde dentro puede subsistir: cae en la anorexia y termina devorándose a sí mismo en una especie de incesto. Otro gallo cantaría si la tradición no operara desde dentro, y viniera de afuera, como ocurre, por ejemplo, con el sol que proyecta la luz en las plantas para que se opere la fotosíntesis; ese un sistema abierto, es decir, que interacciona con el entorno, lo que provoca, sencillamente, mutación y vida.

    6)
    Esa forma de trabajar, únicamente con el “mito de la tradición”, desde dentro, lleva a la critica a una falta en ocasiones ridícula de curiosidad, de referencias externas, de maneras de explicar el fenómeno vivo que es un texto. El crítico debería ser capaz de relacionar su crítica con fenómenos de todos lo ámbitos de la sociedad en la que vive cuando fuera pertinente, o sea, siempre. En tanto el escritor hoy en día ya no es un ser aislado del mundo, metido en una habitación cual eremita, sino que le llega un torrente de información a diario que indudablemente influye de manera directa o diferida en su obra, en tanto esto sea así, decía, también resulta inconcebible un crítico que articule su discurso sin conocer y echar mano de toda esa compleja sociedad en la que la obra fue creada. Caería, sencillamente, en ridículo. Y no pocos caen a diario.
    Leemos críticas, por ejemplo, de arquitectura, y asombra cómo el crítico teje una red con el cine, con la matemática, con la música, o con la cocina, con la publicidad. Un buen crítico de literatura debería poder hacerlo. Volvemos a lo mismo: no se puede aspirar a una “ilustración” de la crítica si ésta coge sólo materia de su propio corpus: más colesterol. Como tejido vivo que es, la crítica debería poder renovase, mudar de células, ampliar su regimiento de metáforas, de referencias: audacia. En nuestro idioma hay una frase que define muy bien este talante: “echarle huevos”.
    Por otra parte hay otros críticos, como los de música pop-rock, que en cuatro palabras (es un decir) dan el dibujo del disco con una precisión y audacia que supera en ocasiones a las miles de palabras que gastan los de literatura. Se debería aprender de ellos. Un crítico que posea capacidad de síntesis no es un buen crítico.

    7)
    Particularizando aún más, bajando hasta las críticas de los suplementos que crean opinión y ventas en las masas: Babelia, ABC, El cultural, entre otros, está claro que abunda el pacto encubierto, etc. Ahora bien, a mí esto no es que me parezca bien o mal, es que me parece irremediable; aunque, en un mundo idílico, me gustaría que no fuera así, vivimos en éste, no en un final de peli de Hollywood, y nos toca lidiar con lo que nos ha tocado. Éstos periódicos son empresas, pagan unas nóminas, deben favores, cada uno posee su tribu, su sistema de referencia, en este caso, mediático. Lo que sí me parece lamentable es no “saber leerlas”, es decir, que uno sea incapaz de identificar qué tribu le está queriendo vender la moto, que no conozca sus códigos, sus perversiones, sus estafas, a fin de poder interpretar lo que está leyendo. Porque al final eso de tener “cultura”, no es otra cosa que tener un “criterio”: poder elaborar un mundo flexible y propio combinado disímiles elementos. Lo triste es que existan críticos confundan “criterio” con “dogmatismo”.
    Afortunadamente, a los seres humanos nos empuja la supervivencia, por eso se crean canales alternativos para ejercer la crítica, como los blogs. Lo cual no quiere decir que, también, no haya que “saber leerlos”; tarde o temprano se convierten en otra tribu. Y vuelta a empezar.

    Agustín Fernández Mallo — 29-05-2006 00:06:44

  14. Quierto felicitarte por este año en la blogósfera y felicitarte por el trabajo desempeñado en ella. Que cumplas muchos más.

    Magda — 29-05-2006 00:24:24

  15. Hola Vicente. Soy PICKY. Sólo quería felicitarte por cumplirse el 1er aniversario de tu blog y decirte que aunque mudo, también lo leo. Me fue imposible acudir a la presentación de tu libro en la Feria del Idem en Sevilla pero me hubiera encantado haber podido ir. Un abrazo

    PICKY — 29-05-2006 00:43:20



  16. (Para Picky y Magda): gracias, sois los mejores. Besos.

    (Para Mario): de acuerdo contigo, nada de argumentos ad hoc. Por mucho que coste, y al menos de modo aproximativo, hay que intentar la objetivación de los criterios de excelencia, reduciendo el gusto personal a la mínima expresión.

    (Para Jordi Doce): totalmente de acuerdo contigo, Jordi. Y el sistema rotatorio que apuntas (esto es, que no haya tres críticos de poesía en los suplementos, sino quince o treinta, alternándose) me parece una propuesta a estudiar. Y quizá sí que podamos, si el debate continúa por este buen camino, intentar resumir las cosas en un manifiesto y publicarlo. Y la contestación a García Martín es tal como la ves.

    (Para Agustín): para lo tuyo necesito tiempo. Luego te contesto.

    vicente luis mora — 29-05-2006 08:46:43

  17. Sobre la rotación que propone Jordi Doce, me parece inviable en la práctica y también respecto a la proyección del medio, al menos con tantos nombres. Aún funcionamos con el concepto de "firma". Pero sí me parecería sano que se doblara el número de críticos y que éstos tuvieran más tiempo para digerir sus opiniones antes de verterlas, conscientes de su influencia. Está claro, Vicente, que ésta existe, lo que no veo claro es que la crítica desfavorable a un autor comercial sea interesante para un lector competente, que seguramente no iba a comprar ni leer ese libro. Por eso me planteo si merece la pena darle espacio o no a esa crítica negativa (teniendo en cuenta que se lo quitas a un libro con menos proyección).Sin embargo, al mismo tiempo, creo que es fundamental que en tiempos de consenso alguien discrepe, sobre todo si las ideas de un autor son sospechosas, como es el caso de Pérez Reverte.
    Respecto a la posibilidad de contestar a la crítica, el blog puede ser un espacio para ello. No?

    Jordi C. — 29-05-2006 09:06:37

  18. mi comentario tiene que ver con cosas que hemos hablado ya vicente y yo. tengo la sensación que quienes hacen reseñas no se enteran mucho de las cosas. en primer lugar, tú dedicas cinco años de tu vida a pensar sobre un libro, a masticar una idea, a perfilar aquellas cuestiones estéticas y emotivas que aparecen en un libro de poemas. entonces llega un tipo y coge cuatro conceptos vacíos de la españolísima tradición y te mete en el mismo saco pongamos por caso, que benito pérez galdós. por supuesto para nada importa que te erice la piel el hombre que vendió el mundo de david bowie o que te qudaras fscinado y con los ojos como platos con la mirada de jane fonda en klute. pero es más, ni siquiera tienen una lectura más o menos aproximada de lo que pasa en otras tradiciones, más allá de los huertos de ronsard. tengo la sensación de que debemos someternos a la dicotomía conceptismo-culteranismo (¿se sigue llamando así?). ahora bien, también es responsable de esta situación una poesía de baja intensidad que puebla los anaqueles de las librerías. esa poesía blandita y suavita que es como la cagada del palomo, que ni moja ni mancha.

    pablo garcía casado — 29-05-2006 09:48:07

  19. A Vicente: Chico, ya ves, algunos nos las damos de listos y ni siquiera captamos tu ironía visual. Pero, ¿una superficie en blanco? Creo que un signo de interrogación es más rotundo. Como decir, sí, de acuerdo, ¿y qué? El problema de José Luis G. M. en esa reseña es que exhibe precisamente aquello que tú denuncias en tu libro: el ensayo de Julián sobre Cernuda no es una impugnación de su obra (pocos últimamente han escrito sobre Cernuda con la lucidez que ha exhibido Julián), sino que trata, precisamente, de señalar las limitaciones de esa mirada crítica y lo que esas limitaciones nos dicen sobre nuestra tradición literaria. Y lo mismo podría hacerse con la lectura ignorante que se ha hecho de Gil de Biedma, cuyos juicios sobre poesía en lengua inglesa se han tomado como si fueran la Biblia cuando hay ahí inexactitudes y arbitrariedades sin cuento. Ojo, como en el caso de Cernuda, eso no resta méritos a Gil de Biedma; pero no puede ser que cuarenta años después estemos rumiando las mismas ideas, como si de aquel tiempo para acá no hubieran pasado cosas.
    A mi tocayo: ¿Por qué inviable? Yo he trabajado en la redacción de una revista y puedo asegurarte que ese sistema de turnos es perfectamente asumible. Se trata, simplemente, de trabajar un poquito más y poner más atención. Y es que el mal es precisamente el pensar la crítica semanal en términos de firmas: la firma como expresión de una personalidad y un agente de poder. A mí lo que me parece inviable, de hecho, es la pretensión de que alguien pueda comentar un libro por semana, lo que le echen. ¿Eso es un comentario, o una simple reacción instintiva que se disfraza con el ropaje del razonamiento de café? Y aquí entran todos, sin excepción. Se evitaría, así, caer en lo que denuncia Pablo con razón, el que se despache en veinte líneas condescendientes el trabajo de cuatro años. Sólo si nos tomamos en serio nuestro trabajo crítico y creativo podremos pretender que los demás lo tomen en serio también.
    Lo importante, creo yo, es crear un sistema que corrija nuestra falibilidad, un sistema de contrapesos y criterios de transparencia. Una dialéctica que reduzca al mínimo posible el germen de corrupción y autoengaño que hay en toda tarea humana colectiva.
    A Agustín: De acuerdo en tu afirmación de que "Ningún sistema cuyo alimento le llegue desde dentro puede subsistir". Me parece inapelable. Por otro lado, las distintas disciplinas artísticas han llegado a extremos de especialización y sutileza a los que es difícil (y yo diría incluso que es irresponsable) renunciar. Y aquí cabe todo, también la música pop: quiero decir que no cabe entender a "Belle and Sebastian", por ejemplo, fuera de un contexto histórico de evolución y refinamiento. De hecho, gente como BandS, como antes Everything and the Girl o the Beta Band, han llegado a grados de manierismo y reciclado sincrético de antiguos logros que tienen mucho que ver con cierta poesía que se está haciendo hoy día. Hay que saber mucho de música pop para apreciar por qué hacen lo que hacen. Ahí está el peligro, el manierismo circular al que aboca todo sistema cerrado, por muy perfecto que sea. Y ahí está el reto, instalarnos en esa encrucijada, en esa tensión entre la tradición aprovechable y el diálogo con elementos que permitan "abrir" el sistema, orearlo. Hay que superar, como decía Cortázar, el escribir bien, hay que empezar a escribir mal a conciencia, pero ese "mal" implica asumir lo aprendido sin énfasis, como un bagaje inconsciente.

    Jordi Doce — 29-05-2006 10:34:41

  20. Sobre los puntos posibles en los que se presenta la crítica actual que señala Vicente: a mí me preocupan, como posibilidad, los cruces, las mistificaciones. Por decir algo: hay una "crítica de destrucción masiva" que se disfraza de academicismo o autoritarismo por prestigio, como hay una crítica dirigida que asume la defensa de la Tradición (lo "esencial", lo "propio"); nada irremontable en sí mismo, dentro de las pequeñas comunidades de lectores, ya que se pueden percibir las intenciones claramente, pero lo curioso es que casi todas coinciden en defender o coquetear con lo establecido: sea un autor ya instalado, una editorial de mediana para arriba hasta un grupo periodístico o, si se quiere, imágenes y discursos que gratifican a ciertos entornos sociales.

    Y ese sí que es un problema, en una sociedad que se supone plural y que por coyuntura histórica actualmente lleva la mayor parte de responsabilidad en la difusión e institucionalización de la producción literaria de nuestra lengua.

