Entrevista a Diego Doncel
Accediendo a la petición de Mara Escrivano en este mismo blog, y por creerlo interesante después de la aparición de En ningún paraíso (Visor, 2005), hemos solicitado esta entrevista al poeta Diego Doncel, que amablemente nos ha atendido. Creo que será de vuestro interés.
VLM.- Entre sus dos primeros libros, El único umbral y Una sombra que pasa, había muchas diferencias, como es obvio, pero dentro de un tono reconocible y preocupaciones similares. Por eso, supongo que la primera pregunta es obvia, teniendo en cuenta la evolución de su obra anterior: ¿ por qué un cambio tan visible de estética ?
DD.- Creo que soy un experimentador en poesía. Me gusta el riesgo de experimentar. Y experimentar significa aquí una nueva forma de pensar la realidad, una nueva forma de ver el mundo, de vivir en él a través de las palabras o a través de la cultura. Me interesa también que mi poesía exprese el estado actual de nuestra cultura o de nuestra civilización. ¿Y cuál es éste? Parece que hay un éxtasis no sólo postmoderno sino postindustrialista, con los mass media creando la nueva universalidad, la nueva espiritualidad o su ausencia, las nuevas formas de conducta. Además introduciendo en nuestras vidas un consumo feroz, un consumo no de cosas sino de cosas convertidas en signos. Los signos que nos crea la publicidad. Por eso los costos de publicidad rebasan los costos de producción, y por eso un producto vale más por su inversión publicitaria que por su valor estrictamente industrial. Vivimos en una massmediatización de nuestras costumbres, de nuestros hábitos, de la vida que elegimos, de los conceptos que asumimos. Como dijo alguien: “La televisión es la abarrotada vitrina de nuestro supermercado cultural”. Con las repercusiones brutales que eso conlleva en nosotros, por ejemplo, la superficialidad, la rapidez de los mensajes, su carácter perecedero, y el hacernos vivir en continuas representaciones.
La visión de un poeta español de hoy no puede escapar a todo esto. Vivimos en ciudades. Nuestras relaciones sentimentales son distintas. Nuestra forma de vivir la sexualidad. Incluso de vivir la naturaleza porque la naturaleza hoy es un bien de consumo. Tal vez hayamos perdido un valor antiguo por el valor de la mercancía, por el de la estadística, por el de la ironía.
¿Cómo no hacer que esto entre en nuestros poemas?
Por eso, además, me interesaba poetizar la crisis que a un sujeto, a un yo le produce este estado de cosas. Sobre todo me interesaba hacer un retrato de las víctimas. Esos individuos que se van diluyendo en contraste con el gran sueño de los diseñadores de felicidad. Porque las víctimas (incluso desde el punto de vista psiquiátrico) no soportan más esta situación. Hablan con resentimiento. Hacen autopsias de su desesperación. Son profundos y odian la superficialidad. No lanzan mensajes oscuros porque quieren ser oídos. Y proponen salidas. Pero sin falsas nostalgias.
VLM.- Sin embargo, el “narrador” o yo elucutorio de En ningún paraíso tiene cierto parecido con el de Una sombra que pasa. Algunos participantes de esta página creen que, en realidad, es el mismo personaje, sólo vestido con un traje léxico diferente, y una referencias más posmodernas, dentro de un discurso moderno. ¿Está de acuerdo? ¿Por qué?
DD.- Creo que los tres libros que he publicado hasta ahora son distintos pero mantienen un común denominador: la visión del mundo. Cuando estaba escribiendo El único umbral y vivía en Palma experimenté mucho con los estados de conciencia, normalmente provocados por sustancias varias hasta que (en una noche ibicenca) comprendí que estaba en el camino de mi propia autodestrucción. Por eso es un discurso en contra de cualquier trascendencia porque se cree falsa, es un discurso irónico con los símbolos místicos, con los éxtasis idealistas del yo. Es un discurso poético donde el yo sólo tiene el horizonte de la muerte. De ahí que Una sombra que pasa sólo podía ser un libro profundamente materialista y naturalista en el sentido que le dio Zola. Sentí, por ejemplo, una enorme atracción por las investigaciones de Richard Dawkins sobre genética. Pero en cualquier caso ambos libros se enfrentaban directamente a un discurso dominante donde la superficialidad y las grandes juergas postmodernas en versión española me dejaban bastante insatisfecho. Recuerdo que Rafael Pérez Estrada me dijo que parecía el libro de un escritor centroeuropeo. Y no iba descaminado. Frente a unas formas de realidad donde lo real finalmente se convertía en un valor estético light, casi hueco, muy de andar por casa, yo oponía los discursos fuertes de los expresionistas alemanes, de Musil, de Döblin, de Eliot y de cierta poesía en lengua inglesa. Pero tanto los expresionistas, como Musil o Döblin me hicieron un pensador de lo urbano, de lo que pasa en nuestro mundo y ahí encontré a escritores que habían abrevado en eso mismo: los escritores norteamericanos de los que tan devoto me siento. Esto lo explica Joaquim Manuel Magalhaes en un ensayo que está próximo a aparecer en portugués.
VLM.- ¿Definirías En ningún paraíso como un libro nihilista?
