Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

27-02-2006 14:10:10

Literatura y Alzheimer

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Decía Zadie Smith en su valioso epílogo a Generación quemada. Una antología de autores norteamericanos (Siruela, 2005), que una de las características comunes a la última promoción de los mejores narradores posmodernos en Estados Unidos es su preocupación por la enfermedad y por la vejez. De ello daba buena cuenta una de sus cimas, la notable novela de Jonathan Franzen Las correcciones (Seix Barral, 2002), donde buena parte del retrato de la descomposición de la sociedad estadounidense se hacía a partir del perfil del padre del protagonista, Alfred, que sufría del mal de Alzheimer. Esta enfermedad fue descrita por vez primera por el neuropsiquiatra alemán Alois Alzheimer en 1907, estudiando un hombre de cincuenta y un años que había entrado en un severo proceso de descomposición mental, al que siguió una pérdida de peso y un evidente y generalizado desmoronamiento físico. Una de cada cuatro personas mayores de noventa años lo sufren hoy, y sus síntomas comienzan a aparecer entre los cincuenta y los sesenta años. Hay fármacos que alivian algunos síntomas pero, de momento, sigue siendo un mal degenerativo incurable. La confusión mental que va creando la enfermedad en el cerebro despoja paulatina e irreversiblemente a sus huéspedes de sus recuerdos, de la coordinación, del lenguaje y, en general, de todo aquello que constituye su identidad y que le permite reconocer y tratar con normalidad a las personas de su entorno. Para quienes hemos tenido la experiencia de ver a un familiar próximo sufrir el mal, recordar cómo esa persona dejaba poco a poco de reconocernos es aún una experiencia traumática.

La relación entre Alzheimer y la pérdida del lenguaje da lugar a un fértil campo de trabajo para escritores preocupados por el síndrome de Próspero (la renuncia al don), y motiva descripciones escalofriantes, sobre todo cuando lo descrito roza situaciones personales reales (como ahora veremos, en el caso de Juana Castro) o inventadas. En otros casos, la recreación es tan hermosa que es difícil saber si responde o no a una situación real, como el caso de la madre china descrita por Amy Tan en La hija del curandero (Plaza & Janés, 2001). Ruth, la protagonista, tiene que ir traduciendo las inextricables líneas en chino donde su madre va escribiendo su historia, para que no se le olvide; para Ruth, esa pérdida significa también la pérdida de sus mismos orígenes, de esa China materna que apenas conoció antes de exiliarse a los Estados Unidos. El Alzheimer mismo es una forma de expatriación, una privación obligada de la patria de la infancia y de la identidad, ya que ésta se construye siempre desde la memoria. Otra novela terrible, en este sentido, es El hombre aparece en el Holoceno, de Max Frisch (Alfaguara, 1981), donde asistimos a la desintegración de un hombre que vive solo en una casa de campo, y que va colgando notas por todas las habitaciones, con el fin de no perder su excepcional conocimiento. Al final de la novela, es doloroso contemplar cómo el personaje se pregunta, perplejo, quién habrá ido dejando todos estos papeles por la casa. Otros libros que tratan el Alzheimer de una manera más o menos directa son Flores para Algernon, de Daniel Keyes (Orbis, 1966), Ámsterdam (Anagrama, 2005), de Ian McEwan; Aquí en Alzheimer (1998), de Berta Vias; Uno no se cansa de amar (Anaya & Mario Muchnik, 1994), de Charles Ronsac; Ahora tocad música de baile (Anagrama, 2004), de Andrés Barba; El olvidado (Círculo de Lectores, 1991), de Elie Wiesel; Tercer acte d’amor (Proa, 2002), de Cèlia Sánchez-Mústich; o Singapur (El Acantilado, 2003), de A. G. Porta. En la reciente novela de Eduardo Lago, Llámame Brooklyn, el autor se imagina a Rothko diciéndole a Willem de Kooning:

