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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

20-12-2005 21:00:31

La misa negra de Manuel Vilas

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Manuel Vilas,
Magia; DVD, Barcelona 2004



y me gustaría que todo volviese, la edad de las palabras
y la edad de la inocencia retornando juntas, pero yo soy un vampiro
caduco, que cumplo de muerto los mismos años que de vivo,
soy un vampiro inexperto, manirroto, sin crímenes que recordar.

Manuel Vilas, El cielo (2000)


¿Hay un punto intermedio entre la laconicidad de Juan Rulfo y la hiperexpresividad agresiva del Camilo José Cela de Oficio de tinieblas, 5? Pues a lo mejor ese punto medio es Magia, de Manuel Vilas (Barbastro, 1962). Si saco a relucir esos autores no es por casualidad, pues creo que esta novela es también un punto de encuentro entre las historias de muertos de Comala y esa gran “misa negra” que es el Oficio celiano (uno de mis libros favoritos, por cierto). La superposición de esa misa negra sobre la realidad, la intercalación de los muertos con los vivos, la duplicidad del Manuel Vilas que mira y del Emeuve (MV, trasunto del autor) que también tiene cuarenta años cuando escribe la historia (p. 174), la ubicación en una Z o Zeta que es y no es Zaragoza, o la utilización del vampiro (muerto y vivo a la vez), son instrumentos que crean una dialogía de existencia e inexistencia feraz y muy provechosa narrativamente. Junto a ello hay un elemento que también utiliza otro de los grandes practicantes de la narrativa mutante actual, Rodrigo Fresán, y no es otro que la rica simbología de la retórica mística y teológica. El negro (moral, no de piel) Baltasar, el místico Franz, ofician la oscura liturgia de Magia, que puede ser leída como unas Vidas de santos protagonizadas por pecadores irredentos, o el Espíritu No Santo del Mal-en-Sí, en un director’s cut del Demonio. El propio Vilas, bajo la especie de Emeuve, define su creación como misticismo sucio (p. 167), y me parece una definición acertada. Veamos un ejemplo: “no tenías ni madre dios mío nadie te concibió no procedías de un coito como el Espíritu Santo materia teológica reservada eso eras inmensa materia teológica reservada un drogadicto con alucinaciones místicas sí el rollo ese de Zeta y toda esa gente Baltasar Flores Herrmann etc y Franz o Frank o Frankenstein toda esa muchedumbre creciendo teólogo de todas las putas de la tierra investigador de la prostitución tú el Espíritu Santo” (p. 178). No sólo es un ejemplo del tono, también del mecanismo compositivo de la novela: en ella es importante la idea de metanoia, de transformación, de modo que los personajes, incluido el autor, van saltando de identidad en identidad (ver pp. 214-15), de la apariencia a la disolución, llegando ésta incluso a ser literal: “entrabas en los cines y te caías derretido y te esparcías por el suelo y tu mierda nos salpicaba a todos”. El transformismo entendido como transformación energética: formas vivas, crecientes (muertos que crecen, vgr., tres centímetros al año), ígneas, tumescentes, tumefactas, maleables, que se van aleando en otras formas, a veces corporales, a veces espirituales; capaces en ocasiones de interactuar con los vivos, otras sólo invisibles, flotantes, intangibles, incorpóreas, en un proceso donde el dolor no muere, sólo se trasforma, convertido en algo inmaterial, como la mirada del narrador. Esta virtud metamórfica, así como su profanación sádica –de Sade– acercan la narrativa de Vilas a la de otro interesantísimo escritor mutante, Juan Francisco Ferré, con quien se comparten estructuras kafkianas de fondo –aquí, los perros humanizados, el fogonero Franz, el encierro, las atmósferas irreales y opresivas–. Magia no es sólo esto, en realidad esto no es más que un apunte, más que un comienzo, porque Magia es la novela de la saturación, del exceso, de la exacerbación del lenguaje, de la proliferación, de la mutación del yo y la metempsicosis del discurso místico y religioso (por eso me recuerda tanto a Oficio de tinieblas, 5), redivivo para ser torturado en plena martirología del lenguaje, como un San Sebastián atravesado con los ojos en blanco, no de dolor ni ascesis, sino de barbitúricos. Escatología en el sentido común del término, pero también en el teológico. Monjes estilitas disfrazados de escaladores de armarios (p. 194). Magdalenas putas y virtuosas a la vez. El resultado es un cruce imposible de las Visiones de Catalina de Dülmen de Cristóbal Serra con la escena batailleiana de la sacristía de Historia del ojo, las hieropatías de los fotógrafos fetichistas o los conventos de monjas de Borowcyzk o Jess Franco; una aberración de la naturaleza narrativa, como el protagonista lo es de la naturaleza humana. Disculpen este collage de referencias, pero es que Magia lo es, y el análisis quizá deba parecerse al cuerpo analizado, o debiéramos decir diseccionado, puesto que de cadáveres hablamos. Junto a esas mutaciones, no es menos decisiva la genérica, ya que esta purga del corazón de Vilas que se desarrolla entre dos Nochebuenas incluye, bajo la caja de la novela, los mimbres del relato, la divagación, el esqueje histórico, el poema, el microcuento, el poema en prosa (cf. p. 202), la escritura onírica, la automática, la metaliteraria y el apunte naturalista, en una ajustadísima sintonía entre tema y forma, que demuestra no sólo la perspicacia literaria del autor, sino su singular destreza. Otros críticos que han abordado la novela (Juristo, Pujalte, Ferré) han visto bien, a mi juicio, la tensión irrefrenable de esta novela con la vida, y la reconstrucción monstruosa –pero fiel– de la existencia urbana que en ella se hace. Todas las ciudades son iguales, nos dice Vilas en varios momentos, e iguales e intercambiables sus habitantes, como dijera también el Dickens de Great Expectations. La realidad es así, mostrenca, irracional, impalpable, aproximada, seropositiva, inexistente, enferma. Vilas lo sabe. Y su libro también. Iba a añadir que Magia es un libro arriesgado, ambicioso y valiente, pero ya he dicho antes que es buena literatura.

