Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

18-04-2006 13:39:58

Frederic Jameson y el realismo providencial

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

F. Jameson, El realismo y la novela providencial; edición de Julián Jiménez Heffernan, Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2006.

Los interesados en teoría de la novela, narratología, literatura comparada o literatura y crítica en general, no debieran perderse este pequeño librito, dividido en tres partes muy diferenciadas. La primera es una conferencia que el indispensable crítico de la cultura (término más amplio y adecuado que el de crítico literario, cuyos márgenes supera) Frederic Jameson impartiera en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2003, en el marco de unas jornadas de homenaje al gran comparatista Claudio Guillén. La segunda parte recoge precisamente el coloquio posterior, con intervenciones del propio Guillén en diálogo con Jameson. Y la tercera parte, que interesará menos al lector menos interesado en cuestiones de teórica, es un fabuloso ensayo de Julián Jiménez Heffernan sobre el pensamiento crítico y filosófico de Jameson, uno de los mejores narratólogos y pensadores sobre posmodernismo de la actualidad (vide al respecto su (Postmodernism, or, The Cultural Logic of Late Capitalism. Durham, NC: Duke University Press, 1991, publicado en castellano por Trotta en 1998).

Jameson tiene un discurso tan fuerte que, como ha reconocido José Manuel Romero, su trabajo “a pesar de estar dedicado a cuestiones de crítica literaria, es a todas luces relevante para nosotros [los filósofos estudiosos de la hermenéutica], pues se trata de una investigación programática de cara a la ‘construcción de una nueva hermenéutica’” (1) . Ese crescendo de lo literario a lo filosófico se aprecia perfectamente en el librito que comentamos. El objetivo de la conferencia de Jameson, acorde con sus primeras palabras de resituación de lo que sea hoy la literatura comparada, es arrojar una nueva luz, plantear una interpretación alternativa de cierta “gran novela realista” del XIX, explicada bajo el prisma del realismo providencial. Este debería ser entendido como el pacto entre el lector y el escritor de que hay una posibilidad de que una ley providencial (sea o no en un sentido religioso, esto es; medie en la solución una Providencia divina o no) que acabe solucionando el argumento de la novela hasta llegar a un “final feliz” (o no feliz, pero “deteminado”). El inteligente crítico norteamericano describe y cualifica las diversas posturas de la novelística moderna imbricada en la tradición providencial: la inmanencia inmanente del realismo ontológico, la inmanencia trascendente (vgr., el Bunyan de The Pilgrim’s Progress), la posibilidad de una “trascendencia trascendente” en la novela político-utópica (de por sí alérgica, como apunta Jiménez Heffernan, a la solución providencialista, p. 59), y la que más le interesa, la del “trascendentalismo inmanente” de novelas como Middlemarch. Es muy interesante la penetración con que Jameson aborda cada uno de estos tipos y los ilumina con ejemplos de novelas concretas, algunas de ellas (sorprendente para los lectores hispanos, tan poco acostumbrados) escritas en español.

La tesis de Jameson, muy interesante, está ajustada sólo a la novela del XIX. Pero a mi juicio hay un providencialismo mucho más interesante, que Jameson deja de lado –supongo– sólo por razones cronológicas, que vendría constituido en la parte final de la Modernidad, por la “providencial” aparición del novelista, del creador, como Dios de la narración, actuando en su propio nombre. Esa es, en rigor, una de las señas del apogeo histórico y estético de la Modernidad: la progresiva sustitución de las leyes divinas o naturales como rectoras de lo narrado por la “voluntad” del narrador. Unamuno, Papini o Pirandello serían no los primeros representantes, sino su clímax, el cenit del movimiento de llegada de lo moderno a la narración. El Unamuno que en Niebla le explica al personaje, Augusto Pérez, que no piensa dar vuelta atrás en su planteamiento sobre él, sería la retorsión paródica, metacristiana, del autor como Providencia de andar por casa (pero es que el libro es su casa). La decisión providencial de los argumentos se seculariza, pasando la responsabilidad omnímoda de las historias al tejedor de las mismas, lo que constituye el último paso de la profesionalización del escritor: si voy a ser responsable de lo escrito para lo malo, se dice el autor de finales del XIX y principios del XX, también lo seré para lo bueno; yo decidiré qué ocurre al final con mis personajes, si se salvan o perecen. Kafka, en este sentido (sólo en este, probablemente) sería premoderno, ya que sus personajes vienen regidos por una providencia negativa, un deus absconditus que convierte sus existencias en trayectorias pautadas de antemano. No sabemos quién ordena el proceso de Joseph K. ni quién está detrás del “exilio” del castillo del agrimensor K. Y también sabemos que Kafka no dice expresamente (y esa explicitud sería la clave) que sea él mismo, cosa que sí hará, por ejemplo, el Unamuno de Niebla.