"Un día vas a tener alzheimer, de Kooning, pero les va a dar igual. Indiferentes a tu transparencia angelical, la transparencia de quien ya ha empezado a irse de la vida, te sentarán delante de un lienzo, rodeado de brochas, pinceles y pigmentos. Tú no los reconoces, no reconoces a tus hijos, a tus mujeres, son ellos los que te hablan desde aquí. Pinta, viejo maldito, haz más dinero, te dirán. (…) Les pondrás nerviosos cuando llegue el momento de firmar. Firma, viejo idiota. Te veo babeando, mientras retiran los lienzos, las cuentas numeradas de Suiza, todo muy despacio (...)" (p. 339)

Juana Castro acaba de publicar en Hiperión Los cuerpos oscuros (2005), un demoledor y hermoso poemario donde, en un equilibrio milagroso, sin sensiblerías ni patetismos pero sin ahorro alguno de dolor, construye un monumento a sus padres, que sufrieron de Alzheimer. El hecho está ausente como tal del poemario, que se nos presenta desvestido de anécdota, para no caer en la trampa biográfica o documentalista. Los cuerpos oscuros vale y duele por sí solo: no hace falta esta referencia personal para que el poemario funcione ni para que uno se sienta dolido y aludido por la terrible historia que cuenta, la de la pérdida de uno a través de la de su memoria: “pero acaba el viaje. / Y hay que ir hacia atrás / des-aprendiendo nombres, / des-conociendo pájaros y trenes, / des-memoriando calles, / rubores y palabras” (p. 73). En versos vibrantes, de simbolismo tenebroso pero de luminiscente calidez humana, Castro cuenta también esa historia con la que cada vez más personas pueden identificarse: el drama de los hijos, de los nietos, de aquellos que viven con la persona que sufre la enfermedad y que ven cómo, poco a poco, el anciano se va alejando imperceptible pero implacablemente, de su entorno geográfico y afectivo. En un poema asombroso, “Calle Cruz de Ventura”, se narra la auténtica odisea homérica de esa pareja de mayores en uno de sus paseos, cuando sienten cómo una mano espectral va cambiando las calles, trucando las fachadas, variando los números y los escaparates, para perderlos por la ciudad, hasta que, después de caminar varias horas perdidos, la suerte los devuelve a su propio domicilio: “nosotros, ya, Ventura 14”. La realidad se vuelve poco a poco amenazante para los enfermos, que se ven incapaces de hacer los actos más simples y cotidianos: “A veces / yo quisiera dormir. / Dormir. Per cómo / si nadie me enseña, y entran ratas / volando como pájaros, / y hay árboles de niebla / crepitando en la sombra / nevada de la cama” (p. 29). La confusión de la mente, que llega a convertir “el pasillo en un laberinto” y las salas en bosques, provoca todavía más tendencia a encerrarse en el paciente (“Encerrados” es la rúbrica del poema que abre el libro). La descomposición interior va deteniendo los cuerpos, haciéndolos rodar en cámara lenta por la existencia, hasta que se detienen del todo. El título del poemario es especialmente afortunado, ya que es una metáfora científica: en una entrevista publicada en este diario (23/02/2006), dice la autora: “los cuerpos oscuros son, en el universo, el precedente de los agujeros negros. Las estrellas explotan, pierden gran parte de su corteza, y se quedan flotando en el universo con solamente su núcleo, por supuesto sin luz. Parece una imagen de lo que sucede en el cerebro con las personas que padecen este mal: pierden parte de su corteza cerebral”. En suma, un libro bello, doloroso, que sublima su anécdota y que se incrusta en los problemas inmediatos de nuestra sociedad, sin perder un ápice de calidad ni caer en el documentalismo lánguido y televisivo.

