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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

20-01-2006 13:59:55

Heidegger según Leyte

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Heidegger: el filósofo no del ente, sino del entre

[Nota aclaratoria: no soy filósofo, sino un mero, torpe y lento estudiante de filosofía. Lo que sigue, unos apuntes de lectura añadidos a los comentarios del propio Leyte, que presentó anoche Heidegger en Córdoba, han de entenderse más fruto de la pasión que del entendimiento]


Arturo Leyte
Heidegger; Alianza, 2005


Y ese “entre” es la “historia”
Arturo Leyte, Heidegger

La importancia de este libro de Leyte, quizá la mejor introducción a la obra heideggeriana, no viene dada sólo por sus muchos valores, sino por su militancia. En este sentido hay que entender por militancia la depuración del estilo hasta unos límites desconocidos hasta ahora, actitud confrontada a la “capilla” de “oscuros” que hasta ahora sólo añadían esoterismo y oscuridades a la obra de Heidegger. Leyte se opone a la presunta inaccesibilidad de la obra del filósofo, favorecida por esa escolástica hermética, que creaba así un interesado círculo de iniciados en torno al autor de Ser y tiempo. Eso sí: el esfuerzo depurativo de Leyte queda lejos de cualquier reduccionismo, de cualquier falsificación y de cualquier restricción de rigor; su objetivo es demostrar que Heidegger es difícil, pero no complicado. Esto es, que su filosofía está constituida por una serie de elementos, perfectamente definibles, cuya exégesis es dura, pero no por un conglomerado confuso de planes o mapas metafísicos, por cuyos caminos de bosque es imposible orientarse. El resultado, este Heidegger, no es un libro, por tanto, enciclopédico ni historiográfico, sino un intento radical de clarificación, de llegar a la almendra del pensamiento del filósofo, mediante una preparación o presentación de la lectura, puesto que se deja muy claro desde el principio que la lectura de la obra de Heidegger es condición indispensable para entenderlo y apreciarlo. Como lector no especialista, además, agradezco (y creo que esto lo suscribirían muchos) la facilitación de la lectura a través de la supresión de la jerga habitual de los libros sobre Heidegger, donde aparece un nuevo idioma, el germañol, mezcla de expresiones españolas y alemanas, y continuas interferencias sobre los problemas de traducción, que vencen el ánimo del lector más voluntarioso. En algunos casos, con no poca ironía, llega a señalar Leyte que el no conocimiento del alemán puede incluso facilitar (p. 46) el acceso al auténtico sentido de ciertas expresiones, ya que la inevitable asociación con ciertas palabras alemanas en su sentido común desnaturaliza, en parte, el mensaje heideggeriano.

La estructura del libro de Leyte, dividida en tres partes, tiene dos objetivos, acumulativos: primero, ordenar, que no sistematizar, cronológicamente, el pensamiento de Heidegger y, con ello, desestimar o desactivar la tradicional y errónea clasificación en “dos” Heidegger, dos tramos diferentes de pensamiento separados por una Kehre o giro brutal de su filosofar. No es este el único malentendido que Leyte se propone despejar; también intenta desmantelar la idea, comúnmente extendida, de Heidegger como “el gran filósofo del ser”. A su juicio, la originalidad e importancia del filósofo de Messkirch (Baden) viene de plantear una gigantesca contratesis sobre el ser. Esa contratesis consistiría en que, a diferencia de la idea tradicional, por la cual la Filosofía intentaba siempre exponer la cuestión del Ser desde una “exposición predicativa”, intentando especificar las propiedades, predicados y atribuciones del ser. Heidegger considera que lo esencial sería, más bien, incidir en que el ser es. Para Heidegger, los grandes filósofos (en concreto, Parménides, Aristóteles, Platón, Kant), lo que habían dicho es algo negativo, desmontando la incongruencia de toda exposición, el fracaso del decir. Heidegger, según Leyte, reiteraría la certidumbre de ese fracaso, pero haciéndolo expreso: como diciendo “vamos a partir de algo de lo que se pueda hablar” (la cuestión del Ser en relación del hombre, vgr.), y en ese punto de partida (que es para Heidegger el Dasein) demostrara que, en realidad, lo que se revela es que ese lugar, ese punto de partida, no es tal lugar, ni ese ente es tal ente, y que el Dasein no puede identificarse con el hombre o con un hombre concreto, sino más bien es un no-lugar (no en el sentido de Augé, desde luego, sino como algo que es contrario a la idea de lugar, a la posibilidad de lugar), algo identificable con una intercesión, con una escisión, con una fisura, con una grieta. Hay algo que está ahí, y en el momento en que queremos decir algo, pronunciarlo, estamos -constitutivamente- fracasando. Ahí permanece la pregunta, pero se queda como Nada y, por ser nada, no puede ser un lugar, sino un “entre”. Conclusión, si he entendido bien a Leyte: el Dasein no es radicalmente distinto del Sein, porque ni el Sein es totalmente abstracto, ni el Dasein es en puridad concreto o concretable: “tal vez no haya una distancia tan fuerte entre Da y ser o incluso puede que los dos términos no dejen de referirse a lo mismo” (p. 45). Y esa grieta o esa Nada es precisamente la Metafísica, puesto que ésta, si es algo, es permanente ambigüedad, esa relativa diferencia ínsita del ser.

Para ello, insiste Leyte varias veces a lo largo del libro, lo importante es darse cuenta de que Heidegger reproduce en su pensar la historia misma de la filosofía y que su observación de la Metafísica, su “ontología trascendental” es una larga y sostenida mirada atrás, reconstruyendo el camino de su fundación (epistemológica) con Aristóteles, su desarrollo y su muerte “a manos” de Nietzsche. De este modo Leyte nos presenta un Heidegger que, como el ángel de la Historia de Benjamin, camina de espaldas, en dirección a esa “idea de futuro” que presidía su obra, pero mirando atentamente el camino recorrido por sus predecesores, que era, a su vez, el que deseaba transitar en su “trayecto”.

De ahí que, en un proceso lógico y que no supone ningún giro ni esotérica Kehre, acabe llegando Heidegger al arte. En el razonamiento de Leyte, el arte sería la posibilidad de revelar o interpretar esa nada, esa interferencia, ese entre de la cosa, algo perfectamente compatible con la idea de Mundo no como concepto que une una cosa y otra cosa y otra cosa, sino “entendido como esa y que une y separa, como esa diferencia que no cabe en ningún concepto” (p. 18). La diferencia interna de una cosa como cosa es lo que revela el arte, según Heidegger. La metafísica dice lo que no vemos de la cosa, sin lo cual no se entiende, porque sin ello no tendría siquiera apariencia. Aquí se enlaza con la concepción de lo “no pensado”, esencial en Ser y tiempo, a juicio de Leyte. El arte como metafísica revela que a la cosa le es inherente su aparición, pero también, e inherentemente, su no aparición. Así, en Heidegger “el arte no constituye una ontología regional o particular, aquella que trate de determinados fenómenos, sino el ámbito mismo donde tiene sentido plantearse originalmente la cuestión de la cosa (…) el más que acompaña a la obra de arte [frente al resto de cosas] es justamente esa nada no detectable (…) vinculada al ser” (p. 263). En última instancia, el concepto clave de la filosofía heideggeriana, la Finitud, sería la diferencia interna de la cosa entre su aparecer y lo inherente no visible. Como resume Leyte, ni el arte, ni los griegos, ni la poesía de Hölderlin, son “temas” del pensar, sino que “por filosofía sólo cabe entender entonces una meditación no sólo sobre ellas –y esto es cuestión fundamental-, sino a partir de ellas” (p. 16).

De esta manera, vemos que el pensamiento de Heidegger, como expone con brillantez Leyte, no es un conjunto de ideas sobre el Ser, ni un tratado de lecturas ontológicas, sino un “trayecto” que explora su propia búsqueda, y que tiene un sentido (ese sentido) desde el principio al final. Que Ser y tiempo quedase inconcluso como Libro no quiere decir que sea incompleto como “proyecto”, pues ese proyecto de pensamiento siguió adelante, y la prueba más evidente, a juicio de Leyte, es el modo en que el filósofo retomó en la Carta sobre el humanismo los conceptos esenciales (la existencia, entre otros) de Ser y tiempo. El proyecto surge, precisamente, con el reconocimiento, tras el fracaso de la escritura de Ser y tiempo, de dar forma al Dasein. De modo que, según la brillante apertura de la obra de Leyte, “la idea general que rige este libro es que no hay una filosofía de Heidegger que quepa articular en un conjunto de tesis. En definitiva, que no hay tesis, de lo que deriva la imposibilidad de presentar determinados contenidos como una doctrina” (p. 9). Y que un Heidegger “orgánico” es tan peligroso y falso como un “Heidegger reducido a frases” (p. 11), algo muy en boga en cierta hermenéutica, cierta filosofía reciente, y no digamos en cierta crítica literaria y ciertos escritos de estética contemporánea, que intentan, mediante la irrupción extemporánea de citas de Heidegger, adquirir una pátina de brillantez y profundidad intelectual. Algo de eso aparece citado en la página 41, como parte del “malentendido Heidegger”, pero no se imagina hasta qué punto esa tesis palabrista se ha extendido, como un tumor, por la crítica literaria y hermenéutica más reciente. Pero lo mejor es dejarle la palabra al autor, y que su preparación a la lectura de Heidegger nos ilumine por sí misma.


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Comentarios

  1. Felicidades por el artículo, muy bien redactado y claro en la exposición. Yo soy de los que ha tenido siempre ciertos problemas con Heidegger, así que igual cuando tenga un poco de tiempo me consigo el libro de Leyte y volvemos a intentarlo.

    Gracias y un saludo.

    Cooper — 20-01-2006 15:45:31

  2. Problemas con Heidegger son los que plantea él mismo refundiendo su fascinación por la fuerza (que se simplifica en su afirmar que el ser es anterior al pensar), deshaciendo tirabuzones socráticoscartesianos, para, finlamente, convencernos de que el lenguaje es la casa del ser o no se qué de las botas de Vangogh... capitaliza a última hora las pobres locuras de Hölderlin y se quiso ir de rositas

    Baudrillard — 20-01-2006 19:43:54

  3. no estoy de acuerdo contigo Baudillard,no creo que hayas entendido muy bien al filósofo.saludos al d . r.

    Karbaj — 20-01-2006 19:50:44

  4. interesante e inteligente crítica,me leeré el libro. Agradecido Mora

    larsen — 20-01-2006 19:53:31

  5. lo mejor sobre heiddeger lo escribió ungaretti.
    entre una flor tomada
    y otra ofrecida
    la inexpresable nada.

    A propósito de este libro, la alegría, Sánchez Robayna tiene un hermosísimo estudio, como texto prologal, partiendo del texto ¿qué es metafísica?.

    lars — 20-01-2006 20:26:42

  6. Tampoco yo estoy de acuerdo con Baudrillard. No soy un experto, pero adentrarse en Heidegger es adentrarse (la expresión no es mía) en la "fiesta del pensar". Como muestra, para los que no conozcan el pasaje de las botas al que se refiere, un botón: "En la oscura boca del gastado interior del zapato está grabada la fatiga de los pasos de la faena. En la ruda y robusta pesadez de las botas ha quedado apresada la obstinación del lento avanzar a lo largo de los extendidos y monótonos surcos del campo mientras sopla un viento helado. En el cuero está estampada la humedad y el barro del suelo. Bajo las suelas se despliega toda la soledad del camino del campo cuando cae la tarde. En el zapato tiembla la ca­llada llamada de la tierra, su silencioso regalo del trigo maduro, su enigmática renuncia de sí misma en el yermo barbecho del campo invernal. A través de este utensilio pasa todo el callado temor por tener seguro el pan, toda la silenciosa alegría por haber vuelto a vencer la miseria, toda la angustia ante el nacimiento próximo y el escalofrío ante la amenaza de la muerte. Este utensilio pertenece a la tierra y su refugio es el mundo de la labradora. El utensilio puede llegar a reposar en sí mismo gracias a este modo de pertenencia salvaguardada en su refugio.

    Pero tal vez todas estas cosas sólo las vemos en los zapatos del cuadro, mientras que la campesina se limita sencillamente a llevar puestas sus botas."

    Mario Cuenca — 20-01-2006 20:59:04

  7. Muy interesante. Me leeré el libro. Otra estupenda introducción a Heidegger es la biografía de Safranski que editó Tusquets ("Heidegger: un maestro de Alemania"), donde hay, por el mismo precio, una aproximación al pensamiento de Heidegger y una magnífica narración de su vida. Es algo que ya hizo Safranski con Schopenhauer en "Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía". Estas biografías de Safranski son, por usar una simpática denominación de Azúa, "productos culturales de alta gama". Tiene otra de Nietzsche, que es estupenda también, aunque aquí se centra más en su pensamiento que en su vida.