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Comentarios

  1. Leí hace poco esa novela de Vilas, y me quedé estupefacto. Me alegro de que la comentes; no entendí cómo la crítica no se había fijado en un texto tan radicalmente literario como ese, o a lo mejor no se fijó por eso, porque esa novela sólo es literatura y solo puede entenderse desde la literatura. Por eso me ha alegrado ver este excelente comentario, que es muy hondo. Hay una idea en tu crítica que me parece muy buena, me refiero a la idea de la inmortalidad del sufrimiento, que es un tema central, en mi opinión, de esta novela de Vilas. Aunque es una inmortalidad ideológicamente degradada. Vilas degrada todas las ideologías y todas las construcciones estéticas, esas degradaciones en masa son el foco más duro de la novela, también el mejor.

    José — 22-12-2005 13:12:29

  2. Estoy muy de acuerdo contigo en la idea de la degradación universal, tanto de especies como de conceptos, que preside la obra de Vilas. Es un "Viaje al fondo de la eternidad", por parodiar el título de Céline, aunque la noche y lo nocturno están bastante presentes, también, en "Magia". Sin embargo, no creo que sea una literatura destructiva, porque su valor principal, como bien señalas, no es una inexistente pretensión nihilista, sino una positiva, de construir, añadiendo literatura. Una obra que se presenta como literatura en estado puro no puede ser nihilista, o no del todo, al menos. Y otra cosa: revocar ideologías no puede ser nihilista nunca, sino todo lo contrario. Pero ésa es otra historia...

    vicente luis mora — 22-12-2005 14:32:32

  3. Al margen de Vilas (o quizá no): la incapacidad de la crítica española para entender una forma otra de escribir (verbigracia: la reseña de Guelbenzu de ayer: "Las correcciones" sí que es una buena novela, esto que hace el pobrecito de Foster Wallace, con tanta marca y tanta descripción..., es un buen intento, pero no buena literatura). Lamentable.

    Jordi C. — 25-12-2005 12:30:07

  4. Jordi, lo dijo Robert Juan-Cantavella en Barcelona, y quizá tenga razón: los críticos tenemos fecha de caducidad. A los veinte o veinticinco años de comenzar a reseñar deberíamos dejarlo porque, salvo raras excepciones, no podemos entender la literatura de la generación posterior a la nuestra. Guelbenzu entiende la novela moderna y la posmoderna. Pero ya no puede entender lo que viene detrás. Lo mismo nos pasará, supongo, dentro de veinte años, a nosotros. A lo mejor es una simple ley de vida, que no hemos terminado de entender. Ningún club de fútbol ficha jugadores de cuarenta o cincuenta años, y es aceptado generalmente, ¿verdad? Pues a lo mejor deberíamos retirarnos a los veinte años de experiencia crítica, para dedicarnos a la historia literaria: es decir, abandonar el análisis de las nuevas obras que aparecen y tejer una historia fiable e imparcial de aquella literatura de la que sabíamos algo, de aquellos libros que estábamos en condiciones teóricas de comprender.
    Recuérdamelo dentro de veinte años, Jordi. Para que no acabe como otros están acabando.

    vicente luis mora — 25-12-2005 20:14:18

  5. Entonces hay dos opciones: relevo generacional en Babelia (o que hablen de los nuevos autores los que saben, como Fresán); o una realidad cultural post-babelia. El soporte blog?

    Jordi C. — 26-12-2005 11:01:20

  6. El soporte blog, Jordi, es ya una realidad. Esa alternativa ya se viene haciendo desde hace meses, gracias a vosotros. Y, de todas formas, creo que Lateral viene haciendo un indispensable papel de revulsivo desde hace tiempo. No todo es cambalache, por fortuna.

    vicente luis mora — 26-12-2005 11:40:47

  7. Lo de la novela de Vilas a mí me parece un caso de "ceguera dura" por parte de la crítica oficial. Podríamos recordar otros casos siniestros de conservadurismo tecnocrático, sin duda. La crítica institucional es un poder fáctico de regresión moral, como la iglesia, como el ejército o como la escuela. Es normal que silenciasen una novela como esa, que reaparecerá tarde o temprano.

    José — 26-12-2005 20:12:43

  8. No hace falta afinar tanto, José: no olvides, nunca, la frase genial con que terminaba Monterroso "La letra e", puesta en boca de un presunto crítico, que retrataba y sigue retratando a un numeral inmenso de reseñistas: "Sólo se perdona lo que se entiende. Como no entiendo tu libro, no te lo perdono".

    Y así vamos.

    vicente luis mora — 26-12-2005 20:23:54

  9. No he leído la novela de Vilas, aunque Vicente ha conseguido despertarme el apetito. Entiendo que este asunto de la identidad que camina hacia su disolución, o de la propia literatura que camina hacia su disolución, engancha con el nihilismo como destino, al menos como se ha presentado en autores "postmodernistas" (valga la expresión) como Vattimo. ¿Estoy en lo cierto, Vicente, o encuentro similitudes donde sólo hay molinos de viento? Gracias

    Mario Cuenca — 26-12-2005 20:33:38

  10. Estimado Mario, gracias por tu participación. El nihilismo es un tema que llevo tiempo estudiando (práctica y teóricamente). Veo diferencias entre el nihilismo moderno y el posmoderno, pero tengo que darte la razón en que la visión que se desprende de la novela de Vilas es francamente nihilista. La disolución del yo, en sí misma, no es ni optimista ni negativa, es un dato fáctico que, como la lluvia o la deriva de los continentes, dependerá de sus manifestaciones particulares para valorar su aportación. En el caso de "Magia" me temo que la metanoia subjetiva no responde a parámetros demasiado optimistas para la especie humana.
    De todas formas, el nihilismo en sí no sólo no es malo, sino que le debemos gran parte del mejor pensamiento y de la mejor literatura de los últimos 150 años, aunque como creador, ahora (hasta "Nova", incluido, pensaba lo contrario), pienso que no sólo la sociedad, sino también el arte, necesitan de cosmovisiones nuevas, menos pesimistas.

