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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

11-03-2006 12:11:41

Ciudentidad

Categoria: GeneralVicente Luis Mora


(Esto formará parte de la segunda entrega de la "work in progress" Circular, cuya primera entrega publicó Plurabelle en 2003. La segunda aparecerá en Berenice, seguramente, a principios del año que viene. Por cierto, la cantante Vega ha sacado un excelente disco, "Circular", tomando el título de mi libro, e incluyendo una cita del mismo en el interior. Os lo recomiendo, sobre todo la canción homónima, y otra titulada "Hoy").


CALLE NIÑO PERDIDO. SOBRE CIUDENTIDAD

lo que en realidad veo son sombreros y capas, que muy bien podrían ocultar meros autómatas, movidos por resortes
Descartes, Meditaciones metafísicas


Pensemos a partir, como siempre, de los otros –aunque esto es una obviedad, porque el pensamiento es lenguaje y el lenguaje son los otros, ellos nos lo enseñan–. Ahora pensemos a partir de Samuel Beckett, buscando en Molloy (1951), cuando el anciano protagonista vuelve, después de un paseo o más bien deriva campestre, a la ciudad: “me encontré en un barrio para mí desconocido, pese a conocer la ciudad a la perfección, pues había nacido en ella y no había conseguido alejarme nunca (…) más de quince o veinte millas” (hago un interregno, se dice que Kant jamás salió de Königsberg; si non e vero…) “De modo que estaba a punto de preguntarme si me hallaba realmente en mi ciudad (…) o si más bien, por alguna falsa maniobra, había venido a caer en otra ciudad de la que ni el nombre conocía”. Hasta aquí, parece que Beckett está hablando de urbanismo, ¿verdad? Pero con él no hay que confiarse nunca. Observen lo que sigue más adelante: “del mismo modo la sensación de mi personalidad se envolvía de un anonimato a veces impenetrable, como espero haber demostrado. Y así sucesivamente con las demás cosas que se burlaban de mis sentidos. Sí, incluso en aquel tiempo, cuando todo empezaba ya a difuminarse, partículas y ondas, la condición del objeto era ya carecer de nombre, y a la inversa. Ahora digo esto, pero en el fondo, ¿qué puedo saber de aquella época ahora, cuando granizan sobre mí palabras glaciales de sentido y el mundo muere así, indignamente, pesadamente nombrado?”. En este fragmento, disfrazado con absoluta genialidad de reflexión pasajera, están contenidos todos los interrogantes sociológicos, científicos, psicológicos y filosóficos del siglo XX –y me temo que del XXI–. La pérdida del encanto del mundo por el nuevo conocimiento científico; la caída de los referentes, los dioses y los grandes relatos; la perplejidad tras el “giro lingüístico” de la filosofía y la hermenéutica; la descomposición social; el problema de disociación humana en las urbes, y la disolución del sujeto, tomando cuerpo en la voz tranquila y cascada de un viejo. Pero insistamos ahora sólo en algunas palabras utilizadas por Beckett: ciudad, anonimato, difuminado. Un hombre que iba en bicicleta a visitar a su madre –y que se había olvidado del motivo de su partida–, se encuentra al regresar de su azarosa excursión por el campo ante unos muros “familiares”, pero ignora si está o no en su ciudad. No piensa que es un anciano, y que no puede haber pedaleado tanto; no recuerda haber sufrido una detención policial, en la cual, durante el interrogatorio, pudo recordar su nombre. Sólo reconoce, de todo su entorno, de toda su Weltanschauung actual, la idea de ciudad. Pero es confusa, es ambiguo el territorio, podría ser, o no, la ciudad de la que no ha salido nunca. En realidad, ¿hacía falta que Beckett comparase después la sensación con la del “anonimato” de la personalidad de Molloy? ¿Creía que el lector ligeramente atento no sabría, inmediatamente, que es de la identidad de lo que habla, de la difuminación o desleimiento del sujeto en las ciudades? Beckett sabe que el hombre no encuentra su espacio en la urbe, ni como persona ni como ciudadano. Todo en la persona, incluso el origen etimológico de persona, hace hincapié en la idea de resonancia, del eco, del estar detrás (=de no estar, de no ser uno quien está presente). “El habitante de la ciudad –escribe el sociólogo Isaac Joseph- parece pues haberlo perdido todo, haberse ahogado la excentricidad exuberante de la ciudad. Por lo menos está perdido como ciudadano y como hombre público” (El transeúnte y el espacio urbano; Gedisa, Barcelona, 2002, p. 88). El individuo representa el rol de agente en el espacio urbano, pero en realidad está diluido tras su personaje, es una máscara vacía, como se decía del actor Peter Sellers en el interesante documental de Stephen Hopkins Llámame Peter (The Life and Death of Peter Sellers, 2004). Tras la máscara social no hay nadie; y la ciudad se construye como una superposición de nadies coetáneos, en perenne e intensa peregrinación circular. Se crea así un gigantesco espectral, la “personalidad” de la urbe, con su ciudentidad, consistente en la creación de un yo cuyo reconocimiento íntimo se basa, precisamente, en el no reconocimiento. Un Nadie en el que cualquier atisbo de identidad, parcial o global, sería síntoma, incontrovertible, de descomposición. Una nebulosa sin memoria. Un espejo sin mirada enfrente. Una idea pura, sin pasado. Por eso estamos perdidos.