DD.-Los poemas de este libro hablan del desconcierto, de la soledad, del suicidio, del sexo sin deseo, incluso del no futuro. Los personajes parecen vivir una etapa de sus vidas donde ni la psiquiatría es un consuelo, donde el armario de las medicinas, con un buen cargamento de ansiolíticos, sustituye a cualquier verdad. Pero no aseguraría yo que fuera un libro nihilista. Hay algo de calor en esas anomalías y esos seres la encuentran a veces.
VLM.- Tres libros en 15 años nos dejan ver el retrato de una persona que se piensa mucho los pasos, que mide sus esfuerzos, que no tiene prisa por publicar, que necesita interiorizar mucho su obra poética. ¿Nos equivocamos?
DD.- Considero la literatura como una aventura de pensamiento, pero también una aventura personal, hondamente personal y biográfica. Y no me gusta ni sé jugar con ella.
VLM.- La situación de la poesía española pasa por un interesante impasse que deja entrever la entrada en un espacio nuevo o, si se prefiere, la salida de uno anterior. ¿Qué aporta En ningún paraíso a ese espacio? ¿Tiene presente el estado del arte de su tiempo a la hora de escribir?
DD.- Está claro que se abre paso una nueva generación. Y que esta generación va a romper con lo anterior. Tengo presente dos afirmaciones de David Foster Wallace: la primera que hablaba de que el escritor actual tenía que tener presente la nueva textura del mundo. Y segunda, que he repetido constantemente y que alguien recordaba en este mismo blog es que la literatura española, al igual que la norteamericana antes de llegar la Next Generation, está atrapada entre un realismo demasiado simple y un formas demasiado nostálgicas de la autonomía lingüística, de ciertas formas “silenciarias”. Son dos estrategias que nos dejan insatisfechos.
Sin embargo adivino una importante renovación. Y creo advertir un giro hacia la vanguardia, hacia propuestas más innovadoras. Por ejemplo, lejos queda el Juan Ramón simbolista y cercano el Juan Ramón de la parte norteamericana de Diario de un poeta recién casado. También queda cerca un determinado futurismo, los postmodernos USA, y entran en los discursos poéticos zonas que hasta este momento estaban desatendidas: la ciencia, la publicidad, el vídeo, la televisión. Está claro que los referentes y las cacareadas tradiciones están cambiando.
VLM.- Durante bastante tiempo has sido asociado a un modo metafísico de escribir poesía. Nos ha parecido atisbar a lo largo de En ningún paraíso una renuncia más o menos explícita de este modo de entender su quehacer poético. ¿Qué opina al respecto?
DD.- No he renunciado a lo metafísico porque nunca lo fui. Esto como lo de la poesía de la experiencia está mal empleado por la crítica literaria española. Yo siempre hablé de poesía meditativa pero como la entendió Unamuno: esa que abre el verso para que se aloje el pensamiento. Y por cierto En ningún paraíso ejemplifica mediante una poesía meditativa la ruinas del pensar, la inutilidad de hacerlo. El único pensamiento es el dolor.
VLM.- Tu libro contiene muchos cambios estructurales, pero sobre todo referenciales, respecto no sólo a tu obra anterior, sino también a la de tus contemporáneos. En nuestra lectura hacíamos mención de una serie de elementos (por ejemplo, la narrativa norteamericana) que creíamos podían haberle influido. ¿Qué otros elementos lo han hecho? ¿Ha tenido alguna influencia su novela (El ángulo de los secretos femeninos, Mondadori, 2003) en su poesía?
DD.- Influencia no. Escribí los primeros poemas del libro antes de empezar la novela. Pero antes hubo otros poemas y otros relatos. Ahora bien los dos tienen un aire de familia, de lo cual me alegro porque me gusta crear una cierta unidad en mi obra. Por ejemplo se ha estado hablando mucho de la ciencia, y si algo es mi novela es una novela científica. Se trata la psicología conductual, la psiquiatría, el misterio del cerebro. Pero mi posición, como la de mis amigos médicos que me aconsejaban en lecturas y con quienes conversé tanto, es que no puede existir un éxtasis sobre la ciencia. Me interesa la postura de quienes se sienten defraudados por la ciencia, pero que reconocen que es la forma de saber más importante de la actualidad, una inmensa aventura y aportación humanas. Esto está muy presente en mi poesía desde el principio. Ya he hablado de la genética. Pero lo importante es lo que ese descubrimiento científico me enseñe de quién soy yo. De la herencia que acarreo. Del destino que adivino o que temo.
VLM.- A nuestro juicio, En ningún paraíso holla territorios aún no pisados por la poesía española. ¿Cree que esto puede influir en una consideración estrecha por parte de la crítica actual? ¿Cree que la crítica de poesía más influyente tiene los conocimientos y lecturas contemporáneas suficientes para enfrentarse a obras escritas desde ellos?
DD.- Publicar poesía en España es llorar. Te puedes esperar cualquier cosa. Lo peor es cuando se critica lo que se ignora, ese pecado tan español. Y sobre todo cuando te la das de listo y acabas siendo el tonto de la clase. La literatura española necesita una nueva crítica, más acorde con los tiempos que vienen, menos adocenada en el escalafón y en los grupos de poder.