Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

12-12-2005 21:47:45

Cuidado, que Fais muerde

Categoria: GeneralVicente Luis Mora


Michel Fais
Historias enterradas (vivas); Berenice, Córdoba, 2005


La diferencia entre los cuentos de terror y los cuentos de miedo es que aquellos son un género y estos una rara especie. Los de terror se leen con previsibilidad, con bastante hastío, con una sonrisa defensiva. Los libros de miedo se leen de manera nerviosa, inquieta; quitan el sueño, te incomodan en la silla, te hacen arremolinarte en el sillón, te expulsan de la lectura, para volver al rato indignado. Se cierran con un suspiro de alivio. Sólo muy de cuando en cuando encuentra uno libros de miedo, esos que sobresaltan el espíritu y abren una brecha en las tripas por donde sale la entraña. En menos de un año he tenido la suerte de leer dos: el poemario Heridas, de Jesús Aguado, y los relatos de Historias enterradas (vivas), de Michel Fais.

Como pasa con algunas películas de Woody Allen, es recomendable no conocer algunas de estas historias al mismo tiempo que tu pareja. Como algunas películas de Bergman (o algunas de Michael Ninn), mejor no oírlas con la familia cerca. Como algunos poemas de Celan, mejor no leerlas solo, de noche, por si los fantasmas de la autoaniquilación te visitan de pronto. En la mayoría de estos relatos implacables aparece el lector desnudo, ajado, desvestido de su retórica de defensa, de sus máscaras sociales. Los cuentos son espejos, y ya sabemos lo que dijo Lichtemberg sobre asomarse a un espejo, si éste es un libro. Si accede, lector, como le recomiendo encarecidamente, al contenido de Historias enterradas (vivas), corre usted el peligro de reconocerse. De ver su cara y la de los suyos. De pensar que Fais se ha inspirado en su relación de pareja. De hallar por todos los rincones a su padre. De temer que su madre esté leyendo a sus espaldas. Corre usted el peligro de pensar que Fais ha monitorizado su mente, porque su mente, lector, es la almendra del relato. Es su vida la que está enterrada aquí, viva, como el horroroso relato de Poe. Como en este cuento del autor de El cuervo, no está el protagonista muerto, y eso precisamente convierte todo en terrorífico. La lucha entre lo existente y lo extinto, la tensión ínsita al neologismo “extintente”, que quizá definiría estos relatos de Fais, nutre a sus cadáveres de salud excelente, extincelente. Un libro donde no necesitamos que los personajes estén muertos para tratar con nuestros fantasmas. Un libro en el que algún personaje visita periódicamente la tumba de un familiar, para defecar en lo alto. Un libro en el que puede leerse algo como esto: “¿Con quién hablamos cuando hablamos con nosotros mismos sobre nosotros mismos?” (p. 76). Y hay cosas peores.

Y si asombroso y terrible es el contenido, no menos asombroso es el despliegue de medios técnicos de que Fais hace gala, en un libro de apenas 160 páginas, que merecidamente obtuviera en 2000 el premio Nacional de Relato Griego. En “Halima, Desdémona, Bubú”, uno de los narradores de la historia es un gato. Uno de los textos es un monumental diálogo con el que Bergman haría una escena maestra. Otros, como “Cuatro hombros para Sakis”, son auténticas novelas jibarizadas. Habrá que reconocer que algunas piezas, como “Extremidades superiores e inferiores”, son más flojas que el resto. Pero es que si Fais –o cualquier escritor vivo– fuese capaz de sostener el ritmo y la calidad de un texto magistral como el relato “Historia enterrada (viva)”, entonces estaríamos ante alguien que haría preciso fundar una nueva historia universal de la literatura. Al final del libro hay cincuenta microcuentos estremecedores, hijos de la pura observación de paseante, como declara Fais al principio. Lean, y díganme si están habituados a esta fascinante capacidad de introspección social y psicológica:

23
En los columpios del parque infantil del Zappeion una niña está colgada de la barra horizontal. De repente, sin parar de columpiarse, empieza a gritar “socorro”, imitando por momentos una voz masculino, por momentos la de un dibujo animado.
Un instante después, de detrás de los arbustos aparece una mujer. Sin decir palabra, se sube con ímpetu la cremallera de la falda y empieza a abofetear a la niña hasta partirle la nariz.

32
¿Por qué se peina un yonqui, por qué lee el periódico un mendigo, pregunta la hora un chiflado? Evidentemente, no para ponerse guapo el primero, ni para enterarse de las noticias del mundo el segundo, ni para organizar su agenda el tercero.
Los tres se esfuerzan por aferrarse, como a un clavo ardiendo, a una costumbre humana.