    vicente luis mora — 26-12-2005 21:47:39

  11. "Con censura eclesiástica", su artículo en El País del 26 de diciembre a propósito de la reedición en Alba de una novela de Charlotte Brönte, dignifica a Guelbenzu como crítico literario. Sin extravagancias, sin forzar el quicio de las puertas, desvela un caso de manipulación editorial que demuestra, en efecto, y como él mismo dice que las preocupaciones de la iglesia católica son de orden temporal y que su reino es de este mundo. Ejemplar artículo y muy a propósito para estos días. Por lo demás, estamos hablando de un hombre que descubrió o ayudó a descubrir a Thomas Bernhard aquí.
    El artículo de Guelbenzu junto con la entrevista a Sartori (qué lucidez) en el EPS de la pasada semana demuestran que en ese periódico mortalmente aburrido y antipático todavía hay algún margen para el resplandor.
    Un saludo.

    christian law — 27-12-2005 18:58:43

  12. Estimado Christian, gracias por lo que tú crees una refutación, ya que me das la razón con un argumento incontestable: eso es justo lo que yo decía, que Guelbenzu debe dedicarse a reseñar reediciones de las Brönte y demás autoras y autores del XIX, y principios del XX. Su especialidad es esa: la historia de una literatura cada vez más lejana en el tiempo.

    La crítica de los David Foster Wallace y compañía que nos la deje a los que nos hemos molestado en estudiar las referencias con que D. F. Wallace y sus compañeros de generación escriben. Gracias por tu maravilloso argumento de apoyo.

    Eso sí, de acuerdo contigo en lo de Sartori, salvo cuando bucea en temas de multiculturalismo. En sociología de medios de comunicación y de partidos políticos acierta mucho más, es un auténtico vidente. Querido amigo, si no nos queda El País, qué podemos hacer, qué nos queda...

    vicente luis mora — 27-12-2005 22:47:31

  13. Pero los críticos también pueden resultar ilustrativos tras su periodo de "entendimiento", por decirlo así: para marcar justamente el límite (como mínimo de un modo sintomático) de lo que no entienden ya los de su generación. O por entender lo nuevo de otro modo, de un modo antiguo. Otra manera honrosa es la del crítico que no está muy seguro de sus juicios y percibe que ahí se está cociendo algo que él ya no puede entender, y lo cuenta. Recuerdo a este respecto una crítica muy bonita de Julián Marías con respecto a "Pulp Fiction", en la que más que hablar de la película, hablaba de sus propias limitaciones como crítico para con esas obras nuevas. No dejaba de ser una heróica declaración de exilio intelectual, como si el Tiempo (o la Edad) lo hubiese terminado exiliando también, como ya lo hizo la Historia.

    J. A. Montano — 28-12-2005 14:59:10

  14. Totalmente de acuerdo, José Antonio, tienes mucha razón, pero ¿acaso viste flaquear el juicio de Guelbenzu? ¿Titubea Ayala-Dip cuando destroza lo que no entiende, como las novelas de Fernando Marías o de Juan Francisco Ferré? ¿Ves temblar el pulso de algunos críticos de poesía que se quedaron en los ensayos de Gil de Biedma sobre Guillén? Ojalá tuvieran la honestidad de Julián Marías, y reconociesen que su tiempo ha pasado, o que no están -pura y simplemente- a la altura de los creadores de su tiempo. Eso no lo verás. Su pulso no vacila, ni su garganta se quiebra. Lo importante es quedarse en el machito, caiga quien caiga. Saludos.

    vicente luis mora — 28-12-2005 17:52:09

  15. A eso me refería: cuando el crítico se equivoca en su juicio de un modo indubitable, también tiene valor como síntoma. Tiene gracia que hayas citado precisamente a Fernando Marías y a Juan Francisco Ferré. Fernando Marías es amigo mío, y a Juan Francisco Ferré me lo presentó un amigo común esta primavera en Málaga. Hablamos sólo quince minutos, o mejor: habló él. Yo llevaba una camiseta ilustrada con el "Gran Vidrio" de Duchamp y Ferré improvisó una conferencia sobre el tema. Lo vi puestísimo. Saludos.

    J. A. Montano — 28-12-2005 19:26:52

  16. No me extraña. Ferré es una de las mentes mejor amuebladas de este país. En el "Mapa 7.0: poesía + prosa", que celebramos en julio en Córdoba, tuvo una intervención poderosa, erudita y original sobre posmodernismo literario. Es un sabio joven, y un escritor llamado a muchas cosas en el futuro.

    vicente luis mora — 29-12-2005 08:49:19

  17. ¿No creéis también que, de alguna forma, algunas críticas negativas son necesarias precisamente porque marcan esa diferencia y ese relevo y, de alguna forma, dan pistas sobre ambos? Como el hecho de que los términos con los que denominamos algunos movimientos artísticos hayan sido acuñados por sus detractores. ¿Cuántas obras rupturistas con respecto a la tradición inmediatamente anterior han sido reseñadas de esta forma? Quiero decir, ¿no debieran alegrarse aquellos autores que pretenden dar un salto más allá de que ciertos críticos no los entiendan (ni "perdonen")? Imaginaos al París de Duchamp rendido de forma inmediata ante su urinario o el "Gravity´s rainbow" sin las acusaciones de las que fue objeto... La lista de ejemplos puede ser infinita.
    Aún no he leído "Magia", pero casualmente estoy con "Resurrección" de Emevé; "El cielo" me deslumbró, precisamente por esa cualidad mística de la que hablas (sucia también, y quizás por ello el elemento místico, por contraste, llama la atención de forma más poderosa).

    Jose Óscar — 29-12-2005 11:01:39

  18. Sí, en efecto, el contraste es importante, precisamente hablo de eso en un artículo que saldrá mañana en el Diario Córdoba; de la importancia de la fractura y la contraposición en el arte, sea de vanguardia o no. Como sabes, en la música el contrapunto es una de las asignaturas clásicas.

