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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

16-10-2005 21:30:24

Doctor Pasavento

Categoria: GeneralVicente Luis Mora


Enrique Vila-Matas
Doctor Pasavento; Anagrama, 2005


La literatura del agotamiento

Con mucho retraso, por el que pido disculpas, cumplo mi obligación con un lector anónimo de este blog, y con Paul M. Viejo, que me animaron a elaborar la crítica de Doctor Pasavento. Lo que viene a continuación (esto es: la crítica) no será del gusto de casi nadie. Ha sido doloroso redactar lo que viene a continuación, pero mi obligación es hacerlo. Iremos de menos a más, y de lo concreto a lo abstracto, operando por inducción.

Doctor Pasavento no tiene trama, si por tal entendemos el conjunto de acciones de varios personajes de una novela; lo que tiene es argumento, o argumentos, en el sentido del D.R.A.E.: “asunto o materia de que se trata en una obra”. Se supone que hay un personaje que habla en primera persona y que, en un juego que de tan extendido comienza a estar manido y oler sospechosamente, se aproxima en su perfil biográfico al propio autor. Es decir: del mismo modo que hay un Cercas en los dos últimos libros de Cercas (el primero con el mismo nombre, el segundo no), o un Bret Easton Ellis en la última novela del novelista norteamericano, o un Neuman en Una vez Argentina, hay un Andrés Pasavento que, en una de sus infancias inventadas, es Enrique Vila-Matas: escritor de éxito, barcelonés, francófilo, con una geografía sentimental coincidente con la descrita en las páginas 129 a 131, y editado en Francia por Christian Bourgois-éditeur. Según declaraciones a El País (06/09/2005), Vila-Matas ha intentado "lo que Sergio Pitol define como la idea del descenso, el viaje a uno mismo, el deseo de viajar sin retorno...". La pregunta es: ¿cuál es la intención literaria de este viaje, que otros hacen en unas memorias, o directamente a un psicoanalista? O, formulada de otro modo: ¿por qué se ha elegido el formato de novela para este desplazamiento? Las respuestas de Vila-Matas, por desgracia, hay que buscarlas siempre en la literatura de otros. Es el problema de hacer metaliteratura, uno renuncia de principio a cualquier pretensión de originalidad. Vila-Matas ha escogido, o más bien plagiado, el modo de hacer novelas de Milan Kundera, sobre todo del Kundera francés, a partir de La insoportable levedad del ser. El problema es… que Vila-Matas no es, ni mucho menos, Kundera, y la estrategia de la copia no funciona. Kundera viene haciendo, desde sus primeros libros franceses, un interesante experimento novelístico que se describe rápidamente: hay un narrador, normalmente creado en primera persona, que cuenta una historia (la novela), pero que se permite digresiones ensayísticas sobre un tema concreto (vgr., el destierro, en La ignorancia), de forma que a la novela hay que sumarle un muy interesante y penetrante ensayo: el resultado son dos libros, por lo común buenos, en uno. Este es el “sistema Vila-Matas” de sus cuatro últimos libros: Bartleby y compañía, París no se acaba nunca, El mal de Montano y Doctor Pasavento. Pero hay un enorme problema, como decimos, y es que fallan todas las ecuaciones que convierten en valiosas las obras de Kundera: en los libros de Vila-Matas no hay novela alguna, el ensayo es pobrísimo y lleno de obviedades, la síntesis entre los dos traída por los pelos y el resultado (no dos libros, sino ninguno) es de una superficialidad, una pesantez y una nadería absolutamente desconcertantes, no sólo por la persistencia escrituraria aplicada, sino por la para mí inexplicable buena acogida de la crítica española (la de la francesa es más lógica, a lo mejor luego la explicamos) y la de los lectores. Hecho el diagnóstico, desarrollemos los síntomas en que nos basamos. Para Jordi Gracia, que hizo una reseña inteligente, descriptiva para evitar la valoración, de Doctor Pasavento, la extraña situación de Vila-Matas en nuestra literatura, su condición de extranjero entre nosotros, se debe a “la obstinación con que ha emprendido la invención de una macrofantasía literaria en torno a la vida como literatura y la literatura como vida” (“La nostalgia de la inocencia”, Babelia, 03/09/2005). Yo más bien, y no es por corregir al inteligentísimo Gracia, hablaría de “microfantasía”, por no decir “nanofantasía”. Cada vez me aburren más los libros sobre escritores, que entiendo como una masturbación con la mano de otro, al defender el presunto carácter extraordinario de los artistas dedicados a las letras, lo que es tanto como defender la propia condición de “fuera de lo común”. Yo, que conozco a bastantes escritores, pienso que la excepcionalidad es más bien la excepción, valga la redundancia, lo cual iguala la profesión a cualquiera otra. Sospecho que el abuso de escritores como personajes (y así lo he mostrado en varias críticas, con harto enfado de sus autores –por algo será–) manifiesta más bien la absoluta incapacidad para crear personajes reales, con vida propia, tomados de la calle y que se sostengan por sí solos, sin los habituales tics de los amanuenses. Y creo que en Vila-Matas la patología ha llegado a ser psicopatía, y que el prometedor autor de Historia abreviada de la literatura portátil se ha convertido en un prisionero de sí mismo, un hombre encarcelado en las vidas de otros escritores, que escribe sobre escritores encerrados porque él lo es, que escribe sobre autores que han renunciado a escribir novelas, fantasías, porque él lo ha hecho, y que aborda la desaparición porque a él le gustaría desaparecer del papel de escritor que se ha inventado, para convertirse en un desconocido escritor “de verdad”: alguien capaz de inventarse vidas creíbles y con auténtica pasión, sin suscitar el aburrimiento y la irritación (al menos, ese ha sido mi caso) de los lectores. No estoy extremando mi opinión, ni creando fantasmas. El propio Vila-Matas inserta un texto de autodefensa que, en su condición de excusatio non petita, me da la razón: “fui a parar a las declaraciones de un novelista de Nueva York al que le recriminaban que la literatura entrara tanto en sus novelas. ‘Los libros y los escritores son parte de la realidad, son tan reales como esta mesa junto a la que estamos sentados’ (…) sentí una íntima satisfacción al ver que la mesa existía y la literatura también” (p. 202). Nadie ataca ese modo de proceder, que sustentan autores tan diferentes como Borges y Kundera, Magris o Tabucchi, Houellebecq o Sebald, Ricardo Piglia o Juan Bonilla. Lo que le falta a la literatura de Vila-Matas no es literatura, sino sangre, vida, realidad, apego a la existencia normal de las personas normales, tratamiento ocasional de lo ocasional. Algo que se le achacaba a Juan Manuel de Prada, y que tanto le ha molestado siempre a este tipo de escritores, donde la relación literatura-vida (muy defendible) cede invariablemente a favor de la primera parte de la ecuación. Para Vila-Matas la literatura lo justifica todo, algo de lo que tenemos un espeso ejemplo en la página 297, donde se rebaja la musa al intento de salvar por la literatura un mensaje soez escrito en un servicio de caballeros. Me temo que aquí la escritura no salva nada, ni siquiera justifica: otros autores, además de escribir, cuentan cosas, e invitan al lector al coito, en vez de obligarle a presenciar una masturbación con escaso derrame seminal, según el jocoso y exacto poema de Valente. He aquí el problema mayor, pues: incluso donde se supone que está el fuerte de Vila-Matas, en las digresiones sobre literatura, en su condición de letraherido y de enamorado de esa infantilidad que es el mundo shandy (algo de lo que se reiría el muy práctico y apegado a lo concreto Sterne), sus opiniones son las más de las veces un mero aguafuerte, y en otras ocasiones simples notas impresionistas sobre libros, sin un mínimo valor ensayístico. Los escritores que aparecen son máscaras, descritos apenas por sus manías; sus obras, etiquetas culturales. Dicho de otra manera: las disquisiciones literarias de Vila-Matas sobre Walser (1) o Montaigne, derivaciones pasicortas de lugares comunes de la crítica centroeuropea, no llegan al análisis poderoso de Barnes sobre Flaubert en El loro de Flaubert (Anagrama, 1992) o el de Crumey sobre Rousseau en El señor Mee (Siruela, 2001), por poner los primeros ejemplos que se me ocurren, ni alcanzan la aguda y epifánica altura que otros escritores sueltan en apuntes cortos en sus novelas o diarios, como Tabucchi o la Elizabeth Costello de Coetzee. Por tanto, cabe reiterar lo que más arriba decíamos, en la comparación con Kundera: el narrador de las novelas de Vila-Matas es un pesado estomagante, masturbatorio en la descripción de sus relaciones con la literatura, que es incapaz de contar una novela digna, ni de hacer una elaboración ensayística de altura.

Esclarecida la impotencia ensayística de Vila-Matas, tampoco es difícil argumentar la novelística. Doctor Pasavento describe, durante cuatrocientas páginas idénticas, las derivas burguesas e insustanciales, de hoteles a calles, de calles a bares, y de bares a hoteles, de un supuesto escondido cuyo comportamiento es tan irracional, excéntrico y amanerado que no se distingue de lo que las personas normales llamamos “loco por llamar la atención”. Si la primera ley del escondido es la invisibilidad, la permanencia silenciosa y estática en un mismo sitio y el comportamiento aquietado, el memo integral descrito por Vila-Matas como Andrés Pasavento resulta ser un saltimbanqui psíquico y atorrante físico que va haciendo el ridículo verbal y conductual por media Europa y la República Centroafricana. Saltando de personalidad con la excusa absurda de hacer una indagación sobre la moderna “desaparición del sujeto” (filosofía, cuántos atentados cometidos en tu nombre), asistimos a la acumulación de Ingravallos (Gadda), Reggianis, Pinchones, Pychons (su aparición aquí es un insulto para él), y doctores varios, que no suponen ninguna investigación sobre la soledad, la descomposición del sujeto o la identidad, por cuanto son varios clones con la misma nadería interior, y todas las nadas, como bien saben los hombres de ciencia o los metafísicos, son imágenes exactas e intercambiables de la Nada misma, del Vacío. Así que eso es lo que se ofrece en Doctor Pasaveto, como en los restaurantes argentinos de carne: cuatrocientos platos de “vacío”, cuya ingestión acaba resultando una pesadilla ingobernable para el lector. Estos pseudopersonajes, que interactúan con personajes reales retratados de una manera plana, insustancial (¿cómo es posible hacer aparecer a Lobo Antunes en una novela y despacharlo como si fuera su foto en los libros?), que no regalan ni un solo diálogo brillante, que describen muertes de hijas sin movernos más que al bostezo, van urdiendo una sucesión de escenas a medias entre la ficción y la realidad, con un hilo muy delicado y fino (el azar, las casualidades), que en las manazas de Vila-Matas desaparece, aterrorizado. La literatura fundada en casualidades goza ya de tradición y excelentes singularidades (Paul Auster), pero necesita de pulsión, de élan vital, de sangre. Las coincidencias de Doctor Pasavento están cogidas con alfileres, por los pelos; son insostenibles, cuando no irritantes: todas las apariciones de Siria de la novela, y no digamos las conexiones entre Siria y la calle parisina de Vaneau, suscitan al lector la pregunta de si el escritor le ha tomado por gilipollas: basta consultar, creo, la página 254. A lo mejor la pobreza del concepto de casualidad manejado por Vila-Matas, descrito en la p. 330, es la causante de la inoperancia del uso: a tal cosmovisión, tal aplicación. Y respecto al supuesto tema clave del libro, la desaparición, ese tema que el propio autor califica de “muy complejo” en alguna parte del libro, y que es descrito con tan poca complejidad, sus apariciones son contradictorias y superficiales. El personaje que quiere desaparecer ya ha desaparecido en realidad, desde el momento en que nadie va a ir a buscarle si se pierde (p. 61) –algo que no me extraña en absoluto, yo tampoco le buscaría–; el narrador incluso se hace consciente de esa contradicción (p. 237), en uno de sus muchos circunloquios en los cientos de circularidades mentales que nos ofrece este libro, por no poder decir “novela”, porque la novela es, o debiera ser, otra cosa. Llevamos muchos años oyendo hablar de la muerte de la novela; yo no diría tanto, pero sí diría que la “literatura del agotamiento” de Barth ha llegado a la lengua española con unos tintes muy distintos de los que describía el prosista norteamericano; y que esa literatura del agotamiento está presente en esta novela del desnortado Vila-Matas, un autor a quien respeté en sus principios pero que cada vez veo más como un bluff disfrazado de acogido francés (pueblo encantado de acoger escritores foráneos con síndrome parisino de Estocolmo); y esto no sería del todo grave si no me temiera que, poco a poco, ese agotamiento va a ser el de los propios lectores, a quienes mercado editorial y crítica (véase la inexplicable reseña de Pozuelo Yvancos en el ABCD Las Artes y las Letras nº 711, 17/09/2005) presentan como obras maestras y cimas de la literatura artefactos absolutamente insostenibles.


