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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

08-02-2006 21:05:11

Entrevista a Diego Doncel

Categoria: GeneralVicente Luis Mora


Accediendo a la petición de Mara Escrivano en este mismo blog, y por creerlo interesante después de la aparición de En ningún paraíso (Visor, 2005), hemos solicitado esta entrevista al poeta Diego Doncel, que amablemente nos ha atendido. Creo que será de vuestro interés.


VLM.- Entre sus dos primeros libros, El único umbral y Una sombra que pasa, había muchas diferencias, como es obvio, pero dentro de un tono reconocible y preocupaciones similares. Por eso, supongo que la primera pregunta es obvia, teniendo en cuenta la evolución de su obra anterior: ¿ por qué un cambio tan visible de estética ?

DD.- Creo que soy un experimentador en poesía. Me gusta el riesgo de experimentar. Y experimentar significa aquí una nueva forma de pensar la realidad, una nueva forma de ver el mundo, de vivir en él a través de las palabras o a través de la cultura. Me interesa también que mi poesía exprese el estado actual de nuestra cultura o de nuestra civilización. ¿Y cuál es éste? Parece que hay un éxtasis no sólo postmoderno sino postindustrialista, con los mass media creando la nueva universalidad, la nueva espiritualidad o su ausencia, las nuevas formas de conducta. Además introduciendo en nuestras vidas un consumo feroz, un consumo no de cosas sino de cosas convertidas en signos. Los signos que nos crea la publicidad. Por eso los costos de publicidad rebasan los costos de producción, y por eso un producto vale más por su inversión publicitaria que por su valor estrictamente industrial. Vivimos en una massmediatización de nuestras costumbres, de nuestros hábitos, de la vida que elegimos, de los conceptos que asumimos. Como dijo alguien: “La televisión es la abarrotada vitrina de nuestro supermercado cultural”. Con las repercusiones brutales que eso conlleva en nosotros, por ejemplo, la superficialidad, la rapidez de los mensajes, su carácter perecedero, y el hacernos vivir en continuas representaciones.
La visión de un poeta español de hoy no puede escapar a todo esto. Vivimos en ciudades. Nuestras relaciones sentimentales son distintas. Nuestra forma de vivir la sexualidad. Incluso de vivir la naturaleza porque la naturaleza hoy es un bien de consumo. Tal vez hayamos perdido un valor antiguo por el valor de la mercancía, por el de la estadística, por el de la ironía.
¿Cómo no hacer que esto entre en nuestros poemas?
Por eso, además, me interesaba poetizar la crisis que a un sujeto, a un yo le produce este estado de cosas. Sobre todo me interesaba hacer un retrato de las víctimas. Esos individuos que se van diluyendo en contraste con el gran sueño de los diseñadores de felicidad. Porque las víctimas (incluso desde el punto de vista psiquiátrico) no soportan más esta situación. Hablan con resentimiento. Hacen autopsias de su desesperación. Son profundos y odian la superficialidad. No lanzan mensajes oscuros porque quieren ser oídos. Y proponen salidas. Pero sin falsas nostalgias.


VLM.- Sin embargo, el “narrador” o yo elucutorio de En ningún paraíso tiene cierto parecido con el de Una sombra que pasa. Algunos participantes de esta página creen que, en realidad, es el mismo personaje, sólo vestido con un traje léxico diferente, y una referencias más posmodernas, dentro de un discurso moderno. ¿Está de acuerdo? ¿Por qué?

DD.- Creo que los tres libros que he publicado hasta ahora son distintos pero mantienen un común denominador: la visión del mundo. Cuando estaba escribiendo El único umbral y vivía en Palma experimenté mucho con los estados de conciencia, normalmente provocados por sustancias varias hasta que (en una noche ibicenca) comprendí que estaba en el camino de mi propia autodestrucción. Por eso es un discurso en contra de cualquier trascendencia porque se cree falsa, es un discurso irónico con los símbolos místicos, con los éxtasis idealistas del yo. Es un discurso poético donde el yo sólo tiene el horizonte de la muerte. De ahí que Una sombra que pasa sólo podía ser un libro profundamente materialista y naturalista en el sentido que le dio Zola. Sentí, por ejemplo, una enorme atracción por las investigaciones de Richard Dawkins sobre genética. Pero en cualquier caso ambos libros se enfrentaban directamente a un discurso dominante donde la superficialidad y las grandes juergas postmodernas en versión española me dejaban bastante insatisfecho. Recuerdo que Rafael Pérez Estrada me dijo que parecía el libro de un escritor centroeuropeo. Y no iba descaminado. Frente a unas formas de realidad donde lo real finalmente se convertía en un valor estético light, casi hueco, muy de andar por casa, yo oponía los discursos fuertes de los expresionistas alemanes, de Musil, de Döblin, de Eliot y de cierta poesía en lengua inglesa. Pero tanto los expresionistas, como Musil o Döblin me hicieron un pensador de lo urbano, de lo que pasa en nuestro mundo y ahí encontré a escritores que habían abrevado en eso mismo: los escritores norteamericanos de los que tan devoto me siento. Esto lo explica Joaquim Manuel Magalhaes en un ensayo que está próximo a aparecer en portugués.

VLM.- ¿Definirías En ningún paraíso como un libro nihilista?

DD.-Los poemas de este libro hablan del desconcierto, de la soledad, del suicidio, del sexo sin deseo, incluso del no futuro. Los personajes parecen vivir una etapa de sus vidas donde ni la psiquiatría es un consuelo, donde el armario de las medicinas, con un buen cargamento de ansiolíticos, sustituye a cualquier verdad. Pero no aseguraría yo que fuera un libro nihilista. Hay algo de calor en esas anomalías y esos seres la encuentran a veces.