Los escritores pasan a veces de ser relatores de la enfermedad a sufrirla en propia carne. Es curiosa, en este sentido, la cantidad de autores de ciencia ficción que han sido afectados por el mal, pero también escritores convencionales. El neurólogo José Manuel Martínez Lage, en un artículo sobre esta enfermedad publicado en la revista digital Medicina Información, recordaba un caso paradigmático, el de la escritora Iris Murdoch, abordando el posible efecto del mal en su última novela, Jackson dilemma (1995). Escribe el neurólogo: “la postrera novela de Iris, publicada antes de que llegara el diagnóstico fatídico, no recibió tan buena crítica como las anteriores y comenzó a sospecharse que la había escrito ya bajo los efectos deletéreos de su enfermedad cerebral. De manera que los científicos del Institute of Cognitive Neuoscience de Londres decidieron examinar los efectos del Alzheimer ‘preclínico’, aún no diagnosticado, sobre la producción escrita de esa novelista excepcional. Para ello, utilizaron un programa informático automatizado de análisis de textos comparando tres de sus novelas: la primera que publicó en 1954 con el título de Under the net, otra (The Sea, the sea) que apareció en 1978 y la (…) de 1995. No encontraron grandes diferencias estructurales ni semánticas. La manera de enlazar las palabras en la oración y las oraciones en el período era semejante a lo largo de los años de producción literaria. Sin embargo, sí que apreciaron notables diferencias a lo largo del tiempo en cuanto al léxico y a la semántica. Las palabras y expresiones del texto se fueron empobreciendo y el significado de las unidades lingüísticas se fue mermando. En su última novela, Iris escribía como una muchacha de 13 años poco cultivada. Es decir, parece que el Alzheimer produce un declinar más acusado y selectivo de la memoria semántica que de la capacidad sintáctica”. Como puede verse en Elegía a Iris (Alianza, 1999), el bello texto escrito por su marido, John Bayley, la dificultad para expresarse de Murdoch comenzó a manifestarse durante la escritura de Jackson dilemma, en unas jornadas literarias en Israel. Lo terrible era que Murdoch no se daba cuenta de lo que le ocurría.

El gran Pere Gimferrer escribía en uno de sus poemas: “Si pierdo la memoria, qué pureza”. El enfermo de Alzheimer es, como recuerda Castro en sus poemas, un nuevo niño, alguien deconstruido, cuya pureza viene, como la de los antiguos habitantes del Limbo (ya expatriados, también ellos), de la falta de conocimiento del mal. Cualquier persona que no haya tenido cerca la enfermedad podrá consolarse con una ingenua construcción del Alzheimer como conquista del olvido necesario. Los demás sabemos que es una, siempre la última, de las formas del tormento.


ADDENDA. Javier García Rodríguez, de la Universidad de Valladolid, ha tenido la gentileza de enviarme estos dos poemas, escritos por sendas poetas, sobre el Alzheimer. Desde aquí le damos las gracias.


MI ABUELA

Mi abuela tiene casi 90 años.
Mi abuela tiene casi 90 años
y no se acuerda ni de cómo me llamo yo,
ni sus hijos, ni sus demás nietos.
Tampoco el presidente, el rey o el papa.
Mi abuela tiene casi 90 años
y llora mucho
y tiene incontinencias varias.
Mi abuela tiene casi 90 años
y, por supuesto, no tiene dientes.
Pero me acaba de decir mi madre
que se pone papel del váter en el sujetador
para que le abulten las tetas.


Carmen Beltrán Faces
Tomado de David González y Nacho Escuín (eds.), La verdadera historia de las mujeres, Zaragoza, Eclipsados, 2005, p. 29.





ALZEHÍMER

En la casa de los vecinos
se escuchan gritos desalmados
y gemidos como agujas.
La vieja tiene alzehímer
y la hija le grita:
guarra y cagona.
La vieja chilla
espantada.
Se ha cagado las bragas.

Mi abuela también
se cagaba,
y tiraba la mierda
por la ventana del séptimo,
o nos la dejaba,
como los Reyes Magos,
en el fregadero.
Mi madre la reñía a gritos
y luego lloraba.
Después, la limpiaba
y le ponía polvos de talco.
Mi abuela gemía,
media hora,
como si se le hubiese rallado
la queja.
Y luego volvía a
cagarse.
Mi madre hipando
como un pajarito,
mi padre rugiendo
como una bestia,
y yo,
huyendo horrorizada para no presenciar
el espectáculo,
o para no tener que limpiar
la mierda.

