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Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

24-08-2005 20:33:31

Nota al post de Eloy (Fernández Porta)

Categoria: GeneralVicente Luis Mora

En uno de los comentarios al post sobre el artículo de Alfredo Saldaña, hay una interesante aportación teórica de Eloy, nombre bajo el que se disfraza, no es difícil de adivinar por las referencias que cita, el prosista y crítico literario Eloy Fernández Porta. Eloy, no sé si recordarás que durante el Mapa 6, en 2004, tuvimos una interesante conversación Jon Kortázar, tú y yo sobre el posmodernismo. Días después, como me pediste, anoté por escrito las conclusiones, de momento muy provisionales y que habría que ampliar, pero que pueden servir de base a esa “genealogía” de la poesía posmoderna que citas, algo que habría que hacer, por cierto (esta última frase es para algún editor despistado que esté leyendo el blog). En principio, podemos apuntar tres líneas de posmodernismo, rastreables no sólo en la poesía, sino también en la prosa española contemporánea:
1) Posmodernismo genérico o cultural: en la poesía española comienza con la generación poética de los novísimos, sobre todo con el libro de Pere Gimferrer La muerte en Beverly Hills, y con la recepción de la publicidad en la obra narrativa y lírica de Manuel Vázquez Montalbán. Como dijo allí Eloy , el tratamiento sublime del cine negro y los elementos de la cultura visual como alta cultura de Gimferrer deben completarse con la naciente crítica de los medios de comunicación presente en Así se fundó Carnaby Street (1970), de Leopoldo María Panero. En narrativa los nombres clave serían los de Eduardo Mendoza, la narrativa final de Miguel Espinosa y la primera de Vila Matas y J. J. Millás.
2) Posmodernismo pluricultural: como la siguiente, es más clara en la vertiente poéticas de nuestras letras, aglutinando autores que, partiendo de la lección novísima, llevan a cabo una unión, más extremada o irónica, según los casos, de los elementos de alta y baja cultura, y asunción de características de la era pop, como la pasión por el cine, el cómic y la música: Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles (Semáforos, semáforos), Aurora Luque, Julio Martínez Mesanza (volcado de lleno al kitsch histórico), o el joven Antonio Portela. En prosa tendríamos los nombres de Ramón Buenaventura, el argentino Rodrigo Fresán, Ray Loriga, Mañas, Prado y, desde otro registro más canalla, Salvador Gutiérrez Solís.
3) Posmodernismo de la sociedad del espectáculo, que podemos a su vez diversificar en:
a.Generación heredera del posmodernismo novísimo, subdivisible aún en herederos de la revisión del lenguaje (Aguado, Cilleruelo, Doncel), receptores de la cultura clásica (Juan Antonio González Iglesias, Martínez Aguirre, Carmen Jodra), tratadistas de la disolución del sujeto (el Juan Manuel Villalba de Indignación, el Rodríguez Marcos de Frágil, Carlos Pardo, Manuel Moya/Violeta C. Rangel, Eduardo García, Raúl Alonso, Josep María Rodríguez), y los herederos, conscientes o no, de las rupturas de Azúa (Álvaro Tato, Luis Melgarejo). Aquí las equivalencias narrativas son más complicadas, pero quizá podrían aceptarse los escritores de la llamada “autoficción”: Javier Cercas, Andrés Neuman, Iñigo García Ureta.
b. Posmodernismo tecnológico: críticos de las técnicas y culturas de la imagen y la comunicación: Francisco Ruiz Noguera, Francisco Fortuny, Ariadna G. García, Pablo García Casado, Juan Manuel Gil, Miriam Reyes. En prosa, Juan Francisco Ferré, Germán Sierra, Edmundo Paz Soldán, Javier Calvo, Juan Bonilla.

Es un mapa incompleto, repito, pero puede servir para seguir trabajando.


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  1. [...] en este vínculo. Clasificado como: citas, filosofia, contestatarios, libros Ya hay un comentario » Espléndido. Y los popes consegrados papando moscas. Yo tengo mi teoría sobre porqué no se habla [...]

    No Recomendable » La modernidá, en telegráfico — 2007-11-14 13:51:44

Comentarios

  1. Se me ocurre que para organizar esta información podrían ser útiles algunos criterios de evolución y cambio cronológico. Algo asín:
    - La poesía visual como "marco" del posmodernismo. Los movimientos literarios que ponen el acento en la página como espacio, la ékfrasis y la diferrencia entre los dos lenguajes resultan decisivos, curiosamente, en los momentos inaugural y final del posmodernismo, y tienen una importancia muy menor a lo largo de los años ochenta y noventa. El autor que mejor representa esta circunsancia es Fernando Millán, que tiene mucho peso en los años setenta pero después desaparece paulatinamente de la escena hasta que, a principios de siglo, es recuperado por la crítica de arte -concretamente por revistas como Lápiz y exposiciones como "Arte y utopía" del MACBA, donde se le da un estatus de clásico vivo- y sólo después de eso, muy recientmente, se reedita su clásica antología de poesía experimental. Desde luego, el renovado interés por esas formas literarias tiene que ver con la emergencia de nuevas formas "visuales" como la poesía en flash y otras.
    - El paso del giro lingüístico al giro cultural. Por razones obvias, la poesía es el género artístico más resistente a aceptar con todas las consecuencias la sustitución de un logos del lenguaje por un logos de la imagen-comentada-por-el-lenguaje. Este proceso, que se va desarrollando a lo largo de la época -y en cierto modo marca la transición desde lo que Vicente llama "posmodernismo cultural" hasta el "posmodernismo de la sociedad del espectáculo"- da lugar a celebraciones eufóricas y neofuturistas de la tecnología (en Antonio Portela), pero también a reacciones esencialistas del tipo "viva-el-logos-del-lenguaje-manque-pierda" (y también el logos de los vegetales, que sigue teniendo su importancia en poesía contemporánea, muy a pesar de Baudelaire y su crítica a las "hortalizas sacrosantas").
    - La cultura popular: de la canonización a la deconstrucción. O sea: el paso desde un intento de incorporar el imaginario pop a la alta cultura -lo que he llamado, en un artículo reciente a propósito de Raúl Quinto, "el pop de plata"- a una deconstrucción ideológica, psicoanalítica o de clase de los productos pop. En rigor, esta vertiente sólo estaría presente, hasta donde yo sé, en los autores de la categoría 3b.
    PD No es culpa mía, yo me metí en este blog porque me chivaron que había buenos cotilleos sobre Nuria Bermúdez.

    Eloy — 25-08-2005 17:36:10

  2. Sería desde luego interesante un estudio de lo que ha dado de sí lo que podríamos llamar "la condición posmoderna española", curiosamente mucho más extensa de lo que yo pensaba. Eso sí, habría que cuidar la tentación (muy postmoderna) de mezclar churras con merinas, al tiempo que estimo imprescindible una lectura crítica (si efectivamente esa condición postmoderna ha periclitado -fue lo primero que le dije al amigo con el que compartía comida cuando vimos estrellarse en riguroso directo el segundo avión contra las torres gemelas-) donde se analicen sus virtudes pero también sus déficits, que no son pocos. Es curioso cómo la dimensión trágica de la existencia -obliterada por la generalidad de los postmodernos- reaparece como un trauma histórico que habíamos olvidado entre tanto lacito rosa y fuego de artificio.

    javier moreno — 26-08-2005 14:09:02

  3. No te falta razón, Javier, pero tampoco creo que la tragedia humana haya desaparecido por completo del posmodernismo. Sus más irredentos hijos (los narradores norteamericanos de entre 30 y 45 años de edad) están, en realidad, preñados de ella. Estoy leyendo (y te recomiendo, si no la has leído ya), la antología "Generación quemada", editada por Siruela. Es un libro, como bien dice en el epílogo Zadie Smith, lleno de dolor, enfermedad, desolación, falta de referencias y esperanzas, dudas sobre la condición existencial, etc. Que eso esté disfrazado de cartón piedra, fuegos de artificio, papel crujiente y lazos rosa no significa que la tragedia haya desaparecido, sólo que está bajo la especie de tragicomedia (y no siempre, el relato de Foster Wallace es sobrecogedor). En realidad, ojo a esto: lo más importante en un cuento (lo dijo el posmoderno Piglia) es lo que se esconde, no lo que aparece. Hay que preguntarse por la realidad bajo el disfraz, sin dejar de criticar (ahí te doy la razón) la burda factura del disfraz.

    Vicente Luis Mora — 26-08-2005 14:48:14

  4. El mensaje que el posmodernismo emite dentro de la dimensión trágica de la existencia es, efectivamente, el silencio. Pero quiero creer que, en los mejores casos, se trata de un silencio significativo, un silencio acusador, si se quiere: una ética (basada en el silencio, sí, pero presente) para una estética que no deja de ser un reflejo de los tiempos, y tampoco supone una vanguardia radical ya que, en general, se limita a adaptar tropos y ritmos de la tradición, y sus logros (la descentralización, la desjerarquización, las formas abiertas, etc.) no son nada al lado de los del simbolismo, el modernismo anglosajón o el surrealismo. En realidad, Javier, creo que la vacuidad que te horroriza no es producto del posmodernismo en sí sino de su esclerosis, de la abundancia de epígonos y de la incapacidad de renovación que arrastra. Marcar en el ataque a las torres el fin del posmodernismo (recordemos el cuento homónimo de José Óscar López, también) es, creo que ya lo hemos comentado ante alguna cerveza, sencillamente genial.

    Horacio — 26-08-2005 18:00:55

  5. Vale, vale, esto pasa por hacer de abogado del diablo... Efectivamente si hay un dios postmoderno éste ha de ser sin duda algo parecido al deus absconditus de los gnósticos, algo así como un Thomas Pynchon pero a lo grande. Me apunto. Siempre que ese dios no venga a equipararse con la nada, el vacío u otras propuestas nihilistas negativas ("otro nihilismo es posible", el positivo) herederas directas o no de las retóricas apofáticas de Blanchot&Cía (o TIA, como prefieras -siempre que me pregunten responderé que mi mayor influencia literaria ha sido Mortadelo, ese übermensch españolísimo que sólo conoce la máscara-). Pienso que la diferencia de matiz es importante. Por un lado el todo vale (tralará) en ese plato que acaba convertido en un gazpacho (o zarangollo) literario y por otro el de "jugar en serio", dejando claras las reglas del juego y si es necesario partirse la cara -literariamente, claro- con el vecino o con el amigo. Precisamente por haber mamado abundantemente de las ubres de Deleuze, Foucault, Derrida, etc he llegado a la conclusión de que no podemos meter todo eso en un mismo saco y etiquetarlo cómodamente como ("postmodernidad", made in UE o USA o Taiwán). Hay una distancia enorme desde las posiciones estetizantes fuertes de Deleuze hasta la escritura apocalíptica de Derrida, que aprece abocarnos a un Josafat donde todos los muertos (animales y otras criaturas incluidas) entrecrucen su verborrea sin entender uno nada de lo que dice el otro (por si alguien tiene alguna duda he leído hasta la "novela" Glass de Derrida, lo cual da muestras de mi santa paciencia). Es lo que le ocurre al Nemrod de la divina comedia. Salvo esto, todo lo demás me parece estupendo.

    javier moreno — 26-08-2005 19:07:36

  6. El tema de la originalidad del posmodernismo (o "el posmodernismo como similor de las vanguardias"), que Horacio ha sacado oportunamente a colación, implica una consideración sobre cómo leemos retrospectivamente el pasado. ¿El surrealismo era "mejor" o "más original" que el posmodernismo? Me imagino por un momento que soy un viejo poeta simbolista inglés, de unos cincuenta años, que ha visto la ascensión y caída de Wilde y el decadentismo y que, en los años diez, contempla la llegada del dadaísmo y luego del surrealismo. ¿Qué diría yo de los jóvenes surrealistas? Seguramente diría que lo que proponen estos chavales ruidosos ya estaba, más o menos implícito y en versión mejor, en la poesía de Baudelaire y Laforgue, en los cuentos de Villiers e incluso antes, en Sade, y que Breton me parece un mediocre novelista (esto último lo pienso igual como simbolista inglés de cincuenta años y como posmoderno español de treinta). Huelga decir que, como buen simbolista inglés, sé griego y los jóvenes franceses que no lo saben (y que creen que el teatro de Jarry es mejor que el de Shaw, oh my) me parecen una panda de paletos.
    Cada movimiento será siempre considerado una versión atenuada del anterior (también el simbolismo respecto del romanticismo, por supuesto), de manera que quizá el único modo de conocer la importancia real del posmodernismo sea esperar a que surja un nuevo movimiento que, a no dudarlo, será considerado como una derivación mimética de la era posmoderna. Por lo demás, coincido en que, al menos en parte, los "recursos técnicos" que usan los escritores posmodernos estaban presentes en las vanguardias, pero temo que esa sea una visión excesivamente formalista de los movimientos literiarios, que también tratan de "temas" y "visiones del mundo" que son radicalmente históricas y que no necesariamente están contenidas o anticipadas en movimientos anteriores. I suppose.

    Eloy-as-English-poet — 26-08-2005 23:42:10

  7. el problema es más simple, creo, con respecto a la poesía española contemporánea y es que hemos sido (o querido ser) posmodernos sin haber sido nunca modernos, y eso siempre es señal de conflicto. ¿De qué modernidad hablamos? Es dificil trabajar con conceptos en torno a algo que aún está por suceder.

