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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

29-03-2006 21:52:29

Rem Koolhaas

Categoria: GeneralVicente Luis Mora



Rem Koolhaas
Delirio de Nueva York; Gustavo Gili, 2004


Ni Koolhaas ni nadie podía imaginar en 1978, fecha de redacción de este libro, los dramáticos tintes que esta frase iba a tener con el tiempo, 23 años después: “Manhattan es una acumulación de posibles desastres que nunca ocurren” (p. 27). Concebido como una retícula, este libro es un conjunto de fragmentos similares que, como la distribución de la isla más famosa del mundo, forman un tejido cuadrangular y posmoderno de explicación de la urbe más famosa del mundo. Este curioso trabajo de un arquitecto siempre amigo de unir todas las artes en sus escarceos artísticos se desarrolla en dos sentidos: primero, elaborar una teoría histórica que explique Manhattan como fenómeno urbanístico; segundo, analizar el manhattanismo, teoría “no formulada” pero que se habría seguido en la construcción de la isla, sin volverse a utilizar jamás, y que es una especie de pragmatismo utópico, trasladable al hecho de vivir en algo totalmente artificial: como dice el propio Koolhaas, “vivir dentro de la fantasía” (p. 10). Manhattan, es claro, proporciona el éxtasis ante la arquitectura, como ninguna otra ciudad del mundo. Aunque otros lugares como Tokio, Hong Kong, Kuala Lumpur o Chicago tengan similares estructuras, acumulación de torres o rutilantes noches verticales, Manhattan tiene algo que la singulariza y es, por supuesto, su condición de isla, su conformación exenta de tierra firme, como una roca esculpida y abandonada en el océano, que la personaliza de esos otros finisterres de cristal, meros apéndices de una tierra perfectamente reconocible. En Manhattan no se ve la tierra. No hay campo en Manhattan; hasta Central Park es cuadrangular, acotado: artificial. Manhattan está devestida de toda relación con los continentes o la idea de terreno. En la isla sólo hay solares, 2.088 “soledades” o parcelas divididas de aquella retícula que crearan de la nada tres ingenieros en 1811, prescindiendo de la topología y concluyendo, por tanto, que “el sometimiento de la naturaleza, por no decir su extinción, es su verdadera ambición” (p. 20), como resume Koolhaas. Y de este modo, con el crecimiento horizontal amputado, ya sólo queda la dirección ascendente; el cielo se convierte en la única frontera y la agonía vertical queda constituida en el nuevo “salvaje Oeste” a conquistar (p. 87): de ahí que entre 1900 y 1907 comience la carrera de los rascacielos.

Hasta el 11/S, otra característica la mantenía en su estatus de ciudad de ciencia ficción: el no estar afectada por la historia. Moderna a fines del XVIII, contemporánea en el XIX y posmoderna en el XX antes de que nada más lo fuera, era la idea misma del progreso continuo, la punta de lanza de la tecnología y las finanzas mundiales, la materialización de lo avanzado. Su historia no era rastreable en sus renovadas, restauradas, demolidas y levantadas avenidas, sino apenas en fotografías que parecían de una isla cercana, pero no de ella: Manhattan era Proteo, transformándose continuamente y marcando la pauta a lo demás. El hueco de las Torres Gemelas es la primera herida, la primera cicatriz de su hasta ahora inmaculada y variable piel. Su “crisis perpetua” (Koolhaas, 11), ha sido ahora estancada en la crisis localizada del ataque contra el World Trade Center, cuyo desmoronamiento ha querido ser entendido simbólicamente, como si fueran unas nuevas murallas de Jericó o el fin del acoso de los bárbaros a la Muralla China.

El libro de Koolhaas, en fin, no tiene desperdicio. No sé qué es más interesante: la historia misma de una ciudad cuyo propósito fue, durante mucho tiempo, asombrarse a sí misma, la colección de disparates y freaks arquitectónicos recogidos por el autor, el sensato análisis de los requisitos de una ciudad para sobrevivir entre la creación y la especulación, o los ocasionales ramalazos de genio del autor, conformados en aforismos vertiginosos (así, la lectura del Empire State como “arquitectura automática” , p. 139) o sus propios proyectos arquitectónicos, que fatalmente tienden a consagrar la “cultura de la congestión” que rige una ciudad dedicada a representar, para bien o para mal, lo humano contemporáneo.

