Notas sobre Villoro
Juan Villoro
El disparo de argón; Anagrama, 2005
En la página 46 de esta novela hay una frase que la resume en parte: "la clínica fue diseñada como un paradigma de modernidad. Sin embargo, pocas cosas son tan pasmosas como la modernidad detenida". En realidad, es aplicable a muchas cosas más: al excelente poemario de Juan Andrés García Román Perdida latitud (Hiperión, 2004), que acabo de leer, y a buena parte de la poesía, narrativa y crítica actuales. Pero en el caso de Villoro el pasmo no es incomprensivo (como en el poemario de García Román, tan sorprendentemente antiguo, a pesar de su calidad), o distante (lo que me genera el estado de cosas general), sino de admiración. Sí, El disparo de argón es una novela a la antigua. No, la obra no es una cima del posmodernismo literario ni busca ahondar en los caminos posteriores al mismo, sino que se vindica como modernidad detenida, como roman francés, como narración tradicional, pero... qué altura, qué maravilla, qué complicidad en el lector. No se debe criticar por oposición, pero como esto no es una reseña al uso del libro, sino una nota de lectura, diré que Villoro es el ejemplo perfecto de antítesis de Bolaño, todo aquello que a Bolaño le hubiera gustado ser y no pudo. Un gran narrador, con mayúsculas, dentro de un prototipo de novela europea, culta, amena e intelectualmente rigurosa. Pero claro: como suele decirme un crítico mayúsculo, que prefiere de momento el anonimato, es normal que esto sea así, y que Villoro sea infinitamente superior: es un hombre formado, cultísimo, ducho en otras lenguas, capaz de traducciones solventes de la alta modernidad alemana, ensayista serio y capaz, alguien que ha querido pertecharse de todo lo necesario para juntar lo mejor de Hispanoamérica (el lenguaje literario libre, la imaginación prodigiosa, el gusto por narrar) y lo mejor de Europa (la habilidad para incardinar tradiciones, la preferencia por una alta cultura que no tiene nada que ver con el elitismo social o cultural sino por la visión elevada, omnicomprensiva y exigente sobre las cosas más comunes). El resultado es una novela actual y que a la vez, parece de otro tiempo. Algo que pasa en el presente pero que actúa en la eternidad, o en la Antigüedad, como quería Borges. La de Villoro en El disparo de argón es, declaradamente, una poética de gases nobles, de estados en suspensión y efectos retardados, de constitución de lo sólido desde lo gaseoso, del milagro sublimativo (sublimación química, pero también estética). No sé si estoy dejando claro que es uno de los tres o cuatro mejores narradores vivos en castellano. Espero que sí.