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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

11-10-2005 12:30:41

Pequeña antología posmodernista

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

Como Agustín me ha desafiado a que no soy capaz de encontrar una serie de textos que justifiquen la existencia de una corriente de poesía posmodernista en España, comienzo aquí una breve antología "in progress" de textos que me merecen esa denominación, amén de los que hemos venido citando en esta página, dentro de los comentarios al post de Eloy.

Se hace notar que el criterio de calidad o excelencia literaria no es el que preside esta selección, sino el de adecuación a la categoría crítica citada. En una antología "normal", no incluiría alguno de estos poemas, otros sí, desde luego.

Pequeña antología posmodernista

1er. Texto: Gabriel Insausti, “Retrato robot” (revista Fábula, nº 16, verano 2005): “Ta y tantos. 1’80. Michelines / Una hipoteca, un SEAT, unos hijos / pero en numerus clausus, por supuesto / que dicen que hoy es Halloween y flipan / con el top megaguay de la Play Station. / Los sábados, squash con los amigos. / Vagas aspiraciones a un ascenso / y un piso en Benicásim. Sus costumbres / corbata, taxi, VIP’S lo han convertido / en carne de estadística, aunque a veces / fantasea entre copas sobre el ChoOyu. / Nunca paró un penalti en el descuento / ni ligó con Brigitte, ni llegó al Tao. / Pero mejor no sigo. Punto en boca. / Tú y yo, lector, sabemos de quién hablo”.

2º Texto: cualquier poema de Las horas y los labios, de Eduardo Moga.

3er. Texto: cualquier poema de Napalm. Cortometraje poético, de Ariadna G. García.

4º Texto: Eduardo García, “Un hombre mira a otro en la ventana”, en Las cartas marcadas: “Un hombre mira a otro en la ventana; / a otro hombre sentado / junto a otra ventana silenciosa, / su mirada en la página y en el aire / solemne con que lee ahora una línea / buscando un sol de invierno, unos caballos / galopando en la nieve, una mujer / hermosa e imposible y fugitiva, / la caricia del viento y la costumbre / o la detonación, el grito, el breve / latido en que la sangre se demora / suspendida y a punto, y ahora sí, / el temblor de la piedra sumergida, / el aliento que vibra y se desboca, / la ciudad que aparece en la distancia. // Un hombre mira a otro en la ventana. / Escribe unas palabras. No sospecha / -más allá de la sangre y los caballos / y el viento y la mujer y aquel latido- /que los trazos que araña en el papel / son los versos que el otro lee ahora.”

5º Texto: “Dixán”, de Pablo García Casado, en Las afueras, 1997: “por qué se secará tan lenta la ropa por qué persisten / las manchas de grasa de fruta y de tus labios / si dixán borra las manchas de una vez por todas / por qué la aspereza de las prendas la sequedad de su tacto / si pienso en tus manos en tu modo de mirarme de decirme / que por culpa del amor habrá que lavar las sábanas de nuevo / preguntas tristes tristes como todos los anuncios de detergente / y es que no encuentro mejor suavizante que tus manos / en esos bares supermercados desnudos de la noche”.

6º Texto: El poema “La gorda”, de Jesús Aguado, en La gorda y otros poemas, 2001.

7º Texto: cualquier poema de cualquier libro de Juan Antonio González Iglesias.

8º Texto: “Suerte poética”, de Esther Giménez, en Mar de Pafos, 2000: “Que todo es un problema de sintaxis / no en vano lo aprendí. Que la premura / es mala consejera y que se cura / empiezo a comprenderlo con la praxis. // Que todo es pacienzuda profilaxis / no es la lección más larga ni más dura / -yo acepto como un modo de cultura / cambiar los autobuses por los taxis, // que ya se sabe what a snob relax is. / Y aunque más por satán que por madura, / por ti me voy a hacer literatura / to exactly fit your axes in my axes. // ¿Qué cantas, avecilla, sin mi luz? / Yo te diré si alondra o avestruz”.

9ª Texto, por amable sugerencia de Jordi C.: "Poema del cincuenta y tantos (endecasílabo social)" del libro La Espera, de José María Micó (Hiperión, 1992, p. 31): "El hambre, si es de pan, no tiene gracia".

10ª Texto, sugerencia de Agustín Fernández Mallo, y aunque el contenido me parezca detestable: Letra del grupo Astrud (M. Martínez, G. Segarra, E. Alarcón), titulada "Qué malos son nuestros poetas": "Qué malos son, qué malos son. / Qué malos son nuestros poetas. / Sólo hay que leer las cartas / Que Guillén mandó a Salinas / O escuchar a Gil de Biedma / Leído por Carod-Rovira / Para verlo. //Qué malos son, qué malos son. / Qué malos son nuestros poetas. / Sólo hay que mirar las fotos, / Están en las hemerotecas. / Dámaso Alonso en El Pardo / Y Luis Cernuda en Acapulco. / Los que se hicieron ricos, / Los que murieron pobres, / Enfermos, en el exilio, / Leopoldo y sus tres hijos, / Todos ellos. / Qué malos son, qué malos son. / Qué malos son nuestros poetas. / Preguntadle a la viuda de Alberti. / Si pudiera hablar Zenobia. / Si estuviera vivo el bendito / Padre de Jorge Manrique. / Si lo supiésemos todo sobre algunos, / Tanta metáfora y tan poca vergüenza / Todos ellos. // Qué malos son, qué malos son. / Qué malos son nuestros poetas. / Quevedo el putero y Góngora el lameculos, / Garcilaso el usurero y Rosalía la ludópata, / El maricón de Lorca y Bécquer, que era / Un poco mariquita también, / Ferrater el desgraciado, / Gimferrer el pervertido, / Los hermanos Machado, / (El drogadicto y el maltratador), / San Juan de la Cruz / Y Santa Teresa de Jesús / Qué malos son…

11º Texto: "Teléfonos móviles", de Francisco Gálvez, en El hilo roto (Pre-Textos, 2001): "Como inesperados murciélagos / que de repente se despiertan / en lugares insospechados / con sus inquietantes sonidos / Tal vez en la pista central / de Roland Garros en la plaza / de San Pietro en un barco audaz / siempre alerta de Greenpeace / o bien en el taxi amarillo / sobre el ocre puente de Brooklyn / Incluso en los bamboleantes / tranvías que vivió Pessoa / o a las puertas del parlamento / si quedan junto a las pistalas / / Guardaespaldas de soledades / / Mientras cae la bolsa la Mafia / la Cía y el Gal con sus armas / y arden los bosques y se inundan / los ojos las casas los siglos / y suenan suenan marionetas / Van colgados como murciélagos / pájaros de ojos digitales / alborotan con sus cuchillos / en una esquina de la calle / Luego a sus techos de ceniza / como ejércitos que regresan / / Duermen o esperan en alerta / Mientras el tiempo se oscurece / en aquél norte encapotado / y manos blancas paladinas / sin crepúsculos ni comparsa / Desierto de niños y lluvia / / Territorios sin cobertura / donde todos estamos solos / Este amanecer sin palabras / es un anuncio de luz pálida / como mensajes alienígenas".

12º Texto: "A mi walkman", de Antonio Portela, en ¿Estás seguro de que no nos siguen? (DVD, 2003): "Soy poeta del placer intransferible. / Que me dejen tranquilo con mi walkman. / Transporto dentro del bolsillo etéreos / tesoros enroscados en dos ruedas. / Se frena el mundo si mi walkman gira. / Más de lo mismo, así combato el ruido. / Mantengo mi equilibrio en decibelios. / Unos once centrímetros de largo / tiene el cofre, por siete y medio de ancho. / Y te dice play con su pantalla clara. / Trasto de plata mío, como escudo, / de su metal mis dioses van armados. / Dos frutos inmaduros, dos turbinas / apetecen mis tímpanos, detonan. / Y cae en el corazón su onda expansiva. / Se mide en hertzios mi reacción, al mismo / nivel que mi amor limpio y eléctrico. / / El walkman, qué cerquita del paquete".

13ª, "Peep-show", de Ángel Petisme, en Constelaciones al abrir la nevera (Hiperión, 1996): "Por mi viejo sex-shop vuelan siempre las lágrimas, / aguas del suburbio, mercenarias, inmoladas al son / de un bolero sensual que regalan los bafles. / Sueños de 'todo a cien' de una peluca heroinómana... / Si acudes al bazar que regento en Montera, si te dejas caer, / verás que las cortinas son negras como nubes / y que el tiempo zurce con suspiros / y pérdidas. // De Ariadna, me dicen los clientes, que es la tierra desnuda, / que se abre inocente en subasta de amor, / que es un misterio de animal incurable. / Cuando la contraté recitaba a Calímaco, / bailaba para los pensionistas con un sabio desdén, / era solicitada, deseada, febril... / A Nausícaa y Eglé tuve que despedirlas, / los viajantes de comercio me hablaron de icebergs. / Una hembra que no derrite el cielo / es como un nudo que nunca se desata. / / De las demás qué puedo decir; / unas navegan como zombis por los guetos, / con otras me cité en las bandejas de metal / de las autopsias. / Mi teléfono aún figuraba en su supervivencia. / A Antíope y sus amigas las vi en el 'El Gato Nebro', / cerca de Badajoz, sidosas y con el síndrome / de los teatros más urgentes... / / En mi viejo sex-shop / el papel se despega de las paredes, / la sangre mal lavada permanece... / A veces de las pelucas baratas / caen cabellos muertos, pensamientos mortales. / Sólo en los espejos mordidos de los reservados / brillan aún las lágrimas de frágiles hetairas, / pétalos azules de la ciénaga. / Ingrávidas buscaron / en las lentes de cualquier funcionario / la felicidad de una noche de bolero. / / Una hembra que no derrite el cielo / es como un nudo que nunca se desata".

14º Elena Medel, “Salón de los pasos perdidos” (en web): “La tecnología carece de autoestima: / hierve con las preguntas, / le inquietan las señales / un par de ventanas más al norte. // Igual tu nombre, que borra las vocales / y no impide el divorcio de nuestras maletas. / Una estación, aperitivo, cinco días. / / Con las muñecas rotas / te estoy diciendo adiós.”

15º Alberto Santamaría, “Cosas que hay que decir”, en El hombre que salió de la tarta (DVD, 2004): “Lo mío / es esperarte / como eterna nave nodriza / sobre el mar”.

16ª María Do Cebreiro, de A estadio do espello, 1998 (original en gallego): "La memoria es el espacio de la reapropiación. / Vivo para contarlo. Guardo todas las fotos / para las que me pidieron que sonriera. / Ahora que me doy cuenta jamás he prescindido / del trazo, de la impiedad. / Porque la caligrafía consiste en la ilusión de que no nos torcemos. / Ni los cuadernos rubio podrían ocultar / que el carbón mancha la piel / y que la mina se clava con frecuencia / en el páncreas del enemigo. / Salvo en el tuyo. Te arrancaron los ojos y eso te hace inmortal. // (y ella se echó a sus pies, postrándose por tierra y le dijo / -¿por qué he hallado la gracia de tus ojos / para que en mí los fijes, / siendo como soy / una extranjera?)"

17º. Estevo Creus, poema sin título tomado de Helena González (ed.), A tribo das baleas. Poetas de arestora; Xerais, Vigo, 2001, p. 168: "A mi y no a ti / me mordió de niño una ballena / y en la espiral de A.D.N. / se me clavó el dolor / con tres pasos y tres golpes / mis ojos se llenaron de los bichos más pequeños / la cola de alacrán me habitó por los brazos // la memoria // la memoria // la memoria es un animal / con solitaria".

18º. Edgardo Dobry, "La cuestión del chocolate", El lago de los botes (Lumen, 2005), ojo a la composición y al lenguaje, más allá de los cameos ocasionales de Pikachu: "En la pastelería de la vuelta de mi casa / venden baldosas de Gaudí de chocolate blanco / y bolitas de chocolate veteado y caganers / del más negro chocolate y un Pikachu con ojos de confite / y el Rarchur, que es su evolución, / con espiras como pelo de caramelo esmaltado. / De tallas bestiales pintan huevos / de cacao en las pascuales fechas / y en acercándose la Navidad turrones en forma de molino / con aspas de mazapán en merengue ribeteadas. / Ahora bien: este delicuescente escaparate / estase precisamente en la parada de autobús de la calle Balmes / donde mi Luca y yo asomamos glaucos labios / por entre unas graciosas espirales de bufanda / que sin pretensiones se parecen, bien miradas, / a las chimeneas de azúcar de esos edificios / que dan su gracia al epónimo Paseo. // A Luca se le quedan los ojos estofados / al tiempo que yo me contracago en el 17 que no llega / y me digo para mi coturno que si le compro chocolate / qué desastre de padre fuera y si no le compro / qué padre severo / encima de desastre y sin remedio. / Luca se enjuga con una manopla al 50 por ciento de acrílico / la humedad que devenida no se sabe / si de fosa o lagrimal, mientras pasa el 16 / que no nos sirve pero siempre / pasa antes pues el 17, al ser el nuestro, / viene en mucho retrasado. / Después, haciendo humito del aliento, / Luca emite un murmullo acerca / de la evolución de los Pokemons / que repta bajo las orejeras de mi gorro de aviador. / Pokemons de fuego y de agua, de piedra y de planta, / y ataques de energía insoportable / e involuciones defensivas. / La mitad del Rarchur, que es un Pokemon de rayo, / de un mordisco la devoro y es consuelo / amargo de que Luca no haya comido chocolate tanto. / Oscuros están los bordes de mi tarjeta de autobús / y pasa otra vez el 16...".

19º. "Nada más", de Mariano Peyrou, en De las cosas que caen (Ediciones bajo la luna, Buenos Aires, 2004): "Soy a través del correo: todo / lo que desplaza palabras en / el espacio, lo que lima las / distancias y reúne los cristales / rotos es correo. Me / gusta lo que me altera, / llevar la vista al suelo e / identificarme con estos y no / otros pedazos de cristal, y así, / porque si la libélula se posa en / un fragmento ya me duele; o / poner donde dice pegue su / fotografía una pieza cualquiera de / puzzle. Eso que vuela es lo que me / vuelve otro y gusta y duele, nada / más. Algunas cartas llegan, algún / día abres el sobre que te debo / y un charco a tus pies".

20º. Cualquier poema de Hexateuco (Visor, 2000), de Álvaro Tato, en especial "Un leproso".

21º. Se me había olvidado Vidas improbables (Visor, 1996), de Felipe Benítez Reyes, un ejercicio posmodernista perfecto.

Continuará

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  1. [...] Pequeña antología postmodernista,a no perderse el debate que genera en sus comentarios… He had a dream, en la bitácora de Arnauh Fuentes. Presten atención, y entenderán porqué algunos andamos tan preocupados con la expansión disparata [...]