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Comentarios

  1. Interesantísimo comentario sobre el arquitecto que retorció el cuello al modulator pre-posmodernista de LeCorbu. Koolhass, antes del advenimiento de los Ghery y las Hadid, fue el verdadero padre de la arquitectura posmoderna (v.g., antifuncionalista, especialmente contraria a la heroicidad plástica, seria y realista, de la poderosa corriente moderna). En Madrid y Barcelona, se le han dedicado al menos tantas exposiciones a Koolhass como al funcionalismo, sin embargo, el posmodernismo arquitectónico ha arraigado poco y mal en la escena constructiva española, con excepciones como el arqui-pop de Ávalos y Herreros ("hacemos arquitectura para divertirnos") y algunos de sus alumnos más destacados (la interesantísima Izaskun Chinchilla, profesora en Alicante). Este panorama nacional pre-posmoderno es esperable de nuestro desarrollo histórico. La posmodernidad viene de la mano del desarrollo ulterior del liberalismo de las democracias formales occidentales (especialmente la U.S.A.) en ese ejercicio totalizador que ha venido en llamarse globalización. Sólo cuando las fuerzas económicas han conseguido dominar la faz de la tierra, el irracionalismo subyacente (notablemente nacido de Nietzsche) en las ideas precursoras del "movimiento internacional" (Bauhaus, Aalto, Lloyd Wright o el propio LeCorbu) han podido desarrollarse y extenderse por lo ancho del globo terráqueo convertidas en posmodernidad arquitectónica (aunque, cierto es, mayoritariamente en el terreno de la arquitectura simbólica para Estados y Empresas -en museos y sedes-). En España, como siempre, el desarrollo es tardio. No olvidemos que aquí, el liberalismo llegó con las últimas etapas del franquismo, es decir, con la ideología nacionalcatólica vigente. La implantación de la libertad creadora del posmodernismo en este país, se vio por ello lastrada por la ideología tardofranquista (sobre todo si se considera que la arquitectura es un arte que necesita un fortísimo apoyo institucional y económico). Aquí, la construcción va a estar dominada por Moneo y, como dijo en su día Bohigas refiriéndose al Escorial, "una aburrida repetición de siempre la misma ventana". De hecho, todavía hoy, cuando se desea avalar la progresía de una ciudad (Madrid, Barcelona, Bilbao) se recurren a arquitectos estrella extranjeros, como Jean Nouvel, Gery, Foster, etc. Normalmente, son obras muy polémicas y atacadas (vease lo que ha ocurrido recientemente con la "gotera del Reina Sofia", aunque toda crítica es esperable del engendro arquitectónico de Madrid, donde construyen Nouvel y Siza, mientras que Chueca Goitia levanta el horror catedralicio). Curiosamente, tanto Nouvel como Koolhass ya apenas diseñan sus edificios. Es notablemente sabido que han vendido su nombre como firma de prestigio. Lo que explica, probablemente, que se hayan vuelto reiterativos (en el caso de Nouvel basta comparar su obra en Basilea con la mencionada ampliación museística en Madrid): se les exige su imagen de marca.

    Muy interesante que una página literaria posmoderna como esta albergue, tan acertadamente, un comentario sobre Koolhas. Sería muy conveniente, detenerse a estudiar, aunque fuera brevemente, las relaciones, en España, del desarrollo una arquitectura posmoderna como la de Koolhas con la literatura posmoderna, rompedora, vanguardista y revolucionaria del mismo periodo, especialmente en poesía y teatro (Bauhaus y Fura dels Bauls, se podría llamar -bromeo-). Incluso hacer una exposición retrospectiva del asunto, ahora que el movimiento posmoderno da sus últimos estertores. Quiza la guía para tal cosa pudiera ser el libro de Charles JENCKS, "El lenguaje de la arquitectura posmoderna".

    De la superación del posmodernismo, y en que dirección se hace, queda mucho que ver todavía. Me gustaría compartir con vosotros un fragmento de texto cuya lectura se recomienda a los alumnos en la escuela de arquitectura de la U.B.A. (que conozco bien, por contactos con profesores ayudantes porteños). Se trata de "Fugitivos del país de Jauja", GRUPO ARBEIT, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2005. El G.A., una amalgama de escritores, publicistas, arquitectos, sociólogos, antropólogs y politólogos, muy activos por aquellos pagos, tiene reciente web en España, donde han publicado, según creo, el prólogo precisamente, de este libro. Dejo enlace (www.nodo50.org/contrapublicidad/textosteoria/fugitivos.htm). Creo que algunos ejemplares circulan ya por las escuelas de Madrid y Valencia. No es un libro de especial referencia, ni mucho menos, como el de Koolhass (y su BIG), pero creo que tiene su interés para saber por dónde se anda el cambio de situación.