    Atleta — 20-01-2006 21:03:08

  8. Estoy de acuerdo, creo que Safranski es un autor fascinante. Para quien no lo haya leído aún recomiendo "Nietzsche, biografía intelectual", que reconstruye la filosofía nietzscheana desde sus experiencias con la música ("¿Era esto la vida? Pues bien, otra vez", como el bis que se pide, que se exige a un músico). ME gustó menos el de Heidegger y me marcó (lo leí siendo estudiante) el que dedica a Schopenahuer. Saludos.

    Mario Cuenca — 20-01-2006 21:12:54

  9. fe de erratas: "Schopenhauer"

    MArio — 20-01-2006 21:13:30

  10. De todas formas, el que uno admire a Heidegger y le resulte fecundo su pensamiento, no le impide troncharse de risa con la parodia que hace Thomas Bernhard, de la que me permito copiar una pequeña parte (lo de "con su perverso entusiasmo por tricotar" es la frase que más carcajadas me provocó el año pasado):

    "Realmente, Stifter me recuerda una y otra vez a *Heidegger*, ese ridículo burgués nacionalsocialista en pantalones bombachos. Si Stifter cursificó totalmente la gran literatura de la forma más desvergonzada, Heidegger, el filósofo de la Selva Negra Heidegger, cursificó la filosofía, Heidegger y Stifter, cada uno por su cuenta, a su manera, cursificaron desastrosamente la filosofía y la literatura. A Heidegger, detrás del cual corrieron las generaciones de la guerra y la posguerra y al que cubrieron de un montón de repulsivas y estúpidas tesis doctorales cuando vivía aún, lo veo siempre en el banco de su casa de la Selva Negra, sentado junto a su mujer que, con su perverso entusiasmo por tricotar, le tricota ininterrumpida medias de invierno con la lana tundida por ella misma de las ovejas heideggerianas. A Heidegger no lo puedo ver más que en el banco de su casa de la Selva Negra, y a su lado a su mujer, que durante toda su vida lo dominó totalmente y le tricotó todas las medias y le hizo a ganchillo todos los gorros y le cocía el pan y le tejía las sábanas y hasta le fabricó unas sandalias. (...) Heidegger es el pequeño burgués de la filosofía alemana, que puso a la filosofía alemana su cursi gorro de dormir, el cursi gorro de dormir negro que, al fin y al cabo, llevaba siempre Heidegger, en toda ocasión. Heidegger es el filósofo en zapatillas y gorro de dormir de los alemanes, nada más."

    Atleta — 20-01-2006 21:13:45

  11. Muy bueno. ¿Dónde está el texto de Bernhard? ¿En "El imitador de voces"?

    Mario — 20-01-2006 21:16:46

  12. Estoy de acuerdo, Mario (8): la de Schopenhauer quizá sea la más apasionante (aunque las de Heidegger y Nietzsche sean más profundas). Como "producto cultural de alta gama", "Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía" es, sencillamente, un libro prodigioso. Un libro en el que tenemos, engarzado todo con maestría: 1) Un resumen perfecto de la filosofía de Schopenhauer, 2) Una biografía de Schopenhauer que se lee como una novela divertidísima, 3) Una presentación intachable del contexto cultural, histórico, sociológico y político de la Alemania y la Europa de la época y 4) Una aproximación escueta pero diáfana de la filosofía kantiana, de la hegeliana y de los otros filósofos del idealismo alemán (Fichte, Schelling...). En suma: un libro de esos que parece estrictamente imposible que *produzca* la cultura española.

    Atleta — 20-01-2006 21:23:10

  13. Se me olvidó decir el libro de Bernhard, Mario: "Maestros antiguos". Si te ha gustado la parrafada, en él encontrarás más, contra Heidegger y contra otros cuantos, como suele ser habitual en el bueno de Thomas.

    Atleta — 20-01-2006 21:25:26

  14. Gracias por la referencia.Salud.

    Mario — 20-01-2006 21:32:07

  15. Querido Atleta, una puntualización: la cultura española sí es capaz de hacer libros de ese perfil. Te recomiendo, por ejemplo, las "Afinidades vienesas" (Anagrama) de Casals. Y varios libros de Trías van también en esa dirección. Saludos.

    vicente luis mora — 21-01-2006 09:53:31

  16. Tienes razón, Vicente: por fortuna va habiendo excepciones en nuestro ámbito. No conozco (aún) esas "Afinidades vienesas", pero sí he leído bien a Trías. Otro de esos libros que parecían imposibles por estas tierras es el "Marcel Duchamp: el amor y la muerte, incluso" de Juan Antonio Ramírez. Me dejé llevar por el tópico antiguo... aunque creo que esas grandes obras son todavía excepciones por aquí.

    Atleta — 21-01-2006 12:26:43

  17. Ah, y había otro libro en español del nivel del de Safranski (y puede que hasta superior): el "Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe" de Octavio Paz. De hecho, Safranski me recordó a Octavio Paz en su capacidad para combinar brillantemente en un mismo texto la sensualidad del detalle y la abstracción de las grandes ideas y movimientos culturales.

    Atleta — 21-01-2006 12:38:43

  18. Hola. Hace poco que descubrí tu blog. Te felicito, está muy bien. Bueno, mejor que eso, es muy interesante. Yo lo puse entre mis favoritos antes de leerte en la entrevista junto a Carnero. Yo pensé: quién es este sacrílego, cómo se atreve... luego reparé en que todo me sonaba familiar. Sí, tu busqueda, teorizada y concienzuda, es un poco la de todo. Yo soy un lector de poesía, más o menos joven, que siente esa fractura entre el gusto, la sensibilidad y la tradición. Es cierto, llámale postmodernidad, o lo que quieras, pero algo falta en nuestra literatura que sí encontramos en algunos autores estadounidenses. Creo que esa distancia, al contrario de lo que opinaba alguien hace días, tiene incluso trascendencia política. Apunto tus recomendaciones y ya daré cuenta de ellas.

    Yo quería preguntarte qué te parece Leticia Bergé. Es envidiable y casi luciferina esa precocidad, pero Rimbaud... Si leyese sus poemas ignorando la identidad de su autora me estremecería ese chapoteo cursi del yo, todo ese almíbar, pero claro, ves la edad, lees a los padrinos y piensas: Claudio, rimbe, Gimferrer... ¿Está la lírica patria en las manos de esta niña? ¿Qué va a ser de nosotros?

    Disculpa que interrumpa vuestros comentarios sobre Heidegger. No estoy para esas cumbres. Un saludo.

    Ah, llegué aquí siguiendo la estela del atleta. Empezaba bien con Brubeck. Al atleta otro saludo. Yo soy el pardillo que recién estrenado an el blog de arcadi tuvo la ocurrencia de asociar su personaje con Walter Arias. Dos días me tuviste en ascuas, cacho cabrón.

    araki — 21-01-2006 18:09:53

  19. Una pregunta inocente de desorientado postmoderno:¿esto os gusta?
    Aparecido en ABC
    Por Jose Luis Gallero.



    SEÑALES DE HUMO

    al este
    el sol
    un pan
    crujiente

    el alto
    norte
    duerme
    vela

    lento
    río
    el tiempo
    al sur

    oeste
    de luz
    amiga
    del alma



    ECONOMÍA

    uno
    los dos









    LAZARILLO BLUES

    es el camino desconocido
    el que conduce hasta casa


    RYOKAN EN TITULCIA

    sabiduría e ignorancia son complementarias
    e ilusión e iluminación no pueden separarse

    larga tarea de la filosofía transportar
    pesadas cargas hacia lejanas regiones

    certezas antagónicas (pasajera vida duradero amor)
    cruzan la conciencia de nuestra ignorancia



    Baudrillard — 21-01-2006 19:51:50

  20. No.

    vicente luis mora — 21-01-2006 21:18:35

  21. A Araki: no he leído a esa Leticia. Desconfío mucho de la precocidad poética. Sólo hemos contado con un Rimbaud, en dos milenios de poesía. Aun así, la leeré, por los padrinos. Pero, como Oliverio Girondo, he aprendido a desconfiar de los padrinazgos y de los padrenuestros.

    vicente luis mora — 21-01-2006 21:23:59

  22. Este Araki debe de ser uno que firmaba en el blog de Arcadi Espada con el nick de "Arcádico Carnerófilo". Insinuó que yo era Felipe Benítez Reyes... yo no lo desmentí... y con eso tiramos unas cuantas jornadas. ¡Ah, mi pasado frívolo me persigue! :-)

    Atleta — 22-01-2006 01:20:22

  23. Firmar firmé poco. Sólo dije que tu estilo me recordaba a Felipe Benítez Reyes, por decir algo. La película la montaste tú. Yo, claro, no conocía entonces la guasa del personaje. Fue curioso porque se cruzó otro nick que dijo conocer a Carnero y me tomó también por un bromista -le conminé a hacerme una felación y pudo entenderlo como una alusión al chisme referido en la última biografía de Gil de Biedma-. Hubo varias casualidades esos días. Carnero me gusta mucho, aunque, como hizo Azúa en la 'Historia de un idiota',resulta fácilmente caricaturizable. No sé qué opina Mora sobre el valenciano, ya leí lo de Brines y no puedo estar de acuerdo con él. El otoño de las rosas es una cumbre del lirismo. Para mí, claro, que muy posiblemente sea un degenerado.

    No creo que te guste la niña Bergé. Tiene alguna imagen naïf y una obsesión con la parca que rechina en una niña pequeña. Acojona pensar qué escribirá cuando le llegue la menopausia. En todo caso, creo que sí ha habido más casos de precocidad y puede que no haya un momento tan dado a lo poético como la infancia. Claro, que a la mayoria nos pilla en Babia. Si en lugar de estar desollándote las rodillas jugando al fútbol te coge mirando al infinito en la compañía de todo un Gimferrer... Lo que me llamó la atención, ya hace tiempo, fue lo ditirámbico de algunos comentarios. Me pareció que algunos pretendían, descubriendo a la niña, descubrir ellos mismos la Poesía,con mayúscula marmórea. Numen posado en una niña virginal que ve la muerte en una piruleta. Todo muy exagerado y un poco impostado: la oficialidad descubriendo a una iluminada.

    ¿Y Valente? ¿A nadie le gusta? yo lo disfruto a ratos, mayormente cuando me someto a dos o tres días de ayuno y encierro.

    ¿Hay lugar para la mística en la postmodernidad? Es que hay está el quid del asunto en mi opinión. Todo lo escrito en español debe someterse a esa prueba. O hay humor o hay transcendencia.

    A mí tampoco me gusta lo del señor Gallero. Aquí escribe hasta el tato.

    Me gusta lo que está haciendo Doce, liberado, él sí, de la matraca del yo. Riechmann me parece un poco desaforado y pelín maniqueo, pero creo que merece la pena. De lo novedosísimo conozco poco, me aplicaré con tus recomendaciones, aunqeu me niego rotundamente y de manera muy cordial a leer a Elena Medel.

    Como diría algún pedante, de los de "pensar riguroso": el blog se ha constituido en un fecundo observatorio crítico de nuestras letras. Se aprende un huevo.

    Me leeré Construcción. Un saludo.








    Araki — 22-01-2006 03:55:25

  24. Sobre Valente: en mayo, en la editorial Artemisa Niké, sale un libro colectivo de homenaje a Valente, donde unos pocos de los de menos edad (me daría vergüenza llamarme joven aún) escribimos sobre él. De acuerdo contigo en lo de Doce, no en lo de Riechmann. Respecto a la trascendencia en la posmodernidad... buf. Teresa Oñate y Vattimo, desde lo filosófico, proponen una trascendencia, pero sin salir en ningún momento de la inmanencia (cf. Oñate, "El retorno griego de lo divino en la posmodernidad", Alderabán, 2000). Eduardo García, desde la poética ("Una poética del límite", Pre-Textos, 2005) se apunta a lo mismo, partiendo desde otros esquemas, lo neofantástico y el psicoanálisis junguiano. Me temo que una mística posmoderna sólo puede entenderse desde la parodia y la abrasión, como demuestra el Fresán de "Vidas de santos", comentado en este blog. Un saludo.

    vicente luis mora — 22-01-2006 09:42:42

  25. Sí, estoy de acuerdo con el amigo Araki en que se aprende mucho leyendo este blog. Hay unas cuantas entradas antológicas, en ese sentido, como la de "Pequeña antología posmodernistas" y la del "Doctor Pasavento" (también conocido como Doctor Posavasos). Yo reconozco que en los últimos años me había desligado de la lectura de novedades y de ese afán por descubrir "nuevas voces"... y de pronto ha aparecido todo un territorio apetecible y seductor. En cuanto a la posibilidad de una mística posmoderna, a lo mejor voy a dar un palo de ciego (reconozco que también debo informarme y formarme más sobre estos asuntos), pero quizá más que ese apaño de la "trascendencia que no sale de la inmanencia" abría que apuntar a la "trascendencia vacía" tal y como se dice, con respecto de Schopenhauer, en la biografía de Nietzsche de Safranski: "La distancia estética abre un lugar de trascendencia, que debe quedar vacío. No hay allí ningún querer, ningún deber, solamente se da un ser, que se ha convertido enteramente en visión, en 'ojo del mundo'".