    Islas en la Red » Blog Archive » Me gustó, semana 3, 2006 — 2006-01-22 19:03:03

  2. nice post

    c2626d850c80earicogewofacn — 2007-12-08 00:55:42

Comentarios

  1. Si aceptas sugenrencias: "Poema del cincuenta y tantos (endecasílabo social)" del libro La Espera, de José María Micó (1992): "El hambre, si es de pan, no tiene gracia"

    Jordi C. — 12-10-2005 10:59:41

  2. Estimado Jordi, tengo los tres últimos libros de Micó, pero no "La espera". ¿Podrías transcribir el poema en un comentario? Si me parece acorde, lo añadiré al resto de ejemplos.

    Un saludo y gracias por la pista

    vicente luis mora — 12-10-2005 20:27:46

  3. He estado dudando: quizá me he precipitado y se trata de un proyecto personal tuyo y no colectivo on-line. Perdona si es así. El poema está entero, creo que en ello se basa en parte su posmodernidad. Otro saludo para ti.

    Jordi C. — 12-10-2005 20:59:35

  4. "la etiqueta de postmodernidad no sería hoy necesaria si la de modernidad se hubiera utilizado para designar a los verdaderos modernos: a Stein, a Duchamp, a Klebnikov, a Kruchonyk, a Tzara, a Zukofsky, condenados hoy a una proto-post-modernidad que no puede resultar más paradójica" - Esteban Pujals

    Horacio — 13-10-2005 12:08:35

  5. Querido Horacio, estar en esa indefinibilidad, en el centro de la imposibilidad de aprehensión, es lo que constituye a los genios, no a los posmodernos.

    vicente luis mora — 13-10-2005 13:00:37

  6. A ver, me explico: la cita viene a cuento porque he estado leyendo un poco sobre los poetas L=A=N=G=U=A=G=E estadounidenses (que son los que prácticamente monopolizan la etiqueta de posmodernos en ese país, ya que a los que vienen detrás se los llama poetas post-language), y bueno, no coinciden para nada con los que nosotros incluiríamos en la posmodernidad. La cita de Pujals abunda un poco en ese tema. ¿Vosotros también habéis percibido esa fractura terminológica, o se debe todo a que abuso de la lejía?

    Horacio — 13-10-2005 17:53:43

  7. Sobre los poetas referenciados por Vicente como candidatos a la nómina de poetas posmodernos, empiezo a ver la dificultad de ponernos de acuerdo, que reside, como casi siempre en el lenguaje.
    Veo que incluyes en tu lista poetas de muy diferentes estilos, escuelas, referencias, etc, de tal manera que yo, por aclararme, separaría tu lista en dos sublistas (con independencia de mis gustos personales, claro) que podrían denominarse, 1)Posmodernidad débil, y 2) Posmodernidad dura.

    En la primera, la débil, en efecto pueden incluirse autores como Gabriel Insausti, Ariadna G. García, o Esther Giménez. Se acercan todos ellos a un “experiencialismo de la cotidianeidad” que no llega a convencerme a fin de ser incluidos en esa supuesta lista. Si nos ponemos así, también habría que incluir a sus gurús, tipo, García Montero o Benítez Reyes. Explotan muy eficazmente la poética de lo cursi, trufan la cultura de masas con la alta cultura, y juegan en ocasiones y con mejor o peor fortuna con la autorreferencia del poema, no obstante, tal como entiendo yo la posmodernidad, faltan dosis de audacia y experimentación.

    En la segunda, la dura, a mi modo de ver entrarían PG Casado, Jesús Aguado, o Juan Antonio González Iglesias. Notables autores, que amplían en mucho los registros poéticos de los anteriores, incluyéndolos. Eduardo Moga, es rancho a parte: con el libro que tú citas, Las Horas y Los Labios, llega, a mi modo de ver a una cúspide realmente genésica de por dónde debería apuntar la poesía posmoderna que evoluciona puntual y acertadamente de una poesía más clásica. Es más, me ha sorprendido que lo cites junto a los autores que yo denominé de la “línea blanda”. Quizá (y ahora hago cábalas quizá un tanto gratuitas), lo que yo denominaría poesía posmoderna sería una simbiosis entre, por citar ejemplos tuyos, estos poetas de la “línea dura” que señalé al principio con este poemario de Moga. (Aparte, y sin ofender a nadie, este libro de Moga, a mi modo de ver, se sale un poco de la lista, superándola en varios dígitos, pero eso es otro cantar).

    Como se deduce de mis palabras, no creo, entonces que los representantes de esa “línea blanda” puedan considerarse posmodernos. “Y ni falta que hace”, pensarán ellos, dado que ya tiene su propia y legítima corriente, y en ella resultan solventes, e incluso brillantes.
    Yo, de ponerme en plan teórico (cosa que no está en mis intenciones ni de lejos) tiraría por investigar por esa “línea dura”. Donde yo incluiría dos libros capitales como Poemas Plagiados de Estevan Peicovich, y Estado Sólido de Rafael Courtoise.

    De manera que gran parte de la discusión viene por no ponernos de acuerdo en el lenguaje. Creo.

    Agustín Fernández Mallo — 13-10-2005 19:00:39

  8. Esto del lenguaje es complicado, es cierto. Pero en alguno de tus antiguos posts, Agustín, no distinguías entre posmodernidad dura y blanda, defendiendo la inexistencia global. También es complicada, Horacio, la terminología temporal, of course, pero es que la posmodernidad no es (este es uno de los malentendidos más comunes) algo posterior en el tiempo a la modernidad. Dentro de poco colgaré un resumen de una interesante conferencia al respecto del filósofo Quintín Racionero, que a lo mejor nos ayuda a todos a clarificar las cosas. Los poetas norteamericanos del L=A=N=G=U=A=G=E son posmodernos, pero también lo son narradores como Pynchon o Gaddis: un determinado grupo o escuela no es posmoderno en exclusividad, caben alternativas simultáneas. Pero volviendo al tema de la terminología, el hecho de que a alguien le parezca que las propuestas de lo que Agustín llama posmodernidad "blanda" no son tan interesantes como las otras no significa: 1. ni que no sean posmodernas, 2. ni que, como críticos, podamos prescindir de ellas de un plumazo. Nadie puede hacer como que Luis García Montero o Felipe Benítez Reyes no existen en la poesía española. Están ahí, y con textos muy apreciables los dos; lo que habrá es que espigar en sus obras las propuestas más interesantes (como en cualquier otro poeta: no hay ninguno perfecto) y valorarlos en conjunto. Si intento hacer un mapa de la posmodernidad en castellano, sin cometer el error de confundir mapa con territorio, no puedo saltarme regiones. Los cartógrafos ciegos son para los cuentos de Borges. Todo mapa es una reducción, pero no debe ser un atentado, ni plantear la jibarización. Yo no jerarquizo, sintetizo. Lo que quería es demostrar (y lo seguiré haciendo, soy muy cabezón cuando me pongo) es que HAY una línea clarísimamente posmoderna en la poesía española (contradictoria, imperfecta, algo anacrónica, lo que queramos), y ahora trato sólo de ver su alcance, la validez de sus propuestas, y su conflicto histórico con la modernidad española, en el dudoso caso de que algo así exista. Y por cierto, Agustín: tendré que releer "Estado Sólido" de Courtoise, pero en su momento me pareció una auténtica castaña pilonga. A ver si ahora, más crecidito...

    vicente luis mora — 14-10-2005 08:53:50

  9. Justo ésa era la fractura de la que hablaba. Y entiendo que el problema está en llamar posmodernidad a todo lo producido a partir de los años sesenta (el fin del péndulo, el colapso de los periodos wölfflinianos, ¿no?), o considerarla una corriente estética más, con sus adeptos y sus enemigos. Con que se pongan de acuerdo en eso ya lo tienen claro, aunque, ¿quién lo tiene claro en este tema?

    Horacio — 14-10-2005 11:05:03

  10. Sí, Vicente, te doy la razón en lo que dices; en efecto, si se quiere hacer un mapa serio, desde un punto de vista riguroso, hay que ser lo más objetivo posible. Puede que yo a veces no lo sea porque, entre otras cosas, creo que en cuestiones de índole poético, la objetividad es un quimera (hasta lo es en las ciencias!), así que en ocasiones ya ni me esfuerzo en alcanzarla. Pero sí, comprendo que puestos a clasificar razonadamente un fenómeno, aunque sea socio-lingüístico, hay que ser lo más objetivo “que se pueda”.

    Por otra parte, comprendo que ahora te extrañes que salga con lo de "posmodernidad blanda" o "posmodernidad dura" (y más cuando se entiende que toda la posmodernidad es “blanda” por definición), pero es un poco para diferenciar, muy a groso modo, dos tendencias que creo que hay bastante claras en la nómina de citados, sin perjuicio de que dentro de cada una existan más subdivisiones, (que sí).
    Incluso entre esos que denominé “línea dura”, tomaría sólo ciertas partes de su obra.

    (Por cierto, a parte: me sorprendió la inclusión de Micó. Sólo le conozco un libro, Camino de Ronda, y desde luego en absoluto veo posmodernidad ahí. Quizá en otros textos suyos sí, pero ya digo, no los conozco).

    Otra cosa, otro cantar, es que desde un punto de vista social, más amplio, (pongamos, como hablaría un sociólogo ligero de cascos) no únicamente todos los poetas citados por ti, sino absolutamente todos los que existen son posmodernos en tanto “nacen, crecen, se reproducen y mueren” en un época en la que se da la posmodernidad, precisamente esa época que provoca que puedan convivir tendencias tan dispares, paralelas, divergentes, convergentes o contrarias entre sí. Desde este punto de vista, claro, todo el universo poético español contemporáneo es posmoderno, y la supuesta nómina de autores dejaría de tener sentido alguno dado que no habría excepción que confirmase la regla.

    agustín fernández mallo — 14-10-2005 11:13:11

  11. En realidad la mención de los “language poets” me parece una sugerente dinamita conceptual para esta antología postmoderna que tan peligrosamente dogmática se estaba volviendo. El caso es muy interesante y voy a intentar que no se pase por alto. En primer lugar, en la larga cadena de comentarios que surgieron en el antiguo post dedicado a este tema, parecía darse por sentado que para ver lo que era y, en todo caso, si había posmodernidad en España, era necesario compararse con otros lugares dónde sí saben lo que es un posmodernismo autentico. Pues bien, parece interesante constatar que lo que por Estados Unidos se considera el grupo de poetas más influyente desde los años 70, no sólo están fuertemente influidos por la tradición modernista más experimental (Gertrud Stein a la cabeza) sino que además incumplen los dos últimos puntos del “pentálogo del Agustín”: Sus fundadores Bruce Andrews y Charles Berstein parecen estar convencidos de que su poesía constituye un acto político capaz de intervenir en el cambio social. Además, como bien decía Horacio, no se parecen en nada a los autores más arriba antologados. Entonces, díganme ¿qué tomamos cómo modelo estético cuando tratamos de definir la posmodernidad española en poesía? Y, sobretodo, Vicente, me interesa mucho saber que crees tú que queda en el panorama de la poesía española fuera de lo que consideras autores posmodernos (fuera del mapa, vaya).

    Sandra Santana — 14-10-2005 13:37:39

  12. Me sorprende este retorno a temas que ya se plantearon en el otro debate. Creo que Vicente Luis Mora deja claro que él propone una antología de TEXTOS, no de AUTORES. Los textos quedan fijados en un libro, una fecha. Los autores varían, y todos fueron clásicos, postrománticos o algo parecido en su adolescencia, juventud y primeros escarceos. Incluidos los de Language. Fijaos que a mi propuesta de un poema de Micó que considero claramente posmoderno (ironía, intertextualidad con la literatura popular, fragmentación, condensación) y claramente español (el guiño es a la propia tradición contemporánea), ha habido dos comentarios sobre la trayectoria de Micó. No tenemos distancia crítica con nuestros propios autores. Son pocos, los conocemos desde que empezaron. Si su actitud no es transgresora "no nos sirven". En ese sentido creo necesario establecer un contexto histórico. Y guiarnos por el criterio textual. Hay textos posmodernos. Hay posmodernidad. Ésas serían las premisas. Si no, no hay antología. Y nadie se aclara.

    Jordi C. — 14-10-2005 14:13:31

  13. Por partes:
    1. Agustín, la inclusión de Micó es porque es una apresurada antología de poemas, no de poetas. Micó no estaría en una de poetas posmodernos, pero claro: los ppp, "poetas puramente posmodernos", si es que esta expresión no es un oxímoron, serían poquísimos.
    2. En efecto, Horacio, por desgracia, los intentos de clarificar son meridianos reconocimientos de que, en realidad, la cosa no está nada clara.
    3. Sandra, qué bueno verte por aquí de nuevo (por cierto... ya no eres tan misteriosa, vi poemas tuyos en una revista y me he enterado de que fuiste finalista del Emilio Prados, ¿no es cierto? Si sacas libro, avísanos: si todos tus poemas son tan interesantes como tus comentarios los asiduos a esta página nos convertiremos en fans). Mira, cuando en julio hicimos el Mapa 7.0 en Córdoba hicimos una mesa redonda sobre posmodernidad que moderaba yo, con Rodrigo Fresán, Julián Jiménez Heffernan y Juan Francisco Ferré. En ella yo defendí al menos tres posmodernismos (uno europeo, uno norteamericano, y otro hispanoamericano). Julián defendió otra división, no por territorios sino por categorías epistemológicas, muy interesante, que venía a demostrar que no hay un sólo posmodernismo. En realidad, la interpretación única o auténtica del posmodernismo sería lo más contrario posible al mismo, una verdadera contradictio in terminis. Los poetas del lenguaje tienen poca aplicación aquí, del mismo modo que Italo Calvino o Gombrowicz o Enzensberger (grandes posmodernos europeos) no tienen aplicación en norteamérica, sin que ello obste a que unos y otros sean buenos, o posmodernos. Respecto a lo que queda fuera del mapa, no tengo que decirte que no pocas veces es lo más interesante... El año que viene publicaré un ensayo sobre poesía en España que complementa a una antología que preparo; en él intentaré explicar esa "tercera vía" fuera del mapa, para la que un principio escogí el nombre de "nomodernidad" (tomado de Bruno Latour), pero a la cual he encontardo una denominación y un acomodo teórico mejores... De momento, correremos un tupido velo: tengo que seguir trabajando sobre el tema antes de adelantar conclusiones.
    Gracias a todos, por lo que nos estamos obligando a reflexionar y a pulir y afinar las ideas y argumentos.

    vicente luis mora — 14-10-2005 14:23:06

  14. Coño, mientras escribía lo anterior Jordi C. lo ha clavado. Chappeau.

    vicente luis mora — 14-10-2005 14:24:06

  15. No era mi intención. Pero a veces los excesos teóricos acaban por frenar proyectos prácticos. A mí, que no sé gran cosa de poesía posmoderna, me interesaría ver que completas esa antología posible, personalmente y quizá para trabajarla en el aula. Quizá puedes escribir un prólogo a posteriori, justificando la selección o replanteándola. Es una sugerencia. Otra:¿Por qué no aportamos todos los poemas que creamos que podrían figurar en ella para discutir después basándonos en los textos? Como os parezca bien... Y a ver si Eloy sale de la caverna i nos ilumina platonescamente...