    A — 27-08-2005 10:49:39

  8. Efectivamente, es lo curioso y paradójico del caso, hemos tenido postmodernidad habiéndosenos ahorrado la modernidad, lo cual da cuenta de la dificultad de toda periodización. Me demoro en las palabras de Eloy: "cada movimiento será siempre considerado una versión atenuada del anterior" y me viene a la cabeza el último libro de Fredric Jameson y su primer e implacable axioma: "es imposible no periodizar", enunciado bastante modernista por otra parte. El problema naturalmente viene cuando uno intenta justificar el periodo en cuestión (qué acontecimientos lo hacen singular respecto a un periodo anterior, etc). Esto que nos parece natural e impepinable no es más que elemental ideología incrustada en lo más profundo de nuestro imaginario (occidental, al menos). El mito subyacente es el de cierto tipo de progreso (dialéctico o no) histórico cuyo resultado es la autocomplaciente fantasía de que esto se encamina hacia alguna parte. No hay más que rascar un poco en el así llamado período (ciertamente el "movimiento" es un concepto válido ya que nunca abandona el terreno de lo concreto: formas, estilos, temas y seres humanos) para darse cuenta que la absoluta falta de uniformización. Thomas Mann es contemporáneo de Jarry, el humanista Dante del corrosivo Angiolieri... ¿Realmente podemos incluir la prosa de Miguel Espinosa o la poesía de Anibal Núñez en la faltriquera postmoderna? ¿A qué precio?

    javier moreno — 27-08-2005 15:02:02

  9. Como los dos anteriores comentarios, pienso que hablar de posmodernidad es un problema, cuando no hemos experimentado la modernidad. Bebemos de otros lenguajes, somos periferia, que asume, sin demasiada crítica,(y hablo de crítica en su etimológico sentido de crisis) los rasgos que nos llegan como resaca de las modas, estilos o culturas dominantes.
    Además, el término posmodernism, en inglés, tiene un sentido claramente antiexperimentador, ya que reacciona contra el modernism que se da en las manifestaciones artísticas, predominantemente anglosajones.
    Querer confundir posmodernismo con experimentación es un problema de definición y de puntos de partida.
    También me interesaría saber cómo contempláis vosotros la posibilidad de salir del estanque vacío que supone la posmodernidad. Tengo en mente, por ejemplo, el texto de Danto, Después del fin del arte. Como veréis el término no me resulta en absoluto simpático, ya que siempre he pensado en este "periodo" en términos de agotamiento. Intuyo que en el horizonte de lo filosófico existen ya tentativas, a día de hoy.Muchas gracias y espero poder seguir participando en este diálogo abierto que me parece muy interesante.

    b — 27-08-2005 16:08:28

  10. Lo de la experimentación es más complicado. Es cierto que depende, en principio, de los presupuestos epistemológicos con los que partamos a examinar los orígenes del posmodernismo (norteamericano), pero ahí están ya Pynchon y Coover y DeLillo planteando cosas nuevas. Y la cuestión, ahora, ya es otra: lo posmodernista en literatura es tan amplio en la actualidad, son tantas sus evoluciones y campos de influencia y tantas las literaturas plena o parcialmente posmodernas, que no es posible decir que es por completo experimental o por completo conservadora. Técnicas como la "autoficción", por ejemplo, no son experimentales, son sólo prácticas agotadoras del viejo tema (unamuniano, papiniano) de la colisión entre el autor y el narrador omnisciente. Eso no es experimentar, es simplemente extremar de manera desesperada técnicas bastante viejas. La novela que presentó la semana pasada Easton Ellis en Nueva York, "Lunar Park", está contada por alguien que escribió "Less than zero", pero que no es totalmente Easton Ellis. Vamos, como el "Cercas" de Soldados de Salamina, o el Juan Bonilla que aparecía en "El arte del yo-yo" (1998, nada menos), de Juan Bonilla, o el "soy y no soy Borges" de Borges en los ochenta, y ... Experimentar es otra cosa. También se hace hoy, en todas las lenguas. Y ambas prácticas (la agotadora del modernismo, la experimental) son puramente posmodernas.

    Vicente Luis Mora — 27-08-2005 19:42:51

  11. Creo que partimos de que existe una confusión terminológica de base. Existen tres términos que en el mundo hispano nos pueden hacer dudar, ya que su parecido formal pueden hacer que pensemos que se parecen, cuando implican niveles distintos, desde el punto de vista epistemológico, como bien dices.
    Confundimos con frecuencia modernidad, modernismo y modernism, y pensamos que términos que la historiografía ( que no crítica) literaria utiliza son en si mismos casi sinónimos.
    Nada más lejos de la realidad.
    Cuando hablamos de Modernidad, como bien sabes, nos referimos a la edad de la razón, inaugurada por Descartes y sistematizada por Hegel, y que si nos movemos en un periodo de sistematización literaria, es culminada o periclitada durante el primer tercio del siglo XX.
    Modernism, es en cambio, desde el punto de vista de las definiciones, aquel periodo que coincide con las primeras vanguardias, y al que podrían adscribirse autores como los del grupo de Bloomsbury.
    Modernismo es, como sabes, aquel periodo literario que se corresponde con el auge del simbolismo y que precede a las vanguardias.
    La posmodernidad, como etiqueta surge, como reacción y refutación de aquel modernism. Y dado que el pensamiento anglosajón es el que difunde las etiquetas se ha utilizado ese rótulo para identificar todas aquellas manifestaciones que se han estado dando después de la segunda guerra mundial. Imbricables en este término son el concepto de posmodernidad, entendido como aquella etapa en la qeu se dan fin los ideales de la modernidad, cuyo culmen como bien sabes es la Ilustración, especialmente después de la segunda guerra mundial y aquello que sucede, como cansancio, a la etapa del modernism, que en nuestra lengua y nuestra literatura vendría a ser equivalente a reaccionar ante autores como Juan Ramón Jiménez.
    Yo siempre he preferido el término Neobarroco para el mundo hispano, ya que me parece mucho más acertado, propuesto por Omar Calabrese, en su magníficio libro la era neobarroca.
    En cuanto a la dicotomía experimental/ conservadora, yo optaría por el término "tradicional", ya que conservadora lleva una carga moral de inmovilismo que no sé hasta que punto es legítima para aplicar a los autores.
    Como argumento para esto, y como base de que el pensamiento posmoderno ha derivado hacia lo tradicional, entendido en términos amplios,entiendo que la hermeneútica de Gadamer es uno de los mayores pilares de esta sensación que entiende que nihil novum sub solem. En referencia a técnicas como la autoficción, considero que están en nuestra literatura desde que existe la novela como tal. La autoficción, como bien sabes, es cervantina. Aunque tal vez nuestra de Cervantes, o la de Carlos Fuentes en el Quijote o la crítica de la lectura, sea consecuencia de nuestro ser posmoderno.Por ello estoy de acuerdo contigo en que no es experimentar, dado que dudo yo también como ser humano perteneciente a la posmodernidad que nosotros, hombres de hoy, podamos inventar algo.Dicen que sólo se llega a lo original a través del error o la estupidez, y Foucault, entre otras muchas cosas interesantísimas, afirmaba que lo nuevo no es más que el acontecimiento del retorno.
    Espero que mi respuesta haya sido coherente.Son muchas cosas las que qúería decir. Prepararé una refutación de tu análisis sobre la poesía de hoy, ya que hay puntos que me parecen interesantes y otros con los que no estoy necesariamente de acuerdo.

    b — 27-08-2005 22:15:27

  12. Detecto algo enfermo en todo esto

    Dawn Wiener — 28-08-2005 03:30:49

  13. Voy a intentar dar otro punto de vista.
    Pienso que la cosa no es del todo así. A mi modo de ver, todos los ejemplos que se vierten de poetas posmodenos españoles, no son tal, sino quizá neovanguardistas, o algo así. Les falta la suficiente frivolidad y distancia sobre la historia política española como para practicar un pormodenismo tal como se entiende clásicamente.
    A mi modo de ver, la poesía española contemporánea aún no ha dado una corriente legítimamente posmoderna (no así en la música en los 80); es decir, experimental, burlona, y no ideológica al mismo tiempo. Un buen campo de investigación en ese sentido son las metáforas que ofrecen hoy las ciencias, que ya todo lo ocupan.
    Lo estamos intentando.
    Os remito a mi artículo, publicado en la revista Lateral, dic 2004, Poesía Postpoética: hacia un nuevo paradigma. O la entrevista: http://www.espacioluke.com/2005/Abril2005/ineslite...
    O, ya cayendo en el exceso ególatra, mi libro poemario-performance "Joan Fontaine Odisea, mi deconstrucción", edit. La Poesía Señor Hidalgo, 2005.
    Un Saludo

    Agustín Fernández Mallo — 28-08-2005 12:36:54

  14. esto último me parece muy interesante.Desde mi punto de vista, esto es algo de lo que subraya Omar Calabrese, en la era neobarroca, como característica principal de nuestra condición posmoderna, "la interrelación de los saberes".
    Respecto a la música de los 80 habláis de música "popular", pero la sinfónica, por ejemplo Iannis Xenaris, lleva bastante tiempor practicando y ejerciendo esa interrelación, a través del serialismo o la estocástica.
    Estoy de acuerdo en la mayoría de los casos de hablar de los ejemplos aportado por Vicente Luis Mora, como neovanguardistas en su mayoría.Más que posmodernos.

    b — 28-08-2005 21:36:55

  15. ¡Etiquetas, etiquetas, etiquetas...! ¿Por qué no, sencillamente, buena lietratura vs mala literatura? A no ser que lo que queramos sea producir otro novedoso y burbujeante producto de consumo que colocar junto al jabón y la leche condensada. ¿Usar la ciencia? ¡Por supuesto! Algo que quizás no se haga bien desde el Renacimiento (hasta que llegó H. M. Enzensberger). Ya es hora de metaforizarla y probar que efectivamente ella también se sustenta en puras ficciones. Pero para ello hay que conocer bien al enemigo y saber navegar por tensores y espacios de Hilbert, destronarla usando el mismo rigor en la metáfora (cuando ésta ilumina y se transforma en conocimiento). Si no, el asunto seconvertirá otra vez en un juego estéril de sinécdoques y traslaciones. ¿Quién se atreve?

    c — 29-08-2005 01:52:32

  16. Sería interesante que la definición literaria-intencional de posmodernismo ("yo soy escritor posmoderno porque quiero") se complementara con una visión más social-pragmática. Tal como yo lo veo, uno es posmoderno no porque haya leído un artículo de Derrida o el último número de Neo2, sino porque vive en un medio en que sus deseos y aspiraciones han sido acelerados a la velocidad del consumo, en que los criterios de legitimación y valor que solíamos llamar "modernos" han sido sustituidos por otros creados por los mass media, en que la geografía está más determinada por las coporaciones que por los Estados-Nación, en que se está sometido a políticas de control y legislaciones que difícilmente pueden seguir llamándose modernas (i.e., ya que hablamos de ciencia: la posibilidad legal de patentar seres humanos (microbios modificados genéticamente) viene a cuestionar la distinción moderna entre "vida natural" y "producto comercial"). Todo esto es, hasta donde yo puedo ver, una realidad envolvente, que no es paranoia de Derrida sino que existe. Respecto de esta realidad la literatura puede asumir críticamente la condición de la época (posmodernismo "bueno": Thomas Pynchon) o puede soslayarla por medio de un simulacro de crítica (posmodernismo "banalizado": el último Juan José Millás).
    Así pues, ¿qué nos impide hablar de un posmodernismo literario español con todas las letras, como se habla del alemán, del surafricano o del mexicano? ¿Nuestra peculiar Historia? No hay ningún país que haya hecho una "correcta transición" desde la Modernidad hasta la Posmodernidad; Alemania, por ejemplo, pasó del totalitarismo imperialista a las ruinas, de ahí al desarrollo capitalista y de ahí a la posmodernidad, todo en poco más de veinte años -y nadie cuestiona la existencia de un posmodernismo alemán, como tampoco se cuestiona que un autor surafricano como Coetzee sea un fenómeno posmoderno. ¿El provincianismo? ¿Respecto de qué capital? Todos sabéis que la historia de las literaturas "innovative" norteamericanas, desde Gertrude Stein hasta los escritores avant-pop, es la historia de una elite cultural formada por los escasísimos escritores que hablaban una segunda lengua en un medio literario totalmente monolingüe; de los pocos que leían alguna traducción en un medio que no traduce casi nada; de los pocos que estaban al corriente de lo que pasaba en literaturas que no fueran la norteamericana, y bebían todo lo que podían de ellas. ¿Qué habría sido de los posmodernos norteamericanos de los sesenta sin Borges? ¿Qué es Walter Abish, sino un miembro más de la tradición oulipista europea? ¿Qué es la teoría posmoderna tal como la han inventado en Brown, en Berkeley y en Duke sino una "puesta en práctica" de la deconstrucción y la filosofía de la diferencia francesas? ¿Qué es "Estilos radicales" de Susan Sontag, sino la obra de una provinciana entusiasta que se llena la boca diciendo obviedades sobre Godard y Barthes en un medio en que esos nombres son desconocidos, y con un registro que no hubiera pasado un tribunal de tesina en Francia?
    Un intelectual norteamericano es, por definición y con escasas excepciones, un Robin Hood que roba a los viejos ricos de la cultura europeos para dárselo a los pobres de espíritu yanquis. A mí me cae bien Robin Hood, pero, po favó sus lo pido: basta ya de complejo de inferioridad hispano respecto de la "capitalidad cultural nortemericana". La entrevista con Agustín que acabo de leer, y que aquí ha publicado un buen fanzine electrónico, tiene un nivel al que NINGUNO de los estudiantes de letras de Boston College y UPenn a los que doy clase cada año llega ni de lejos. Y este blog también. La posmodernidad no se entiende peor desde Zaragoza que desde Indiana; más bien al contrario: el nativo de Indiana sólo conoce una cultura pop (la suya), mientras que el de Zaragoza conoce lo mismo que el de Indiana más una segunda cultura pop -española- que es, entre otras cosas, una instancia de crítica y deconstrucción del pop oficial norteamericano. Hala, ya lo he dicho. ¡Contento me tenéis, que tengo que salir a defender el orgullo apañol desde Barsalona!