    Martín Rodríguez-Gaona — 29-05-2006 11:32:32

  21. El escritor pasea el espejo, posa la mano donde el hombre todavía no ha puesto el pie, refleja el mundo, su contexto socio-histórico, la realidad donde cada día se sumerge, flota o se ahoga, y se convierte, indirectamente, en crítico.
    El crítico, por su lado, analiza el reflejo de la obra del poeta, del narrador, del dramaturgo...
    El escritor está delante del espejo, es dueño del espejo, el crítico vive al lado de esa imagen creada, dentro del espejo (salvo raras excepciones de críticos que también han sido artífices de la palabra: Borges, Eliot, Barthes, etc).
    Me interesa la crítica que divide las aguas del canon literario de las aguas del canon mercantil.
    Respeto al crítico que asume su papel como un monje, un sacerdote, de lo contrario no lo respeto, aunque lo lea.
    Oigo a todos, miro a todos, pero escucho y veo a pocos.
    Respeto a ese crítico que sufre los azotes endemoniados de lector voraz, que no se vende por un plato de lentejas, pero que vende su alma por una obra maestra, por descifrar la Belleza.
    Anhelo que me lleve a beber agua del río, pero, como dice la cultura Zen, que no beba por mí.
    Una especie de maestro de la reflexión literaria.
    El verdadero crítico debe ser libre y no responder ni a ideologías, ni al poder, ni al dinero.
    El crítico que venere las palabras de Montesquieu:"Pido una gracia que temo no me concedan: que no se juzgue por una sola lectura un trabajo de veinte años..."
    El crítico que no se quede en Aristóteles o en Boileau, pero que intente superar a Harold Bloom, a Connolly o a Gerhard von Rad.
    El crítico que no sea un escritor frustrado.
    Un crítico que todavía esté leyendo el Quijote y que sea discípulo de Platón o Baungarten, que esté dispuesto al suicidio o a morir, como yo, por la Literartura, en pleno siglo XXI, y que no piense que hablo de almorranas ni se asuste, como una niña, cuando le diga que esta mañana me ha crecido una flor en el culo.

    Dolan Mor — 29-05-2006 11:42:12

  22. Por alusión. Bueno, Jordi (Doce), en primer lugar, me encanta que hagas un comentario a mi post en esos términos: por comparación con referentes musicales; es una forma de dar a entender que se pueden explorar otros ámbitos de la cultura para enriquecer puntos de vista en la crítica literaria, aunque sea una simple pincelada. Lo cierto es que el hecho de que un crítico “profesional” maneje referentes pertinentes como Beta Band o Belle and Sebastián en un blog de crítica literaria, me asombra gratamente.

    Por otra parte, estoy totalmente de acuerdo contigo en la dimensión general, más allá de la música, que ha adquirido el manierismo. Como he escrito alguna vez, la cuestión es elegir entre si queremos un sistema cerrado o un sistema abierto: sistema Colesterol vs sistema Fotosíntesis.

    Agustín Fernández Mallo — 29-05-2006 11:48:40

  23. Ante todo, enhorabuena por el interrogante que abres, por esa cuestión que nos cuestiona. Preguntarse "¿qué crítica queremos?" modifica automáticamente el horizonte crítico y el horizonte de la crítica. Contestaré desde la periferia, desde el orgullo del margen, que es de donde provengo y en donde deseo situar mis palabras. En Galicia la crítica de la cultura es, en muchos sentidos, una utopía. A falta de medios de comunicación concebidos desde y para este lugar, cualquier noticia sobre literatura, incluidos muchos de los libros que se reseñan y que no se reseñan, guarda relación, inevitablemente, con el problema de la colonización cultural. Vivo en un lugar en donde hay gente gallega que aguarda con impaciencia la traducción castellana de las novelas que Suso de Toro ha escrito originariamente en gallego. Formo parte, a mi pesar, de un circuito de comunicación cultural roto (no roto porque esté roto, sino porque ha sido roto). Me apresuro a aclarar que en colonización cultural vivimos, actualmente, todos los contextos de expresión no anglófona. También los de expresión castellana, sometidos, como los demás, a la presión del mercado del libro en lengua inglesa y a la lógica de una industria que convierte automáticamente los libros en productos. Pero no es menos cierto, me parece, que hay periferias y periferias. Y también es posible que la condición periférica (aceptada no al modo fatalista de la queja, sino al modo gozoso de la diferencia) sea una herramienta poderosa a la hora de invertir el discurso dominante. En este sentido, ¿qué es la crítica sino periferia? Desde mi punto de vista, la crítica inteligente, hoy en día, es la capaz de diferenciar entre libro y producto. Es decir, la que cuestiona sin descanso y en estilo radical la dependencia de la cultura con respecto al mercado. La que defiende la libertad. La que se opone furiosamente al liberalismo.

    María do Cebreiro — 29-05-2006 17:08:26

  24. Muy inteligente tu comentario, María, como siempre, pero ¿qué pasa cuando la crítica más o menos aceptable es una periferia más, enfrentada a un centro crítico que sólo es crítico en apariencia? La crítica cultural gallega interesante (pienso en la tuya, pienso en tu ensayo "As terceiras mulleres"; Galaxia, 2005) es igual de periférica que la mía, ni más ni menos. Ambas no tienen enfrente, sólo, a la presión anglosajona: tienen también delante de sí al esencialismo crítico hispánico, bien cerrado en banda en los suplementos, premios y ediciones "canónicas", como la Historia de la literatura española en marcha de F. Rico. Por desgracia, María, no toda crítica es una periferia, sólo lo es la nuestra: la cuestión es si el centro tiene remedio, si puede agrandarse (que creo que sí, y creo que lo estamos haciendo entre muchos, por separado), y de qué manera ahondar el hueco, hasta convertir todo el territorio en periférico, en unas afueras sin centro.

    vicente luis mora — 29-05-2006 17:58:04

  25. Gran Vicente, enhorabuena por este primer año.
    Reconozco que no leo muchas críticas/reseñas literarias, apenas leo nada que no sea literatura -ficción, me refiero. Las reflexiones sobre la literatura y los escritores me aburren muchisimo. En realidad me aburren los escritores, yo mismo me aburro del tío que se planta frente a la pantalla del ordenador. No le he dedicado más de dos minutos a reflexionar sobre el hecho literario: soy un feliz y premeditado ignorante de la teoría.
    Con todos estos precendentes, reconozco que he seguido con agrado tu blog, incluso me he divertido, y algunos comentarios los he léido hasta el final. O sea: tu blog tiene que ser la ostia de bueno.
    Un abrazo muy fuerte.

    salvador gutiérrez solís — 29-05-2006 18:19:13

  26. Querido amigo Vicente: ¿cómo va todo?
    Acepto encantado tu invitación a participar en este foro de Internet desde el que tratar de analizar conjuntamente el calamitoso estado de nuestra actual crítica literaria.
    Estoy de acuerdo en que gran parte de las reseñas de libros que aparecen en los suplementos y programas “culturales” parecen escritos al dictado por unos modélicos empleados de las editoriales para las que (quizá sin saberlo) trabajan. En vez de con un análisis (todo lo subjetivo que se quiera, que de eso se trata) de títulos de interés, nos encontramos a menudo con un simple catálogo de novedades. Los libros en cuestión se convierten así en un mero pretexto, ya que lo que realmente está en venta es el autor de tan descarada propaganda.
    Es muy triste el asunto, no hay duda; pero, de verdad, no creo que la solución al problema sea desenmascarar este (por desgracia ya asumido popularmente) ejercicio fraudulento. Entiendo que el tema es bastante más complejo, pues parece estar inserto en una generalizada actitud de grave relajación ética, cuyo principal objetivo no es otro que la popularidad a toda costa, acaparar los medios de comunicación, desarrollando una enfermiza habilidad para sacar, de donde sea, la mayor tajada.
    Se ha llegado al colmo de pretender vendernos la vieja burra como purasangre (como intelectuales a veteranos presentadores de telebasura, o como enormes poemas a los ripios, a veces simpáticos, de supuestos progres cantautores eternamente disfrazados de enrollaos).
    Siempre ha existido y existirá este combate dialéctico, propio de nuestra peculiar naturaleza (que nos atañe a todos y en todos los campos, no sólo en el de la cultura), pero, sinceramente, creo que es un error entrar al trapo y limitarnos a criticar al crítico, ya que correríamos el riesgo de hacerles mayor publicidad o, peor aún, parecer envidiar los privilegios que acaparan.
    No soy partidario del continuo insulto, como hacen los compañeros de La Fiera (por más que entiendo su más que justificado cabreo) a los actuales y mediocres novelistas superventas, a quienes a veces veo como unas víctimas más (aunque no siempre inocentes) de sus ambiciosos managers.
    Yendo a lo que de verdad importa, pienso que lo correcto es fomentar otro tipo de actitudes: reivindicar el sentido común de los lectores y animarles a defenderlo sin complejos, festejar el valor estético de las verdaderas emociones expuestas con claridad y saludar por todos los medios a nuestro alcance la aparición de aquellos libros valiosos que, a grandes rasgos, nos hicieron mejores una vez leídos.
    No me enrollo más. Compartamos y celebremos este apasionante y desinteresado interés.
    ¡Viva la Poesía! (El resto es literatura).
    Un fuerte abrazo, y felicidades por la convocatoria.
    Tu amigo, Agustín Porras.

    agustin porras estrada — 29-05-2006 22:17:14

  27. Almada Negreiros contaba que un crítico le había confesado: “me gustaría tener tiempo para leer todos los libros que critico en el periódico, estoy convencido de que debe de haber entre ellos algunos la mar de interesantes”.
    A veces uno tiene la impresión de que no se trata de una hipérbole. Hace años leí por casualidad una novela más bien gruesa de João de Melo, que estaba compuesta por seis libros diferentes de extensión más razonable. El hecho de que la publicara Alfaguara y de que en aquel momento representara una decidida apuesta editorial (que pronto abandonaría), con paseos y comidas con el autor, favoreció que aparecieran reseñas en todas partes. Las leí. Curiosamente sólo se mencionaba el argumento del primero de los libros. El hecho me llamó la atención porque el cuarto o el quinto libro estaba dedicado, con ironía, a las mujeres de los poetas, y eso daba al menos para un chiste periodístico. Ni rastro.
    Tal vez el primer problema de la crítica sea simple y llanamente la lectura. Estamos acostumbrados a concebir la lectura como un proceso uniforme, único, invariable, completo. Basta con pasar un texto a un grupo de personas y hacerles después algunas preguntas para empezar a reír y no parar. En los niveles más patéticos de nuestra crítica el problema está ahí: la falta de tiempo, de disponibilidad mental para leer o simplemente de “comprensión lectora” como lo llaman en las circulares del ministerio.
    Ahora bien, en la línea en la que sitúas la cuestión, Vicente, con gran acierto, puede ser que también la lectura sea el gran problema para la existencia de una crítica inteligente. En la mayor parte de nuestra crítica, el crítico se sitúa (voluntariamente o sin darse cuenta) en la perspectiva de lectura del autor. De hecho, esa manía de empezar contando el argumento de una novela siempre me ha parecido una maniobra de ajuste del crítico para adoptar la perspectiva que el autor ha ideado para la lectura de su libro. Desde este punto de vista, la mejor crítica será, claro, aquella que encarne la opinión del autor sobre su propia obra, que imagine mejor lo que el autor diría de su escrito. En términos prácticos: aquella que lleva al autor inmediatamente a marcar en su móvil el número del crítico para felicitarle por su trabajo, y a éste a sentirse orgulloso de esa llamada. Esa es la utopía de lectura que, por regla general, mueve nuestra crítica. Cuando el crítico busca atacar un libro también suele situarse en la perspectiva de lectura propuesta por el autor, pero opera en sentido opuesto al esperado. Con independencia de que una obra sea buena o mala, la impostación clónica de la lectura del autor resulta siempre aburrida, sea para bien o para mal. Como aburridos son los críticos al uso (no hace falta nombrarlos para saber de quienes hablamos).
    El crítico inteligente, creo yo, es aquel que lee los libros con su propia lectura. Para ello se necesitan, por lo menos, tres cualidades infrecuentes: tener información e ideas sobre los asuntos literarios, tener una capacidad lectora no lineal y una concentración a prueba de competición deportiva para captar todos los detalles de la escritura, no sólo el avance argumental, y, finalmente, disponer de tiempo y voluntad de esfuerzo para extraer datos, ordenarlos y exponerlos de modo que contrasten cada una de las valoraciones que se realicen sobre la obra leída.
    Me gustaría cerrar este comentario con un ejemplo (podrían ser dos, pero si pongo a Vicente Luis Mora como ejemplo resultará, digamos, demasiado fácil). En un reciente viaje a Portugal he descubierto un crítico inteligente. Se llama João Pedro George. Ha reunido sus reseñas en el volumen “Não é possível dizer bem”. Pensé: sólo me falta esto, leer reseñas de autores que jamás has oído nombrar. Y, sin embargo, leí el libro desde la primera hasta la última página con pasión desbordada, porque en él no hablaban los ecos de fantasmas desconocidos, sino un mismo crítico que lee siempre con su personalidad por delante. Leyendo el libro de João Pedro George uno también se da cuenta de por qué hay tan pocos críticos inteligentes: es tan difícil como ser un buen poeta o un buen novelista. Como mínimo.