VLM.- Tres libros en 15 años nos dejan ver el retrato de una persona que se piensa mucho los pasos, que mide sus esfuerzos, que no tiene prisa por publicar, que necesita interiorizar mucho su obra poética. ¿Nos equivocamos?

DD.- Considero la literatura como una aventura de pensamiento, pero también una aventura personal, hondamente personal y biográfica. Y no me gusta ni sé jugar con ella.

VLM.- La situación de la poesía española pasa por un interesante impasse que deja entrever la entrada en un espacio nuevo o, si se prefiere, la salida de uno anterior. ¿Qué aporta En ningún paraíso a ese espacio? ¿Tiene presente el estado del arte de su tiempo a la hora de escribir?

DD.- Está claro que se abre paso una nueva generación. Y que esta generación va a romper con lo anterior. Tengo presente dos afirmaciones de David Foster Wallace: la primera que hablaba de que el escritor actual tenía que tener presente la nueva textura del mundo. Y segunda, que he repetido constantemente y que alguien recordaba en este mismo blog es que la literatura española, al igual que la norteamericana antes de llegar la Next Generation, está atrapada entre un realismo demasiado simple y un formas demasiado nostálgicas de la autonomía lingüística, de ciertas formas “silenciarias”. Son dos estrategias que nos dejan insatisfechos.
Sin embargo adivino una importante renovación. Y creo advertir un giro hacia la vanguardia, hacia propuestas más innovadoras. Por ejemplo, lejos queda el Juan Ramón simbolista y cercano el Juan Ramón de la parte norteamericana de Diario de un poeta recién casado. También queda cerca un determinado futurismo, los postmodernos USA, y entran en los discursos poéticos zonas que hasta este momento estaban desatendidas: la ciencia, la publicidad, el vídeo, la televisión. Está claro que los referentes y las cacareadas tradiciones están cambiando.

VLM.- Durante bastante tiempo has sido asociado a un modo metafísico de escribir poesía. Nos ha parecido atisbar a lo largo de En ningún paraíso una renuncia más o menos explícita de este modo de entender su quehacer poético. ¿Qué opina al respecto?

DD.- No he renunciado a lo metafísico porque nunca lo fui. Esto como lo de la poesía de la experiencia está mal empleado por la crítica literaria española. Yo siempre hablé de poesía meditativa pero como la entendió Unamuno: esa que abre el verso para que se aloje el pensamiento. Y por cierto En ningún paraíso ejemplifica mediante una poesía meditativa la ruinas del pensar, la inutilidad de hacerlo. El único pensamiento es el dolor.

VLM.- Tu libro contiene muchos cambios estructurales, pero sobre todo referenciales, respecto no sólo a tu obra anterior, sino también a la de tus contemporáneos. En nuestra lectura hacíamos mención de una serie de elementos (por ejemplo, la narrativa norteamericana) que creíamos podían haberle influido. ¿Qué otros elementos lo han hecho? ¿Ha tenido alguna influencia su novela (El ángulo de los secretos femeninos, Mondadori, 2003) en su poesía?

DD.- Influencia no. Escribí los primeros poemas del libro antes de empezar la novela. Pero antes hubo otros poemas y otros relatos. Ahora bien los dos tienen un aire de familia, de lo cual me alegro porque me gusta crear una cierta unidad en mi obra. Por ejemplo se ha estado hablando mucho de la ciencia, y si algo es mi novela es una novela científica. Se trata la psicología conductual, la psiquiatría, el misterio del cerebro. Pero mi posición, como la de mis amigos médicos que me aconsejaban en lecturas y con quienes conversé tanto, es que no puede existir un éxtasis sobre la ciencia. Me interesa la postura de quienes se sienten defraudados por la ciencia, pero que reconocen que es la forma de saber más importante de la actualidad, una inmensa aventura y aportación humanas. Esto está muy presente en mi poesía desde el principio. Ya he hablado de la genética. Pero lo importante es lo que ese descubrimiento científico me enseñe de quién soy yo. De la herencia que acarreo. Del destino que adivino o que temo.

VLM.- A nuestro juicio, En ningún paraíso holla territorios aún no pisados por la poesía española. ¿Cree que esto puede influir en una consideración estrecha por parte de la crítica actual? ¿Cree que la crítica de poesía más influyente tiene los conocimientos y lecturas contemporáneas suficientes para enfrentarse a obras escritas desde ellos?

DD.- Publicar poesía en España es llorar. Te puedes esperar cualquier cosa. Lo peor es cuando se critica lo que se ignora, ese pecado tan español. Y sobre todo cuando te la das de listo y acabas siendo el tonto de la clase. La literatura española necesita una nueva crítica, más acorde con los tiempos que vienen, menos adocenada en el escalafón y en los grupos de poder.

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Comentarios

  1. Gracias por la entrevista. Estamos ante 50 exámenes y con poco tiempo para el foro.Celebro la referemncia al futurismo. Y lo que se dice sobre la ciencia.

    M.E. — 10-02-2006 18:00:41

  2. La entrevista es muy ilustrativa. En realidad, es casi un manifiesto. Y de todas las cuerdas tocadas, quizá la validación social de la propuesta sea la que más peso tiene. Si esto fuese así, pregunto, para abrir una conversación: ¿por qué hay tan pocas intervenciones?

    (Antes se hablaba de los duendes de la imprenta. Pero me parece que la blogosfera también tiene los suyos).

    Martín Rodríguez-Gaona — 11-02-2006 21:23:16

  3. Tu pregunta es muy buena, Martín. A ver si mañana la respondemos.

    vicente luis mora — 11-02-2006 21:46:30

  4. Aunque llevo ya cierto tiempo leyendo con gusto lo que se escribe en este foro es la primera vez que intervengo.

    Quería exponer mi opinión con respecto a "En ningún paraíso", de cuya lectura acabo de disfrutar. Opinión de lector bastante corriente, alejada de una crítica para la que, sin duda, ni tengo intención ni estoy nada preparado. La verdad es que a uno le produce bastante pudor exponer sus pobres comentarios, que no dejan de ser los de un neófito en esto de la poesía, al lado de otros tan cualificados como los que aquí se suelen ofrecer. Pero bueno, tampoco va a estar uno siempre callado...

