Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

08-11-2005 11:25:03

Un Código da Vinci... en serio

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Otra posibilidad de Código Da Vinci

Rodrigo Fresán
Vidas de santos; Mondadori, 2005

Escribir sobre historias terrenas, ciertamente sobrenaturales, pero con el lenguaje de la religiosidad bíblica era el declarado propósito de este libro irredento de Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963), según puede leerse en la nota final, y queda claro que ese es el resultado: un conjunto terrestre de relatos que se van imbricando, a partir de personajes que parecen sacados de una versión psicológica (con discapacitaciones mentales, no físicas) del filme La parada de los monstruos, de Tod Browning, para acabar en una narrativa mutante, extraterrestre, a medias entre la novela deconstruida y el libro de cuentos radioactivo. Un libro que por su temática estrambótica (los devaneos de varios transformismos antropomorfos de J.C., esto es, Dios; y de un alucinado cazador de santos) parecería una versión paródica y corrosiva de El código da Vinci si no fuera muchos años anterior. Un libro donde la existencia de un Ser Superior es una duda de nulo interés frente al valor de Dios como personaje y como “máquina narrativa” (p. 212), un Deus ex machina cuya fuerza simbólica es tan fuerte que admite el embate más chocarrero y crudo. Un libro inclasificable, conceptual y estilísticamente barroco, que entronca sus principios formales en el posmodernismo, como luego veremos, pero que se configura por méritos propios como una rareza dentro de esa obra, de por sí extraña y desafiante, que es la narrativa de Fresán. El cosmos creativo del autor, de hecho, es una referencia sustancial en Vidas de santos, ya que, según se aclara al final, podemos encontrar en sus páginas muchas claves para desentrañar el complejo y cumulativo universo fresaniano: así, se prefigura la novela Mantra (p. 19), se crea la ciudad errante Canciones Tristes, ya presente en Esperanto, y se recuperan la Fundación y el roquero La Roca del magnífico libro de relatos Historia argentina, aunque no hemos podido cotejar la primitiva versión de 1993, para saber cuáles de estas apariciones son primigenias y cuáles añadidos o “inserts”, que el autor reconoce haber hecho a posteriori (algo que también hiciera en la segunda edición del citado Historia argentina).

Creo que junto a Mantra o Esperanto, este Vidas de santos es una de las obras mayores de Fresán, lo que es tanto como decir de la última narrativa en castellano. Con la ambición desmedida y vitriólica de la primera, con la desolación y la música de la segunda, Vidas de santos es un collage de pesadillas amables, plagado de esos hallazgos que sólo puede crear Fresán: “el mundo de los otros se perdió como el nitrato de esas películas mudas donde todos tropiezan y corren detrás de algo que no saben bien qué es” (p. 32); “en el principio era el Verbo y el Verbo era creer” (p. 40); “me dijo (…) que le preguntara lo que quisiera. Le pregunté si Dios existía. Me contestó que lo importante no es que Dios exista sino que es un gran personaje. Le dije que eso no era una respuesta. Me contestó que lo mío, si lo pensaba un poco, tampoco era una pregunta” (p. 223); “en serio, Daniel se murió” (p. 189).