A mi juicio, en este paso tiene mucho que ver la consideración distinta del individuo, entre una etapa y otra de la Literatura occidental. La poesía y la novela dejan en el siglo XIX, sobre todo hacia sus últimas décadas, de responder a criterios de tercera o segunda persona para incardinarse en la primera: en el je est un autre de Rimbaud la parte más importante de la frase no es el autre, como suele pensarse, sino la brutal autoconciencia sobre el je, el yo. Creo que Iris Murdoch vio esto muy bien, relacionándolo (como hace también Jameson) a la estética hegeliana: “la literatura moderna nos ofrece el triunfo de la neurosis, el triunfo del mito como forma solipsista. Nuestras epopeyas sociales carecen de vitalidad creadora y se preocupan más por la exploración de instituciones que por la creación de personajes. Mientras que en nuestras novelas metafísicas, que representan lo mejor y lo más prestigioso de la literatura, el protagonista está solo, sin compañía alguna, o no tiene por compañía más que otras partes de sí mismo. Aquí sigue reinando Hegel y tenemos el romanticismo en su forma final, más pura y más concentrada, donde la lucha entre las personas es en realidad una lucha dentro de la cabeza de un solo personaje. En tales obras se nota la implacable sumisión de los personajes a la voluntad de su autor. Los personajes ya no son libres. (...) El autor ni siquiera pretende que sean libres. Si lo fueran serían un estorbo para él. Su libro es un intento de solucionar su propia salvación mediante un ejercicio de autodescubrimiento (...) El individuo real ha tendido a desaparecer de la novela, y su lugar ha sido ocupado por el individuo simbólico que es la obra literaria misma” (2). Ese individuo simbólico es, en la mayoría de las ocasiones, un trasunto de su propio autor, como el Marc Augé que confesaba en Ficciones de fin de siglo haber sustituido el etnoanálisis por un experimento de autoanálisis, “dirigiendo a mí mismo las preguntas que había formulado antes a otras personas (...) e intentaba verificar de esta forma si para el único nativo que tenía a mano (yo mismo) éstas tenían sentido y si lo mantenían también para las personas que lo rodeaban” (3). La primera forma en que un novelista afronta el autoanálisis es a través de la consideración de su obra, de su novela, como parte de sí mismo, y a sus personajes como máscaras simbólicas de generación propia. Otros jes convertidos en autres, por albur no divino, sino narrativo. La providencia es, en este caso, doméstica, interiorizada. En la actualidad quizá se haya producido ya un nuevo cambio cualitativo de todos estos procesos (haciendo descansar la responsabilidad decisoria de los argumentos bien en argumentos científicos –sobre todo, la entropía e inasibilidad de las leyes de la naturaleza–, o en la voluntad impositiva de uno de los personajes, dotándose de carácter ficcional la misma providencia) pero esa es ya otra historia.


Notas
(1) José Manuel Romero, Hacia una hermenéutica dialéctica; Síntesis, Madrid, 2005, p. 220.
(2) Iris Murdoch, “Retorno a lo sublime y a lo bello”, en Revista de Occidente nº 44, 1/1985, p. 85.
(3) M. Augé, Ficciones de fin de siglo; Gedisa, Barcelona, 2001, p. 87.