    Atleta — 22-01-2006 12:12:28

  26. Puedo asegurarte, Atleta, que con esa visión (más nietzscheana que schopenhaueriana, desde luego), estarían muy de acuerdo poetas actuales como Diego Doncel, Antonio Méndez Rubio y, sobre todo, Jorge Riechmann. Así que no sólo no estás solo, sino que andas en buena compañía. Yo todavía no tengo muy clara mi propia posición. Estoy buscando mi propia respuesta a ese tema, sin prisa alguna.

    vicente luis mora — 22-01-2006 13:10:26

  27. El pasaje en que Safranski explica esta imagen del "ojo del mundo", la escalada al monte Schneekoppe, es sencillamente antológica. La idea a la que apunta Atleta, y que Nietzsche compartió en su época romántica, se ha convertido en una obsesión personal.

    Mario Cuenca — 22-01-2006 13:30:06

  28. Lo que dicen a colación de Valente me interesa.
    Un supuesto: Pensemos, desde fuera de la literatura, que la Postmodernidad se constituya a sí misma como un espacio de desconflagración, quiero decir, algo así como el mejor de los mundos posibles -consensuada una política demócrata universal y un estado de bienestar general- algo así como un fin de la dialectica histórica (fukuyama), un lugar donde se hiciera imposible aseverar que todo es deleznable sino justo en el sentido clásico. ¿Qué lugar ocuparía la poesía en este entorno sino es el de difunta? Es decir, ¿creen ustedes que podría haber una poesía de la felicidad?

    Baudrillard — 22-01-2006 13:30:51

  29. Comenzando por el final, más que de la felicidad (ésa era la poesía del Guillén de "Cántico", y eso explica muchas cosas), hay algunos poetas actuales que apuestan por una poesía de la celebración, entre ellos Marzal y José Luis Rey. Habrá que preguntarles a ellos la diferencia, aunque yo creo que esa lírica (al menos en el caso de Rey, que es el que mejor conozco) apuesta por una búsqueda de lo bueno que pueda haber en la existencia, sin negar o desconocer lo malo.
    Sobre la liquidación de la poesía a través de esa posmodernidad de la que usted habla, sólo puedo decir que los muertos que mata gozan de buena salud.

    vicente luis mora — 22-01-2006 14:05:51

  30. Esa búsqueda de lo bueno sin negar o desconocer lo malo es justo la alegría trágica de Nietzsche: una aceptación de la vida tan plena, que asume también todo lo malo que tiene la vida. Lo otro, el optimismo pánfilo a lo Bucaycoelho, el "positive thinking" de los milikitescos santones de nuestros días, a mí lo que produce es justamente depresión. Ya lo dije en otro sitio: el pesimismo radical de Bernhard o Cioran siempre me ha empujado a la vida, mientras que el optimismo de los Bucaycoelho siempre me ha empujado a la muerte (un empuje débil, porque ni fuerza para eso tienen). En Jorge Guillén, sin embargo, sí veo esa fuerza solar de la auténtica alegría... que se alterna en su obra con momentos de atontamiento burgués de mesacamilla. Aunque curiosamente, esa celebración de la buena digestion como es "Beato sillón" quizá le hubiera agradado a Nietzsche, que debido a sus problemas estomacales celebraba los buenas digestiones como auténticos momentos de plenitud.

    Atleta — 22-01-2006 15:28:05

  31. Y si, en una hipotética teoría general de las artes aceptásemos que estas no son sino un intento mental por ordenar lo que de por sí se presenta al yo como desordenado, y si este desorden o bien ya no existiese más o bien se nos negase la posibilidad de verlo como tal,¿ qué función podrían tener dichas artes sino las de una pindárica mímesis de los real, de lo bello?¿ nacería a nuestra modernidad la posibilidad de un canon o se establecería un mundo postpoético sin poesía y sin arte a través de un totalitarismo existencial y estético consensuado?

    Baudrillard — 22-01-2006 19:46:14

  32. La misma idea de las Artes como un intento mental de ordenación (de lo exterior) me parece tan anacrónica y desfasada que la hipótesis no me resulta atractiva. Para hipótesis tales, es válido el Lacoonte de Lessing y sus intolerables reduccionismos. El Arte hoy es otra cosa.

    vicente luis mora — 22-01-2006 21:03:48

  33. ¿Qué cosa?

    Baudrillard — 22-01-2006 22:32:29

  34. Ahí tiene su respuesta, su NO a la hipótesis lo dice: ES IMPOSIBLE UNA POESÍA POSTMODERNA (aunque sí sea posible la poesía) puesto que sería una aporía bestial

    Baudrillard & Sócrates — 22-01-2006 22:44:50

  35. Me temo que no se ha enterado usted de nada, amigo. Mi no a la propuesta decimonónica no significa ningún otro no, ni ningún otro sí, por añadidura: sólo quiere decir que camina usted por alambres inventados, hipótesis insostenibles de trabajo sobre las que ejercita un arduo (e inútil) funambulismo. El hecho de que haya o no una poesía posmoderna no depende (quizá, por desgracia) ni de usted ni de mí, no sea usted tan soberbio. Revise usted sus categorías antes de dictar condenas a muerte, puede que sea la historia misma quien sentencie en su contra. Yo prefiero dejar puertas abiertas; veo que usted es de los que prefiere cerrarlas. Y la lógica pregunta es: si no cree en la posibilidad de una poesía posmoderna y cree que sólo hay UN posmodernismo, y que éste es lábil e indigente, y no le interesa, o no puede, o no quiere, plantearse otras posibilidades,

    ¿a qué viene usted a esta página?

    Saludos.

    vicente luis mora — 23-01-2006 09:05:12

  36. ...a quitarle la máscara a la máscara...

    Baudrillard — 23-01-2006 17:18:26

  37. Eso está muy bien. Pues tiene usted trabajo. Pero cuide su ánimo, no vaya a ser que descubra que bajo la máscara de la realidad no hay nada. Saludos.

    vicente luis mora — 23-01-2006 17:44:14

  38. ¡ ! Asombrado estoy con este blog que hoy decubrí. Sigan, sigan escribiendo, son ustedes muy buenos y háganme el favor de repetirse en sus apreciaciones y recomendaciones, yo que soy un neófito en lo relativo a la literatura y la poesía se lo agradeceré.
    Gracias, gracias! A partir de hoy se convetirán en mis imprescindibles.

    Hombre que pasa — 23-01-2006 19:06:15

  39. El otro día compré una antología de rimbaud (hiperión), otra de juan luis panero y una última de gil de biedma (me gusta jaime gil de biedma!). La cuestión: Yo no se qué me pasa pero rimbaud me "cuesta" mucho, ¿a ustedes les cuesta? quizás mi problema es poco estudio y pocas lecturas, quizás no debería haber empezado por el bueno de rimbaud. Ya me dirán algo sobre rimabud y como enfocarlo. ¡Necesito enfocar la poesía! a ver si pueden ayudarme. Leí también los poetas malditos de Verlaine (estoy empezando desde 0) y algunos poemas se me atascan en la indiferencia o en mi ignorancia. Podrían ustedes recomendar algunas obras que me sirvan como enfoque?
    Estaré por aquí leyendo sus posts y comentarios anteriores.

    Hombre que pasa — 23-01-2006 19:34:14

  40. Si le cuesta Rimbaud, lea la versión de Antonio Martínez Sarrión para Austral, que está igual de bien traducido y, además, es un buen poema en español. Y no se disculpe porque le guste Gil de Biedma, era un más que notable poeta. Para enfocar los simbolistas franceses, tiene usted por ahí una obra de Luis Antonio de Villena, que le puede venir bien, no recuerdo el título en este momento, lo siento. Busque en el ISBN, creo que es bastante reciente. Para comenzar desde cero, no ha empezado usted por mal sitio. Échele un profundo vistazo a Baudelaire y no se olvide de Mallarmé. Encontrará los libros del primero en Alianza y Austral, y con el segundo puede empezar por la edición de Igitur. Saludos.

    vicente luis mora — 23-01-2006 20:05:27

  41. Odio la imprecisión. El libro de Villena se llama "Poesía simbolista francesa", publicado en Gredos, 2005. Sorry.

    vicente luis mora — 23-01-2006 20:08:33

  42. Tuvé el gusto de comprar un par de libros de Baudelaire en una libreria de viejo, tiempo habré (espero) para leerlos. ¿El libro de Villena? Iré en busca de él esta semana.
    Gracias por sus notas y precisiones que usted me brinda aún a sabiendas que no podrán ser remuneradas.

    Hombre que pasa — 23-01-2006 20:44:14

  43. A Rimbaud se le debe leer a los veinte años o así porque toda su alquimia del verbo y de la perturbación se difuminan en nuestra plagiaria postmodernidad. Si usted ya es un adulto le ocurrirá que no perciba por qué tiene la fama que tiene porque -como yo- se habrá amansado y, además, muchísima de la poesía posterior a él ha vivido a sus expensas y, de alguna forma, nuestro oído poético lo ha asimilado por los cantos de sus discípulos.
    Está bien la de Mauro Armiño en Austral; las acotaciones al pie de la de Javier del Prado en Cátedra -bien si hay tiempo y curiosidad extrema-; lo que me deafraudó fue la biografía de Enid Starkie en la preciosa edición de Siruela

    Baudrillard — 23-01-2006 20:47:51

  44. aahhh... veo que compró la de hiperión, la leí hace tiempo me pareció nefasta, en edición de Ramón Buenaventura, no? si es esa ...me pareció mitificadora y absurda...

    Baudrillard — 23-01-2006 20:51:54

  45. Juan Abeleira es quien escribe traducciones y notas. Creo que la edición de Buenaventura que usted menta, de la que, por lo que usted dice, afortunadamente me he librado; pertenece a otra colección.

    Recientemente, tuve la oportunidad de gastarme 10 € en el libro "Mi hermano Arthur" Interesante aproximación al ocaso de la figura de Rimabud a través de la correspondecia que mantuvo con su hermana y su madre durante su convalecencia en el Hospital de Marsella consecuencia de un osetosarcoma. El libro se incluye también el retrato biográfico que Isabelle dedidca a su hermano. Les recomendaría el libro pero no me atrevo.

    Hombre que pasa — 23-01-2006 22:00:55

  46. Por cierto Baudillard, acertó! y mal me pesa! pues aunque "estoy en los veinte años o así" me sigue "costando" la lectura, perdonen la pedanteria que viene, *rimbaudiana*.

    Hombre que pasa — 23-01-2006 22:04:53

  47. Después de leer alguno de estos comentarios (no todos, me sería imposible) he decidido tirarme por la ventana. A mí también me gusta Gil de Biedma. Desde Lorca, a las 3.30 de la madrugada y con olor a cochino, un saludo.

    Nito — 24-01-2006 03:31:30

  48. ¿Han oído hablar de la nueva antología "Postpoetas" que está preparando un valor emergente de la crítica que está captando a algunos poetas?

    Juan Janés — 24-01-2006 12:36:31

  49. ¿Han oído hablar de la nueva antología "Postpoetas" que está preparando un valor emergente de la crítica que está captando a algunos poetas?

    Juan Janés — 24-01-2006 12:38:55

  50. No he oído hablar de ninguna antología con ese nombre.

    vicente luis mora — 24-01-2006 13:33:40

  51. Para Juan Janés: ¿Podrías precisar má sobre quién hace esa antología llamada "Postpoétas", y en qué consiste? Un saludo

    Agustín Fernández — 24-01-2006 13:37:43

  52. Eso de postpoetas sabe a Villena y a Visor.

    José — 24-01-2006 13:49:23

  53. Lo de "valor emergente de la crítica" da mucho miedo.

    Freddy — 24-01-2006 15:12:59

  54. Parece que hay algún problema con los comentarios. Pido disculpas, algunos salen repetidos y otros no aparecen.

    vicente luis mora — 24-01-2006 17:04:17

  55. Estuve leyendo las flores del mal de Baudelaire y me gustó bastante en la traducción prosaica que propone el autor. Supongo que lo propio sería leerlo en francés y evitar así las malformaciones poéticas del traductore/tradditore, pero en lo esencial a mi ya me sirve (a ustedes quizás no). Había también en el libro una pequeña introducción a la vida y milagros del poeta y...¡vaya tipejo estaba hecho este Baudelaire! me lo imagino comprando musas a franco y medio en la casita blanca más truculenta de Lyon. La cuestión: me ha interesado la "vida literaria" del tipo así que he decidido hechar mano a un biografía de azúa que, supongo, será interesante.
    De azúa recuerdo leer un poema: "Gabinete de mago". Ahi sí que no entendí nada. Si alguien pudiera recuperar el poema y comentarlo se lo agradecería bastante. Intenté econtrarlo por la red pero no pude.
    Recuerdo frases sueltas del poema: "tristes frios peces" "no man's land" " pálido color Anglada Camarasa" "clepsidra". Espero que les sirvan para poder recuperarlo y comentarlo. Gracias por el esfuerzo.