    JAC — 29-05-2006 23:39:45

  28. Bien, José Ángel, ya vamos teniendo cosas:
    1. Lectura no lineal, comprensiva y sistemática del libro.
    2. Información previa sobre asuntos literarios.
    3. Ser capaz de ver el libro reseñado como un todo, y extraer contradiciones, consecuencias no sospechadas (a lo mejor, ni por el propio novelista) y correspondencias de la obra analizada.
    4. El factor tiempo. Jordi Doce también ha mencionado eso. Yo estoy de acuerdo, pero con matizaciones. Si esa capacidad de concentración de la que habla JAC es suficiente, no se necesita demasiado tiempo (en el sentido rumiante de dejar pasar varios días meditando a ratos perdidos sobre el libro a reseñar). Basta tomar un folio en blanco, y hacer un brainstorming sin el libro delante, unos días después de la lectura anotada. Casi nunca, después de ese ejercicio, se me ha ocurrido nada más –interesante- que decir sobre el libro.
    5. Hay un elemento que no suele citarse; hago mucho hincapié en él siempre, pero es que me parece elemental. Además, así le doy razones a García Martín para llamarme pedante, y nos seguimos divirtiendo. El elemento es, por supuesto, el estudio. Siempre que puedo, cuando me llega la novedad de un autor que no había leído anteriormente (como cuando me enfrenté hace poco a Pérez Álvarez y “Cabo de Hornos”), suelo comprar o sacar en bibliotecas todos o parte de sus libros anteriores, para leer ese libro contextualizadamente. Del mismo modo, aprovecho el viaje a la biblioteca para leer algunos ensayos o artículos escritos sobre su obra. Creo que es un ejercicio de humildad, pero también de honestidad crítica: hay que ser muy memo para pensar que uno puede descubrir Mediterráneos a estas alturas, y no podemos permitirnos, como decía Doce arriba, que nos los descubran los demás. Estar “al tanto” y tener un conocimiento lo más profundo posible del autor es una obligación y una responsabilidad del crítico. Como es imposible haberlo leído todo de todos, no pocas veces hay que volver atrás y estudiar. Evitando este trabajo, la crítica “impresionista” no será una opción: será la única posibilidad, porque se carece de datos para contextualizar, para situar en el entorno –y en la propia Obra del autor- la obra en análisis. La crítica no sólo es un arte: es un trabajo, en algunos casos muy duro. Para la reseña que hice de Char en “El invisible anillo” tuve que leer o releer cuatro libros, además del tocho de Galaxia Gutemberg. Pero creo que valió la pena. En realidad, vale siempre la pena, porque cuando la crítica se lleva en la sangre, como es mi caso, el trabajo se acaba convirtiendo en un placer más, añadido al de la lectura. Perdón por haberme extendido tanto.

    vicente luis mora — 30-05-2006 09:06:11

  29. Vicente: cuando me refería a tiempo no hablaba necesariamente de tiempo para la reflexión, sino para lo que tú llamas, con acierto, "estudio". Ese estudio del entorno del libro requiere tiempo. Y si falta tiempo en las costumbres del critico, también se puede hacer la crítica sin estudio. Pero tal vez algo se resienta. No sé.

    JAC — 30-05-2006 11:59:46

  30. En mi ingenuidad, quiero pensar que a todos los críticos les falta tiempo porque están todo el día estudiando. Pero soy un cándido, creo.

    vicente luis mora — 30-05-2006 12:12:50

  31. Temo que voy a ser un poco intempestivo, pero en mi opinión el tipo de crítica literaria que más echo en falta, y que más necesaria me parece en estos momentos, es la crítica-resistencia.
    En los últimos años (entre otros fenómenos vergonzosos que quizá no sea este el lugar más apropiado para enumerar) estamos asistiendo a la conversión de la literatura en un sector especializado de la Industria del Ocio, a la implantación sin fisuras no sólo ya de un pensamiento único, sino también de una narrativa única (solidaria por demás de un estilo de vida y de conducta único que tiende a favorecer la extensión y profundización totalitarias del control social); a la degradación, en suma, de la práctica artística en la fabricación seriada de inocuos (cuando no aberrantes) “productos editoriales”, destinados a satisfacer las necesidades y los fines del Capital.
    En las actuales circunstancias, no puedo sino pensar que es función de cualquier crítica literaria consciente denunciar de un modo explícito, comprometido y constante este proceso de liquidación del pensamiento crítico y emancipador, y esta perversión de la aventura artística en su naturaleza y en sus fines.
    Disculpad mi “marxismo vulgar” -la verdad, además de marxista, suele ser de una vulgaridad descalabrante- pero el hecho es que si esta denuncia no se está llevando a cabo, la causa hay que buscarla en los muy específicos intereses de clase que -en España como en el resto del entorno europeo- ligan al estamento supuestamente crítico e intelectual con este vasto dispositivo de docilizacion y cretinización de masas: con este engendro terminológico -la así llamada “Industria Cultural”- donde el Imperio ya abiertamente criminal de la Mercancía Totalitaria encuentra hoy uno de sus más pilares más sólidos.
    No me cabe duda de que el debate sobre la renovación metodólogica y de enfoques que la crítica precisa en nuestro país puede ser rico y esclarecedor. Pero -y lo digo tan franca como amistosamente- me parece también ese tipo de árbol que nos impediría ver el bosque... y más cuando el bosque está deshaciéndose bajo el efecto de una persistente lluvia ácida.
    Saludos para todos.

    angel zapata — 30-05-2006 13:11:23

  32. 1. cuando empecé a publicar mis libros y mis artículos de crítica literaria tenía una idea que desde entonces he querido mantener aunque la realidad la haya negado sistemáticamente: la nueva promoción de escritores no sólo tenían que apostar por una nueva literatura sino también por una nueva crítica.Pero los presupuestos que hoy manejan la mayoría de los críticos españoles no están alejados en absoluto de los que se han estado manejando por la crítica de este país en el siglo XX. Se repiten modos y maneras no sólo por pereza intelectual, por ignorancia sino porque se tiene la certeza que lo importante no es lo que se diga ( basta con saber repartir jucios positivos,negativos o silencios según convenga) sino desde dónde se diga, es decir, de la situación mediático y de poder de ese crítico.
    2. llama la atención que críticos ideológimanente de izquierdas sean en este terreno de un conservadurismo feroz. ¿ Qué se conserva? Todo aquello que sirve para crear posiciones de poder.
    3. la crítica se ha convertido en una estrategia publicitaria de poder en el sentido de que los suplementos literarios o las antologías han creado para el lector a los autores, han confeccionado tendencias y han repartido silencios. ¿ Tiene que ver algo eso con una posición progresista de la cultura? Lo que se ha enseñado a nuestros jóvenes poetas es que es mejor sentirse protegido bajo aquello que la crítica ( y la tendencia) apoya, adecuar el discurso personal al discurso establecido, refugiarse además en el esencialismo de que ése es el único discurso posible ( como se puede hablar de la única política posible o la única fe posible o... permítaseme la única ideología )
    4. ¿ no es éste el terreno abonado para el servilismo, la obediencia y la institucionalización?
    5. es curioso también el sentido de la realidad y el sentido de la historia que se detecta detrás de esta postura. Una realidad unívoca, monolítica, cerrada, propia de regímenes que mejor no recordar, en vez de una realidad dinámica, abierta, compleja, plural, es decir, democrática. Hay un décifit de pluralidad estética, de pluralidad crítica y de pluralidad democrática en la cultura española.
    6. hay un déficit de conocimientos. La idea tradicional del crítico de suplemento que escribe sobre todo debería entrar en crisis. Hay que escribir sobre lo que se sabe, y los directores de suplementos deberían encargar las notas de lectura a aquellos críticos que sepan los valores estéticos que se expresan en un libro y el posible valor de actualidad o de perticnencia que ese libro pueda tener. Así se evitaría el problema ciertísimo apuntado por Pablo García Casado.
    7. Al crítico hay que exigirle un comportamiento ético, no un comportamiento militante. Si la ética es otra de las asignaturas pendientes en nuestra sociedad literaria, el crítico está obligado a no dejarse manipular, a no dejarse censurar, a no someterse a los dictados de ningún grupo de presión.
    Después de todo esto parece claro que para la regeneración de nuestra literatura hace falta una verdadera regeneración de la crítica. ¿No es este blog un paso en ese sentido?

    Diego Doncel — 30-05-2006 14:01:56

  33. Esta mañana he intentado dejar otro mensaje, pero mi falta de pericia tecnológica ha vuelto a quedar en evidencia. Lo reintento. Decía que me encantaba el final de tu respuesta: "unas afueras sin centro". Para una crítica suburbana, pero con urbanidad. Y decía que tal vez debemos volver a Wittgenstein, a su idea del sentido como uso. Que el medio es el mensaje ya "sólo" lo creen los dueños de las grandes empresas que gestionan el mercado de la información -y es su deber creerlo. Seamos más pragmáticos y menos utilitarios. Atendamos al contexto en que la crítica se genera, a las condiciones materiales en que se produce. Reclamemos una crítica más autorreflexiva y menos complaciente. Digamos lo contrario de lo que quieren que digamos. El debate es muy interesante. Felicito a todos los que están escribiendo sobre el tema.

    María do Cebreiro — 30-05-2006 14:35:36


  34. Bien. Resumiendo –creo- lo expuesto hasta ahora (y sin que hayamos llegado, ni mucho menos, a parte alguna), tenemos que la crítica que queremos parece ir por aquí. Por favor: corregid o tachad todo aquello con lo que discrepéis, y aumentadlo en lo posible.