    Pero creo que en la primera parte de tu comentarios mezclas dos conceptos: el de proyección de una obra (que, es verdad, se realza o estimula con los juicios adversos de los críticos desfasados o poco sensibles) y el de valoración de la misma. Yo no hablo como poeta, vertiente en la que una mala comprensión de mis libros seguramente me ayudaría (por desgracia, mi obra no suele suscitar casi ninguna crítica, ni buena ni mala), sino que hablo como crítico. Como crítico, creo que mi obligación es entender el arte de mi tiempo, para lo cual hay que estudiar ambos (arte y tiempo). La importancia de la obra de Pynchon no está en la incomprensión que generase en el momento de su aparición, sino en su excepcional calidad, en su excelencia artística. La recepción de los críticos malos es mera anécdota sociológica; es la Recepción de los buenos (le pongo mayúsculas para que no se ofendan Lledó y otros seguidores de Jauss) la que aumenta la interpretación de la obra, la que le dota de aura textual (un "aura fría", según definición de J. L. Brea) y la que le permite seguir generando, logomáquicamente, una inacabable diseminación de sentidos de hermeneusis, todas ellas válidas. Repito: ojalá mi obra poética suscite un escándalo que me vuelva millonario, sin tener que caer en transgresiones ni otros baratos trucos de mercadotecnia. Pero ojalá mi obra crítica no esté, nunca, en el lado de los desfasados. No por mi bien, sino por el de los libros analizados, que se merecen algo mejor que mi desconocimiento o desinterés.
    Gracias por venir, José Óscar.

    vicente luis mora — 29-12-2005 11:58:12

  19. excelente crítica la del último libro de Vilas en el último ABC.

    jose — 02-01-2006 12:48:07

  20. Hace tiempo que sigo este blog con gran interés desde que oí hablar de él a un amigo profesor y escritor, pero no me había atrevido a apuntar nada, quizás porque no hallaba nada interesante que aportar. No es que ahora vaya a decir nada del otro viernes, pero querría romper un lanza en favor de José María Guelvenzu, un crítico al que respeto de hace tiempo, y que en el caso de DF Wallace, a mi entender, no anduvo muy desencaminado en su postura crítica. A pesar de ser el ideólogo de la llamada Next Generation, Foster Wallace es el más flojo de todos. Y lo digo desde la admiración y conocimiento que tengo de la última narrativa norteamericana (no en vano tengo reseñados libros de Dave Eggers o Arthur Bradford), pero creo que como creador de un posicionamiento o postura literaria, FW es impecable. Pero como literato se pierde en su propia narración, se sale del tronco y divaga hasta no reconocerse en el texto, algo así como si comenzara a hablar y perdiera el hilo de lo que dice. Sus argumentos son magistrales y algunos relatos de "Entrevistas breves con hombres repulsivos" o del último "Extinción" tienen inicios prometedores que luego se diluyen en una prosa demasiado espesa, que concede mucho a la filigrana retórica. FW vale como significante de una postura de parte de la sociedad norteamericana con respecto a sí mismos, y pienso que es mejor filósofo que escritor. Nada que ver con Chuck Palahniuk, Dave Eggers, Zadie Smith, o el malogrado Tristan Egolf (que no pertenece a la estela de McSweeney's, pero que sigue postulados generacionales (si es posible hablar de una generación homogénea) a los de Foster Wallace).

    josé ángel gayol — 05-01-2006 10:55:19

  21. Por supuesto, respeto su opinión aunque no la comparto. Bastaría con las cosas que D. F. Wallace ha creado (un mero ejemplo: observe cómo en la recomendable "Proust fiction" de Robert Juan-Cantavella -Poliedro, diciembre 2005-, que acaba de aparecer, hay clarísimas influencias de Wallace) para darle un lugar preferencial en esa generación; lugar que, para empezar, todos sus compañeros, y ya es raro, le han reconocido. ¿Que a veces es espeso y difuso? Como todos los grandes narradores norteamericanos últimos, y eso no nos obsta para reconocerla, sin dudas, como la literatura mundial más fuerte, con mucha diferencia sobre las otras. Ojalá tuviéramos aquí un Wallace, con sus errores y abundosidades. Pero repito: no está usted solo en tu opinión, y ésta viene fundamentada. Gracias a Dios o a Internet, aquí podemos discrepar amable y libremente. En Babelia, ABCD o El Cultural no podría hacerlo... Un cordial saludo.

    vicente luis mora — 05-01-2006 11:32:54

  22. Gracias por la respuesta, en la que encuentro dos puntos de unión contigo (me atrevo al tuteo y ruego el mismo tratamiento, pues con 28 años recién cumplidos me siento un poco mayor para el usted): primero, que Wallace es el ideólogo de una generación y lo referencian así sus propios colegas, lo que dice mucho de él (aunque para mí sea excesivamente "vaporoso" como escritor); y segundo, que deberíamos tener alguien en España que fuera su alter ego. No hay duda que ello ayudaría a dar más dinamismo y acritud a la escena literaria actual. De todas formas, me permito apuntar el autor que me citas para leerlo.
    Un saludo y felicidades por este punto de encuentro literario.

    josé ángel gayol — 09-01-2006 14:21:48

  23. Querido José Ángel, tienes razón, deberíamos tener un Wallace entre nosotros. En realidad todas las literaturas deberían tenerlo; pero el hecho de que sólo lo tenga la norteamericana es muy significativo, o así me lo parece. Estamos a años luz de esta gente. En estas semanas aparece en DVD el "Autorretrato en un espejo convexo" de John Ashbery, por fin completo, con traducción de Jiménez Heffernan. Ashbery, como sabes, está vivo (enfermo, creo, pero aún vivo y activo en Nueva York). ¿Qué poeta, no ya español, sino europeo o hispanoamericano, puede comparársele? Y no hemos hablado de Pynchon, de Jorie Graham, de Coover, de los críticos Bloom y Steiner (nacionalizado norteamericano), etc., etc., etc...

    vicente luis mora — 09-01-2006 18:34:31

  24. Como Ashbery, ninguno, con todos sus defectos. A veces no apreciamos lo que tenemos cerca. Como lector norteamericano, no me interesa DFW para nada, por ejemplo. Veo que a Auster se lee mucho en Europa. Aquí es un escritor respetable, nada más. Tal vez debería leerlo algún día. La poesía española contemporánea no es inferior a la norteamericana, simplemente contiene menos variedad estílistica.