    En primer lugar destacaría que me ha parecido una obra arriesgada, bastante diferente a lo que yo he leído. me ha producido un hondo impacto. Lo que más me ha sorprendido es la excelente inclusión en la obra de elementos urbanos: aparecen fármacos, publicidad, neones, drogas, psiquiatría... con un tratamiento, sin ninguna duda, novedoso, alejado, como destaca Vicente, del del realismo sucio (yo, precisamente, las únicas referencias que tengo de la aparición de todos estos elementos es precisamente en obras de realismo sucio y quizá, aunque con un planteamiento en todos los sentidos más tibio, en alguna poesía de la experiencia). El fondo de la obra a mí me ha parecido casi absolutamente desesperanzado. Reconozco que me cuesta encontrar ese calor del que nos habla el autor en la entrevista. Lo más que llego a ver es cierto optimismo o, quizá mejor dicho, cierto vitalismo que aperece en algún momento: únicamente como propósito (en el final de "El hongo de la psilobcibina") y ya consistentemente en "Práctica de la utopía" que, por otra parte, es a mi jucio un poema redondo, contundente, soberbio. El mejor de la obra. Es uno de esos textos que después de leídos le siguen rondando a uno inquietantemente la cabeza.

    En la otra cara de la moneda debo decir que me ha resultado algo extraño la sobreabundancia de términos como sentimientos, alma, felicidad... Sin duda esto constituye un riesgo pero vaya, quizá yo esté más acostubrado a formas de expresarse, en ese sentido, más comedidas. Tal vez esto tenga la intención de operar digamos a modo de contraste entre campos léxicos que rara vez aparecen unidos: la frialdad e los elementos urbanos, por un lado, y la sentimentalidad, por otro (contraste que, en todo caso, yo reconozco no haber disfrutado del todo).

    La gran unidad que para mí tiene la obra se rompe un poco, a mi juicio, en "El filósofo de los callejones". Aquí aparece una tercera persona que no me acaba de convencer. Cierto es que no es la tercera persona aparece en otras partes del libro: a veces, en lo que a mí me han parecido desdoblamientos del "yo" y otras sí que tratando terceras personas degamos "de verdad": en "Una mujer" y en "Testamento" pero en estos casos a mí el resultado sí que me satisface y creo que, en vez de romper la unidad, la enriquece.

    La forma que Doncel utiliza también es atrevida: versos libres, la mayor parte de las veces bastante largos e irregulares, con un abundante uso de recursos narrativos. Sin embargo, casi siempre, el resultado es para mi satisfactorio: los poemas tienen un buen ritmo cimentado, quizá, en un inteligente uso de unos escasos pero muy eficaces recursos métricos y retóricos (algunas anáforas -también alguna catáfora-, algunas repeticiones de estructuras, bien acentuales o bien sintácticas, y un excelente uso de los encabalgamientos que saben elevar la tensión en momentos oportunos). En otras ocasiones en cambio quizá se caíga un excesivo prosaísmo (esa impresión me ha dado, por ejemplo, la primera estrofa de "Nadie",el comienzo de la segunda parte de "El filósofo de los callejones"). Otra cosa que me ha disgustado algo ha sido la aprición de algunas asonancias. En particular me parece, en este sentido, desafortunadala primera estrofa de "El job de los establos": hay asonancia en los dos primeros versos ("ojos" y "tonto") y otra después (entre "cosas" y "moscas", donde, a pesar de que el último término no es el final de verso a mi juicio suena mal). En "Un mundo apócrifo" hay otras dos ("lejano" y "año" en la segunda estrofa y "muros" y "desnudos" en la quinta). Pero, en fin, la verdad es que reconozco ser demasiado refractario para la asonancias en verso libre y, viendo la totalidad de la obra, esto no deja de ser una mera anécdota.

    En cuanto al lenguaje figurado también he tenido sensaciones encontradas. Junto a expresiones atrevidas que, para mi gusto, funcionan prodigiosamente ("donde se advertía ese carácter especulativo y libidinoso / de la arquitectura de Frank O. Gehry", "qué basta, qué roja la luna / describiendo su órbita de herrumbre y de soberbia / en la pantalla apagada del televisor", "...alamedas brillantes y sonámbulas como una furguneta de reparto", "y la luna delante incendiando de mercurio las aguas del océano", por destacar algunas) encuentro otras que no sé, quizá me resultan poéticamente algo pobres ("..beber / muy lentamente el coñac de la vida", "...brillantes como el charol", "...le había hurtado todas las ilusiones").

    Bueno, como resumen diría que es una obra imprescindible. No se si abrirá una nueva época en la poesía española pero es posible. El tiempo lo dirá. Y lo hará pronto. Sin embargo no puedo sino mostrar cierto temor con la idea de que esta obra pudiera ser tomada como modelo por poetas noveles, como sugiere Vicente. El lenguaje de Doncel sin duda tiene mucha elaboración pero quizá no sea apreciable a simple vista y creo que el resultado de su imitación (o inspiración) por parte de gente recién iniciada en la poesía correría el peligro de caer en un prosaísmo absolutamente vacuo.

    También quería suscribir lo que se ha dicho en la entrevista acerca de la necesidad de una nueva crítica. Es más yo diría que lo que hace falta es simplemente una "crítica" pues las reseñas que veo me parece que, en buena medida, son más bien simples opiniones. Y no deja de resultarme paradójico que, estando la poesía española dominada (demasiado, según mi juicio) por los filólogos, tengamos en cambio una crítica, salvo algunas excepciones, tan carente de parámetros objetivos (vaya, perdón por esta digresión, quizá fuera de lugar).