(1) Por lo menos, el homenaje a Walser no es tan pestífero como el del cineasta portugués Joâo César Monteiro sobre el autor de Jakob von Gunten, el filme Branca neve (2000), que consistía en rodar cómo los copos de nieve caían sobre una superficie, hasta llegar a un inacabable fundido en negro. La lectura no me ha resultado tan aburrida, pero casi.

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  1. [...] Enrique Vila-Matas, descubrí con alegría el blog Diario de Lecturas, de Vicente Luis Mora, que insisto en recomendar vehementemente a todos aquellos apasionados de la Literatura y el intercambio de opiniones con altura. Escrito por Quatr [...]

    :: PAN y VERDURA :: — 2006-01-10 21:15:03

Comentarios

  1. Por fin, alguien se atreve a llamar a las cosas innombrables por su nombre. Llevo años defendiendo que la literatura autista de EVM no es que sea un problema (aunque yo creo que funciona como un cáncer de lento avance en el tejido literario español), más bien es una solución para todos aquellos que piensan (especialmente los literati de baja resolución, esto es, los defensores de una concepción difunta de la literatura como último avatar del humanismo occidental) que la literatura no tiene otro papel que jugar en el mundo contemporáneo que retraerse, enrarecer su discurso y volverse impermeable a los discursos del mundo postmoderno. Yo sí creo que nuestra época es postmoderna (y más que eso, quizá, post-postmoderna, lo que supone un plus aberrante o monstruoso) y sólo algunos autores, en cualquier disciplina, se muestran dispuestos a aceptar desde sus respectivos medios, los retos y desafíos de nuestro tiempo, singularmente la pluralidad de discursos y la necesidad de dar cabida a esa plurivocidad transversal sin renunciar (ahora me refiero especialmente a las artes que manejan la ficción o la fábula como recurso) a ensamblar esos discursos contemporáneos con otros pocedentes de tradiciones o legados culturales claramente modernos o premodernos. No creo que la literatura del Dr. Montano (un caso preocupante de supervivencia modernista, sin el lado arisco y combativo del verdadero modernist, e. g., Wyndham Lewis)conduzca más allá de un salvar la cara a las viejas concepciones del hecho literario, lo que en definitiva supone salvarle la cara a tanto lector y crítico y escritor que todavía no se ha decidido a dejar de preocuparse y empezar a amar sin complejos la postmodernidad y sus múltiples vástagos, no todos digeribles ni tratables, por cierto. Hablar de la postmodernidad con desprecio, o volverle la espalda por temor, no nos evita tener que convivir con ella a diario (somos ella en tanto nos devora como el fuego del poema de Borges). La literatura de EVM, por tanto, no puede representar sino el camino sin salida, la aporía de la literatura en el contexto enteramente postliterario de la post(post)modernidad. Desgraciadamente, todos los que apoyan estéticamente a EVM creyendo que con eso salvan a la literatura de su caducidad acelerada como discurso, no es que no salgan nunca de casa, o parezca que nunca encienden un televisor, ese no es el problema, es que se van a cargar a la literatura por exceso de esterilidad. Y eso, Vicente, tu texto lo muestra con gran lucidez y valentía.

    K. AKROG — 18-10-2005 03:05:01

  2. Cuánta pedantería.

    lara — 18-10-2005 14:17:28

  3. Cuánta mediocridad de tu parte, más bien. No imaginaba que hubiera retrasados mentales y/o culturales merodeando por este foro sólo para superdotados.

    K. AKROG — 20-10-2005 04:04:24

  4. vaya manera de responder k.akrog. Tu mismo te defines...y no muy bien que digamos

    Naxo — 20-10-2005 14:22:43

  5. a mí me gustó Bartleby y también "París...
    Vila-Matas tiene un estilo fragmentario,metaliterario, como bien se indica en esta página.
    quiero leer "Montano" para luego acabar con este último de Posabento.
    echais de menos "sangre" en Vila Matas. creo que sólo se le puede reprochar a un escritor que nos aburra. a mi E.V.M. no me aburre.
    Recuerdo que a F.S.Dragó le aburría C.Magris (y viceversa, quizá).

    liber — 20-10-2005 14:36:25

  6. Apruebo tu critica, Naxo, pero tampoco me parecio afortunado el comentario que merece mi replica. Las palabras eligen a su destinatario. Como veras, tu comentario no suscita una contestacion airada.

    K. AKROG — 20-10-2005 18:44:48

  7. "La vida continúa. Eso es lo que diferencia la vida de las novelas"; Alejo, personaje de "Vidas de santos", de Fresán (Mondadori, 2005, p. 81).

    vicente luis mora — 21-10-2005 12:55:04

  8. Encomio tu paciencia, Vicente. Creo que Vila Matas se agota en Bartleby y Cía. Ahí ya dijo todo lo que tenía que decir. El resto es proseguir su tarea de sepulturero de la "gran novea europea", paletada tras paletada. Prefiero a los epígonos que al menos -como tú dices- son de carne y hueso.

    javier moreno — 22-10-2005 00:13:09

  9. Me acabo de quedar pasmado al leer, pero sólo por encima, el primer comentario (Vicente) y el primer post (Gorka) de esta página sobre Dr Pasavento. Pasmado, porque entiendo que semejante vómito destilado en odio africano sólo se puede escribir desde la envidia y el rencor más absolutos y demenciales. Es decir, desde la envidia cochina. Desde la poquedad moral. Desde la pura nada de quien nada y guarda la ropa, desde la penuria del guardujas. Una lástima, señores: por más que de valientes se disfracen, lo suyo se llama cobardía y falta de argumentos.Pero para gustos se hicieron los colores, claro, si bien los cristales con que miran ustedes parecen color de caca.

    Doctor Orr — 25-10-2005 10:00:35

  10. Querido DoctOrr, le digo lo mismo que a otro petimetre que accedió a esta página con parecido insulto: yo no puedo ser cobarde, porque firmo con mi nombre: el cobarde es usted, que se disfraza con un seudónimo, ya que dudo que sea realmente el afamado médico de Cape Town. Ponga su nombre y entonces achaque a otros cobardía. Entrando en su comentario, hay varias cosas que me sorprenden. ¿Vómito? Es una crítica literaria, rigurosa y hecha desde la imparcialidad. ¿Odio? ¿Envidia? De eso nada. Yo puedo envidiar a Coetzee o a Pynchon, a Vila-Matas no. ¿Poquedad moral? Un anónimo que insulta no puede dar lecciones de moral a nadie. ¿Falta de argumentos? ¿Pero ha leído usted el libro? Una última pregunta: ¿es usted Vila-Matas? Atentamente, Vicente Luis Mora. Más datos sobre mí, para ver que soy real, en www.vicenteluismora.es. Ahí tiene un correo electrónico, para insultarme personalmente, que parece que es su forma de entender lo literario.

    vicente luis mora — 25-10-2005 11:25:55

  11. Querido doctOreno, doctiLuís, doctOcente, ¿ha visto usted su prosa? Alma de cántaro, ¿ha visto usted su cara en el espejo? ¿Pretende ―de veras, póngase la mano donde no tiene corazón, deje de buscárselo en el bolsillo, no se hurgue la nariz, ahí no está― que yo entable un diálogo con el ectoplasma de sí mismo en que se convirtió usted ni se sabe cuándo? ¿Ha sido usted otra cosa? ¿Ornitorrinco quizás?
    No nos engañemos. Me he limitado a señalar un rasgo manifiesto, flagrante, sangrante, patente en eso que usted, ingenuo cual cantárida cantante, llama crítica literaria. Me he limitado a ponerme a su altura de enano emisario de la pura nada. No lo he de lamentar, pero no cuente con que insista. Se retrata usted solito. Y le sale la mar de bien.
    A propósito: si sospecha usted que soy Vila-Matas (¿por qué presupone que Vila-Matas lee a Kundera? ¿O es que ha de leer medio mundo aquello con lo que pierde usted su tiempo?), sólo puedo aconsejarle de corazón ―tan blanco― no que se limpie las lentes, sino que se las cambie por otras, que las tiene opacas. O sea, ya dije, color de. Y le haré un favor: siga leyendo a Coetzee, envídielo sanamente, cúrese en salud. Tal vez lea usted lo que ni de lejos sospecha. Desde Ciudad del Cabo, que es como se llama la ciudad en la lengua de mi madre. Así que doctóreseme en vidrios y vacúneseme de envidias.Y arriéndeseme la ganancia.

    Doctor Orr Horr — 25-10-2005 12:57:49

  12. Enhorabuena por la reseña. Debo decir que para mi Vila-Matas fue un autor muy inportante durante algún tiempo. Creía en eso de la metaliteratura. Lo que tu reseña, Vicente, muestra muy bien es que existen diferentes formas (y calidades) a la hora de llevarla a cabo. He terminado cansado de tantas novelas sobre escritores. A partir de El mal de Montano, Vila-Matas me aburre enormemente, no he vuelto a leerlo, salvo alguna entrevista o artículo, que termino siempre con una tremenda sensación de agobio. Para terminar, una pregunta muy simple para el DoctOrr (probablemente hecha a través de "lentes de caca"): ¿por qué cualquier crítica que se haga sólo puede ser hecha desde la envidia? ¿le envidio por preguntarle esto, doctOrr? Un saludo. Enhorabuena por el blog, acabo de descubrirlo.