Alguno de los protagonistas, ocasionalmente, alude a la condición fragmentaria de todas las historias, de toda narración posible. Hemos dicho que, a medias entre la novela coral y el libro de cuentos entretejidos, Vidas de santos es un gran balbuceo donde el tartamudeo se asiste no de la repetición del vocablo, sino de la reproducción de bucles estilísticos, obviando las interjecciones. Si me admiten el símil, se incluyen sampleados sintácticos y semánticos que dan consistencia homogénea de estilo. Se hace así (amén de un homenaje a alguno de sus maestros, como Burroughs), una poética fiel al modo estético en que Fresán entiende no sólo el cuento, sino el hecho mismo de narrar; ya se ha señalado que en el relato posmoderno “el texto acaba siendo un objeto sin vector (…) es una producción, un resultado que, paradójicamente, se encuentra en estado de flujo constante, carente por completo de centro o de origen (…) aparece un cúmulo de fragmentos, una serie discontinua, nada queda definitivamente, tan sólo el devenir esencial del fragmento”; M. Carmen África Vidal, Hacia una patafísica de la esperanza. Reflexiones sobre la novela posmoderna; Universidad de Alicante, 1990, p. 39. A este respecto, las menciones sobre la necesidad de un movimiento perpetuo (“mantengan siempre la historia en movimiento”, p. 264; la cita del fotógrafo Daniel Kramer en p. 300) creo que son lo suficientemente reveladoras de esa condición de “flujo constante” del texto fresaniano, aunque más que de flujo consciente podría hablarse de “flujo de inconsciencia”: más Artaud que Woolf. Pero lo posmoderno no se agota en Vidas de santos con los aspectos formales. El volumen está trufado de incontables anécdotas chocarreras y desopilantes escenas de un surrealismo sólo comparable al de Greg Saunders, por lo que algún lector puede pensar que Fresán debería hacerse ver por un psiquiatra (o un psicoanalista, como buen argentino), pero, en realidad, las cosas no son tan fáciles. Nada en este realismo alucinógeno global está desorganizado. El enloquecimiento de este y otros libros de Fresán no es una neurosis, sino una psicopatía: una gélida mente late y programa el implacable y serio disparate, dentro de una cosmovisión muy cruel de lo humano, en la estela de Ballard. Lo mismo pasa con el aparente caos de referencias. Los libros de Fresán son una caja de resonancia de la cultura pop de su época: de la música, letras e imágenes del rock; de la serie B, de las películas en blanco y negro y en technicolor, de la literatura pulp y de la alta ciencia-ficción, del arte de baja calidad (Warhol), de los mitos creados y los sacralizados; toda esta globalización icónica entra en las obras de Fresán (y eso es lo que le distingue de otros narradores) consciente y alegremente, paladeando el escrutinio de esos materiales, cuya frivolidad habrá de contrastar con el natural melancólico y algo fatalista del autor. Fresán es actual y fashion en legítima defensa, para no dejarse vencer por el pesar, evitando de este modo escribir veinte continuaciones de El libro del desasosiego, de Pessoa; como señala la propia M. C. África Vidal, en la novela posmoderna no está bien vista la tragedia, cuya falta se vive como un “desgarramiento” (op. cit., p. 41). Es preferible retomar la poética de Burroughs y hacer de la literatura un lugar donde reconocer la disolución del mundo y la voluntad de “reconstruirlo como un constructor absurdo o decadente o paródico o privado, pero, aun así, creativo” (Ihab Hassan, The Dismemberment of Orpheus; Oxford University Press, New York, 1971, p. 98) Esa tensión entre lo metafísico y lo banal, esa concepción microscópica de lo grande, hace única la prosa de Fresán, cuyo discurso sabe operar el milagro de alternar elementos muy peligrosos sin brusquedad ni discontinuidades, afilando con ironía las aristas. La agilidad proverbial de estas páginas crea una imagen deslumbrante en el lector, que salta de una imagen teológica a otra de dibujos animados sin apreciar diferencias estilísticas, con la mayor naturalidad. Fresán es el sumun de la posmodernidad, sí, pero su frivolidad está compensada, su irreverencia es solemne, y su ironía triste, lo que nos obliga como lectores a mirar más allá de lo que se nos cuenta, para esclarecer qué se nos quiere contar. Como el Sukenick de The death of the Novel (1969), Fresán cree que hay que hacer libros lúdicos; pero discrepa de Sukenick en que eso se haga a costa de negar la posibilidad de una “gran obra”. Su forma de unir estos extremos es clara: hablar lúdicamente de aquello profundo, grave, que se nos debe contar. Y quizá aquello de lo que nos quiere hablar Fresán, disfrazado pero no oculto, es de la rapacidad del ser humano, capaz de ascender puestos en una Iglesia para colmar no su fe, sino su sed de poder. Quizá se quiera contar que la historia humana es apariencia, nuestra vida ruido y furia, y todo poder (terrenal o divino) un asesinato. Temas casi shakespearianos, muy serios, Canciones Tristes, que Fresán no puede, ni quiere, contar de otra manera. Ni falta que hace.