    Para terminar quería hacer una petición. Doncel se declara devoto de poetas norteamericanos. ¿Podrían concretar algo dando algunos nombres? Yo reconozco ser un ignorante en cuanto a poesía norteamericana más o menos reciente. Creo que lo más nuevo que he leído procedente de esas tierras es a Carver y a Leonard Cohen, que para mí era un interesante poeta y novelista antes de malograrase por la música facilonga y el budismo "Malibú" (mortal combinación, sin duda). Aquí, donde yo vivo (Tenerife) tendemos a mirar más a poetas del otro lado del continente americano (poetas que, por cierto, siempre me ha dado la impresión de que están bastante preteridos en la península). Así que agradecería cualquier sugerencia en ese sentido.

    ¡Ah! y también quería aprovechar esta primera intervención para agradecer a Vicente, en particular, y a todos los que muestran sus interesantes comentarios aquí el que lo hagan. Que haya algunos, digamos que con ánimos poco constructivos, supongo que es algo que desgraciadamente no se puede evitar y espero que no haga caer los ánimos. La verdad es que, especialmente para gente que, por uno u otro motivo, vivimos nuestra afición a la poesía de una forma bastante aislada, poder asomarnos a un espacio como este es una verdadera suerte.

    Un saludo a todos

    Joaquín Iriarte — 12-02-2006 19:01:20

  5. Querido Joaquín, muchas gracias por participar. En efecto: ojalá todas las participaciones de este blog fueran tan sensatas, sinceras y positivas como la tuya. Hay cosas muy interesantes en lo que dices; en principio no te contesto, a la espera de que Doncel (que me ha prometido seguir el posible debate de cerca) quiera hacerlo. Si pasan los días y no comenta nada, lo haré yo. Pero repito: gracias por tu inteligente comentario. Saludos.

    vicente luis mora — 12-02-2006 19:11:39

  6. Quisiera hacer unas apreciaciones al comentario de Joaquín Iriarte que inicia su interesante y elaborada lectura disculpándose por ser neófito en las apreciaciones críticas.

    Creo que, si su intervención puede ser interpretada como una respuesta al contraste propuesto entre la entrevista y el libro de Doncel, lo que más le interesa es trascender el plano de la empatía (eso que hizo derramar tanta tinta tonta hasta hace poco). Es decir, su lectura, me parece, es muy valiosa, porque apunta a un lector que se rige por criterios en los que confluyen lo discursivo y lo formal: criterios artísticos en cuanto a lenguaje. Es decir, lectores que no son números, o fashion victims de cualquier secta.

    La única forma de que ese tipo de lectores no sea la eterna minoría, quizá sea no espantarlos. Pienso en algunos reseñistas que quieren ir de críticos y que escriben en medios comerciales, esos que con 700 caracteres se despachan un resumen personalista de la poesía occidental, olvidándose casi de qué estaban analizando. Y digo casi, porque después regresan al libro para corregirle la puntuación a los autores o "mejorarles" versos.

    En otras palabras, me gusta pensar que uno escribe para lectores como Joaquín, vacunados contra la prepotencia y el esencialismo. A alguien a quien, con suerte, algún día podrías encontrarte por la calle (o en café, un museo, etc.)

    Martín Rodríguez-Gaona — 12-02-2006 20:30:14

  7. Querido Joaquín: gracias por la lectura de " En ningún paraíso". Por tu lectura detenida y por todas las apreciaciones que haces. Si, además, como dices, el libro te ha causado " un hondo impacto", tanto mejor porque nos permitirá hablar de poesía, que es para lo que nos gusta abusar de la hospitalidad que Vicente ha creado con su blog. Un blog que se ha hecho un hueco en la crítica de poesía y donde nos encontramos amigos secretos y caras conocidas sólo por el placer de reflexionar y de leer.
    Sólo por el placer de subrayar cosas y de subrayar también cuál es mi postura te diré que me interesa la poesía que aspira a perturbar, es decir, a meter el dedo y a apretar. Hemos vivido en los años 80 y también en los 90 un tiempo demasiado light, de poemas arregladitos, peinaditos, perfumaditos. Se apiraba a retratar la realidad pero sin llegar a ninguna profundidad. Desde ese punto de vista eran falsos y hasta si se quiere señaladamente estéticos, aunque anunciaran lo contrario.
    Lo he dicho muchas veces, la literatura que yo prefiero tiene que ver con los que pasa en nuestras sociedades, con el reverso o la cara oculta del bienestar. Y en eso coincido con los norteamericanos porque intentar poetizar la decepción del individuo concreto en relación con el discurso de que se vive en la mejor de las sociedades, en el mejor de los mundos.
    Pero además la lógica del capitalismo y la lógica de cierta postmodernidad aspira a deshacerse de los discursos fuertes. Esto es muy importante.Un discurso fuerte no tiene cabida en el mercado, no se le adivina un valor económico, obtura las líneas de accesibilidad del consumidor/ lector. El capitalismo de nuestros días hace ligero todo para que pueda ser consumido y para que sea consumido debe ser aceptado rápidamente. No debe crear un nuevo imaginario ni un nuevo lenguaje sino reforzar los ya existentes.
    La sociedad y la cultura USA son la máxima expresión del capitalismo, unas veces a favor y otras enfrentadas a él, o como reacción. En cualquier caso me interesan los escritores que tratan las anomalías de su sociedad o de ellos como indioviduos desde formas literarias un tanto arriesgadas. No el riesgo por el riesgo sino el riesgo como modo de expresión, como modo de ver.
    ¿ De entre los poetas? Mis preferidos son muchos, pero dado que está a punto de aparecer una antología y que el editor me pide mesura, te recomiendo a Denis Johnson. Es un poeta brutal que se convirtió después en un novelista brutal.