    Un saludo, y enhorabuena por la página. Veo que es extensísima y tendré que volver en varias ocasiones para hacerme una idea de toda ella. Os dejo con el fragmento. Se trata de la introducción al capítulo 8. Los últimos párrafos hablan directamente de arquitectura.

    8. Alta cultura, cultura de masas:

    El museo, tributo a las musas, a la inspiración, al conocimiento, a la más alta expresión cultural de la que la especie humana es capaz, es hoy, en nuestra posmoderna utopiíta, un hipnótico y deslumbrante centro comercial, un infantilizado parque temático. Su contenido, los frutos del ingenio humano, de su capacidad de generar belleza, están así mismo mercantilizados, vaciados de contenido; meras atracciones espectaculares desprovistas del más mínimo valor cognoscitivo.

    El mercado del arte al igual que casi cualquier otro mercado de la sociedad de consumo está basado en la rentabilidad. En los márgenes de beneficio que produce en las manos de los intermediarios. Comprar cristal a precio de barro y venderlo al precio que los diamantes alcancen en el mercado internacional. El Arte se ha convertido en uno de los mercados más rentables para el negocio de los grandes capitales. Una fuente indispensable para el blanqueo de dinero y de imagen: las grandes compañías multinacionales invierten cantidades astronómicas en adquirir y promocionar obras y artistas como inequívoco signo de su magnánima filantropía subvencionada por los Estados. Así su interés privado es elevado a la categoría de interés público obteniendo por ello grandes exenciones fiscales al mismo erario público que las sostiene. Así algunas de las grandes cotizaciones de obras de arte han sido el resultado de la acción de ciertas compañías de seguros: En el circo de las grandes exposiciones es ahora fundamental contratar pólizas de seguros para cubrir cualquier tipo de accidente cobrando un tanto por ciento del valor estimado del objeto; por lo que si sube el valor de la obra sube así mismo el beneficio de las aseguradoras.

    Por este elevado valor económico que ciertas obras de arte llegan a alcanzar en el mercado junto con la imposibilidad del gran público no iniciado en comprenderlo y disfrutarlo refuerzan el carácter mítico que el Arte siempre ha poseído. En la ignorancia sólo cabe tomar una postura religiosa: creer o no creer. La obra no representativa implica la explícita aceptación de un universo de “creencias” en el más puro y tradicional sentido; contribuyendo eficazmente a sostener y reforzar el carácter elitista del fenómeno estético y así conseguir su perfecto acoplamiento al sistema capitalista. El consumo cultural, es decir la mistificación del arte como forma de sublimación. El consumo como canalización del Eros.

    Los estados y fundaciones invierten nuestro dinero en nuevos y sorprendentes edificios neomanieristas posmodernos, que perdiendo su funcionalidad arquitectónica adquieren, ahora, la virtud publicitaria que los convierte en escaparates idóneos para las mercancías artísticas, los neovellocinos de plástico. El arte ya no inspira al mercado, a la publicidad, al cine, a las artes menores, sino que ahora son éstas la que imponen los estilos, la maniera. Son las necesidades de la venta de nuevos productos y la urgencia de fabricar nuevos acontecimientos, las musas que dictan al oído del creador el camino a seguir. Enterrado para siempre el Mecenas, el sponsor, nuevo patrocinador, diseña sus propias campañas de autopromoción. Los museos de arte contemporáneo, absurdos hace apenas 50 años, proliferan como hongos en cualquier centro urbano del “mundo desarrollado”. Atrayendo a un gran número de público con su publicidad del retablo de las maravillas recubierto de cristales, escaleras mecánicas, formas caprichosas, cafeterías de lujo y merchandising de papelería con el sello “yo ya he estado aquí”. El arte al servicio del poder no es nuevo. Lo que si podríamos ver como algo novedoso es el discurso artístico que este nuevo propietario, el capitalismo posmoderno, demanda. Así la oferta artística se convierte en oferta de opiniones para todos los gustos. Da igual una fotográfica representación kitsch de cuatro metros por cuatro de un coito, que una minuciosa maqueta de los horrores de los campos de exterminio nazis; da igual un lienzo expresionista colgado al revés que un par de fluorescentes encendidos. Todo cabe, todo vale. Tú eliges. Todo lo que un reducido grupo de expertos haya decidido calificar como Arte, todo lo que se preste al frenético cambio de las modas y las etiquetas, está listo para ser venerado: Neo-concretismo-tecnológico, hiper-constructivismo-dadaísta-conceptual, Nuevo-mitologísmo-individual-cosificante, ultra- neo-pop-figurativo, super-funky-cool-intimista… Hay que epatar al pueblo porque el pueblo quiere circo y quiere sangre. Eso sí, siempre nuevo, reluciente, grande, bien empaquetado y catalogado en su correspondiente estante del hipermercado artístico.