Trackbacks

Trackback URL para este post

  1. Vicente Luis Mora. Dia...

    Peter Reuft — 2005-11-26 19:26:44

  2. Vicente Luis Mora. Dia...

    Mariche Van Dyk — 2005-11-30 21:43:23

  3. Vicente Luis Mora. Dia...

    Staub Barbara — 2005-12-03 19:32:56

  4. Vicente Luis Mora. Dia...

    Paula Bateman — 2005-12-05 16:04:27

  5. Vicente Luis Mora. Dia...

    Niralaj — 2005-12-08 04:15:35

  6. Vicente Luis Mora. Dia...

    Catty — 2005-12-08 13:44:57

  7. Vicente Luis Mora. Dia...

    Heyer Robert — 2005-12-14 20:22:27

  8. Vicente Luis Mora. Dia...

    Sophie Homer — 2005-12-18 20:51:29

  9. Vicente Luis Mora. Dia...

    Scott Degener — 2005-12-23 18:59:16

  10. Vicente Luis Mora. Dia...

    Martina Weser — 2005-12-25 20:20:48

  11. Vicente Luis Mora. Dia...

    Petrison — 2006-01-03 17:52:29

  12. Vicente Luis Mora. Dia...

    Mirika Rubensson — 2006-01-13 06:42:18

  13. Vicente Luis Mora. Dia...

    Brodtrager Karin — 2006-01-14 13:08:30

  14. Vicente Luis Mora. Dia...

    Nikolaj Holmboe — 2006-01-15 04:09:16

  15. Jazz music today. Vice...

    jazz music today. Vicky Drury — 2006-04-20 20:29:55

  16. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    adult cam web — 2007-12-04 11:30:33

  17. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    adult free cams — 2007-12-04 11:32:03

  18. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    adult live cam — 2007-12-04 11:35:36

  19. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    cams xxx — 2007-12-04 11:37:39

  20. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    asain sex cams — 2007-12-04 11:53:52

  21. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    adult hidden cam — 2007-12-05 12:19:37

  22. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    casey cam nude — 2007-12-05 12:21:21

  23. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    asain cams — 2007-12-05 13:01:09

Comentarios

  1. Como perdura aún el "0" en los comentarios a este post, algo muy significativo, cuelgo al menos las declaraciones del propio Fresán, con su ironía de siempre, aparecidas en La Vanguardia de hoy (28/11/2005), donde además me copian la relación con "El Código da Vinci":
    <Pese a que confiesa una educación agnóstica, a Fresán le interesa el aspecto narrativo de la Biblia. Jesucristo, "la figura a la que la Iglesia sigue menos", es quien más le gusta. "Freud lo tuvo claro: la idea de que la madre, Virgen, no es mancillada, y de que su padre lo ha abandonado es el peor trance posible". En ese aspecto narrativo, en el que religión y literatura no son tan diferentes, Fresán dice que le gustaba el personaje del "certificador de santos como el elemento más artístico de la Iglesia, encargado de convertir una ficción en una no ficción". Aunque él cree "en milagros de otro orden: estoy en contra de que la Iglesia tenga el monopolio del fenómeno". A su juicio, "lo más interesante de la religión católica es la desaparición. Cristo y su hijo dicen ´hasta aquí llegamos´. Es la siesta más larga de la humanidad, la sublimación absoluta de la espera". Pese a la ironía, no puede evitar un deje de pesimismo, con "dos fundamentalistas", Bush y Bin Laden, en lucha contra la razón. "Vivimos tiempos exageradamente religiosos, hay que llamar a un exorcista">.

    vicente luis mora — 28-11-2005 10:31:31

  2. Ayer tuve ocasión de verle en persona, en el debate que realizó en kosmopolis en el "quijote reloaded II". Debo admitir que esperaba más de usted. En ningún momento tomó parte en el debate ni intento incentivarlo. E incluso lo eludió cuando se le pregunto por su idea de la vanguardia, que prefirió ejemplificarla en otra obra suya, que tampoco acabé de entender; "el quijote 3.0", ya puestos me parece un poco desorbitado plantearse que hubiera hecho o dejado de hacer cervantes si hubiera escrito el quijote a principios del siglo XXI. Demostró saber de qué hablaba pero no querer hablar con el resto del público. Sólo quería hablar consigo mismo de sí mismo.