    Jordi C. — 14-10-2005 18:26:26

  16. Ánimo con la empresa, no os dejéis desanimar por aguafiestas como yo. De todas formas, y en mi papel de aguafiestas, anoto de soslayo:

    Lyotard, según uno de sus exégetas: la diferencia (différend) “consiste en una imposibilidad radical para resolver los respectivos conflictos involucrados en las confrontaciones ocasionadas por diversos juegos de lenguaje, regímenes de razón y juegos discursivos, cuando se ven precisados a enfrentarse mutuamente del modo que fuere. (...) Incluso las aproximaciones metodológicas de diversas disciplinas tales como la ciencia, la literatura o el arte, aun cuando traten de problemáticas determinadas compartidas por todas ellas, resultan ser inconmensurables entre sí”.

    Seguramente la manera más sencilla de caracterizar el pensamiento posmoderno es esa inconmensurabilidad de los diferentes juegos de lenguaje, disciplinas de conocimiento y regímenes de razón, tomada más como dato previo que como término de una indagación; y en cambio a quienes nos identificamos con la vivificante corriente de filosofía ilustrada que discurre desde Jenófanes de Colofón hasta Bert Brecht nos caracteriza seguramente la esperanza en que al final (provisional) de ese diálogo indagatorio encontremos terreno humano común en lugar de conflictividad irresoluble. Esperanza sin garantía ninguna, claro está, pero no por ello menos activa y resistente.

    ¿Por qué habríamos de aceptar la “posmodernidad” como una categoría teórica válida? Probablemente, vista con la distancia histórica suficiente, aparecerá apenas como nota a pie de página en el despliegue de lo realmente significativo: la racionalidad científica, pongamos por caso, desde Galileo hasta nuestros días. Aquí puede venir bien recordar la humorada del dirigente chino Zu-En-Lai cuando se le preguntaba sobre las consecuencias de la Revolución Francesa de 1789: “Todavía es demasiado pronto para opinar”.

    Jorge Riechmann — 14-10-2005 22:11:41

  17. Seguro que no hay criterio fijo para definir lo que es o no es un poema "postmoderno." Desde la perspectiva americana, diría que hay varias corrientes de poesía--diferentes entre sí--que merecerían tal nómina. Language poetry, "post-avant," "flarf," etc... Se puede recordar también que Charles Olson utilizó el término ya en los años 50, antes de la existencia de lo que ahora reconocemos, o no reconocemos, como lo posmoderno. (Saludos, Jorge).

    Jonathan Mayhew — 15-10-2005 00:56:00

  18. En ese sentido, yo abogo por una etapa más amplia (sin llegar al extremo de la historia geológica), la posmodernidad empieza en 1945, con Hiroshima, y llega hasta nuestros días. Y ahí interviene la peculiaridad española. Su retraso, franquista. Por eso 1976 me parece una fecha mejor en el caso español. Además está la diferencia entre posmodernidad -etapa histórica- y posmodernismo -tendencia artística. Pero espero que estas digresiones no estén desanimando a Vicente Luis Mora de su propósito inicial.

    Jordi C. — 15-10-2005 13:25:33

  19. Vicente no está desanimado, sólo confundido. Por eso intenta preguntarse. Estoy de acuerdo con Jorge en su razonamiento: también creo que si la posmodernidad fuera una etapa histórica (cosa que no creo), sería la menos interesante literariamente de la historia. Pero esa inconmensurabilidad, Jorge, ha producido reflejos, respuestas prácticas en forma de poema, o eso me parece atisbar. Sólo integro esas propuestas e intento dotarlas de sentido. No busco glorificarlas con ello, en algún lugar le dije a Sandra que creo más interesante lo que queda al margen de la posmodernidad, sea "dura" o "blanda", utilizando las categorías de Agustín. Entre esas propuestas al margen, claro es, está la tuya, Jorge Riechmann, y ya sabes lo que me interesa y lo que he trabajado tu proyecto estético. Pero... ¿qué hacemos con lo demás? ¿No cuentan? ¿No tienen derecho, porque nos gusten menos, otros poetas a ser estudiados, a ser leídas sus propuestas? Me encanta leer a Jorge, a Jesús Aguado, a Canteli, a Pablo García Casado, a Eduardo García, a Jordi Doce, a Méndez Rubio, a Sebastiá Alzamora, a decenas de poetas cuya excelencia entiendo sobre la media. Pero también puedo disfrutar de la poesía de otros, quizá no tan importantes, pero que como crítico no puedo dejar fuera del mapa; no puedo hacer como que no están, no quiero obviarlos, como no me gustaría que se me obviase gratuitamente a mí como poeta. Hay una poesía continuadora de lo moderno (el citado Eduardo García, Josep Mª Rodríguez, Francisco León, Melchor López, Jordi Doce, Álvaro García) que me encanta. Hay una poesía posmoderna con la que disfruto extraordinariamente (Aguado, Eduardo Moga, Pablo García Casado, entre otros). Y hay una tercera vía (donde están Agustín, Canteli, Jorge, y otros), que busca el territorio más allá de lo posmoderno, que me parece esencial. La excelencia puede estar en todos esos sitios: ningún camino garantiza nada, ninguna práctica estética tampoco. El poeta elige su senda, y lo importante es lo lejos que llegue, no de dónde parta, ni en qué vehículo (perdonad el símil, esta tarde no estoy muy brillante). Sólo digo que todos los poetas hacen un gran esfuerzo por ser dignos, y que cualquier poeta, posmoderno o no, que necesite un crítico o que quiera tener una opinión sobre sus libros, me encontrará. Porque yo sigo esperando a mi crítico, también. Así que, Jordi, de momento no me desanimaré.

    vicente luis mora — 15-10-2005 18:33:38

  20. Me parece un poco ingenuo creer que los escritores de las últimas décadas pueden no ser posmodernos. Pueden no cultivar a sabiendas el posmodernismo, pero es imposible que no sean (que no seamos) habitantes de la posmodernidad. Y no hay antídoto o huida posibles para esa realidad. El autor contemporáneo que más me interesa, Sebald, es moderno, continuador del modernismo, pero también y sobre todo habitante y practicante de la posmodernidad. Como Paul Celan o Saul Bellow.
    Por otro lado, sobre el ánimo: hay cuatro sonetos (los cuatro penúltimos) en "Un siglo de sonetos en español", de Jesús Munárriz, de jóvenes poetas de mi generación (nacidos alrededor de 1977) que te pueden interesar para tu antología. ¿Tienes el libro?

    Jordi C. — 15-10-2005 18:47:19

  21. Claro, el problema es que si, según la acepción generalizada, posmodernidad es todo lo producido después de los sesenta... ¿qué sentido tiene hacer una antología? Si en el término caben los cuatro sonetos que mencionas, toda la obra de Munárriz, de Benítez Reyes y Carlos Marzal (¡hasta la de Antonio Carvajal!)... entonces... ¿de qué estamos hablando?

    Horacio — 15-10-2005 22:49:20

  22. De posmodernismo.

    Jordi C. — 16-10-2005 01:09:03

  23. Según esa lógica, habría que construir una antología de poemas no posmodernos, pero escritos últimamente. Sólo así podríamos entender el significado del término.

    Jonathan Mayhew — 16-10-2005 05:32:38

  24. Pero es que yo me niego, repito, a considerar que la posmodernidad sea una etapa histórica, algo que nos incluye a todos después de 1960, más o menos. En realidad, la posmodernidad, desde su comienzo (esto lo muestra bien Calinescu), es una lucha contra esa manera continuista y cíclica de contar o medir el tiempo, una quiebra en la sucesión de épocas. Esto se verá mejor cuando cuelgue el resumen del artículo de Quintín Racionero, el catedrático de filosofía de la UNED. Decir que Carvajal o Caballero Bonald son posmodernos, es no entender bien lo que ha pasado, lo que viene pasando. La posmodernidad es casi, extremando conceptos, una actitud, que líneas culturales y sociológicas aceptan y otras no, una actitud que toman unos países y otros no. ¿Marruecos es posmoderno? ¿Hay posmodernidad en Mongolia? En este mismo instante hay en el planeta diferencias "temporales" entre geografías que distan, según casos, años, décadas o siglos. Eso, a pequeña escala, sucede o puede suceder en el mismo país, y desde luego pasa en el nuestro. ¿Es lo mismo Álvaro Pombo que Juan Bonilla, Soledad Puértolas que Rodrigo Fresán? Siendo todos estimables, creo que no todos escriben en la misma época. Umbral no utiliza ordenador. Yo escribo relatos (y a veces poemarios) ambientados en Internet. ¿Somos de la misma época? Yo creo que no. A lo mejor la pequeña antología arriba comenzada debiera ser denominada "antología de textos posmodernistas", vale, puede ser. Lo retocaré, si puedo, hoy mismo, para evitar confusiones. Pero aún hay mucha tela que cortar en lo de la periodización "ahistórica" de la posmodernidad.

    vicente luis mora — 16-10-2005 11:00:06

  25. Creo que con esa última anotación he empezado a ver la luz un poquito, Vicente. Me convence lo de la autoconsciencia. Y a partir de ella, la pequeña antología cobra un sentido nuevo.

    Horacio — 16-10-2005 11:44:36

  26. Nota a 19., de Vicente: claro. No estoy diciendo que no tenga sentido esa atención crítica a las diferentes propuestas y líneas de escritura, válgame dios, los dioses o el Ghran Hespíritu. Se nos mezclan diferentes niveles de debate, y ya dije que no deseo desanimar del empeño antológico que iniciaste y que me parece interesante. (Saludos transatlánticos también, Jonathan.)

    Jorge Riechmann — 16-10-2005 12:25:44

  27. Ahora, amigos, voy a hacer una digresión, y como diría Jorge Riechmann, “ánimo, no os dejéis desanimar por aguafiestas como yo”, sólo que mi digresión sospecho que es de signo contrario de la que enunció Jorge en su último post.
    Para mí el problema radica en otro lugar, (como señalé en Lateral, dic 2004, Hacia un Nuevo Paradigma: Poésía Postpoética) y no es otro que el de que la poesía española (con todas sus regiones incluidas, idiomas propios o variantes linguísticas) lleva un retraso importante respecto a resto de artes (plásticas, por ejemplo, pero también científicas, publicitarias, económicas, etc) de por lo menos 20 años. Y ya digo, de entrada, que el estatus y carácter intrínseco de la poesía es tan extraño, está tan viciado de arcaísmos, que no me parece saludable fijarse en otras poéticas posmodernas extrajeras para definir la nuestra, sino que hay que fijarse en las otras artes. Estas artes (me fijo ahora en las plásticas) hace ya mucho tiempo que cambiaron la, digamos, "metafísica del pincel" por la "metafísica del pixel", hace muchos años que, como el resto de la sociedad, han deconstruido su discurso y su praxis para rearmarla, cosa que, creo, no ha ocurrido en la poesía española ni de lejos. Los ejemplos que se vierten de poemas posmodernos para mí no son más que pálidos reflejos, tímidas incursiones, hacia una poesía posmoderna. Ejemplos en ocasiones notables, sí, dentro de su corriente, pero con una carga versal tan acusada, tan espesa, que comparados con otras manifestaciones en las que sí puede identificarse claramente un posmodernismo como puede ser la música, el cine o las artes plásticas, o incluso las ciencias, es, con todos los respetos, para echarse las manos a la cabeza (e insisto, con la vista puesta en los susceptibles: no es que los considere malos poetas ni nada por estilo, es solamente que aún no se ha alcanzado un grado de audacia, invención, y sobre todo desacralización suficiente para que pueda hablarse de poesía posmoderna). Hay que darse cuenta de que la poesía es una práctica artística muy curiosa: los poetas estamos hoy por hoy fuera literalmente de la realidad, del sistema; la prueba está en que ni Dios (con perdón) lee poesía, a nadie interesa y eso en una sociedad como la actual, del espectáculo y en la que todo lo que puede ser vendido lo será por obra y gracia de algún gestor, es un claro síntoma de que no estamos en el pulso de los tiempos, y ese no estar en el pulso de nuestro tiempo funciona de rémora. Que nadie se asuste, no hablo de bajar el nivel o los propios compromisos estéticos para ser vendido, no, hablo de elaborar un arte de alto nivel pero que interese, que diga cosas, que excite la sensibilidad de gente; hay otras muchas artes que participan de ese mercado mediático sin bajar el nivel (la alta cocina, la ciencia, el buen videoarte, etc). Pero como nadie nos azuza, como nadie nos demanda “nuestro arte” nos apoltronamos en clichés y, ciegos al mundo exterior, nos dedicamos entre todos a batir un merengue que ya no sube más; no sube más, está agotado; hay que ir a otros paradigmas; nuestro merengue aún es el del huevo original, y no nos damos cuenta que ahora ya hay nuevos merengues por batir, hasta incluso de percebe. Como ya dijera en un polémico artículo en El País Vicente Verdú a propósito de la novela y que yo traslado 100% a la poesía, el poeta es hoy por hoy un señor o una señora que cuando se pone a escribir se disfraza de hombre antiguo para llevar a cabo una actividad más folclórica que viva. A este paso la poesía se muere, si no está muerta ya, y se habrá matado ella solita por anoréxica descomposición, por no saber tomar los alimentos que ya toman todas las artes. La idea aquella, entre neoclásica y romántica, del poeta aislado en su cámara, trabajando en la sombra por el bien de su espíritu es hoy por hoy ridícula porque ya sabemos que nada puede progresar si no se está atento a lo que pasa en el mundo con una mirada inteligente. De la misma manera que aquella idea de un Einstein construyendo su teoría relativista solo en una vieja oficina de patentes es también ya insostenible, y se funciona ea partir de lo que se publica en todo el mundo. El mundo ha cambiado, pero la poesía no se ha enterado. Yo, francamente, a la hora de tomar patrones o guías, o fuentes de inspiración, o llamadlo como queráis, jamás me fijo en lo que hacen mis amigos o enemigos poetas, se me va la vista a otras actividades que creo que están más vivas. Después ya vendrá el momento de valorar qué poesía nacida de ese “nuevo talante” es buena, es mala, merece ser recordada, etc, pero desde luego si no se parte de un cierto espíritu renovador esto se hunde, amigos, esto se hunde.
    Entonces, todo este rollo (quizá extenso, lo siento) viene a cuento de que si bajamos mucho el listón de lo que es una poesía posmodernista o posmoderna (que insisto, yo la defino no por comparación con otras poéticas europeas o americanas, sino con las otras artes, que parece más claro, intuitivo y veraz ya que éstas sí que están en el “mundo real”, es decir, posmoderno), sí que admito que, como dije por ahí arriba, puede existir una posmodernidad, que yo separé en “blanda” y “dura”, etc. Pero eso: para hacerlo tengo que bajar mucho el listón y hacer muchas concesiones. No sé vosotros, pero yo no me resigno a que el estado de las cosas tenga que quedarse así. Nos leemos, nos gustamos, nos criticamos, creemos que somos cojonudos, estamos supercontentos en nuestra caverna, calentitos y felices, y cuando echas una mirada alrededor y hablas de posmodernidad con otros artistas de “vanguardia” se escojonan de risa viendo qué cosas escribimos los poetas supuestamente posmodernos. La prueba está en que hace 50 años, cuando aún éramos modernos, artes como la pintura y la poesía iban de la mano, existía un diálogo entre ellos porque ambas artes estaban en el pulso de su tiempo; por poner casos paradigmáticos, Miro y Cirlot, Picaso y Alberti, que hacía obra conjuntamente. Hoy en día colaboraciones de ese tipo, fructíferas y equilibradas son casi impensables, o muy extrañas, pero por nuestra culpa, no por la culpa de los otros artistas. Hay en ocasiones más poesía en un anuncio publicitario (auténticos ejemplos de poemas contemporáneos) que en gran parte de la poesía publicada que leo. Bueno, amigos, ya he soltado mi digresión. En mi ánimo no está, por supuesto, ofender a nadie, sólo dar certificado de cómo veo yo las cosas, y proponer un salvavidas para este barco que se hunde. No niego que se pueda elaborar esa lista de poemas posmodernos o posmodernistas, y me parece encomiable de veras la labor de Vicente y otros, pero, para mí, siempre ha de abordarse con todas estas salvedades y dudas, y teniendo muy en cuenta que eso de que sean posmodernos y estén en el mismo estadio que las otras artes posmodernas, hay que ponerlo muy muy muy entre paréntesis. En fin, lo siento por la extensión de este post.