    Eloy-as-españolazo-del-bombo — 29-08-2005 02:52:14

  17. Aquí que me infiltro. Gran tema e interesantes propuestas. Cuantisísimo nos preocupa si somos posmodernos o no, sobretodo a los autores españoles poetas que andamos todo el día echándonos en cara no haber cumplido con los deberes impuestos por una adecuada “transición” literaria. Y en estas andamos todavía porque, aunque el debate está ya muy manido y nos aburre nada más empezar, hemos cogido un vicio...
    A mí me parece que hay algo muy sospechoso y posmoderno en esta disyuntiva del “ser o no ser posmoderno”. Por una parte, todos queremos subirnos al bus de la posmodernidad con la ilusión, más o menos consciente, de que tiene parada en el manual de literatura del siglo XXII (“ay, que no, que no era eso, si se trataba de lo de las historias plurales y la muerte del autor” “Perdone, ¿puede parar aquí que me bajo?”). Tiene mucha razón Eloy en defender nuestra provincia literaria de las acusaciones de provinciana porque, después de todo, ya hemos perdido la fe en (y el respeto a) las grandes capitales. Se me antoja sin embargo que todo esto esconde una de esas preguntas capciosas tipo: qué fue antes, ¿el huevo o la gallina? o, a lo aristotélico, un caso paradigmático de anterioridad posterior. Es decir: ¿qué es antes, la corriente literaria o el autor? ¿El modernism hizo a los de Bloomsbury (es decir, ya eran modernist antes de ser Bloomsbury), o fueron ellos los que mediante sus estrategias de marketing, concursos, revistas y apoyo critico mutuo desarrollaron lo que hoy viene a llamarse modernism? La respuesta no me parece ni mucho menos obvia, si se piensa más de dos minutos. Ya desde los inicios del XX (globalización en pañales) el reparto de etiquetas tiene lugar tras el mostrador de los grandes y medianos poderes literarios que fueron, son y serán los que manejen mejor los canales de propagación de la información. Evidente que cada vez es y será más fácil llevar a cabo una animada guerra de guerrillas (lo que no implica que en la periferia se encuentre necesariamente el producto de más calidad). Eso sí, el Zeitgeist es el Zeitgeist y eso no hay quien nos lo quite, por bien o mal que hayamos asimilado las vanguardias históricas (que es lo que en España se entiende por entrar en el siglo XXI como es debido), ahora, lo que vaya a aparecer en los manuales literarios del futuro (los auguro en tecnología wiki) lo dirán los avatares del gran mercado literario global, probablemente electrónico, que algo (pero no sólo) tendrán que ver con el editorial. “¡Qué será, será!”

    Sandra Santana — 29-08-2005 12:45:04

  18. De cualquier manera, y sin que esto pretenda ser ningún tipo de conclusión al debate, tengo la firme convicción de que la posmodernidad como tal ha pasado. Propuestas filosóficas como las de nuestro Félix Duque o las interesantísimas del francés Pascal Quignard (por no hablar de los acontecimientos de los últimos años) dan a entender a mi juicio más que de sobra que la carne, el pasado la muerte y la tierra (muy vinculados entre sí a nivel simbólico), aquello que había sido obviado en general por las vanguardias, el neobarroco o todos los "post-" que se quieran, se nos ha colado de nuevo en el discurso filosófico y literario. Creo, hablando ahora de pronósticos, que ese el camino más interesante que se nos abre ante la mirada. Danto señala tan sólo un síntoma y hay que darle la razón cuando el sujeto convierte a su objeto en una sucesión de ceros y unos o en un código de barras que no es definitiva más que el culmen de la filosofía hegeliana. Pero ocurre que el objeto se revuelve y demuestra tener un fondo oscuro hecho de materia opaca e impredecible. Otra cosa es que prefiramos mantenernos en el juego de luces de la superficie.

    c' — 29-08-2005 15:26:46

  19. gracias por tu respuesta c, me parece interesantísima. Desde esa firme convicción de que la posmodernidad ha pasado he dudado y he escrito lo poco que he escrito. Leeré a Pascal Quignard. En cuanto a la enfermedad de mi post, no veo nada que pueda indicar que mi discurso sea infeccioso. Porque admiro el trabajo de Vicente Luis Mora me siento en el deber de refutarlo. Sí no me tomaría esa molestia. Sandra contigo conparto qué será, será. Los caminos del mercado y la industria académica son inescrutables.Creo. Pero no me parece baladí llevar a cabo una reflexión sobre todas las etiquetas que tan alegremente se emplean. Siempre he pensado que la labor de los creadores es crear y el de las industrias (editoriales, académicas) normativizar. Confundir es dañino cuando se cuelgan etiquetas. Y que conste que como individuo estoy en contra de todos los pos y los pres.

    b — 29-08-2005 20:54:30

  20. Hola de nuevo. Como poeta, físico profesional, y ocasionalmente ensayista aficionado, que se asusta al ver atraso que lleva la poesía española publicada respecto a las otras artes, el otro día dejé aquí un comentario que, sintetizando, podría resumirse en
    1)No existe, o no se conoce, una corriente verdaderamente posmoderna en la poesía española. Sólo neovanguardias.
    2)No existió, o no se conoció, en los 80 una corriente poética posmoderna, como sí existió una corriente posmoderna en la música popular (por no hablar de la arquitectura, o, como bien dice "b" en su comentario, en la música comunmente llamada "culta").
    3)Una vez perdido ya ese tren posmoderno (por razones históricas que ahora no hacen al caso), no nos queda más remedio que intentar coger el avión de la que podríamos llamar "posmodernidad tardía" que ahora vivimos y que fundamenta gran parte de su genética en el discurso científico, así como en otros ámbitos igualmente poéticos como la publicidad, o las instrucciones de uso de las nuevas lavadoras, por ejemplo.

    Mi diagnóstico es que, la poesía ya ha perdido todos los trenes y ha quedado reducida a una práctica decimonónica. Se ha suicidado ella sola por anoréxica descomposición. Si quiere resucitar ha de estar en el pulso de su tiempo (como lo está todo lo vivo: el arte de la arquitectura, el arte de la fotografía, el arte de la matemática, el arte de la cocina, etc). Nadie lee ya poesía, ¡y no me extraña! Para leer manierismos, mejor es irse directamente a las fuentes y dejarse de sucedáneos.

    "b" me contesta, y dice acertadamente que estamos en la era de las interrelaciones, de los "sistemas complejos", diríamos los físcos, y eso, ami modo de ver, es absolutamente posmoderno. Digamos que hasta hora los científicos teníamos muy bien estudiada cada parte del conjunto, y ahora de lo que se trata es de ver como una partes influyen en otras: redes. A la poesía, como a todo, si quiere mantenerse (resucitar) ha de ocurrirle lo mismo. Se vive en la Era que se vive; y no hay más.
    Por otra parte, no estoy de acuerdo con algunos comentarios a cerca de que la posmodernidad está muerta; lo que ocurre es que la posmodernidad es un organismo que crece ateniéndose a su propia morfología interna, y en ese proceso se va escapando a toda conceptualización más o menos rígida o dogmática. Solo que no crece en linea recta (como pensaban Hegel o Newton, o Einstein), sino que se expandiendo como la superficie de un globo (haciendo el símil con la expansión de universo). Dentro no hay nada, todo es superficie, cambia infinitamente pero su superficie sigue siendo finita. Esa es la grandeza de la posmodenidad, su "cuadratura del círculo"

    "c" contesta y dice, también acertadamente, que sí que puede insertarse a la ciencia en la poesía. Lo comparto. De hecho, la ciencia no " es la realidad", sino que es una "representación de la realidad", y como tal, es una ficción. Otra cosa es que esa ficción "funcione", de la misma manera que la Historia es un relato "verosimil". Bueno, esto nos llevaría más lejos, así que lo dejo para otra ocasión. Yo vengo intentando esa interelación en varios libros de poesía, pero sobre todo, en Poemario-performance Joan Fontaine Odisea, 2005. Paralelamente desarrollo el ensayo "Hacia un nuevo paradigma: Poesía Postpoética". Espero, entonces, que "c", que parece bastante escéptico y crítico con todo esto, lea mi poemario y me diga si le parece que se he "destronado" o no, como él dice, la supuesta inadaptabilidad de las ciencias a la poesía.

    Eloy hace un comentario de mi entrevista que me honra y en cierto modo ruboriza. Te lo agradezco. Ahora bien, Eloy, no estoy muy de acuerdo contigo en el diagnóstico que haces de la cultura española. Los españoles somos unos paletos, siempre lo hemos sido, y siempre hemos llegado tarde a todo, entre otras cosas, 1)porque no existió casi ILustración en este país, 2)porque las repúblicas que tuvimos eran más de opereta que otra cosa, destrozadas internamente por luchas fraticidas, 3) porque eso lo remata una dictadura aislacionista de 39 años, y 4) porque la izquierda, apropiándose de "la cultura" (tiene es manía) refunda una democracia fundamentada en el tópico español de la pandereta como único horizonte. Lo único que se salvó en aquella época, repito, fue la música, jóvenes que se desempolvaron toda aquella lacra político-histórica, y entendiron la cultura de otra manera, como algo lúdico, consumista y dadaísta.

    Sobre el comentario de Sandra, bueno, no tengo mucho que decir porque no lo entiendo. Sólo entiendo, creo, que ella, al igual que "c" odia las etiquetas, pero es que (repasemos Wittgenstein) analizar y hablar es etiquetar. Por lo demás, es cierto que el creador, el poeta, no debe estar precupado por esas etiquetas. Yo, cuando hago un producto poético, no estoy pensando si soy posmoderno o no, pero sí que debo estar muy lúcido si no quiero caer en el ridículo, y debo estar atento al pulso de mi tiempo. Lo contrario ya lo vemos a diario en las librerías. Creo que aqúí no se está discutiendo si las estiquetas son necerarias o no, sino de unos contenidos, y de si se ajustan a una poética novedosa o son puro manierismo. El resto es echar balones fuera.
    Yo hace tiempo que prefiero la poética de los anuncios de la tele, o de un tensor o un espacio de Hilbert (como diría "c") a la poesía que mayoritariamente se publica.

    Agustín Fernández Mallo — 30-08-2005 14:20:41

  21. Agustín, si lo que estoy es sorprendidísimo de que hayas conseguido publicar un libro como el que me cuentas. Mañana mismo regreso a España y una de las urgentes tareas que me propongo es conseguirlo para diagonalizarlo y sacarle los vectores propios. Yo soy matemático de (de)formación, luego me pasé a la filosofía y ahora transito la literatura comparada que es un sitio cómodo para los desterritorializados. No dudo de ninguna manera en que se pueda metaforizar la ciencia en la literatura, ni mucho menos, y hasta creo que yo lo he hecho alguna que otra vez con mejor o peor suerte. Coincido asimismo contigo en preferir ciertos teoremas o ciertos anuncios a algunos poemas no por su poesía sino por su capacidad retórica (apreciar la retórica lógica de un teorema es más difícil, por supuesto), muy elaborada la de algunos (anuncios y teoremas). En lo que no coincido contigo es en el elogio de las superficies (que a mí me pirran como matemático y amante de las formas clásicas) a secas. La incompletud o su equivalente físico, la incertidumbre, obliga al ser humano a tomar decisiones respecto al universo (es plano o esférico o hiperbólico, etc). Existe más materia oscura que materia luminosa (uso un lenguaje alegórico, no estrictamente físico) y eso nos obliga a tomar decisiones que caen fuera de la superficie y entran directamente en en el campo de lo ético (al final la tríada platónica de lo bueno, lo bello y lo verdadero se nos cuela por la ventana). Amo el juego como nadie pero creo que toda literatura se quedará corta si no incorpora una dimensión ética (que conste que no estoy pensando para nada en el panfleto). El mejor favor que le hacemos al estatus quo es encerrarnos en nuestro particular jardín de infancia a practicar el juego inocuo de la literatura.

    cx^2+c'x+javier moreno=0 — 30-08-2005 15:29:28

  22. No, no odio las etiquetas, Agustín. Pero reconozco que tal vez no fui muy clara en mi comentario y te agradezco que así me lo hagas ver. Aprovecho además para felicitarte por aquel articulo que apareció en Lateral y que recuerdo haber leído y disfrutado. Veréis, yo creo que:

    1.Si algo hemos heredado de la posmodernidad, muerta o no, (bueno, y de algunos modernos como Benjamin) es a no poder pensar más la historia como continuo de etapas encadenadas. Me resulta por tanto difícil creer que en España no tengamos posmodernidad por que no hayamos tenido una Ilustración “como es debida”. Si nos ponemos a pensar pocos países serán los que hayan cumplido con sus deberes históricos para merecer el titulo posmodernos.