Eva Vaz
Tomado de David González y Nacho Escuín (eds.), La verdadera historia de las mujeres, Zaragoza, Eclipsados, 2005, pp. 151-152.



Trackbacks

Trackback URL para este post

  1. [...] un post de Vicente Luis Mora, sobre literatura y Alzheimer. Gracias, Jorge. This entry was posted on Monday, February 27th, 2006 at 9:46 pm and is filed under DarmAlzheimer. You can follow any res [...]

    Plaza Constitución » Blog Archive » Le robo otra vez — 2006-02-28 01:46:25

  2. Tesco personal loan. V...

    tesco personal loan. Anna Liisa Johanson — 2006-04-30 17:23:08

Comentarios

  1. Primer post para este interesante lugar.
    Conozco y me interesa el Alzheimer por motivos profesionales, pero también lo he llegado a utilizar como referente poético, sin llegar a nombralo, tampoco. Esa deconstrucción de uno mismo, la enfermedad real o imaginada, situa a la persona en un proceso, en un no volver, en un espacio de frontera, donde la desmemoria (la niñez despoblada) es el punto de partida de un camino que nos alivia y nos carga a partes iguales. Sin querer trivializar el dolor real -repito que por profesión lo conozco-, me interesa como espacio poético alegórico ( como decir Hoy era martes) y celebro que se comente aquí de forma tan exquisita.

    Jorge Brotons — 27-02-2006 16:28:14

  2. Gracias por venir, Jorge. Saludos.

    vicente luis mora — 27-02-2006 17:29:04

  3. Vicente, el comentario que has hecho es maravilloso.

    pedro zoarana — 27-02-2006 19:26:32

  4. Gracias a ti Vicente por este magnífico rincón. Pienso frecuentarlo.

    Jorge Brotons — 27-02-2006 19:38:05

  5. Entre los poetas españoles que han abordado este dolorosísimo asunto: Emilio Pedro Gómez en LA NIEVE HORIZONTAL DE LOS VILANOS (Institución Fernando el Católico, Zaragoza 1996) y SÍLABAS BLANCAS (Lola Editorial, Zaragoza 2005). Son dos libros estremecedores.

    Jorge Riechmann — 27-02-2006 23:56:12

  6. Savater también hizo unas hermosas reflexiones sobre el asunto en el capítulo que le dedicó a su madre, víctima de esa enfermedad, en "Mira por dónde". Siempre me impresionó que *compartieran* el Alzheimer, en los mismos años, Reagan y Cioran. La Estupidez y la Sabiduría reducidas a la misma nebulosa.

    Atleta — 28-02-2006 01:21:29

  7. Gracias por su post, yo en la senda de un pequeño darma por el Alzheimer.

    aydesa — 28-02-2006 02:22:59

  8. Los que padecemos de algún trastorno mental, pero somos conscientes de él, podemos hacernos una idea del inmenso sufrimiento que puede suponer padecer una demencia, como la enfermedad de Alzheimer que citas.

    Con una prevalencia del 5% en personas mayores de 65%, estos pacientes sufren un cambio en la arquitectura encefálica. Se forman ovillos neurofibrilares y placas amiloides, sobre todo en las cortezas temporal, frontal y parietal, en el lóbulo temporal medial y en las estructuras encefálicas basales anteriores.

    Un clásico que ha retratado ésta y otras demencias, así como otros trastornos cognitivos y de memoria es Oliver Sacks (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Migraña. Despertares. Un antropólogo en Marte, etc...)

    Sacks escribe con un excelente estilo narrativo, en un lenguaje comprensible pero sin perder el rigor científico que, como buen neurólogo, le caracteriza.

    Como bien dices, VIcente, en el Alzheimer hay un importante deterioro de la memoria explícita tanto retrógrada como anterógrada y en algunos tipos de memoria implícita como la referida a la materia verbal y perceptiva. Este último déficit es compartido también por los que tomamos benzodiacepinas, entre otros.