    Agustín Fernández Mallo — 16-10-2005 13:06:18

  28. Los últimos posts me parecen muy válidos y muy interesantes como debate, y esa comparación con las otras disciplinas, especialmente. En Lateral alentamos esa discusión desde hace tiempo, como recuerda AFM. Pero también puede ser un callejón sin salida. En corto: estamos alargando el debate que suscitó el post de Eloy, no estamos creando una nueva línea a partir de la nueva propuesta de VLM. La antología que pretendía esbozar podría ser un buen "estado de la cuestión" sobre la que vertebrar la reflexión. Incluso habría textos para delimitar líneas duras o blandas, proyectos o piezas aisladas, etapas o flirteos vacuos. Por otro lado, dos cosas: una, nadie se puede poner el disfraz de antiguo para escribir poesía, porque lo contemporáneo lo penetra todo, incluso en el cultivo de una poesía agotada. Es decir, incluso el gesto de escribir como nuestros abuelos es (Barth, Calinescu) postmoderno. Dos: no hay nada ni nadie ahistórico.

    Jordi C. — 16-10-2005 13:36:57

  29. De sobra sabes, Agustín, lo acuerdo que estoy contigo. La poesía tiene que salir del guetto, e incorporarse al arte de su tiempo. Pero que su aportación general no esté a la altura de otras manifestaciones artísticas (en las cuales, de todas formas, habría que discriminar muchísimo) no significa que sea nula, y hay que estudiarla. Ojalá dentro de poco, gracias a gente como tú y el resto del animado grupo de la revista Casatomada, perdamos tiempo estudiando cosas más interesantes y vivas. Pero eso ya no es trabajo de los críticos, sino vuestro (o nuestro, si me incluyo como autor). La pelota está en nuestro tejado, Agustín, no en el de la crítica. La crítica describe. Los poetas escriben.

    vicente luis mora — 16-10-2005 13:37:22

  30. Ahistórico no, pero sí "parahistórico", Jordi, que es la tesis de Racionero. Esta semana haré lo posible por colgarlo, para ahondar en el debate.

    vicente luis mora — 16-10-2005 13:40:16

  31. Sí, Vicente, en efecto, como dices, es cuestión de los autores, no de la crítica, dar pasos al frente; eso está claro. Pero también es responsabilidad de la crítica dar cuenta del "estado del arte". En ocasiones una crítica a tiempo puede cambiar el curso de las cosas.
    Y sí, Jordi, estoy también de acuerdo contigo en que lo que uno no puede es escapar de su propio tiempo, haga lo que haga. Desde esa perspectiva, es lo que comentábamos en otros post, todo lo que de facto se da, existe aquí y ahora, y es posmoderno dado que es la época en la que ha sido creado. Pero de ser así, de adoptar esta visión, ya no tiene sentido plantearse hacer una nómina de autores posmodernos: lo serían todos.
    NOTA a Vicente: yo ya dejé la codirección de Casatomada.

    Agustín Fernández Mallo — 16-10-2005 20:43:15

  32. La verdad es que me cansé de tantas vueltas. VLM tiene que responder a estas digresiones teóricas. El proyecto de la antología se paraliza. Y ahora regresa el fantasma de "la nómina de autores posmodernos". Ya intentamos consensuar que se trataba de textos, solamente...
    Pero bueno, ha sido una forma extraña de pasar el fin de semana... Hasta la próxima.

    Jordi C. — 16-10-2005 21:01:38

  33. Sí, Jordi, de acuerdo, pon "poemas posmodernos" donde dije "autores posmodernos". Bajo mi punto de vista, no cambia mucho el contenido de lo dicho. No está en mi ánimo paralizar nada, y menos la antología de "poemas posmodernos" que aborda el fundamental Vicente con más huevos que otros críticos netamente acríticos. No sé, creí que estas digresiones podrían aportar un punto de ataque diferente a la antología; puede que no. En cualquier caso, no te desesperes, hombre.
    A parte: hoy abría que darle un premio de la crítica a Juan Marsé, jurado del Planeta, por sus palabras sobre la obra gandora. Eso sí que fue una digresión como Dios manda.

    Agustín fernández mallo — 16-10-2005 21:52:58

  34. Era desesperación retórica. Pero hasta en lo de Marsé discrepamos, Agustín: después de tantos años en el jurado, después de tanta complicidad con ese concepto chato de cultura que es el planetario, dimite o calla, no te hagas el enfant terrible. Pero bueno. Acabo de leer la crítica de Vicente a Vila-Matas y ese tipo de ejercicios, al cabo, te devuelven la fe.

    Jordi C. — 17-10-2005 09:20:46

  35. Saliéndome un poco del tema... ¿dónde se puede leer esa crítica a Vila-Matas?

    Horacio — 17-10-2005 10:47:50

  36. En el mismo blog, Horacio. Ahora es la primera entrada cuando lo abres.

    vicente luis mora — 17-10-2005 11:19:04


  37. Pongo este poema titulado Qué Malos Son Nuestros Poetas:

    Qué malos son, qué malos son.
    Qué malos son nuestros poetas.
    Sólo hay que leer las cartas
    Que Guillén mandó a Salinas
    O escuchar a Gil de Biedma
    Leído por Carod-Rovira
    Para verlo.

    Qué malos son, qué malos son.
    Qué malos son nuestros poetas.

    Sólo hay que mirar las fotos,
    Están en las hemerotecas.
    Dámaso Alonso en El Pardo
    Y Luis Cernuda en Acapulco.
    Los que se hicieron ricos,
    Los que murieron pobres,
    Enfermos, en el exilio,
    Leopoldo y sus tres hijos,
    Todos ellos.

    Qué malos son, qué malos son.
    Qué malos son nuestros poetas.

    Preguntadle a la viuda de Alberti.
    Si pudiera hablar Zenobia.
    Si estuviera vivo el bendito
    Padre de Jorge Manrique.
    Si lo supiésemos todo sobre algunos,
    Tanta metáfora y tan poca vergüenza
    Todos ellos.

    Qué malos son, qué malos son.
    Qué malos son nuestros poetas.


    Quevedo el putero y Góngora el lameculos,
    Garcilaso el usurero y Rosalía la ludópata,
    El maricón de Lorca y Bécquer, que era
    Un poco mariquita también,
    Ferrater el desgraciado,
    Gimferrer el pervertido,
    Los hermanos Machado,
    (El drogadicto y el maltratador),
    San Juan de la Cruz
    Y Santa Teresa de Jesús

    Qué malos son…
    (M. Martínez, G. Segarra, E. Alarcón)
    Manolo: voz, teclados, guitarra acústica, coros. Genís: teclados,voz. Eduard: bajo eléctrico

    Este poema-canción, a mi modo de ver genial e insólito en las letras españolas, pertenece al grupo de moda Astrud. Integrado por dos tipos que, digamos para despistados, no son en absoluto los clásicos descerebrados; se puede decir que son personas con una cultura notable, estudios, etc, y representativos de una cierta clase muy numerosa de jóvenes artistas; o sea, esa clase de niños que no asustarían a ni a una mamá. Y sin embargo, eso es lo que piensan. Y como ellos, lo pude constatar en el último concierto que les vi, muchísima más gente.
    Este poema ha sido celebrado por la crítica por su irreverencia hacia una clase poética ciertamente anquilosada y plagada de dogmas, de la misma manera que en aquellos años 80 en los que la posmodernidad hacía acto de presencia en la cultura española (menos en la poesía, claro) los textos de los visionarios, entre otros, Kaka de Luxe, escandalizaban a la más rancia progresía manada de la Transición.

    Quería poner este poema, no para provocar, en absoluto, sino para proponerlo como ese poema que, si fuera yo quien redactase la nómina de poemas posmodernistas o posmodernos, pondría en primera fila y con letras bien grandes, y de paso para dar fe, y abundar aún más, en cómo nos ven los artistas de vanguardia contemporánea a los poetas. Un desastre, amigos, un desastre.

    Agustín fernández mallo — 17-10-2005 16:28:20

  38. Ahora, después de tantas intervenciones, creo que entiendo mejor lo que propone Vicente con esta antología, y me doy cuenta de que no se trata tanto de descubrir un nuevo territorio inexplorado, sino de redefinir un paisaje existente. Si es así, entonces las repetidas protestas de muchos de nosotros tal vez resultan impertinentes. Pero, en todo caso, sigo sin entender: ¿en qué sentido no es la propuesta poética de Eduardo Moga en “Las horas y los labios” una continuación de la estética iniciada por nuestras vanguardias históricas y, por tanto, “continuadora de lo moderno”?
    Tal vez ya podáis deducir por qué no había intervenido antes: No lo tengo nada claro y temo no iluminar demasiado el tema con mi comentario. Aunque se nos desespere Jordi C., me parece necesario un replanteamiento de la cuestión. ¿Se es “posmodernista” por incluir vocabulario del ámbito de la publicidad en los poemas, por realizar una poesía urbana, por incluir vídeo en los recitales, por hacer del lenguaje el centro de la reflexión poética? No sé, tal vez el término “posmodernismo” no sea el adecuado para denominar el mapa cuyo esbozo ha sido trazado por Vicente y ello, no porque en España no tengamos propuestas poéticas acordes con los tiempos que corren, sino simplemente por ser demasiado equívoco.
    El tema que planteas, Agustín, es de otra índole e iría más por la búsqueda de algo que consideras necesario y que no encuentras en nuestra poesía (o que, al menos, consideras que no es aún un territorio reconocido como tal). Dices que la poesía no evoluciona a la par con las artes plásticas en nuestro país, pero esto no es del todo cierto. Algo más recientes que la colaboración de Picaso y Alberti, es la de Tàpies y Valente (“Comunicaciones sobre el muro” es de finales de los setenta, si mal no recuerdo) y ésta no es meramente anecdótica, sino que representa una tradición del arte y la poesía españolas (de regustillo místico-heideggeriano) que tiene también su vertiente musical en la obra de Mauricio Sotelo y José María Sánchez Verdú. Pero sobre todo, como mencionaba en comentarios pasados, no podemos olvidar la vertiente iniciada por zaj y el grupo N.O que, herederos de Duchamp vía Cage, creo que algo tienen que ver con tu propuesta postpoética, Agustín. Y, por cierto, recién leído tu comentario ¡son mucho más divertidos e interesantes que Astrud!

    (Quiero darte las gracias por tu confianza, Vicente, no dudes de que te mantendré informada cuando vean la luz alguno de mis poemarios y, si estás interesado en conocer mi trabajo, te puedo hacer llegar más textos. De momento, por si os puede interesar, está a puntito de aparecer una antología de poemas del antimoderno modernista Karl Kraus en Pre-Textos que he traducido y prologado).

    Sandra Santana — 17-10-2005 16:41:58

  39. Jordi C. no está más desesperado que la noche de su cumpleaños en que Eloy Fernández Porta le presentó a Sandra Santana, en pleno debate del post- de Eloy, en que Jordi C. fue ninguneado por sus propuestas sobre narrativa o sobre poesía argentina que no venían a cuento... Quizá vendría a cuento que esos poemas de zaj y N.O. entraran en este blog como propuestas para la antología, como lo hizo la cancioncilla de Astrud. Os parece?

    Jordi C. — 17-10-2005 17:51:41

  40. Sandra, me alegra leerte de nuevo. Sólo dos observaciones:
    1)Es que esa colaboración Tapies-Valente, queda muy lejana en el tiempo y en los hechos que han ocurrido en ese tiempo. En 30 años ¡Han pasado tantas cosas, y en progresión aritmética! Podría haber puesto en mi post esa referencia Valente-Tapies y para mí el contenido no habría cambiado en absoluto (y te lo dice un fanático valentiano como yo). Precisamente esa tradición que tan bien calificas de "místico-heideggeriana" de la cual, ya te digo ahora, he bebido toda mi vida, está más finiquitada que la copla. Yo vuelvo a ella siempre que lo veo necesario, pero para reelaborarla, sino, es puro manierismo. Es precisamente lo que decía el otro día del cambio de una "metafísica del pincel" por una "metafísica del pixel".
    De la misma manera, veo pasada y ya un tanto estéril toda la poética de la otra capilla literaria española, la experiencialista. Hay que romperse los cuernos para buscar otras formas de expresar y anticipar mediante la palabra lo vislumbrado, como hicieron en su día, tal como tu citas, Duchamp, Cage, el grupo NO, etc. Si han quedado, es porque se se rompieron los cuernos para darle la vuela al pastel.

    2)Precisamente, hablando de Duchamp, como dije en un post que tú graciosamente nominaste de "pentalogía", o algo así, creo que es el verdadero proto-posmoderno, del cual bebemos todos, y el que más ha influido (que me perdonen el surealismo y el cubismo) en todo el arte a partir del los años 50 del siglo21 y lo que llevamos de 21. Es más, para que veas lo de acuerdo que estoy contigo, hace unos 5 o 4 años publiqué en Lateral un artículo (Ciencia Pagana, Ciencia Posmoderna: Reivindicación de cierto urinario), en el que no sólo apuntaba esto, sino que también podían verse ecos de él en las ciencias contemporáneas. Se puede estar de acuerdo o no, pero eso es otro cantar.
    Es precisamente ese Duchamp, ese Cage, esos N.O. lo que echo de menos hoy en poesía.

