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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

19-09-2005 20:15:29

Poesía hispánica contemporánea

Categoria: GeneralVicente Luis Mora



Andrés Sánchez Robayna y Jordi Doce (eds.)
Poesía hispánica contemporánea; Círculo de Lectores, 2005


Es harto significativo que, hasta donde tengo noticia, este indispensable volumen no haya sido prácticamente reseñado en ningún medio. ¿Cómo es posible que un libro donde hay poemas y prosas inéditas de Gonzalo Rojas, Gamoneda, Sucre, el recientemente fallecido Saúl Yurkievich, Óscar Hahn, o Germán Belli, donde hay excelentes ensayos de Jenaro Talens, de Jaume Pont, Jaime Siles, de Eugenio Montejo o de José Francisco Ruiz Casanova, pase desapercibido? La razón hay que buscarla, por desgracia y como suele ocurrir en los debates poéticos españoles, en factores extraliterarios. Este original proyecto, coeditado por Andrés Sánchez Robayna y Jordi Doce, trae causa de un curso que se celebró en El Escorial hace dos años, y que tenía por objeto rastrear las herencias de la poesía hispanoamericana partiendo de la antología de Valente, Robayna, Eduardo Milán y Blanca Varela Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000), publicada el año anterior por Círculo de Lectores, como este volumen. Digo que es original porque en él ensayos y poemas se intercalan, sucediéndose la explicación teórica y la práctica de la lengua en movimiento (los poemas), como caja de resonancia donde aquellas reflexiones pueden tomar cuerpo y justificación.
La idea final que sustenta el volumen es un hecho inapelable que ha sido apuntado muchas, demasiadas veces, pero que no acaba de aceptarse, como todo lo nacido de Pero Grullo; en versión de Philip W. Silver, vendría a expresarse así: “hay que reconocer que hasta ahora los estudios sobre poesía española contemporánea han pecado de parciales y nacionalistas, hasta el extremo de desestimar la importancia de lo aportado por ciertos poetas clave hispanoamericanos” (La casa de Anteo. Ensayos de poética hispana; Taurus, Madrid, 1985, p. 14). Es también la obviedad que daba carta de naturaleza a ese notable proyecto que fue Las ínsulas extrañas, y que mueve la mayoría de los ensayos aquí recogidos.
Pero no todos. Si la inmensa mayoría de los autores hispanoamericanos incluidos recogen el guante y hablan de una poesía “panhispánica”, o hispánica sin más, que se vertebra en la unidad de la lengua olvidándose de códigos territoriales, la mayoría de los ensayistas españoles invitados, curiosamente, abordan temáticas patrias, que no se limitan a describir la incidencia o falta de incidencia de lo atlántico en la poesía española. No quiero decir con esto que se caiga en el vicio que se dice combatir (esto es, que la crítica española acabe siendo endógena y nacionalista hasta cuando se le invita a dejar de serlo), sólo aporto un elemento de juicio que en un primer momento me había pasado desapercibido. Sucre también lo aprecia: cuando critica la presencia de Juan Ramón Jiménez en Las ínsulas extrañas, cita las razones argumentadas para ello de los cuatro antólogos, para añadir a continuación: “pero ése es un problema generacional español” (p. 163). Como diciendo: no nos metan en sus guerras aldeanas. Pero incluso esa “violencia” contra el espíritu del volumen (que incluye otras menores, no se vayan) no justificaría el silencio con que este libro ha sido recibido, porque lo aportado por esos ensayistas españoles es precioso e imprescindible. Las lecturas-marco de Siles (primera parte del XX) y Doce (finales del XX), la aproximación de Pont al verdadero lugar del Postismo y las limitaciones del canon, la elegancia y profundidad discursivas de Ruiz Casanova al abordar el fenómeno de las antologías, y el preclaro análisis de Jenaro Talens sobre los difusos límites del “realismo” en la crítica, no tienen desperdicio. Son otros tantos textos a estudiar en las facultades de filología, si uno quiere entender qué ha ocurrido con la poesía en España en el último medio siglo.
De modo que, en realidad, en Poesía hispánica contemporánea tenemos dos libros, dos espíritus no opuestos pero sí paralelos, como un individuo gemelar: una defensa teórica y poética de la unidad de la lengua poética castellana, apasionante, y un análisis de varios “movimientos del pensar” la crítica ibérica (que no hispánica) en los últimos decenios. A mi parecer, eso dobla la importancia y singularidad del volumen, en vez de miniarla.
Por ese motivo, creo que holgaban algunas violencias innecesarias, como las referencias, en algún caso muy directas, a otras escuelas o direcciones “enemigas”. O la poco elegante venganza del alma mater del proyecto, Sánchez Robayna, contra un eminente crítico y traductor que osó ponerle algunos “peros” a Las ínsulas extrañas, a quien se le achaca, ridículamente, ignorancia. Quizá en este tipo de comportamientos y altiveces podamos encontrar la explicación de que este magnífico y ejemplar libro no haya encontrado en la crítica española el lugar que merece. Y es una lástima, sobre todo por lo fácil que hubiera sido evitarlos, venciendo al “enemigo” con la elegancia británica (o argentina, como quieran) de la más educada indiferencia.