    Jonathan Mayhew — 09-01-2006 18:58:20

  25. Humm, estimado Vicente, no sé muy bien qué decir sobre tu comentario porque abres las posibilidades del diálogo prácticamente al infinito. Podríamos hablar largo sobre el tema, aportando ideas en brainstorming sin llegar a ningún puerto (salvo el del enriquecimiento mutuo que se adquiere con la conversación).
    Que Ashbery es una referencia de la poesía contemporánea, es indudable. Que la poesía española actual no se puede comparar con la norteamericana, puede que sí, o puede que no. Muchos dirán que hay grandes poetas en España, y no creo que anden desencaminados; pero lo que quiero decir con tanto circunloquio es que preferiría no comparar. Me gusta opinar (que no pontificar ni aseverar con rotundidad) sobre un autor u otro, pero decir que Pynchon es mejor que Vila-Matas, o Ashbery mejor que García Montero... No sé, tampoco digo que no, pero me resulta artificial. Cada autor da lo que tiene dentro, se lo brinda al lector y el lector escoge, e incluso los críticos y académicos encumbran a unos y zahieren a otros en función de afinidades o gustos personales (sobre ello volveré).
    Por otra parte, cada país tiene su época y sus generaciones. ¿Qué podría decir la poesía norteamericana a la Generación del 27? ¿O la narrativa norteamericana a la Generación del 98? (no estoy comparando)
    Por cierto, que Baroja no está incluido en el tan traído y llevado "Canón occidental". Lo que me lleva a que la tradición ensayística literaria de los EEUU está más desarrollada quizás que la hispana, y aún así hay grandes estudios literarios (a mí me viene a la mente, sin ir más lejos, "Ficción continua" de José María Merino, publicado el año pasado) en el ámbito hispánico que merecen ser leídos como propia obra de ficción metaliteraria y ensayo a la vez. Harold Bloom, por ejemplo, es un gran estudioso de la Literatura, pero deja de lado mucho de la literatura en castellano, que es (y aquí sí soy categórico) comparable a la escrita en inglés, e incluso puede que más rica. No añado más sobre el "Canon occidental" porque es claramente deficiente en su listado de autores (algunos completos desconocidos) y no tiene sentido atacar la obra, que en su desarrollo analiza con lucidez multiples aspectos de la creación literaria.
    Bueno, no me extiendo más. Sólo un último apunte al comentario de Jonathan Mayhew. Auster me gusta. Desconozco qué repercusión tendrá en EEUU. A lo mejor sólo es un escritor más, pero lo que he leído me ha gustado (salvo "La noche del oráculo", que parece escrita a falta de nada mejor que hacer). Y tampoco creo que la poesía española contemporánea tenga menos variedad estilística que la norteamericana. Aunque todo esto son opiniones mías muy matizables, porque ya señalé al principio que se habían tocado aspectos demasiado imprecisos quizás. Un saludo

    josé ángel gayol — 10-01-2006 12:02:06

  26. No tengo ningún problema en conversar contigo, José Ángel, incluso ad infinitum, porque ése es uno de los objetivos de esta página: enriquecerla con vuestros comentarios. Mis ideas ya las conozco y me aburren mortalmente, salvo los escasos momentos en que me surge una nueva y valiosa (por desgracia, no recuerdo la última vez que pasó). Pero discrepo de tu argumento, por supuesto. Decir que no es posible (o siquiera recomendable) comparar a Vila-Matas con Pynchon o a Ashbery con García Montero es insostenible: elimina el trabajo crítico que, en parte (subrayo lo de en parte), es también jerarquizar y situar mediante criterios de excelencia. Pynchon es muy superior a Vila-Matas, como éste es infinitamente superior a Maruja Torres o a María de la Pau Janer. Creo que esto que digo no admite discusión. Creo que Ashbery es muy superior no ya a García Montero, sino a cualquier poeta español vivo. Lo digo como crítico y como poeta español vivo. Y creo que Bloom, con todas sus limitaciones y sus anglofilias, es infinitamente mejor crítico que yo y que la mayor parte de los críticos españoles. El factor de edad, desde luego, tiene mucho que decir, pero tampoco es discutible que Bloom sabe más de literatura que la mayoría de nosotros, salvo Claudio Guillén, Pozuelo, Rico, García Berrio y otras destacables excepciones. No querer parangonar culturas y literaturas me parece algo anacrónico, José Ángel. ¿Descartas, entonces, por completo, las aportaciones de la Literatura Comparada, los juicios de valor realizados por treinta o cuarenta generaciones de críticos occidentales? ¿Cervantes no es parangonable, no se le puede situar respecto a Jaime Bayly? ¿Puedes decir, seriamente, que José María Merino no es más valioso que Ray Loriga, o que Carmen Martín Gaite no daba sopas con onda a Rosa Montero? ¿Shakespeare y Updike valen igual, han aportado igual a la cultura occidental, a la literatura en lengua inglesa? Con todos mis respetos, José Ángel, no creo que de verdad opines así. Como lectores, a lo mejor no tenemos necesidad de comparar, de baremar, de jerarquizar. Pero como críticos, al menos así lo entiendo, en un sistema editorial que perpetúa las confusiones de valor y precio, que disuelve el talento con números de ventas, que asocia la calidad a la presencia en medios, y entiende el "totum revolutum" como progreso "democrático", mi ética (y mi poética) revindican la diferencia, la necesidad absoluta y perentoria de reconocer las singularidades, la existencia incontrovertible de una alta y una baja cultura, la existencia de una literatura superior sobre otra cosa que se vende como literatura pero que no lo es o que, al menos y en la mayoría de los casos, no lo es en la misma medida. Si la labor del crítico es, según una de sus definiciones clásicas, la mediación entre el autor y el público, estimo que esa mediación responsable es, precisamente hoy, más necesaria que nunca. Ese crítico, cualquier crítico, tiene la obligación de decirle al lector que, entre un libro de José María Merino y otro de J. K. Rowling, opte siempre por el primero. Que ante la posibilidad de regalar narrativa a una persona, opte siempre por un título de Anagrama o Seix Barral o Tusquets, mejor que por uno de Alfaguara o de Planeta. No porque no haya excepciones de alta o baja calidad en todos los sellos, sino porque seguro que, estadísticamente, acierta más. Si no estamos para eso, José Ángel, ¿para qué servimos los críticos? Si todas las opiniones valen lo mismo, y todo lo escrito no es comparable, ni jerarquizable, ¿qué más da leer un libro que otro? ¿Para qué te gastas 20 euros en leer a Auster, si hay libros de saldo de Marcial Lafuente a dos y medio? Lo siento, no estoy de acuerdo contigo. Esta es mi opinión. Quizá es normal que en un país de 260 millones de personas haya más escritores (y por lo tanto, mayor posibilidad estadística de que se cuenten entre ellos mejores) que en uno de 42, pero, hoy por hoy, la literatura norteamericana me parece muy superior a la española. Leo con insistencia las dos, y el mero conocimiento de esa mínima parte de lo norteamericano que nos llega, me parece, por sí solo y sobre todo en narrativa, esencialmente superior, más arriesgado, en algunos casos (Pynchon, DeLillo) más profundo humana e intelectualmente, está mejor escrito y sus materiales son, aunque hablen a veces de cultura basura, más duraderos que la mayoría de los nuestros. Como lo pienso lo digo. Y no creas que no me duele, como escritor español que soy. Los chauvinismos son siempre pobres, pero en temas culturales eliminan a uno del debate, por su congénita cerrilidad. Leyendo no tengo tiempos, ni espacios, ni entiendo de geografías. Estos aspectos aparecen después, cuando uno elabora mapas de calidad y comienzan, no por casualidad, a coincidir con los territoriales. Lo que es excelente es excelente, y punto, y por su valor deberá medirse lo demás. Sostener lo contrario es caer en el vacío de cierta posmodernidad, la menos interesante, para la cual todo vale. De eso nada. Para ese viaje, no hacen falta las alforjas de la crítica. Pero yo creo, espero, que estemos en otro viaje. Si no fuera así, cerraba el blog y mi trabajo crítico antes de comer. Y es la una y veinte.