    Tocayo — 25-10-2005 14:02:34

  13. Tocayo, muchas gracias. Y no te preocupes por el doctor, se ha descubierto su juego en su segundo envío. Es mejor seguir trabajando. Un abrazo.

    vicente luis mora — 25-10-2005 14:17:15

  14. Dice Tocayo: “¿por qué cualquier crítica que se haga sólo puede ser hecha desde la envidia? ¿le envidio por preguntarle esto, doctOrr?”. Dice bien. Así que vayamos por partes.
    1) No me llamo doctOrr, sino doctor Orr. Doctor Orr Horr, para más señas. De modo que llamaré Sucayo a Tocayo, porque mi homónimo dudo mucho que sea.
    2) No se hace desde la envidia cualquier crítica. Se lanzan desde la envidia rechumida pedradas a ciegas que aspiran a pasar por crítica, pero que distan de serlo. (Pero sospecho que la envidia aquí es más de Echevarría que de otros, si bien ni por ésas.)
    3) No me envidia Sucayo afortunadamente nada, ni tan siquiera me admira, ni falta que nos hace a ninguno. Bienvenida sea la pregunta, pues me permite una aclaración
    Y aprovecho para decirle al tocayo de Sucayo, más bien colombroño (mira el diccionario, Vicente, que no te estoy insultando), que no sólo queda mi juego descubierto, sino que, habida cuenta de que tanto me ha leído, aun sin saberlo (Vicente sólo lee a sus maestros, vengan de donde vengan, de la mano que vengan), sea él quien a bien tenga decir quién soy y qué pie calzo.
    Llamemos a las cosas por su nombre, que allá abajo hay un bosque de nombres a los que no corresponden cosas, y digamos alto y claro que las lecturas que hizo el tocayo de Sucayo tanto de Doctor Pasavento como de 2666 van sesgadas y desvirtuadas y destazadas desde la lente misma con que se pretende leer. Doctor Pasavento no es novela, no es metaliteratura, no es psicoanálisis. Y para ser tan paladín (a la taza) de la posmodernidad, falto de reflejos lo encuentro (a él y a sus acólitos) si agilidad no tiene para leer en Pasavento (que, por cierto, en ningún momento transcurre en ningún lugar del África, negro) lo que tantos han visto ya como muestra mayor de lo mejor que se escribe en castellano fuera de géneros, etiquetas, banderías, cuchipandas y catalejos vueltos del revés. Por cierto: sopocientos mil franceses, bastantisimos holandeses, alemanes a mansalva, ingleses más de los que tú quisieras, etc., no pueden equivocarse como las moscas hispanas que van a donde van.

    Recrudézcase la polémica y retumbe en sus centros la tierra, que diría mi cuate.

    Doctor Orr Horr — 25-10-2005 17:30:27

  15. Me aburro. Por favor, quien quiera hacer algún comentario inteligente sobre la novela de Vila-Matas o (si no hay más remedio) sobre mi crítica, tiene espacio abajo. Saludos a todos.

    vicente luis mora — 25-10-2005 18:29:06

  16. Vicente, no vale la pena que respondas a los mensajes del bendito Doctor. Ya escribiste lo que quisiste escribir, que no es más que la verdad desnuda que los libros de Vila-Matas dejan traslucir al modo del traje nuevo del emperador, que mostraba la blanca piel del monarca bien a las claras. El bendito Doctor no aporta un solo argumento crítico, sino una desesperante y desesperada pirotecnia verbal, de dudoso gusto en ocasiones (¡qué creación posmoderna y exquisita la de esos "lentes de caca"! ¡y vosotros sin valorarla como debierais), de manera que no exige una respuesta, a mi modo de ver.
    Y ¿qué más? Que eres el ejemplo de lo que debería ser la crítica en este país y en el resto (pero aquí es donde más desmandado, o mejor dicho, dirigido está el rebaño) y que personalmente no siento más que admiración por ti.
    Un fuerte abrazo

    Guillermo Ruiz — 25-10-2005 20:55:47

  17. Querido Guillermo: gracias, no sólo por tus palabras sino por los miles de horas de lectura que hay detrás de quien las pronuncia, y que enriquecen su valoración. Por cierto, aprovecho para adelantarte algo que es de tu interés: el sábado o el domingo colgaré un artículo-reseña sobre escritores suicidas, ese tema que nos apasiona a ambos. Un abrazo y gracias mil, Guillermo.

    vicente luis mora — 25-10-2005 21:20:54

  18. Vaya, con un paladín como Dr Orr Horr Vila Matas no necesita guardaespaldas. Supongo que cada escritor reputado necesita el suyo, por si sale alguna -bendita- mosca cojonera, verbigracia Vicente. De momento columbro dos posibilidades:
    a) O bien se trata de algún guardaespaldas a sueldo de la editorial Anagrama (educado eso sí en buenos colegios donde uno madruga para aprender el arte refinadísimo del insulto) o
    b) Se trata de otro escritor con tendencias nihilistas y xenófilas. Conocí de pasada a uno en esta capital que tiene a bien acogerme como solícito contribuyente. Su rostro compungido en el ascensor de forja me animó a leer alguna de sus obras. Entonces descubrí que la falacia biografico-historicista no es a veces tal. Me aburrió soberanamente. Éramos vecinos y cuasihomónimos, hasta el punto que debía rechazar una vez tras otra al chico de telepizza que insistía en llamar al timbre de mi modesta morada. Al final, para dar un giro si cabe más literario al asunto, usaría mi estudio para ampliar su bien abastecida biblioteca. Naturalmente aproveché la historia para componer una novela metafísica para la que ando buscando editor. Por cierto, creo que los dos éramos Virgo, algo de lo que no tienen la culpa ni Goethe, ni Cortázar ni Borges.

    La verdad, no sé con qué opción quedarme.

    javier moreno — 25-10-2005 22:47:07

  19. Ya sabes, Vicente: insultan, ergo no existen.
    Reinciden en el insulto sin percartarse de que el doble de cero vuelve a ser cero.

    Agustín Fdez. Mallo — 25-10-2005 23:56:08

  20. Cómo mola, Javier, lo del "escritor vampiro": ese personajillo tan frecuente que no tiene personalidad ni pulsión propia y necesita de la de otros (sus vecinos con libros), de otras (las novias a las que aburre con sus vagidos por su marginalidad) y de todos los escritores, a los que chupa la sangre para escribir lo que por él mismo, lo que por su imaginación, no podría nunca... Hum... ¿Dónde he leído a uno parecido últimamente, dónde?

    vicente luis mora — 26-10-2005 09:20:00

  21. Vicente,
    Toda novela, por el hecho de estar publicada (publicar=hacer público) bien puede ser criticada. No obstante, me extraña que hables de tu crítica como algo imparcial (ej.“Cada vez me aburren más los libros sobre escritores, que entiendo como una masturbación con la mano de otro…” –a todo esto, ¿es que todos los libros -¿novelas?- sobre escritores son aburridos?) cuando ni veo por qué ni veo qué pierdes por admitir que tal vez ni lo sea ni necesite serlo. De hecho, estoy convencido de que tu crítica destila mala leche, tal y como en cierto lugar sugieren comentarios como “impotencia estilística” o “la pregunta de si el escritor le ha tomado [al lector] por gilipollas”. Y bien está que así sea, eres libre de decir lo que quieras. No obstante, por favor, no hables de imparcialidad. Me resulta imposible entender una frase como “el memo integral descrito por Vila-Matas como Andrés Pasavento resulta ser un saltimbanqui psíquico y atorrante físico que va haciendo el ridículo verbal y conductual por media Europa y la República Centroafricana” con un mínimo de imparcialidad. Te seré franco: a mí, personalmente, me parece algo escrito con una mala baba increíble, con ganas de joder. ¿De dónde nace semejante mala baba? Eso no lo sé. ¿Tendrías otra opinión de esta obra de haber sido su autor un oscuro rumano publicado por El Acantilado o Minúscula? Tal vez, o tal vez no. Si lo comento es porque desconozco por qué no concedes que muchos podamos leer en tus palabras una cuchillada contra Enrique Vila-Matas que va mucho más allá de la valoración que te ofrece su novela, una cuchillada que tal vez sea más violenta dado de que dicho autor ahora vende, cosa que durante años, años en los que escribió obras con un temperamento similar al de Doctor Pasavento, no sucedió. Entonces tal vez te caía mejor, o tal vez no.
    Considero que no resulta fácil criticar una obra como Doctor Pasavento. Nos guste o no el resultado, y no veo por qué nos tiene que gustar a todos, a nadie se le escapa que esta novela no sólo nace de una idea ambiciosa sino que forma parte de una propuesta narrativa que, cuando menos, no sigue los cauces predecibles de la montaña de papel que uno se topa en las mesas de novedades: la de hacer metaliteratura sin renunciar de principio a cualquier pretensión de originalidad. (Sólo por esto creo que deberíamos felicitarnos, dado lo insípido de la montaña de papel.) Está claro que dicha propuesta te suscita aburrimiento e irritación. Otros poseemos una opinión muy, muy distinta. Dicha opinión, en mi caso, no está condicionada por el aparente éxito de su autor, y tampoco niega el valor de otras propuestas literarias muy distintas a las de Doctor Pasavento.
    Por favor no hables de imparcialidad: si algún día conseguimos algo parecido a un crítica literaria en España de la que no tengamos que avergonzarnos necesariamente, quizás lo logremos empezando por defender nuestra opinión sin necesidad de escudarnos en sustantivos abstractos y otorgando al los demás el respeto que creemos merecer.
    Un saludo,
    Iñigo García Ureta