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    Ulf Hjelmgren — 2006-01-14 22:08:05

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    Heyer Robert — 2006-01-15 15:30:36

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  4. Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

    asia sex cams — 2007-12-05 12:38:04

Comentarios

  1. Hola Vicente, y hola a quienes lean. ¿Es verdad que este post, precisamente éste, no tiene comentarios o es una mala pasada que nos hace la tecnología y los ha borrado todos?

    Martín Rodríguez-Gaona — 02-02-2006 11:48:20

  2. Pues sí, no tiene comentarios. ¿Curioso, verdad?

    vicente luis mora — 02-02-2006 11:51:06

  3. Magnífico Talens: "Confieso no saber qué significa eso de los "ciudadanos normales de la democracia", salvo que entendamos por ello el famoso "uomo qualunque" mussoliniano, el único modelo coherente que, en mi opinión, justificaría la velocidad con que los escritores más militantemente conservadores se han sumado a esa bandera de la normalidad. Una democracia implica un sistema complejo y contradictorio que no puede reducirse a una homogeneidad inexistente. Otra cosa es que dentro de ese espacio, donde coexisten diferentes fuerzas en conflicto, unas sean mayoritarias e impliquen un consenso más amplio que que otras. La literatura, en tanto discurso que se dirige a grupos concretos [...] puede, por supuesto, encontrar más eco en unos que en otros, y mucho más en cuanto menos problemas plantee. Es uno de los fundamentos de la cultura masiva. Desde esa perspectiva, en efecto, una poesía donde, en vez de ser cuestionado, el lector puede reconocerse, es menos conflictiva. Los espejos son más efectivos para ello que los interlocutores, sobre todo porque no contradicen, ni discuten".
    Dado que lo descubrí no hace tanto, al ver entradas antiguas del blog, es cierto, sorprende algún vacío que otro.

    Carlos VG — 30-08-2006 11:30:48

  4. Increíble coincidencia, Carlos: leí justamente ese párrafo de Talens en mi presentación de "Singularidades" en Madrid. Pero, lo dijo Borges, las coincidencias y el azar son sólo casos de una ley de causalidad cuyas normas aún no conocemos.

    vicente luis mora — 30-08-2006 12:02:13

  5. Pues sí que es magnífico. Acabo de recordar una cita ¿intertextual? de un personaje de Clave:Omega, en la que afirma que "la verdad es una mentira que todavía no ha sido descubierta". Pero, al decir de Anne Michaels (o de un personaje de Piezas en fuga), "a la verdad no le importa lo que pensemos de ella". Coincidencias a un lado y el azar por otro. Un saludo.

    carlos maiques — 30-08-2006 16:01:22

  6. Pensé en travestirme de Jorge Riechmann para decirte con Brecht que "cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse, tendrá que pasar al ataque", Pero hoy no estoy sobrado de fe en la verdad y me quedo con Mallarmé: "la nada es la verdad". Saludos.