    Hombre que pasa — 24-01-2006 19:02:55

  56. Otra vez molestando, perdonen ya saben que a veces las ideas (ocurrencias) llegan tarde. A lo que iba: Leí que Baudelaire se consideraba el primer autor "moderno", pero...¿en qué quedamos? ¿No era precisamente Rimbaud el primer moderno? quizá lo entendí mal, a ver si pueden aclararmelo. Me gustó también apreciar que mucha de la poesia de Baudelaire se asemeja en lo esencial a la poesia de Rimbaud. Aunque aún no he profundizado mucho en la poesia de ambos autores creo que la balanza, por ahora, juega a favor de rimbaud.

    Hombre que pasa — 24-01-2006 19:12:23

  57. Lo ha dicho usted perfectamente: Rimbaud es el primer moderno, y Baudelaire el primer moderno consciente de serlo. No hay contradicción alguna en eso. De todas formas, que Rimbaud sea o no propiamente el "primer" moderno depende, en realidad, de lo que consideremos por moderno, y por Modernidad. Pero esa, amigo mío, es una historia muy larga...

    vicente luis mora — 24-01-2006 19:26:41

  58. Primeras carcajadas ruidosas con el libro de Azúa parece que voy a divertirme. Les transcribo el último parágrafo de la presentación para su gusto y deleite:
    "Estos trabajos *refiriéndose a sus escritos sobre Baudelaire*, no tienen otra intención que la de distraer a todos aquellos que se aburren con la resignación general y el baile de San Vito, el cual, si bien es muy movido y entretiene al principio, al cabo de unas horas se hace de una insistencia tan pelmaza que anima a cargar la carabina"

    Ja ja ja ja ja...

    PS: Don Vicente, espero poder leer esta historia más adelante (cuando ya sepa algo más sobre poesia). Por el momento intentaré hacer los deberes que yo me he autoimpuesto y usted me ha recomendado (Villena)...Va a ser una semana apasionante.
    PS2: ¿Creen que el contorno del poema también ayudaría mi exploración poética?
    PS3: Puede que quizá sea inapropiado comentarlo en este blog, pero hoy hacen una entrevista a mi admirado Alejandro Jodorowsky en el programa de Quintero (El loco de la colina 22.00 TVE1)

    Hombre que pasa — 24-01-2006 19:55:29

  59. Eso me interesa: ¡Postpoetas! A ver que les parece este poema mío:

    Bajo la luz eléctrica ...Je me crois en enfer, donc j´y suis
    y en las playas de asfalto
    emergen
    miel y mierda.
    –Eres tú bajo la indiferencia de un mundo indiferente-. Times Square, como el fin del mundo, me escupe la ingenuidad de Lorca en la barba de Walt Whitman.
    En las pantallas vuelan imágenes que mueren, efímeras, como pájaros sin tiempo.
    ¿Para qué este mundo, falsa noche en un Chelsea sin destino?
    Falso Chelsea, falsas cenizas que sólo respiran mis sueños de tonto:
    Un poeta tonto en la torre de al lado se curva al abismo donde pasea otro poeta.
    Abismo abolido. Torre abolida.
    ¿Para qué estas preguntas?

    Baudrillard — 24-01-2006 22:32:58

  60. Para saber lo que es la Poesía Postpoética, consultar "Hacia un nuevo paradigma: Poesía Postpoética" (Lateral diciembre 2004) Agustín Fernández Mallo, o el poemario: "Joan Fontaine Odisea", edit La Poesía Señor Hidalgo, 2005, también de Agustín Fernández Mallo, o la entrevista en digital en http://www.espacioluke.com/2005/Abril2005/ineslite...,
    o bien el post en este mismo blog: Un Libro Imprescindible, firmado por Vicente Luis Mora, en septiembre.
    Por cierto, justo lo contrario a De Villenas, o a ese último poema vertido en el último post.

    Sobre esa supuesta antología de "Postpoetas", de ser cierta esa información, habría que ver cuando salga a qué le llaman el editor Postpoetas; no creo que tenga nada que ver con mi trabajo, y lo más seguro es que apliquen el término en otra dirección, dado que en el mundillo poético editores, críticos y lectores conocen mi discurso y mi poética bastante difundida en charlas, congresos y publicaciones, y hasta ahora nadie me ha comentado nada sobre esa antología.

    Por lo demás, creo que no sólo hay que leer mucho el Baudelaire de Azúa, sino también su irónico Diccionario de las Artes.

    Agustín Fernández Mallo — 25-01-2006 08:49:29

  61. (Por añadir): "Una de las distracciones del poeta contemporáneo consiste en averiguar si es posible la poesía. La pérdida de la capacidad de mito ha salpicado al sentido de la poesía misma y ha hecho que el poeta busque o invente mitos, la sustancia de lo sagrado. Muñoz Rojas se da cuenta desde muy joven de que lo sagrado es la vida misma."; Álvaro García, "Muñoz Rojas, novelista", El Mundo, edición de Málaga, 24/01/2006.

    vicente luis mora — 25-01-2006 09:17:33

  62. el poema de B. me parece sublime.viva la artificialidad!

    el trapecista sin red — 25-01-2006 09:36:55

  63. qué te parece el poema de B. V.Luis?silencio complice?

    Karbaj — 25-01-2006 09:44:47

  64. No quiero estropear el silencio, eso es todo. Pero estoy con Eloy en que la poesía (incluida la postpoética) es otra cosa. Y el verso "¿Para qué este mundo, falsa noche en un Chelsea sin destino?" delata una esencia tardorromántica, una pose desfasada, que contradice la intención hipermoderna del "poema", y revela la verdadera conformación de lo que hay debajo.

    vicente luis mora — 25-01-2006 09:55:17

  65. Os recomiendo un libro de poesía española de verdad: Carlos Marzal, "Metales pesados". Os conviene releerlo.

    Recomendador — 25-01-2006 12:12:34

  66. Macho, lo has clavado. Estos días lo estoy releyendo. Pero, una cosa: ¿cuál es la poesía española "de mentira"? Me interesa tu opinión al respecto.

    vicente luis mora — 25-01-2006 12:45:09

  67. Desventurado corazón perplejo,inconsecuente corazón,no dudes

    Karbaj — 25-01-2006 14:07:06

  68. y los paises nocturnos? que cada cual acepte su condena.

    Karbaj — 25-01-2006 14:11:28

  69. No es el que el mundo esté bien:es que no existe.No hay nada alrededor:sólo tu sueño.

    el trapecista sin red — 25-01-2006 14:16:43

  70. poesía de verdad,poesía de mentira?crítica dogmática? Dónde está el postpoeta Janés?

    Craven — 25-01-2006 14:22:50

  71. Aunque a destiempo me gustaría intervenir en el breve debate que se planteó más arriba sobre la posibilidad de una mística postmoderna (intervenciones 24 y 25). Vicente señala mi defensa de una "trascendencia en la inmanencia" y Arakis apuesta por una "trascendencia vacía" a la que Vicente estima podrían ser muy próximos poetas como Doncel, Riechman y Méndez-Rubio. Por mi parte no veo clara contradicción entre una y otra posición. Si la hay os ruego me lo aclaréis. Me costó 280 pgs. darme a entender, pero así, a vuelapluma, resumiré mi posición:
    1) El término "mística" me parece insostenible en un contexto posmoderno. Dios empezó a morirse –sociológicamente hablando- desde el alto Romanticismo europeo (Jean Paul Richter, Hegel…) y lleva agonizando desde entonces. En cualquier caso una experiencia mística nos está vedada. (Pero hablo en todo momento del término “mística”, no de la experiencia religiosa en general, que estimo puede experimentarse bajo muy diversas –si bien ahora humanas, demasiado humanas- formas. En definitiva, quizá estemos diciendo en el fondo cosas más similares de lo que parece. Pero las palabras...)
    2) Una vez caida la divinidad como fundamento de la existencia nos encontramos frente a un pavoroso hueco del sentido. Ante ese hueco el arte (y por supuesto la poesía) acude a llenarlo con nuevos mitos. Luego la necesidad de sentido continúa alentando en nosotros y respondemos a ella del mismo modo que siempre lo ha hecho nuestra especie: elaborando historias simbólicas, autorrepresentaciones de la existencia, mitos.
    3) En ese sentido (quizá, no lo sé, os ruego me lo aclaréis) la "trascendencia en el vacío" opera en ese espacio que nos dejó la ausencia de Dios. Es decir, el mismo espacio donde sitúo la "poética del límite".
    En resumen, en el hueco del sentido, caidos los dioses y las promesas de trascendencia ultramundana, podemos aún narrar-nos, re-construir nuestra tan fracturada como dispersa identidad con nuevos mitos laicos. Se trata tan sólo de quitarle la máscara al arte y que éste sea al fin lo que siempre fue en forma oblicua, extrañada: búsqueda de la propia identidad, generación de sentido. Sin asideros exteriores, sin ningún Papá celestial que venga a salvarnos de nosotros mismos, en la inmanencia. Una nietzschena "mayoría de edad", quizá (aunque sin ninguna nueva aurora que alcanzar). Sólo se trata de tener el valor de asumir nuestra finitud y mirarnos a los ojos sin coartadas trascendentes.
    La trascendencia de la que hablo es tan sólo un ir más-allá de la representación común del mundo, esto es, de la opinión dictada por las leyes del mercado y sus mensajes uniformadores, así como de las máscaras religiosas e ideológicas (falsa conciencia). Pero ¿qué nos aguarda en ese más-allá de la autopercepción común del hombre-masa?. Nuestra propia interioridad, nuestros fantasmas y deseos más secretos, todo lo que la sociedad tecnocrática se empeña en acallar. La trascendencia en la inmanencia que defiendo es pues psicológica, un proceso de honda introspección, en busca de revelaciones interiores, pero es a un tiempo una propuesta absolutamente comprometida en lo político. Ahondar en las aguas del deseo es abrir camino a la utopía. Por el contrario, abandonar los territorios interiores a las diversas confesiones religiosas equivale a permitir que sean instrumentalizadas por la ideología dominante, puestas al servicio de la alienación: ceder el territorio al enemigo en lugar de colonizarlo desde una óptica liberadora.
    Perdonad la extensión. El pensamiento (que es el justo reverso de la opinión) precisa siempre espacio para darse a entender. Me interesa qué entendéis por “trascendencia en el vacío” y si podría dialogar total o parcialmente con mi propuesta. Un saludo cómplice:
    Eduardo García

    Eduardo García — 09-02-2006 21:11:04

  72. Me quedo un poco perplejo, en la intervencion de Eduardo, con la expresion: "pavoroso hueco del sentido."
    ¿Por que "pavoroso"?
    ¿Por que no entender sinsentido como "libre de sentido"?

    angel zapata — 10-02-2006 14:08:02

  73. Estoy de acuerdo contigo, Ángel. Creo que lo pavoroso -y de ahí, en parte, está la explicación de la angustia contemporánea- es la necesidad de sentido, cuya ausencia parece algo terrible (no creo que Eduardo piense así, creo que ha tenido un significativo y freudiano "lapsus"). Aquí creo más inteligente la postura de los budistas orientales, que encuentran suficiente sentido en la existencia misma del Universo y la conciencia de que las cosas son como están. La sabiduría -y la tranquilidad de espíritu- quizá sean cuestiones de perogrullo. Saludos, Ángel, y vuelve.

    vicente luis mora — 10-02-2006 14:37:21

  74. Excelente apreciación. El "pavoroso" es, ciertamente, cuando menos negociable. Quizá hubiera sido mejor decir quizá "inquietante", pues el hueco genera "in-quietud", nos remueve por dentro en-busca-de: genera un desequilibrio interior, una sensación de ausencia de centro o fundamento... que a su vez nos pone en camino, nos arroja en persecución del deseo. El hueco es fértil, sin duda, pero para ello precisa clavar su aguijón. Falla y deseo son dos vertientes de un mismo proceso dinámico. Sin experiencia del hueco no habría pro-yecto, apertura al futuro, proyección del deseo. (La próxima vez escribiré un mensaje aún más largo y sopesaré cada palabra. Lo juro).
    En cuanto a la "angustia" (Angst), si no ando demasiado desencaminado, es para Heidegger precisamente una experiencia de ausencia de fundamento que abre perspectivas al Dasein en cuanto le invita a asumir su propio "tener que ser". En la experiencia de la angustia y su anonadamiento nos aproximamos al ser, ahondamos nuestra vecindad al ser. En clave psicológica puede decirse que la experiencia del hueco del sentido genera angustia. Quizá no "pavorosa", pero sí angustia. Ahora bien, tiene razón Ángel en que tal angustia es un puente que conduce a una insólita experiencia de la libertad. No hay pues contradicción en una experiencia de la nada que reúna angustia y promesa. Justo por eso no entiendo muy bien que la "trascendencia en el vacío" tenga que ser una experiencia descarnada. Ese "ser, que se ha convertido enteramente en visión, en 'ojo del mundo'" me suena sospechoso a sujeto trascendental (inhumano): otra máscara del idealismo para evitar enfrentarse al hueco, un pseudo-objetivismo en donde el sujeto se experimenta (o al menos finge hacerlo) como objeto, parea evitar mirarse en el espejo y contemplar si propia finitud, su falla.
    Mientras tanto, amablemente habéis hurtado mi pregunta. Por favor, aclaradme vuestra interpretación de la expresión "trascendencia en el vacío". Interpretación, fuentes... Ambos tendréis algo que decir al respecto, digo yo. Y arakis también. Dejo la pregunta en el aire.
    Otro saludo cómplice desde el hueco del sentido.
    Eduardo García