    Diego Doncel — 14-02-2006 00:06:52

  8. Hola, me gustaría unirme a este debate no con opiniones sino con algunas inquietudes que se me plantean ante este interesante tema.
    Sobre las cosas que comenta Diego en torno al lugar débil que el mundo actual deja a los discurso y, entre todos ellos, a la poesía, ¿con qué armas cuenta esta para oponerse a tal destino? Más allá de nuestras preferencias personales o de nuestro hipotético salvamento personal ¿qué aspiración puede tener la poesía sino difuminarse en una especie de rastro subcutáneo? ¿No será quizá el único camino posible, precisamente, el de la marginación, -literalmente al margen-, donde los poetas y pocos más cultivemos nuestro huerto? Y si no ¿cómo volver interesante la poesía en un mundo donde sólo se intercambia lo que no es poético?
    Saludos
    y gracias por eata isla

    B.M. — 14-02-2006 18:40:49

  9. Esta es la discusión eterna. Cuando tuvimos Guillermo Carnero y yo la conversación de marras sacó la entrevistadora este tema. Carnero mostró una actitud parecida a la tuya, y varias personas que me llamaron después, también. Yo preferí echarnos la culpa a los poetas de no ser, si no amenos, sí al menos atractivos para un público de gran tamaño. Juan Bonilla recogía en una entrevista reciente esa opinión mía y la criticaba, diciendo que libros de "poesía" como la recopilación de Antonio Burgos de poesía popular (o los poemarios de Antonio Gala) cumplen ese papel de acceso al gran público, y que quizá no sea ése el modelo. Quizá sois vosotros los que tenéis razón. Pero a mí no me gusta conformarme con ese valor residual, con escribir para la mínima minoría, que rastrea exquisitamente ediciones de poesía en los vertederos de la sociedad ultracapitalista. Creo que se puede "intervenir" de otra forma, de otras formas, conservando la esencia de lo poético. En otro post charlaban Jordi Carrión y Germán Sierra sobre las posibilidades de las nuevas tecnologías. Gabi Martínez postula en su novela "Ático" la posibilidad de videojuegos literarios. Creo que parte del asunto va por ahí y otra parte por la consideración más espacial de la poesía: que los libros se hagan más conscientes de su condición de lugar y de las condiciones del lugar que retratan. Pero repito, puede que sea yo quien me equivoque. Saludos.

    vicente luis mora — 15-02-2006 08:14:37

  10. Acabo de leer"echarse al monte " de Fermín Herrero(hiperión) que libro más extraño ; Ya has leido "atlas" de A.Isabel Conejo?no ganó también el Adonais además del Hiperión?he leido alguna crítica tuya en Clarín,vas a colaborar con esa revista?si no contestas entenderé que son los exámenes de filosofía.Un saludo Mora y buenos días

    larSen — 15-02-2006 11:01:31

  11. Ya casi echaba de menos tus interrogatorios, larSen (he dicho "casi", no te animes). Por orden: Fermín Herrero me parece un poeta más que estimable, con un saludable gusto intergenérico y una preocupación por los espacios periurbanos degradados, que ha convertido en potente materia poética. No he leído aún a Isabel Conejo. Y llevo varios años colaborando con Clarín, como con otras revistas. Saludos.

    vicente luis mora — 15-02-2006 12:09:32

  12. qúe revistas?,alguna en la red?gracias M.de todas formas noto una gran diferencia entre las críticas de Clarín y las de este rincón más eruditas y complejas.

    larSen — 15-02-2006 13:18:17

  13. Con esa idea precisamente nació el blog, la de poder hacer la crítica que a mí me interesa, sin limitaciones de espacio ni de espectro. En algunos sitios (curiosamente, no en Clarín, donde he publicado artículos muy espesos como el de psicoanálisis que está en mi página web), me han pedido que no sea demasiado complejo. Aquí completo las reseñas acortadas o mutiladas. Saludos.

    vicente luis mora — 15-02-2006 13:47:21

  14. no quiero parecer tacaño pero una hora en la casa del libro buscando tu libro "construcción" y lo encuentro carísimo y en celofán sin poder echar un vistazo...

    larSen — 15-02-2006 13:51:00

  15. He oído de un recital maravilloso en el círculo de Bellas Artes

    larSen — 15-02-2006 14:12:05

  16. Pues sí pareces tacaño, larSen. Quince euros es lo que cuestan dos copas en Madrid. Cómpralo, no por mi bien sino por el de Pre-Textos, que tanto bien público hace.

    vicente luis mora — 15-02-2006 14:27:58

  17. pero es que, quiza por tacañismo también, no bebo

    larSen — 15-02-2006 17:27:06

  18. Ahí has estado fino, larSen.

    vicente luis mora — 15-02-2006 18:16:16

  19. Es un lujo esto de poder leer una obra, expresar tu opinión y que inmediatamente el propio autor te conteste. La respuesta de Diego ha sido para mí muy clarificadora. Entiendo su propuesta de un "discurso fuerte" que complementa, al final de su intervención, indicando su preferencia por "unas formas literarias un tanto arriesgadas". Hasta yo mismo me he dado cuenta de que, en cierta forma, era víctima de esa forma "light" de ver la poesía de los años 80 y 90 que dice Diego: manifesté, en mi comentario, que estaba acostumbrado a formas de expresarse más comedidas. En mi humilde defensa habré de decir que lo cierto es que, hasta ahora, lo que había caído en mis manos, de poesía relativamente reciente, con un discurso fuerte, tenía una forma literaria que dejaba mucho que desear (y, puestos a elegir, poéticamente prefiero lo otro). Así que más motivo para celebrar la llegada a mi conocimiento de estos discursos fuertes con calidad literaria. Gracias Diego también por tu sugerencia de Denis Johson (ya estoy tras él).