    Un buen psicólogo, formado en grafología, podría muy bien diagnosticar un pre-Alzheimer con sólo echar un vistazo a la escritura. Un avezado crítico literario, como tú, estoy seguro de que también (aunque en este caso analizando lo escrito y no el cómo se escribe).

    Los nootrópicos primero y algunas nuevas moleculas de síntesis y otras naturales, como el acido docosahexanoico de la familia Omega-3, están ofreciendo esperanzas de curación para esta terrible enfermedad del cerebro, de la mente y del "alma".

    Nito — 28-02-2006 02:57:02

  9. En efecto, un precioso poemario el de Juana Castro, y un bonito post, Vicente.

    Algún poema más que ha tratado este tema en la poesía española.

    En 'Mar de Amores' (reunido recientemente en 'A mar abierto -Poesía 1973-2003. Hiperión 2006), Elsa López centra el poema "El exterminio" en ello:

    (...)" Tengo miedo -me dijo-
    la cabeza se me llena de agua y me deslizo a solas,
    como los peces. Intentando recordar lo que fui.
    ______Tarareaba el viejo una vieja canción
    ______subido a la cubierta del viejo trasatlántico.
    Tengo agua aquí dentro, Como medusas frías. (...)"

    Y en un brutal poema del 'Cuaderno de Nueva York' (Hiperión, 1998), José Hierro recrea la vivencia real de la mujer de un famoso poeta español, es es el poema "Lear King en los claustros", cuando lo que aparentemente es una recreación de la obra de Shakespeare ("Di que me amas. Di 'te amo'.) mezclada con la anécdota vital del poeta, se resuelve con el drama que vemos en este post:

    "(...) Ven pronto, el plazo ya está a punto
    de cumplirse. Y no me traigas flores
    como si hubiese muerto.
    Ven antes de que me hunda
    en el torbellino del sueño.
    Ven a decirme "te amo" y desvanecete en seguida.

    Desaparece antes de que te vea
    sumergida en un licor trémulo y turbio,
    como a través de un vidrio esmerilado.
    Antes de que te diga:
    'Yo sé que te he querido mucho,
    pero no recuerdo quien eres'."

    paul m viejo — 28-02-2006 07:36:51

  10. Precioso el post, Vicente. Gracias.
    Qué terrible desaparecer así, difuminándose.

    Un saludo,
    Xavie

    Xavie — 28-02-2006 09:56:05

  11. Gracias a todos; gracias, Nito, por tu sesuda intervención, a ver si nos vemos. Gracias, Paul, también, por la estremecedora cita, no recordaba ese poema de Hierro. Y a Jorge R. y al Atleta, gracias también por las pistas y por su constante visita, que me honra. Saludos.

    vicente luis mora — 28-02-2006 10:02:29

  12. Sobre el poema de Hierro un apunte curioso. Según contaba el propio Hierro, esos dos últimos versos 'Yo sé que te he querido mucho, / pero no recuerdo quién eres', fueron las palabras, casi las últimas, que dijo Dámaso Alonso (en su lecho de muerte o cama de hospital) a su mujer Eulalia. De ahí sacó los versos, por eso aparecen entrecomillados, decía.

    alberto santamaría — 28-02-2006 10:26:47

  13. Otro libro que habla, sin nombrarla directamente, de la enfermedad de Alzheimer (u otra similar), es "Un tranvía en SP" de Unai Elorriaga, aunque la visión que ofrece del tema resulta, a mi entender, demasiado edulcorada.
    Un cuento muy bueno sobre la cuestión es 'Apetito', que puede leerse en "La mesa limón" del británico Julian Barnes.
    Hemos abordado la cuestión (en vascuence) aquí:

    http://www.eibar.org/blogak/volga/46#more

    Un saludo.