    Agustín fernández mallo — 17-10-2005 17:53:10

  41. querida Sandra, no es tanto tener una u otra característica (además, "hacer del lenguaje el centro de la reflexión poética", como tú dices, es para mí el núcleo de la experiencia moderna, no de la posmoderna) concreta, no de tener un factor o dos, sino más bien de qué modo cada poeta o artista construye una obra con una determinada galaxia de factores. Epstein o Guillermo de la Torre hablaban de los efectos de los medios de comunicación visuales en la poesía¡¡en los años 20 y 30 del siglo pasado!! Lamento no poder adelantar un ensayo mío que clarificaría mi postura (no el tema global), que será publicado a principios del 2006 en unas actas de la Universidad de Córdoba, pero publicar todo o parte antes sería una descortesía. Mientras vosotros seguís por aquí, añadiendo textos (me vale el poema de Astrud, aunque es bastante hipócrita, y muy injusto: ¿¿ha hecho alguien después lo que hizo Lorca?? Mostrádmelo!), yo sigo arriba tramando ejemplos, de cuya Weltansgschauung -perdón por la pedantería- creo que se deduce mi visión de lo que sea el posmodernismo.

    vicente luis mora — 17-10-2005 18:29:36

  42. Jordi, sobre la primera parte de tu post, nada que decir porque pertenece al ámbito privado y no la entiendo bien.
    Sobre la segunda: siguiendo y asumiendo el los criterios que parece querer seguir Vicente para su antología de poemas posmodernos o posmodernistas en España, poniéndonos en esas coordenadas, yo no incluiría en esa lista cosa alguna anterior, no ya como tú apuntaste en otro post, al año 76, sino a la década de los 80. Más que nada porque en algún punto hay que poner el corte, y entre el 75 y el 80 en este país aún andábamos en las cavernas "marxistas leninistas" versus "fascistas", que impedían tanto en la poesía como en todas las demás artes (salvo excepciones, claro) toda entrada a elementos disipantes que en otras partes del mundo civilizado ya estaban establecidas. (Algo así ha pasado en poesía, donde la caverna "místico-heideggeriana" versus "experiencialismo" no deja paso a otras vías no colesterolizadas).

    Agustín Fernández Mallo — 17-10-2005 18:54:33

  43. Me perdí del todo. Por primera vez, si no recuerdo mal, en 42 post., se habla de un criterio cronológico. Y creo que debe fijarlo Vicente. Estoy con él, por otro lado, sobre el nivel intelectual y ético de la cancioncilla. Además, entró el Maestro de Alemania y su discípulo Valente en el debate, con todos los problemas que eso conlleva, y creo que estamos mezclando demasiadas cosas. Buscaré esos artículos de Lateral que has comentado, Agustín, los leeré con sumo interés. Intentaré situarme. Mientras tanto, ojalá la antología prosiga. Y este debate se enfoque a lo que realmente importa: los textos.
    (Sobre el comentario personal, no lo es tanto como virtual: casualmente me presentaron a Sandra Santana el mismo día que descubrí este blog y traté, sin demasiado éxito, de participar en el debate que entonces había en marcha. Abundaron las bromas con Eloy y ella sobre el tema. Una tontería, en resumen)

    Jordi C. — 17-10-2005 19:10:18

  44. No nos perdamos. No puedo cerrar en 1980 el estudio de la posmodernidad porque ahí, Agustín, ¡es prácticamente donde comienza, tímidamente, la recepción de la posmodernidad en la poesía española! Los escasos ejemplos anteriores ("La muerte en Beverly Hills", 1968, de Gimferrer, o "Así se fundó Carnaby Street, 1970, de L. M. Panero, y habría que analizar y acotar) son aproximaciones a lo posmoderno, hechos desde una profunda e "integrada" perspectiva modernista, o moderna, si se prefiere. Es en los ochenta donde se dan los condicionamientos sociológicos para que pueda aparecer un asomo de posmodernidad en este país, y un principio de posmodernismo en la poesía. Y reitero, una vez más: la posmodernidad no es estrictamente una época, no es fechable, no podemos ponerle años concretos de comienzo y fin, no es esa su esencia. Bueno, yo sigo a lo mío, colgar poemas. Ahí va otro, de Ángel Petisme.

    vicente luis mora — 17-10-2005 19:49:02

  45. No, no, Vicente, es que supongo que me expresé mal. Quiero decir, obviamente, "a partir del 80", o sea del 80 en adelante, no hacia trás!!!. Cuando dije "punto de corte" me refería al "corte inferior", el límite inferior porque el límite superior está más o menos abierto.

    Jordi, ese articulo es antiguo, no sé si ahora lo sucribiría al 100%
    Saludos

    Agustín Fernández Mallo — 17-10-2005 20:01:06

  46. Mejor así: con un pequeño, incipiente corpus que comentar.
    Lo que yo veo en esos ejemplos, y el de Agustín es una excepción, por su carácter ofensivo, provocador e injusto, pero también original en el contexto de recepción, es que se trata de una incoporación de motivos propios de la posmodernidad o de la contemporaneidad del poeta, sin que ello conlleve una alteración de la sintaxis o la gramática de la poesía tradicional. Es decir, se cambia "heroína", "sidoso" o "walkman" por palabras más tradicionales. Algo así como cuando Neruda introdujo "calzoncillo" en "Walking around". Yo no veo un giro, sino una adaptación superficial. Por eso recomendaba algunos sonetos de la antología de Hiperión, donde la métrica y la forma también se someten a un cambio de paradigma. Por otro lado, fijaos que los ejemplos son muy recientes, habría que buscar otros anteriores. Y ver hasta qué punto el poema de Micó u otros de Benítez Reyes y compañía se diferencian tanto de ese posmodernismo epidérmico, meramente léxico, que detecto en los ejemplos seleccionados en los últimos añadidos de Vicente.

    Jordi C. — 17-10-2005 20:34:51

  47. Por partes, Jordi. No creo, desde luego, que Portela u otros tengan un posmodernismo meramente "léxico", como dices. El caso de Portela, en realidad, es un caso (como el de su buen amigo y en cierta forma seguido González Iglesias) un caso paradigmático de posmodernismo casi puro, donde están, además del léxico, el desapego existencial, la ironía frívola, el cruce de alta y baja cultura, la desideologización más absoluta, el kitsch parodiador (basta ver el poema que Portela dedica a Steffi Graff en el mismo libro, casi una olímpica pindárica), el examen del idioma como juego, la colusión icónica, la irrisión del yo, en fin... De todas formas, citas algo bastante interesante. Creo que era Carlos Edmundo de Ory (yo se lo he visto citado a Jaume Pont, en sus estudios sobre Postismo) quien decía que podía historiarse la evolución de la poesía española a través del uso del soneto. Así que tu cita de los sonetos es muy interesante, a ver si me hago con el libro de Munárriz de compilación, podría hacerse un estudio curioso. Prefiero estas aportaciones tuyas, Jordi, a las calificaciones. Vamos a intentar poner la pasión en la reflexión, y no en los adjetivos, seguro que progresamos más. Ánimo a todos, no me dejéis solo.

    vicente luis mora — 17-10-2005 21:41:09

  48. Vicente, no se trata de descalificar, sino de calificar. Fíjate en dos aspectos de tu último post: por un lado, te refieres a otros poemas del autor, que yo no conozco, porque estoy juzgando críticamente a partir de la pieza seleccionada (del texto, no de la trayectoria, no del autor); por el otro, los elementos que enumeras son temáticos, o de registro, no sobre estructura, métrica, sintaxis, etc., lo que yo trataba de resaltar como ingrediente necesario de una auténtica ruptura. Espero no haber parecido en ningún momento demasiado descalificador. Pido perdón si eso ha ocurrido.

    Jordi C. — 17-10-2005 22:08:00

  49. No pasa nada. Pero es que la estructura, la métrica y la sintaxis de un poema no son todo, Jordi. Una sextina puede ser utilizada por Aldana y por Gil de Biedma. Un soneto, por Garcilaso y Ory. Las variaciones métricas responden a una poética que es algo más que una "variación" de sílabas. La poética (esto es, la voluntad de ser barroco, romántico, moderno, vanguardista, posmoderno, etc) es lo que determina la variación estrófica, como el alma (o la inteligencia, mejor) determina al cuerpo. Tú haces anatomía, disección; yo soy médico. Estudio síntomas, y detecto pandemias. Tus análisis son instrumentos, que junto a muchos otros, sirven para hacer evaluaciones; no son la evaluación en sí. Es mi punto de vista. Pero repito: gracias por la pista de los sonetos. Por ahí podemos encontrar un punto de encuentro válido entre los dos. Pediré el libro, y te cuento. Un abrazo.

    vicente luis mora — 17-10-2005 22:41:23

  50. Primero, contesto a Jordi C. para que luego no diga que no le hacemos caso (y aquí pondría un guiño de esos que se hacen con paréntesis y punto y coma). En primer lugar, no sería muy pertinente introducir aquí poemas de Fernando Millán o José Luis Castillejo (zaj se funda en el 64 y N.O en el 68) pero, además, algunas de sus propuestas más interesantes, por estar en los márgenes entre lo literario y lo plástico, son difícilmente reproducibles. Ahora bien, Agustín, por aquel tiempo en el que supuestamente “andábamos en las cavernas” estos señores desarrollaron una actividad paralela al movimiento Fluxus y, hasta donde yo entiendo, nada tienen que envidiar a sus compañeros alemanes y norteamericanos. Conocieron a Cage por las mismas fechas que Vostel y Nam June Pike, pero lo que probablemente no había en España en aquel tiempo era una crítica y un público preparados para aquello. Ya no voy a insistir más en el tema del experimentalismo. La única razón que tengo para hacerlo es que me parece una corriente válida e injustamente olvidada en nuestro país (es más fácil encontrar bibliografía en alemán o inglés sobre poesía experimental española que en castellano).
    Respecto a tu comentario, Vicente, me gustará mucho leer ese ensayo cuando esté listo y, mientras, me alegra que esta discusión no haya paralizado tu antología. Respecto a lo de que la reflexión sobre el lenguaje (entendido como lo entiende el segundo Wittgenstein) no pueda ser una característica de cierto posmodernismo (pensaba en los “language”) no lo tengo tan claro. Pero ya que no es obvio, tendré que pensarlo mejor. Saludos a todos.

    Sandra Santana — 18-10-2005 12:33:48

  51. No digo que no pueda serlo en el posmodernismo, ojalá lo hubiera sido más; sostenía y sostengo que si la experiencia de la crisis del lenguaje (desde Mallarmé y Rimbaud) es esencial en un movimiento es, desde luego, en la Modernidad. Repito: amén de los "language poets", ojalá el posmodernismo se hubiera ocupado más del lenguaje y hubiera hecho de la experiencia de sus límites su propia experiencia.

    vicente luis mora — 18-10-2005 13:26:02

  52. Sandra, acabo de recordar un texto del novelista posmoderno William Gass que tenía apuntado a este respecto: "en la ficción sólo hay palabras, no hechos. Las palabras significan cosas; las vemos todos los días: hacemos el amor, compramos pan y volamos puentes. Pero el uso del lenguaje en la ficción no hace más que imitar el uso que de él hacemos en la vida" ("Fiction and the Figures of Life", New York, Knopf, 1970, p. 30). Compara la pobreza de este presupuesto con la voluntad modernista de "fundar" un lenguaje puramente poético, o puramente novelesco, y los estertores finales (y tan brillantes) en que se demostraba la imposibilidad de ese empeño: la lengua quebrada de Beckett, la "Carta a Lord Chandos" de Hoffmansthal, la búsqueda del silencio, la lengua de la tragedia de Celan, la ruptura del francés de Roussel... y tantísimos ejemplos que pueden ponerse.

    vicente luis mora — 18-10-2005 13:42:27

  53. La verdad, Sandra, es que a mí también me chirría un poco la reflexión sobre el lenguaje (a lo Valente, quiero decir), dentro de la posmodernidad. Estoy de acuerdo con AFM en que esas aventuras están ya liquidadas. Y en cuanto a los language, pienso que el 90% de sus investigaciones no llevan a ninguna parte (salvaría a Silliman, a Messerli, a Bernstein por supuesto, y a pocos más), pero el 10% restante constituye una puerta a un territorio inexplorado que merece la pena cruzar. Sin embargo, ahora casi me arrepiento de haberlos traído a la palestra, porque la poesía escrita en castellano y la anglosajona siguen caminos demasiado diferentes, y la posmodernidad de la que hablamos (o al menos de la que creo que deberíamos estar hablando), es la que está apareciendo en nuestro ámbito desde hace no tanto tiempo, y dentro de una evolución estética propia (ruptura con la poesía de la experiencia, revisitación de las vanguardias, revival novísimo, etc.). Desde ese punto de vista, se hacen evidentes dos cosas: una, que el retraso es considerable, y dos, que más que una antología, el proyecto de Vicente es una cartografía preliminar, una especie de acta de constitución.

    ¿De dónde son ustedes? ¿Se conocen? ¿Se van de cañas juntos?

    Horacio — 18-10-2005 13:42:42

  54. Para Sandra: No nos confundamos, puestos a elegir, me quedo con, de entre todos los movimientos del pasado, la experimentación de las vanguardias y sus estelas tipo Zaj o NO. Eso fijo. Es cierto que esta gente hacían cosas muy buenas, como tú dices, siempre hay gente, en toda época y por aislado que esté un país, que está al día de lo que ocurre por el mundo, pero en aquella época en España era algo mínimo, o lo suficientemente pequeño y mimético como para consolidarse, creo.
    Por otra parte, creo que estamos hablando de posmodernidad, no de derivaciones de las vanguardias históricas, como de hecho son Zaj y NO. En esa misma época, por aquí andaban gestándose los Novísmos, Gimferrer, el Panero de atar, Montalbán, etc, y precisamente por eso yo llevo manteniendo en este blog, en contra de Vicente, que estos poetas, dejando a parte sus evoluciones posteriores, en aquel momento son más bien neovanguardistas, pero no posmodernos.

    Respecto al asunto interesante que debaten Sandra y Vicente sobre si la reflexión acerca del propio lenguaje en el poema es una característica del posmodernismo poético o por el contrario lo es de las vanguardias, yo creo que ambos tiene razón: en efecto, las vanguardias hacen estallar el lenguaje en su seno, cuestionándolo y utilizándolo como arma para violentar tanto al “sucio burgués” como a los poetas “correctos” y a la poesía misma. Pero también tiene razón Sandra en que el lenguaje como juego, entendido como el 2º Wittgenstein, es una característica muy posmoderna que tiene su origen en el arte conceptual (posmodermo o no) cuando se vale de la frase del mismo Witty, “el significado es el uso”, introduciendo así el relativismo en la filosofía de la obra. Es decir, que las vanguardias utilizan la ruptura de los modos del lenguaje como arma, y la posmodernidad como juego hedonista. Es una diferencia de talante, no intrínseca a la materialidad del poema o la obra en general; de ahí el famoso título “La Condición Posmoderna” y no “La Filosofía Posmoderna”, o “ El Corpus Posmoderno”, o “El Sistema Posmoderno” . Esta es para mí, y para todo el mundo, creo, una diferencia (la de su actitud respecto al uso de la ruptura del lenguaje) capital entre ambas corrientes, que debería servirnos como un criterio más a la hora de separar los poemas posmodernos de los de no lo son.