    En cuanto a la marginación que comenta B.M. yo creo que uno de los grandes problemas de la poesía son los propios poetas. Bastante difícil lo tienen como para que encima no hagan sino echar más leña al fuego. Creo que a veces son los propios poetas los que se automarginan. Voy a poner un ejemplo: aquí, en el periódico de más tirada, tienen la costubre de dedicar una columna a poemas enviados por los lectores. Como supongo que se imaginaran la calidad literaria de estos textos es muy baja. A ningún poeta "que se precie" se le ocurriría mandar nada. "¿Como va a aparecer un poema mío ahí?" Claro, es mucho mejor que aparezca en una revista que leen cuatro gatos o en un libro que leen tres. Pero siendo objetivos en el periódico el poema estaría al alcance de toda la gente que los iba a leer en el otro medio y, encima, de muchísima más. (Y no olvidemos que el que aparezca en el periódico, probablemente, no sea óbice para que también pueda salir en la revista o en el libro). Para mí, como lector, desde luego encontrarme todos los días con un par de poemas buenos en el periódico sería estupendo (y no olvidemos que la poesía tiene un formato excelente para su aparición en la prensa diaria). Vamos, que a veces me da la impresión de que los poetas quizá tengan pocas oportunidades de aparición en los medios de masa pero, encima, desaprovechan las pocas que se les presentan. Y, por si fuera poco, éstas sí que son aprovechadas, en este caso, por "otra clase de poesía" que, además, no contribuye sino a acentuar ciertos arquetipos.

    Un saludo

    Joaquín Iriarte — 15-02-2006 23:54:33

  20. Un nuevo escenario tanto teórico como en el ejercicio poético pasaría por mostrar las aporías que encubren la formulación de distintas categorías críticas que han venido operando desde hace demasiado tiempo de manera interesada, entre las cuales destaca en primer lugar la manida polarización que se suele establecer entre comunicación vs. conocimiento y, a continuación, toda una serie de articulaciones derivadas como, por ejemplo, real vs. imaginario, racional vs. irracional, fondo vs. forma, prosa vs. poesía, vivir vs. escribir , literatura culta vs. literatura popular... En este sentido saludamos la aparición de En ningún paraíso por cuanto ofrece una ontología del presente en la cual las dicotomías mencionadas no nos sirven desde una perspectiva hermenéutica, pues la obra de Diego Doncel se sitúa en la tensión de sus límites. Las máscaras de un sujeto proteico y la desesperanza tecnológica absorben los códigos de los nuevos tiempos para desbaratar su lógica. Frente a una concepción que tienda a caracterizar el lenguaje poético a modo de un elemento sagrado que nos permite un regreso a los orígenes al ofrecernos el retorno nostálgico a una existencia pretécnica vinculada con la recuperación de la autenticidad y la naturaleza, deberíamos captar las nuevas posibilidades de apertura por parte de la organización científico-técnica del mundo. Siguiendo de cerca de Vattimo, preferiríamos a un Heidegger de izquierda en lugar de un Heidegger de derechas, cuestión esta última que no implicaría aspectos ideológicos, sino un mero paralelismo con las corrientes heredadas a partir de Hegel. Parafraseando a Hölderlin, donde se encuentre el peligro, allí estará la salvación.

    Antonio Martín Medina — 16-02-2006 00:02:01

  21. Lo que yo planteo tiene poco que ver con lo que dice Joaquín, en realidad mis cuestiones, como bien encara Vicente, hacen referencia a un estado digamos más maduro de un yo poético que admite -con derrotismo- su inoperancia en un mundo que dice haber superado la poesía, porque la ha difuminado -si se quiere-, un mundo que se ha olvidado de ella y encuentra sus sustitutos en otras cosas. Creo que esta postmodernidad plantea una total suplantación de todo por su sustituto, y, en esa virtualización de la experiencia, gran parte de los poetas optan por construir una torre de marfil, un verbo blindado que, sólo después de preponderar, puede circular, ya que de otro modo sería devorado por esa estrategia general de sustitución. Ya no estamos ante la masa de Ortega sino directamente frente a la avalancha donde el cinismo dejará impraticable toda senda. ¿Alguien sabe cómo actuar cuando ninguna de las disciplinas, ni siquiera la política puede hacerlo? La opción rimbaldiana es una posibilidad, otra la del estilita. Sólo se me ocurre un punto de Aquiles que a fuerza de devastado pudiera ser un día un vergel: la educación

    B.M. — 16-02-2006 18:32:35

  22. Yo creo que lo que planteaba sí que tiene que ver con lo que dice B.M. Su tesis es que los poetas han optado por contrucción de lo que él llama "un verbo blindado", mientras que yo pretendía con un ejemplo quizá pueril, inclinarme más porque lo construido haya sido en mayor medida "un canal blindado".

    Con el "verbo blindado" yo no estoy del todo de acuerdo: ni pienso que esta sea la opción elegida por "gran parte de los poetas" ni creo que los que lo hagan tengan esa voluntariedad (en ese caso ya no quizá etimológicamente estaríamos hablando más de criptografía que de poesía).

    Por otra parte preguntaría a B.M. ¿qué lugar ocupaba la poesía antes de que "el mundo se olvidara de ella"? Yo dudo que haya existido ese lugar, por lo que ni siquiera ha sido necesario sustituirla por nada.

    En lo de la educación creo que todos estaremos de acuerdo: es obvio.