    2.Se sintetizaron aquí, muy bien sintetizadas, las diferentes acepciones de los términos “modernidad”, “modernismo” y “modernism” pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de posmodernidad? Lo que en mi anterior post quise (malamente) decir era que la posmodernidad no se debe confundir con una mera corriente estético-poética. A mi entender la posmodernidad, en cuanto “condición” lyotardiana, la sufrimos todos, hayamos asimilado las vanguardias o no, hayamos tenido ilustración o no. Es sólo un paradigma, un modo de entender los acontecimientos históricos, al igual que lo fue la Modernidad.

    3.En cuanto a literaturas y poesías posmodernas... eso ya es otro cantar (y pido disculpas de antemano porque sé que muchos de ustedes saben mucho más que yo al respecto). Los modernos modernistas como Schönberg justificaban sus propuestas estéticas basándose en que la historia de (en este caso) la música les habían llevado hasta allí. La atonalidad y el dodecafonismo eran casi una especie de necesidad lógica derivada de toda la música anterior y gran parte de la experimentación de las primeras vanguardias venía respaldada por esta idea de progreso que hoy en día nos da a todos un poco de dentera... La posmodernidad estética surge, ya lo apuntabais más arriba, como una reacción al equivalente de todo esto en arquitectura (que eran los herederos de Adolf Loos, compañero de cañas de Schönberg), así que la experimentación se convierte en algo conservador y para ser posmoderno hay que no experimentar (o sea ser conservador). Bueno, complejo todo esto. En todo caso, la posmodernidad estética surgida en Norteamérica en los 50 probablemente ya esté muerta (empaquetada y más que etiquetada) como bien decís, y tal vez no se corresponda exactamente con ninguna de nuestra corrientes literarias.

    4.Com antes decía, tras las lentes de la posmodernidad (como “condición”) no puedo admitir que la historia de la literatura sea un continuo y que tengamos que leer bien las vanguardias para saber lo que debemos hacer ahora. Admito y agradezco poseer una amplia variedad de influencias potenciales, desde la publicidad hasta la literatura angoleña o el cine coreano, a las que podría acceder, si quisiera, sin moverme del asiento y, por otra parte, me gustan mucho la modernidad y sus derivados (¡qué le voy a hacer!). Sí, a mí también me gusta la experimentación lo que más. ¿Las etiquetas? Son útiles y hermosas: definen pero sobretodo crean realidad (como bien nos enseñó Wittgenstein) y esto es necesario, e inevitable.

    5.En lo que no estoy de acuerdo (ya acabo y perdón por la extensión) es en que los autores no deban encargarse de las etiquetas. No tiene nada de lamentable promocionar en lo que uno cree y en lo que invierte sus energías. Los Bloomsbury lo hacían y los modernistas vieneses también lo hacían. Además les salía muy rentable eso de compaginar el ejercicio crítico y literario. Nosotros lo hacemos, sólo que necesariamente hemos de sentirnos más escépticos porque ya no podemos creer que somos la respuesta a las preguntas de nuestros antepasados, pero es también más divertido. Llegados a este punto creo que me he desviado mucho de la cuestión que me interesaba tanto al entrar en este blog (que he estado rastreando y a cuyo dueño felicito) y es eso de realizar una arqueología de autores posmodernos españoles...

    Sandra Santana — 30-08-2005 18:23:24

  23. Hola amigos. Como bien dice Sandra, quizá nos desviamos de lo que inicialmente, sospecho, dio arranque a esta discusión: una nómina de autores posmodernos en la poesía española contemporánea. Así que contestaré a Javier Moreno (c, c´) y a Sandra y ya está porque sino quizá seamos mal vistos.

    Javier, estoy de acuerdo con tu mensaje, y me alegra. Lo que venía a decir es que en mi libro hay, salpicadas entre otras cosas, digamos, "normales", formulaciones matemáticas o físicas que intentan dar un nuevo sentido a las palabras que las rodean en el verso, y viceversa, las palabras dan otro sentido a las formulaciones. Es un intento, sólo eso, un ansia de experimentación e investigación puramente poética. No es algo definitivo, pero prefiero intentar, sea cual sea el resultado, a seguir repitiendo esquemas que no me dicen nada.
    El haikú de la masa en reposo:

    E^2=m^2 c^4+p^2 c^2
    si p=0 (masa en reposo)
    E=mc^2

    Por otra parte parte me deja, gratamente, de piedra tu firma: la ecuación de segundo grado que te marcas de firma, que da tanto juego poético como para perderse. Tu nombre, tus pseudónimos, las posibles soluciones reales o imaginarias de la curva. Acojonante.

    Sandra, ahora sí que me queda muy claro lo que dices, y ya te digo que lo comparto en casi su totalidad. Estoy de acuerdo en que la "condición posmoderna" la sufrimos todos, nos guste o no, pero otra cosa es si se han dado las condiciones necesarias no para sufrirla únicamente, sino para disfrutarla, es decir, asimilarla y utilizarla como vehículo de creación. Esto último, en poesía en España, creo que no, que no se ha hecho porque, precisamente, aún tenemos un sentido de la historia muy "moderno", muy lineal. Después hablas de la experimentación, y de que para la posmodernidad la experimentación es conservadora, así que para ser posmoderno hay que "no experimentar", o sea, ser no conservador, que en esta caso es ser conservador, y como tú dices, se convierte el asunto en un lío monumental cuando no en un diálogo de besugos. Bien, esa concepción de la posmodernidad, por otra parte muy difundida, no creo que sea del todo cierta. A mi modo de ver, la posmodernidad exige esperimentación, y mucha, (nada hay más experimental que Las Vegas, pradigma de la posmodernidad arquitectónica), sólo que creo que ha de ser una experimentación desligada del lastre visionario de las vanguardias históricas, es decir, del elemento visionario y utópico que hoy ya no tendría sentido. Pienso que para hacer un producto posmoderno de altura hay que tener mucha distancia sobre la historia, mucha inteligencia, muchas ganas de experimentar, y muchas ganas de reirse de lo dogmas y cánones pasados, y para eso, claro, como siempre ha ocurrido, tienes que tener al geniecillo dictándote al oído. Desde luego el eslogan que algunos apuntas del "todo vale" como presupuesto en la creación posmoderna es absolutamente falso. Diría una cosa es crear desde la tontería del "todo vale", y otra muy distinta desde la de "a ojos del neófito tiene que parecer que todo vale, pero si se rasca un poco ha de verse que tras esa apariencia hay mucha esprimentación e inteligencia". O algo así. Cuando Duchamp mete al urinario en el museo, muchos pensaron que era una tontería del tipo "todo vale", pero no, todos sabemos que ese acto inteligente y pensado cambión el arte desde entonces. En fin, ya no me enrollo más. Saludos.

    Agustín Fernández Mallo — 30-08-2005 19:13:04

  24. Si me permitís mear un poco fuera de tiesto (cosa grata donde las haya): me siento infinitamente más solidario con el preilustrado pero no por ello menos capaz de plenitud Homo sapiens africano de hace doscientos mil años que con el híbrido transhumano que pueden estar diseñando ya mentes científicamente calenturientas, a medio camino entre –digamos— las fantasías de Craig Venter y las de Walt Disney. Si –como ha dicho alguna vez el aburrido provocador profesional Michel Houllebecq— “todo lo que la ciencia posibilita será realizado, incluso si modifica profundamente aquello que hoy estimamos humano o deseable”, uno se alegra porque no estará ahí para verlo. En fin, que quizá situarse en aquel punto donde la modernidad desencarriló, antes de que llegase el post-it, no sea una mala estrategia de investigación... Abrazos.

    Jorge Riechmann — 31-08-2005 11:48:34

  25. Jorge, estoy de acuerdo contigo en parte, como siempre; pero, como siempre, en lo más importante. Lo peor de Houellebecq no es que sea un provocador profesional, sino que lee poco. No tengo la cita textual, pero la frase "todo lo que pueda ser hecho científica y tecnológicamente, será hecho", es de 1967, nada menos, y puede encontrarse sin dificultad en los primeros capítulos de "La sociedad del espectáculo", de Guy Debord. Ahora viene otra novelita suya, sobre biotecnología, ya veremos. También estoy de acuerdo en la erradicación de prácticas posthumanas. Hay que dar la razón a José Luis González Quirós, que en "El porvenir de la razón en la era digital" (1998), coincide con Weizenbaum al defender que cualquier programa social –como los de Donna Haraway o incluso el más suave, postulado por José Luis Molinuevo en su reciente y muy interesante "Humanismo y nuevas tecnologías"– destinado a crear una raza de ciborgs que nos hereden en la Tierra no tiene diferencia alguna con un programa para instaurar y reglar el genocidio. Pero no creo que haya que extremar planteamientos. La posmodernidad no alienta esas prácticas; no va contra el humanismo ni contra los neandertales, insisto que es un fenómeno ya demasiado complejo y ramificado como para abrazarla o desestimarla por completo. Veo más interesante la propuesta de buscar el territorio de después, teórico y práctico; veo necesario plantearnos, como escritores (o físicos como Fernández Mallo, o matemáticos como tú y Javier Moreno), qué sea lo que hay detrás del posmodernismo como estilo literario, incluso aunque su visibilidad en la narrativa (y no digamos poesía) española sea difícil de apreciar y sistematizar (que no es lo mismo que decir que no la hay; claro que la hay). Lo que habría que hacer, lo que estamos haciendo, es tender líneas de estudio. Creo que la poesía postpoética de Fdez. Mallo es un camino válido, creo que las propuestas narrativas de Eloy Fernández Porta, Germán Sierra o Juan Francisco Ferré tienen un alcance que desborda lo posmodernista, creo que tu último y magnifíco libro "Ahí te quiero ver" (Icaria, 2005, compradlo), es un proyecto majestuoso y singular, creo que hay cosas que hacer y que se están haciendo. Jesús Aguado lleva tiempo bordando unas propuestas desbordantes y poco entendidas, como Miriam Reyes o como las "Hormigas blancas" de Jordi Doce, libros que ya no caben en los esquemas modernos... ni en los posmodernos. Ahora saco en septiembre un libro que planea una poética "proyectiva", difícilmente encajable en lo posmoderno... y en lo moderno. La solución no es ya (estoy de acuerdo, Jorge) la posmodernidad, pero volver a lo moderno, desandar teóricamente lo andado, por utilizar la idea de Benjamin y el título de tu libro de 2003, tampoco me parece posible. Hemos hecho cosas después de Mallarmé, de Joyce, de JR Jiménez, de Celan y de Auschwitz. Las categorías filosóficas, literarias e ideológicas de su tiempo no nos valen. Tu "trilogía de la sostenibilidad" no hubiera podido publicarse antes de la invención de la energía nuclear, del efecto invernadero, de los alimentos transgénicos y otras desgracias surgidas tras la modernidad.

    Lo que hay que hacer (nada menos) es d/escribir las categorías de ahora. Y no está la cosa para prescindir de gente como tú. Échanos una mano, Jorge.

    vicente luis mora — 31-08-2005 12:14:52

  26. Después de un rodeo me gustaría regresar a lo que les ocupaba al principio: buscar la categorías de ahora, como dice nuestro anfitrión, lo que pasa necesariamente según creo por el ejercicio arqueológico propuesto por Eloy. El tema es, después de todo, elegir quiénes queremos que sean nuestros papás literarios o, si se prefiere, cuál creemos que es el mejor modo de contar el cuento de la literatura poética española de los años 50 para acá. Me gustó mucho leer el nombre de Fernando Millán entre los candidatos al podium. Sin duda su trabajo de los 70 es interesante y merece el reconocimiento que últimamente se le brinda, así como que se reedite su antología de poesía experimental en Visor (aunque la calidad de la edición da mucha lástima, aparece todo descolorido, como si hubiese estado expuesto al sol desde entonces...). También merece, claro, que se le invite a participar en proyectos como www.itinerariosdelsonido.org o en la exposición del MACBA. Me parece, sin embargo, aún más interesante la obra de José Luis Castillejo. Para ser sincera, en cuanto a lo que poesía fonética y visual se refiere, se me ocurren algunas trayectorias más brillantes en otros países que la de Millán (por ejemplo, la de mi admirado austriaco Ernst Jandl) pero lo de Castillejo me deja de piedra. Leyéndole sí que no me da envidia de ninguna otra literatura del mundo mundial, ni oulipienses ni nada. Poco a poco, y de modo todavía marginal, se va rescatando, lo que me parece justo y necesario, la obra de zaj (Marchetti, Hidalgo & co.) y su estela y me alegra saber que hay gente a la que también le alegra esto. Para quien le interese he aquí una bonita y lúcida entrevista a mi candidato para la entrada en la academia: http://www.uclm.es/cdce/sin/sin2/casti.htm

    Sandra Santana — 31-08-2005 14:51:20

  27. Respecto de nuestras desavenencias con el Ángel de la Historia, suscribo lo que han ido comentando Sandra (sobre "tener una Ilustración como es debido") y, en uno de los primeros posts, Javier, cuando hablaba de la ideología del progreso.
    Se me ocurre que, después de 26 enjundiosos posts, acaso sería un buen momento para poner un ejemplo concreto de "poesía posmoderna" y ver si nos podemos poner de acuerdo en su valoración. El que voy a proponer no es un "caso paradigmático"; simplemente, me cae a mano. Sí proviene de un libro que lectores como Andrew Debicki o el mismo Vicente han señalado como un texto importante dentro de esta tradición:

    "En las bocas que besan / a los labios que pasan / -destructor, dragaminas- / la memoria, mecánica, / dispara sus torpedos, / dispone su naumaquia; / Pearl Harbor y Vietnam / juntos en una falda." (fragmento de "Epsilon" de Jaime Siles, en "Semáforos, semáforos")