    La crítica literaria que proponemos debiera contener estos requisitos:
    1. Lectura completa, no lineal, comprensiva y sistemática del libro.
    2. Información previa sobre asuntos literarios, conocimiento de otras tradiciones, y estudio complementario sobre el autor cuya obra puntualmente se analiza, para hacer la debida contextualización de la obra, dentro de la trayectoria del autor y de su entorno cultural. La formación cultural, del crítico deberá ser amplia, no limitada a la literatura, y el crítico intentará informarse, en la medida de sus posibilidades, de aquellas epistemes no literarias que parezcan ineludibles para entender la obra.
    3. La crítica será capaz de ver el libro reseñado como un todo, y extraer contradicciones, consecuencias no sospechadas y correspondencias de la obra analizada.
    4. Tiempo: la tarea crítica necesitará un tiempo de reflexión, que dependerá del crítico y de la situación personal del crítico.
    5. Oposición (más activa o radical cuanto más activo ideológicamente sea el crítico) a un panorama literario regido por el mercado como único criterio válido o criterio más importante. Esta oposición puede hacerse ensalzando las propuestas basadas en criterios opuestos al mercantil, o de modos más directos: desvelando operaciones mediáticas, haciendo reseñas negativas, sosteniendo denuncias puntuales, o buscando los poderes fácticos escondidos tras ciertas inercias culturales.
    6. Apasionamiento: buscar una crítica eficaz pero que no descuide su valor propio como obra de arte, en cuanto ejercicio escrito de pensamiento articulado.
    7. Valoración: el crítico debe valorar, ineludiblemente, el interés de la obra analizada, evitando juicios puramente descriptivos.
    8. La crítica no debe constituirse con criterios antidemocráticos: evitará su constitución en poder de facto permitiendo la posibilidad de que el autor analizado o los lectores tengan la posibilidad de contestar al análisis y criticar al crítico.
    9. Toda crítica tiene una irreductible parte subjetiva (el gusto personal del crítico), que debe ser la menor de la reseña y estar objetiva y lógicamente articulada en el análisis general.
    10. Para que la crítica que no ocupa el “centro” de influencia no repita, periféricamente, los errores de la crítica institucional, mediática u oficialista, no deberá repetir sus estructuras ni su tentación de convertirse ella misma en poder antidemocrático. Si la crítica no central no encuentra canales para regenerar la central sin “contaminarse”, deberá permanecer en la periferia, o crear canales alternativos que amplíen el centro.

    vicente luis mora — 30-05-2006 14:41:56

  35. La crítica literaria no puede -no debe- ser otra cosa que un fiel reflejo de la mirada del crítico -del hombre- frente al mundo. Por lo tanto puede participar de muchas de las posibilidades que habéis ido enumerando. Pero siempre desde una intención -una voluntad o un deseo, como se prefiera- claramente artística, creadora. Me refiero a que en la mayoría de los casos las malas críticas -entendiendo como malas no a las que se dedican a denigrar a la obra o al autor, sino a las que cumplen mal su función- lo son porque han olvidado el cariz creador que debe tener el crítico. Este no es más que un lector con una intención creadora. Lectores hay muchos -entiéndase esto retóricamente, ya sabemos por las encuestas de Hábitos de lecturas que somos cuatro gatos- pero no todos ejercen la crítica. El que dedica parte de su tiempo a dar cuenta por escrito de lo que ha leído es porque ha realizado un acto creador. Tras la lectura del texto se ha sentido obligado a escribir sobre él y a expresar las ideas que, en torno a dicha lectura, le han surgido. No se diferencia en esto del narrador o del poeta, que experimenta una sensación o tiene una idea surgida de la realidad, de su experiencia, y necesita plasmarla.
    Obvio explicar que lo dicho anteriormente no alude al crítico mercenario, que no es, como suele decirse, el que recibe un dinero por su labor, sino el que somete su criterio al de aquel que le paga. Sirva como ejemplo el señor Echevarría, que es hoy admirado por su "revuelta" dentro del Bobelia -no me he equivocado- es el mismo que se ha dedicado durante veinte años a ejercer de tiralevitas a la orden del pagador de turno. No ha sido hasta que no ha tenido un muy seguro puesto de trabajo dentro de una multinacional del libro que se ha acordado de su integridad y ética, que parecía tener muy olvidada mientras aplaudía muchos libros insustanciales a la orden del director del suplemento de turno. Y tampoco conviene olvidar el "respeto" demostrado a Bolaño al no seguir sus indicaciones en la publicación de 2666. Pero tampoco quiero extenderme en esto, me ha salido así, sin reflexionarlo demasiado, pero como tampoco es mentira lo dejaré por ahí.
    Pero, volviendo al asunto, un crítico puede usar muchos acercamientos a la obra, todos válidos, entre los que están los que has enumerado tú, los que han comentado varios de los participantes del debate -como el de Ángel, con el que coincido en la idea de defendernos del mercado, aunque no como única medida de acción- y que se resumen en que el crítico tiene –y debe ejercerla por tanto- la misma libertad que un creador.
    Lo importante es tener el mismo cuidado que demuestra el verdadero escritor a la hora de dar por finalizada su obra. Un autor puede construir un texto impresionista, y del mismo modo puede hacerlo un crítico, o un texto laudatorio, una divagación, etc.
    Lo primero que debe saber hacer un crítico es escribir y lo segundo ser capaz de construir una mirada propia, un criterio.
    Lo ideal es que, echando la vista atrás, se pueda observar la misma evolución en la obra de un crítico que en la de un escritor que practique cualquier otro género –y de hecho lo ideal es que comience a verse la crítica como una posibilidad genérica más de la literatura y no como algo ajeno a la misma, y ahí están los fabulosos textos críticos de algunos autores como Elliot, Cernuda, Vargas Llosa, etc.- porque es el camino que lleva por un lado a la exigencia –lo que colocaría en su sitio a mucho reseñista de medio pelo de los que podemos leer hoy en medios más o menos masivos y que se permiten costearse libros para creerse autores- y por otro al respeto, por lo que un autor podría desarrollar su trayectoria dentro del género crítico –y eso nos ahorraría muchos tostones narrativos que envuelven una verdadera vocación ensayística.
    Entre que llegue ese día, tenemos sitios como este donde podemos encontrarnos.

    Antonio Jiménez Morato — 30-05-2006 15:22:06

  36. Gracias, Antonio. Muy personal, y por eso muy interesante, tu blog. A ver si nos conocemos. Saludos.

    vicente luis mora — 30-05-2006 17:26:31

  37. Respecto al último resumen de Vicente, de los 10 puntos que enumera, con los que estoy bastante de acuerdo, me parece fundamental el 2, y en concreto:

    “La formación cultural, del crítico deberá ser amplia, no limitada a la literatura, y el crítico intentará informarse, en la medida de sus posibilidades, de aquellas epistemes no literarias que parezcan ineludibles para entender la obra.”

    Pero algo más: si se parte de la base que venimos defendiendo algunos aquí de que el crítico también es un creador, un artista, de igual manera que lo es cualquier persona que lleva su disciplina hasta las últimas consecuencias, entonces no sólo el crítico debe estar informado de “epistemes no literarias que parezcan ineludibles para entender la obra”, como Vicente dice, sino que también debe estar informado previamente de cuantas epistemes, tendencias y resultados conducen hoy el sistema cultural (artístico, social y científico), aunque a priori parezcan perfectamente eludibles para el análisis de las obras literarias.
    Si no conocemos antes “el todo”, no podremos conectar sus diferentes “partes”. Todo sistema, toda cultura, al fin y al cabo puede explicarse en términos de redes, y hay que aspirar a tener esa red cada vez más clara . Al final, todo está conectado y depende de la audacia y pericia del creador (en este caso el crítico) proponer modos de seducción y de persuasión plausibles para encontrar (crear) esa conexión. Pero para ello previamente debe estar informado, tener curiosidad por ampliar su radio de acción de la misma manera que hacen los artistas y los científicos desde siempre. Como lector de reseñas, ya no me vale que una obra la pongan en una tradición literaria determinada, que descubran conexiones con otros autores presuntamente alejados, etc, sino que agradezco también saber qué “macroforma” hay detrás de esa obra, en qué se puede parecer a otras tendencias culturales del momento, y respecto a ellas, en qué estadio está.

    Pregunta:
    Hoy, en el mundo globalizado, ¿es posible ser, por ejemplo, un crítico de arte contemporáneo sin estar más o menos al tanto de en qué momento se encuentra la filosofía, o la música, o determinadas áreas de las ciencias, o de los movimientos neoundegrounds? La respuesta es NO.

    ¿Por qué entonces se presupone que un crítico de literatura puede pasar por encima de eso, y crear su crítica (su obra) con sólo criterios manados de la tradición y la actualidad literaria?

    Creo que esto habría que pararse un momento a repensarlo.

    Agustín Fernández Mallo — 30-05-2006 18:00:24

  38. Agustín, sabes que comulgo completamente con lo que dices, y que intento hacerlo en la escasa medida de mis posibilidades, pero ¿no crees que es imposible pasar del cero al infinito? ¿no deberíamos primero tener "algo" para ir, poco a poco, luchando por el resto, hasta tener "todo"? No sé, a lo mejor me equivoco, pero un conocimiento completo, como pides, del "sistema cultural", también incluye un conocimiento de sus limitaciones. El público de arte contemporáneo está preparado -quiero pensar- en su mayor parte para ese tipo de alta crítica de arte contemporáneo. ¿Crees que el lector de reseñas puede pasar fácilmente de una crítica de García Posada a una de Jiménez Heffernan, de la reseña de Guelbenzu sobre los cuentos de David Foster Wallace a la lectura de Juan Francisco Ferré de "La broma infinita"? Creo que aún no, Agustín. Eso no significa que tengamos que olvidarnos del todo, sólo posponer un poco su consecución. Tenemos demasiado trabajo por delante. Hay que ir paso a paso. Saludos.

    vicente luis mora — 30-05-2006 19:12:27

  39. Me agradó leer la palabra "ética" en Singularidades y hacerlo de nuevo en el post de Diego Doncel. Tal vez habría que añadir que el crítico debe mantener una relación ética con el libro que va a reseñar (verbigracia: no a las servidumbres con editoriales ni al mamoneo con amiguetes, contactos, deudas, favores). La ética tiene que ver con la elección y con el encargo del libro en cuestión: efectivamente, un crítico sólo puede opinar sobre lo que sabe; que el editor y el crítico sean conscientes de ellos a la hora de establecer su relación profesional es fundamental.
    Y sí, estoy de acuerdo con Antonio Jiménez y con Agustín sobre la necesidad de entender el acto crítico como un acto de creación. En ese sentido, creo imprescindible la coherencia del proyecto intelectual del crítico, sobre todo si es también creador o traductor.
    Por otro lado, el crítico debe ser consciente de que la auto-censura es peor que la censura. Debe explorar por qué dice lo que dice y por qué limita o enmascara, en caso de hacerlo, su discurso. En ese sentido, es fundamental forjar un instrumental retórico propio, para esquivar esos problemas. Con honestidad.

    Jordi C. — 30-05-2006 20:49:56

  40. Un año ya! Yo encontré este sitio en diciembre, después de mi lectura de "Construcción". Así que en mi biografía va primero el Mora poeta. En este blog he encontrado seriedad (que le sirve de excelente contrapunto a mi frivolidad congénita) y algo así como un boquete por el que ha entrado todo un aluvión. Poco a poco he ido dejando de intervenir porque me ha interesado más estar atento y escuchar: lo cual también ha supuesto todo un avance en mi *evolución* :-)

    AS — 30-05-2006 21:37:58

  41. Vuelvo a aparecer por estos lugares a petición de Constantino Bértolo.
    Me ha hecho llegar un correo electrónico en el que cuestiona mi referencia a los ingresos profesionales de Ignacio Echevarría y me pide que rectifique. Como, evidentemente, no tengo la posibilidad alguna de conocer las condiciones contractuales que ligan a Echevarría con el grupo editorial en el que desempeña funciones, no puedo avalar con pruebas físicas lo que dije. Tampoco sé, evidentemente, el estado económico del ya mencionado. Y no puedo, por supuesto, ni quiero, investigar ni mencionar las fuentes de información que pueda tener para decir lo que dije.
    Evidentemente no es ésa mi intención. Una lectura atenta de lo que dije da a entender de un modo claro mi punto de vista: No se puede estar participando en una acción cuestionable y luego querer lavarse las manos e investirse de un prestigio por una sencilla acción. Eso hay que ganárselo a lo largo de los años y en una trayectoria coherente. Basta con tirar de hemeroteca para ver cuantos libros de las editoriales del grupo editor del periódico en el que trabajaba han sido ensalzados en sus reseñas y no precisamente por su calidad literaria.
    De todos modos sí que le reconozco a Constantino Bértolo, y es la razón fundamental por la que escribo esta rectificación en tu blog, Vicente –y perdona que por mi culpa se haya convertido una vez más en campo de tiras y aflojas personales-, que sí que he deslizado un debate con un claro sentido objetivo al campo de lo subjetivo y de lo personal. Lamento que mi comentario haya podido molestar a alguien, e incluyo en esta disculpa al propio Echevarría y al mismo Constantino, al que sí que le reconozco el error de transformar un debate riguroso en un patio de vecindad, problema que, como bien indica en su mensaje, es endémico del mundo literario español. Supongo que uno se acaba convirtiendo en lo que come.