    vicente luis mora — 10-01-2006 13:25:17

  27. Poner a García Montero como el mejor de los españoles os desprestigia bastante. Es la pura mediocridad, y no soy el único en opinar así.

    No creo que Ashbery sea superior a Gamoneda, por ejemplo. No es superior a Claudio Rodríguez. Aun si decidimos que sí, se trata de una comparación entre autores insustituibles. Ashbery no tiene lectores más devotos que yo. Poseo todos sus libros, pero sale con uno nuevo cada dos años y se repite mucho.

    Bloom desconoce la poesía americana escrita por menores de 50 años. Tal vez es más fácil esa admiración al otro lado del charco.

    Jonathan Mayhew — 10-01-2006 16:32:29

  28. Querido Jonathan: yo no he puesto a García Montero donde dices. Lo ha puesto quien hizo el primer comentario. Espero que responder a alguien no me desprestigie. Y he hablado de Bloom, textualmente, con sus "limitaciones". Con ellas y todo, reconozco mi admiración por Bloom, como admiro a Steiner, lo que no quiere decir que secunde todo lo que digan o lo que hagan. Y repito: ojalá tuviéramos quince o veinte Blooms en la Universidad española.

    vicente luis mora — 10-01-2006 18:11:57

  29. No fue mi intención incluirte personalmente en el "os desprestigia." Eso fue dirigido al otro comentarista y otros que quizás piensen igual. Perdóname el malentendido; se me escapó esa segunda persona del plural.

    Como Bloom no hay otro. ¡Que tuviéramos 15 clones de él nosotros también, con todos sus defectos! Steiner también es una figura valiosa, especialmente por su libro sobre la traducción.