    Iñigo García-Ureta — 26-10-2005 11:35:40

  22. DECONSTRUCCIÓN DE LA CRÍTICA DE I. GARCÍA URETA A LA CRÍTICA A DOCTOR PASAVENTO.

    Bienvenido, Iñigo, a quien he leído, y con interés. Me gustó tu “Todo tiene grietas” (2002), y de hecho me parece una pieza más posmoderna –y bastante más interesante- que Doctor Pasavento; recomiendo ese libro valiente e inclasificable a todos los que tengan la intención de enfrentarse a última la novela de Vila-Matas: créanme que disfrutarán mucho más. Por cierto, Iñigo: envíame más cosas tuyas, me interesa lo que haces, al Apartado 498, Córdoba 14080. Dicho esto (con lo que creo que alguna imparcialidad demuestro), pasemos a tu post, que citamos entre comillas, para releer y desactivar.
    “Toda novela, por el hecho de estar publicada (publicar=hacer público) bien puede ser criticada”: bien, de acuerdo. “No obstante, me extraña que hables de tu crítica como algo imparcial”. Lo sigo diciendo, luego diré por qué. “De hecho, estoy convencido de que tu crítica destila mala leche, tal y como en cierto lugar sugieren comentarios como ‘impotencia estilística’ o ‘la pregunta de si el escritor le ha tomado [al lector] por gilipollas’. Y bien está que así sea, eres libre de decir lo que quieras”: sólo faltaría, gracias por perdonarme mi libertad crítica y de expresión. Voy por partes, retomando y reconstruyendo mis propios términos, para que veas que todo encaja (como diría el Gran Wyoming) como un puzzle celestial. No conozco personalmente a Vila-Matas, nunca he hablado con él ni le he visto más que por la tele, no le envidio (ni a él ni a nadie, de otra manera intentaría ser él/ellos y escribir como él/ellos, cosa que es notorio que no ocurre: léeme y verás), no tengo nada personal contra él. Me gustaron sus principios (de hecho, le invité a que abriera el último Mapa 7.0= poesía + prosa, que hicimos en Córdoba en julio; no pudo), y no me gusta lo que hace ahora.
    Verás: te explicaré la diferencia entre parcialidad y mala leche. Parcialidad es cuando, ANTES de comenzar la lectura, tienes algún tipo de prejuicio contra el autor o su obra, que predispone tu análisis, sea a favor o en contra. Mala leche es cuando, en una lectura desprejuiciada, adviertes de pronto que el escritor te está intentando tomar por gilipollas. Cada vez que Siria aparece en “Doctor Pasavento”, es un insulto a la inteligencia del lector, a quien se le está intentando hacer pasar por coincidencias o casualidades las más peregrinas y forzadas conexiones que uno pueda imaginarse. Lástima que no tenga la novela a mano, porque transcribiría algunas de las líneas de esa funesta página 254, que no es la única, ni mucho menos, para solaz de nuestros lectores. Mala leche es lo que se te va quedando en el cuerpo, como crítico y como lector que se ha gastado x euros –no quiero recordar cuántos- en una novela, cuando ves que te están timando, que estás invirtiendo un precioso tiempo de lectura en un esperpento literario que no se sostiene, que no se cree a sí mismo, que está sumido en la desesperación más radical: no la de Robert Walser (ojalá), sino la de intentar hacer algo de gran altura y comprobar que, por más que se escriba, no se llega. No se da la talla, sobre todo cuando hace tiempo uno (pienso en “Historia abreviada...” y otros libros) sí la daba. Mala leche es cuando el propio autor, lástima que no anotara la página, no pienso ir a buscarla, reconoce abiertamente que su único objetivo es seguir escribiendo, independientemente del contenido, porque (esta conclusión es mía), persistiendo en la escritura se podrá mantener la falacia, la tristísima ilusión, de que uno es escritor, como si por montar en una bicicleta estática fuera uno Induráin. Es decir: no es Vila-Matas quien me produce mala leche, sino su libro, su “impotencia estilística”, que no es una valoración personal: es un simple y serio diagnóstico clínico, Iñigo. Y no soy el único que piensa esto. Y no lo digo por quienes acceden, generosamente, a esta página, para defender mi punto de vista. Hablo de críticos cuyo nombre haría temblar (en el dudoso caso de que el nulo teórico que es Vila-Matas los conozca) a más de uno. Quizá estos críticos no han tenido oportunidad de expresar su opinión o no han querido hacerlo. Por ese motivo, respeto su voluntad y no pongo sus nombres. Y además, qué carajo, no necesito su apoyo. Mi crítica es argumentada, imparcial y justa, porque la indignación que la sustenta es justa, justísima, es la indignación del lector / crítico engañado. Y mi libertad de crítico es mostrarla tal cual, ya está bien de crítica políticamente correcta y modosita: así nos ha ido. Quien quiera crítica normalizada, acuda a los suplementos literarios nacionales: ahí, salvo excepciones, tendrá hasta hartarse. El objetivo de este blog era y sigue siendo dar cabida a otra crítica, a otra cosa, a un análisis (vehemente o frío, duro o piadoso) en las afueras del pensamiento único. La persona Vila-Matas me importa un comino, como la persona Iñigo García Ureta o la persona Jorge Riechmann (por citar un amigo) cuando me pongo a criticar su obra. Ahí se queda sólo el texto ante mí. A lo mejor ese es el problema, y lo que algunos quieren evitar. Más de una vez, hablando con un poeta al que acabo de conocer, que me dice que va a enviarme un libro suyo, le respondo: “no hace falta, ya lo he leído”. Su rostro de terror e incertidumbre mirando mis ojos, como intentando saber de antemano mi juicio, que yo prolongo con un cruel (lo reconozco) silencio de unos segundos, hasta que le doy mi opinión, no tiene precio. Pero no nos dispersemos. Sigo citándote:
    “No obstante, por favor, no hables de imparcialidad (...) Te seré franco: a mí, personalmente, me parece algo escrito con una mala baba increíble, con ganas de joder. ¿De dónde nace semejante mala baba? Eso no lo sé. ¿Tendrías otra opinión de esta obra de haber sido su autor un oscuro rumano publicado por El Acantilado o Minúscula?” Sí. No te quepa duda, los apellidos no me afectan, y la lengua y el origen territorial ni te cuento. Ya viste lo que escribí de Bolaño o de Fogwill en otras partes del blog. “Si lo comento es porque desconozco por qué no concedes que muchos podamos leer en tus palabras una cuchillada contra Enrique Vila-Matas (...) una cuchillada que tal vez sea más violenta dado de que dicho autor ahora vende, cosa que durante años, años en los que escribió obras con un temperamento similar al de Doctor Pasavento, no sucedió. Entonces tal vez te caía mejor, o tal vez no”. A mí no me caía de ninguna manera, ni tampoco iba a permitir que mi valoración personal sobre su persona afectara el contenido de mi análisis. Para despistados: hacer eso se llama crítica literaria. Lo digo por si alguien se ha perdido. “Considero que no resulta fácil criticar una obra como Doctor Pasavento”. Cierto, porque es bastante difícil terminar de leerla; no te puedes imaginar el sacrificio que me supuso. “Nos guste o no el resultado, y no veo por qué nos tiene que gustar a todos” [la crítica, Iñigo, en su faceta de análisis –la de valoración es otra cosa, en ciertos casos- no es una cuestión de gusto; al menos, no la mía], “a nadie se le escapa que esta novela no sólo nace de una idea ambiciosa sino que forma parte de una propuesta narrativa que, cuando menos, no sigue los cauces predecibles de la montaña de papel que uno se topa en las mesas de novedades: la de hacer metaliteratura sin renunciar de principio a cualquier pretensión de originalidad. (Sólo por esto creo que deberíamos felicitarnos, dado lo insípido de la montaña de papel.)”. Las propuestas literarias de Jorge Bucay y Paulo Coelho tampoco forman parte de los cauces predecibles (están fuera de los cauces del puro raciocinio), y no por eso valen un duro. De propuestas ambiciosas está el infierno lleno, lo que da la medida de un escritor es lograr algo a la altura de su ambición; si no, ésta no vale nada por sí misma. Y repito: la opción de Vila-Matas no es original. Está en Kundera, por no decir en cierto Borges, por no decir en cierto Papini y cierto Unamuno; y si el autor no lee, como alguien decía en otro post, a Kundera o a los otros es problema suyo, no mío. Yo sí los he leído. Respecto a la montaña de papel, no creo en que haya que acumular a ella libros más o menos pseudoambiciosos o pseudooriginales, sino introducir en ella libros al rojo que hagan arder al resto. Así que todos tus argumentos quedan rebatidos. Seguimos. “Está claro que dicha propuesta te suscita aburrimiento e irritación”. No te quepa duda. “Otros poseemos una opinión muy, muy distinta”. Eso espero, al menos en el caso del autor y del editor. Respeto vuestra opinión: no la comparto, y por eso hice mi crítica. ¿Tenía obligación de acatar la general –e inexplicable- histeria a favor de Vila-Matas? Lamento ser tan aguafiestas. Es cierto que hay miles de lectores en toda Europa encantados con él. ¿Eso convierte en gran literatura a “El código Da Vinci”, de Dan Brown? “Dicha opinión, en mi caso, no está condicionada por el aparente éxito de su autor, y tampoco niega el valor de otras propuestas literarias muy distintas a las de Doctor Pasavento”: menos mal, gracias a Dios, parece que los demás podremos escribir, incluso cosas distintas. “Por favor no hables de imparcialidad: si algún día conseguimos algo parecido a un crítica literaria en España de la que no tengamos que avergonzarnos necesariamente, quizás lo logremos empezando por defender nuestra opinión sin necesidad de escudarnos en sustantivos abstractos y otorgando al los demás el respeto que creemos merecer”: totalmente de acuerdo. No he hecho otra cosa en mi ya larga vida de crítico, y no pretendo hacerlo en un futuro. “Un saludo” Otro saludo, Iñigo. Y repito: mándame tus cosas. Las que tú haces sí me interesan.

    vicente luis mora — 26-10-2005 13:29:03

  23. Vicente, cada vez dudo más de su capacidad de leer. Dios y ayuda le ha costado terminar Pasavento. No pudo con 2666. No contento con recelar que podía yo ser Vila-Matas, ahora infiere que Iñigo García-Ureta soy yo. Caramba, los estilos cantan las cuarenta, pero para usted todo es uno y lo mismo. Con esa perspicacia lectora vamos malaviados. En cuanto al giro copernicano de su trato, vilipendiando al doctor Orr y ahora pasándole la mano por el lomo a García-Ureta, tampoco es que diga mucho a favor de su juicio de usted, si es que lo tiene. Meteduras de pata más gordas se han visto, pero tiempo hacía que no veía yo una, que son dos, tan ignominiosas. Corrido debiera estar. Si quiere, le canto un corrido.

    Doctor Orr — 26-10-2005 13:58:31

  24. Iñigo García-Ureta acaba de enviarme un mail comentando que él no es el Doctor Orr. Mi respuesta a su post, no obstante, sigue vigente, salvo las referencias contenidas en él a este último, aunque García-Ureta me dice estar de acuerdo con el contenido sustancial de sus comentarios. Para evitar confusiones, procedo a editar mi "Deconstrucción" del post 22, para ajustarla al post de Iñigo. Lamento la confusión, pero pensé que era él, tras abandonar el pésimo estilo del Doctor, que yo creía su máscara. Disculpas a Iñigo, y a los lectores que hayan podido acceder al blog en estos veinte minutos de ínterin.

    vicente luis mora — 26-10-2005 14:13:11

  25. Vaya con el colegueo que se gastan, caballeros, en este lugar siniestro. Ni pensar quiero en lo que haya de venir, porque tampoco lo tengo que sufrir.
    Qué presteza en acudir al llamamiento que pregona la voz de su amo, digo la voz de su mando. Todos a una, con la salvedad de uno solo. Que no parece asiduo, sino ocasional visitante con sabiduría para templar gaitas. Y pulso para llamar a las cosas por su nombre. Y que seguramente, como yo, se habrá despedido de este lugar infecto donde tanto se proclama el derecho a disentir que no se tolera una sola disensión. (A propósito: tanto dudo de que el bloguero mayor del reino sepa leer, que dudo siquiera de que haya leído el libro de García-Ureta que cita untuosamente. Mejor dicho: ¿sabrá decirme quién lo prologa, o no tiene ejemplar a mano?)
    De haber sabido que iba a encontrarme con el peor ciego, que es el que no quiere ver, me habría abstenido de alegrarles el rato. Pero es que me he encontrado con algo bastantísimo peor que ese ciego: con una reata de ciegos que van cogiditos de la mano rumbo al despeñadero del resentimiento. En este patio de vecinas nadie ha leído “Doctor Pasavento”: hay uno que hace una depreciación militarizada tras su lectura enfermiza, pura diatriba babeante y sinrazón mayúscula, y los demás testaferros se apuntan al bombardeo. Edificante, sí señor.
    (A propósito: hay en la red otras opiniones sobre “Doctor Pasavento”. Totalmente distintas, claro. Una que discrepa en su metodología y en sus conclusiones de ésta, por ejemplo: www.lacasadelosmalfenti.com.)
    Que les aproveche. Me ahorro tan bochornoso espectáculo. Eso sí: en sus ratos libres (ratos libros, mejor dicho), sigan leyendo a Coetzee, a DeLillo, a Beckett. Tal vez salven los muebles. La casa, me temo, seguirá como está: uno por otro, y tan sin barrer que da pena.