    Para Horacio: Soy coruñés, hace muchos años que vivo en Palma de Mallorca, y jamás les he visto la cara a ninguno de mis compañeros blogueros.

    Agustín Fernández Mallo — 18-10-2005 14:25:46

  55. Resumen del artículo de Quintín Racionero, titulado “No después sino distinto (en torno a un debate sobre ciencia moderna y postmoderna)”, publicado en el número 21 (1999) de Revista de Filosofía.

    Aquí está el anunciado resumen del filósofo Quintín Racionero, donde explora las posibilidades de un entendimiento ahistórico de la Posmodernidad. Sé que es largo, pero el artículo completo, que incluía una segunda parte, tiene la friolera de 86 páginas, que me he molestado en resumir hasta estas seis. Hay que entender que el artículo surge a un debate que tuvo lugar en la Fundación March sobre ciencia posmoderna, donde Racionero se opuso a las teorías de Sánchez Ron y Javier Echeverría. Espero que valga para reflexionar. Hay que tener en cuenta que Racionero utiliza el concepto foucaltiano de episteme, al que se refiere en algún momento de este modo: “Foucault llama a estos sistemas de comprensión (al menos, en sus primeras obras) epistemes, entendiendo por tales los tipos de discursos posibles que devienen dominantes. En este sentido se ha hecho notar con frecuencia (…) que su descripción no se aparta en exceso de lo que Kuhn llama paradigmas, si bien el criterio que utiliza Foucault para reconocer las epistemes no es, como en Kuhn, el de las convicciones que incorporan, sino, al revés, el de los valores que rechazan”.

    RESUMEN:

    “Naturalmente, no he dibujado este cuadro introductorio para aplicárselo a mis querido colegas José Manuel Sánchez Ron y Javier Echeverría ni tampoco -menos aún- para llevar sus reflexiones epistemológicas a los parámetros de una próxima o lejana, en todo caso genérica analogía con el arte. Sin embargo, mi objeción de fondo es que, a pesar de sus obvias diferencias (sobre las que haré luego algunos comentarios), las tesis que ambos sostienen comparten un rasgo común, que como mejor se percibe es seguramente en el contexto de esa analogía. Tal objeción es, a saber, que uno y otro hacen un uso temporal del concepto de postmodernidad, que intuitivamente lo asimila a un cambio de época o, al menos, a un presunto estado de cosas devenido después o al término de una modernidad, respecto de la cual la hipótesis en discusión es, a mayor abundamiento, si se ha de darse o no por acabada. (…)En cuanto a Echeverría parece estar en condiciones de responder abiertamente a esta pregunta, puesto que ya en su tesis I señala que hablar de ciencia postmoderna implica referirse a un «tipo de ciencia ... que es posterior en el tiempo (a la ciencia moderna)». Usado así, este concepto es, sin embargo, erróneo y no se acredita en ninguna de las fuentes generalmente identificadas con la filosofía postmoderna, todas las cuales coinciden sensu stricto en el propósito de impugnar las configuraciones de la historia que se basan en la idea de sucesión o de linealidad temporal. (…), si el examen de la postmodernidad se lleva a cabo desde cualesquiera hipótesis continuistas de orden histórico, no habrá medio de rehuir el que las críticas postmodernas a la modernidad terminen integrándose en las redes hermenéuticas del propio paradigma moderno, reduciendo su impacto al esquema dialéctico de un conflicto de la modernidad consigo misma. (…), lo que importa comprender es que la postmodernidad constituye una noción no histórica, sino polémica. Y que, por ello mismo, interviene en la estructura del tiempo -en este caso, obviamente, de nuestro tiempo- a título de abrir un espacio de provisión de tesis o de argumentaciones que, en la medida en que cuestionan un amplio conjunto de seguridades preexistentes, hacen ineludible el debate sobre las mismas. Esta dimensión controversial, agonística, que la postmodernidad propone es lo que con mayor energía subraya el célebre texto de Lyotard La condition postmoderne (1979), cuyo mismo título se ajusta ya de antemano al propósito de deshacer el malentendido de la interpretación histórica. Se trata de describir una condición: no una época, sino una actitud, una sensibilidad, un talante. (…) lo que resulta claro es que la postmodernidad no puede presentarse como un tiempo que sigue a la modernidad, sino como una filosofía que se presenta como la conciencia de lo moderno y, en este sentido, como una impugnación de la modernidad. (…)El rechazo a considerar la postmodernidad de acuerdo a categorías temporales hunde sus raíces, como es obvio, en la crítica de Foucault a la idea tradicional de la historia, entendida ésta como una sucesión cronológica de hechos, que se despliegan conforme a principios inmanentes de orden y cuyo conjunto está dotado de sentido. (…)lo que de hecho concluye Foucault, es que no existe la historia, sino series múltiples (a veces consecutivas, a veces superpuestas) de discursos acerca de lo legítimo y en contra de lo prohibido, cada una de las cuales aspira a identificarse con la historia puesto que de todas maneras cumple el rol de generar una topología de sus propias reconstrucciones y proyecciones en el tiempo. (…)tampoco hay por qué tomarse el asunto dramáticamente o preocuparse más allá de lo imprescindible: como quiera que la continuidad histórica siempre reestablece las correlaciones de sentido, al final será posible concluir con Anthony Giddens en The consequences of Modernity (1993) que la postmodernidad sólo constituye una «globalización» del proyecto moderno «hacia afuera de los límites culturales de occidente»; o, si esto parece llevar las cosas demasiado lejos, razonar con Oswald Maquard en Nach der Moderne (1986) que, en todo caso, la postmodernidad no es sino «intramodernidad», puesto que en rigor no hace sino poner al descubierto las tensiones dialécticas de la modernidad consigo misma. (…). Ser «postmoderno», sentirse en una actitud o de una condición «postmoderna», significa rechazar esa respuesta afirmativa; decir de ella que es incoherente e imposible; practicar, en resumen, un modelo distinto de cultura.

    Esta otra cultura es, bien entendido, cualquier cosa menos nueva. Ni constituye un producto de nuestra situación, ni descarta tampoco, como si se tratase de un paquete único, la historia entera de la filosofía. (…) la postmodernidad no practica ningún furor iconoclasta. Como ha explicado certeramente Wolfang Welsch, en Unsere postmoderne Moderne (1989) -bien que con la escasa receptividad de que en este punto es ya costumbre-, la postmodernidad implica también a este respecto un giro, una drástica rectificación de la historiografía, que permite rescatar a pensadores, a secuencias, a tradiciones enteras de la reflexión filosófica, que ni pueden ser interpretadas en el marco de las epistemes en cada momento dominantes ni reducidas tampoco a episodios, a puntos nodales de la continuidad histórica de la filosofía. (…)la postmodernidad involucra una noción polémica, porque no busca introducir una nueva representación histórica, sino precisamente rechazar este género de representaciones (empezando por la que se atribuye la modernidad misma), a fin de hacer posible una liberación de la reflexión. Nada hay aquí más lejos, como se ve, de esas versiones interesadas y fanáticas, que se obstinan en reducir el pensamiento postmoderno a una suerte de anything goes, de errático esteticismo y talante irracionalista. Frente a tales versiones, a las que también dedicaré luego algunas palabras, se impone decir, por el contrario, que, al vaciar de toda semántica el ahora, el modo que reconstruye la etimología de lo moderno, la postmodernidad no hace sino reponer el locus de la reflexión, porque le devuelve su valor de pliegue, de retirada, no ya respecto de cualesquiera contenidos, sino también respecto de los mismos relatos que los organizan, haciendo así que unos y otros caigan por igual en la esfera de sus atribuciones. (…)lo que importa comprender es que con ello se libera a su vez de su propio relato a la historia misma del pensamiento. Basta con aceptar que el lugar de la reflexión no es temporal (sin que ello signifique que esté fuera de toda condición), que es, por tanto, esencialmente simbólico y transitivo, para que ésta, la historia del pensamiento, se muestre, no como el proceso de sedimentación de la verdad que el concepto fija y la voluntad anima, sino como la memoria del conjunto de juegos lingüístico-pragmáticos (de teorías, prácticas y producciones) en los que la realidad se efectúa, plural, contingentemente, bajo las circunstancias concretas de la autocompresión humana. (…)En La condition postmoderne Lyotard formula esta idea argumentando que, bajo el requisito de una tal apertura, todos nuestros conceptos representativos y valorativos pueden ser modernos sólo si ya de suyo son postmodernos. Entendido de este modo, lo postmoderno no es, en consecuencia, lo moderno en estado póstumo, sino en estado naciente; y este estado es constante. Pero aún me parece más luminoso el análisis que el mismo autor lleva a cabo en una entrevista de diciembre de 1986, que condujo con mano maestra Teresa Oñate. El texto que quiero subrayar dice así: «Que el término "postmodernidad" sea un falso nombre (o un pseudónimo) resulta evidente en cuanto se tiene en cuenta que no puede significar "lo que viene después de la modernidad", pues la palabra "moderno" significa justamente "ahora", y "después de ahora" continúa siendo "ahora". No es el final de una cosa y el principio de otra. Eso sería absurdo. Yo diría que se trata de algo que siempre ha estado en la modernidad como su melancolía. La postmodernidad es una dimensión permanente anamnésica. Los modernos, es decir, los occidentales desde hace veinte siglos, han sido fundamentalmente los pensadores del concepto y de la voluntad. Pero en la modernidad vive siempre una contracorriente que dice: "¡Un momento, parad, estáis olvidando demasiadas cosas con vuestros conceptos y voluntades. Pensáis que sois racionales y, sin embargo, sois profundamente irracionales. Tenemos que intentar recordar lo que fue olvidado en la fundación de la modernidad y éste es un buen momento para hacerlo. En realidad, siempre es un buen momento para ello, de todas formas».

    Cuando los pensadores postmodernos rechazan la cultura vigente, cuando, por emplear la fórmula de Vattimo, afirman que «el nuestro no es ya el tiempo de la modernidad», a lo que se refieren, así pues, es a la situación necesariamente polémica en que nos sitúa este estado de olvido, de irracionalidad profunda, que promueven los marcos de comprensión y los códigos axiológicos en que de hecho vivimos. No se trata de que nuestro tiempo no sea moderno en el sentido de que tales marcos y códigos no resulten ya acreedores de ese modo de respeto incuestionable en que consiste su rol histórico propio. Se trata de que, viviendo ciertamente en ellos, se nos ofrecen ahora en una forma que obliga a tomar en cuenta la aparición de otras múltiples opciones, cuyo resultado sólo puede ser el debilitamiento de nuestros discursos sobre el mundo. Desde este punto de vista, y por recoger un hilo que antes dejé suelto, cabría concebir a la postmodernidad de acuerdo con lo que Kuhn define como un periodo de «ciencia anormal» (aunque extendiendo este concepto, según lo ha hecho Rorty, al marco íntegro de la producción de ideas, valores y patrones culturales), más bien que por referencia a las nociones de paradigma o de episteme. Pero el novum reside aquí en que, por primera vez, la realidad que esa definición menciona reclama ser concebida, no en los términos dinámicos de una situación transitoria, sino en los términos estructurales de una cultura ajustada a una ontología pluralista en sentido riguroso. La peculiar vivencia de insatisfacción, pluralismo y debilidad de los discursos en que vivimos es, en efecto, enteramente simultánea: requiere una comprensión en el plano sincrónico en que realmente se produce. Y esto es, en suma, lo decisivo: el que tenemos que acostumbrarnos a la emergencia de la pluralidad, no como estado provisorio de nuestro tiempo, sino como expresión de la estructura del mundo. Pero entonces, si se sigue este planteamiento, y aunque sólo sea a los efectos de promover un debate, no cabe sino concluir que cualquier interpretación historicista de la postmodernidad, tanto si se refiere al plano teórico de la quaestio juris como -más grave aún- si remite al plano pragmático de la quaestio facti, introduce un desenfoque radical en la comprensión adecuada de su significado, que alcanza a todas sus perspectivas y manifestaciones, y también, desde luego, a lo que podemos decir sobre la ciencia.

    Todo lo que he pretendido decir en estas páginas se reduce a esto sólo: la postmodernidad no atenta contra la investigación científica, sino contra el rol que, inconscientemente, hace de la ciencia un instrumento del poder; por lo tanto, la postmodernidad no es identificable con la representación histórica que produce el estado actual de las cosas, sino que presupone un modo de mirar que trastorna, que contradice esa representación.


    vicente luis mora — 19-10-2005 14:25:06

  56. Vicente he leído el extracto-resumen que tan amablemente has confeccionado. Sólo que ahora no recuerdo en qué otro post lo citaste y, por lo tanto, por qué lo pones (lo siento). Es un texto muy bien argumentado con el que "sentimentalmente" coincido. Hace poco, tal como, si no lo entendí mal, argumenta Quitín Racionero, decía yo en un post a colación de la diferencia entre la modernidad y posmodernidad (corto y pego):
    <<"Es una diferencia de talante, no intrínseca a la materialidad del poema o la obra en general; de ahí el famoso título “La Condición Posmoderna” y no “La Filosofía Posmoderna”, o “ El Corpus Posmoderno”, o “El Sistema Posmoderno” . Esta es para mí, y para todo el mundo, creo, una diferencia (la de su actitud respecto al uso de la ruptura del lenguaje) capital entre ambas corrientes, que debería servirnos como un criterio más a la hora de separar los poemas posmodernos de los de no lo son">>.

    Y de ahí que, en ocasiones, un poema escrito hace 50 años sea moderno, y exactamente el mismo escrito hoy pueda ser posmoderno. En el primero hay pretensión de verdad, el segundo de juego (ojo, por serio que pueda ser ese juego). Pero esta apreciación ya la enunció magistralmente Borges en múltiples ocasiones, implícita o explícitamente, en sus relatos..

    El último párrafo del artículo habla de la ciencia y la posmodernidad; también estoy de acuerdo, y es lo que más o menos traté de explicar en un artículo que cité el otro día "Ciencia Pagana, Ciencia Posmoderna: reivindicación de cierto urinario", que publiqué en Lateral hace unos 4 o 5 años (creo que fue julio-agosto o septiembre del 2001). Recuerdo que en aquella época leí varios artículos y ensayos sobre Ciencia Posmoderna de, precisamente, Sánchez Ron (por cierto, un muy buen físico e historiador de la ciencia) y de Echeverría, y, francamente, no me extraña que Quitín Racionero esté en desacuerdo con ellos: me parecieron muy pobres, llenos de tópicos, y superficiales.
    Me gustaría, no obstante, conocer los 86 folios del ensayo. Si me los puedes hacer llegar de alguna forma, te lo agradeceré mucho.

