La poesía de María José Flores
María José Flores
Antología poética (1984-2003); Editora Regional de Extremadura, 2005
El rostro de la piedra; Diputación Provincial de Badajoz, 1991
Poemas del cuerpo; Del Oeste Ediciones, Badajoz, 1999
Tiene razón Miguel Ángel Lama cuando en su nota introductora a la antología de María José Flores, dice que “a pesar de su larga trayectoria y de sus reconocimientos, sigue necesitando una mayor difusión entre los más entregados lectores de poesía”. No sé, ni necesito saber, cuáles son las razones para que una poeta con una voz tan auténtica y consolidada no tenga una presencia decidida, tanto más cuando de unos años a esta parte se ha incentivado la edición y recuperación, sobre todo a través de antologías, de numerosas poetisas actuales. María José Flores (Burguillos del Cerro, Badajoz, 1963), debe ser de las diez voces femeninas más dotadas de nuestro panorama lírico, y quizá su residencia en Italia, o quizá la desidia propia y ajena, han ido postergando su obra a favor de otras menos interesantes. Esta nota no intenta ser una reseña crítica, sino una invitación a la lectura, algo que había dejado de hacer en el blog en aras de la tarea crítica; este cambio me parece un error. Este blog nació con varios propósitos; entre ellos, no era el menos importante hacerse eco de otras voces, de propuestas alternativas, de escrituras diferentes, de autores con escasa proyección mediática, de propuestas arriesgadas, de estéticas que suelen escamotearse en los medios al uso, de obras o tradiciones olvidadas y a recuperar. Debemos retomar ese espíritu y, leyendo durante estos días la obra de María José Flores, me ha parecido que era la escritora indicada para hacerlo. Porque no lo pide, porque no lo necesita. Porque se lo merece, en cuatro palabras. La poesía de Flores arranca del espíritu de la poesía del silencio, aunque sus primeras publicaciones son de 1984 y ya traen de sí la lección de lo contenido y lo esencial, no en vano se apela a San Juan de la Cruz desde uno de los títulos, Noche oscura del alma. La línea sería:
San Juan – JRJ – Lorca – el primer Cernuda – Valente
: la mejor línea posible de nuestra poesía reciente, desde luego. De ahí arranca Flores y, primera sorpresa, añade, en vez de seguir epigonalmente las influencias. Determina el espacio en el poema, le da un sentido, llena el verbo de carnalidad femenina y el texto de decantación exigente de lenguaje. El resultado es una poesía que, a su vez, influirá sobre Ada Salas. Un modo femenino de encarar el silencio, lo invisible, lo no dicho, examinado desde tres ejes semánticos centrales, que a mi juicio determinan toda su poesía, y que están presentes en este poema: “No elegimos aquello / que más nos pertenece. // Ni el cuerpo / ni la lengua / ni el deseo // ni la muerte” (Antología poética, p. 88). Veo la muerte más tangencial en su poética; los temas nucleares son, a mi juicio, el cuerpo, el deseo y la preocupación sobre el lenguaje. Sobre esta santísima trinidad de la poesía femenina en español (véase Silvia Bermúdez, Las dinámicas del deseo. Subjetividad y lenguaje en la poesía española contemporánea; Libertarias, Madrid, 1997), construye María José Flores su obra, una de las más interesantes, originales y válidas de su tiempo.