    Dísculpeme si este no es el sitio más adecuado para haceresta clase comentario.

    moskardo — 04-12-2005 11:35:25

  3. Bueno, discrepo de su valoración. Sí intervine en el debate, respondiendo a una inteligente pregunta del poeta Carles Hac Mor, no eludí la cuestión de la vanguardia, que definí (en la órbita de Túa Blesa, Miguel Casado y muchos otros), como una actitud personal, más que como un conjunto de caracteres de una obra, y no dije que mi presentación "Quijote 3.0" fuese lo que haría Cervantes si viviese hoy, sino sólo que era una de las posibilidades. Sí quería hablar con el público pero Eloy Fernández Porta tenía que cortar y nos hizo señales de ello. De hecho, nos extendimos más de la cuenta. Qué más hubiera yo querido que estar aún allí. Pero, estimado amigo, si quiere usted que conteste o debata, éste es tan buen sitio, o mejor, que Kosmópolis. En realidad, el blog está construido con esa intención, la de debatir; y, al ser de crítica literaria, donde estudio la obra de otros, ¿no le parece que, en realidad, lo que menos deseo es hablar de mí, como me acusa, o de mi obra? Este blog tiene ya casi 50 libros reseñados y 363 comentarios. ¿Cuántos hablan de mí, o de mi obra?
    Aquí tiene todo el espacio del mundo a su antojo. Hágame todas las preguntas u observaciones que no pudo hacerme en el acto. Estoy a su cordial disposición. Gracias por venir. Espero que vuelva.

    vicente luis mora — 04-12-2005 18:58:28

  4. Looks like some weird form of comment spam you're getting, Vicente Luis.

    Jonathan Mayhew — 29-06-2006 06:16:10

  5. k me encanta todo esto super

    eyra yareli — 08-11-2006 03:30:11

  6. Muchos me recomiendan y situan como mayores a vidas de santos o jardines de kensington ( y Mantra.) Yo sigo en estado de shock por esta de La velocidad de las cosas, un libro excesivo (o aún más rápido que ello) pero un tanto irregular en algunos cuentos, auqnue todos me gustaron (y eso es hay que destacarlo).

    ¿Dónde colocaría esa obra, amigo Vicente? (dónde canibaliza de Mantra la reaparición de Esperanto y Montaña García) ¿Como seguir, tras esperanto y la velocidad, con la obra fresaniana? ¿Qué cumbres ve en este genial (literalmente, todo el libro está plagado de frases memorables y un mino de cuatro cuentos perfectos, mi favorito por es el de pruebas irrefutables de vida inteliguente en otros planetas) autor? Ojalá muchos sigueran su esquema dinamitador de los esquemas preestablecidos.

    Alvy Singer — 07-01-2007 22:41:29

  7. En una interesante selección de pensamientos del escritor Ludwig Hohl, publicada en el último número de Quimera, este aún desconocido y exigente artista distingue entre arte y artesanía: a su juicio, el arte se produce sólo donde “hay algo nuevo”, y cuando esto no ocurre, sea porque el antiguo maestro se repite a sí mismo, sea porque nunca hubo verdadero talento, lo que hay es artesanía (es decir: “escritura”, en vez de literatura). Dice Hohl: “¿Y por qué tampoco la conoce, esta depresión, más de un ‘maestro maduro’ en su ‘regia’ marcha de génesis en génesis? –Porque sus nuevas obras ya no son obras de arte (no obras realmente nuevas), sólo repeticiones exteriores de los acontecimientos creativos anteriores, –sólo artesanía” (L. Hohl, “Matices y detalles”, Quimera 278, enero 2007, p. 18).