28
La triste y fea cajera del súper golpea el paquete de las monedas contra la caja registradora de la misma forma que golpea los huevos contra el borde de la fuente para ligarlos con el caldo de gallina y el limón, para el padresí, para el hermano sí, para el marido no, para los hijos no. ¿Y cómo es eso? Pues porque no hay, porque no habrá un marido para el que romper los huevos contra el borde de la fuente, ni hijos que la observen mientras rompe los huevos para ligarlos con la sopa. Por eso, conforme pase el tiempo, se volverá cada vez más fea, cada vez más triste, y con la rabia de esta certeza golpeará el paquete de las monedas contra la caja la triste y fea cajera del súper, pensando que rompe los huevos para ligarlos con el caldo para la familia que nunca tendrá.


Yo no.

Trackbacks

Trackback URL para este post

Comentarios

  1. Qué bien escribe el tal Fais en castellano. Es lo que más aterra, que encima sea griego y Vicente lo lea así de bien en castellano sin reparar siquiera en el mérito, o demérito, de Julia Osuna y Esther Cruz. Qué lástima que no se mencione la labor de ambas traductoras, y que sigamos pensando que leemos en extranjero todos asík de bien sin que medie un trabajo seguramente bien hecho. Qué punto prepotente. Por suerte, qué fácil de corregir en ulteriores referencias a la literatura traducida que nos nutre, digo yo.
    Aunque, si bien se piensa, también Caballero Bonald traduce sus textos de un original no fijado, que sólo él conoce, aunque bien sale mencionado su trabajo en la forja del lenguaje y en el yunque del poema, por más que mal se calibre.

    MIguel Martinez-Lage — 13-12-2005 18:26:36

  2. Estimado y vehemente Miguel, tuve la suerte de ver a Julia Osuna hace tres días (trabaja cerca de mi casa) y felicitarla personalmente por el trabajo de traducción, esto es: por lo que entiendo que ha debido ser ese trabajo ya que, por desgracia, no sé griego. Pero, a la vista del resultado final, me hago una leve idea del infierno que ha tenido que ser acomodar al castellano construcciones tan complejas como las que utiliza Fais, y así se lo hice constar. Parece que felicitarla en persona no es suficiente. Me congratula que defienda de tal modo a sus compañeros de oficio, el corporativismo –siempre lo he dicho- es sano, y ojalá lo tuviéramos más los escritores. El día 23 almuerzo con ella y con otros amigos comunes: repararé mi falta y le prepararé una felicitación por escrito.
    Espero que perdone mi arrogancia, don Miguel. No sabía que no hablar de la traducción significara un gesto de prepotencia. Tendré que revisar en el blog cada una de mis prepotencias, y pedir perdón por cada vez que se me haya olvidado aplaudir la labor de un traducción, sea de náhuatl, chino o ruso, aunque no tenga ni idea del idioma original, ni pueda comprobar si es buena o mala. Yo pensé que esa labor era la del editor, qué cosas. Y que uno, como crítico, sólo puede y debe hablar de la traducción cuando pueda juzgarla de verdad, conociendo el lenguaje “a quo”, y teniendo a mano un ejemplar del original.
    Pero tengo una última y creo que pertinente pregunta, que seguramente muchos lectores de este blog lleven haciéndose un tiempo, señor Martínez-Lage, querido Doctor Orr, admirado coleccionista de disfraces y avatares y seudónimos: si tan prepotente soy, si tan mal crítico, si tan incapaz de ponderar las excelencias de Vila-Matas, si tan incapacitado para calibrar, ¿por qué sigue usted entrando en esta página, por qué tanto empeño en querer dar lecciones, por qué esta "ansiedad de existencia"? ¿Por qué, si nada de lo que aquí hay suscita su conformidad, sigue molestándonos?
    ¿Acaso -y disculpe la prepotencia, y refiriéndome a mis lectores, y no a mí- teme usted que entrar en este blog sea la única manera de que sus opiniones literarias sean leídas por personas inteligentes e interesantes? ¿No tiene usted otro foro? Ah, ¿que sí? Pues quédese allí, buen hombre. Déjenos abandonados en nuestra ignorancia. A nuestra edad, ya no tenemos remedio.

    vicente luis mora — 13-12-2005 19:01:45

  3. Siempre estamos a tiempo de corregir virtudes y cultivar otros vicios.
    Por otra parte, de corporativismo nada. Me limito a señalar lo evidente: al César lo que es del César, y a Dios muy buenas. Además, la mujer del César ya sabes que no sólo debe ser honrada, sino que también debe parecerlo. Si encima conoces a una de las traductoras de Fais, tiene más delito no hacer constar ni siquiera su nombre en una reseña de un libro que te ha gustado, y te ha gustado por los méritos del autor, pero gracias a sus traductoras. Para hacer aprecio no hace falta saber lenguas: una buena traducción se paladea en la lengua en que se lee. El cotejo entre las dos obras es harina de otro costal.
    Y la costumbre de criticar al crítico, si es para bien, ya se practicaba en este foro antes de que llegara yo. Eso sí, citando su nombre mal, para variar: Ayala-Dip, no “Dyp”.
    De nada.