    Antonio Jiménez Morato — 31-05-2006 12:14:36

  42. I. Recién descubierto Vicente Luis Mora (y contertulios):

    Más o menos en los días en que tú (permíteme la licencia, no es falta de respeto, más bien camaradería de quien comparte la misma ciudadanía, la literaria, aunque el remitente sea un paleto extraviado en la capital y el destinatario un hombre de mundo) cumplías un año con esta bitácora, yo cumplía dos con otra, llena de bocetos, proyectos, un poco de bazofia y mecanos sin armar, y decidía cambiar de casa y de actitud. Después de todo este tiempo uno ve que la mejor cosecha (entre la mala hierba) en este paisaje virtual son hallazgos inesperados como este (y alguna vez, incluso, hasta una amistad que traspasa esta ventana). Aunque haya tardado un año en encontrar tu puerta, recordaré el camino. Sólo prometo (solemnemente, eso sí) regresar más ligero y conciso, pero para la primera visita déjame que, tras haber pasado horas en tu cocina, me quede a hacer café, al menos para que no se me quede dormido el anfitrión.

    Quiero dejar aquí mi punto de vista, que no es el de un crítico. Tal vez eso (y el testamento plúmbeo que os amenaza, perdón, soy un vicioso de la letra) me desautorice de entrada y paséis de largo, porque creo que aquí se dan cita unos cuantos profesionales, pero en este foro, como tú mismo dices, también hay cabida para otras opiniones, así que hablo únicamente desde mi doble posición de lector (la que todos compartimos, aunque en mi caso no tan aventajada como otras y del todo amateur) y escritor en ciernes. Lector como estrategia vital para exprimir mejor la existencia. Escritor (en aprendizaje y con muletas) como condición ineludible. Como han dicho Baudrillard y otros, escribir, literatura o crítica literaria, debería ser algo que hiciéramos sin esperar nada a cambio y sin poder evitarlo, como el náufrago que redacta su historia en la corteza de los árboles sin saber si la marea le traerá alguna tripulación atenta. No importa quién ni en qué medida te lea en realidad, lo importante es escribir con el afán de ser leído, aunque al final sólo los cangrejos asistan a tu velatorio.

    Creo que es valiente tu propuesta, tu espacio, porque se requiere audacia para exponer tu labor a la respuesta de los propios autores (aunque aún no haya llegado, como dices), a la de otros críticos, y a la de los lectores (los eternos olvidados en este percal). La manera más saludable de demostrar el amor por la literatura (que debería ser en el fondo la semilla de toda esta odisea, y que tantas veces perece ahogada por la hiedra hambrienta del mundo editorial) es huir de dogmatismos y soliloquios. Tras la creación literaria en sí como máxima expresión, la mejor terapia para que las letras sigan siendo fértiles, es plantear el debate y el intercambio de opiniones y criterios, para sumar puntos de vista en vez de restar posturas, al tiempo que cada quien sigue su propio camino y mantiene su identidad. Porque existe una tendencia, o casi una avalancha que a empellones nos quiere hacinar a los lectores en el mismo vagón: “este es un buen libro, esta es una buena novela, este es un buen cuento, un buen poema, y todo lo que salga de estas vías no, está fuera, es de una estación ya pasada por la que no volverá a circular este tren”. Y hablo de la presunta crítica de nivel sobre presuntas grandes obras, olvidémonos del mercado. ¿Por qué seguimos leyendo y redescubriendo a Chéjov, entonces? ¿Establecemos una especie de pacto perverso por el que bajamos las defensas y aceptamos algo del pasado con el mismo paternalismo desubicado del hijo adulto hacia el padre anciano? ¿Espiamos el anverso de la primera hoja para ver el año de edición y saber si podemos condenar como ripio un hallazgo que hace días nos emocionaba entre otras tapas menos satinadas? Se suele identificar una época con un estilo o un movimiento, pero a menudo se olvida que han coexistido conceptos casi antagónicos y que irremediablemente, por coetáneos, se han influido mutuamente. Tiene que haber lugar para distintas estéticas literarias en el mismo contexto, y no me refiero a baremos de calidad, sino al lugar desde el que cada autor postula su obra, o la lanza a la corriente, o la deshereda. Como dice Diego Doncel, hay un déficit de pluralidad. No sacaremos nada de las sectas. De pandillas que repiten el mismo eco (ya son estériles las cuadrillas de revolucionarios que inventan un “–ismo” con el que levantar barricadas y jarras de cerveza, o las de reaccionarios a sueldo) o de eremitas que no oyen otra letanía que la propia (pretender que en una sola cabeza cabe la Verdad es querer hacer dos puzzles enteros con una sola pieza), no vendrá nada útil. Por eso la periferia, María do Cebreiro, trae otras antorchas a la reunión, para alimentar la misma hoguera, pero desde latitudes distintas, por eso deberíamos ensanchar las afueras de esta ciudad hasta confundirla con el bosque y el litoral. Para que el salitre pudra un poco los anaqueles académicos y la brisa oree el sudor viejo de las vanidades. La literatura es algo que está por encima de cada voz y al mismo tiempo habita en discursos distintos. En este sentido me parece completamente lúcida la intervención de Agustín Fernández Mallo, porque la literatura no es una experiencia humana que pueda sublimarse por la acción consensuada, ni desde una sola perspectiva. La crítica sólo puede descodificar una parte del mensaje, y el resto permanece encriptado porque la clave cambia cada vez que llega a un nuevo destinatario, del mismo modo que el libro, una vez terminado, ya no pertenece al autor, sino al mundo, como otra letra más en el abecedario de un idioma en constante evolución. La vida es más grande que las letras porque las contiene, del mismo modo que estas contienen la crítica y no a la inversa.

    (sigue…)

    Sergi Bellver — 31-05-2006 12:26:20

  43. II. Recién descubierto Vicente Luis Mora (y contertulios):

    Aunque digan que no es de etiqueta apuntar una virtud propia, por lo que he visto hasta ahora (y te aseguro que le he dedicado mucho tiempo desde ayer a tu bitácora), tienes toda la razón en una cosa: tu generosidad. No sólo por permanecer fiel a tu motivación y compartirla, ni por escatimar estrategias y darte sin hacer balance. Hay algo más, más allá incluso de tu inaudita (de veras, no abunda en absoluto) predisposición a contestar a todas y cada una de las voces que dejan su huella aquí, y tiene que ver con cierto aroma (ya sabes, como cuando acabas un libro que mereció la pena) que queda en el ambiente cuando ya las palabras han ido evaporándose y las ideas apenas son un trazo de nube en el horizonte: crees en lo que haces. Y eso me merece el mayor de los respetos. Hasta cuando no comulgue contigo.

    Me pregunto si un crítico no debiera ser un escritor en cierta medida, y no me refiero ahora (lo haré luego) al creador frustrado, sino a la persona que utiliza la palabra para hablar de la palabra. Tal vez debiera exigirse también cierta calidad literal (cuando no literaria), ya que en el ejercicio de su opinión está copando un espacio al que acude un lector (crítico o lector a secas) que en definitiva está buscando más en su intento de descifrar, precisamente, la palabra. Sí, el crítico como creador, pero por mínimo respeto al lector, creador que, para plasmar su propia visión (y por ende jamás Verdad absoluta) sobre las cosas, no olvide que se apoya en una obra ajena, a la que se supone está valorando y no usando como mero señuelo para ejercer vena creativa (porque ya puestos, podría partir de cero y ahorrase la crítica a terceros). Por otro lado no tengo nada claro si un escritor ha de ser en cierta manera crítico, si un creador que pretende ser audaz con lo que hace y exponerse, debería también poder valorar a otros autores de un modo exhaustivo y profundo, o si se le perdonaría no hacerlo siempre y cuando no muestre lagunas cuando se meta en camisa de once varas. Han existido grandes escritores que también fueron críticos de referencia, pero también es cierto que la literatura está plagada de creadores que destilaban la vida en su obra sin hacer de su propia vida un brebaje literario. Se puede ser pastor de cabras, leer de prestado en una biblioteca y escribirle nanas desde la cárcel a un hijo marchito, por ejemplo. Personalmente, creo que a veces se le demanda a muchos autores un bagaje que no tienen por qué acarrear mientras todo lo que tengan que decir quede plasmado en su obra. Pedir el currículum vitae a un autor con el manuscrito debe ser para poder ponerle un marchamo reconocible a la solapa, ¿no? Otra manera de etiquetar el mundo. La literatura, como camino vital del autor, tiene más que ver con una manera de mirar y conducirse que con la palabra en sí.

    No es paradójico que esos lectores que no suelen leer tesis demanden algo tan sencillo como criterio al crítico (tan cerca y tan lejos, a veces, la raíz). No olvidemos que aquellos que leen uno o dos libros al año, esos mismos que por inercia colaboran en la infame supremacía de ciertos bodrios innombrables en la lista de ventas, no se preguntan si hay vida más allá del “best seller”. Creen elegir ese ocio (uncidos por la publicidad) y no es asunto nuestro. Supongo que estamos hablando aquí de crítica literaria de obras dignas. Porque no tiene ningún mérito denostar lo que es obvio. Por eso estoy del todo de acuerdo con lo que dice Jorge Riechmann, es mejor no perder el tiempo con aquellos legajos impresos (llámense “obras”, con caridad) que un lector a poco avezado ya es capaz por sí mismo de volver a dejar en el estante tras haber leído alguna página al azar. Entiendo como obra digna aquella capaz de suscitar debate, de soportar relecturas, de abrir un abanico de interpretaciones, aquella que deja buen sabor de boca sin haber llegado a cambiar una vida (que de esas hay un ramillete), e incluso la que no nos convence, pero es coherente, original o atesora algún valor. Y el crítico honesto debe estar ahí para ser testigo y marcarlo. Porque quiero pensar que en respuesta a Mario, sí hay valores objetivos, que no alcanzan a los subjetivos, pero sí bastan para poder establecer un criterio mínimo con el que empezar a trabajar. Como es el caso de la música; el oído es más difícil de engañar, y por eso, Agustín F.M., sugiere más síntesis que otras artes. No sé si lo que propone Jordi Doce, esa especie de manifiesto, correría o no el peligro de encorsetar la crítica o dogmatizarla aún más, pero está claro que debería existir una especie de ética común a la que asirse para que los suplementos o las columnas sean algo más que armas arrojadizas o altavoces orwellianos del reducido grupo de editoriales que maneja a la vez prensa, medios y certámenes literarios.