    Jonathan Mayhew — 10-01-2006 18:31:13

  30. No problem, Jonathan. Me imaginé después que había alguna confusión. Saludos.

    vicente luis mora — 10-01-2006 21:30:47

  31. Bueno, me gustaría analizar varias cuestiones: en primer lugar, señalas Vicente que "elimina el trabajo crítico que, en parte (subrayo lo de en parte), es también jerarquizar y situar mediante criterios de excelencia". Aquí pienso que la crítica debe ir dirigida a enjuiciar, y subrayo "enjuiciar", mediante criterios de excelencia, pero no situar mediante estos criterios. Pienso que ningún crítico sitúa nada, sino que es el tiempo el que pone a cada uno en su sitio. El crítico tiene unas exigencias personales que quiere ver satisfechas y la comparación entre autores sólo debe servir para enriquecer. Por ejemplo, soy un gran admirador de la literatura sueca (Strindberg, Aspenström, Lindegren, ... en poesía, o Söderberg, Vilhelm Moberg en narrativa) y no se me ocurriría compararla con la literatura española, y sin embargo, cuánto se puede aprender de estos autores... Comparar sí, pero jerarquizar no.
    Ojo, es posible jerarquizar entre literatura y subliteratura (entre Auster y Pau Janer (por cierto, que menudo ejemplo me pones, son como del cielo al infierno)) e incluso es posible comparar entre Shakespeare y Updike, e incluso jerarquizarlos, porque el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. Pero, ¿es posible elegir entre Cervantes y Baroja? Puede que Cervantes esté "por encima" (nótese que lo entrecomillo), pero la novela española no sería lo mismo sin la aportación del vasco.
    La Literatura Comparada tiene el valor (al menos hasta donde alcanza mi interés) de analizar los flujos de relaciones que se establecen entre autores de diversas lenguas y culturas, porque precisamente en ese flujo esta parte de la evolución de la Literatura. La fuerza del enriquecimiento que aporta una conversación entre dos personas se maximiza cuando el diálogo se realiza con el libro de un autor extranjero.
    Apuntas que la labor del crítico es mediar entre el autor y el público, y citas editoriales recomendables, unas más que otras. Totalmente de acuerdo en los sellos que recomiendas, incluso añadiría algún título de Alfaguara que merece la pena (de Planeta no merece la pena casi nada, por no decir nada). Discrepo contigo, sin embargo, en la concepción de esa mediación a la que aludes. Cuando escribo una crítica lo hago para recomendar un libro que me parece que merece ser leído. Le digo al lector: "léelo, es bueno, te va a aportar cosas". No le digo que lea éste antes que aquél, porque es mejor o peor. Cada lector tiene sus gustos y apetencias, y el crítico, más que jerarquizar, debe indicar aquello que merece la pena. Puede que "Ulises" de Joyce sea una obra maestra, pero probablemente me moriré sin haberlo leído, y me he leído el Quijote un par de veces, y ciertos pasajes alguna más. ¿Es que los lectores deben leer por orden de más a menos los libros que recomiendan los críticos (qué crítico, por cierto) en una suerte de ranking de los 40 Principales? ¿Acaso el crítico debe decirle al lector que lea a Pynchon y se olvide Julien Green? ¿Y si a mí como lector me interesa más Marco Vichi y sus novelas negras que las reflexiones infinitas de Andres Trapiello (con todo mi respeto a Andres Trapiello)?
    A mi entender la labor del crítico no radica en jerarquizar (salvo para diferenciar entre literatura y lo que sólo es apariencia de ello), sino en regalarle al lector "el descubrimiento". Cuando cojo un suplemento o una revista literaria y leo una reseña, quiero que el reseñista me "descubra" el Libro, me abra la puerta a obras de las que no haya oído hablar, o sobre las que no tenga una opinión formada.
    La definición del buen crítico (es mía y discutible) es la del riguroso explorador que aleja de sí mismo sus gustos personales para indicar aquello que merece la pena ser leído. El tiempo de que disponemos es lamentablemente limitado, y sólo podemos ocuparlo en algunos libros.
    Qué duda cabe (estoy de acuerdo contigo) en que las editoriales venden el libro como producto, sin entrar a valorar la calidad de lo que proporcionan. ¿Pero no hay también restaurantes de comida rápida? La función del crítico no es decir que un restaurante es mejor que otro, sino descubrirnos la excelencia de la comida literaria norteamericana, española o sueca. Que una es mejor que otra. Puede que sí. Pero me parece irrelevante. Lo mejor es comer un día con Don DeLillo, y otro con Auster, y otro con Eduardo Mendoza, o Dorothy Parker, o Carlos Marzal, o Ángel González... o Vicente Luis Mora. Si es buena literatura todo alimenta (María de la Pau Janer no, por favor, indigestiones las justas). Entre Merino y Rowling, yo también elijo el primero. Pero ¿entre Merino y Vila-Matas? ¿Tenemos que jerarquizar? ¿O mejor aprendemos de lo que ambos nos enseñan como escritores?
    A lo mejor la literatura norteamericana es mejor hoy día por razones estadísticas (como bien señalaste) que la española, pero también a principios de siglo eran más habitantes y reitero mi "comparación" (permítaseme la excepción) entre la literatura española de entreguerras (aunque no participásemos en ninguna) y la literatura norteamericana de la misma fecha. Como bien dices, en literatura no se puede poner barreras geográficas, y "los chauvinismos son siempre pobres". No seamos chauvinistas de la literatura norteamericana entonces.
    "Lo que es excelente es excelente, y punto, y por su valor deberá medirse lo demás". Ahora la cuestión es: ¿dónde está el patrón metro?, ¿en qué museo lo vamos a encontrar?, ¿quién tiene la sabiduría omnisciente de construir ese patrón metro?
    Creo que voy a terminar. Probablemente no estemos tan alejados de posiciones como crees. Ah, y García Montero no es el mejor de los poetas españoles vivos. Era sólo un ejemplo de poeta español vivo. Si Jonathan lo prefiere me referiré a mi paisano Ángel González. Tampoco quiero entrar a discutir (o comparar) quién es el mejor en el Parnaso español. Parafraseando a Melville, "preferiría no hacerlo".

    josé ángel gayol — 11-01-2006 10:52:08

  32. Bueno, queda clara tu opinión, pero sigo discrepando con ella. Además hay puntos en los que no puedo estar nada de acuerdo. No puedes decir que sí es posible jerarquizar a Shakespeare y Updike "porque el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio".Pero si Updike está vivo... ¿qué tiempo ha pasado, si mañana mismo puede publicar un nuevo libro? Como te decía, yo arribo al criterio geográfico como consecuencia, como recuento estadístico, no como punto de partida. Y respecto a lo de Ángel González, te contesto y creo que puedo contestar por Mayhew: hay del orden de quince o veinte poetas españoles vivos superiores. Y eso que hay poemas, incluso libros de él, que me encantan. Pero la alta poesía (o poesía fuerte, según terminología de Bloom) es otra cosa. Aunque ésa, como decían Conan y alguien más, es otra historia. Pero gracias, José Ángel, por venir y discrepar, así fortalecemos ambos nuestras posturas. Un cordial abrazo.

    vicente luis mora — 11-01-2006 11:37:14

  33. Gracias a ti. Chau.

    josé ángel gayol — 11-01-2006 12:21:51

  34. Claro, los que prefieren a poetas como LGM, Angel González, son los que siguen otra "línea." Como, por ejemplo, poner Auden por encima de Frank O'Hara, o Gil de Biedma por encima de Claudio Rodríguez. Es otro concepto de la poesía, que no compartimos Vicente ni yo.

    Baroja no tiene importancia fuera de España. Es decir, yo nunca recomendaría a un amigo: "Aprende español para leer a Baroja." (Como yo aprendí español para leer a Neruda y a Lorca). Con Cervantes sí. No creo que estén en la misma categoría Baroja y Cervantes.