Trackbacks

Trackback URL para este post

Comentarios

  1. Interesante tu blog y tu analisis sobre Jameson,màs creo ya se estan dando algunas variantes en la narrativa ultima que van màs alla de los personajes simbolicos que suplantan al personaje real.Aunque esa variante ultima "cientificista" que mencionas me parece muy determinista.Me gusta tu blog.Te invito a visitar el mio:http://leozeladabrauliograjeda.blogspot.com/
    Un abrazo.

    leo zelada — 18-04-2006 16:35:24

  2. Jameson tiene ideas interesantísimas, aunque a veces peque de neomarxista cuando habla de posmordernismo derivado sólo del capitalismo. En cuanto al post anterior, debo aclararle a Leo Zelada que visité su blog y discrepo con él en que Raúl Rivero es el mejor escritor cubano actual. Es una ofensa a la literatura cubana. Rivero es un buen periodista disidente, pero es un escritor de tercera. Basta decir que de su pequeña generación el mejor poeta es Luis Rogelio Nogueras, no él. Recomiendo a Zelada que lea a José Manuel Prieto, a Rolando Sánchez Mejías, a Antonio José Ponte, a Dolan Mor, a Reina María Rodríguez o a Damaris Calderón y dudo mucho que después diga lo mismoo. ¿Has leído un libro de Rivero que se llama CIERTA POESÍA?. Léalo y dspués hablamos. Mi correo es robertoraiza@yahoo.es, por si quieres hablar.Lo siento, Zelada, pero la verdad es la verdad y más si se habla de LITERATURA.

    Roberto Raiza

    Roberto Raiza — 19-04-2006 08:42:25

  3. Sr. Raiza, le agradezco su comentario pero si usted tiene algo que decirle al señor Zelada, le agradecería que lo hiciese en su blog, y no en el mío. Saludos.

    vicente luis mora — 19-04-2006 11:09:43

  4. Hola. Antes que nada, felicitaciones por el blog y sus contenidos.

    Sin haber leído este libro de Jameson ya parece suculento. Aún así , me gustaría preguntarte por detalles tangenciales a los propósitos de tu reseña. No hace mucho, a mitad de una mudanza reencontré un Archipiélago, ¿nº 65? dedicado a Chesterton. Días más tarde, leyendo este último post, no pude evitar relacionarlo sobre todo con dos artículos: el de Juan Bonilla y el de Amador Fernández Savater, por diferentes motivos. No obstante, me llamó la atención el desdén o falta de curiosidad que dicha “condición”, ya no nueva, suscitaba en ambos, lo cual no es tu caso ni el de otros participantes en tu blog.

    Me interesaría conocer tu opinión sobre el concepto de las “generaciones verticales” de Bonilla, a la manera del ejemplo de” los precursores” creados a posteriori de Borges. También me quedé con ganas de saber cómo recibes la narrativa más experimental de autores como Ondaatje (el de Coming From Slaughter, o su poemario Handwriting), Will Self, el Don deLillo de The Body Artist, o en general aquellos autores con un menor experimentalismo formal, pero con tramas o ideas que sí reflejan un panorama cambiante.

    Y ya por último un bicho raro o todo lo contrario: Jeff Noon (sobre todo su proyecto Cobralingus, que creo dispone todavía de su propia web), quien de alguna manera propone una mezcla bastante fluida de los mundos mutantes de Ballard, K. Dick, Carroll, todo ello entre ahogos postindustriales de corte fantástico. En especial Cobralingus, un proyecto bastante intraducible a otro idioma, muy relacionado con la música, los estados de ánimo artificialmente alterados y su réplica -o el intento de ello- mediante la escritura. Un remix deconstructivo. Es una lástima que su último libro (La aguja en el surco) no fuese editado por Mondadori respetando su concepto original, dado que se trata de una novela en verso, con cada capítulo siendo una “canción”. Es probable, sin embargo, que no te interesen apenas. Pero sí que observo en ellos, desde otros frentes, el deseo y empuje por encontrar nuevas fuentes, nuevas formas de decir el mundo. Entre los híbridos, fuera de las formas puras. “Ahí”.

    Hasta otra. Sigue con el blog, es refrescante.

    carlos maiques — 19-04-2006 21:27:19

  5. No conozco todas las referencias que citas (por ejemplo, no he leído a Noon), pero las que aportas (y sobre todo DeLillo) son de mi máximo interés. Claro que creo que es ésa la línea de literatura que va a quedar (siempre y cuando se entienda por tal línea aquella que aúna riesgo creador y buenos resultados: vanguardia + clasicidad). Respecto a lo de Juan Bonilla, no puedo contestarte porque no he leído su artículo sobre Chesterton, pero suelo estar en muchas cosas de acuerdo con Juan, sobre todo si son sobre literatura inglesa. Y con Borges coincido casi siempre, así que me temo que, sin conocerlo, seguro que apoyaría su concepto de "generaciones verticales". Respecto a Ballard y Dick, te diré que me encantan, y que considero (creo que Rodrigo Fresán y Javier Fernández -lee su "Cero absoluto" en Berenice, te va a encantar- estarían de acuerdo) a Ballard como un auténtico genio muy infravalorado en la actualidad, cuando es uno de los grandes escritores vivos. Dentro de treinta años se le considerará un clásico. Saludos.