    - La idea de la memoria como mecánica. Un concepto importante en las primerísimas vanguardias, en el futurismo, etc. Siles lo ha reformulado en segundo grado, "sin creer en él"; en el contexto de su obra está relacionado con una concepción de la praxis poética como techné: figura retórica, aparato fonador, tipografía. ¿Cómo pensar el amor en la época de la techné? En parte por medio de:
    - El uso de un campo metafórico tradicional ("el amor como gozosa batalla" de la poesía medieval) en una forma exasperada, un poco "pompier", entre la exaltación sentimental "creíble" y la distancia simbólica del kitsch. No sé si estáis de acuerdo en que versos como "Pearl Harbor y Vietnam / juntos en una falda" sólo se sostienen como ironía kitsch. Estos versos están escritos a mediados de los ochenta, en la década del mal gusto, del bad painting, de Jeff Koons. ¿Existe "amor verdadero" en la época del kitsch? Si existe, ¿es expresable? Puede existir si se asume que:
    - El "riesgo amoroso" (riesgo del rechazo, de las calabazas) se puede formular, de manera rigurosamente esteticista, como "riesgo de error estético". No diga "¡Yo moriría por vos!"; diga "¡Yo sería capaz de escribir mal por vos (y no está del todo claro que no lo haya hecho)!". Por supuesto, nada de todo esto tiene sentido si no lo hace un autor "dotado" y no se presupone un lector bastante sensible, quizá incluso un lector que conozca la fórmula del "amor posmoderno" de Umberto Eco ("Como diría Corín Tellado, te amo desesperadamente").
    - Los poetas futuristas cantaron a la guerra como realización última de la Histoira de Europa; Siles se apropia de su técnica literaria para presentar una concepción de la Historia como agregación caótica de imágenes estéticas que "ya ha sucedido". A esto me refería unos posts más arriba cuando apuntaba que la Historia literaria no es sólo "Historia de la retórica" sino también "Historia de las visiones del mundo".
    - Todo esto, ¿es neovanguardista? El término "neovanguardista" me parece útil para describir la obra de autores como Ramón Buenventura, o los poetas visuales que se comentaban antes, o quizá Francisco Pino. En primer lugar, por razones generacionales: todos ellos podrían pasar por "abuelos de la generación posmoderna", o incluso bisabuelos. En segundo lugar, porque su estética enlaza mucho más directamente con el "exprimentalismo vanguardista" (nueva periodización del tipo ya-está-Eloy-con-su-manía historicista: recordemos que en los años setenta el término "expeiementalismo" tiene mucha importancia y en los ochenta no). El término en cuestón no me parece tan apto para hablar de Siles o de los autores que están en una línea similar, como podría ser Álvaro Tato.
    - Augstín: no tengo reparos en admitir que "Enamorado de la moda juvenil" de Radio Futura ya implica todas esas cosas y quizá incluso mejor, pero yo pondría a Siles al lado de Auserón, no bajo sus botas.

    Eloy-ebrio-de-amorrrl — 31-08-2005 23:54:33

  28. Cómo mola, Eloy, así sí podemos ahondar. Está muy bien tu lectura del fragmento de Siles (posmoderna elección, también, la tuya). Sólo añado que en ese hilo entre "mecánica" y "naumaquia" me es imposible no ver la huella de "tiene el amor sus reglas como el mar su mecánica", de "Arde el mar", de Gimferrer, quien a su vez tiene en ese poema una visión bastante menos moderna del mar de la que tuviera, un poner, Salinas en "El contemplado", por poner un ejemplo. Para los dudosos de que haya una posmodernidad poética en España se podían poner infinitos ejemplos. Entre ellos, me gusta mucho éste, de Miriam Reyes, porque no parece, en una primera mirada, posmoderno:
    "He comenzado decenas de historias / y no he terminado ninguna, /
    no sé hacia dónde van mis personajes / por qué empiezan a hablar
    y de pronto se callan. / Sobre el papel me sucede lo mismo que fuera de él: / mi vida es un puñado de comienzos / suspendidos". Hubiera sido más fácil poner un poema digital o un poema en vídeo de los que Miriam suele trabajar en http://www.oddcity.com/espejo_negro/ . Pero en ese caso estaría chupado, y lo interesante es ver cómo la posmodernidad afecta a los detalles. No voy a intentar un análisis textual del poema, pero habría que apuntar varios elementos: en primer lugar, una utilización irónica de la primera persona, que combate su identidad a la vez que se usa como máscara elocutoria; una clarísima aparición de la metaliteraturidad, una debilidad "líquida" (Z. Bauman) del subjetivismo, una incapacidad de terminar historias (en ambos sentidos, personales y literarias, de la la palabra), de proveerse de un gran relato autoexplicador, y una postergación temporal (del tiempo íntimo) infinita, de modo que el eterno retorno no queda, como en el sentido mítico e incluso nietzscheano, "fuera" del individuo, sino dentro. Él lo genera, y no lo sufre de forma exógena. Y leído en relación con el resto del libro de Miriam, "Bella durmiente" (Hiperión, 2004), el texto se enriquece todavía más, porque es casi un metatexto del poemario. Un poema como éste no hubiera podido escribirlo un poeta español de hace cincuenta años, porque, en el dudoso caso de que ese vate hubiera podido percibir las dimensiones de su fractura interna como sujeto, no hubiera podido explicitarlas con la absoluta consciencia y la ironía con que lo hace Reyes. Estoy de acuerdo con Jiménez Heffernan en que el posmodernismo no es, como explica la Linda Hutcheon de "A poetics of Postmodernity" (1999, creo), sola y exclusivamente una actitud irónica, pero creo que a veces (y el poema de Reyes es una), es uno de sus signos distintivos.

    vicente luis mora — 01-09-2005 13:11:57

  29. Ahora sí que está divertida la cosa. Veréis, voy a ser todo lo mala que pueda para generar discusión. Me quedo con vuestros comentarios sobre Jaime Siles y Miriam Reyes. Por supuesto que hoy en día (el amor en tiempos de Eco) todo lo que digamos adquiere resonancias televisivas, literarias y cinematográficas y, bajo esta condición, escribimos y nos relacionamos en sociedad. Tomar conciencia de esto, que por otra parte creo que ya fue asumido por algunos autores de las vanguardias históricas (Gómez de la Serna, Carlos Oquendo de Amat, Bertold Brecht, por citar tres ejemplos rápidos que se me vienen a las mientes), no me parece en principio algo muy encomiable, como tampoco lo es incluir en nuestro vocabulario poético las últimas novedades del DRAE. (Que ya sé, que no es lo que proponéis, pero a veces tengo la impresión de que en eso consiste cuando se habla de un “lenguaje poético renovador”). En todo caso, si adoptamos a Siles como papá de la poesía posmoderna española pues nos sale de hijita (rebelde y provocadora, eso sí) a Miriam Reyes. Lo cual está muy bien y es un camino a trazar. Lo que ocurre es que a mí, puestos a, como buenos posmodernos, ser escépticos, lo que más interesante me resulta del lenguaje (cinematográfico, plástico y literario) de los últimos tiempos es el escepticismo ante el propio lenguaje (“tengo una enfermedad, veo el lenguaje” que decía aquel) y el desarrollo de un sujeto transformado en literatura hasta tal extremo que se pierde en la red infinita de similitudes foucaultianas (tal como lo analiza el autor francés en su conocido ensayo sobre Magritte). Todo ello sin que supongamos detrás un rastro (como no puedo dejar de ver en Siles o en M. Reyes) del sujeto romántico que nos habla de sus estados de ánimo a través de una concepción de lenguaje entendido como transmisor neutro de un contenido preestablecido. Llegados a este punto, yo, erre que erre, prefiero aquellos autores a los que quiera y pueda interesarles tener unos papas zajianos o brosianos que, si ustedes quieren, pueden ser neovanguardistas o experimentalistas, pero que creo que casan más y mejor con lo que entiendo una buena lectura de postestructuralismos y posmodernidades, y que entroncan con una buena nómina de autores que han reflexionado acerca del lenguaje desde el ámbito del arte conceptual (Kosuth, Art & Language, Marcel Broodthaers, Vito Acconci...). Para terminar, y como hija pródiga en versión española de todo ello, me atrevo a sugerir a Patricia Esteban (El rescate invisible, Ediciones Amargord, 2005). A ver qué les parece todo esto...

    Sandra Santana — 01-09-2005 16:39:51

  30. dado que ha habido tanta agitación y tanta rama abierta, pensaré, pero no me descuelgo de la conversación.

    b — 01-09-2005 18:16:54

  31. dado que ha habido tanta agitación y tanta rama abierta, pensaré, pero no me descuelgo de la conversación.

    b — 01-09-2005 18:17:23

  32. he podido leer a Patricia ESteban y creo que es una de las grandes voces de la poesía actual, pero se acoge a ese escepticismo, esa duda ante el lenguaje que desarrollaron las vanguardias. La neovanguardia es necesaria, la asunción de lenguajes experimentales, pero no creo qeu sea acertado situarla como poesía posmoderna.

    b — 01-09-2005 18:20:07

  33. he podido leer a Patricia ESteban y creo que es una de las grandes voces de la poesía actual, pero se acoge a ese escepticismo, esa duda ante el lenguaje que desarrollaron las vanguardias. La neovanguardia es necesaria, la asunción de lenguajes experimentales, pero no creo qeu sea acertado encasillarla bajo el rótulo de poesía posmoderna. Contemporánea es claro, nadie le niega ese rango. Intuyo que, en esencia, lo que se está discutiendo aquí es la representatividad de nuestras conciencias como sujetos del siglo XXI. Pues, dado que somos sujetos vivientes y pensantes, ahora mismo, somos evidentemente contempóraneos. No hay nada más que decir a este respecto. Sólo he podido leer el último post, mañana seguiré reflexionando y procuraré participar en esta trama tan emocionante que se ha gestado.

    b — 01-09-2005 18:24:17

  34. Mi asombro no deja de crecer ante este alubión estajanovista de comentarios. Si seguimos así pronto llegaremos a un nivel geométrico de producción, que es cuando las cosas se salen definitivamente de madre. Hay tantas cosas que comentar que no sé por donde empezar, así es que siguiendo a mi sensei Deleuze, empezaré por enmedio. Se han propuesto ejemplos paradigmáticos (ninguno de ellos dogmático sino a la manera heurística, bien) de lo que pudiera ser un autor posmoderno. Es lo primero que hay que hacer cuando se quiere justificar la existencia de un periodo -literario o histórico-, desde luego. Somos (éramos) modernos porque Descartes pronunció aquello de pienso luego existo, basta repetirlo en las escuelas durante unos años y ya está hecho. Nada que objetar salvo reiterar que entonces no salimos nunca del juego moderno (¿no era la posmodernidad antihistoricista?) del post hoc ergo propter hoc (eso en matemáticas tiene un nombre: hyperconjuntos o conjuntos mal fundados, pero esa es otra historia...) Otro punto a añadir a la polémica es: si la posmodernidad supone la muerte del sujeto, ¿a qué seguir haciendo poemas? ¿acaso existe por encima o por debajo del sujeto que conocíamos otro sujeto que no tiene nada que ver con el sujeto lírico tal y como lo hemos concebido hasta ahora? ¿es el postsujeto un sujeto? Si la respuesta a todas estas preguntas es negativa, entonces deberíamos hablar (recuperando la terminología de Bajtín) de poesía dialógica (son varios sujetos los que discuten, se aman y se odian), siendo el único moderador el cuerpo que sufre y padece de verdad, el único que parece experimentar los límites de la existencia en este mundo acelerado a la velocidad de la luz. Entonces no estaríamos quitando una etiqueta para poner otra sino que estaríamos hablando de algo que se viene practicando desde muy antiguo y que -admito- nuestra época ha podido asumir como rasgo distintivo digno de ser celebrado con un gozo por mí compartido. Siempre, insisto, que no olvidemos al cuerpo como límite, cómplice y víctima a un tiempo de las bromas y excesos de la multiplicidad de los yoes. Para acabar, retorno a las relaciones/tensiones ciencia-literatura. Discrepo con aquellos que elemental y pavlovianamente asocian la ciencia a lo objetivo y lo artístico a lo subjetivo. La ciencia es el discurso de un sujeto, un sujeto único que pretende llevar la razón, una razón (única, por supuesto) que al final deberá adquirir la forma de una ecuación ante la que arrodillarse y colmar de piadosas oraciones. El discurso científico ortodoxo es la penúltima encarnación del caduco proyecto ilustrado. Por eso hay que romperlo o al menos hacerle reconocer que no es más que unum inter pares. El haikú de Agustín me parece interesante pero insuficiente, por el motivo de que no hay una metáfora (salvo la formal del haikú) de la ciencia, y por tanto el desenmascaramiento es incompleto (aguardo con impaciencia leer tu libro que ya tengo a mi lado, Agustín).

    javier moreno a pesar de su DNI caducado — 01-09-2005 23:31:03

  35. El post de Sandra necesitaría de un blog entero para ser comentado en detalle -el de Javier no menos, pero las damas primero, you know. Por lo pronto, quisiera quedarme con un aspecto de su argumentación: la necesidad de distinguir entre distintas corrientes dentro de un mismo movimiento -corrientes que pueden ser incomunicadas, contradictorias o cronológicamente sucesivas sin dejar de ser parte de lo mismo. Sandra propone una distinción entre el modelo representado -por ejemplo- por Siles y el de la tradición de la poesía visual, con Patricia Esteban como "caso de estudio", y distinguiendo entre ambos por apelación a la "conciencia de la crisis lingüística" y el "resto romántico". Coincido en que "El rescate invisible" es un libro importante; hay ahí un poema ("Poemas entremedios, 4") que me parece un buen candidato para una posible antología general. Sin embargo, quisiera reproducir otro distinto, y uno más de Siles; creo que la comparación podría arrojar luz sobre este asunto. Tengo un comentario pensado, pero prefiero abrir antes el debate y así no hago este post demasiado largo:

    TINCTUS COLORE NOCTIS
    Tinta la noche extinta,
    tíntame,
    nocturnidad azul,
    de húmedas notas.
    Cuanto tiene materia en la memoria
    de un cuerpo extinto,
    tínta, tíntame.
    (Jaime Siles, de la sección "Lectura de la noche" de "Música de agua")

    NOCTURNO
    Dormida en la lectura,
    la noche como fruta se desgrana.
    Ajena a su frescura,
    enciende la mañana
    el roce de una rama en la ventana.
    (Patricia Esteban, "El rescate invisible")

    Añado un tercer texto, también de la sección "Lectura de la noche" del libro de Siles, que creo que puede completar la comparación:

    MINIATURA
    Nieve partida en piélago escarlata,
    qué ritmo, rama o remo
    abre la noche de tu mano en dos.