    Carlos VG — 30-08-2006 19:33:31

  7. Con ese error viví, me conjuré
    conmigo, hasta que supe finalmente
    que todas las verdades
    segregan siempre restos de mentiras.
    J. M. Caballero Bonald, “Tarde o temprano”, Manual de infractores, Seix Barral, 2005.


    “Así habló el mentiroso: Soy consciente de que mi fama precede a mi persona, por lo que ni siquiera intentaré convencerlo de que es cierto lo que voy a contarle. Después de todo, su oficio tiene más de un punto en común con el mío. Los dos mentimos, los dos hacemos de lo inexistente un arte aunque, se entiende, nuestras musas inspiradoras no se saludarían de encontrarse en la calle”
    Rodrigo Fresán, “El único privilegiado”, en Historias argentinas, Anagrama, 2003, p. 45.

    vicente luis mora — 30-08-2006 19:45:11

  8. Vale, picaré:

    -De Cernuda (Donde habite el olvido): "Cuando la muerte quiera / Una verdad quitar de mis manos, / Las hallará vacías, como en la adolescencia/ Ardientes de deseo, tendidas hacia el aire".

    -De Beckett (Molloy): "Es decir, podría decirlo, pero no lo diré, sí, me sería fácil decirlo, porque sería mentira" [pero también "No era medianoche. No llovía"].

    -De Gamoneda (Descripción de la mentira): "No recurriré a la verdad porque la verdad ha dicho no y ha puesto ácidos en mi cuerpo y me ha separado de la exaltación. / ¿Qué verdad existe en el vientre de las palomas? / ¿La verdad está en la lengua o en el espacio de los espejos? / ¿La verdad es lo que se responde a las preguntas de los príncipes? / ¿Cuál es entonces la respuesta a las preguntas de los alfareros?".

    -De Gelman (dos fragmentos de Valer la pena): "Quiso / que la verdad paseara por la calle / y la cubrió con una máscara / para que la quisieran" y "Lo que nadie dijo / está bajo las máscaras / que la verdad necesita".

    -De W. Benjamin (Origen del drama barroco alemán): "El modo adecuado de acercarse a la verdad no es, por consiguiente, un intencionar conociendo, sino un adelantarse y desaparecer en ella. La verdad es la muerte de la intención".

    De Nietzsche (Aurora): "Contra la tiranía de lo verdadero.- Incluso suponiendo que fuésemos lo suficientemente insensatos como para considerar verdaderas todas nuestras opiniones, no desearíamos, sin embargo, que existiesen solas: no sé por qué tendríamos que desear la omnipotencia y la tiranía de la verdad; me basta con saber que la verdad posee un gran poder. Pero es preciso que pueda luchar y que encuentre una oposición y que de vez en cuando se pueda descansar de ella en lo no verdadero -de otro modo se volvería para nosotros aburrida, insípida y sin fuerza, y nos tornaría igualmente así" o, mejor, de Ecce Homo: "¿Cuánta verdad soporta un espíritu, a cuánta verdad se atreve?".

    Y ahí me planto. Saludos.

    Carlos VG — 30-08-2006 23:11:00

  9. Cierto, me había plantado, lo admito. Pero Sánchez Ferlosio es un preferido mío y me sentía como si le estuviera siendo infiel.

    "No fueron los que inventaron la mentira (pues la mentira nunca fue inventada sino que nació por reflejo necesario de la invención de la verdad), sino los que inventaron la verdad quienes hicieron falaz a la palabra. La palabra, que había nacido sólo para ser ficción -ilustración imaginaria con la que los hombres podían repetirse en simulacro sus acciones, sentados junto al fuego-, se hizo madre de engaños, cuando se la erigió en decidora de verdades". (en Vendrán más años malos y nos harán más ciegos).