    Eduardo García — 10-02-2006 20:01:05

  75. Querido Eduardo, fue Arakis quien planteó lo de la trascendencia en el vacío, no yo. Yo hablé de una trascendencia en lo inmanente que está presente en algunos poetas españoles nada sospechosos de misticismo, entre los cuales lo veo especialmente claro en el caso de Antonio Méndez Rubio. Próximamente se publicará en la revista Prosopopeya un artículo de Julián Jiménez Heffernan, que he leído pero no puedo, obviamente, reproducir, donde aborda la poética de Riechmann y Méndez Rubio y se insiste en algunas de estas ideas, a la luz, sobre todo, del pensamiento marxista y deconstruccionista. En el caso de Méndez Rubio, además, hay una franca vía de enlace con tu propia poética, Eduardo, ya que algunos de sus poemarios son otros tantos alegatos contra la desorbitada tentación racionalista, materializada en la razón de Estado, en el plus de razón frente a lo irracional, en lo razonable frente a lo natural y más característico de la vida. Evidentemente, hay muchas diferencias entre tu poesía y la suya, alguna vez lo hemos hablado, pero también hay puntos de contacto. Los dos estáis en esa rasgadura, en la rajadura del ser, en darle voz a lo del otro lado, a lo invisible interior: creo que "Trasluz", de Méndez Rubio, es principalmente eso, no menos que tu "Horizonte o frontera". Que el mismo tema pueda tratarse de dos formas estéticamente tan distintas sólo es la señal, inequívoca, de la importancia del tema, de su centralidad en el sujeto contemporáneo, preso de esa angustia existencial a la que te refieres. Psicología, sociología y gnoseología encuentran un lugar, escaso quizá, pero indudable, de identificación parcial. Entre tu "poética del límite" y la "poética de lo invisible" de Méndez Rubio hay un espacio de territorio compartido, no en régimen de frontera, sino de co-soberanía. Ambos deseáis dar voz al otro, y a "lo otro", combatiendo desde la diferencia la razón instrumental. No sé si esto te aporta algo; por si acaso, aquí lo dejo.

    vicente luis mora — 10-02-2006 20:23:42

  76. Pues claro que me aporta, amigo Vicente. Estamos aquí para enriquecernos en el diálogo. Precisamente intervine en el debate porque me sentía próximo a los citados Méndez Rubio, Doncel y Riechman (así como a otros poetas contemporáneos, entre los que se encuentra el autor de "Construcción"), a los que se asociaba a la expresión "trascendencia en el vacío". Aparte de que no me parecía muy afortunada la expresión, lo que no comprendía es que se diera una diferencia esencial, de naturaleza, respecto a mi "trascendencia en la inmanencia". (Parecía una nueva polaridad, una dicotomía a la manera tradicional, de esas que hemos de combatir con uñas y dientes para no caer en sus simplificadoras garras deformantes.) Creo que hay entre nosotros una cierta comunidad en la aventura poética: una identidad en la diferencia. Cada cual encuentra sus propias vías de acceso al sujeto fracturado de nuestro tiempo, como no podía ser menos en poetas con una voz propia. Es natural que la experiencia del hueco del sentido se articule en diversas modulaciones con arreglo a la personalidad de cada uno. (Y digo personalidad en el sentido psicoanalítico del término. La aproximación al hueco será por completo diversa en un melancólico, un fóbico, un obsesivo…) Si nuestro acercamiento al sujeto fuera una mera retórica, un simple uso del lenguaje, seríamos una escuela literaria al uso: todos igualitos, todos sin auténtica voz. Por fortuna no es así. Poetas que abrimos diversos caminos, a la vez compartimos una similar experiencia vital-histórica. Estamos en camino: un proceso en marcha, una aventura. Una invitación también al diálogo entre las voces. Gracias por tu esclarecedora aportación y la referencia al artículo de Julián J. Heffernan. Estoy deseando leerlo.
    PD.- ¿Dejamos entonces a un lado la schopenhaueriana "trascendencia en el vacío"... o la aparcamos a la espera de que alguien (arakis, quizá) la dote de un sentido practicable desde el hoy? La verdad es que me he quedado con ganas de que me convenzan, esto es, de descubrir nuevos caminos.

    Eduardo García — 11-02-2006 13:04:52

  77. De acuerdo en todo, como casi siempre, Eduardo. Dejamos, pues, a Arakis, si vuelve, que nos aclare cuál es la diferencia con la trascendencia en la imanencia, si es que la hay. Creo que Riechmann tiene algo escrito en algún sitio sobre este tema. Si me acuerdo de dónde está, lo cuelgo. Saludos y un abrazo.

    vicente luis mora — 11-02-2006 13:42:15

  78. Hola, Eduardo. Creo que fui yo el que utilizó la expresión por primera vez aquí. Aunque no dije exactamente "trascendencia en el vacío", sino "trascendencia vacía". Y lo hice por la resonancia de estas palabras que había leído recientemente en el libro de Safranski sobre Nietzsche (lo copio de nuevo): "La distancia estética abre un lugar de trascendencia, que debe quedar vacío. No hay allí ningún querer, ningún deber, solamente se da un ser, que se ha convertido enteramente en visión, en 'ojo del mundo'". Mi idea sobre estos temas está muy influenciada por la noción de "límite" de Eugenío Trías. No he leído aún tu libro y no sé si tu uso de ese término va en esa dirección. Más o menos, entiendo "límite" como esa franja (la conciencia) en la que entran en contacto el mundo y lo que no es mundo, o el ser y el no ser. Es una zona conflictiva por naturaleza, como toda zona fronteriza. En este sentido topológico casi podrían resultar equivalentes la "trascendencia vacía" o la "trascendencia en la inmanencia": ambas trasdendencias serían, creo, puntos de fuga y lo mismo da que sean hacia dentro o hacia fuera -porque ambas nociones (dentro y fuera) habrían desaparecido ya. Por otro lado yo sí creo que la palabra "mística" sigue siendo útil, y sigue teniendo aplicación incluso en la, así llamada, posmodernidad. Quizá no en el sentido *fuerte* de la palabra, es decir, el de la apoteósica unión con Dios o con el Uno, pero sí en su sentido más *blando* y laico: la mística como liberación de lo simbólico, como una vía de desbrozamiento que va convirtiéndonos en un *lugar de recepción*.

    Atleta — 11-02-2006 13:46:04

  79. Me animo a alargar un poco más esta ya muy larga tertulia. Primero, un paso atrás: el siglo XIX, ya lo sabéis, culmina en un redoble fúnebre que quizá Nietzsche hizo resonar mejor que nadie: Dios ha muerto (reléase el prólogo del ZARATUSTRA). Desaparece el horizonte de justificaciones trascendentes, dejamos de poder recurrir a valores basados en trasmundos. Somos lo que somos, ahora y aquí, en toda nuestra “intrascendencia” y finitud.
    Sigamos, sin descalzarnos las botas de siete leguas. Se despliega un titánico y frenético intento de dar sentido que, bifurcado en dos entreveradas tendencias, abarcará todo el siglo XX. Por una parte, grandes ideologías enajenantes que llegan a plasmarse en auténticas religiones seculares (en su versión criminal, las hemos llamado nazismo y estalinismo). Por otra parte, saturación del horizonte vital con cantidades crecientes de bienes de consumo: la sociedad productivista/ consumista ensayada con poco éxito en la URSS y la zona de influencia soviética, y con más éxito en el Occidente capitalista.
    Pero todo ese vasto movimiento fracasa –y de forma catastrófica. Las decenas de millones de muertos que causan las guerras del siglo XX, el exterminio del pueblo judío en la Shoah, y la gravísima crisis ecológica mundial (que desmiente las promesas de la sociedad productivista/ consumista), evidencian inequívocamente un terrible callejón sin salida para la humanidad. Aquí, los adjetivos como "pavoroso" más bien se quedan cortos.
    Ahora bien: si no aceptamos los intentos contrailustrados de poner en pie nuevas ideologías religiosas; si no creemos en la posibilidad o en la deseabilidad de intentar proseguir el impulso expansivo del productivismo/ consumismo más allá del planeta Tierra (véase mi argumentación al respecto en GENTE QUE NO QUIERE VIAJAR A MARTE); si somos conscientes de la imposibilidad de seguir tratando de colmar la oquedad de sentido con bienes de consumo (a causa de la finitud de la biosfera y los límites ecológicos, por si no hubiera otras razones); y si por último nos atrevemos a mirar de frente la “muerte de Dios” (nuestra finitud, contingencia y “precariedad del ser”), ¿qué queda?
    A mi entender, sólo dos opciones: o abandonarse al más abismal de los nihilismos (y aparecen síntomas de ello en bastantes fenómenos sociales actuales, me temo), o luchar por construir formas de vida más austeras pero también más plenas, sociedades amigas de la biosfera y practicantes de la ética de la autocontención, sujetos reconciliados con la corporalidad y la finitud humanas. Con ello estaríamos, de alguna forma, redescubriendo zonas del pensamiento del viejo Epicuro, de quien Nietzsche dijo: “La sabiduría no ha avanzado un solo paso más allá de Epicuro –y frecuentemente ha retrocedido muchos miles de pasos por detrás de él”.
    En fin: que echo a faltar una dimensión política en vuestra reflexión anterior sobre "trascendencia en la inmanencia", fórmula caso un pelín demasiaco heroica (ah, la TRANSE-EN-DANSE de Jacques Prévert) pero a la que no tengo dificultades en arrimarme. En los últimos años, he intentado juntar todo esto (incluida la dimensión política) en la noción de AHÍ.

    Jorge Riechmann — 11-02-2006 17:39:38

  80. Mi querido Jorge, estuve a punto de terminar mi último comentario escribiendo: "más o menos sé lo que Jorge Riechmann piensa de todo esto, pero me gustaría que interviniese" y mira, cumplidos mis deseos. ¿Acaso esto no es otra forma de manifestación (aquendiana) de la presencia? ¿No eres una corporeización del élan vital? Siempre que hemos hablado de poesía, nosotros solos o con alguien más -recuerdo aquella noche, en la taberna de la Sociedad de Plateros, con José Luis Rey- cualquier mención a la trascendencia era rematada por ti con una broma más o menos metafísica, à la Prévert. Por eso, inconscientemente, cada vez que sale el tema, una posible coda/coña final tuya aparece también con él en mi cabeza. Ya sabes que en el ensayo, aún inédito, por poco, espero, que he dedicado a la noción de "ahí" en tu poesía, abordo estos temas, y no oblitero la cuestión política. Pero, la verdad, tampoco creo que ni Eduardo ni yo, en este post, la hayamos escamoteado. Mira, corto y pego un párrafo de Eduardo: "La trascendencia de la que hablo es tan sólo un ir más-allá de la representación común del mundo, esto es, de la opinión dictada por las leyes del mercado y sus mensajes uniformadores, así como de las máscaras religiosas e ideológicas (falsa conciencia)". Y yo he manejado términos de combate contra la razón instrumental. Que no coincidamos plenamente en los términos de la solución propuesta (en la polémica entre tu "Gente que no quiere ir a Marte" y el "Gente que sí quiere ir a Marte", de Julián Jiménez Heffernan, me quedo... con ninguno de los dos), la raíz política de la cuestión está siempre presente. La poesía, en contra de algunas opiniones de pleno apriorismo idealista que algún insensato ha manejado en este blog, nunca es "sólo poesía", "nada más que poesía", o "poesía a secas". Todo acto literario, inmanente o trascendente (casi más el trascendente, añado) está preñado de ideología. Eso no es peligroso, como algunos idealistas creen. Lo peligroso es no ser consciente de ello, creer que el mundo comienza y acaba en la página, y que ésta es un territorio virgen. A mí nunca se me escapa (por eso escribo mucho a ordenador) que toda página es un árbol laminado. Y eso me hace escribir, gastar papel publicando, con todo el cuidado del mundo. Saludos. Ángel Zapata, que estás con nosotros, no escurras el bulto y danos el fruto de tu vientre (el de arriba).

    vicente luis mora — 11-02-2006 18:12:33

  81. He recordado este texto de Enrique Ocaña:
    "Frente al duelo provocado por la Historia el sujeto moderno parece aspirar a un retorno a sustancias sin pretensiones de imponer su yo, como canta una célebre estrofa de Gesänge (1913): "Oh, dass wir unsre Ur-ur-ahnen wären". Así le ocurre al protagonista de una novela temprana de E. Jünger, Sturm, el cual enfrentado al sufrimiento de la guerra deseaba devenir simple animal, planta, vida apenas evolucionada, pues odiaba la idea de una evolución que conduce a organismos y cerebros cada vez más refinados y complejos y por tanto a una ilimitada capacidad para sentir tormento. Si la filosofía moderna movilizó al sujeto a partir del motor del dolor, los herederos de la Ilustración comenzaron a sentir en propia carne el ponzoñoso aguijón, desgarrados entre el imperativo de la acción y el ansia de nirvana, entre el mundo como Voluntad y el mundo como Ensoñación, entre la regresión a la inconsciencia y la responsabilidad de la autoconsciencia. Este anhelo de regresión hacia estratos de vida elemental y mítica, incluso a realidades pre-orgánicas, caracteriza la poética y la ensayística del joven Benn que, como su cínica apología de la "doble vida", presupone un contexto sociológico decisivo para comprender la presentación del artista como un ser asocial, monológico y anti-histórico. El ensayo que da título a esta antología es una clara muestra: El yo moderno, de Gottfried Benn" (E. Ocaña, "El yo moderno", La litera, nº 5)

    vicente luis mora — 11-02-2006 19:15:38

  82. ¿Qué susto, eh? Os creíais que era Agamben de verdad. Pues no, soy yo, Vicente, que añado más leña al fuego. Ahora sí es Agamben de verdad:

    LO IRREPARABLE
    (de La comunidad que viene)
    Giorgio Agamben

    "Lo irreparable es que las cosas sean como son, en este o aquel modo, asignadas sin remedio a su manera de ser. Irreparables son los estados de cosas, tal como ellos son: tristes o ligeros, atroces o felices. Como el mundo es, como tú eres, esto es lo Irreparable.