    Eloy-in-de-náit — 01-09-2005 23:49:57

  36. Hola Javier, leo tu post y en referencia al haiku sólo puedo decirte que además de la metáfora que tú apuntas, yo encuentro una metáfora implícita en el propio desarrollo de las ecuaciones y en su propia constitución, ya que al renombradas como "poema" se leen con otro sentido, otro aroma, (cada cual el que quiera, claro. Una especie de "apropiacionismo", práctica, dicho sea de paso, que me parece capital a la hora de determinar los productos artísticos posmodernos). En este sentido, en el del apropiacionismo, recominedo a todos muy encarecidamente el libro de Esteban Peikovic, "Poemas Plagiados", Edit Germanía, una delicia de poesía inteligente y, para mí, posmoderna .
    Lo que vengo a decir es que en la ciencia hay metáforas tan potentes, pocos usadas e insospechadas que dan para jugar aún mucho siempre y cuendo se tenga un sentido de la medida, claro, y se sepa combinar con otras cosas. Por otra parte, Javier, comparto contigo que hay tantos post, con tantos temas interesantes y semiinfinitos, que llega un punto en que es dificil comentarlos y seguirlos; llegaremos al modelo"el jardín de los senderos que se bifurcan". En fin.

    Un comentario más, éste para Eloy: no soy un estudioso de la poesía, pero como lector siempre he tenido la impresión de que, como ya dije otras veces, no existe una corriente legítimamente posmoderna en españa en poesía, aunque sí hay determinados autores que dentro de una estructura de poemario clásica, vanguardista o residual romántica, introducen poemas, o fragmentos, que sí se podrían calificar de posmodernos. Por ejemplo, en tus ejemplos de Siles, no creo que sea un autor netamente posmoderno, si acaso incursiones. De hecho, los últimos poemas que pones que, como simple lector, en nada me parecen posmodernos, en tu post nada tienen que ver con aquel otro de "Semáforos, semáforos". Por otra parte, hay algo capital de lo que creo que aún se ha hablado, o si sí, no lo he detectado de forma explícita, y éste es la intencionalidad de una obra. Sintetizando: Cuanquier texto, poema, puede ser posmoderno o no dependiendo del contexto en el haya sido creado y de su finalidad como obra. De esta manera, por ejemplo, el poema de semáforos semáforos, dependiendo de las intenciones de Siles, el mismo poema, insisto, puede considerarse bien neovangurdista, bien posmoderno. Yo no puedo determinar en qué corriente se adscribe ese poema si no sé con qué intención habla él de, por ejemplo, Vietnam: si lo hace en modo de protesta o si lo hace únicamente para dar un contrapunto al la falda de manera que emane lo kitsch. Debajo de todo esto está lo que quiero plantear, una polémica ya sé que vieja, que viene del arte conceptual nortemaricano, y quizá aburrida, pero para mí fundamental: como decía Witty, "El sentido es el uso", y que en la obra posmoderna, más que nunca, esa frase cobra especial relevancia porque, por ejemplo, los últimos poemas de que pones en tu post de Siles, podrían ser perfectamente posmodernos dependiendo de en qué contexto estén insertados, en qué poética se inscriban: si son arcaizantes o si lo que pretenden es ironizar y contrastar con el que le sigue, le cual puede ser, por ejemplo, el listado d eun programa de cálculo. Sé que diciendo esto bajo en nivel de la discusión, pero es que para mí es un punto fundamental que habría que aclarar antes de analizar poemas aislados. ¿No creeis? Saludos. Me voy a comer.

    Agustín FernándezMallo — 02-09-2005 14:36:43

  37. Observo y me suscribo. Creo que sí la posmodernidad nos ha enseñado algo, y lo digo hoy, cuando todas las disciplinas humanas apuntan a subrayar el poderoso papel de la metáfora en nuestra forma de conocer( lingüística, psicologia...), es que la historia es poco más que un discurso, una narración. Una proyección de un sujeto o una comunidad. Una interpretación, al fin y al cabo. También lo es la ciencia. Un discurso más, que tal vez por lo infrecuentado del código tal vez nos puede llegar a parecer abstruso, o acechado por los límites de la experiencia. Por fortuna, superamos el positivismo e imagino que cuando pensamos en ciencia nadie tiene en mente sólo el trabajo con osciloscopios.
    Existen ramas interesantísimas de la física fundamental, por ejemplo, que evolucionan con una rapidez insospechada, y que pueden llegar a ser tachadas incluso de mentalistas, por no haber sido corroboradas todavía por la experiencia. La teoría de cuerdas y la de supercuerdas.No sólo los lagrangianos o la ecuación de Shroedinger.
    En cuanto a las otras ramas de la discusión, me parece muy apropiado aquello que ha comentado javier moreno, " Cualquier texto, poema, puede ser posmoderno o no dependiendo del contexto en el haya sido creado y de su finalidad como obra". Veáse el Quijote de Pierre Menard, por ejemplo, relato que presumo que hemos leído todos, pero que no será desdeñable tener a la hora de apuntar una perspectiva pragmatista en esta discusión.

    "Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió (Don Quijote, primera parte, noveno capítulo):

    ... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.

    Redactada en el siglo diecisiete, redactada por el “ingenio lego” Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:

    ... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.

    La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió. Las cláusulas finales —ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir— son descaradamente pragmáticas.
    También es vívido el contraste de los estilos. El estilo arcaizante de Menard —extranjero al fin— adolece de alguna afectación. No así el del precursor, que maneja con desenfado el español corriente de su época".

    Además tengo una duda, porqué asociasteis a provincianismo mí crítica a posmodernidad como término exclusivamente anglosajón.Cuando dije hispano, no hablaba de provincianismo chabacano, véase narratología en Talavera de la reina, sino a la toda aquella manifestación en lengua española. Narrativa mexicana, venezolana, cubana.. , evidentemente, al menos para mí, es una tradición mucho más asequible.

    b — 02-09-2005 16:05:52

  38. Hola b, me parece bien lo que dices, sólo una cosa, una pequeña errata: la frase que atribuyes a Javier Moreno, es de mi último post. Por lo demás, me alegra ver que compartes conmigo esa perspectiva que lleva al contexto a determinar gran parte del sentido de la obra, y sin dudad pones un ajemplo paradigmático y acertadísimo al sacar a colación el Quijote de Menard.Y hablando de Borges, uno de los precursores de la posmodernidad cuando aún no estaba ni definida, voy a introducir una digresión pero para mi tan cierta commo que ahora mismo estoy tecleando un PC: para mi los legítimos poemas de Borges son los cuentos, no los poemas en verso que pecan quizá de un formalismo y tratamiento del yo poético un tanto arcaico. Es más, tengo mi idea al respecto: Borges tenía tanto respeto por la tradición poética caónica, que en los versos se anquilosa y cae en manierismos; sin embargo, en los cuentos, sale su voz más desinhibida y experimental al punto de fundar una escuela de la que todos bebemos. Un saludo

    Agustín Fernández Mallo — 02-09-2005 16:37:37

  39. Lo que conocemos como "crítica intencional" parte de la premisa de que existe un "significado oculto" en la obra que el autor conoce mejor que nadie y que es, en algún sentido, "más claro" que la obra misma, de manera que el lector sólo podrá, en el mejor de los casos, acercarse mucho a él. Este tipo de crítica privilegia el biografismo, las entrevistas y cualquier otro "testimonio del yo romántico" donde el autor pueda haberse dignado decir "cuál era su intención". Respecto de esta idea del texto y del lector podría aducir lo que dijeron los postestructuralistas, pero me basta con comentar lo que b y Agustín han estado diciendo acerca del "Pierre Menard". La mejor descripción que conozco de la "intencionalidad" de Borges al escribir ese texto se encuentra en un artículo de Juan José Saer en que logra demostrar, con abundante documentación, que su "intención manifiesta" era satirizar y refutar una serie de usos culturales propios de la Francia de principios de siglo, y según los cuales, como dice Pierre Menard, Rimbaud era un autor "necesario" y Cervantes no -entre otras lindezas. Ignoro si al escribir sobre ese cuento teníais presente ese "marco intencional"; sólo puedo decir que me alegro haberos oído decir cosas que lo desbordan, o que ni siquiera lo dan por sentado. La mejor definición de crítica intencional que he leído la dio Bart Simpson al decir: "No te prometo que lo intentaré, pero intentaré intentarlo".
    Yo no soy Joseph Ratzinger -aunque me gustan mucho sus artículos sobre arte sacro- y no estoy aquí para beatificar a los posmodernos y excomunicar a los que no lo son. Sí digo que hay cosas que las entiendo mejor desde un paradigma de lectura posmoderno que desde uno moderno. En el caso de los poemas de "Música de agua", y a la espera de la opinión de Sandra, sólo puedo apuntar que los entiendo mejor si tengo presente las ideas de "poesía concreta", de materialidad de la escritura, de "grafografía" (por usar el término de Salvador Elizondo), "grafemas" (el término es de Siles) y de "escritura integrada en la naturaleza", idea que también está muy presente en el Robayna de "Tinta", en el land art o en la obra plástica de Perejaume, y que veo como una línea de posmodernismo-crítico-con-la-condición-posmoderna. No me basta con que me digan que "Tinctus colore noctis" es una lira, porque Siles ha decostruido la mética de la lira, y tampoco me basta con que me digan que es una apelación romántica a la noche, porque Siles sitúa la tinta antes de la escritura y la escritura antes de la noche, lo cual es una posición post-Wittgenstein que presupone una "materialidad" anterior al "lenguaje".
    El "contexto" en que me gustaría ver funcionando todas estas consideraciones, tal como Vicente lo proponía, es una posible antología de poesía española de la época posmoderna. Lo que incluiría en ese libro no es "cualquier cosa, porque el contexto lo determina todo", sino más bien una serie de textos que reflejaran las condiciones epistemológicas que hemos ido describiendo y que se relacionaran críticamente con ellas. Si tengo que dar un paso más, diría que, de entrada, veo más clara la inclusión de Leopoldo María Panero que la de Juan Luis Panero -e insisto en que no pongo ejemplos paradigmáticos.
    Todos los que hemos hecho antologías sabemos que el proceso por el que se elaboran se llama "nominalismo mágico". El antólogo A le pide al escritor B un texto para incluirlo en un volumen que sigue el discurso X. El escritor B se lo da gustoso, e incluso sin cobrarle; luego, en privado, les cuenta a sus amigos que el discurso X es una tontería, o que, en el mejor de los casos, sólo sirve, en parte, para hablar (bien) de su propia poesía y de la de un par de amigos de B, pero que, como B es buena persona, le hizo a A el favor de dejarle un texto suyo. Así se hizo la antología del posmodernismo norteamericano de Norton, donde salían autores, com Walter Abish, a los que, en varias entrevistas que leí, nunca les oí decir que fueran posmodernos.
    Para tener más elementos de juicio para este posible trabajo me gustaría pedirte, Agustín, que explicaras en qué país o países creees que sí ha habido un "posmodernismo en poesía", qué casos te parecen representativos y qué les falta a los autores españoles (¿puedo pedir algún ejemplo?) para ser descritos así.