    La provocación vacua vanguardista dispuesta a ocupar los altares de la nueva religión mercado.


    P.D. para el webmaster. Creo que le di, sin querer, a la publicación antes de que mi comentario hubiera estado completo. Si es así, lo siento, puede eliminar el incompleto. Agradecido.

    Gustavo Álvarez.
    Estudiante Arquitectura ETSAM
    Madrid

    Gustavo Álvarez. — 30-03-2006 11:55:37

  2. no tiene mala pinta.
    esa ciudad maldita que me alejó por unos días de los oteadores.
    ese humano contemporáneo de rascacielos...
    demasiado para mí!

    un saludo

    haze — 31-03-2006 20:03:10

  3. Gustavo (rápidamente porque tengo prisa), viertes, a mi modo de ver, asuntos interesantes que algunos venimos manteniendo en este blog. Por ejemplo, lo que dices del retraso de la arquitectura española debido a un retraso del liberalismo. La poesía en España, en general, sufre no poco retraso también debido a que nunca hubo una ilustración, ni, por supuesto, vanguardias como es debido, así pues, no existiendo esos elementos "contra" los que desarrollar un actitud posmoderna, nos ha llegado lo posmoderno tarde y sin mucho criterio. Ríete tú del retraso de la arquitectura española. La poesía española, más que desarrollar una actitud anti-vanguardias se enroló más bien en un necesario anti-franquismo, con intenciones loables, pero que impidió ver lo que poéticamente se venía gestando en otros lugares como Norteamérica. Como le dice Woody a Diane Keaton en Annie Hall: “No, mi abuela no iba a las galas benéficas; estaba demasiado ocupada en que la violaran los cosacos”

    Por otra parte, es muy interesante que un arquitecto se asome a este blog porque es en la arquitectura donde el movimiento posmoderno comienza a conocerse allá por los 70 con Venturi y compañía, y además, es de las pocas disciplinas que se ha tomado en serio un estudio y una praxis del mismo (entre otras cosas, sospecho, porque hay mucho dinero de por medio, y esto obliga pensar y repensar cada paso asegurándose de no hacer el ridículo o, en el peor de los casos, terminar en el trullo).
    A mí, la arquitectura, me ha inspirado muchos más versos, que la poesía. Hablas de los arquitectos Ábalos y Herreros. Son para mí un referente poético incuestionable. De la emoción que me suscitó en su día leer el libro de arquitectura La Buena Vida, de Iñaki Ábalos, emergieron no sólo versos o poemas en prosa sino planteamientos para seguir desarrollando mi teoría Poesía Postpoética, la cual le debe bastante al planteamiento y tratamiento de la filosofía pragmática que de la arquitectura norteamericana de la Costa Oeste hace ese libro.
    Pero, en fin, estas son peripecias personales que supongo que, acertadamente, nada importarán a los blogueros.

    Ya en otros términos más abstractos, también es muy interesante que un arquitecto se asome por aquí dado que hablamos mucho de posmodernidad y a menudo no nos damos cuenta de que existen, como mínimo, tipificadas, 3 tipos de posmodernidad, que en ocasiones se convierten hasta en antagónicas:

    1)posmodernidad en literatura y en cine: un movimiento que arranca en Norteamérica a mediados de los 60, el cual se caracteriza por la ausencia de experimentación en el sentido que le daban las vanguardias, y una reelaboración del pastiche. No tenían nada que ver, necesariamente, con lo que coloquialmente se le llama “frivolidad”.

    2)Posmodernidad filosófica: El ya archiconocido diagnóstico de Lyotard y su certificación de la ficción constituida por los grandes relatos.