    Revelación no significa revelación de la sacralidad del mundo, sino sólo revelación de su carácter irreparablemente profano. (El nombre nombra siempre y solamente cosas.) La revelación entrega el mundo a la profanación y a la coseidad -¿y no es justo esto lo que ha sucedido?-. La posibilidad de la salvación comienza únicamente en este punto -es salvación del carácter profano del mundo, de su ser así.

    (Por esto, los que intentan resacralizar el mundo y la vida son tan impíos como aquellos que desesperan a causa de su profanación. Por esto la teología protestante, que separa claramente el mundo profano del divino, tiene a la vez razón y sinrazón: razón porque el mundo ha sido entregado irrevocablemente por la revelación -del lenguaje- a la esfera profana; sinrazón, porque será salvado justo en cuanto profano.)

    El mundo -en cuanto absoluta, irreparablemente profano- es Dios.

    Las dos formas de lo irreparable, según Spinoza, la seguridad y la desesperación (Eth. III, def. XIV-XV) son idénticas desde este punto de vista. Lo esencial aquí es sólo que toda razón para dudar ha sido removida, que las cosas están cierta y definitivamente así, sin importar que de esto nazca alegría o dolor. Como estado de cosas, el paraíso es perfectamente equivalente al infierno, aunque sea de signo opuesto. (Pero si pudiéramos sentirnos seguros en la desesperación, o desesperar en la seguridad, entonces habríamos percibido, en el estado de cosas, un margen, un limbo que no puede estar contenido dentro de dicho estado.)

    La raíz de toda alegría y de todo dolor puros es que el mundo sea así como es. Un dolor o una alegría porque el mundo no es como parece ser o como querríamos que fuese, son impuros y provisionales. Pero en el grado supremo de su pureza, en el así sea dicho al mundo una vez eliminada toda legítima razón de duda o de esperanza, el dolor y la alegría no tienen como objeto cualidades negativas o positivas, sino el puro ser-así, sin ningún atributo."

    Giorgio Agamben — 11-02-2006 19:26:51

  83. Había una vez un grupo de rock, olvidado ya, quién sabe merecidamente por, entre otras cosas, elegir como nombre artístico el apellido del actual presidente de los Estados Unidos.

    Sin embargo desearon (como todos) sus quince minutos, y los tuvieron (ya nos tocará, Warhol dixit). Aquí su contribución al debate, que es también una prueba de talento desperdiciado:

    "I don’t believe that Elvis is dead
    I don’t believe that Elvis is dead
    I don’t believe that Elvis is, Elvis is

    There is no sex in your violence:

    Everything zen
    Everything zen
    I don’t think so"

    "No creo que Elvis esté muerto
    No creo que Elvis esté muerto
    No creo que Elvis es, Elvis es

    No hay sexo en tu violencia

    Todo es zen
    Todo es zen
    No lo creo"

    P.D.

    El vocalista y compositor se llama Gavin McGregor, y se casó con la también cantante Gwen Stefani (con unos quince minutos más largos que los suyos)

    Martín Rodríguez-Gaona — 11-02-2006 22:10:46

  84. Aunque no sé si es mínimamente interesante me gustaría apuntar algunas cosas sobre el límite. Inisisto. No sé si será indicativo.
    1.Es sumamente interesante la aportación de Eduardo. Ese concepto de límite invita a una reflexión desde el mismo cerco creativo. Ahora bien, ese límite no debe ser entendido, creo, como limite de, como limitación, sino como flujo, como filamento –no discontinuo- de la creación. Límite no como fin de algo sino como comienzo constante. En este sentido creo que el poeta debe ser permeable. Y creo que esto es algo evidente y Eduardo lo desarrolla de un modo excelente. Su poética del límite era necesaria en este momento. Estoy plenamente de acuerdo.
    2.Por otro lado, (o tal vez por el mismo) podemos recuperar un concepto con forma de preposición: entre. El habitar ese espacio entre es algo que reclama una poética. José Luis Molinuevo lo ha estudiado desde el punto de vista estético, y recientemente, ya en el terreno de la poesía, lo ha recogido Adam Zagajewski en su En defensa del fervor. Se trata de un concepto propiamente platónico, rastreable incluso entre los pre-socráticos: metaxú, que como el deinón trágico de Sófocles (que Heidegger traduce como Unhemilchikeit, como in-hospitalidad)designa un sentido de inseguridad entre dos mundos, de suspensión (y ahí el pavor y/o la inquietud son fundamentales). Escribe Zagajewski: “lo que mejor define aquel peregrinaje es el término metaxú, tomado prestado de Platón: estar “entre”, entre nuestra tierra, nuestro entorno harto conocido (así lo creemos), concreto, material, y la trascendencia, el misterio.[…] El mito telúrico de Anteo que recupera las fuerzas al tocar la tierra podría servir de punto de partida para una nueva fórmula” (p. 18 y 34). Esta es una idea que se podría desarrollar. (Hay quien habla al respecto de una "inversión de lo sublime")
    3. Ahora bien este límite, este estar entre, necesita un legítimo controlador, eso creo, para no acabar afirmando absolutos vacuos, totalidades nulas. “Lo otro” –como suele llamarse- no necesita de pontífices. Hay que controlar el overbooking de las palabras para no acabar en sucios misticismos. Ese ojo es la ironía, no entendida, claro, como chascarrillo, sino como “eterna correctora”, como lo entendía cierto romanticismo. Una ironía que tiene mucho de la distancia kantiana. Aunque esto necesitaría de muchas matizaciones. La ironía como sujeción al y en el mundo, para no acabar en las nubes. Límite e ironía se concilian en este punto. Por eso para Hegel “la ironía es peligrosa”, porque relativiza toda finitud (según Schlegel). Por eso no hablamos del mismo límite que Trías. Esta ironía supone vivir en constante paradoja, en la contradicción sin solución a la vista. La poesía debe vivir en esta superficie, no hay solución dialéctica. Y en esta no-solución creo que puede hallarse también esa "trascendencia en la inmanencia". Sobre esto hay dos libros de un filósofo y sin embargo amigo, Domingo Hernández Sánchez, cuyo estudio es certero: Estética de la limitación (Universidad de Salamanca, 2000) y La ironía estética. Estética romántica y arte moderno (Universidad de Salamanca, 2002.) Y en el texto de Adorno "Discurso sobre poesía lírica y sociedad" de 1957 hallamos algún retazo interesante al respecto, que puede tener que ver con lo dicho en alguno de los post superiores (no sé, lo acabo de leer y me parece un texto jugoso)
    4. Quizá esto no tenga sentido, pero lo que sí es cierto es que el libro de Eduardo apunta caminos fundamentales y a todos nos puede nutrir.
    5.Uff, ¿de qué estaba hablando? creo que me he pasado de extensión y de palabrería. no digo más. y no sé si al final he dicho algo. lo siento. un saludo a todos.
    Alberto

    Alberto Santamaría — 11-02-2006 22:27:09

  85. Otra aportación musical al debate es el término "Surfismo Zen", sacado de la canción brasileña "Como uma onda", de Nelson Motta y Lulu Santos. Como ellos subtitulan brasileñísticamente: Zensurfismo.

    Atleta — 12-02-2006 20:48:43

  86. Me siento cómodo, mi querido Mora, en esta posición de espectador silencioso de vuestro apasionante debate. Si acaso, romper una lanza en favor de la apreciación de Riechmann, cuando echa de menos la dimensión política de todo esto...
    Porque no es sólo que no haya contradicción entre angustia y promesa, como se apunta más arriba, sino que la primera es condición de la segunda, y -a mayor abundamiento- la síntesis entre las dos nos conduce a un concepto extrañamente forcluído en este debate, a saber: el deseo. "Trascendencia en la inmamencia", "trascendencia vacía" o como queramos llamarlo no pueden ser sino otros nombres del deseo. Y escamotear esta dimensión negativa y utópica a la vez no conduce sino a una imaginarización/fetichización de la falta (es posible estar "lleno de nada", como saben cada uno a su modo el capitalista y la anoréxica), y a todos las celadas del conformismo.
    Saludos para todos.

    Ángel.

    angel zapata — 13-02-2006 14:01:58

  87. Amigos todos:
    Estoy encantado con el aluvión de jugosas aportaciones que se acumulan en el blog. Es imposible sacarle punta a todo, ahondar en tantas sugerencias a la vez. Me dan que pensar las aportaciones de Alberto Santamaría y Atleta, así como las de Vicente y Ángel. Jorge, suscribiría en su práctica totalidad tu intervención, salvo en tu “reproche” de que echas en falta la dimensión política en nuestras respectivas posiciones. Vicente ya te contestó al respecto por mí, citando mis propias palabras. Por supuesto que la dimensión política es determinante en todo discurso literario. Un poeta se alía con las fuerzas de la emancipación o con las del conformismo y en ambos casos tal actitud tiene una vital consecuencia en su praxis: o se arroja a conquistar nuevos lenguajes que contribuyan a la lucha contra la alienación/cosificación o al aliarse con el mercado esperando su recompensa (honores, premios, reconocimiento mediático…) renuncia a ahondar a fondo en su exploración del lenguaje y la subjetividad.
    Convengo por otra parte contigo en que el término “trascendencia” está tan cargado de connotaciones ideológicas que puede resultar cuando menos confundente. En mi libro me atreví a defender una “trascendencia en la inmanencia” precisamente para sustraer las honduras del sujeto y su experiencia del misterio al monopolio de la Iglesia, a fin de abordarlo desde una óptica rigurosamente laica y encaminada a la emancipación. Lo he aplicado en un contexto literario, para atacar de frente el equívoco habitual de que la literatura “de la inmanencia” (o “de la finitud”) es el consabido realismo plano. Eso es lo que quiere el pensamiento único, que una literatura reducida a crónica o simulacro de realidad (“esta película está basada en hechos reales”), una literatura pues que obedece al dictado de que estamos en el mejor de los mundos posibles y que actúa como defensa ideológica del “statu quo”, se muestre como la “auténtica realidad”, la “escritura que narra nuestro tiempo”. Si no subvertimos el lenguaje para dar cuenta de lo que íntimamente somos, si nuestra escritura no es innovación histórica (continuo arrojarse hacia el futuro, deseo desatado) no podrá abrir caminos a la utopía. Si en cuanto humanos somos lenguaje la poesía puede y debe, desde su propio campo, enfrentarse a la tarea de generar sentido… en, para y desde la inmanencia. “Trascender” aquí es abrir los ojos a la dictadura de la interpretación del mundo de la cultura tecnocrática-instrumental, para rechazándola de plano entregarnos a la tarea de ahondar bajo la superficie del hombre-masa hasta alcanzar las fuentes del deseo. ¿Por qué esa exploración psicológica? Por que es en el maniatado interior de todos nosotros donde se encuentra la energía transformadora capaz de desebmascarar al pensamiento único y acercarnos a la utopía que soñamos. Como ya indiqué más arriba: “La trascendencia en la inmanencia que defiendo es pues psicológica, un proceso de honda introspección, en busca de revelaciones interiores, pero es a un tiempo una propuesta absolutamente comprometida en lo político. Ahondar en las aguas del deseo es abrir camino a la utopía”.
    También estoy por completo del todo de acuerdo con Ángel, tanto en su reivindicación de la dimensión política como en su sagaz apreciación de la necesidad del hueco del sentido (angustia) para acceder al deseo (promesa). En este sentido ya señalé que: “Falla y deseo son dos vertientes de un mismo proceso dinámico. Sin experiencia del hueco no habría pro-yecto, apertura al futuro, proyección del deseo”.
    Un abrazo a todos. Da gusto leeros.