    Eloy-ni-lo-intentes — 02-09-2005 19:13:48

  40. querido eloy,mi oficio es el de pragmatista, pese a que la física y la música sean dos áreas que por una cosa o por otra he de tocar, y que conozco, aunque no sea con toda la profundidad que debería al hablar de ella. Por ello te agradezco tu lección, y además el que me introduzcas en términos como el nuevo historicismo o el posestructuralismo, modos de abarcar la literatura que, por supuesto, no conozco, dado que no es el ámbito al que me dedico.
    Cuando he citado el cuento de Borges, he de decir, que lo he manipulado como me ha dado la gana. Los antólogos también hacen eso. Incluso la literatura hebrea cuenta con un código específico que se ha llegado a generificar, que se llama midrash, y que no es más que la descontextualización de un texto ( desligarlo de su contexto original) para incluirlo en otro contexto. Sigo dudando de esa posmodernidad que decís que hay en España, pero claro a base de mentarla. Tal vez, me convenza ese posmodernismo-crítico-con-la-condición-posmoderna. y que hables de un paradigma posmoderno, como horizonte de expectativas no me parece desdeñable, pero no tanto de literatura posmoderna. Le pides a Agustín que cite algún autor español. Yo, dado que presumo que no hay posmodernidad en España no te voy a citar a ninguno patrio, pero si a uno como Rafael Courtoisie, uruguayo, que junto con sus compañeros de promoción "esa generación de la dictadura" me parecen unos de los autores más interesantes que ahora mismo escriben en lengua española.

    b — 02-09-2005 19:46:46

  41. El otro día leí un artículo muy interesante en el suplemento de libros del New York Times que reproduzco porque creo que puede iluminar vuestro debate sobre posmodernismo, papás, hijos, América, provincia, nuestro retraso secular, etc. : "El desembarco de la Generación Siguiente -así llamada por los técnicos en publicidad de Mondadori- ha sido fulminante. Todo empezó con la publicación en nuestro idioma de la inquietante novela de Javier Pastor Fragmenta, que enseguida obtuvo una considerable repercusión crítica. Nadie se percató de que se trataba de una operación orquestada desde Europa. Nadie vio que había una gran cantidad de dinero detrás (envíos a prestigiosos críticos de New York y San Francisco, cadenas de e-mails, cenas con agentes y editores...). Después, en un plan editorial sin demasiados parangones, se tradujeron y lanzaron libros de Rodrigo Fresán, Eloy Fernández Porta, Javier Calvo, Robert Juan-Cantavella, Manuel Vilas, Juan Francisco Ferré; se presentaron antologías de la Siguiente Generación; se organizaron simposios en Brown y Chicago... Ese despliegue impresionante tuvo un inesperado efecto boomerang. No fue hasta entonces cuando en su propio país, aún instalado en los coletazos transicionales, se reconoció que había algo que se podía equiparar al posmodernismo internacional. Fue el avasallador impulso de esa propuesta el que provocó que libros como Soldados de Salamina o La sombra del viento hayan pasado inadvertidos por la crítica de nuestro país y no hayan pasado de una primera edición.". El artículo sigue, pero ya podéis imaginar cómo y os ahorro la lectura.

    Jorge / Jordi — 02-09-2005 21:39:34

  42. Soldados de Salamina todavía se me acerca (Esquilo fue, creo, uno de ellos) pero ¿La sombra del viento?, ¿qué es eso...? Suena a título de novela escrita por uno de esos concursantes de operación triunfo a los que abruma la complejidad estructural de "El principito". Bueno, y ahora a felicitar a Agustín por ese parto maravilloso de "Joan Fontaine Odisea". Da gusto encontrarse a un autor/a (o hautor/a, como a mí me gusta) que logre excitarnos de cintura para arriba que es lo interesante en esto de la literatura. No voy a hacer aquí una crítica (espero hacerla en otro lugar y momento que ya comunicaré a quien interese) sino señalar a botepronto algunas de las bondades que he encontrado en la obra. De momento marcar las diferencias que existen entre Agustín y Siles (tomo a éste como paradigma aunque se me ocurren ahora mismo, y sin detenerme a pensar, al menos una docena). La más notable está entre aquellos que componen el poema posmodernamente tomando aquí y allá, recuperando restos de la historia de la literatura, embalsamándolos para ofrecérnoslos como un decorado de cartón-piedra, una especie de tentetieso ante el que resulta inútil cualquier "levántate y anda"; y aquellos otros que recolectan, que funden en su laboratorio los ingredientes haciendo uso de una extraña alquimia para obtener al final un homúnculo, un monstruo hermosísimo compuesto de retazos pero con sangre fresca en las venas, dotado de vida. Ante los primeros uno se detiene como ante el cartel de un museo (yo acuñaría para ellos el término de poetas gadamerianos floridos) explicando la pieza visible tras el cristal blindado. Los segundos roban directamente la pieza. El libro de Agustín es un libro lleno de espléndidas visiones (algo raro en el panorama poético actual), de metáforas estratosféricas guiadas sin embargo por una mano inteligente (curioso, yo también tengo poemas orquestados en torno al principio de incertidumbre, a la fórmula einsteiniana y a la delta de Dirac -también como metáfora de la subjetividad-). Y aquí que me detengo.

    Dr, Javi-Mr. Hautor — 03-09-2005 02:18:32

  43. Joder, Mr Hautor me dejas gratamente de piedra. Como puedes imaginar te agradezco un montón la lectura de mi libro y tus palabras de elogio. Ya tendremos tiempo de hablar. Y me sorprende igualmente lo de que también tienes poemas articulados entorno a metáforas científicas, pero en concreto a la Delta de Dirac como símbolo de la subjetividad, del cero absoluto del yo absoluto; insisto, con esa coincidencia me dejas patidifuso. Por otra parte, vengo observando también que muchos de los mensajes aquí vertidos hablan de poemas que involucran asuntos científicos, gente que tiene mis mismas inquietudes poéticas; y es que yo creía que en eso estaba más solo que la una, lo que sólo se explica por mi casi total desconexión del mundillo poético, cosa que lamento; vengo de otras "latitudes". En fin, ya hablaremos.

    Quería comentarle a "b" que me ha encantado su alusión a Rafael Courtoise, autor que me parece fundamental para en el desarrollo de mi teoría de la Poesía Postpoética, especialmente su título Estado Sólido, un auténtico tratado de los estados agregados de la materia. Un libro de una belleza en inteligencia más que notables y que recomiendo desde aquí a todos.

    Eloy, te agradezco el reto que me propones de citarte otras poéticas posmodernas de otros países, sin duda estimulante, pero, sinceramente, no me encuentro facultado para hecerlo. Sencillamente, mis conocimientos de la poesía más allá de Pirineos no son los suficientes. Podría intentarlo pero no serían más que tópicos que tú ya conoces. Lo que sí haré, es intentar argumentar por qué creo que no existe una poesía posmoderna en la poesía española. A mi modo de ver, y puestos a investigar, tenemos que pisar tierra y comenzar por definir una serie de puntos que, como mínimo, debería cumplir la obra de un autor para considerarse posmoderna, establecer una especie de ley de mínimos, que podría irse ampliando, actuando por así por deducción más que por inducción; caso diferente al post inicialísimo de Vicente en que daba una serie de ejemplos de poetas para él posmodernos, actuando, así, en su caso, por inducción. Entonces, hasta donde yo alcanzo, y groso modo, puedo proponer las siguientes condiciones necesarias (aunque no siempre suficientes)para considerar a un autor posmoderno:
    1)Aunque el término "posmodernismo" aparece ya a princios del siglo20 de la mano de De Onís, y continuó usándose esporádicamente por más críticos (por ejemplo Charles Olson en los años 50) siempre fue en un tono puntual y peyorativo, y no fue hasta 1972 cuando en Journal of Postmodern Literature and Culture aparece como una tendencia positiva y en auge a considerar muy seriamente. Idem con el texto capital del arquitecto Venturi, Aprendiendo de Las Vegas (1972). Por lo tanto, ya de entrada habría que pensar que todo poema escrito antes de esa época no debe considerarse posmodrno pues, sencillamente, no estaba aún en le pulso de su tiempo. Lo que sí se puede hacer es rastrear autores que de alguna manera la anunciaron con anterioridad a esa fecha, pero eso no les da el rango de posmodernos. Por eso, a mi, ni el primer Montalbán, ni el primer Panero, por ejemplo, me parecen posmodernos por mucho que mezclen el pop con la alta cultura. Es una imposibilad física de lo que estoy hablando. Y más teniendo en cuenta que en aquella época en España se miaraba más a París (mayo 68) que a NY, por lo que dudo que muchos poetas estuvieran al corriente de lo que se cocía en aquellas latitudes americanas.

    2)Ser nieto de Duchamp. Hay que volver a Duchamp, examinar las aguas que mueven sus obra, y considerarlo como el legítimo bisabuelo de todo cuanto estamos debatiendo.Meter un urinario en un museo y denominarlo "obra de arte", como él hizo, abre la vía a muchas cosas, pero sobre todo al objeto que de repente deviene sujeto, deviene obra autónoma que habla por si misma y cuya conceptualización y taxonomía se nos escapa de las manos. Arte que habla de arte. Lenguaje que habla de lenguaje. Metapoeseía: asunción por parte de la poesía de que sólo puede hablar de sí misma. No existe objeto a poetizar fuera del poema. Detecto, en efecto, esto en no pocos autores, pero como no cumplen el punto 1) ya no me valen.

    3)La cita fuera de contexto y el apropiacionismo. Técnica imprescindible sin la cual no existiría corriente posmoderna alguna. En este hay más que se salvan. Sólo que hay que hacerlo bien. Hasta incluso el pastiche requiere una gran dosis de genio.

    4)Ausencia de rebeldía contra el poder establecido y ausencia de ideología. Mezcla de jubilo y cinismo. Asunción de la supremacía del juego y de la seducción frente al amor absoluto. La Política entendida como ideologías y la posmodernidad son como el el aceite y el agua, inmiscibles. Por eso un país como España, politizado hasta las cejas, en el que aún colea una guerra que la mayoría ni hemos vivido, y sobre todo un país en el que clásicamente los poetas debían ser comprometidos, dificilmente puede dar aún una corriente sólida posmoderna salvo casos aislados. Los novísimos, hijos directos del mayo del 68 son, por eso, lo más alejado de la posmodernidad que uno pueda imaginar. Neovanguardistas.

    5, y fundamental) El autor posmoderno es aquel que recoge de las vanguardias la exprimentación, pero despojándolas de su carga utópica para tomar distancia. El poema posmoderno, experimenta, y mucho, pero desde y para el puro juego, no como instrumento de teleologías. Es netamente falso decir que la posmodernidad no experimenta. Lo que ocurre es que lo hace con otro sentido e intención que las vanguardias.

    Se me ocurren, de entrada, estas 5 condiciones que me parecen irrenunciables para determinar si un autor es posmoderno o no. Cada una, aisladamente, es una condición necesaria, aunque no suficiente. La condición "necesaria y suficiente" es la suma, al simultaneidad, de las 5. Entonces, detecto autores que cumplen algunas de ellas, muchos de los que proponía al principio Vicente en su primer post, pero no detecto ninguno que las cumpla todas. O por lo menos ahora no se me ocurre. De cualquier modo, creo que serían muy pocos casos como para hablar de una poesía posmoderna española.

    Agustín Fernández Mallo — 03-09-2005 05:18:24

  44. Pero ¿es cierto lo que leo? O sea, que la poesía para ser posmoderna ha de cumplir "condiciones necesarias y suficientes". Es increible. Como cotidiano pero compulsivo lector de poesía actual, me desconcierta. Además, y esto me sorprende más, me impresiona que el arco que tensa el asunto -según decís con tosca filosofía- tenga como extremos en algún caso a Siles ("quizá el poeta más insulso del ultimo medio siglo", no son palabras mías) y a Agustín F. Mallo. Verdaderamente creo que este no es el camino, o si lo es, prefiero a los poetas actuales no-posmodernos, los que no cumplen esas 5 reglas-mosaicas: de Eduardo García a Antonio Portela, pasando por ejemplo, por Carlos Pardo, Alberto Santamaría, Josep M. Rodríguez o Abraham Gragera... y algunos otros, donde la influencia de la poesía norteamericana e hispanoamericana es muy fuerte. No sé... me sorpernde, de veras...aclaradme algo las ideas... soy un lector desconcertado

    M.L — 03-09-2005 15:24:45

  45. Bueno, en fin, ML, no te mosques tanto, es un juego (posmoderno al fin y al cabo), tómalo a coña, dale una vuelta de tuerca. Lo único que ocurre es que puestos a tipificar hay que partir de algo, de un criterio más o menos estructurado, aunque al final ese criterio se revele erróneo. Sólo eso. A ver qué piensan Eloy y otros teóricos. Ya que te incomodan, tomate esos 5 puntos como una canción dadaísta de aquellas que hacían los Siniestro Total: "juegas al palé, te huelen los pies (1981)", repetido n veces; conojuno ¿no?. Un sincero saludo.

    Agustín Fernández Mallo — 03-09-2005 15:47:45

  46. Agustín: te agradezco el calificativo de "teórico", que me queda muy grande. Creo que soy más bien un pragmático (del bombo) que ha procurado no perder del todo de vista todas estas ideas a la hora de escribir sus libros de narrativa (tres, por ahora). Y pragmáticamente digo que tu teoría de las Cinco Condiciones à la Lars Von Trier me parce sugerente, y que, además de sugerente, pasará a parecerme "útil" en cuanto vea cómo tú mismo consigues validarla usándola para hablar de textos, trátese de una literatura nacional, de una "escena literaria", de un autor, o de un libro o siquiera de un haikú. Huelga decir que ese es tu trabajo, no el mío. Yo ya he dedicado unos cuantos posts a explicar en qué sentido creo que algunos autores han captado el Zeitgeist que decía Sandra, y no porque hayan pasado una "prueba del algodón", sino porque el paradigma de lectura y escritura modernos no me acaba de funcionar con ellos -y créeme que soy el primer interesado en ver cómo una lectura "estrictamente moderna" de Siles podría funcionar. Por ahora tu propia teoría me parece estar en un estado "rabiosamente potencial", en que, según tú mismo dices, no se acaba de ver cómo se aplicaría a otras escenas literarias pero sí ves cómo no se aplica a la escena española. Me gustaría ver más, y el reto que propongo es 100% amistoso.
    M.L.: De los autores que mencionas, el que conozco mejor es Antonio Portela. Sí creo que poemas suyos como "Hay que ser absolutamente posmoderno" responden a una época, o a una "fase", en que la mayor parte de los presupuestos que se han ido comentando -inlcuidas las Cinco Condiciones de Agustín- están, de algún modo, asumidos, o se dan por sentados. No, no creo que Portela sea un "continuador de Siles"; sí diría que su tratamiento de la música pop, de las nuevas tecnologías y demás tiene un "antecedente" -quizá no "necesario", pero sí patente en términos de Historia literaria en algunos autores de la generación de Siles.