    (sigue…)

    Sergi Bellver — 31-05-2006 12:27:15

  44. y III. Recién descubierto Vicente Luis Mora (y contertulios):


    Hay talento que no basta, sin oficio ni voz propia, para sustentar una historia, en el caso de una novela, un siete en el tapete de la realidad, en el caso de un cuento, o una emoción asida a un instante, en el caso de un poema. Hay oficio que cumple pero no brilla, y hay voces que sólo por ser genuinas no garantizan ni el goce ni el despertar. Pero un lector (que se convierte en crítico sin poltrona cada vez que cierra un libro) puede rescatar en cada caso algo que le haya aportado alguna de esas cosas que tantos buscamos en la literatura o el arte: placer, delirio, acervo, aprendizaje, guía, catarsis, consciencia, o todo a la vez. Puede uno reconocer el talento de Belén Gopegui y su coherencia particular, sin soportar que de un libro haga un panfleto como “Lo real”, o detestar cierto divismo en la postura de Francisco Umbral pero encontrar a ratos belleza en “Mortal y rosa”. Los lectores que tal vez no hayamos llegado a comprender del todo “El vacío y el centro” de Ángel Zapata (anaglifo dedicado: “¡El alféizar, el alféizar, la gallina, y la Perestroika!”) pero que sí apreciamos el valor de varios cuentos de Medardo Fraile, por ejemplo, nos preguntamos por el siguiente paso del mismo modo que un alpinista no empieza por acometer el Everest sin años de experiencia. A menudo hay mucho elitismo que parece recelar del público y no revela del todo los supuestos secretos del misterio literario. Pero siento que muchas veces, especialmente en las críticas que tú, Vicente llamas impresionistas, descriptivas y con mayor dolo, educativas, el crítico actúa como zancarrón de colegio rural que pretende ser didáctico en lo que no domina en realidad, en un malabar de prestidigitador con cartas marcadas. Por ahí oigo yo los tiros de Martín Rodríguez Gaona y veo las mismas togas de decano tapando las vergüenzas de un simple verdugo. Supongo que lo que el lector medio inquieto (ese que sabe que haber leído “Madame Bovary” no es haber acabado con Flaubert, y que salta hasta “La educación sentimental” o “Salammbô” antes de leer la correspondencia del autor, pero que no sería capaz de digerir toda la sesuda obra crítica sobre él y se conforma con visiones aledañas como las de Barnes o Vargas Llosa en las que presume, al menos, calidad y estilo), demanda del crítico es coherencia, erudición sin anillo de obispo y gentileza, la de ser honesto. Si alguna vez incluso encuentra estilo y belleza (no preciosismo, pero sí efectividad elegante, como incontestable es el filo de una espada japonesa), entonces lo celebra. Tal vez el único brete que deba calzar un lector al caminar libre de un crítico (porque como apunta Jordi C., ha de tener el valor de ser genuino) es el mismo que le pediría un nómada inexperto a otro que ha cruzado antes un río: “cruzamos por donde quieras, pero tómate tu tiempo y asegúrate de que conoces el camino”. A veces dudo de que hagan las dos cosas, ni siquiera la primera, como ilustra la anécdota de JAC.

    Personalmente añadiría un par de modalidades más de crítica a las ocho que has expuesto en principio, ya que a menudo, como lector y bachiller sin título de escritor, observo que muchas críticas persiguen otras plateas, que no siempre tienen que ver con el público dúctil ( a la fuerza, pues asiste amordazado) o la aquiescencia del patrón. A veces uno cree que ciertos críticos escriben para otros críticos, y que otros muchos lo hacen como sucedáneo de algo que no se atreven a guisar a pecho descubierto pero que tampoco se resignan a comer como Juan Palomo, compartiendo ese rancho como si fuera delicatessen. Sospecho que Dolan Mor oye sin escuchar a los mismos que yo y Agustín Porras también los ha calado:

    * Crítica subalterna: de apariencia erudita y estoque oxidado, faena acomplejada que imposta un estilo y se guarece del juicio ajeno en el burladero de la libertad de opinión. Remedo perecedero de texto literario como crítica a la obra de un autor que al menos ha tenido la audacia de abrir la puerta de chiqueros y dejar que su novela (o cuento, o poema) salte al ruedo. No importa si el toro (porque el escritor es el toro, la base de nuestra verdadera fiesta, y no el matador en leotardos) es patizambo y han de salir los cabestros o si es bravo y digno de indulto, porque el brillo en el lomo zaino es de sudor auténtico. Lo zaino (oscurantismo, se llama, Pablo Gª Casado, culteranismo sin sabiduría, bravuconada sin coraje, fin de mes) en el subalterno cobra entonces el sentido de ladino. Farsa de creación literaria, bombero torero que divierte a la grada en acondroplásica lidia.

    * Crítica farisea: que acomoda su trasero en ademán inmutable y carga la vanidad sobre la nuca, hacia atrás, como se carga una honda con guijarros fríos, o se arquea una ceja antes de dejar el cuerpo del delito como el de un San Sebastián. Crítica usurera que con la misma actitud unívoca crucifica al novel y santifica al Nobel (o viceversa, si el momento o el interés lo exigen). Crítica de prestamista mellado que con altivez y acritud da un portazo en las narices del aprendiz, y con reverencia dislocante besa los pies del potentado. Y no lo hace ni por verdadera inquina ni adoración hacia uno u otro, ni por otra motivación que no sea la de ahorrar esfuerzo o sacar provecho, sea el salario una columna, una reseña, una docencia en algún taller literario, unas migajas de publicidad, unas coderas nuevas para regocijarse con los compadres de su sapiencia y mordacidad, o una membrecía vitalicia en el jurado de algún premio literario, perdón, quiero decir, editorial.


    Perdónenme el mal gusto de no ser breve. Disculpa mi osadía, Vicente, espero haber cargado poco las tintas y mucho el café y que aún estés ahí. Los diez puntos que añades como resumen hacia el final aclaran bastante el rumbo general de la nave, pero de nuevo con la firme voz del lector (más que con el balbuceo del escritor), pido la misma utopía que Agustín, aún a sabiendas de que no la alcanzaremos, pero sabiendo que intentarlo nos dejará frutos. Y como bien dices, si no podemos tomar el timón de esa nave sin aburguesarse demasiado, más vale seguir en las pateras y asaltar la orilla a discreción. Otros seguiremos escribiendo en cortezas de árbol y deseando que encalle gente así en la playa, para charlar de libros. Después de ciertas mujeres, la literatura es lo que más me desboca, y encontrar un espacio (por fin) donde compartir esta pasión con quienes saben más que yo, es todo un privilegio.

    Gracias. Trataré de hacer como AS a partir de ahora.

    Sergi Bellver — 31-05-2006 12:28:24

  45. Después del anaglifo se me torció la letra. La educación ya la traía torcida de casa. De nuevo, disculpas.

    Sergi Bellver — 31-05-2006 12:38:38

  46. Joé, Vicente, en un año has conseguido que tu blog sea una animadísima sala de reuniones que se me está volviendo imprescindible.Feliz bloganiversario. Poco que añadir a todo lo comentado aquí, quizás sólo que me resultan especialmente sugerentes las ideas de Fernández Mallo en relación con la necesidad de airear la escriturta (poética, crítica,etc) con corrientes procedentes de otros campos de la cultura humana:la música, lla economía, la ciencia especialmente... Esta es una de mis obsesiones últimas, aunque, cuando se ha sido un "chico de letras" de toda la vida, la cosa cuesta, es dura. Un cariñoso saludo.

    Daniel — 31-05-2006 12:40:22

  47. Solucionado para luego.

    Sergi Bellver — 31-05-2006 12:40:26

  48. Excelente resumen, mon cher Mora, que suscribo punto por punto.
    A Sergi Bellver, recordarle si acaso -desde el respeto y la complicidad- que "comprender del todo" no es comprender, sino imaginar que se ha comprendido: saturar el proceso siempre abierto en que la comprensión consiste mediante un suplemento imaginario.
    Me alegra, pues, que no comprendieras "del todo" El vacío y el centro... Pues eso es lo que se llama una buena lectura.
    Saludos para todos.

    angel zapata — 31-05-2006 13:17:42

  49. Una última apostilla, esta para Doncel.
    Tu enumeración me parece límpida, muy honrada y además clarividente.
    Me queda una única duda, y es la de cómo haces -en estos tiempos que corren (hacia atrás)- para distinguir tan claramente entre ética y militancia.
    Una ética que no se plasme en un compromiso activo, real (luego necesariamente "parcial")¿no se condena a la autocomplacencia narcisista, el formalismo sin contenidos o la mera angeología?
    Lo dijeron Breton y Eluard en un libro escrito mano a mano:
    "Condena lo que es puro; la pureza está condenada en ti."
    Un saludo cómplice.

    angel zapata — 31-05-2006 13:48:48

  50. Para Ángel Zapata: mi incomprensión o laguna ante "El vacío y el centro" vino de mis limitaciones y no de tu prosa o ideario. Supongo que cuando vaya creciendo (literariamente) seré capaz de aprehender mejor lo que ahora supera mi estadio. Con todo ello quería decir -y es por esto que contesto aquí, porque es para Vicente y los demás- que hay lectores (y juntaletras en proceso como el que suscribe) que no abarcamos toda la teoría literaria, pero sí creemos que debemos aportar nuestro punto de vista para evitar endogamias y atender al propósito del autor de esta bitácora. Tu estupendo prólogo a "Escritura y verdad", de Medardo, sí lo disfruté por completo, imagino que incluso lo comprendí.

    Lo de "alféizar", que sé que te irrita, era una manera de hacer la puñeta amistosa con surrealismo de residencia.

    Sergi Bellver — 31-05-2006 13:57:54

  51. Ángel, tengo una pregunta, que a veces leyéndote me ronda la cabeza. La escritura ética, ¿no es ya, en sí misma, una militancia activa?

    vicente luis mora — 31-05-2006 14:28:56

  52. Sergi, gracias por tus comentarios. Aquí, juntaletras con necesidad de aprender mucho somos todos. Desde luego, a mí me queda mucho por saber. Saludos.

    vicente luis mora — 31-05-2006 14:29:50

  53. sergi, a qué te referías?

    pablo garcía — 31-05-2006 14:53:50

  54. Anoche (núm. 40) firmé mi post como AS, aunque las veces que había intervenido anteriormente aquí fue como Atleta. Pero en fin, como en el blog de Arcadi Espada, que es de donde vengo, revelé mi nombre, lo digo también aquí: José Antonio Montano. Tampoco aporta nada: es una sombra que sustituye a otra sombra; aunque en realidad se trata de ir simplificando sombras. Así que una mejor que dos. Si vuelvo a intervenir aquí será ya como J. A. Montano.

    Para los curiosos, he abierto hace poco una página: http://joseantoniomontano.blogspot.com. Y sigo con mi frivolité poética del Poema del 2006: http://poema2006.blogspot.com

    J. A. Montano — 31-05-2006 15:47:56

  55. A la pregunta de Vicente, en 51: creo que no. Eso no menoscaba nada la actividad del escritor: pero hay otros espacios públicos (y público-privados) distintos del espacio de la palabra literaria, donde la acción (colectiva) es imprescindible si uno quiere cambiar realidades sociales. Aunque muchas veces dé tanta pereza, no podemos dejar de participar en asambleas, de marchar en manifestaciones, de trabajar en proyectos colectivos.

    Si es que uno atiende a Brecht: "cambia el mundo, lo necesita".