    Doctor Orr — 26-10-2005 16:16:46

  26. rrrrrrrrrr, rrrrrrrrrrrr, rrrrrrrr (ronquidos)...

    vicente luis mora — 26-10-2005 18:35:20

  27. Caramba, caramba: miren lo que dejó Vila-Matas en su charla con los lectores de elmundo.es:
    "10. El personaje de su último libro navega por internet como pez en el agua, ¿usted tambien?
    Tengo controlada a la mitad de la población mundial.
    11. Buenos días, Enrique ¿Qué es lo primero que haría si el jueves la Academia sueca anunciase que el Nobel es para Vila-Matas?
    Haría un discurso en el que citaría a Roberto Bolaño. A continuación renunciaría al premio."
    Es muy interesante: dominio de Internet y control continuo (¿sobre el Google? ¿autosurf, como dicen los internautas yanquis?), paladín de Bolaño... Y todo esto, unido al hecho de que el prólogo al libro de García Ureta es del propio Vila-Matas... Y ese libro no tuvo muchos lectores... Hum... Caramba... ¿Llegaría yo a autodefenderme, justiciero de mí mismo, en blogs ajenos, anónimamente? Yo no, cuando he tenido que hacerlo (pienso en el foro de casadosolis.com) di la cara, pero quizá otros... otro... caramba, caramba... qué cosas.

    vicente luis mora — 27-10-2005 00:52:40

  28. Leí la primera página de Doctor Pasavento por lo que no puedo opinar con fundamento. Aún así puedo opinar de esa primera página, y mi opinión es que apesta. Quize leer "Suicidios ejemplares" y no pude. No sé dónde se había escondido la fabulosa prosa de que tanto se habla en los suplementos literarios y en las fajillas y primera de forros de los libros. Por entonces estaba leyendo Rock Springs y Like Life, de Ford y Moore, respectivamente. Creo que por eso mismo Vilamatas, que es un exquisito escrito sobre escritores, palidecía al estar junto a autores que se toman en serio el relato breve. Bueno, Vilamatas también se lo toma en serio. Pero ya saben como lo hace. Nop, prefiero no perder mi tiempo.

    Mauricio — 27-10-2005 06:37:39

  29. Doctor Orr, con esa prosa me daría pena hasta pedir un taxi.

    Mauricio — 27-10-2005 06:42:37

  30. Mira, Vicente: la ignorancia tiene un pase, pero la reincidencia es delito. Cuando no estás roncando estás mejor callado.
    Tu desazón con el doctor Orr te ha llevado a identificarlo sucesivamente con Vila-Matas, natural recelo en un alma cándida como la tuya; luego, con Iñigo García-Ureta, en un desliz propio de quien prejuzga atolondradamente; ahora, con insidia y toda la mala leche desnatada que reboza cada una de tus palabras, de nuevo con Vila-Matas. Para tu ignominia, te diré que lo haces como una colegiala de una cursilería insufrible.
    Descansa tranquilo, hombre. Descansa en paz. Tienes a tu entera disposición –tú y el resto de contertulios gallináceos– todos los elementos de juicio necesarios para saber quién es el doctor Orr, pero te falta la natural curiosidad para averiguarlo. Y ya dije que el juicio te lo noto escasito. El doctor Orr te ha remitido a otra apreciación de “Doctor Pasavento” en la que encontrarás la clave si te quitas la galbana del apoltronado en su sillón bloguero. Te ha dicho que lo has leído, ha citado autores varios. Pero eres tan zafio que ni por ésas. Así que a ver si te pones las pilas y al menos tienes la gallardía de pedir disculpas por tus injuriosas atribuciones de sieso mentecato, que ya va siendo hora.
    De tu proverbial torpeza he encontrado en tus palabras recientes un ejemplo que da grima, de modo que te lo voy a referir despacio, para que repares en las baladronadas que llegas a decir sin siquiera darte cuenta. Me limitaré a señalarte un lapsus linguae tan esclerótico como esclarecedor.
    Glosando la intervención de Gª-Ureta (que, puesto que has editado tu “deconstrucción”, a saber qué entiendes tú por eso, podías haber corregido, pero es imposible que te des cuenta) dices lo siguiente, atención a las comillas: <<“No obstante, por favor, no hables de imparcialidad (...) Te seré franco: a mí, personalmente, me parece algo escrito con una mala baba increíble, con ganas de joder. ¿De dónde nace semejante mala baba? Eso no lo sé. ¿Tendrías otra opinión de esta obra de haber sido su autor un oscuro rumano publicado por El Acantilado o Minúscula?” (y se cierran: hasta aquí, Gª-Ureta. Ahora, el bocazas del bloguero:) Sí. No te quepa duda, los apellidos no me afectan>>.
    ¿No ha reparado nadie en que dices justo lo contrario de lo que pretendías y te quedas tan campante?

    PS: con tu manera de medir el tiempo, supongo que si lo que fueron dos horas son, sic, veinte minutos de ínterin, habrán sido una minucia las ocho horas que has tardado en averiguar quién prologa “Todo tiene grietas” (sin recurrir a tu ejemplar, porque no existe: reconoce el punto hipócrita, hombre, si es que eres). Te diré lo que aquel reloj en su esfera: “Quien demasiado me mira, pierde su tiempo”.
    PPS: le dices a Mauricio que yo nunca viajo en taxi, me lo prohíbe mi religión. Y que se observe el orificio, a ver si todo lo que caga tan raudo es prosa o es presa de la prisa. No, mejor no le digas nada, que a lo mejor lo capta con vicio y le saca de quicio.

    A las cosas por su nombre — 27-10-2005 10:59:13

  31. Mira, para mí no hay distinción entre ser Enrique Vila-Matas o un mandatario maleducado de Vila-Matas, pero si te lo tomas como algo personal es porque hay algo personal. A lo mejor eres Ingravallo, Yvette, o un amigo de ellos. Ni lo sé, ni voy a perder mi tiempo visitando webs para solucionar acertijos. Tú sí tienes tiempo libre, por lo que se ve. Enhorabuena por ello, eso sí que me da envidia. Abajo te copio el mail que envié a Trama Editorial (puedes preguntar allí) el 23 de abril para que me enviasen el libro de Iñigo. Y ya basta. No te borro el comentario, a pesar de los insultos, para que ni siquiera puedas decir que en este blog no hay libertad de opinión. Que la haya, y que aparezca en la página 2 de la búsqueda de Google si tecleas "Doctor Pasavento", es lo que te duele. O eres Enrique, o alguien de Anagrama, o un testaferro. Es patético en cualquiera de los tres casos, ir rastreando malas críticas, para intentar minarlas. Fracasaste, o fracasásteis. No vais a callarme. Y aun así, el clamor sobre la mala "forma" o bajón de Vila-Matas (en una entrevista dice que está desubicado respecto de lo que va a hacer a partir de ahora: no me extraña, yo estaría aterrado) está dejando de ser sordo, para ir alzando progresivamente la voz. Por cierto: actuaciones tan miserables como ésta, no hacen más que darme la razón, y alimentar los rumores: nadie puede atacar con tanta fiereza, si no se siente dolido. Y sólo se siente dolido... quien tiene de qué dolerse. Si no tuvieras una relación personal (o profesional), o no fueras el propio Enrique, ¿a qué vienen tanto encono y tanta descalificación personal? Madura, y acepta las críticas. Saludos, y a rascarse.


    Fecha: Sat, 23 Apr 2005 13:37:00 +0200 (CEST)
    De: "Vicente Mor" <vicenteluismora@yahoo.es>
    Asunto: Fwd: Solicitud
    Para: trama@infornet.com
    Vicente Mor <vicenteluismora@yahoo.es> wrote: Estimados Sres., soy Vicente Luis Mora, crítico literario en diversas publicaciones y narrador. Me han hablado muy bien de un libro publicado por ustedes, titulado Todo tiene grietas. Me gustaría que me lo enviasen, contrarrembolso, a
    Vicente Luis Mora
    Apartado 498
    14080 Córdoba
    Atentamente,
    VLM

    vicente luis mora — 27-10-2005 12:44:31

  32. ¿Rastrear una mala crítica? Por favor. La tuya no es una “mala crítica”. Es una crítica muy mala. Y parecido no es lo mismo. Ni por el forro.
    Tan rastrero es eso que tú llamas crítica que yo no la considero crítica, pero eso ya quedó dicho.
    En cuanto a las cábalas sobre mi identidad con las que sigues haciéndote cisco, déjalo estar. Soy un lector y amigo, sí, de la justicia. Del buen juicio. Del tino. Todo lo que falta en el tono de tu bodrio.

    Ah: muy agradecido por no borrarme ni una palabra, esto honestamente te honra.

    Doc Otro — 27-10-2005 13:01:57

  33. Sólo una mente perturbada y maliciosa (perdón, este último adjetivo se queda corto) puede considerar que la respuesta "Sí. No te quepa duda, los apellidos no me afectan." a la pregunta "¿Tendrías otra opinión de esta obra de haber sido su autor un oscuro rumano publicado por El Acantilado o Minúscula?" no sea producto de otra cosa que de la velocidad a la que nos obliga la escritura cibernética.
    Por contraste, encontramos expresiones tan gloriosamente literarias como "lentes de caca" (reincido en ello porque de verdad que me parece al hallazgo poético del siglo XXI, del que ya no necesito buscar más genios porque está aquí, en este blog, se hace llamar Doctor Orr, y se mezcla con nosotros, miserables mortales, para transmitirnos la VERDAD como debe ser: como un dogma de fe) o "todo lo que caga tan raudo es prosa o presa de la prisa" (¡qué belleza ante nuestros ojos cegados tras la lectura de tanto Ashbery, Aleixandre, Ajmátova y más poetas inútiles cuyo apellido comienza por A!).
    Por último, dejar consignado, ya que Vicente no se cree dios (que otros sí se lo creen) y no puede estar atento a todo, el inicio de su crítica: "Lo que viene a continuación (esto es: la crítica) no será del gusto de casi nadie. Ha sido doloroso redactar lo que viene a continuación, pero mi obligación es hacerlo." Y que sigan hablando de mala baba e imparcialidad.