    Eduardo García — 13-02-2006 18:24:01

  88. Se me olvidaba. Por si no ha quedado clara la relación entre deseo y utopía quisiera recordar ese magnífico lema del movimiento anti-globalización: "Otro mundo es posible". De eso precisamente se trata. Que "lo otro" es posible es el grito incesante del deseo. "Utopía" es el nombre del deseo cuando se expresa en su vertiente socio-política.Exactamente lo contrario de lo que afirma el pensamiento único: éste es el único mundo posible (o lo que es lo mismo: no te atrevas a desear "lo otro"). Actitud a la que corresponde en lo literario el texto-crónica, falsamente realista. El adocenamiento psicológico es la base misma de la sociedad del espectáculo. El hombre-masa es el consumidor (lo que decía muy bien Riechmann: el que trata de rellenar su hueco de sentido con bienes de consumo). Si queremos "otro mundo" y trabajamos en el arte o la poesía conviene concentrar las fuerzas en la emancipación psicológica: la liberación de las fuerzas del deseo. No sea que acabemos por intentar acercarnos a la utopía hablando el "lenguaje del Amo". Experiencia no nos falta a estas alturas de cómo el mercado es capaz de devorar cualquier manifestación emancipadora y convertirla en producto de consumo, desactivando su potencial liberador. Deseo y utopía, dos vertientes (social y psicológica) de un mismo proceso de emancipación.

    Eduardo García — 13-02-2006 18:43:05

  89. Antes de leer los posts de Eduardo, una pregunta para Ángel: ¿qué opinas del título del nuevo disco de Camela, que reza "El deseo es cosa de dos"?

    vicente luis mora — 13-02-2006 18:48:06

  90. ¡Caray! Me marcho unos días y esto hierve. Me gusta la aportación de Atleta porque pone sobre el tapete una de mis obsesiones: esa posibilidad (schopenhaueriana) de convertirse en mero lugar de recepción, en pura mirada. Aunque también me ha parecido muy jugoso el speech de Alberto; me ha servido para entender un poco mejor su propuesta, que he seguido, aunque de forma intermitente.Esa inhospitalidad de la que hablaba Heidegger ¿no es el espacio -valga la expresión- en que discurre su propia poética? Salud a todos.

    Mario Cuenca — 14-02-2006 00:29:52

  91. (Ahondando en lo de Riechmann)
    "Pero entre la juventud japonesa -uno de los máximos exponentes de la sociedad ultraconectada; hay una auténtica pasión febril por personalizar al máximo los keitai (o teléfonos móviles). El reto actual entre los jóvenes por ser lo más trendy posible con tal de destacar, pasa en gran parte por adolescentes que viven por y para sus móviles. Tanto es así, que gastan auténticas fortunas –como la que supone para un adolescente comprar un colgante de Loewe o Louis Vuitton. Según el experto antropólogo en uso de teléfonos móviles, Mizuko Itio, “esta obsesión no es más que un modo de que los jóvenes japoneses sin grupo social definido, puedan formarse una identidad personal”. Según la investigadora Louise Brown, “este fenómeno puede ser interpretado como reflejo de una existencia vacía construida por la presión de una sociedad intensamente materialista”. Javier Castañeda, "Cellslaves", La Vanguardia, 16/02/2006.

    vicente luis mora — 17-02-2006 08:49:09

  92. Lo primero que escucho en el título de Camela, mon cher Mora, es una afirmación desconcertante, a saber: "el deseo es cosa".
    Desde luego, sólo después de haber convertido el deseo en "cosa" (justo lo que no es ni podría ser nunca) cabe afirmar que esta cosa puede ser compartida.
    En general, el secreto mejor guardado de toda pareja es justamente ese: que no existe "nuestro" deseo. Existen tu deseo y mi deseo, y -a veces- alguna disfrutable, inaudita y altamente laboriosa área de intersección.
    Dar al objeto (del deseo) la dignidad de la Cosa (inhallable), es una de esas difíles consignas lacanianas que delimitan todo un programa no sé si ético, o de simple y elemental superviviencia. Por el contrario, ese deseo que es cosa de dos a lo que nos aboca es a una lucha a muerte, para ver quien se hace el rey de la montaña y consigue quedarse con la Cosa.
    Por otra parte, no es ya que el deseo no sea cosa de dos. Es que no
    es ni siquiera cosa de uno. Porque el deseo es justamente eso que me divide como sujeto, y me impide captarme como "uno".

    Saludos de nuevo.

    Ángel.

    angel zapata — 21-02-2006 13:31:17

  93. Sabía yo que la pregunta era buena.

    vicente luis mora — 22-02-2006 08:14:38

  94. (Sobre inmanencia, inapelable)
    “Heráclito acentúa la exaltante alianza de los contrarios. Ve en ellos, en primer lugar, la condición perfecta y el motor indispensable para la producción de la armonía. En poesía ha llegado a ocurrir que en el momento de la fusión de estos contrarios surgiese un impacto sin orden definido cuya acción disolvente y solitaria provocaba el deslizamiento de los abismos que transportan al poema de modo tan antifísico. Corresponde al poeta salir al paso de este peligro haciendo intervenir o bien un elemento tradicional de probada eficacia, o bien el fuego de una acción demiúrgico tan milagrosa que anule el trayecto de causa a efecto. El poeta puede ver entonces cómo se cumplen los contrarios -esos espejismos puntuales y tumultuosos-, cómo se personifica su dinastía inmanente, siendo poesía y verdad, según sabemos, sinónimos.”
    René Char, “Partición formal”, Poesía esencial; Círculo de Lectores, Barcelona, 2005, p. 119.

    vicente luis mora — 27-02-2006 14:13:11

  95. Pero el título de disco más heideggeriano posible es el que vi hace un tiempo en un bar de carreteras, en esos paneles de cassettes polvorientos. En la portada se veía la jeta de un gitano cincuentón, muy serio, deprimidísimo, y este título: "Me han quitao lo bailao".

    Atleta — 28-02-2006 01:33:34

  96. ¿Qué os parece esto?

    “Pongamos un ejemplo de esos buscados para no ofender la sensible pituitaria de los historiadores que huelen. En Francia, dos responsables editoriales, Barbara Cassin y Alain Badiou, han tenido la audacia, y la dignidad, de rectificar en su editorial, nada menos que Seuil, al colega Pascal David, encargado de preparar la Introducción a la metafísica, donde la figura de Heidegger aparece como un opositor al nazismo. Es un asunto grave y vinculante y que entre nosotros fue como una asignatura pendiente. Cuando apareció el libro del chileno Víctor Farías sobre la vinculación entre el filósofo alemán y el nazismo, aquí hubo una auténtica feria de despropósitos. Me acuerdo de los gestos de algunos ilustres intelectuales: "Qué importa que Heidegger coqueteara con el nazismo... si era un inmenso filósofo". Lo inquietante es cómo se puede ser un inmenso filósofo y creer en el nazismo.”
    Gregorio Morán, “¿Falsificar la historia es delito”, La Vanguardia, 04/03/2006.

    vicente luis mora — 06-03-2006 09:09:46

  97. Una alegría hoy: recibí los primeros ejemplares de mi libro RESISTENCIA DE MATERIALES (Montesinos), que reúne ensayos y aforismos "sobre el mundo y la poesía y el mundo" escritos en 1998-2004. Como anduvimos reflexionando sobre inmanencias y trascendencias hace unos cuantos posts, me animo a copiaros un par de páginas:

    "(...) creo que en efecto la poesía se ocupa --entre otras cosas-- de la vida moral: pero sin reduccionismos. No de extraer moralejas a partir de las anécdotas, sino del universal y decisivo fenómeno de la vinculación.

    Poesía que busca “el pasadizo que hay de un cuerpo a otro”, según el deslumbrante endecasílabo de Quevedo. Poesía del vínculo.

    Me inquieta el movimiento de la trascendencia, me irrita (supongo que por lo que casi siempre aprecio en él de fuga y enajenación). Y por eso me gusta tanto, y cito tantas veces, la broma de Prévert sobre la transe-en-danse. O el valor metafísico del pelo, que no han dejado de advertir varios autores, por ejemplo el gran Paco Pino: “Una espiritualidad con ojos, con brazos, con pelo...” Una espiritualidad con pelo: es definitivo, de ese nivel no podemos apearnos.

    Es como si rechazase siempre el impulso de salir hacia allá para oponerle siempre –consciente o inconscientemente— el de entrar ahí (si se me apura, no tanto volver a entrar ahí como darse cuenta de que ya estás dentro). Frente a la trascendencia (trance-en-danza), una suerte de “introcedencia” hacia el corazón de las cosas... y hacia su piel y labios. O sea, una introducción (in-trudere). Frente a la trascendencia, una buena introducción.


    El poeta venezolano Eugenio Montejo recuerda una reflexión del filósofo español en el exilio José Gaos: quienes se desviven por otro mundo acaso no lo merezcan, porque si se les concede, podrían desvivirse por un tercero y olvidarse del recién otorgado.

    En este mundo que se supone enfangado en el materialismo (así lo denuncian Álvaro Mutis y Javier Ruiz Portella en su resonante “Manifiesto contra la muerte del espíritu”, El Cultural, 19 de junio de 2002), si algo resulta llamativo es precisamente el generalizado desinterés por la materia.

    Podrá dar fe de ello cualquiera que esté mínimamente versado en economía ecológica --y conozca por tanto la extrema dificultad de hacerse una idea sobre los flujos de materiales y energía sobre los que se construyen nuestras insostenibles sociedades, dificultad sin duda querida y buscada por los poderes dominantes--. Cuando la tecnociencia se interesa por la materia, pareciera que no es sino con el designio de deplorar sus insuficiencias y trascenderla en otras materias artificiales, más puras, "espirituales" (por ser manufactura humana) y perfectas: biotecnologías, nanotecnologías, ciencias de materiales.

    Los ingenieros agrónomos desearían prescindir de la gleba labrada por campesinos: "agricultura sin tierra", cultivos hidropónicos, producción agropecuaria artificializada al máximo en invernaderos y granjas-factoría. El sueño de superar nuestra precaria materia corporal humana, y la rebelión contra nuestra mortalidad y finitud, habitan la biomedicina moderna. El impulso "antropófugo" de dejar atrás la condición humana, recreando biológicamente nuestro organismo y escapando del planeta devastado para colonizar el cosmos, es una de las líneas mayores de nuestra civilización, sin la cual el productivismo que prevalece resulta incomprensible. Y todo eso por no hablar del asco por la materia que se expresa en la desaforada creación de realidad virtual en todas sus numerosas variantes, de la publicidad televisiva a internet pasando por el electronic art...

    Los ingenieros forestales, en los últimos años, observan con preocupación cómo avanza lo que han dado en llamar la cuaternarización de los bosques . En esta sociedad autotitulada “de la información”, la gente parece dejar de necesitar ir al monte: acuden, por ejemplo, al espacio natural protegido, pero se encierran en el “centro de interpretación” correspondiente a ver las maquetas y los montajes audiovisuales, y sólo al final, si acaso, se darán un breve paseo de diez minutos por los aledaños del edificio. Las imágenes y sonidos “bajados” de internet reemplazan la experiencia directa de la naturaleza, y la gente se imagina que con ello aumenta su “calidad de vida”... (Qué expresión tan profundamente antipática, ésta de “calidad de vida”, o la de “estilos de vida”.)

    ¿El mundo estaría enfermo de materialismo? ¡Por favor! Si algo nos falta es amor por la materia, por la pobre materia real que es la nuestra, la de este concreto mundo amenazado que habitamos, desde esos vulnerables cuerpos materiales y hablantes que somos. Y a nada de esto hacemos frente sólo reclamando un supplément d'âme, y dejando intacta la base sobre la que están construidas tales dinámicas. No puede uno aceptar tácitamente las premisas del orden mundial actual --el capitalismo de las transnacionales, el productivismo biocida, y el impulso autonomizado de la tecnociencia-- para deplorar luego sólo las consecuencias casi necesarias de esas premisas.


    Se atreven a decir que vivimos en sociedades “ateas”, “materialistas”, “secularizadas”: estas sociedades atravesadas de punta a cabo por una tecnolatría que sobrecoge...