    Jorge Riechmann — 31-05-2006 17:09:19

  56. Estoy encantado de haber descubierto este blog, Vicente, es magnífico. Feliz año recien cumplido. Siento que sea por aquí pero no se me ocurre otra manera, me gustaría conseguir el mail de Agustín Fernández Mallo, me gustaría hacerle algunas preguntas sobre ciencia y poesía. Mil gracias de veras, y lo siento por quitarte tiempo que últimamente está muy caro. No te envío mail porque desde este ordenador de biblioteca de facultad no me dejan. Gracias

    Miguel Rojo — 31-05-2006 17:25:17

  57. Por cierto, estaría bien que pensaseis algo sobre la crítica educativa, o crítica constructiva, no sé, a mi me gustaría recibir consejos sobre mis poemas antes de que los destrocen directamente. Aunque igual eso se hace más a nivel personal. Me estoy contestando a mi mismo. Sólo pienso que una crítica debería llevar una parte de constructiva. Gracias

    Miguel Rojo — 31-05-2006 17:31:01

  58. Para Miguel: hazme caso, la crítica a los inéditos, a los textos guardados en el cajón, cuanto más destructiva, mejor.

    vicente luis mora — 31-05-2006 17:57:49

  59. (Sobre ética o a ver quién tiene el compromiso más largo)

    Me temo que no estoy de acuerdo con tu respuesta, Jorge; no porque sea falso lo que dices, que no lo es, sino porque creo que una palabra escrita tiene mucho más fuerza y es más decisiva que una proferida en la calle y al viento. Ésta se pierde, aquélla no se borra. Que haya que hacer las dos cosas, o que deban hacerse ambas, es otra cuestión, pero la escritura moral (y la crítica moral) es, en sí misma una actividad ética, activa y transformadora de la sociedad. Dice a los cuatro vientos que no nos basta con lo que tenemos, y que otro de los “mundos posibles” es el escrito: todo texto es una utopía, o una distopía.
    Por cierto, ahora que digo esto: mañana, día uno, por la tarde, en la Casa de América, la experta en utopía y literatura María Ramírez Ribes (ahora residente en Venezuela) interviene en una mesa redonda sobre Alfonso Reyes. En su excelente libro "La utopía contra la historia" (Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2005), escribe Ramírez Ribes que el alejamiento utópico es algo tan dañino para la sociedad como la absoluta ausencia de idealismo, y que la operación sobre la realidad también alcanza a los conceptos (terminológicos y simbólicos) manejados en la misma, cuya transformación suscribo como actitud política más que plausible. Algo parecido escribe en el prólogo del libro Fernando Aínsa: "en momentos de crisis y de vacío como los actuales, todo debería invitar a pensar arriesgando hipótesis alternativas al mundo 'dado' y tristemente real. Porque, digan lo que digan los pragmáticos y los historicistas puros, empedernidos causalistas en lo económico y en lo social, en momentos de crisis son más imprescindibles que nunca los resquicios que propician el soñar despierto de la utopía". En realidad, Jorge, todo esto es lo que digo en mi ensayo sobre tu obra en “Singularidades”: allí donde no pueda transformar, la palabra, al menos, trastorna. Que vuestra actividad (la de Ángel y el colectivo “La llave de los campos”, la tuya con tu sostenido compromiso ecosocialista, la de muchos otros poetas políticos que a veces entran en el blog) sea más ideológica o más activa que la mía no significa que la mía (y creo que puedo hablar por Diego Doncel) no lo sea en absoluto. Lo será, sí, en menor medida. Pero tiene su ética, y tiene su campo de actuación, tan necesario como la toma de la calle, porque no todo sucede en la calle, sobre todo en un mundo donde la población pasa su vida encerrada en su casa, apretando botones. Esos ciudadanos pasivos, encerrados, navegando por Internet, llegan un día un espacio donde se habla de literatura y compromiso ético, y entonces leen lo que dice un tal Jorge Riechmann, o leen al crítico huésped una recomendación sobre un libro importante llamado “Biomímesis” y ¡voilá!: el mensaje ideológico les alcanza, cosa que a lo mejor no sucede si no coinciden con el autor de Biomímesis por la calle… Creo que se me entiende. Este blog es en sí mismo una forma de trastorno, o intenta serlo. Hay un campo muy ancho entre el hacer mucho y el no hacer nada. Mi escaso hacer, además, os deja espacio libre a los que hacéis más, para expresaros. A continuación hay sitio. Tomadlo.

    vicente luis mora — 31-05-2006 18:01:42

  60. Seis meses ha que sigo este blog como lector. Me disculpo de antemano porque jamás he escrito hasta hoy, y en cierta medida me siento como “ladrón de tumbas” entrando en un recinto que, por respeto y admiración hacia algunos de los escritores que en él se convocan, sobrecoge. Amén de su trayectoria como “Bitácora” me gustaría resaltar también su incombustible defensa de la actitud crítica y el rigor, entendiendo por rigor el acercamiento complejo al hecho literario. Felicito pues por ello a su demiurgo, Vicente Luis Mora.
    Comparto plenamente lo dicho hasta ahora y en especial la síntesis que se ha realizado de todas las aportaciones vertidas, pero si me lo permitís quisiera profundizar en dos aspectos.
    El primero de ellos fue esbozado por Diego Doncel, y pone el énfasis en lo que la crítica tiene de poder, de ejercicio casi autoritario. Vivimos tiempos de destemplanza política, de unilateralismo cultural, de repliegue de los intelectuales a sus conventos interiores, fruto quizá del divorcio con la política de partidos. Un tiempo donde la actuación institucional uniformiza (véase el reciente Aznarato) y trata de imponerse a la mestiza heterogeneidad social. Esta forma de entender las relaciones públicas contamina todas las esferas de la vida ciudadana y, por supuesto, cristaliza mejor en aquellas sociedades con escasa trayectoria democrática. La crítica no ha sido ajena a este proceso. En estos momentos, a mi juicio, ha pasado de ser “civitas” para erigirse en “autoritas”, de ser “agente cultural” a parecer “gendarme simbólico”, y todo ello con el beneplácito de los mercados que, a su costa, consolidan sus estructuras. No quiero con ello decir que todos los críticos que escriben en los suplementos culturales sean “la guardia de corps” de los medios de comunicación, pero del mismo modo que los consumidores occidentales somos copartícipes invisibles de la destrucción medioambiental, los críticos, hoy en día, están atrapados en la contradicción que supone el ejercicio honesto de su profesión dentro de un medio profundamente mercantilizado.
    El segundo elemento que quisiera destacar es que la crítica en España adolece de falta de complejidad entendida desde la óptica que propone Edgar Morin. Como bien insiste el filósofo francés la razón, la ciencia, el conocimiento a fin de cuentas, “fue concebido durante mucho tiempo, y aún lo es a menudo, como teniendo por misión la de disipar la aparente complejidad de los fenómenos, a fin de revelar el orden simple al que obedecen”. Y si la ciencia empírica está demostrando (veáse Prygonige) la insolvencia de la racionalización (que no de la racionalidad), no podemos decir lo mismo de una parte del pensamiento filosófico-cultural, que sigue encapsulado en una posición ilustrada, homogénea y profundamente eurocéntrica. La crítica tampoco ha permanecido ajena a este proceso. Al contrario, se ha entreverado, creo, cada vez más en el seno de un discurso simplificador, aquiescente, que huye de todo reto interpretativo. Lo complejo, lo disperso, lo fragmentario, lo inconcluso, lo híbrido, lo entrópico es apartado como si de un espejismo se tratara. Lo que no se puede tramitar de un brochazo es condenado al silencio, a las afueras (como bien poetiza Pablo García Casado) y ahí queda. Quizá el reto consista en “construir heterogeneidades incluyentes” desde esas periferias sociales y culturales.
    Aún a riesgo de ser pesado y con esto casi concluyo, frente a una crítica que determina propongo que nosotros disolvamos los límites. Frente a una crítica que expulsa, propongo que seamos inclusivos. Frente a una crítica que concluye propongo que nosotros formulemos dudas. La incertidumbre como acción colectiva y como una de las bellas artes.
    Por último, quisiera ofrecer algunas pistas de quién soy porque me imagino que todos vosotros ya os conocéis. Me llamo Ernesto García López. A ratos aprendiz de poeta (mi último texto fue Fiesta de Pájaros, con prólogo de María Antonia Ortega). Esporádicamente practico la reseña crítica en la Revista Nayagua del Centro de Poesía José Hierro, y desde hace nueve años formo parte del Consejo de Redacción de una revista (www.revistaqi.com). Y ah, se me olvidaba, desde hace seis meses y un día leo este blog con vocación militante. Muchas gracias.

    Ernesto García López

    Ernesto García López — 31-05-2006 20:38:03

  61. Gracias, Ernesto. A la vista de tu comentario, no tenías ninguna razón para guardar silencio. Se trata de eso, de que podamos hablar todos. Saludos.

    vicente luis mora — 31-05-2006 20:46:33

  62. Sobre el espacio de la crítica o lo crítico del espacio

    El primer destinatario de una crítica en el suplemento literario de un periodico no es un lector de libros, al menos en primera instancia, sino un lector de periodicos. Seguro que hay coincidencias pero después. El medio periodistico, inmediato tambien en lo empresarial, ha adoptado el concepto de crítica literaria porque le resulta enjundioso, da lustre y es oficio, pero más bien, honestamente, se trata de reseña, da fe de una aparición, cuando no es mero pie de foto del catálogo, un catálogo de libros, preferible cutricomía. Desde este punto de vista los productos los pone en el catálogo el fabricante, los fabricantes, que por lo general dan primacía a la marca de la casa, o, según el mercado, etiquetan como propia la competencia. Rotación y reponedores.
    Creo en cualquier caso que aun no hemos llegado, en la critica de libros que leemos en los periódicos, al grado de perversión de la cinematográfica, muy poco renuente a la reproducción textual de las frases promocionales de las distribuidoras. También resulta éste de la crítica de libros ser un gremio más vivo que el de la teatral, donde dá aun más la impresión de que la crítica se asienta o se repanchinga o directamente bosteza. El espacio de la crítica literaria, de esa que aquí se ha planteado como creación, reacción, descripción, adhesión, defunción, resistencia, o fusible, no es el espacio de los suplementos de los periódicos, como no hay gastronomía en los suplementos alimenticios. No es un espacio generoso porque las exigencias no son cosa del crítico sino de la empresa. No dudo que lo que se pueda hacer desde los periódicos es mucho: generar lecturas, cuando no lectores (bravos), limpiar el templo (es que, en este blog, Google me sugiere enlaces de Literatura pero también de Evangelio) o mantenerlo mínimamente aseado. Pero es desde los periódicos, es lo que cabe, maqueta mediante, hay encargos, amigos y reprocidades, lecturas ineludibles, escritores insobornables... e imperceptiblemente uno se envuelve en una dinámica circular que, en un mal viaje, acaba guillotinandose.
    Hay una otra crítica-rio que se alimenta de lecturas en cuyo curso los libros son piedra, tronco, pez. Las bitácoras, esta tuya Vicente tan feliz, son un modo muy interesante para ejercitar el continuo. Quizás el mejor modo: otro libro.

    K-rubrika — 01-06-2006 00:05:40

  63. De acuerdo en parte k-rubrica, ya dijimos arriba que el espacio natural para la crítica profunda es largo y extendido (artículo, monografía, etc.), pero la cuestión es que la reseña es un espacio válido para dar algo de profundidad. Recuerdo comentarios inteligentísimos y certeros sobre la obra entera de un autor expuestos en un solo párrafo, hechos por Nabokov, Borges, Monterroso, Coetzee, Pavese, etc. Me dirás que los citados son grandes maestros, y te responderé que por ese motivo las reseñas tienen más de un párrafo… Los suplementos y revistas están ahí, tienen el espacio que tienen y no veo ningún motivo para abandonarlo a su suerte. Con una sola línea inteligente se puede hacer mucho bien. Saludos.

    vicente luis mora — 01-06-2006 09:04:11

  64. Me sumo a la ola de felicitaciones por el cumpleaños del blog de Vicente y no sólo por la honestidad que emana de su labor/búsqueda por los siete mares literarios sino también por la competencia (entiéndase por capacidad) crítica que te está permitiendo ir ganándote a muchos de los que en principio desconfiaban, e incluso a muchos de los que siempre desconfiarán, que quizá seamos todos. Por otra parte, es curioso, que la gente se vaya quitando máscaras y eso es buena señal (no sé si literaria) Abusando de la paciencia general no me resisto a colocar aquí un párrafo del ubérrimo Borges, ahora que además se cumple el vigésimo aniversario de su muerte (“Nota sobre -hacia- Bernard Shaw” de Otras inquisiciones) sobre el asunto que ocupa este post, ojalá aporte (o suscriba) algo, puede que sí.