    Guillermo Ruiz — 27-10-2005 13:44:21

  34. Querido Guillermo, gracias de nuevo, pero aprovecho (al responderte a ti) para comunicaros algo a todos. Tiene razón Agustín Fernández Mallo, quien en un mail de esta mañana me recomienda que no entre al trapo con anónimos, ya que se rebaja el nivel del blog. Es cierto. De aquí a una semana (para que no parezca censura lo que no lo es) serán borrados todos los comentarios, de todos los posts, sin contenido literario. Esto es: se suprimirán los meramente personales, aunque no sean insultantes. Mi idea era hacer un blog de crítica, y es cierto que estos dos últimos días no lo ha sido, siendo sólo mía la culpa, ya que debo decidir hacia dónde quiero que vaya esta página Debe ser abierta, sí; y crítica, pero literaria. En muchos posts puede verse un debate, incluso una abierta discusión, de ideas. Quienes tengan otras cosas que decir se equivocan de blog. Normas a partir de ahora, que hago públicas con anterioridad, para no llamar a equívocos: 1. Los comentarios meramente injuriosos serán borrados de forma instantánea. 2. Los comentarios literarios que incluyan injurias o descalificaciones contra alguien serán editadas por mí, incluyendo en ellas, entre paréntesis: "(frase censurada por contener descalificaciones personales)", permaneciendo incólume la parte literaria del comentario. Lástima que sean necesarias estas escasas, pero creo que pertinentes y razonables, reglas en una página que hubiera preferido no tener ninguna. Pero la falta de nobleza obliga. Los cobardes quedan desterrados de esta página. A pensar o a firmar (mejor, si ambas cosas a la vez); lo demás, extramuros.

    vicente luis mora — 27-10-2005 14:00:38

  35. Hora de recapacitar.-

    Les habla otra vez quien habla desde dentro del Doctor. Ve con buenos ojos (el doctor dice que también) la necesaria toma de medidas por parte del webmáster de este blog, qué remedio. Las cosas se han salido de madre. Dice el Doctor, y me dice que les diga, y yo hago caso, que lamenta en su justa medida haber contribuido a rebajar el nivel. Quiere dejar constancia de algo que dijo en su día, nada más entrar al trapo: en el post 11 (hace más de 48 horas), dijo: “Me he limitado a ponerme a su altura de enano”. Por eso dice que pide disculpas si son admitidas.
    Si es preciso restringir la entrada en esta dichosa página de todo lo que resulte crispante e indeseado, hágase. Ahora bien: dice el Doctor, y yo me sumo, que habría que empezar por suprimir las múltiples injurias que contiene la soi dissant crítica que las ha generado. Quiere entender el malestar recalcitrante que ha provocado la lectura de un libro en quien lo comenta en términos que no son de recibo; dice que le cuesta un huevo; me pide que les comunique que la falsa modestia con que abre su ―de acuerdo― llamémosla crítica, es imperdonable, y que al autor de la misma nadie la ha puesto una pistola en el pecho para que publique lo publicado, pero que a lo hecho, pistola, pecho y dos cojones, sí señor. Que esa captatio benevolentiae es lo más sibilino que se ha visto, y que tampoco es original. En fin.
    Agradece el Doctor, yo no necesariamente, que se promulgue una moratoria de una semana. Razón no le falta cuando dice: “Tal vez en tal caso el propio Vicente reconozca que se ha extralimitado un par de continentes, sin contenido, en el ejercicio de sus funciones críticas. Me gustará ver qué suprime de su intervención inicial, ¿o ésa está libre de toda criba?”. Está plenamente de acuerdo en que se suprima cuanto no proceda, dando por hecho que habrá de ser el perjudicado primero, cosa que no le importa ni mucho, ni poco, ni ná, y pone una vela a Santa Rita por la buena conducción del cadáver, digo por el buen fin de tanta trifulca. Y que agradece la paciencia del respetable, que a fin de cuentas él está aquí de prestado.
    El Doctor entiende, y yo con él, que hay aproximadamente unas doscientas manera de poner a caldo un libro sin caer en la insidia. Siendo irreconciliables las posturas, siendo las posturas una de descalificación sin base de una obra literaria (sin otro fundamento que el gusto, que no es mío), y otra de aparente defensa de esa misma obra (sin más fundamento que la admiración y la afinidad), o tal vez de mera exigencia de una mínima justicia en el juicio literario, estima que tal vez lo propio sea aprestarse para una nueva batalla, caso de que surja, sin golpes bajos ni pasiones ruines. Dice que le encantaría entablar ese debate, que sólo aguarda a que surja un tema propicio. El de los suicidas sospecha que no ha de ser. Afirma que le inspira gran respeto el de quien habita en los márgenes del pensamiento único, márgenes en los que echa de menos un sitio para otro margen más marginal si cabe, como el que ha pretendido ocupar, no hallándolo ni con lupa. Y me pide que no firme, que todavía no es hora. Cada cosa a su tiempo.

    Hugo Ball — 27-10-2005 16:31:29

  36. A mí Vila-Matas me gustó en Historia abreviada de la literatura portátil y un poco menos en Bartleby y compañía, aunque también. Pero ya en El mal de Montano me decepcionó bastante. Así que he decidido no seguirlo demasiado, sobre todo porque reincide en los mismos autores y temas una y otra vez y aunque esos autores (Walser, Gombrowicz, etc) son dignos de frecuentar no lo son tanto los comentarios del autor catalán. Prefiero quedarme con el buen sabor de boca de los dos libros que cité al principio.
    Por cierto, a veces no entiendo la pedantería que conlleva el saber escribir medianamente bien. Y sobre todo me aburre sobremanera esa puta manía de insultarse unos a otros con unos insultos que intentan resaltar la excelencia (no existe tal) de quien los firma.

    Toño Soria — 30-10-2005 20:05:35

  37. Estimado amigo, estoy de acuerdo con todo tu comentario, desde el principio hasta el final. Y por eso, no sé si lo leíste más arriba, muy pronto desaparecerán los insultos, quedando sólo la literatura. Pero ojo: tu último párrafo también tiene muestras de parte de lo que denuncias...

    vicente luis mora — 30-10-2005 20:23:33

  38. Por tratar de aportar algo al debate: en la revista zaragozana Riff-Raff (nº26, otoño 2004) apareció una reseña de David Mayor a París no se acaba nunca ("Enrique Vila-Matas pierde pie"), que iba bastante en la línea que apuntabas en la tuya, Vicente. No puedo reproducirla ahora, -lo intentaré en próximos días- pero de todas formas lo digo, por si te interesa y puedes buscarla por allí.

    Tocayo — 31-10-2005 18:00:12

  39. Lo raro, desconocido tocayo, es que haya tan pocas reseñas en ese sentido. Nadie duda de la categoría potencial de Vila-Matas, pero ningún escritor está a salvo de tener altibajos, y hasta Borges escribió "Evaristo Carriego". A raíz del follón (que, sinceramente, no esperaba, y que se está reproduciendo por otros blogs y páginas), he ido leyendo cosas y lecturas de otra gente sobre "Doctor Pasavento". Todo el mundo parece alegrarse de que haya un autor que, sin caer en las zafiedades de Dan Brown, Coelho y compañía, se encarame a las listas de ventas. Y, desde luego, yo prefiero mil veces que esté ahí Vila-Matas a que esté cualquier petimetre que no sepa lo que es la literatura de calidad (ni la otra, en puridad). El bache (innegable) de Vila-Matas bien puede ser un paso atrás para coger impulso, espero y quiero que lo sea. Yo he disfrutado mucho con los "Suicidios ejemplares", con la "Historia abreviada de la literatura portátil", con "La ciudad nerviosa", con "Para acabar con los números redondos", y con otros libros del catalán. Ojalá volviera a la pureza de "La asesina ilustrada", por poner un ejemplo, o al coraje de libros como "Extraña forma de vida", o se inventara otra cosa. Tendríamos un milagro: alguien que escribe bien (muy bien, si regresa o avanza), y que además vende. Lo que siempre habíamos querido. Pero el éxito de los "shandy" y los "ingravallo" me hace sospechar: ¿no estamos ante más de lo mismo? ¿ante cosas que se venden porque no son literatura de alta calidad, como prueba que cuando el propio autor hizo cosas mejores, no se vendieron tanto? Hum... Da que pensar, al menos. Pero insisto: ojalá Vila-Matas, Marsé, Goytisolo, González Sainz, vendieran millones de libros, incluso en sus malas rachas, y no los colocaran los mequetrefes que, casi sin excepción, copan los recuentos de best-sellers. Al menos, serían gente del oficio, gente a la que de verdad le gusta la literatura, gentes del libro (perdón por la interferencia religiosa, pero para mí la literatura es un credo), autores capaces de lo mejor, los que se enriquecerían con justicia. No sé si llegaremos a verlo, tocayo. Quedémonos con la esperanza, al menos.

    vicente luis mora — 31-10-2005 18:54:23

  40. Aquí va el final de la reseña de David Mayor."Enrique Vila-Matas pierde pie", en Riff-Raff, 26, otoño 2004.

    "Los años noventa continuaron la manera Vila-Matas, dieron matiz a lo que adquirió cima en Historia de la literatura portátil para señalar vías más sombrías, ahí está Suicidios ejemplares o Hijos sin hijos, libros que sin perder sentido del humor están hechos de una melancolía oscura, como inscritos en un mundo decadente, muy fin de siglo. Dos libros en los que la ficción se recubre con tono ético, de una mirada perpleja ante un mundo que invita a la desaparición, incluso a la desaparición de la escritura. Pero, con Bartleby y compañía a Vila-Matas le llega el éxito popular e inicia su particular amaneramiento. Pese a que la crítica volandera de los periódicos, sin apenas voces públicas discrepantes, sea unánime en considerar que en los tres últimos libros- Bartleby y compañía, El mal de Montano y París no se acaba nunca- Vila-Matas ha conseguido su madurez, uno piensa que con estos libros Vila-Matas ha perdido pie, ha sucumbido al riesgo de la indiferencia, ha dejado de exponerse. En estos libros ha sucumbido a la reconstrucción de múltiples identidades desde el mismo juego especular que ha hecho de la afirmación postmoderna compulsión postmodernista. Ese telón opaco que hace que el pensamiento se diluya tras un rizo intelectualista sin salida -apreciación que tímidamente apuntó en una reseña periodística José María Pozuelo Yvancos- está sobre Vila-Matas. El escritor catalán se ha integrado con gran reconocimiento en el circuito de las modas de la sociedad de consumo, se ha convertido en una mercancía intelectual utilizable en cualquier circunstancia. Bartleby y compañía, en formato de bolsillo claro está, es un libro de rápido consumo, anecdótico, fácil de leer. Una joya del No. Y Montano, y ese París que de tanto decirnos que hay que leerlo en clave irónica uno termina leyéndolo con sarcasmo. "La ironía sentimental es un perro que aúlla a la luna meando sobre las tumbas" anotó Karl Kraus en su diario. Esperemos que Vila-Matas haga caso a la dedicatoria que le hizo Paco Monge, traductor del Antiedipo: "A Enrique, que lo quiero más por lo que se atreve a dejar de ser que por lo que sabe que puede llegar a ser"."

    Tocayo — 01-11-2005 13:06:49

  41. Chappeau. Sabía yo que no todos podemos ser envidiosos, y que cuando se lee con distancia, se ven mejor las cosas. Y me extraña la mención citada del tan erudito como pacato y conservador Pozuelo Yvancos, es increíble que haya dicho que el de Vila-Matas sea un "intelectualismo sin salida". Tendré que buscarlo, porque no me lo creo, viniendo de alguien tan reacio a cuestionar predicamentos. Gracias por la pista, tocayo, es bueno saber que uno no está solo, aunque estar solo no sea del todo malo. Respecto a la dedicatoria, me ha recordado el poema de Mariano Peyrou: "las cosas / son el hueco que dejan; las personas el hueco / que quisieran dejar. / O el hueco que no llenan sus presencias" ("Algo de lo que pasa", A veces transparente, Bartleby, 2004)

    vicente luis mora — 01-11-2005 13:37:56

  42. ¡Caray! No sé si la crítica de Vicente Luis Mora invita o no a la lectura; estoy debatiéndome entre leer no leer sí leer no no leer "Dr. Pasavento". Pregunta sin ánimo de polémica: ¿qué se debate aquí además de la obra en sí misma?