    Carlos VG — 04-09-2006 11:37:07

  10. De El conde Lucanor: "la Mentira e la Verdat fizieron su compañía en uno, e de que ovieron estado assí un tiempo, la Mentira, que es acuçiosa, dixo a la Verdat que sería bien que pusiessen un árbol de que oviessen fructa e pudiessen estar a la su sonbra quando fiziesse calentura. E la Verdat, commo es cosa llana e de buen talante, dixo quel plazía. [...]

    La Verdat metiósse so tierra para vevir ó estavan las raízes que eran la su parte, e la Mentira finçó sobre tierra do viven los omnes e andan las gentes e todas las otras cosas. E commo es ella muy fallaguera, en poco tiempo fueron todos muy pagados della.

    En el apólogo, el árbol cae y sale al fin la verdad. En nuestro mundo, sólo nos queda el árbol del simulacro, sin raíces, de jardín japonés.

    antonio alcaide — 04-09-2006 17:53:57

  11. Oye qué buena pinta tiene este libro. Lo digo ahora, porque apenas hará un par de meses que me deslizo por aquí y claro se me escaparon muchas (e interesantes) reseñas. Lo que ya no sé es si el libro será encontrable...bueno, si acaso ya haré un poco de Hercules Poirot a ver si hay suerte.
    Otras cosas: Estuve (ayer) y estoy (hoy) leyendo el libro de García Martín "Fuego Amigo". ¡Qué tipo más salado! Y esto que parece tan serio en la solapa...¡Quién lo iba a decir! Lo que digo, es que me está gustando mucho.
    ¿Y por qué hablo del libro? Muy sencillo, porque hará unos minutos me topé en él con un carta de nuestro muy apreciado administrador digital. Oye, y qué risas me he pegado con la carta. Ya por aquellos tiempos vicente degollaba vacas.

    Tipo de incognito — 04-09-2006 21:05:48

  12. Te digo lo que el escorpión a la rana, mientras la hundía: será mi naturaleza...

    Agustín ha vuelto. ¡Albricias! Saludos a los dos.

    vicente luis mora — 04-09-2006 22:22:55

  13. Siendo de Galaxia Gutenberg no debe de ser excesivamente difícil de encontrar. Otra cosa es los precios en los que quieras moverte. Éste creo que estaba en 18€. No está mal, pero pregunta el precio de las Ínsulas y échate a llorar.

    Carlos VG — 05-09-2006 19:32:01

  14. Por una vez, Carlos, discrepo: valgan lo que valgan, hay que tener Las ínsulas extrañas. Es un libro absolutamente decisivo: en mis talleres de poesía, es asignatura obligatoria, y siempre que algún poeta joven me pregunta qué debería leer, le digo: "lo más fácil y rápido es que te aprendas de memoria Las ínsulas extrañas". Tiene errores, como todas, y ausencias, como todas (lee la entrevista a Eduardo Milán en este mismo blog), pero aun así es lo mejor que tenemos. Saludos.

    vicente luis mora — 05-09-2006 20:11:45

  15. Me reafirmo, los de Galaxia Gutenberg son libros caros (como los de Trotta, que también tiene unas interesantes Ínsulas extrañas, las de Cardenal). Y acaban siendo, a cambio (como los de Trotta), imprescindibles. Ése es precisamente el problema. Pero no, del todo no discrepamos. Prácticamente, en Las Ínsulas descubrí un continente poético cuya riqueza hoy disto mucho de de agotar. Claro, cada uno tiene sus ausencias (así que ahí van las mías -deshonrosamente nacionales, por lo que explico-: Panero, Sahagún -todas las salvedades con éste último-), pero es un libro tremendo. Justo es que aquí, precisamente en este post, lo recordemos. Un saludo.

    Carlos VG — 06-09-2006 00:02:31


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