    Joaquín Iriarte — 16-02-2006 20:07:53

  23. Perdón, veo que en el paréntesis se me ha colado un "no", como casi siempre, impertinente. He querido decir:

    (en este caso ya quizá etimológicamente estaríamos hablando más de criptografía que de poesía)

    Joaquín Iriarte — 16-02-2006 20:26:12

  24. Muy interesante la idea del "canal blindado" pero sería otro tema de muy larga discusión, lo que quiero decir con el "verbo blindado" es la idependencia del discurso, lo blindado es lo que no se puede romper no a lo que no se puede acceder; lo cual no ciega la directa relación con el mundo sino que la vuelve más auténtica, verdadera y autolegitimada(a peligro de ser cándido)pero desde un extremo en el que la palabra recobre su función fundadora de mundo, en ese sentido sí creo que la palabra tuvo -la poesía- épocas donde desempeñaba un papel importante: la literatura sagrada de cualquier civilización, la épica y un sin fin de ejemplos

    B.M. — 17-02-2006 00:07:23

  25. buenos días Mora que tengas un buen fin de semana,hoy no te voy a hacer ninguna pregunta.

    larSen — 17-02-2006 10:26:37

  26. Gracias, larSen. La verdad es que el día que te vayas cerraré la página, de pura melancolía. Esto no sería lo mismo sin ti.

    vicente luis mora — 17-02-2006 10:46:17

  27. Uf... hay que ver lo que dan de sí las conversaciones en esta bitácora. No puedo empezar por el libro de Diego, porque no lo he leído aún, pero muchas de las consideraciones que hace en la entrevista me parecen muy interesantes... y estaba pensando en ellas cuando la conversación derivó hacia el tema del "cauce" o de la presencia de la poesía en esta sociedad del postespectáculo... Es un tema que me apasiona, aunque no tenga ideas claras alrededor. Más que en positivo, tengo ideas en negativo, a ver como las expreso:

    - Buena parte de los poetas tienen (tenemos) un horror al escenario o a la plaza pública. Partimos de que no se nos va a entender, y de que, además, hacernos entender no es nuestro trabajo. Yo tengo para mí que si la palabra es verdadera, siempre es expresiva, aunque esa expresión no sea simple, o accesible a un vistazo de lectura rápida, aunque exija a quien la lee poner algo de sí.

    - Los poetas, además, cuandos e nos sugiere una actividad de presencia partimos casi siempre de la base de que no va a ir nadie, y que esto que uno hace a nadie o a muy pocos interesa.

    - Sin embargo, cuando se realizan actividades alrededor de la poesía bien organizadas, difundidas, trabajadas, en suma, resulta que aparece mucho (en términos relativos) público interesado, y ese público aunque no sea mucho en números absolutos, insisto, suele ser muy interesante, muy implicado. Y a veces se encuentran con que el poeta no quiere verse sometido a la presión de una conversación, o a explicar cuestiones que uno entiende como básicas, pero que no tienen porqué serlo para todo el mundo.

    - En algunos actos a que he asistido veo como poetas, bajo la presión del evento, se muestran displicentes y disparan respuestas cortantes o simplemente pedantes, ante preguntas simples, surgidas en ocasiones hasta del propio entusiasmo de que está escuchando los poemas.En vez de bajar a hablar, elevan la barrera.

    Vaya, que creo que hay un problema de actitud. Esto es una generalización, por supuesto, pero llevo años yendo a lecturas de poesía y no es una observación a tontas y a locas..

    Después está el problema de la "emisión". La poesía utiliza para su difusión unos recursos, como mínimo antiguos: el libro es en sí mismo un recurso antiguo. Los recitales a viva voz en el ateneo correspondiente, ustedes me dirán... Cuando se saca la poesía de esos cauces y se buscan otros escenarios las respuestas suelen ser sorprendentes (colegios, bares, bibliotecas, movidas....) hay gente con experiencias muy interesantes en este sentido, como el colectivo "·La palabra itinerante".

    Soy un convencido de que habría que explorar los espacios que la tecnología crea. Creo que la poesía, por su voluntad de concreción, de tensión expresiva, se adapta muy bien a los nuevos medios: desde la pantalla de un pc hasta la de los móviles.(En japón se han puesto de moda los kentai tanka, y hay una interesante polémica alrededor de eso).

    Pero con todo, creo que el "cauce" es un problema menor. la cuestión es si los poetas tienen algo que expresar que toque la fibra social y personal, que tense o manifieste las crisis multifocales en que viven las personas en estos tiempos que corren. Si la poesía que hacemos les sirve a esas personas para expresar/se aquello que a ellas mismas les cuesta decir, no encuentran las palabras...(esto ha sido un trabajo de toda la vida de la poesía, desde cyrano, a aquello de copiar los poemas de Becquer para enamorar el/la novia/o, ¿es malo que lo sea?)

    No he tenido la suerte de vivirlo, pero amigos que han participado en lecturas de poemas en Colombia, Venezuela o Argentina, me hablan de locales llenos a reventar, de auténtica pasión por la palabra poética. Eso igual tiene que ver con la pasión con la que buena parte de lo mejor de los poetas de esa orilla se han implicado en la vida de sus colectividades y han expresado sus sueños y sus rabias. Tal vez la gente va a esos recitales porque se sienten dichos, o porque descubren las palabras para decir(se). Tal vez en esta orilla deberíamos pensar qué estamos haciendo...

    Todo esto son tiros al aire, claro está, esto requiere un sentarse más allá de estas notas.

    Daniel — 17-02-2006 13:44:55

  28. Creo que empezar a pensar así sobre la poesía es lo que levanta algunas renuencias. No digo que no sea necesario un debate sobre si es la poesía la que le da la espalda a la sociedad o está anticuada, el problema, para mí, es que con ese pensar se está aplicando un patrón de productividad a lo que se define en sí como un arte inútil. Y una forma de mantener la pureza se ha manifestado en esa inutilidad material para producir producto, intercambio de capital. Yo me planteo, observando lo que pasa en el arte contemporáneo o en la novela comercial, que lo que en un principio parece un mal, un aislamiento, por ejemplo que la poesía no produzca dinero, podría ser un beneficio y nos da un sitio donde rondar a la verdad pudiera ser posible.
    Acercarse a la masa en los términos de nuestra sociedad sería catastrófico para la poesía, a no ser, como dije, a través de la educación.