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Comentarios

  1. En primer lugar, me alegro de que Circular mantenga su progresión en espiral y continúe con su espíritu de "work in progress". Excelente noticia para los amantes de la buena literatura "metaurbana" entre los que me cuento.

    Pero lo que más me divierte es comprobar que la canción pop comercial comienza a buscar referencias culturales en lugares que habían sido inexistentes para los productores del entretenimiento de masas . ¿Será que, por fin, comienza a ser cool referirse a la nueva literatura? A mí me ha servido para buscar en Google a esa tal Vega, de quien no había oído hablar jamás, y me da la impresión de que están en proceso de Sherylcrowizarla o algo así... Como no he escuchado el disco, tampoco lo sé. Si recurren a Circular para darle una imagen más moderna, algo está cambiando... ¡Hasta ahora todo se reducía a cambiarles la ropa y, como mucho, a teñirles el pelo...! Igual es que, por fin, la literatura se está desterritorializando, como el resto de las artes, y ya comienza a tener "imagen de marca", en lugar de simples reseñas que apenas lee nadie.

    Germán — 14-03-2006 16:48:01

  2. Espero que eso sea así, como dices. Pero hay un apunte: Vega escribe sus canciones y elige sus referencias, nadie se lo ha marcado desde la discográfica. Leyó el libro hace bastante tiempo, poco después de sacar el primer disco. Es una chica valiosa e inquieta. Un abrazo, Germán.

    vicente luis mora — 14-03-2006 18:37:07

  3. 11M:poemas contra el Olvido,he leído con mayor o menor fortuna los poemas de muchos de los vecinos de este blog,VLM te olvidaron?Saludos

    Craven — 15-03-2006 13:47:28

  4. Si hablas del libro de Bartleby, tengo ahí un poema, Craven. Revisa el índice. Saludos.

    vicente luis mora — 15-03-2006 14:26:49

  5. Disculpa el despiste, te echaba de menos entre todos los poetas que visitan este blog.Saludos
    www.latormentaenelvaso.blogspot.com próxima crítica literaria

    Craven — 16-03-2006 13:03:53

  6. Pienso también en El hombre peridido, de Ramón Gómez de la Serna. Gran novela de la "nebulosa."

    Jonathan Mayhew — 16-03-2006 17:42:44

  7. Una curiosidad:El nombre de la perra de AT se llama Mora,lo he leído en "el jardín de la polvora"

    Craven — 17-03-2006 13:28:36


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