    Y creo que ahora ya me he desviado del tema que nos trae al blog.

    Agustín Fernández Mallo — 19-10-2005 17:00:13

  57. Ah, no, fue en junio de 2001, y el articulito de las narices se llama "Ciencia posmoderna, ciencia pagana: reivindicación de cierto urinario"

    Agustín Fernández Mallo — 19-10-2005 17:10:12

  58. De lo de Sánchez Ron estoy de acuerdo, es casi más un divulgador que otra cosa, pero no tanto en lo de Echeverría. "La revolución tecnocientífica" (FCE, 2003), me pareció un libro inteligente, y necesario. Es casi un clásico de los estudios CTS (Ciencia, tecnología y sociedad), y con independencia de la opinión de Racionero (que además no está dirigida, como él dice, a la Historia de la ciencia, sino a la epistemología de la Filosofía), es claro que la tecnociencia es hoy el paradigma vigente, dentro de la visión histórica de la Ciencia. Vigente no significa mejor, ni más apropiado: significa el que están utilizando las empresas multinacionales, los departamentos de I+D+I, la sociedad directora de Internet, el ICAAN, etc... Vamos, los que ostentan el dominio tecnológico. El estudio multidisciplinar de Echeverría me parece muy necesario para entender los grandes puntos de unión entre la ciencia, la tecnología y el poder político y económico. Las tesis de Racionero van por otro camino, siendo igualmente plausibles y necesarias.

    vicente luis mora — 19-10-2005 19:16:33

  59. Complementando la nueva visión de la ciencia (no de la historia de la ciencia) de Racionero, encuentro este interesante párrafo en un interesante libro de M. Carmen África Vidal ("Hacia una patafísica de la esperanza. Reflexiones sobre la novela posmoderna"; Universidad de Alicante, 1990, p. 39), partiendo del discurso bajtiano (o bakhtiniano) leído por Kristeva o De Man: "no se trata, pues de crear una ciencia en el sentido tradicional de la palabra, sino de llegar a una especie de ciencia de la división, de lo discontinuo; como la gramatología, una ciencia que se hace negativamente, que interroga y deshace los discursos metafísicos sin llegar nunca a formalizarse como ciencia".

    vicente luis mora — 20-10-2005 11:41:27

  60. Me alegro de que hayas colocado el extracto de Quintín. Creo que ubica -pese a su fragmentariedad- el debate filosófico en su justo lugar. He sido alumno y amigo tanto de Quintín como de Teresa Oñate y reconozco que ellos me colocaron teóricamente en el lugar adecuado. Todavía recuerdo a Teresa presentándonos a Heráclito como el filósofo del siglo XXI. En esa, como en otras tantas cosas, no se equivocaba. Efectivamente, la gran diferencia -creo que en definitiva se trata del único criterio válido- de un autor postmoderno respecto a otro que no lo es es apreciar en él ese vector de eternidad que hace que sin dejar de hablar de su tiempo, se reconozca al tiempo contemporáneo de todos los que han existido antes que él. La experiencia -en cuanto a escritura y también, naturalmente, en lo que concierne a la lectura- es de una apertura de miras que no deja indiferente y que equidista de cualquier esteticismo "debole" o del mero ejercicio museístico gadameriano.

    javier moreno — 22-10-2005 01:52:57

  61. En efecto, Javier, Teresa Oñate es, ineludiblemente, una referencia. Tiene una claridad mental prodigiosa, y sus libros son lecciones de cómo leer, y de cómo pensar, absorbiendo la tradición pero sin dejarse absorber por ella. Quintín y ella son, junto con Félix Duque, Manuel Barrios y algunos más, lo único que tenemos en este país para seguir adelante teóricamente.

    vicente luis mora — 22-10-2005 10:06:51

  62. Hola, Vicente.
    Quiero contactar contigo, por favor, escríbeme al correo eléctronico que me pide tu servidor.
    Gracias, J.C.

    Jordi C. — 26-10-2005 10:21:23

  63. Querido Jordi, no me has dejado ninguna dirección de correo. La mía es vicenteluismora@yahoo.es. Un saludo.

    vicente luis mora — 26-10-2005 10:44:04

  64. A modo de curiosidad, dos textos:
    1)
    En torno a su superficie, rodeamos
    el núcleo de plutonio
    desde treinta y dos puntos
    equidistantes.

    Los treinta y dos puntos son
    los centros de las veinte
    caras triangulares de un icosaedro
    intercaladas con las doce
    caras pentagonales de un dodecaedro.
    Texto perteneciente a la ópera Dr. Atomic, de John Adams, estrenada en San Francisco hace unos días, e inspirada en vida y obra de J. Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica.
    Una obra de claro tono moderno que sin duda podrían haber firmado cualesquiera de los futuristas de principios del Siglo 20, (en caso de haber existido en aquella época una bomba atómica, claro).

    2)
    yo quiero bañarme en
    mares de radio, con nubes de estroncio,
    cobalto y plutonio,
    ¿nuclear? ¡Sí, por supuesto!,
    ¿nuclear? ¡Sí, cómo no, como no!

    Texto perteneciente al single, ¿Nuclear? ¡Sí!
    De Aviador Dro (1981)
    Una obra que, por el contexto, sabemos que es claramente posmoderna, dado que ironiza con los clichés establecidos en aquella época de los 80, aún más o menos moderna, en España. Una obra totalmente diferente al ejemplo anterior.

    Pero si permutamos los dos textos, el resultado podría ser exactamente el mismo.
    De ahí aquello en lo que insistía hace poco: que “el significado es el uso”, y que el talante posmoderno de una obra no está únicamente en lo que dice sino en las intenciones de la misma. Por eso a veces es una cosa más contextual que en sí misma.
    Y si ese juego irónico alcanza a otras latitudes más esenciales para la poesía que la energía nuclear, como puede ser, por ejemplo, el propio lenguaje, el cuento aplicarse, para mí, sería el mismo. Creo que es algo a tener en cuenta a la hora de seleccionar posibles poemas posmodernos o posmodernistas.

    Agustín Fernández Mallo — 27-10-2005 19:42:33

  65. Discrepo. Hay que tener en cuenta la obra entera (el poema, la canción), en contexto (el libro, el disco), el contexto histórico y al autor. Así se sabrá si es posmoderno o posmodernista o no. Pero los ejemplos son interesantes. Hay una tematización de la bomba y la energía atómicas en la literatura del siglo XX que son muy sugerentes. Habría que ver si la poesía española se hizo eco.

    Jordi C. — 27-10-2005 20:08:02

  66. Hola Jordi.
    Pero es que creo que es lo mismo que lo que yo he dicho, ¿no? No entiendo muy bien por qué discrepas.
    Sobre lo que dices de la tematización literaria de la bomba y enegía atómicas, me interesa mucho. Yo en poesía española no conozco. Pero a ver si recuerdo alguno.

    Agustín Fernández Mallo — 27-10-2005 20:15:55

  67. Bueno, Jordi, estoy tonto, acabo de darme cuenta de que yo tengo un pequeño poema dedicado al glamour de las centrales nucleares en Joan Fontaine Odisea. Ahora no lo tengo a mano, y de memoria no lo sé ni de coña; ya lo podré.

    Agustín Fernández Mallo — 27-10-2005 20:46:16

  68. Lamento citarme, pero me añado, y de paso hago publicidad de mi nuevo libro:
    "amor / que de la misma forma que el mercurio / se enfría pronto al cesar el fuego // dolor / que de la misma forma que el plutonio / requiere cuando llega al rojo vivo / más de mil años para contraerse" (VLM, Construcción, Pre-Textos, 2005)

    vicente luis mora — 28-10-2005 09:29:20

  69. Bueno, ese verso es cojonudo. Aún más, me parece fuera de lo normal; especialmente el campo, la multiplicación metafórica, que abre la palabra "contraerse" en ese contexto.

    Agustín Fdez. Mallo — 29-10-2005 12:51:37

  70. No comprendo por qué han borrado mi mensaje de ayer. No insultaba a nadie. O por lo menos, ejercía mi derecho a criticar en un lenguaje pertinente. Como Vicente Luis Mora. Es una pena, ¡maldita censura!

    Sexto Empírico — 06-11-2005 13:07:49

  71. En un post puesto el miércoles de la pasada semana (buscar en los añadidos a "Doctor Pasavento") anunciaba que, debido a la presencia de comentaristas que basándose en sus seudónimos, más o menos filosóficos (me gustó tu Adversus Mathematicos, amigo Sexto), aprovechaban para hacer descalificaciones sin añadir nada de contenido literario o crítico, me reservaba el derecho de eliminar o tachar parcialmente comentarios que fueran únicamente denigratorios o palurdos, si no es la misma cosa. De ahí que se borrara el tuyo de ayer, así como el de hoy de un tal "Manolo". Llámalo censura, si quieres, pero te hago una pregunta: si tú mandas a "Cartas del Director" de un periódico un análisis matemático, una reseña de doce folios de una novedad literaria o una caja de vino, y no te los publican: ¿eso es censura, o es que tú has enviado un contenido equivocado a una sección equivocada? Si envías una carta al director correcta e inteligente, seguro (o casi) que te la publican. Si quieres aparecer aquí, deja algo que nos permita constatar tu elevadísima cultura y tu sagacidad crítica, ya que hasta hora no hemos podido verla en ninguno de tus comentarios. Y esto va para ti, y para todos los manolos y doctores que aparezcan. Es muy fácil insultar desde un seudónimo. Dad la cara. E ideas.

    vicente luis mora — 06-11-2005 13:32:18

  72. Amigos y lectores, acabo de flipar. Id a http://www.elsewhere.org/cgi-bin/postmodern/, y allí encontraréis... un generador de textos ensayísticos posmodernos, diseñado por ordenador. Bien, siempre defendí que la koiné terminológica (defendida por Vattiimo) era un producto subracional que acabaría generando submonstruos. Aquí los tenéis. Y si os falla la inspiración para un artículo presuntamente profundo sobre algo, no dudéis en acudir al generador...

    vicente luis mora — 08-11-2005 11:49:02

  73. Hostia, Vicente!!
    Cuando pensaba en el puto Mesías, estaba pensando en otra cosa. ¿Un generador de ensayos posmodernos?? jajajaja, Philip K. Dick estaría partiéndose de la risa.
    Abrazo

    Polizón — 08-11-2005 14:57:06

  74. A mí no me parece que Juan Antonio González Iglesias sea un poeta de la posmodernidad. Algunos de los poetas -en algún caso, pésimos- que nombras han llegado,sí, a la posmodernidad, pero sin pasar antes por la modernidad, y suenan a quincalla, sin más. Por otra parte, a partir de cierto nivel (Exceso de vida, Poema pleno de amor para Elena Ferrer y alguna joya más) las etiquetas se caen de un escritor como el pelo: irremediablemente.
    Saludos

    Christian Law — 20-11-2005 20:17:28

  75. Qué bueno el generador! Deberíamos hacer uno en castellano; lo rápido que se iban a escribir las tesis en Teoría de la Literatura...

    Mario Cuenca — 20-11-2005 20:42:44

  76. Atento lector, respeto tu opinión pero no la comparto. Te niego la mayor, y luego particularizo: hay autores fuera de etiquetas (en poesía española, Aguado, por citar un ejemplo), y autores muy fácilmente etiquetables: Eloy Sánchez Rosillo=elegíaco. Nunca ha hecho E. S. Rosillo un libro que lo desmienta, ni probablemente lo haga (ni quizá le haga falta). Pero si tuviera que elegir un sólo poeta español que para mí fuera el colmo de lo posmoderno, el súmum posmodernista, ese poeta es Juan Antonio González Iglesias. No hay nada malo en las etiquetas, si se escribe bien. No creo que al autor le importe. Espero que no te importe a ti. Bienvenido.

    vicente luis mora — 20-11-2005 20:43:51

  77. Una cosa es epatar con naves nodrizas, o pretenderlo, y otra hacer una poesía fundamentalmente ética, pero plena de energía como no se recordaba desde los poemas mayores de Alfonso Canales, que es, o así lo entiendo yo, la puerta de entrada a J. A González Iglesias, o una de las más visibles. Por cierto, los suyos, los de ambos, son los mejores encabalgamientos de nuestra poesía moderna. Muchos de los poetas a los que citas trabajan con la ficción y la máscara, y no sé si eso es posmoderno o susceptible de serlo, pero en todo caso los aleja fatalmente de JAGI, poeta realista, lo queramos o no, que utiliza la mitología moderna con fines igualmente éticos (horaciano en esto como en tantas cosas).
    Por otra parte, no entiendo bien ese afán de sistematizar que muestras en este caso. Eso le puede sentar bien a la literatura, pero no a la poesía, que pertenece a otro ámbito de la creación. Imagino que Alberto Tesán todavía se estará preguntando qué demonios hace él en La lógica de Orfeo, pero es lo que pasa cuando se juega a hacer centones, que dan a veces un mareo de cuidado.
    Y si te ocupas de los buenos poetas, y estoy seguro de que eso haces, sabrás, si vuelves la vista, que los mejores están siempre extrañamente solos, porque siempre lo estuvieron de hecho y porque además el resto se ha desvanecido. ¿Es hora de etiquetas? Yo creo que no, a menos que seas un lector compulsivo. En cuyo caso te ruego que no olvides que demasiada lectura es motivo de infelicidad.
    Un saludo.