    Jonathan Mayhew — 11-01-2006 19:53:44

  35. Saludos. Regreso a mi comentario sobre la crítica española de suplemento y la nueva narrativa. Su incapacidad. No es un ataque al hombre, sino a los textos. Por ejemplo, este fragmento de hoy del libro de Javier Calvo en El Cultural. Que prosiga el debate.
    Hay tanta literatura en estas páginas –tanta metaliteratura, tanto intertexto, tanta cultura pop que fluye por los entresijos de cada línea, que el lector acaba por fatigarse de tanto juego y por reclamar en silencio algo más directo, menos sometido a filtros, menos condicionado por creaciones ajenas. Incluso un relato tan vinculado probablemente a experiencias personales como “Crystal Palace”, donde la adolescencia en un centro docente es un motivo esencial, acusa una excesiva frialdad distanciadora que merma en buena medida su eficacia.

    Calvo es un excelente escritor, con pocos deslices en su prosa (“no hace ninguna mención a la Historia ni a lo que viene después”, p. 171; algún catalanismo como “se aguantan de pie”, p. 189), que a veces utiliza con exceso los hallazgos como elementos iterativos: “un estudio y una casa [...] decepcionantemente poco inquietantes”, p. 193; “las paredes decepcionantemente poco inquietantes”, p. 194; “la atmósfera decepcionantemente poco inquietante”, p. 196; “tratados legales, decepcionantemente poco inquietantes”, p. 199. Para acomodarse a la impregnación literaria del autor, podría recordarse algo de lo que Ortega y Gasset escribió en 1904, a propósito de la publicación de la Sonata de estío, de Valle-Inclán. El entonces joven crítico hallaba en el escritor exquisitas muestras de “química fraseológica”, y confiaba en que alguna vez dedicaría su “noble estilo” a contar “cosas humanas, harto humanas”. En estas líneas, el comentario de Ortega resultaría tal vez un intertexto oportuno.

    Ricardo SENABRE

    Jordi C. — 12-01-2006 14:26:46

  36. Hola a todos. Este es un mensaje especial para José Ángel Gayol. Soy una gran admiradora tuya....me leo todos tus artículos de la revista Clarín y quiero felicitarte por tu premio de poesía. Enhorabuena. Lo estas haciendo muy bien.(tb en el ayuntamiento). Recuerdos. Una admiradora.

    cristal — 19-01-2006 20:45:04

  37. Gracias, cristal. Pero si me dijeras quién eres a lo mejor podía recibir mejor tu felicitación, siempre me gusta saber con quién hablo. un saludo

    josé ángel gayol — 20-01-2006 09:02:00

  38. (Lo primero perdon por la carencia de tildes y demas signos castizos, pero por desgracia el ordenador desde el que escribo esto no me permite escribirlos.)

    Confieso no haber leido todos los comentarios, pero hay algo de los que he leido que no me gusta. Hablar de mejores y peores, de jerarquias y escalafones, resulta francamente inaceptable. La literatura no son las olimpiadas, o una liga, o un playoff. Aunque, por desgracia, eso es lo que piensa la mayoria de los escritores, en especial los poetas de las ultimas decadas. Parece como si eso de llegar a las historias de la literatura, a los suplementos, etc., es decir, eso de ocupar los espacios, hoy dia fuera mas importante que los textos mismos. Los nombres, y no los textos. Y asi pasa, que los poetas se preocupan mas por tomar posiciones que lo que supuestamente les define. Poeta es aquel que escribe poesia, y no aquel que escribe un poemario y luego se pasa a la critica, es decir, a la batalla por crear y ocupar espacios de opinion.

    Juan Miguel Lopez — 09-02-2006 13:45:05

  39. Respeto tu opinión, Juan Miguel pero, desde luego, no la comparto. Respecto a lo de la jerarquización, ya he respondido en otros post de la página. Respecto de tu imagen del crítico como "poeta que escribe un poemario y luego se pasa a la crítica", no sé por quién irá, pero yo llevo haciendo crítica desde 1994 y publicando poesía desde 1999, así que es obvio que no va por mí. Ni entiendo la crítica, por supuesto, como "batalla por crear y ocupar espacios de opinión". Eso puede ser un efecto colateral (sobre todo, si no hay espacios libres), pero no el fin de la crítica. Saludos.

    vicente luis mora — 09-02-2006 14:22:53

  40. Aunque aquí se estaba hablando de la novela "Magia", de Vilas, me gustaría hablar de su nuevo poemario, titulado "Resurrección", y que ha publicado Visor. Me parece un libro interesantísimo, y sobretodo es un libro "democratizador" de la experiencia poética. Se sitúa en un punto de confluencia entre el realismo y el misticismo, creando algo que podríamos llamar un "realismo trascendental", que es nuevo en la poesía española. El último poema relata la experiencia de Nueva York, que es hoy en día la experiencia del mundo globalizado y cosificado. Os animo a leer este libro, creo, honestamente, que no os va a defraudar. Ya me diréis, saludos.

    José — 15-02-2006 09:42:32

  41. Hola me gustaria saber, en que libro de el Sr. Vicente Luis Mora, cuenta historias de la Linea 6 del Metro de Madrid. Es que no consigo saber como se titula el libro. Si me podeis ayudar alguien, muchisimas gracias. Un saludo

    Sara — 01-03-2006 09:43:10

  42. El libro se llama "Circular", Sara, y está publicado en Plurabelle. Saludos.

    vicente luis mora — 01-03-2006 10:48:55

  43. Manuel Vilas es lo mejor posiblemente de la literatura española actual. No sólo libros de poesía, como El cielo o Resurrección, sino la narrativa que encierran obras como Zeta y Magia son una apuesta de futuro: de futuro en el sentido de la atemporalidad de una obra cada día más ambiciosa, cada día más radical, con perspectivas de no venirse abajo nunca, sino de aguantar el tiempo, el puñetero paso del tiempo, con la calidad de unos textos inigualables. Vilas en el mundo de las letras es un lujo que no debe perderse nadie que ame esa manía (¿funesta?) de leer. Ni los escritores podemos olvidarnos de Manuel Vilas: referencia personal de cualquiera que se atreve a pergeñar unas páginas.

    jose maria pérez álvarez — 18-04-2006 14:33:59


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