    Mario Cuenca — 01-11-2005 21:05:03

  43. Que yo sepa nada más. Al menos, yo colgué mi crítica a solas, todo lo demás que haya lo han introducido anónimos. Si no sabe qué leer, le recomiendo "Suicidios ejemplares", del propio Vila-Matas, "Ka", de Roberto Calasso (Anagrama), las nuevas novelas de Dave Eggers y Martin Amis o cualquiera de José Ángel González Sainz.

    vicente luis mora — 02-11-2005 09:03:33

  44. Gracias por las recomendaciones. Algunas ya las conocía. Yo me refería a cierta moda, muy Sebald, muy Claudio Magris, en que mundo y literatura son tratados en la novela como si fueran un mismo nivel de realidad, o como si fueran el mismo texto. No sé si es esto lo que se discute en el fondo de tu crítica o el talento de Vila-Matas para lograrlo. No he leído esta última entrega, pero "Bartleby" no me produjo la impresión de estar frente a "dos libros" (un ensayo y una novela mejor o peor trabados), tampoco "El mal de Montano", aunque admito que aquí el juego de Vila-Matas no es tan efectivo, o al menos esa fue la impresión que extraje.

    mario cuenca — 03-11-2005 14:00:30

  45. No se discute el hecho en sí de adjuntar íntimamente literatura y vida, sino su abuso, que es otra cosa. No podría criticar una técnica que utilizo continuamente en mi propia obra. Pero la literatura como intertexto, como material de trabajo, es algo muy distinto de tomar los escritores como personajes, por ejemplo. Y aun así, en el primer caso, reitero, el abuso es insano. Se discute eso; se discute si Vila-Matas ha abusado o no de la literatura, se discute si ha utilizado escritores como personajes sin pulsión vital alguna. Me temo que la respuesta es sí en los dos casos. E incluso mi crítica no se extrapola a los otros libros del "ciclo" (eso exigiría una relectura conjunta y detenida de los cuatro libros, que no pienso hacer así me paguen con oro), sino sólo a si "Doctor Pasavento" tiene o no esas carencias. Y me temo que las tiene. Y eso es todo.

    vicente luis mora — 03-11-2005 14:10:24

  46. La tilde generosa que perdí
    caiga en algún collage ultraico
    de los que confundís con posmodernidad.

    Heróclito dos — 06-11-2005 12:49:05

  47. Ayer censuraron este mensaje: VLM se defiende roncando... el contraataque crítico que mejor se le da. Es posmoderno. duda de las palabras últimas y ronca. Y más divertida aún la manera que sus mediocres amigos hodiernos tienen de defenderle. Creo que Doctor Orr tiene, como Vila-Matas, un talento demostrado por su escritura, ajena a prejuicios: en su mundo, y a él van los lectores, unos vienen otros non. Pero no creo que nadie, es decir ni sus amigos mongos, ni su prima Concha, con la que perdió la pubertad en una serrería, pierda el tiempo leyendo a Vicente Luis Mora. Si alguien tiene un rato, que mire aquí: <http://www.caresantos.com/Vicente_luis_mora.htm>...
    Claro que debería leerlo más de una vez para sacarle todo el jugo, como al hueso de canilla y a las raíces del campo. Y después digan quién de los tres narra la historia y con qué muñón teclea.
    Heróclito <> — 06-11-2005 12:44:25

    Enrique Rebul — 07-11-2005 10:25:00

  48. El post fue eliminado por contener expresiones injuriosas y venir firmado con seudónimo. Me parece que el que usas ahora también lo es, pero mantendré tu comentario concediéndote el beneficio de la duda, y dando por hecho que "Enrique Rebul" sea un nombre real. De todas formas, por favor, déjame tu mail personal o envíame un correo a vicenteluismora@yahoo.es, para que vea que existes. Lo del muñón no tiene mucha gracia pero bueno, te lo permito. Sólo espero que ahora, ya que se te concede espacio (y tiempo: el que me costó quitarte el comentario de ayer y el que me cuesta responderte a éste) lo aproveches para algún comentario inteligente sobre literatura, sea sobre la obra de Vila-Matas, o sobre cualquier otro autor. Si es que puedes hacerlos. Un saludo.

    vicente luis mora — 07-11-2005 10:33:04

  49. A mí me gusta Vila Matas. Pero no voy a defender su escritura sólo porque me guste. Ojalá pudiera. Pero temo que me arrojen a la cara alguna extraña y contagiosa palabra extraída de los guetos universitarios o de los libros de poesía donde la naturaleza, más que madre, parece la nieta díscola de Euclides.
    Creo que la obra de Vila Matas es incómoda de leer porque dentro de algunos lectores hay un alcornoque disfrazado de rizoma que, en el fondo, lo único que quiere es enraizar.
    También creo que es un testimonio de auténtica devoción por la literatura, por una tradición enormemente rica de la que quiere formar parte no desde dentro, de una manera central, rígida, sino de un modo superficial entendiendo superficial a la manera, por ejemplo, de John Ashbery, al que tanto se cita en este blog y al que tanto, al mismo tiempo, se desconoce.
    Creo también que su pose de raro es un antídoto envidiable contra el periodismo disfrazado de crítica literaria.
    Además, es, como mínimo, el mentiroso con más talento de la última literatura españolita.
    Yo, como lector poco erudito, no lo juzgaré nunca por sus caídas, sino por las felicidades que me ha dado, los autores que me ha descubierto, y el mucho tiempo que me ha hecho perder investigando la existencia de libros inexistentes. Hasta eso le agradezco, fíjate.

    Tomás Aluche — 10-11-2005 17:29:38

  50. Apoyo el comentario de Iñigo García-Ureta acerca de la imparcialidad. A mi modo de ver, la crítica de Vicente tiene sus visibles dosis de mala uva. Seamos sensatos y reconozcamos que no existe la imparcialidad. Desde el momento en que opinamos sobre algo estamos siendo claramente subjetivos. La objetividad, imparcialidad o como se quiera llamar, no es más que un comodín para que ciertas injurias se vendan como supuestamente compartidas. No estoy censurando la crítica en sí (la encuentro excesiva, no más), pero creo que Doctor Orr u otro navegante tiene el mismo derecho a escribir una crítica sobre la crítica igual de sangrante. Alguien que lanza dardos debería saber recibirlos. Con respecto a Vila-Matas debo confesar que me gusta. Cada vez menos, eso sí. Creo que está haciendo el mismo libro desde hace años.
    Una última opinión: no me gusta que pidáis "comentarios inteligentes". Es una manía personal, lo sé, pero detesto que el término inteligencia se use en contra de los que, como yo, aborrecen la erudición gratuita y hablan de tú a tú. Gracias.

    hector — 12-11-2005 12:55:12

  51. "Alguien que lanza dardos debería saber recibirlos", dices. A lo mejor por eso al final no he borrado los comentarios del Doctor Orr. De todas formas hay una diferencia: yo hacía una crítica literaria, él un comentario personal y despectivo. Pero aún así lo he dejado, para que se vea que hay clases: sobre todo la de quienes dan la cara, y la secta de quienes no. Por cierto, el link a tu blog es incompleto. Déjalo completo, para que podamos examinarte.

    vicente luis mora — 12-11-2005 15:14:52

  52. Vicente, hablando así eres lo menos posmoderno que hay. ¿Hay "clases"? ¿Examinarte? ¿Dar la cara? ¿Secta? No te justifiques tanto, aquí todos, incluso tú, somos seudónimos: un nombre: un lugar de la enunciación. En fin, una máscara distintiva, o identificativa, que viene a ser lo mismo. Para el caso, da igual que uno se llame Doctorr Orr, Héctor, o Philipp Jaccottet. He copiado un texto de Deleuze en la sección de antologías porque creo que viene al caso. Ya me dirás, aunque imagino que también te habrás leído las obras completas de Deleuze -y esto es una broma cariñosa, he estado leyendo tu Nova y es endiabladamente culto. El miércoles voy a Madrid y me voy a comprar los libros que me dices y algún otro. Ya os comentaré. Por cierto, ¿qué librerías buenas hay en Madrid?

    Valeria — 12-11-2005 16:01:29

  53. Doctor Pasavento gira en torno a la cuestión de la identidad: su construcción, su demolición, su constante transformación, su perpetua inestabilidad o su estabilidad falaz. Pasavento pasa a ser “psiquiatra psiquiatrizador”, y emprende un recorrido sin retorno calzándose con las botas de siete leguas del heterónimo desnominador. Si no se entiende esa ceremonia de la confusión que se practica sobre lo más sacralizado (el yo, el nombre, la cara en el espejo), que es lo más falaz, y que requiere un desenmascaramiento, no parece fácil entender mucho de Doctor Pasavento.
    La labilidad (=lo resbaladizo) de lo idéntico o identitario, bonito neologismo sacudido hasta la saciedad con objeto de Pasavento, es sólo uno de los centros de gravedad humorística del libro de Vila-Matas. Quizá el de mayor fuerza gravitatoria. Hay otros. Pero la gravedad es humorística, eso es así. Además, Pasavento lleva a cabo su desaparición en el texto, lo cual ya es una paradoja de marca mayor. Si la desaparición fuese como algunos quieren, apaga y vámonos.
    A lo mejor, así se entienden algo mejor los guiños que ha hecho el majareta del Doctor Orr (y Heteróclito, y otros: siempre otros, meros nombres, como ha dicho Valeria) con sus cambios de nick. Y así se entiende que a VLM le hayan parecido enojosos (a todo esto, le honra no habérselos borrado, pero ya nos habíamos dado cuenta, no hace falta que uno se condecore de ese modo, ¿no?). Por cierto: ¿se dice nick? Creo que sí, que en la red es habitual el uso de apodos, o nicks, que a nadie suelen inritar. Sólo le ha faltado llamarse Nick And Orr. Tocando el tambor, por supuesto: como quería Carmen Martín Gaite (cf. El cuento de nunca acabar).
    Si a esa quebradura de la mayor de las convenciones sociales ―“yo soy yo, etc.”: Ortega no pudo ser más convencional que en su famosa perogrullada― se añade la voladura de otras tantas convenciones al uso (la primera de las cuales, al modo de Magritte, es que "ceci n’est pas un roman", Andrés Pasavento no está inmerso en una novela, el libro de Vila-Matas no creo que lo sea, y si se le llama novela es sólo para entendernos, aunque quien diga que lo es ya no habla de lo mismo que yo: sólo me interesan las novelas que se leen como si no lo fueran, pero para eso es necesaria una operación compleja del imaginario, soltar las amarras del realismo y el lastre naturalista, que es la sangre tirando a viscosilla, y colorada, que VLM echa de menos), parece evidente que no es la circunspección del cítrico autoproclamado crítico (¿o era al revés?) la actitud o el enfoque más aconsejable. Pero dejémonos de naranjas y limones.
    Dice el dicho que “beauty is in the eye of the beholder”. Lo dijo un crítico. Samuel Taylor Coleridge para más señas. Se le pasó por alto la homofonía lúdica a que se presta, pues la belleza bien podría estar no sólo en la mirada de quien contempla, sino también en el ojo del que sujeta la cerveza, el “beer-holder”. Tenga uno la cerveza en la mano, tenga la belleza que contempla en la retina (mejor: tenga ambas cosas al tiempo, si es que se tiene tieso), si la experiencia de la lectura de un artefacto como Doctor Pasavento no le pone a segregar endorfinas como un descosido, es preferible que haga como yo con Musil y reconozca que la miel y los labios del asno y las perlas y los cerdos etc.
    La tornillería Pasavento no se deja leer con un paso estrecho. Se requiere un determinado paso de rosca. Se exige, incluso, pasarse de la rosca, me parece.