    “La literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de que un solo libro no lo es. El libro no es un ente incomunicado: es una relación, es un eje de innumerables relaciones. Una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída: si me fuera otorgado leer cualquier página actual –ésta, por ejemplo- como la leerán el año 2000, yo sabría cómo será la literatura del año 2000 (¿lo sabría, o estamos en un laberinto que ni siquiera Borges pudo prever?). La concepción de la literatura como juego formal conduce, en el mejor de los casos, al buen trabajo del período y de la estrofa, a un decoro artesano (Jonson, Renan, Flaubert), y en el peor a las incomodidades de una obra hecha de sorpresas dictadas por la vanidad y el azar (Gracián, Herrera y Reissig).
    Si la literatura no fuera más que un álgebra verbal, cualquiera podría producir cualquier libro, a fuerza de ensayar variaciones. La lapidaria fórmula Todo fluye abrevia en dos palabras la filosofía de Heráclito: Raimundo Lulio nos diría que, dada la primera, basta ensayar los verbos intransitivos para descubrir la segunda y obtener, gracias al metódico azar, esa filosofía, y otras muchísimas. Cabría responder que la fórmula obtenida por eliminación, carecería de valor y hasta de sentido; para que tenga alguna virtud debemos concebirla en función de Heráclito, en función de una experiencia de Heráclito, aunque “Heráclito” no sea otra cosa que el presumible sujeto de esa experiencia. He dicho que un libro es un diálogo, una forma de relación; en el diálogo, un interlocutor no es la suma o promedio de lo que dice: puede no hablar y traslucir que es inteligente, puede emitir observaciones inteligentes y traslucir estupidez. Con la literatura ocurre lo mismo: d’Artagnan ejecuta hazañas innúmeras y don Quijote es apaleado y escarnecido, pero el valor de don Quijote se siente más. Lo anterior nos conduce a un problema estético no planteado hasta ahora: (¿seguimos teniendo este problema en nuestro siglo XXI, si es que es un problema?) ¿Puede un autor crear personajes (entiendo que Borges podría englobar aquí también los personajes poéticos, porque al margen de Whitman no sé si alguien lo ha logrado) superiores a él? Yo respondería que no y en esa negación abarcaría lo intelectual y lo moral. Pienso que de nosotros no saldrán criaturas más lúcidas o más nobles que nuestros mejores momentos.”

    Tal vez, además de todo lo que la gente ha apuntado aquí acertadamente respecto a la independencia, al rigor, al conocimiento estético (desde el background previo y la propia experiencia literaria) y al valor (entendido como coraje intelectual y moral pero también como grado de utilidad y aptitud) de abordar la obra sin prejuicios, el crítico necesite también la capacidad o la voluntad de leer entre líneas (o leer en conjunto) de una manera ética, y por ética quiero decir en este caso la capacidad de distinguir la aportación de ese escritor y esa obra al conocimiento o al espíritu humano. Es verdad que puede ser como muy vaporoso pero creo que sería interesante también que el crítico hiciera una apuesta, al margen de estéticas coyunturales o ismos de turno por lo que de esa obra podría destacarse verdaderamente a largo plazo.
    Cuando por ejemplo leo a Martin Amis despotricar contra el Quijote y ensalzar a su idolatrado Navokov, que por cierto dice algunas tonterías importantes en su Curso sobre el Quijote (como por ejemplo que la frase que pronuncia Sancho al largarse de la ínsula “Dejadme que vaya a buscar mi vida pasada para que me resucite de esta muerte presente” es “casi proustiana” Curso sobre el Quijote. Vladimir Nabokov. Ed.Byblos. Pag. 114.. ¿No será más fácil pensar que Proust -que nació un poco más tarde- ha podido estar más influido por la frase de Sancho que al revés?) me pregunto qué quedará de Amis dentro de un siglo y si verdaderamente habrá aportado algo o qué quedará de Nabokov. Puede que mucho, puede que incluso su influencia supere en todos los ámbitos a la de Cervantes, pero puede que no. La diferencia es que el Quijote ya ha demostrado que puede sobrevivir a cambios generacionales y a giros estéticos radicales, los otros tienen que demostrarlo. A lo que me refiero es que bajo mi punto de vista el crítico tendría también que intentar prestar atención no solamente a los valores puramente estéticos de la obra con todo su inevitable aparato de ramificaciones sino también a su aportación humanística. No creo que esté de más en el mundo que se nos avecina (que siempre se nos ha avecinado) un compromiso desde la crítica –como tú Vicente, no lo tengo tan claro desde la creación- con las ideas éticas (si es que existen o no existen) que a largo plazo nos definen como seres medianamente inteligentes.
    Bueno, acabando la perorata, Vicente se me ocurre que tal vez la crítica futura sea precisamente la que ya estáis haciendo muchos en blogs como este.

    miguel angel gara — 01-06-2006 10:09:53

  65. Estoy de acuerdo contigo, Miguel Ángel, y también con Borges cuando dice que un libro es un diálogo, frase que tendré que meter en una poco posible segunda edición de “Construcción”. Creo que, en efecto, debe haber ética en la crítica, y también, ocasionalmente, en la escritura. Tengo un libro inédito de poesía política, y desconfío tanto de quienes siempre son comprometidos como de quienes no lo son nunca. Eso sí: la interpretación del arte siempre debe tener en cuenta, como dices, el entorno cultural y escoger (y esa elección es ética) cuál de las partes de la cultura presente es la más válida desde el punto de vista artístico, abandonando en el análisis los valores de mercado. Saludos.

    vicente luis mora — 01-06-2006 10:36:04

  66. Sobre ética y militancia.

    Estoy MUY lejos de pensar que el activismo cultural sea inútil, mon cher Mora, y más bien creo, como dirían los pintores, que propicia y "le hace cama" a las posibilidades transformadoras que puedan estar gestándose en el interior de lo social.
    En esta dirección, sostener contra viento y marea una postura ética es para mí un acto de militancia que incide -o al menos puede incidir- sobre el Imaginario de las sociedades... Y negarle valor o eficacia al compromiso en el territorio de la cultura sería no sólo profundamente injusto o miope, sino un argumento tendente a reforzar los estragos del conformismo que respiramos cada día.
    Además de esto, desde luego, pienso que conviene no perder de vista la necesidad de un praxis transformadora que comprometa al hombre total que cada uno somos, más allá de las separaciones que impone esta vida (des)regulada por el modo de producción capitalista. "Cambiar la vida" sin "transformar el mundo" ha sido de hecho -en las últimas décadas- la propuesta de todas esas posiciones intelectuales supuestamente "subversivas" vinculadas a cierta postmodernidad, y la guirnalda, también, de cierta disidencia cultural que en el fondo no disiente de nada.
    Por eso importa darle "guardar" al matiz imprescindible que aporta Riechmann... Entre otras cosas, porque -tal como Zizeck está señalando muy acertadamente en los últimos años- no sabemos gran cosa antes de actuar, y esa apuesta por la que acepto ponerme en juego mediante una acción transformadora es la que FUNDA, realmente, mis posibilidades de acceso a una verdad ética, las condiciones de esa misma verdad, su "real". Lo que debe ser sólo podemos descubrirlo a medida que intentamos realizarlo, y no antes. Y esto implica siempre un salto, un paso-al-acto lacaniano, una determinación a actuar sin demasiadas razones, una apuesta práctica en favor del deseo.
    La ética puede ser una militancia, qué duda cabe, a condición de que uno se juege algo en sostener esa postura, de que mi pronunciamento ético ponga en juego al hombre total que soy. Esto es, pienso, lo que le da la calidad de un acto... Todo lo cual se opone frontalmente, es obvio, a cierta idealización de "lo ético" extendida en las últimas décadas en la pseudocultura de la "clase media" española, donde la ética aparece como un territorio inmaculado destinado a evadir lo inevadible, a saber: el conflicto que funda la realidad intersubjetiva, dentro de una sociedad DIVIDIDA en clases.
    Saludos para todos.

    angel zapata — 01-06-2006 12:15:44

  67. Muy de acuerdo, Ángel. Sobre todo cuando dices que la postura ética es una militancia sólo "a condición de que uno se juegue algo en sostener esa postura". Yo, al menos, me juego mucho, todos los días, en cada reseña, en cada comentario que respondo. Y si miras ahí arriba, en las estadísticas de la página, he respondido 412 veces en un año; más de una respuesta por día, sin contar las reseñas ni el ensayo, que tantos quebraderos de cabeza me está dando, y me dará, y tantas puertas va a cerrarme. Me juego mucho, y lo asumo, porque me mueve la ética, y no la conveniencia posmoderna de clase media. Saludos.

    vicente luis mora — 01-06-2006 12:54:13

  68. Ahora casi me ruborizo tras el impulso de ayer, porque abusa de un tiempo que no le sobra a nadie, y lo que es peor, confirma mi candidez al pensar que alguien iba a emplear el suficiente en leerlo. Bueno, han quedado algunas preguntas sin eco, pero poco a poco se van desvelando indirectamente las respuestas desde la conversación general. Así que atiendo. Que sabeis más no es adulación, es un hecho empírico, como calcular las horas que unos y otros podríamos estar hablando sobre Borges, por ejemplo. Mi fuelle se agotaría mucho antes.

    Cumpliendo mi promesa de brevedad (lo siento, me cuesta), sólo añadir dos cosas: mi felicitación hacia Vicente no es zalamera, ya que en ocasiones estaré en desacuerdo con sus posturas. Después de haber pasado muchas horas leyendo entradas anteriores, señalo sólo un ejemplo: no me ha acabado de gustar la crítica a "Dr.Pasavento", no en el fondo, pues tienes motivos más que sobrados para pensar como lo haces y creer que Vila-Matas aburre (en esa obra) a una vaca muerta, sino en la forma, en el estilo, el poso y el andamiaje del texto en sí. En otras ocasiones tienes más razón que un proverbio mesetario, aún pareciendo severo, verbi gratia, recomendando inmisericordia absoluta ante los poemarios de cajón desastre (todo junto). Ahora me alegro de que nadie abriese la plica de uno que envié hace dos años al premio de la fundación Loewe, porque con el tiempo me di cuenta de que era un pastiche infumable. En definitiva, si alabo lo que hace el autor de este espacio, sobre todo, es por la audacia y nobleza de hacerlo así, sin esconderse.

    Y la otra acotación tiene que ver con esta especie de politización de la cultura. Creo que en cierta medida, Ángel, esa división de clases en estas latitudes del mapa es mucho más permeable de lo que parece. Es cierto que siguen operando oligarquías (y sólo hablo del panorama cultural, pero vale para otros), pero en términos literarios, artísticos, no existe una verdadera “masa oprimida” ni proletaria. Porque la diferencia, en este caso, es que el capital (literario y artístico) sí es accesible y el proletario es libre (aunque a veces no lo sepa y otras se lo crea sin serlo). Lo único que hace falta es que cada individuo se haga preguntas, se cuestione, e investigue. Mañana mismo podrían bajar a cero las ventas del cógigo horribilis, si la gente comenzara a hacerse preguntas. En este caso es tan culpable el poder que dosifica, pervierte y prostituye la cultura, como la muchedumbre que acepta el pienso y la cuadra. Creo que en este caso que nos ocupa, la crítica tiene en su mano sacudir un poco las mentes, desentumecer los tejidos. Y pocas veces lo hace.

    Sergi Bellv