    3)Posmodernidad arquitectónica: Arrancado, entre otros, de Venturi y su celebrado Aprendiendo de Las Vegas (por cierto recientemente reeditado por edit Gustavo Gili, una joya), que se revelan contra el funcionalismo y el racionalismo de movimiento internacional, e inauguran una práctica muy cercana al pastiche: la cita fuera de contexto (apropiacionismo), así como la decoración por la decoración (hasta entonces la decoración era una práctica considerada de burguesa decadente).

    A veces cuando en este blog hablamos de posmodernidad en la poesía, mezclamos las tres categorías, queriendo o sin querer. Quizá no esté tan mal. Así también inventamos y lo pasamos bien. Pero hay que tenerlas claras y tener claro que son cosas bien distintas.

    Agustín Fernández Mallo — 03-04-2006 14:18:12

  4. Muchas gracias, Agustín, por tu recibiento a esta página. ¡Los arquitectos no siempre somos tan bienvenidos! Me satisface también comprobar que existe más cultura arquitectónica que la que muchos profesores de la Escuela (me refiero a la de Madrid) suelen afirmar que existe (es una queja constante en muchas bocas, pero ya veo que no).

    Yo creía que esta era una página sobre literatura en general, pero a lo que compruebo lo es en realidad de literatura posmoderna, ¿no? Hecho en falta entonces que se hable de la narrativa posmoderna, que desde luego es la que todavía tiene algún peso. Pero opino por opinar, porque mucho me temo que estoy en desventaje. De literatura posmoderna conozco muy poco. Mucho menos de poesía (los poetas, ya sabéis, es como si no existierais). Os tendré que dejar las comparaciones a vosotros (además, en manos de los arquitectos siempre son peligrosas: seguro que sabés, Agustín, que A y H se declaran "situacionista", por poner un sólo ejemplo risible). Pero, por lo que recuerdo, en español hubo literatura vanguardista, y muy buena (Juan Ramón, Huidobro, Borgues, Altolaguirre, muchos del 27...). Tampoco sé cómo fue la cosa en poesía, pero desde luego el anti-franquismo no fue, ni de lejos, como tú sugieres, un bloqueo para el desarrollo (no de la arquitectura, pero imagino que tampoco de la literatura). Por mucho que nos pese, nisiquiera lo fue el franquismo. Simplemente afirmaba que la posmodernidad nos llegó tarde debido a la ideología nacionalcatólica.

    Me interesa muchísimo el movimiento posmoderno. Mi (maldita) tesis doctoral versa, en parte, sobre la posmodernidad arquitectónica (que no la arquitectura posmoderna: no es lo mismo, como dice el Equipo Bloque).

    Realmente no sé qué pueda ocurrir en literatura (ni especialmente en poesía), pero desde luego la posmodernidad en el resto de los aspectos ha sido un proyecto, por decirlo suavemente, con más carencias que virtudes. En particular, en arquitectura habitacional sus presupuestos son completamente inviables. Me refiero a la arquitectura posmoderna en pasado porque ahí afuera (y no me refiero necesariamente a los USA o Europa, aunque también; y desde luego Asia, con Corea y Japón al frente) se impone la necesidad de superarla urgéntemente. Desde luego, la crisis es general y, como decía, no se sabe cómo se producirá esa superación (en particular, el modelo del consumismo con su laissez-faire económico-político-filosófico está en el centro de toda esta necesidad de superación). En mi tesis me apoyo en fuentes de la sociología y la antropología. Por ejemplo, en las universidades españolas los planes de estudios rebaten con energía la Antropología Cultural (posmoderna) desde posiciones de Antropología Social. Y ni te cuento desde la filosofía... ¡¡Y todo eso desde la lectura no de autores franceses, nisiquiera checos o polacos: sino norteamericanos!!

    Sin embargo, y eso es lo interesante, la posmodernidad no está demodé (de hecho, es imposible ontológicamente que lo esté: ella que es la moda misma). Se ha convertido, junto con el liberalismo mercantilista (uhm, ¿totalitario?) en la gran antagonista. Es la otra parte, contra la que se construyen los modelos de auténtica viabilidad (hablo siempre de arquitectura, pero desde luego, sé qué ocurre igual en otros ámbitos). Por eso es tan interesante estudiarla. En muchos aspectos es el espejo invertido de lo que está por venir.