    Ah: para Valeria, librerías en Madrid: La Central, abierta en el MNCARS hace uans semanas; Méndez, en la calle Mayor; la Machado, donde sigue atendiendo Miguel Hernández, en la calle Fernando el Alcohólico.

    Rrose Sélavy — 12-11-2005 18:42:02

  54. Puedo aguantar, amiga Se la ví (el nombre es el de un travestido, seudónimo de Duchamp, ¿no?) tus banalidades (si quieres coñas a partir del yo, las hacía mejores y mejor escritas Svevo), pero me parece el colmo que digas que yo confundo la sangre que le falta a Vila-Matas con "soltar las amarras del realismo y el lastre naturalista". Eso sólo demuestra tres cosas: 1. Que no te has enterado de la crítica. 2. Que no has leído el resto del blog. 3. Que no has leído mi propia obra literaria, en las antípodas del realismo ingenuo, del naturalismo y cualquier herencia húmeda del XIX. Pero en fin. Habrá que seguir leyendo estupideces, para que de vez en cuando entre alguien (como los desconocidos Horacio o "b", como los conocidos Agustín, Eloy, Riechmann, Jordi C., y otros) que pasen de la descalificación a la creación. Hasta entonces, más bostezos y ronquidos.

    vicente luis mora — 12-11-2005 19:12:41

  55. Ahora que me había atrevido a comentar mis filias y fobias, que veía cercanas a las vuestras, afines y no idénticas, me viene el Máster Blogger con complejo de personalidad. Vicente, has creado algo muy bonito en este blog, algo que te supera. Piensa que has invitado a casa a demasiada gente y no es tu cumpleaños. Sube el volumen, marcha aquí marcha allá, Santa Pacula, disfruta un poco, y no me censures, anda. Gracias Rrose por tus recomendaciones.

    Valeria — 12-11-2005 19:34:59

  56. Cuánto agradezco tu paciencia. Me dices que “eso sólo demuestra tres cosas”, así que muy rápido te contesto como corresponde:
    “1. Que no te has enterado de la crítica.”
    Hombre, pues yo creo que sí. Y discrepo. Te doy algunos argumentos para rebatir algunas de tus impropias opiniones
    “ 2. Que no has leído el resto del blog.”
    Pues no, ahí tienes razón. No lo he encontrado de interés. Bastante ramplón me ha parecido, pero no voy a decirlo alto y claro, que sólo he mirado por encima. Sí veo en cambio que te arrogas un papel de juez y parte que no sé yo si es lo suyo.
    “ 3. Que no has leído mi propia obra literaria, en las antípodas del realismo ingenuo, del naturalismo y cualquier herencia húmeda.”
    Por supuesto que no. ¿Entraba en el temario de examen? ¿Para qué título? Mejor dicho: ¿tenía yo que leer tu eximia obra literaria, o basta con el plumero que te vi? Dame una razón para leerte, y seguro que salgo corriendo.

    Rrose Sélavy — 12-11-2005 19:51:53

  57. Es todo un ejercicio de valentía escribir aquí leyendo el tono de las réplicas. No las censuro, ni mucho menos, me parecen un tanto crípticas, elevadas y muchas veces incomprensibles, pero debe ser normal no estar al loro de la jerga de este Club de Polo tan exclusivo cuando sólo se está de paso.
    He tenido la misma sensación –el de verme en fuera de juego – en muchos pasajes de Doctor Pasavento. Tanta literatura dentro de literatura sólo puede complacer a círculos muy concretos y puede que sea para ellos que esté dirigida la novela, si es que pretendía dirigirse a alguien. Aún así,he encontrado interesantes ciertos pasajes. De hecho, me han dado a conocer, y ya he leído, dos obras de Walser –El paseo y Jacob Von Gunten – que me han hecho disfrutar, sobretodo la segunda.
    También es cierto que en ningún momento esta obra de Villa-Matas me ha llegado a emocionar , no he notado cosquilleo alguno de empatía por nada ni por nadie. Pienso que es una obra demasiado cerebral y fría, pero aún así interesante y sugerente.
    Espero que no os cebéis a costa de este nuevo socio, que según como traten frecuentará más la casa club para tomarse alguna copa. Escribir es exponerse a la crítica, pero la literatura tiene que ser motivo de unión para seguir sumando, no para crear guetos de custodios pedantes de verdades absolutas.
    Felicidades por la página.

    Alex — 14-11-2005 19:16:36

  58. Que no.Que no me gustan los destilados de los así llamados valores de esta ya pobrísima civilización que se deshace como los casquetes polares. Ah, Vicente y adláteres, pobres os veo en vuestra riquísima correción política. Adiós. Me marcho a leer a Platón.

    Jorge Noriega — 28-11-2005 22:49:02

  59. Me temo que, ante el rechazo generalizado de la crítica actual a estructuras contemporáneas de pensamiento, y la posición intocable y semidivina de Vila-Matas en la cultura española (y en no pocos críticos), lo políticamente INcorrecto es, precisamente, lo que estamos haciendo en esta página. Pero hace bien en ir a Platón. Si está allí el suficiente tiempo, y se entera bien de su obra, sobre todo del "Fedro", acabará volviendo con nosotros. Un atento saludo.

    vicente luis mora — 29-11-2005 08:59:01

  60. ¿Volver? pero si nunca he estado ahí.

    Jorge Noriega — 29-11-2005 17:16:14

  61. EL FIN DE LATERAL
    Desgraciadamente, la revista Lateral, cierra sus puertas. Con ella desaparece uno de los pocos lugares en soporte papel y con gran difusión que ejercían con independencia esa cosa que damos en llamar, más o menos y casi siempre mal, Cultura. No está de moda ser políticamente incorrecto y dar cabida a escritores de todas las razas y opiniones. Una lástima.

    Se puede leer el último número, gratis, en la página:

    http://www.lateral-ed.es/

    en la que algunos vertemos opiniones sobre el estado de la poesía.

    Los que empezamos a publicar casi al mismo tiempo que dio comienzo Lateral sabemos lo mucho que ha hecho para que se gestara todo un movimiento rico y heterogeneo de poetas, novelistas y ensayistas, de ambos lados del Atlántico, que en otras páginas eran, por motivos diversos, rechazados. Hay mucho que agradecer a su director y fundador Mihály Dés, a su primer coordinador Jorge Zentner, y a tantos que han pasado y aún estan en su redacción.

    Agustín Fernández Mallo — 13-01-2006 17:56:00

  62. "Magdalena, Chacarilla, el Virrey.Nada más leer estas palabras de González Sainz, me dieron ganas de ir a la deriva por las calles de una ciudad para mí desconocida, pero en la que tendría allí mi único domicilio. Y me pareció saber que ese lugar podía estar en un enclave muy extranjero que me ayudaría a convivir mejor con mi voz estrictamente individual. Allí mi consigna propia podría ser la de seguir los pasos de un autor nuevo que saldría de mi propia piel y que habría pasado por muchas ciudades mestizas y ahora estaría viviendo en una ciudad sin límites ni fronteras, apremiado por la necesidad de llenar el vacío con nuevas palabras y convertirse en un autor distinto al que siempre fue: un autor que sería como un lugar, como una realidad nueva, como una ciudad inventada: un lugar donde uno pudiera sentirse plenamente anómalo, forastero, alejado, aunque con casa propia.

    Ser un autor nuevo."

    Enrique Vila-Matas, "Plan para el más allá", El País (17/01/2006)

    vicente luis mora — 17-01-2006 12:05:11

  63. Tal vez, habría que criticar tan sólo los libros y las cosas, en general, que a uno le gustan. De todos modos, resulta divertido.

    Manolo Ávila — 14-04-2006 12:13:11

  64. Bueno, en ese caso no sería crítica, sino una especie complaciente de propaganda erudita. Hay que reseñar todo (todo lo que uno pueda, claro está): lo bueno, lo malo y lo de en medio. Saludos.

    vicente luis mora — 16-04-2006 13:23:14

  65. Habría que evitar, en tal caso, la "complaciente propaganda erudita".
    Claro que hay escritores malos, incluso detestables, pero ¿a dónde nos lleva apreciar sus defectos? ¿Qué es el producto de esa observación? Me gustaría que me aclarara esta cuestión.
    Un saludo.

    Manolo Ávila — 20-04-2006 23:31:22

  66. Como crítico, no puedo siempre decidir qué libros criticar. Los medios me los envían, y yo los reseño. ¿Qué debería, no hacerlo, o mentir? Es cierto que el canon positivo es importante, pero el negativo también ayuda a limpiar el panorama y distinguir la paja del grano. Por supuesto, puedo equivocarme. Saludos.

    vicente luis mora — 21-04-2006 14:13:57

  67. Bartleby & Co. : Roman, aus dem Span. von Petra Strien, Nagel & Kimche, 2001


    Die merkwürdigen Zufälle des Lebens : Roman, aus dem Span. von Petra Strien, Nagel & Kimche, 2002


    Risiken & Nebenwirkungen : Roman, aus dem Span. von Petra Strien, Nagel & Kimche, 2004

    Paris hat kein Ende : Roman, aus dem Span. von Petra Strien, Nagel & Kimche, 2005

    sara — 29-09-2006 16:02:46

  68. Danke für ihnen Hilfe, Sara. Auf wiedersehen.

    vicente luis mora — 29-09-2006 18:12:51

  69. Empecé Doctor Pasavento y la dejé, no pude, me aburría: Vila-Matas escribe sus dietarios volubles alargados y a mi me gusta leerlo, con tranquilidad, explicando sus anécdotas que es más corto y aún tiene sus momentos.

    Alvy Singer — 13-12-2006 01:20:33

  70. Acabo de leer todo esta entrada entera. No he leido el libro, no puedo hacer valoración, por tanto. Vila Matas siempre me abrió el apetito (lector) por sus artículos en Babelia, creo recordar.

    enlejaniadesoles — 21-01-2007 13:03:39

  71. Y no hay razón para que esta reseña te quite el apetito. Vila-Matas es mucho más que Doctor Pasavento.

    vicente luis mora — 21-01-2007 17:54:04

  72. Suplico , imploro, doy mi reino por ... un intento serio de definir los límites y esclarecer la definición de unas palabrejas aparentemente simples como moderno (& modernidad) , posmoderno o postmoderno, ( y postmodernidad) y post(post)moderno .

    Llevo meses haciendo campaña por doquier para conseguir que algún ilustrado o ilustrada se atreva con tan sana , higiénica y modesta petición mía para el desasne general de muchos (entre los cuales me cuento) y la sacudida mental de unos pocos onanistas que usan el término con tanto desparpajo como incompetencia (como hacen quienes hablan de amor cuando quieren decir sexo, por ejemplo).

    Por mi, que levanten un monumento a quien consiga deshacer la entretejida madeja de supuestos, presupuestos y malentendidos que se apelmazan en la esencia profunda de tan ladinos palabros.

    Gracias mil de antemano a quien corresponda.

    Gateta — 04-05-2007 02:30:02

  73. http://www.vicenteluismora.com/postmodernidad.htm

    vicente luis mora — 07-05-2007 22:52:27


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