Dos novedades
Acaban de aparecer dos libros míos, lo que os comunico por si os interesan y porque si no los publicito, los editores se enfadan: uno de relatos, Subterráneos (DVD), y un ensayo, Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual (Bartleby). En este último, incluyo varios textos sobre literatura actual, principal pero no únicamente sobre poesía. Creo que será de interés para aquellos que seguís con frecuencia el blog, cuyos contenidos complementa.
Os transcribo un pequeño trozo de la introducción, donde se abordan varios problemas estructurales de la literatura española actual:
Hay mucho alejamiento de la literatura escrita en castellano en la otra orilla, a pesar de que “parece claro que (…) España ha recibido más que ha dado”, como escribiera Gamoneda. En innumerables ocasiones me he mostrado partidario de no distinguir entre literatura ibérica e hispanoamericana, planteando incluso una homogeneidad cultural con la escrita en portugués, brasileño, catalán, gallego y vasco. Si puede discutirse el segundo extremo (en las antípodas, por cierto, del multiculturalismo reinante, aunque no es éste el lugar de argumentar la disensión), no creo que sea ya combatible el primero. Ana Nuño, autora de un sugestivo ensayo, “La feria de las vanidades”, dentro del recomendable conjunto Intransiciones, editado por Eduardo Subirats (Biblioteca Nueva, 2002), ha reflexionado, y critica “que estos autores, al lado de cuyas obras las de muchos de los narradores españoles contemporáneos más jaleados por la prensa y vitoreados por la crítica parecen insustanciales (...), queden automáticamente condenados a ver cómo sus obras circulan sólo en el ámbito de sus respectivos países”. La autora llama al fenómeno balcanización editorial. Como en todas las guerras civiles, los perdedores somos todos. Sin embargo, no toda la culpa es de los editores. También aquí, desde un risible esencialismo ibérico primero (el mismo que quería dejar a Alfonso Reyes fuera del homenaje a Góngora del 27 y más o menos con los mismos participantes) y la simple incultura después, ha sido preterido el nuevo continente para privilegiar la provinciana y por lo común ñoña literatura patria. Parece que sólo mediante fenómenos mercadotécnicos como el boom, el crack o el macondismo (con una invariable y paradójica terminología anglosajona) se restauraba la torturada escalera de Jacob que unía la superficial cultura española con la profunda y telúrica literatura hispanoamericana. Por fortuna, no son pocos quienes han evidenciado este sinsentido y, bien con escritos al respecto, bien con iniciativas directas (como la esencial antología –con todos los aspectos discutibles que queramos, que los hay– Las ínsulas extrañas, compuesta en 2002 por Andrés Sánchez Robayna, Eduardo Milán, José Ángel Valente y Blanca Varela) han intentado la superación del fenómeno y la consideración historiográfica de una sola literatura hispánica, o en lengua castellana. Ricardo Cano Gaviria ha apuntado otra posibilidad: la inserción en una tradición europea, sin más. Yo creo, desde luego, que ambos son compatibles y su fusión necesaria, pero eso, de momento, es otra historia. Es increíble lo que tardan las inercias institucionales y universitarias españolas en asimilar los conceptos de sentido común. Pero –y este es un problema que he citado en algún lugar, seguramente poco conveniente a los efectos de denuncia– la historiografía crítica universitaria española está contaminada por un modo de entender lo literario que, “inventado” por el tridente pérfido (Dámaso Alonso / Jorge Guillén / Carlos Bousoño), ha mantenido un interesado y único canon de “lo registrable poéticamente”, que excluye no sólo a esos yndios equivocados y malditos, sino a cualquier manifestación lírica española que no quepa en el estrechísimo radar que se utiliza en el Centro Francisco Rico de detección de objetos literarios. La poesía comprometida, el irracionalismo en casi todas sus variantes salvo la rácana dirección Bousoño, el visualismo, la poesía hermética (en los dos sentidos de la palabra, el de la dificultad y el relacionado –Ángel Crespo– con la gnosis y la alquimia) y, en general, cualquier manifestación poética realizada no en seguimiento pero sí en sintonía con el espíritu de las vanguardias, es inmediatamente calificado como ÓVNI (Órbita Valente: No Identificable).