    Pero, en fin, me enrollo. Soy capaz de reescribiros aquí los últimos cincuenta folios de la M.T. (Maldita Tesis, también conocida como PT).

    Lo dicho: ¡muchas gracias por la bienvenida! Me dejaré caer por aquí de vez en cuando.

    Gustavo Álvarez

    Gustavo Álvarez — 03-04-2006 20:37:45

  5. Pues yo, con los debidos respetos, no termino de ver las diferencias entre las tres. Al menos habría que hablar de cierto "aire de familia" entre ellas.

    Mario — 03-04-2006 22:31:30

  6. Desde el engendro arquitectónico madrileño, y remitiendo a los antagonismos compensadores:

    Quería recomendar, en mi condición de buen salvaje, un paseo por ciudades posmodernas, sólo aptas para valientes: Tijuana, Lima, Marbella. El pastiche y otros atrasos creativos, la esquizofrenia en dos lenguas, Venecias de Neón, paisajes de las mil y una noches en concreto merengue, chirriantes colores y densas experiencias olfativas. Todo más cerca de lo que sospechamos. Acérquese y vea.

    Martín Rodríguez-Gaona — 04-04-2006 11:32:26

  7. Como apuntas, Agustín, buena parte de las aportaciones estéticas postmodernas se fundamentan en en análisis de sus propias aberraciones.
    La postmodernidad puede entenderse como la salida a la luz de muchas contradicciones irresolubles para la modernidad (el problema del origen y el fin en los proyectos teleológicos, la impracticidad de las de las construcciones prácticas, el reduccionismo, el yo centralizado, etc..), y evoluciona asumiendo y enfrentándose a sus propias contradicciones. Un buen ejemplo de ello, por seguir con la arquitectura y el autor que nos ocupa, es el artículo de Koolhaas "Junkspace" (http://www.btgjapan.org/catalysts/rem.html). En el caso de la literatura, el movimiento Avant Pop se mueve más o menos en las mismas coordenadas crítico-constructivas (http://www.altx.com/memoriam/pomo.html).
    El problema de la mayor parte de los críticos mainstream de la postmodernidad es que ni siquiera han asumido las contradicciones de la modernidad y por ello se sitúan en posiciones intelectuales y estéticas características de fase inicial y que ya han sido archidiscutidas e hipercriticadas por sus propios creadores.

    Un buen ejemplo literario es que la mayoría de estos críticos no defienden las aportaciones de la narrativa moderna (Joyce, Kafka, Celine, Beckett, Rousell, Musil, etc...), sino una idea completamente decimonónica de la narrativa, mientras que son los grandes autores postmodernos y post-postmodernos quienes retoman el experimentalismo moderno porque se adapta mucho mejor a la descripción y el análisis de las complejas sociedades actuales.
    Algo parecido (me da la impresión) sucede con la arquitectura, y en ese sentido, creo que Koolhaas (como teórico del espacio, sobre todo), es tan moderno como postmoderno, y que su análisis de los espacios arquitectónicos (como sucede con la gran mayoría de los grupos arquitectónicos que están liderando la nueva transición) no se entiende sin el camino de salida de la postmodernidad apuntado por Gilles Deleuze y continuado por, curiosamente, neurobiólogos, físicos, ingenieros, investigadores de los nuevos media y... arquitectos.
    El mayor problema de la modernidad ha sido, y sigue siendo, la excesiva autocomplacencia. El hecho de que hablemos de "modernidad" y "postmodernidad" en lugar de hacernos eco de la rivalidad entre dos modos de ver el mundo que han coexistido al menos desde la Grecia clásica, lo testifica. Me considero "postmodernista" en la misma medida y en el mismo sentido en el que Lucrecio o Petronio podían calificarse a sí mismos de "postantigüistas".

    Germán — 04-04-2006 15:43:57

  8. http://huellaindeleble.blogspot.com/

    Nace el blog Huella Indeleble donde podréis participar con vuestra huella poética.

    huellaindeleble@hotmail.com

    Esperamos vuestros e-mails



    *Requisitos:
    -un poema
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    -u otros datos opcionales

    *Aviso:
    -se hará una selección de los textos
    -no se mantendrá correspondencia con los autores

    *En breve cambiaremos colores, podremos fotos, añadiremos un foro de discusión, etc.


    Un saludo.
    La Huella Indeleble.

    Haze — 04-04-2006 21:11:45


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