    Mejor que en las jerárquicas pirámides de necesidades a lo Abraham Maslow, o que en las teorías sobre valores “posmaterialistas” al modo de Ronald Inglehart, la relación entre lo alto y lo bajo de los valores y necesidades del ser humano queda captada en las palabras de Walter Benjamin: “La lucha de clases (...) es una lucha por las cosas ásperas y materiales sin las que no existen las finas y espirituales. A pesar de ello, estas últimas están presentes en la lucha de clases de otra manera a como nos representaríamos un botín que le cabe en suerte al vencedor. Están vivas en ella como confianza, coraje, humor, astucia, denuedo, y actúan retrospectivamente en la lejanía de los tiempos. Acaban por poner en cuestión toda nueva victoria que logren los que dominan...”

    Si falta espíritu, no es precisamente porque se aprecie demasiado la materia. Señores Defensores del Espíritu, hará falta sacudirse un poco la pereza teórica.

    Cita Clara Janés --al comienzo de su hermoso ensayo “La poesía, el tiempo y nuestro tiempo”-- a Schopenhauer: “El poeta concibe la Idea, la esencia de la humanidad, fuera de toda relación y de todo tiempo. Concibe la objetividad adecuada de la cosa en su más alto grado de manifestación.” Frente a esta fuga idealista hacia lo alto y lo abstracto, la poesía moderna más viva propuso un camino diferente: el entrañamiento en el mundo, la cercanía a las arritmias del corazón humano, la ocupación de los espacios exiguos. Los peligros a los que hacemos frente son tan grandes y tan reales que apenas permiten distracción.

    También el espíritu necesita barbecho.



    Los mitos primordiales cuentan el origen de lo humano en la materia más común y humilde, el barro, por intervención de un dios alfarero. Así, por ejemplo, el hermoso mito sumerio de la creación, transmitido luego a otras religiones monoteístas: un día la diosa Nammu, preocupada por la dificultad de los dioses para encontrar alimentos, despierta a su hijo Enki, que disfrutaba de un profundo sueño en lo hondo de los mares, para que cree seres que puedan ayudar a los dioses y aliviar su sufrimiento. La diosa le pide: Dibuja en sus rostros la imagen de los dioses; hazlos del barro de las aguas profundas; dibújales piernas y manos... Él será el ser humano, hecho a imagen de los dioses.

    La etimología atestigua ese parentesco: humano/ humus/ humilde, materia/ mater/ madera. Pero hoy los odiadores de la materia, borrachos de trasmundos y trascendencias, no ven vía lo suficientemente rápida para alejarse de aquellos orígenes de barro...

    Mi opción sigue siendo la maternal materia impura, lo cismundano, la inmanencia. Ahí se encuentran lo más alto de la poesía moderna a partir de Rimbaud, el pensamiento feminista (que ha escrito páginas trascendentales sobre esta cuestión en los últimos dos decenios) y la rebelión ecologista.

    La vida es la tarea del hombre en este mundo, escribió Hölderlin. La vida, y no su superación en no sé qué alto destino trascendente; en este mundo, no en ningún trasmundo." (p. 222-225)

    Jorge Riechmann — 07-03-2006 19:47:51

  98. Me alegra ver por fin ese libro publicado, Jorge. Es un gran acontecimiento, porque es un conjunto de ensayos fabuloso, valiente e importante, como casi todo lo que haces. Un abrazo.

    vicente luis mora — 07-03-2006 22:53:38

  99. He ahí a Blanchot -en la conversación infinita (aunque nadie lo relea)

    obscur — 18-04-2006 23:15:15

  100. [Por su interés, copio el artículo sobre Heidegger publicado en Diario Sur (26/05/2006) por Juan Francisco Ferré]

    La doble vida de Martin Heidegger
    Hoy se cumplen 30 años de la muerte del controvertido filósofo alemán. Su búsqueda de un nuevo sistema de valores le llevó al nazismo, lo que no le impidió caer en el adulterio con una discípula judía

    A Heidegger le gustaba contar una anécdota de la vida de Heráclito que consideraba esencial para comprender el destino de la filosofía en este mundo. Quizá sea esclarecedor trasladar esa anécdota a la controvertida figura del así llamado 'filósofo del ser'. Pongámonos en la posición de los visitantes extranjeros que deciden un día visitar a Heidegger en su famosa cabaña de la Selva Negra y que al llegar a las inmediaciones de la misma lo sorprenden calentándose junto a un horno en zapatillas y gorro de dormir. Dados los antecedentes, no sería impensable que uno de los extranjeros bromeara sobre el horno y, aludiendo al más siniestro episodio de la historia del siglo XX, se atreviera a insinuar que, habiendo sido Heidegger cómplice de Hitler, ese horno era un horno crematorio.

    Mientras otro de los visitantes, escandalizado por el humor negro de su colega, simplemente manifestaría que para él la actitud de Heidegger, buscando en el horno algo del calor que parecía faltarle a su vida, revelaba la soledad y el aislamiento que habría podido experimentar en los años de la posguerra. Un tercero hablaría todavía del significado de las llamas en la meditación sobre el ser.

    Al acercarse después al filósofo aterido, los visitantes le oirían decir: «Pasen adentro. También aquí habitan los dioses», dándoles a entender que, a pesar de lo que pudieran pensar, la vida cotidiana no es un obstáculo al pensamiento, sino un estímulo.Sin embargo, los visitantes deberían leer también ese enunciado como sutil apología de sí mismo: «Si me juzgan desde fuera, podrían pensar que soy otro del que soy, pero si me entienden bien, cosa que nadie ha hecho hasta ahora, sabrán exactamente lo que quise decir en cada momento».

    El filósofo charlatán

    El problema es que Heidegger, según su amante y discípula Hannah Arendt, era un mentiroso contumaz. ¿Por qué creer entonces en sus palabras más que en sus obras? El 'caso Heidegger', en este sentido, podría representar, más que un error de afiliación política, un grave problema de desdoblamientos y multiplicaciones de personalidad, enmascaramientos y disfraces varios.

    Es difícil decidir, por tanto, qué parte de la palabrería fáustica de Heidegger es menos capciosa: si su insistencia exasperante en la pregunta del ser («¿por qué el ser y no más bien la nada?»), la vindicación de la autenticidad y el rechazo asqueado del mundo («in-mundo») contemporáneo, la necesidad de las raíces, el habitar la tierra y la aceptación del ser-para-la-muerte; o su mitificación y mixtificación del lenguaje, la concepción monógama y casi monomaníaca de la filosofía y el pensar, por no hablar de sus senderos del bosque que se extraviaban en círculos excéntricos y nunca llegaban al "claro" del ser, o su más que cuestionable aproximación al arte y la literatura.

    La teología del ser

    El designio fundamental de la empresa heideggeriana consistió, en primer lugar, en poner la filosofía pura por encima de la ciencia moderna y de sus acólitos la filosofía de la ciencia y el positivismo, y después, una vez reconocida la primacía histórica de la técnica y, sobre todo, una vez probada en la realidad de la praxis política el carácter temporalmente inviable de sus tesis, colocar por encima de todo lo existente una nueva religión («una meta-teología», según George Steiner).

    Se ha señalado a menudo que el discurso religioso constituía una impronta esencial de su vida y su pensamiento: nació católico y quiso ordenarse sacerdote, se aproximó luego al culto protestante, y murió como católico. Desde 'Ser y tiempo' (1927) su filosofía se puede concebir como la reformulación en un lenguaje filosófico de las verdades que la teología cristiana fue incapaz de procurarle. Según Herman Philipse, la condición inconclusa de esta obra podría estar ligada al hecho de que Heidegger esperaba que su escritura le devolviera, por gracia divina, la creencia en las certezas de la fe.

    Pero no fue así y, a partir de ese momento, se dedicó a «deconstruir» lingüísticamente sus propios fundamentos y replantearse en términos místicos la cuestión del ser. Sin embargo, no es convincente su hipótesis de que Heidegger odiara el cristianismo hasta el punto de que su compromiso con los nazis y su pretensión de ofrecer una alternativa filosófica a la espiritualidad humana surgieran de un impulso luciferino o rebelde similar al de Lutero.

    Es evidente que Heidegger no consiguió nunca apartarse del contacto con lo religioso. De hecho, su pensamiento entroncaría fácilmente con cualquier forma de fundamentalismo, esto es, de sacralización de los «fundamentos» de un pueblo, una tierra, una cultura, una raza o una creencia.

    Heil Heidegger

    En el ideario nacional-socialista Heidegger reconocería una solución práctica a la ecuación política de la modernidad: cómo gestionar el poder y la técnica en una sociedad de masas dominada por un creciente nihilismo. Descartadas las opciones democrática y comunista, el nazismo resolvía para Heidegger dicha problemática sin traicionar sus convicciones pequeño-burguesas, combinando un control absoluto de la técnica con la resurrección de la mitología y los valores supremos de la tierra y la raza germánicas como fundamento genuino de la cultura occidental. En esto mismo residía, como declara en su 'Introducción a la Metafísica' (1935), la «verdad interna y la grandeza de este movimiento».

    Para desesperación de sus seguidores, Víctor Farías probó definitivamente que el cuerpo filosófico de Heidegger se revestía, de la cabeza a los pies, con el uniforme nazi. En la posguerra se vanagloriaba proclamando, con evidente cinismo, «quien piensa a lo grande, se equivoca a lo grande». Su error, por tanto, no fue sólo político o moral: Heidegger sucumbe también como filósofo ante el poder y la fascinación de la «bestia rubia» y la barbarie ideológica hitleriana (con el ridículo añadido de que los nazis nunca le hicieron mucho caso). Indudablemente, su error reveló el alcance verdadero de su pensamiento y su deseo de radicar la filosofía en la radicalidad (en cierto modo inhumana) de los procesos históricos.

    Por otro lado, si se analiza correctamente se verá que el pensamiento de Heidegger es acaso el último en poseer una ambición total derivada de la conciencia de la consumación de la metafísica y el fin de la filosofía con el triunfo de la técnica como manifestación mundial de la voluntad de poder. Era lógico, en este sentido, que la voluntad de poder que sustentaba ese pensamiento acabara en una aplicación totalitaria del mismo.

    El ser y los malos tiempos

    Nuestra época era para Heidegger, además de un paradigma decadente, una de las más oscuras y peligrosas de la historia. La convergencia inevitable de las democracias occidentales hacia las formas totalitarias y tecnocráticas, como explica Giorgio Agamben, su más importante discípulo actual, sería la confirmación negativa de la tesis heideggeriana de que los estados autoritarios están en correspondencia más efectiva con la voluntad de poder emanada de la técnica planetaria que los democráticos.

    En todo caso, el pensamiento de Heidegger, como diagnosticaron los neo-filósofos Luc Ferry y Alain Renaut, representa la mayor amenaza intelectual contra el pensamiento democrático y la democracia como sistema de gestión del poder político y la tecnología en la era de la mundialización de la voluntad de poder del capitalismo. Conocer a Heidegger es, por tanto, conocer las debilidades y tentaciones de nuestras sociedades y también a nuestro enemigo interior: un adversario tenaz al que, como en la historia de la filosofía concebida por él como una sucesión de máscaras enmascaradas, conviene desenmascarar para convertirlo en nuestro aliado eficiente.

    Hannah y Martin

    Derrida confesaba hace unos años que en caso de ser posible habría querido interrogar a Hegel o a Heidegger sobre su vida sexual, obligándoles al mismo tiempo a admitir que no se podía separar su pensamiento filosófico de sus vidas privadas. Sin embargo, Derrida reconocía que el género de dicha interrogación debería tener más dignidad que un porno vulgar.

    En el caso de Heidegger se equivocaba: sólo una mirada pornográfica sabría 'desocultar' en condiciones el romance adúltero de la judía Hannah Arendt y el filósofo filonazi Martin Heidegger. Si nos interrogáramos sobre la conducta de ambos en la cama (posiciones, actitudes, hábitos, preferencias, fetichismos, manías, etc.) veríamos tambalearse segundo a segundo, y luego desplomarse, no sólo las verdades primordiales de la ontología fundamentalista de Heidegger, sino los principios humanistas y democráticos con los que Arendt (la musa paradójica de 'Ser y tiempo') erigió su discurso ético y político.

    Lo siento por Derrida, pero yo también, como sugiere Steven Shaviro, preferiría ser espectador de los episodios de ese «porno vulgar» escenificado por Hannah y Martin en la «casa del ser» (el improvisado guión la localiza unas veces en la buhardilla de ella en Marburg, otras en la cabaña emboscada de él en Todtnauberg y otras aún en hoteles anónimos), antes que leer ningún otro egregio tratado de cualquiera de los dos. Quizá sea mi retorcido modo de declarar que prefiero la novela, cualquier novela, a la filosofía, cualquier filosofía, cuando se trata de hablar de la condición humana y la vida, cualquier vida. Incluida la del filósofo Martin Heidegger.

    Juan Francisco Ferré — 27-05-2006 10:04:37

  101. Pues según Silver, lo de Heidegger ya lo adelantó Ortega, partiendo ambos de la fenomenología de Brentano (antes que Husserl y compañía)

    rafayiyo — 01-09-2006 23:08:18


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