Nota al post de Eloy (Fernández Porta)
En uno de los comentarios al post sobre el artículo de Alfredo Saldaña, hay una interesante aportación teórica de Eloy, nombre bajo el que se disfraza, no es difícil de adivinar por las referencias que cita, el prosista y crítico literario Eloy Fernández Porta. Eloy, no sé si recordarás que durante el Mapa 6, en 2004, tuvimos una interesante conversación Jon Kortázar, tú y yo sobre el posmodernismo. Días después, como me pediste, anoté por escrito las conclusiones, de momento muy provisionales y que habría que ampliar, pero que pueden servir de base a esa “genealogía” de la poesía posmoderna que citas, algo que habría que hacer, por cierto (esta última frase es para algún editor despistado que esté leyendo el blog). En principio, podemos apuntar tres líneas de posmodernismo, rastreables no sólo en la poesía, sino también en la prosa española contemporánea:
1) Posmodernismo genérico o cultural: en la poesía española comienza con la generación poética de los novísimos, sobre todo con el libro de Pere Gimferrer La muerte en Beverly Hills, y con la recepción de la publicidad en la obra narrativa y lírica de Manuel Vázquez Montalbán. Como dijo allí Eloy , el tratamiento sublime del cine negro y los elementos de la cultura visual como alta cultura de Gimferrer deben completarse con la naciente crítica de los medios de comunicación presente en Así se fundó Carnaby Street (1970), de Leopoldo María Panero. En narrativa los nombres clave serían los de Eduardo Mendoza, la narrativa final de Miguel Espinosa y la primera de Vila Matas y J. J. Millás.
2) Posmodernismo pluricultural: como la siguiente, es más clara en la vertiente poéticas de nuestras letras, aglutinando autores que, partiendo de la lección novísima, llevan a cabo una unión, más extremada o irónica, según los casos, de los elementos de alta y baja cultura, y asunción de características de la era pop, como la pasión por el cine, el cómic y la música: Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles (Semáforos, semáforos), Aurora Luque, Julio Martínez Mesanza (volcado de lleno al kitsch histórico), o el joven Antonio Portela. En prosa tendríamos los nombres de Ramón Buenaventura, el argentino Rodrigo Fresán, Ray Loriga, Mañas, Prado y, desde otro registro más canalla, Salvador Gutiérrez Solís.
3) Posmodernismo de la sociedad del espectáculo, que podemos a su vez diversificar en:
a.Generación heredera del posmodernismo novísimo, subdivisible aún en herederos de la revisión del lenguaje (Aguado, Cilleruelo, Doncel), receptores de la cultura clásica (Juan Antonio González Iglesias, Martínez Aguirre, Carmen Jodra), tratadistas de la disolución del sujeto (el Juan Manuel Villalba de Indignación, el Rodríguez Marcos de Frágil, Carlos Pardo, Manuel Moya/Violeta C. Rangel, Eduardo García, Raúl Alonso, Josep María Rodríguez), y los herederos, conscientes o no, de las rupturas de Azúa (Álvaro Tato, Luis Melgarejo). Aquí las equivalencias narrativas son más complicadas, pero quizá podrían aceptarse los escritores de la llamada “autoficción”: Javier Cercas, Andrés Neuman, Iñigo García Ureta.
b. Posmodernismo tecnológico: críticos de las técnicas y culturas de la imagen y la comunicación: Francisco Ruiz Noguera, Francisco Fortuny, Ariadna G. García, Pablo García Casado, Juan Manuel Gil, Miriam Reyes. En prosa, Juan Francisco Ferré, Germán Sierra, Edmundo Paz Soldán, Javier Calvo, Juan Bonilla.
Es un mapa incompleto, repito, pero puede servir para seguir trabajando.
No Recomendable » La modernidá, en telegráfico — 2007-11-14 13:51:44