    Iban Zaldua — 28-02-2006 23:59:16

  14. Gracias, Iban. Sería genial que vuestra muy interesante página, a la que ya había accedido para leer la entrevista a Juan Bonilla, fuera completamente bilingüe; lástima no poder entender los textos. Un cordial abrazo.

    vicente luis mora — 01-03-2006 08:18:27

  15. Que BONITO es ver nuevamente a todos los amigos juntos en un post

    craven — 01-03-2006 09:12:36

  16. Me haré con el poemario que resenias (lo siento, estoy en un sitio en que los teclados no tienen enie) en cuanto lo vea. Ese enfrentarse a lo tan dficil de expresar, por doloroso o por oculto, es una de las tareas ineludibles de la poesía. Prefiero esa idea al acercarme al famoso concepto de "Inefable", que cuando algunos lo usan parece que se refieren a una especie de estupor misticoide. Para mí lo inefable: "lo que no se puede expresar con palabras" se refiere a estas cosas, a lo que es tan complicado de expresar, ahí donde las palabras malamente llegan. El alzheimer es uno de mis terrores. Lo he tenido cerca, como tantos hoy día, y es una de mis pesadillas...

    daniel — 02-03-2006 10:20:39

  17. Sigo con devoción tu blog pero la timidez me ha impedido dejar algún comentario...ya me pasó con Bolaño...ya sabes que soy fan...pero hoy no podía dejar pasar la ocasión...el tema del Alzheimer como creador me parece apasionante y he visto muy acertadas todas tus opiniones. Por otro lado, como apasionado de la literatura me interesa la problemática de la enfermedad en los textos. Creo que la enfermedad condiciona el proceso creativo tanto como unas circunstancias sociales, históricas o económicas, sin olvidar los casos innumerables en los que lo incentiva o sirve de tema, pensemos en la melancolía, la esquizofrenia, la sifilis...sin mencionar las dependencias...Gracias por las maravillosas líneas sobre el alzheimer...pero un matiz...en ocasiones la memoria se desertiza de lo actual al pasado, evocando en los momentos de lucidez territorios de la infancia, suele ocurrir en un estado intermedio de la enfermedad. Un "primer" saludo y felicitaciones

    Antonio M. Cerezo — 04-03-2006 04:24:34

  18. Cierto, es así. Los períodos de lucidez (he sido testigo de alguno en estos enfermos de Alzheimer, y Eduardo Lago en "Llámame Brooklyn" relata el súbito "regreso" de un supuesto alienado a la memoria más precisa y cabal) existen y son como pequeñas resurrecciones de la persona. Lo que pasa es que no tenía memoria de constancia escrita -literaria- de uno de esos intermedios de lucidez referidos al Alzheimer. Gracias por tu aportación y por vencer tu timidez, Antonio, y bienvenido. Saludos.

    vicente luis mora — 04-03-2006 09:55:55

  19. De nada, a ti por el blog. Un saludo

    Antonio M. Cerezo — 04-03-2006 17:00:58

  20. Qué maravilla de post.

    Horacio — 06-03-2006 16:58:01

  21. Me permito traer un vínculo al relato de una amiga, Antonia Romero, que trata este asunto. Fué el primer texto que me vino a la cabeza. Un saludo desde Pragajoz.

    Ramón Machón — 06-03-2006 20:24:57

  22. Se me olvidó el vínculo. Lo siento. Aquí va:

    http://antoniaromero.blogspot.com/2005/08/camina-d...

    Ramón Machón — 06-03-2006 20:26:25

  23. Me ha gustado mucho el post. Y más porque desde hace algún tiempo vengo leyendo obra de estas dos autoras que citas (Eva Vaz tiene una larga carrera ya, y, sobre todo, la estupenda Carmen Beltrán –las dos vinculadas al proyecto editorial que vinculo-). En el enlace se puede encontrar obra de las dos autoras y un extenso ya catálogo de libros estupendos y comprometidos. Yo, que he descubierto esta editorial hace poco y sus pequeños y bellos cuadernitos artesanales, no puedo dejar de regocijarme porque haya gente que todavía edite literatura comprometida sin esperar qué sé yo qué a cambio.

    Gracias por citar a dos de mis autoras favoritas.

    Zertarako amestu — 23-04-2006 23:53:46


Recordar datos