    Miguel Martinez-Lage — 14-12-2005 10:26:53

  4. Sólo faltaría, que no se pudiera criticar al crítico. De otra manera, ¿para qué permitir comentarios? En la mayoría de blogs o están prohibidos (mira el de Álvaro Valverde, quizá bien que hace), o no se responde (consulta el de Arcadi Espada, entre otros miles). Pero basta, Miguel, no merece la pena. Hay gente que viene aquí a sumar (se puede criticar aportando), y otros a restar. Tú sabes en qué grupo estás. Y se llame Dyp o Dip, es un crítico desorientado, y eso es lo que importa, más que la correcta escritura de su nombre. Y adiós, Miguel, no necesitamos tus lecciones. Dalas en tus otros foros de expresión, si es que los tienes.

    vicente luis mora — 14-12-2005 11:30:33

  5. qué miedo, creo que mañana no despertaré... aquí se viene a reír nada más sano como restar... hasta la extinción.

    obscur — 14-12-2005 22:31:10

  6. Eso: ¿para que´permitir comentarios? Acabas de borrarme uno en los que, sinceramente, no creí haber faltado a las formas. Solo ponía el dedo en la llaga de vuestros falsos buenos modales que encubren un gran amor al ascenso por los peldaños del Parnaso. Al tachar un comentario como el mío te retratas. Pero no sé por qué me sorprendo: las hordas valentianas siempre habeis sido voraces y despiadadas.

    Agorero — 15-12-2005 13:06:57

  7. Te he borrado el comentario porque había una acusación referente a "lamer culos" que no es precisamente "guardar las formas", por lo menos según la educación que recibí. No ponías el dedo en ninguna llaga, porque ni Mayhew es poeta (con lo cual no puede ascender en ningún Parnaso), ni yo estoy interesado en hacerlo, como bien podrás comprobar el año que viene, cuando aparezca un polémico libro de ensayos en el que pongo a ese Parnaso en su sitio.
    Y otra cosa: si tacho un comentario impropio no me retrato yo: os retratais tú y tu poca educación. Y no pertenezco a ninguna horda, ni valentiana ni caballerobonaldiana ni de otros, pues no necesito de grupitos; y, por ende, voy dando la cara y de frente, no como tú, resguardado, como tantos otros, en un cobarde seudónimo. Y te lo adelanto: a menos que tu respuesta venga con nombre y apellidos no será publicada (y seguro que te conozco; eso de las "hordas valentianas" casi te sitúa en otra horda). El blog no está para tus desahogos.

    vicente luis mora — 15-12-2005 13:31:47

  8. Soy poeta, eso sí, pero de obra tan insignficante que tal vez no merezca mención. Además, suelo escribir en mi lengua nativa, que no es valenciano ni valentiano sino inglés. (Aunque también he escrito poemas en castellano que van a salir en el próximo número de La Alegría de los Naufragios.) Pues bien: ni como poeta ni como crítico pretendería ser superior a Gil de Biedma. Sería una tontería, simplemente. Sólo dije que no me interesa su obra casi nada como lector, a pesar de haberle dedicado un par de estudios académicos. Creo, además, que los juicios de valor se pueden discutir sin lanzar insultos. Si a mí me gusta Caballero Bonald un poco menos que a Vicente, seguro que no me manda al diablo.

    Jonathan Mayhew — 15-12-2005 16:31:33

  9. No sabía que escribías poesía en inglés, Jonathan. Tengo que visitar más tu blog, sorry.

    vicente luis mora — 15-12-2005 17:15:51

  10. Vas muy bien, chico: lo digo para tu alegría trepadora. Como ya se´que este comentario no va a salir en tu blog, lo escribo solo para ti. Para felicitarte por su fulgurante carrera. De cara al publico, la crítica, la amplitud de miras, la disolucion del sujeto, los limites de la razon contemporánea, el regreso a la mistica y todo eso que os enseñó Valente. Pero de puertas para adentro, censura, aniquilacion, celo guardián del sujeto trepador y lameculos. Lo dicho, chico: tu porvenir va a ser muy brillante. Te diría mi nombre pero creo que ya sabes quien soy y me da igual. No esta mal dejarte con una pequeña intriga en ese mundo tuyo tan falso en el que todo está tan claro. Ya quisierais vosotros escribir un verso (SOLO UNO) parecido en calidad a los de Jaime Gil.

    Agorero — 16-12-2005 11:54:14

  11. joé!¡qué mal rollo! ¿no?

    Merche — 05-02-2009 17:27:10


Recordar datos