    B.M. — 17-02-2006 19:47:29

  29. Hola B.M. me gustaría que por favor me explicaras qué entiendes por pureza. Gracias.

    Martín Rodríguez-Gaona — 17-02-2006 22:05:03

  30. Sin entrar en grandes debates, respecto a la cuestión de la "presencia" o difusión de la poesía y como esta afecta su, digamos (tengan en cuenta las comillas, por favor) ""esencia"", sólo una cosita: si uno decide tratar de hacerse invisible, va y puede que tenga éxito y que los demás no lo vean.Y entonces no sé si es lícito quejarse de que los demás no me vean...

    daniel — 18-02-2006 17:45:56

  31. Hola Martin, en este caso, el del párrafo anterior, me refiero a la pureza de lo productos "espirituales"-con perdón-, aquello que no desea como fin convertirse en algo que se pueda comprar o vender. Como dice Diego en la entrevista hasta la naturaleza es ahora un bien de consumo. ¿Cómo podemos penetrar ilusamente ese mundo con la fragilidad de la palabra poética sin ser devorados?¿Alguien tiene alguna idea?

    B.M. — 18-02-2006 18:28:48

  32. Gracias por la respuesta B.M. Mi pregunta apuntaba a que, creo, hay poéticas que penetran exitosamente, en criterios artísticos y comerciales, eso que llamamos mercado. Las palabras de Shakespeare y el Romancero, tomadas en sus contextos históricos, son grandes ejemplos.
    Lo que sí veo muy complicado, y debatible por supuesto, es lo de redefinir o reformular una espiritualidad al punto de proponerla por algun medio artístico.

    Martín Rodríguez-Gaona — 18-02-2006 18:56:59

  33. No, no me refería a ninguna espiritualidad en sentido trascendental por supuesto y mucho menos en términos religiosos. Martín, es interesante lo que dices de los clásicos porque, precisamente, el otro día me sorprendió como mis alumnos experimentaron una catarsis al ver Troya. No dejaba de ser una película pero, tal vez por verla también en comunidad y sin reprimir sus reacciones iban demostrando sus sentimientos y haciendo juicios morales. Todo ese potencial humano está ahí igual que hace 2800 años, cómo recuperarlo sin que sea mercancía? quizá esté más presente de lo que parece.

    B.M. — 18-02-2006 19:19:36

  34. Me sumo humildemente a las reflexiones realizadas y al margen de archiconocidas (y no por ello menos interesantes) parábolas estilo “Señor de las moscas”, sí creo que el poeta puede resguardar (o rescatar) cierta espiritualidad, entendida como dice B.M sin matices trascendentalistas ni mucho menos sentimentaloides, por no hablar de la religión que ha llevado tradicionalmente a la estética como puta por rastrojo. Con perdón. Pero hablamos de arte, y si el arte no pretende cierto grado de espiritualidad…

    De todas formas me parece que no hay que tener miedo a palabras como por ejemplo “mito”. En el universo de réplicas postmoderno el mito como concepto no es menos interesante que la televisión, la carrera espacial o los restaurantes de comida rápida, y con muchas más posibilidades proteicas. Si el poeta no es capaz de fundamentar o canalizar el mito (o lo que quede de él) es difícil que lo haga el dios ingeniero, el dios presentador de GH o los dioses autodenominados “creativos” publicitarios para los que la poesía sirve para vender coches. Claro que sugerir que eso es poesía, como se escucha de vez en cuando por ahí, sólo lo puede hacer o un ingenuo o el de la Audi. De lo contrario… a otra cosa.

    Puede que esté equivocado, claro está, pero creo que el mito existe y arde Troya, de ahí que los chavales de B.M. lo flipen, eso sí, presentado (no nos olvidemos) en una película de Brad Pitt. Sin caer en posturas tragicómicas, creo que es bueno que la poesía tenga esa faceta alternativa (agua de mayo o agua subterránea). Eso no impide que algún día no se puedan llenar estadios, si cabe, o agitar el cotarro intelectual hasta el paroxismo, en bares, universidades o patronatos, lo cuál es fantástico y de lo cual participamos. Pero de lo que no me cabe duda es de que la poesía (o la palabra, si se quiere), ha tenido, tiene y tendrá su espacio en una abstracción fértil y que debe paradójicamente mucho al silencio (entendido como renuncia al vanitas vanitatis). Sinceramente, ojalá no fuera así, pero pienso que su exposición “excesivamente” pública o su normalización, como se ha pretendido en diferentes momentos de la historia, lleva a convertirla en una cáscara vacía. Y que conste que no me gustan nada ni los experimentos con gaseosa ni el ombliguismo pseudohermenéutico de algunas posturas.

    Por cierto, me adhiero a los elogios de Vicente hacia “En ningún paraíso”. Me parece que entre los palos de ciego que se dan o que damos, Diego Doncel dispara con postas hacia conceptos ya un tanto anhelados.

    M.G. — 22-02-2006 14:06:11

  35. ¿Y qué me decís del discurso poético de Mercedez Díaz Villarías, particularmente en el libro que publicó hace como un par de años, "Mi nombre es rojo"?

    JLA — 24-02-2006 10:53:38

  36. Como coeditor del libro de Mercedes Díaz (por entonces yo estaba integrado en la editorial Plurabelle), creo que es uno de los mejores libros que hemos publicado y que Mercedes es una de las poetas jóvenes españolas con más fuerza lírica y con mejor futuro.

    vicente luis mora — 24-02-2006 13:48:41


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