    Christian Law — 20-11-2005 23:18:01

  78. Alberto Tesán ya mostró en el Mapa Poético 5 su extrañeza ante el hecho de ser antologado en "La lógica de Orfeo"... delante del propio Villena, que no salía de su asombro. Fue un momento curioso. Pero, volviendo al tema del etiquetado hay algo paradójico, como es renunciar a rúbricas estéticas y luego decir que los buenos son los que no caen en ninguna... para identificar a los buenos, por tanto, necesitaremos las etiquetas, ¿no? Por supuesto, esto es una boutade, amigo Christian. El fin de las etiquetas no es compartimentar a los poetas (ojo, tan estudiables y catalogables como cualquier otro escritor, no sé por qué íbamos a ser distintos), ni encajonarlos, ni encasillarlos en un adjetivo, sino aclarar el panorama. Estudiar tendencias. Buscar líneas de fuga. ¿De verdad, como lector de poesía, te apetece enfrentarte a un conglomerado de tres o cuatro mil libros al año, sin ningún criterio teórico de orientación? A mí no, y no soy el único, de modo que quienes queremos bogar con carta de navegación tenemos, espero que nos lo permitas, derecho a orientarnos y a que nos orienten. Y una cosa más: son los propios poetas los primeros que quieren ser etiquetados. Si tú aceptas formar parte de una antología de Villena, estás deseando ostentar cierta etiqueta. No nos engañemos. Si escribes poéticas, en cierta manera te estás poniendo un cartel con tu declaración de intenciones. Ciertos títulos, ciertas citas al principio, ciertas referencias... son otras tantas etiquetas. ¿Por qué iba esto a ser malo? Despeja confusiones. Hablas de realismo: seguro que a Pablo García Casado le encanta su -merecida- etiqueta de realista, y le gustaría que todos los lectores que se enfrentaran a sus libros lo supieran de antemano, para no buscar en sus poemarios cosas que no hay. Luis Muñoz se pone la etiqueta de simbolista desde los títulos baudelerianos de sus libros. No pasa nada, Christian, es sólo una elección. Y por cierto, hablando de González Iglesias: una colección de títulos que incluye "Olímpicas", "La hermosura del héroe", "Esto es mi cuerpo", "Más hermosura", ¿no demuestra la más clara vocación de ser etiquetado que se conoce en la poesía española contemporánea? Saludos.

    vicente luis mora — 21-11-2005 09:17:44

  79. como lector apasionado de Juan Antonio González iglesias, pienso que no hay más vocación en Juan Antonio González Iglesias en la de ser etiquetado, que la de Horacio al escribir sus amores o El arcipreste de Hita, Juan Ruiz, o como se quiera llamar al escribir el libro del buen amor.
    Como Christian Law afirma, la poesía de Juan Antonio González Iglesias es en en última instancia ética.Trabaja con unos materiales que son netamente humanos, y su tratamiento del homoerotismo, tiene en última instancia, vocación de responsabilidad con un acervo cultural, con una memoria histórica que no nos es ajena y que se ha querido soslayar como tabú a través de los siglos y las religiones.

    b — 22-11-2005 18:22:51

  80. Caramba, habláis como si yo tuviera algo en contra de González Iglesias, o de los homosexuales. Sólo he dicho que González Iglesias ha estado presente en todas las operaciones de etiquetado poético que se han ido haciendo en los últimos años, incluyendo la suya propia. Eso no es malo. También han estado ahí poetas de mi probado interés, como Álvaro García, Aurora Luque, Lorenzo Oliván o Eduardo García. Hay espacio para todos. Pero no intentemos engañarnos, ya somos mayorcitos.

    vicente luis mora — 22-11-2005 19:00:54

  81. ¿no demuestra la más clara vocación de ser etiquetado que se conoce en la poesía española contemporánea?.
    Respondía a esa pregunta ya que dudo que la presencia de un hecho tan antiguo como Platón pueda ser definido como etiqueta. Pero las disensiones siempre enriquecen. Vicente.

    b — 22-11-2005 19:32:36

  82. Ni por un momento se me ha ocurrido sugerir que tengas nada en contra de los homosexuales, Vicente. Hay que ser cuidadoso con lo que se escribe, por favor.
    Por lo demás, el amor en la poesía de JAGI está muy lejos de vicarías -léase ayuntamientos- y adopciones, y muy cerca, es verdad, de Platón, Alcibíades, etc. Y con esto no quiero decir nada más que lo que digo. (En esto, al menos, no es muy posmoderno.)
    Saludos.

    Christian Law — 23-11-2005 18:16:27

  83. Eso puede englobarse en una de las formas de lo posmoderno, el "kitsch" histórico-irónico, sobre todo por su combinación con otros materiales y por el uso conjunto de todo ello dentro en una estructura que lucha conscientemente contra su época, utilizando conglomerados conceptuales de otra, anterior en el tiempo. No soy el único que ha visto eso en González Iglesias. Hasta la desastrosa antología de Cano Ballesta lo vio. En realidad, eres la primera persona que conozco que discrepa. Deberías de escribir un artículo en alguna revista exponiendo y argumentando tu opinión, Christian. Sería muy interesante para hacer debate. El problema de todas estas cosas del posmodernismo es que se opina mucho, pero se escribe poco (me refiero a artículos o ensayos trabados), lo que hace más difícil superar los problemas.

    He colgado dos poemas más en la pequeña antología posmodernista, que me encantan: uno de Edgardo Dobry y otro de Manuel Peyrou. Saludos.

    vicente luis mora — 23-11-2005 18:58:35

  84. Cuelgo, por su posible interés en relación a la innegable posmodernidad de la obra de J. A. González Iglesias, este párrafo del pensador Isidoro Reguera, incluido en una reseña de la obra del filósofo Ignacio Gómez de Liaño, "Breviario de filosofía práctica": “Todas ellas menosprecian los esforzados experimentos conceptuales y metáforas epistemológicas de la posmodernidad —en busca, precisamente, de nuevo sujeto y sentido—, entre los que puede enmarcarse, sin duda, a pesar de sus referencias antiquísimas, el ánimo reflexivo de Gómez de Liaño, hijo inevitable de su tiempo” (Babelia nº 730, 19/11/2005. p. 12). Exactamente eso mismo es lo que le sucede a González Iglesias, también a pesar de sus referencias antiquísimas.

    vicente luis mora — 24-11-2005 12:43:42

  85. lo que se está discutiendo aquí no es la contemporaneidad de González Iglesias, sino aquello que propones como posmodernidad.Desde el principio este post surgio a partir del reto que te propuso Agustín Fernández Mallo sobre la posmodernidad de la poesía española.
    En cuanto a Isidoro Reguera, a pesar de la autoridad, permíteme disentir.Los hombres no son hijos de su tiempo.Los hombres son su tiempo.
    En cuanto a lo del kitsch, es muy discutible también su aplicación a la obra de Juan Antonio González Iglesias.No creo que en la obra de Juan Antonio González Iglesias haya una intención kitsch, o lo que es peor, podemos vernos arrastrados hacia el menos acertado término camp.Tu mismo subrayaste en otro post la dorsiana afirmación de que lo original es un retorno al origen. Tal vez, en ese intento de asimilación y de programación contemporánea esté el pulso que Juan Antonio González Iglesias lleva a cabo a lo largo de su obra. Olvidaste un título hermosísimo de Juan Antonio González Iglesias, en su nómina. Un ángulo me basta, por ejemplo.

    b — 24-11-2005 20:26:15

  86. No olvidé el título, sólo quería decir que con los otros bastaba para demostrar la voluntad de González Iglesias de etiquetarse (voluntad que no sólo no es mala, sino que tenemos, más o menos visible, todos los poetas). Veo que no vamos a llegar a un acuerdo respecto a González Iglesias. Se puede ser original y ser posmoderno, ¿cuál es el problema para ser las dos cosas a la vez? Pero cuando González Iglesias describe a un chico joven y hermoso haciendo "footing", y utiliza mientras tópicos, lenguajes y recursos de las olímpicas de Píndaro, a mí me parece que eso es un inequívoco kitsch histórico, y que tiene cierto propósito irónico. Eso es todo. Y aunque yo estoy convencido de que J.A.G.I. es posmoderno, y no estoy solo -ni mucho menos-, no tengo afán proselitista y no quiero convencerte, b. Y gracias por tu disensión, porque me obliga a repensar y afianzar mis argumentos.

    vicente luis mora — 25-11-2005 08:50:41

  87. EL FIN DE LATERAL
    Desgraciadamente, la revista Lateral, cierra sus puertas. Con ella desaparece uno de los pocos lugares en soporte papel y con gran difusión que ejercían con independencia esa cosa que damos en llamar, más o menos y casi siempre mal, Cultura. No está de moda ser políticamente incorrecto y dar cabida a escritores de todas las razas y opiniones. Una lástima.

    Se puede leer el último número, gratis, en la página:

    http://www.lateral-ed.es/

    en la que algunos vertemos opiniones sobre el estado de la poesía.

    Los que empezamos a publicar casi al mismo tiempo que dio comienzo Lateral sabemos lo mucho que ha hecho para que se gestara todo un movimiento rico y heterogeneo de poetas, novelistas y ensayistas, de ambos lados del Atlántico, que en otras páginas eran, por motivos diversos, rechazados. Hay mucho que agradecer a su director y fundador Mihály Dés, a su primer coordinador Jorge Zentner, y a tantos que han pasado y aún estan en su redacción.

    Agustín Fernández Mallo — 13-01-2006 17:51:17

  88. acabo de leer en el último número de lateral vuestras reinteresantes propuestas para una auténtica renovación poética.uniendo aquello y lo leído (no todo, que, afortunadamente, es mucho y yo acabo de descubriros)en este improvisado foro, con las reivindicaciones y prácticas de tantos autores marginados por el "canon" increíblemente putrefacto de la poesía española actual, os pregunto-sugiero: ¿no crees/creéis que ha llegado ya la hora de pasar a la acción, de dar al fin un golpe de timón definitivo al panorama actual? creo que hay sobradas razones, unos fuertes cimientos teóricos, y, el menos en algunos, suficientes "huevos" para ir a las barricadas. sí, vale, que ya pasó la época de las grandes revoluciones, que los putrefactos clasicistas tienen cosas buenas, que es una gilipollez hacer como si la poesía -o cualquier cosa- fuera tan importante y posible de mejorar en esencia pero...¿y lo bien que lo pasaríamos???
    p.d.: nos vemos en las barricadas ultralíricas!!!

    willyimagine — 20-01-2006 00:18:15

  89. Lo de las revoluciones es complicado, y no pocas veces acaban en campos de concentración siberianos o prostíbulos isleros. Yo prefiero una rápida reforma que deje espacio para todos. Pero claro, ahora que lo pienso, esto también sería revolucionario, comparado con lo que hemos tenido...

    vicente luis mora — 20-01-2006 08:18:57

  90. pero una revolución poética lo más terrible es "tan sólo" que acabe en campos de concentración de poder literario o prostíbulos académicos, así que no debemos preocuparnos tanto. tenemos la opción de que la reforma vaya progresando tan lenta y soterradamente que cuando sea visible ya esté anticuada, o intentar un asalto más feroz al canon actual. porque, como insinúas, una rápida reforma o es frustrada o es revolucionaria. quizá los novísimos fueron una operación publicitaria, pero bien sirvieron a renovar el panorama de aquellos años; está claro que toda revolución es injusta por radical pero, considerando que aquí nadie muere y que hay que recuperar el espíritu lúdico, una revolución poética me parece necesaria. otra poesía es posible.

    willyimagine — 22-01-2006 01:46:04

  91. En eso tengo que darte la razón. En las revoluciones literarias no hay sangre. Pero el problema es que tampoco es un tema lúdico, de modo que caminamos en un espinoso camino intermedio, de difícil solución... Poco a poco, Willy. En realidad, ya estamos haciendo el cambio. Hace diez o siete años, no se hablaba en El Cultural de esas cosas, ni había un espacio libre para opinar como éste. Saludos.

    vicente luis mora — 22-01-2006 09:47:34

  92. y yo que me quedé con la poesía de la experiencia y cosas así, después de leer este tipo de cosas me entran ganas de saquear librerías jeje, en fin... sigo pensando que ya no son posibles revoluciones literarias ni generacionales, aunque es un concepto muy extenso, me refiero a las mal llamadas generaciones, sólo hay voces más o menos dispersas, otra cosa es que surjan vínculos inevitables entre los distintos autores ¿son estos vínculos necesariamente aliados del estilo? yo creo que no, un ejemplo claro lo tenemos en la generación del 27, vemos cómo pasan los años y esta referencia poético-cultural permanece, sin embargo, los autores olvidados pesan y otros más laureados en épocas no muy lejanas pues hoy no nos dicen gran cosa, personalmente nunca entré en la poesía de Jorge Guillén por poner un caso; Luis Cernuda sin embargo me deslumbró desde el primer momento. Paradójicamente me viene a la cabeza el ejemplo del surrealismo, algo que aunque fue breve como tal en el tiempo supuso a mi juicio un descubrimiento, algo que permanecerá como idea siempre a pesar de tal o cual escritor, a veces es absurdo el nombre oficial de las cosas, creo que el mejor aliado del poeta es el silencio, y que los libros nacen sin esfuerzo en el sentido de que no se fuerza nada, las palabras acuden a uno y hay que saber cuidarlas, pulirlas, acariciarlas, hasta que puedan sentirse como algo consustancial a la persona que las elige para depositarlas en el poema.

    PEro ahora comprendo, o simplemente empiezo a percibir, que todos los vientos no son los que se ven y mucho menos soplan en la misma dirección; tal vez me marcó mucho García Montero en sí, no por el rollo manido y ya caduco de poesía de la experiencia, tb yo había leído muxo a Ángel González, un saludo, no sé que rumbo tomará mi nave, nos vemos pronto.

    pamies — 27-01-2006 01:31:41

  93. Me acerco a este rincón del blog después de seis meses de que haya quedado detenido ¿Me leerá alguien? ¿Qué pasa con lo vertido en internet cuando queda inmóvil? ¿Es equiparable a la cultura tradicional escrita? No sé, son mensajes en la botella varados en una playa de una isla abandonada, que no sólo desierta (perdonad, no recuerdo que no queda nadie ahí, el tono literario).
    Para pamies, no te preocupes por conocer poco de la poesía que todos manejan aquí con comodidad. A mí me pasa lo mismo. Demasiados clásicos. Estoy de acuerdo con Agustín: la mejor poesía está ahora en los anuncios publicitarios. ¿Materia para una tesis?

    antonio alcaide — 25-06-2006 10:06:42

  94. ¿Materia para una tesis, Antonio?, no, para 100 tesis.

    Resulta impresionante comprobar cómo la publicidad televisiva de primera línea son auténticos cortometrajes de 20 segundos (¿microrelatos? ¿micropoemas?). Resulta extraño y estimulante ver cómo esa publicidad es la resultante de la técnica de Cortazar en sus cuentos, de la música “indie” de los 90 que emanaba a su vez de la Velvet Underground, y de una forma de espiritualismo orientalizante que aboga por la planitud, por la transparencia del objeto, y, en general, por la simetría de cualquier objeto ante rotaciones tanto espaciales como simbólicas (orientalismo, a mi modo de ver, vacuo y vulgar, pero efectivo en términos de ficción).
    En el análisis de esto, quien da en el clavo casi siempre es Vicente Verdú. De entre los analistas populares o mediáticos (es decir, dejo aparte a teóricos académicos cuyo impacto en la sociedad es escaso, cuando no nulo), quizá, para mí, sea el más agudo por la sencillez y penetración de sus razonamientos. Diría aún más aún a riesgo de pillarme los dedos: de entre lo que conozco, quizá sea el pensador-comunicador de masas más instalado teóricamente en le Siglo 21; es decir, carente de prejuicios emanados de los Grandes Relatos; lo que lo convierte en un ejemplo de honestidad intelectual.

    Agustín Fernández Mallo — 25-06-2006 14:35:01

  95. La relación que yo veo entre poesía y publicidad televisiva, sin menoscabo de la que Agustín apunta-apuntas, viene dada por la extrema condensación de ambos géneros. Condensación de sentido/fondo y de estética/forma (si se me permite el viejo dualismo)