    Bien, pues Fresán es de esos pocos autores que, a pesar de llevar bastantes libros publicados, no cae en la artesanía. Pocos libros más diferentes entre sí, a pesar de las lógicas concomitancias estilísticas, que Mantra, Esperanto o Vidas de santos. Incluso entre Historias argentinas y La velocidad de las cosas hay diferencias sustanciales de estilo y construcción (no prefiero ninguno: me quedo con todos). Me preguntas dónde podría estar Fresán, y te lo digo con absoluta claridad: Fresán es el único narrador posmodernista puro en castellano, si es que tal expresión no es oximorónica, contradictoria en sus términos. Fresán es el posmodernismo. Pero pertenece a ese escogidísimo posmodernismo que puede ser considerado, utilizando una categoría moderna, como de grand style narrativo (Don DeLillo, Lethem o Pynchon serían equivalentes norteamericanos, Amis y Barnes en Inglaterra), que intenta reinventarse en cada libro. Sus obras, además, son work in progress, algo que se ve claro entre las dos versiones de Vidas de santos, de modo que la evolución, el perenne sometimiento a autocrítica y revisión y, en general, la voluntad de no relajarse, de no acomodarse en modelos concretos de literatura, es una característica de su obra. Hay algunos seguidores de Fresán que no han gustado de Kensington Gardens, pero hay que valorar en esa obra muchas cosas, entre otras su ambición, el intento de seguir buscando, la inteligente ordenación temporal y estructural. Cada libro de Fresán (más allá de los puntuales hallazgos a los que te refieres, Alvy, que siembra en cada página) es una aventura estética pretenciosa (no presuntuosa), ambiciosa, de alcance, y que –a mi personal juicio– está aún muy por encima del resto de sus compañeros de edad o de tendencias narrativas. No echo a competir a Fresán con Marsé, Pombo o González Sainz, porque sus categorías estilísticas y culturales son totalmente diferentes, pero sí con cualquiera de los menos jóvenes o jóvenes que están intentando una nueva narrativa. Y Fresán, siento mucho ser tan directo –pero es mi naturaleza–, nos da sopas con onda a todos. Sin excepciones.

    Creo que esto es mojarse, Alvy. Te ruego que dejes pasar unos meses antes de volver a hacerme preguntas de este tipo, o a este paso tendré que irme del país. Saludos.

    vicente luis mora — 08-01-2007 11:22:39

  8. No era mi intención entrar en agrias polémicas y, palabra de seudónimo, moderaré mis preguntas ;)

    Al menos coincidimos en algo: que Fresán es el mejor escritor vivo en castellano y el mejor del panorama con aplastante diferencia. Lo que me ha hecho es ponerme nostálgico: ¿va a publicar mi amado DeLillo algo más después de aquella cosa tan chunga de Cosmopolis (como si fuera a ser Easton Ellis o algo raro) que me gustó taaaaaaan poco? Por cierto al menos Easton Ellis ha hecho algo mejor que estoy leyendo, Lunar Park, que recupera el pulso perdido tras la enésima repetición de la broma (artesanía que diría el citao ahí arriba Hohl) que se llamó Glamourama. No sé, Lunar Park con esa mezcla de Roth y DeLillo (curiosamente en una entrevista situó en ese orden como sus dos escritores favoritos: bien pues Lunar Park puede entenderse como Easton Ellis lee Patrimonio y White Noise). Decía el otro día algo muy inteliguente sobre Palahniuk (y por ende, el papá de él Easton Ellis) que lo suyo era vaga sociología superficial y esta intención a veces da resultado.: a mi Menos que cero me sigue pareciendo un clásico en esto de hacerse eco del vacio y encima narrado con una indiferencia brutalmente lograda. American Psycho me parece una buena novela posdelilliana pero más cercana en profundidad al cine de, por ejemplo, Oliver Stone (al de Natural Born Killers) que también transita por eso que decía en otro debate. En fin, suerte que Lunar Park parece ser una obra madura pero anunciar una secuela de Menos que cero indica la repetición enésima de la fórmula.

    Saludos y disculpe la longitud.

    Alvy Singer — 08-01-2007 12:57:52


Recordar datos