    vicente luis mora — 20-04-2006 14:55:30

  6. Apuntado lo del ´Cero absoluto´, de Javier Fernández. Existe una entrevista de Will Self a Ballard, recogida en un volumen de ensayos del primero titulado Junk Mail, de hace ya unos años. En ella hablan sobre todo de Burroughs, ambos son fans, claro, y algo menos de Dick, entre muchos otros asuntos. No sé si conoces a Thomas S. Disch, siendo menos conocido y peor publicado que Dick, también posee una obra muy estimable (En las alas de la canción, o Campo de concentración). Claro que muchas veces la calidad que se otorga a un trabajo proviene del cómo es contado. Fresán tiene razón cuando dice que el estilo de Dick es moroso y deslavazado. Cuando leí eso, (si no recuerdo mal era la reseña en El País de la biografía de Carrere), me vino a la memoria una opinión muy parecida de Jesús Ferrero sobre Burroughs. A lo mejor la trama se iba al garete en segundos, en menos de catorce páginas, pero ya había conseguido abrir tantas ventanas sugerentes que, bueno, ya no importaba...El fantasma accidental es un buen ejemplo de ello.

    Lo de Jeff Noon es un enganche personal. Lo leí primero en inglés (Vurt) y pasaron siglos hasta que lo tradujeron. Parece que no ha funcionado aquí con Mondadori, pero se merece un vistazo. Su último libro, Falling Out Of Cars, habla de un mundo en el que el ruido, entendido como interferencia comunicativa, va creando comunidades alienadas por la incapacidad de interpretar la realidad. Legiones de zombis adictos a una droga que mantenga a niveles sostenibles su sensación de lo real. Como ves, bastante sf new wave. En cuanto a Cobralingus, lo más destacable, para mí, aunque parte de una idea en principio muy sencilla, es la puesta en práctica de una pregunta. En un mundo que habla de tiempo real, donde las remezclas estiran, rompen, transforman los sonidos y las imágenes, qué manera hay, (posterior al cut up), de expresarlo en su no claridad? Si tratamos los textos, los transformamos en su tipografía, en su apariencia, qué ocurriría si los procesáramos con filtros conceptuales,si se inocularan los párrafos con paranoia, o placidez, obsesión, etc?

    Todo esto, completamente alejado de los New Puritans, lo explica por supuesto mucho mejor el propio Noon en entrevistas o en la página de Cobralingus.En su caso, no creo que se convierta en un clásico, pero como decías antes, me encanta.

    Saludos.

    carlos maiques — 20-04-2006 16:48:43

  7. Por cierto, la droga usada en Falling Out Of Cars se llama "Lucidity".

    En Vurt se trataba de "plumas", legales e ilegales, e incluso de metaplumas, sólo adquiribles dentro del sueño de Vurt (o del viaje, tanto da).

    carlos — 20-04-2006 20:00:03

  8. F. Jameson me parece uno de los estudiosos más importantes para adentrarse en los temas llamados "posmodernos" (en lo personal me cuesta trabajo aun definir lo que la posmodernidad encierra). No he leido este libro que parece excelente (muchas gracias por la reseña que invita a leerlo). El que si acabo de leer es Las semillas del tiempo y lo recomiendo mucho, hay un rico trabajo respecto al pensamiento actual y sus contradicciones y paradojas.

    Gusto en conocerte. Tienes un excelente blog (no lo iba a decir porque suena a lugar común, pero es imposible no señalarlo).

    Magda — 21-04-2006 06:23:50

  9. Gracias por tus palabras, Magda. Será un lugar común, pero para mi merece la pena saber que hay lectores que agradecen el esfuerzo. Saludos.

    vicente luis mora — 21-04-2006 14:17:45


Recordar datos


LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009