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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

28-11-2005 21:49:17

Angustias posmodernas

Categoria: GeneralVicente Luis Mora



Angustias posmodernas

He estado leyendo un ensayo clásico de Paul De Man, del que apenas había leído unas páginas tiempo atrás, por la dificultad de acceso, ya que es un libro casi inencontrable. El libro es Visión y ceguera, y en las lecturas –imprescindibles – de la Modernidad que hace De Man, he encontrado a veces textos que me producían una sensación muy curiosa: referidos, en principio, a los escritores modernos y su postura frente a su época, reproducían unas tensiones que yo siento y veo cómo otros amigos escritores y críticos sienten, precisamente, respecto de la Posmodernidad. Pensemos, por ejemplo, en este párrafo: “No es de extrañar (…) que la modernidad se haya convertido en uno de los temas principales de las discusiones críticas y en una fuente de angustia para los escritores que han de enfrentarse a ella como a un desafío de su vocación. Frente a la modernidad, el escritor se encuentra en un dilema [doblemente] negativo: no puede optar en buena conciencia ni por aceptarla ni por rechazarla” (Paul De Man, “Historia literaria y modernidad literaria”, Visión y ceguera [1970]; Universidad de Puerto Rico, 1991, p. 179). El Harold Bloom de Cábala y crítica hubiera optado por sustituir “modernidad” por “posmodernidad”, pero no lo haré por dos razones; primera, porque tal hecho ya sería, de por sí, demasiado posmoderno, por no decir gratuito; segundo, porque perdería parte de la inquietud que genera el original. Lo ideal es que cada uno nos reconozcamos en la ansiedad del imaginario escritor moderno, confrontado a su tradición antes de escribir; esto es más decisivo y personal que pensar en nuestra propia inquietud. Hay quienes dicen (no hace falta salir de este blog) que lo posmoderno no existe como tal, o que es un movimiento que permite “no estar” en él, como mis amigos los poetas canarios Francisco León y Alejandro Krawietz. Para otros, entre los que me encuentro, la posmodernidad es, para empezar, la lógica cultural del capitalismo tardío expuesta por Jameson, completada con unas complejas resistencias complementarias, de modo que no se puede ser actual (esto es, contemporáneo), y no ser posmoderno –de acuerdo, Andrés Neuman, en “Nuestra posmodernidad”, El equilibrista; El Acantilado, Barcelona, 2005, p. 134–, aunque sí se puede, esto lo tengo claro, no ser posmodernista escribiendo, que es otra cosa. Pero también tengo claro algo más, y es precisamente que siento en mí esa ambivalencia, esa rajadura, del imaginario escritor moderno descrito por De Man: renuncio al todo vale de la posmodernidad, me aterra ser considerado posmoderno porque alguien podría pensar que mi estilo literario será, en tal caso, posmodernista; me apunto con gusto al bombardeo de Neuman cuando dice, en el mismo libro, que la posmodernidad tiene mucho de onanista (p. 73), y me alisto con sus críticos y detractores, por si acaso. Pero, por otro lado, en el otro punto de la reflexión, cuando nadie me está mirando y estoy, como ahora, solo en mi cuarto y pensando, me pregunto seriamente a mí mismo: “entonces, si detestas lo posmoderno, y te parece vacuo y redundante y poco original, y se te presenta como un extremado recargamiento de las angosturas modernas y de su cul de sac nihilista y técnico; si aborreces lo posmoderno, ¿Qué te queda? ¿Cuál es tu objetivo, escribir como Baudelaire? ¿Te reconoces en Spleen de París, en Las flores del mal? ¿Es tu objetivo final hacer un nuevo Diario de un poeta reciencasado? (aquí me digo: no, pero un nuevo Espacio…) ¿Sientes como tuyos los versos de Machado, incluso los versos de Eliot, de Pound, firmarías un poema de Wallace Stevens? Y entonces me miro reflejado en la pantalla del ordenador, y me digo que no, que eso tampoco me interesa. Que acaso no me interesa ni una cosa ni otra, que mi búsqueda está en el más allá, en la superación. Pero eso –me concedo– no puede suponer una fractura en el tiempo, una ruptura con tu época: tienes un presente al que no puedes escapar. Y de pronto encuentras una salida. Un poco antes, y partiendo de Nietzsche, decía De Man que “La modernidad existe en la forma de un deseo de borrar todo lo que vino antes, con la esperanza de llegar a un punto final que pueda ser llamado el verdadero presente, un punto de origen que marque un nuevo punto de partida” (íbidem, p. 165). Creo que la posmodernidad fue ese punto final que dio fin al presente moderno, para hacerlo otra cosa. Y creo que este es el presente que, a su vez, está dando fin a la posmodernidad. Y creo que seremos sociológica, temporalmente, posmodernos, pero dentro de un sentido de fin, y que, por tanto, estamos dejando de serlo. Y que nuestro estilo está ya en otra parte, al menos el de algunos, el de quienes fuimos conscientes en su momento de que éramos posmodernos pero que, ya entonces, queríamos dejar de serlo: tal cual está escrito en la nota final de Circular (2003). Y por eso, creo que nuestro estilo, que nuestra obra (pienso, sobre todo, y seguramente está mal el decirlo, en la obra de Agustín Fernández Mallo y la mía, en Joan Fontaine Odisea y en Construcción), está más allá, por fin, del Fin. No puedo saber el nombre del lugar en el que estoy, porque la luz es nueva, y me deslumbra. Pero teníamos que entrar. Escucho a Agustín hablar por allí, un poco a la izquierda. Se abre la puerta. Está empezando a entrar gente. Les oigo reír. De alegría. Han dejado la angustia al otro lado.

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Comentarios

  1. absolutamente de acuerdo con tu reflexión y sobre todo con tu inquietud. aunque imagino que la inquietud es el estado permanente del escritor, hoy día ese (des)equilibrio en el que nos movemos todos frente a la página se resume bien es la dualidad que explicas entre posmodernidad como algo que se quiere rechazar y al mismo tiempo único horizonte. No he leido tu obra pero sí la de Fernández Mallo y no sé si es un más allá o simplemente una realización personal, un estilo y un tono propio que por definición simpre será un más allá de esa imagen estereotipada que todos tenemos en la cabeza al pensar en "Posmodernidad". De hecho, cuando escribo, muchas veces hay una especie de pensamiento no formulado, nebuloso, que parece querer decir: esto es bueno, poruqe va más allá del estilo posmoderno; aunque igualmente nebuloso está el temor de que sea, por no posmoderno, simplemente sentimental, plagiario, otra vez Pessoa, otra vez Vallejo, otra vez Gimferrer, etc. Pero efectivamente ses temor es absurdo: tanto uno como otro. Cuando leo al posmoderno por excelencia, a Foster Wallace, no puedo dejar de admirarlo, tanto como a FResán, por poner dos ejemplos: no es necesariamente superficial y brillantemente vacuo el estilo posmodernista: es solo un estilo, y refleja el pulso de una época y una cultura y hay que seguir adelante, dentro, sobre, junto a él.

    glaucón — 29-11-2005 11:25:15


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