    Eloy-da-mal-ejemplo — 03-09-2005 17:59:07

  47. querido M.L., precisamente estuve a punto de poner como ejemplo de poema posmoderno uno de Alberto Santamaría, "El día que murió Joey Ramone", aunque al final me decanté por Miriam Reyes. No hay que ponerse tenso, hombre, y además tanto Carlos Pardo como Abraham Gragera podrían incluirse en la nómina, ya que cumplen casi todas las categorías propuestas (heurísticamente) por Agustín. Josep M. Rodríguez y Eduardo García, cuya obra conozco muy bien, son casos más dudosos, ya que quieren entroncar con tradiciones (la alta modernidad europea, en el primer caso, y una encomiable síntesis o "síncresis" occi/oriental, en el segundo), que les colocan en una órbita excéntrica al posmodernismo, ya que huyen conscientemente del kitsch, así que ni por ahí. No hay que alarmarse: por fortuna, las etiquetas que nos inventamos los críticos para justificar el hecho de hacer reseñas no altera el contenido del producto. Es -como los científicos Agustín y Javier bien saben- lo de la paradoja del gato de Schrödinger. Los críticos no levantamos la tapa para saber si el gato está muerto.

    Somos el gato muerto.

    (Non olet).

    vicente luis mora — 03-09-2005 19:09:06

  48. Espero Agustín, ya que me siento un poco corifeo de tu pensamiento, que estos dos poemas que cito, sirvan a tu argumentación, dado que en el momento en que los leí, entendí porque no se podía hablar de poesía netamente posmoderna en España ( y valga la contrastación de estos poemas, con cualquiera de los autores citados anteriormente por Eloy o Vicente). Creo que cumplen las cinco condiciones que has citado, que no me parecen desdeñables. Existen mejores ejemplos de esta misma autora en la compilación de su obra,ova completa.

    La antología

    ¿tú eres
    la gran poietisa
    Susana Etcétera?
    mucho gusto
    me llamo Petrona Smith-Jones
    soy profesora adjunta
    de la Universidad de Poughkeepsie
    que queda un poquipsi al sur de Vancouver
    y estoy en la Argentina becada
    por la Putifar Comissión
    para hacer una antología
    de escritoras en vías de desarrollo
    desarrolladas y también menopáusicas
    aunque es cosa sabida que sea como fuere
    todas las que escribieron y escribirán en Argentina
    ya pertenecen a la generación del 60
    incluso las que están en guardería
    e inclusísimamente las que están en geriátrico
    pero lo que importa profundamente
    de tu poesía y alrededores
    es esa profesión –aaah ¿cómo se dice?–
    profusión de íconos e índices
    ¿tú qué opinas del ícono?
    ¿lo usan todas las mujeres
    o es también cosa del machismo?
    porque tú sabes que en realidad
    lo que a mí me interesa
    es no sólo que escriban
    sino que sean feministas
    y si es posible alcohólicas
    y si es posible anoréxicas
    y si es posible violadas
    y si es posible lesbianas
    y si es posible muy muy desdichadas

    es una antología democrática
    pero por favor no me traigas

    ni sanas ni independientes.

    *
    20-V-1985



    canto nupcial (título provisorio)

    me he casado
    me he casado conmigo
    me he dado el sí
    un sí que tardó años en llegar
    años de sufrimientos indecibles
    de llorar con la lluvia
    de encerrarme en la pieza
    porque yo —el gran amor de mi existencia—
    no me llamaba
    no me escribía
    no me visitaba
    y a veces
    cuando juntaba yo el coraje de llamarme
    para decirme: hola, ¿estoy bien?
    yo me hacía negar

    llegué inconcluso a inscribirme en una lista de clavos
    a los que no quería conectarme
    porque daban la lata
    porque me perseguían
    porque me acorralaban
    porque me reventaban

    al final ni disimulaba yo
    cuando yo me requería

    me daba a entender
    finamente
    que me tenía podrida

    y una vez dejé de llamarme
    y dejé de llamarme
    y pasó tanto tiempo que me extrañé
    entonces dije
    ¿cuánto hace que no me llamo?
    añares
    debe de hacer añares
    y me llamé y atendí yo y no podía creerlo
    porque aunque parezca mentira
    no había cicatrizado
    solo me había ido en sangre
    entonces me dije: hola, ¿soy yo?
    soy yo, me dije, y añadí:
    hace muchísimo que no sabemos nada
    yo de mí ni mí de yo

    ¿quiero venir a casa?

    sí, dije yo

    y volvimos a encontrarnos
    con paz

    yo me sentía bien junto conmigo
    igual que yo
    que me sentía bien junto conmigo
    y así
    de un día para el otro
    me casé y me casé
    y estoy junto
    y ni la muerte puede separarme .
    Susana Thenon,
    Ova completa.


    b, dos poema posmodernos. — 03-09-2005 21:00:15

  49. Ante todo, muchas gracias a b por sus recomendaciones y oportunas aportaciones al juego. Esta última me parece estupenda. No conocía a a la autora, y su lectura me hace pensar que me faltan -siempre me faltarán- criterios y casos para acabar de definir el mapa.
    Cuando digo que "me faltan criterios", el discurso sobre la Falta presupone necesariamente un Otro conocebido como Aquel-que-tiene-cosas o Aquel-al-que-le-faltan-menos-cosas. Lo mismo sucede con el discurso sobre las Faltas de la literatura española (a la Historia de España le faltan ciertas cosas; a la literatura española, algunas otras; a sus poetas, algunas condiciones para ser
    considerados "netamente posmodernos";e incluso cuando las cumplen todas, como decía Agustín, les falta un número suficiente para configurar una escena digna de tal nombre). El Otro-al-que-no-le-Falta-tanto se puede definir por vía empírica (en mi ciudad faltan cosas que están en Berlín) o por vía mítica (a mi ciudad le faltan cosas que están en Eldorado). Hasta donde yo puedo ver, la opción escogida por Agustín es la mítica: se da por sentado que ahí afuera, en alguna parte, debe existir una escena posmoderna digna de tal nombre. No se entienda aquí "mito" por oposición a "razón": el Mito de la Posmodernidad elaborado por Agustín se levanta sobre una larguísima y razonada serie de discursos y consideraciones, con frecuencia más "lógicas" que las de mucha gente que "se cree posmoderna". Lo que voy a hacer aquí no es "llevar la contra", sino simplemente apuntar que, a falta de leer sus poemas, entiendo su postura como una de las posiciones posibles de "salida de la posmodernidad", y que veo equivalentes en otros lugares. El Mito del Posmodernismo Exterior está muy presente en las instalaciones de Rafael Lozano-Hemmer, que emplea fachadas de edificios históricos de la Ciudad de México para superponer a ellas filmaciones de otros edificios "que no están ahí" -a la vez que superpone al "clasicismo local" mexicano una tecnología concebida como "exterior a él".
    Por otra parte, en cualquier "escena" que conozca existe la figura del escritor o escritora que, siendo habitualmente definido como "posmoderno", no acepta que exista una posmodernidad en su país, o se muestra muy renuente ante ese discurso, o responde crítcamente a él. En Cataluña esa postura la representa Miquel de Palol, que, si bien podría ser leído en términos análogos a los que se usan para leer a Màrius Serra o a Quim Monzó, ha decidido marcar las distancias con ellos; en Inglaterra, Christine Brooke-Rose; en Estados Unidos, Lydia Davis. No sabía (me faltaba saber) quién la representaba, con conocimiento de causa) en España; ahora lo veo. Aquí diría que aunque "personalmente" estoy en desacuerdo con la posición de Agustín, en cambio, "teóricamente" no me escucho a mí mismo decir que estoy en desacuerdo, porque me parece que el Mito de la Posmodernidad Exterior es un factor decisivo para la configuración de la idea misma de, etc.
    Sobre Susana Therón, que acaso tenga lo que nos falta. Su ingenioso y divertido poema puede ser leído de varias maneras, según parece. Petrona Smith-Jones lee en su poesía la presencia de la mujer como víctima, y no quiere leer en ella a la mujer independiente. B, por su parte, comprende en su poesía que "no se puede hablar de poesía netamente posmoderna en España", y también parece decir, parafraseando los últimos versos, "por favor no me traigas / poetas españoles históricamente sanos ni independientes de otras literaturas". Amigo b, me cuesta decidir cuál de las dos lecturas me parece más perversa. En cierto modo prefiero la tuya: aunque también lleva mucha ideología (no feminista, sino de progreso) y también ve en el texto algo que manifiestamente no está en él, resulta más imaginativa. Nuevamente: no estoy de acuerdo, pero asiento "teóricamente" ante el hábil gesto de reapropiación y sobrelectura; como tú mismo dices, las antologías también hacen esto.
    No voy a intentar ver en el poema lo que b dice que no se ve. Me limitaré a decir que, si en una primera lectura, el poema me parece "reconocible" es porque la forma-informal que usa (el poema discursivo concebido como monólogo, elaborado por medio de la "prosa recortada" y con saltos desde la oralidad hasta el inconsciente, en los versos finales) me resulta familiar, aunque sólo sea por leer de vez en cuando poesía española, catalana, y de otros sitios. También me resulta familiar la reconsideración acerca de la identidad de género y los "modelos de género", incluidos los creados por el feminismo; me hace pensar en Ana Rossetti, por ejemplo, y, más recientemente, en la antología de diez autoras locales "La verdadera historia de los hombres", que sin duda tiene uno de sus hilos conductores en esa reconsideración. Por último, también "me suena" la inclusión de criterios de teoría literaria dentro del poema, y me hace pensar que, en la historia de la metapoesía en la posmodernidad, se da una "transformación" que podría ir desde el uso de criterios epistemológicos que cuestionan el estatus literario y el modo de lectura del poema (en Guillermo Carnero, en L.M. Panero) hasta
    el uso de criterios de polítca literaria que sacan a la luz el carácter prosaico del "mundo literario" (en Roger Wolfe o en la poesía satírica de tema literario recientemente compilada por Eduardo Moga en su antología "Los versos satíricos). Y me atrevería a decir que el primer paso es más propio de los años setenta (posmodernidad-como-cuestión-de-escritura-y-archivo) y el segundo, de los noventa (posmodernidad-como-cuestión-de-mercado-y-dinero).
    En fin, que no tendría inconveniente en reconocer el poema de Théron como un ejemplo excelente de todo este tipo de poesía, de no ser porque en la condición 2 se señala que un país "politizado hasta las cejas" donde "la poesía comprometida es muy importante" tiene escasa capacidad para constuir una escena posmoderna, y temo mucho que la Argentina donde vivió Terón, que vio suceder dos períodos de perionismo y la Dictadura de los Generales, parece responder a esa descripción - y no la salva una Ilustración internacionalmente influyente, ni otras lindezas históricas.

    Eloy-cogido-en-falta — 04-09-2005 18:52:42

  50. No sé nada sobre poesía posmoderna, pero sí he leído algo que os puede interesar, creo.
    1. La posmodernidad en Argentina ha sido estudiada abundantemente por Beatriz Sarlo. Algunos de sus libros se encuentran en España. Por internet se puede empezar a buscar en www.bazaramericano.com
    2. Uno de los libros de poesía argentina reciente más importantes es "Potlatch" (Interzona, 2004), de Arturo Carrera, que precisamente explora el tema del dinero y la infancia, desde una altísima conciencia lingüística (sin ella no hay poesía; sin leer poesía, tampoco; sin entenderla, tampoco). Un botón de muestra:
    EL ESCRIBRA ESCRIBÍA

    muñeca
    mu ñe ca
    ñe ñe

    chuño moñito pañal
    pañuelo araña ñandú

    SUEÑO FELIZ
    Lidia Tuñón soñó que Evita le mandaba una muñeca.
    Le contó a ella su sueño en una carta y a fin de año tuvo la muñeca soñada.
    Desde entonces Lidia es muy feliz.
    3. Sobre posmodernidad y compromiso como vasos comunicantes no hay más que ver la obra de Juan Gelman. También la sociedad española está fuertemente politizada. Eso no evita que muchos escriban como si la música no fuera con ellos.
    4. Otra oportunidad para revisar el tema de la posmodernidad argentina es la reciente edición de los poemas de Osvaldo Lamborghini (1969-1985), al cuidado de César Aira (Sudamericana, 2004). Y en general, lo que Aira considera su grupo afín (Pizarnik, Copi...).

    Jordi / Jorge — 04-09-2005 21:35:15

  51. Me salgo del tono último de los comentarios para volver a una dimensión más teórica, o filosófica, del debate general. Me mueve a ello una declaración sorprendente de Bruno Latour, un pensador del que suelo disentir, pero con el que ahora, en lo referente a la posmodernidad, no puedo más que concordar. Latour, en un artículo titulado “Why Has Critique Run out of Steam? From Matters of Fact to Matters of Concern”, (Critical Inquiry 30, winter 2004, p. 227), hace referencia a que no hay ningún suelo seguro para el criticismo, sí, pero... "¿no era eso justo lo que el criticismo quería decir, que no hay ya ningún suelo seguro?" Anotando su propia opinión, cita un libro de Noretta Koertge (ed.), titulado A House Built on Sand: Exposing Posmodernist Myths about Science (Oxford, 1998). En él se insiste en el tópico de las arenas movedizas para explicar la inestabilidad metodológica (y epistemológica, y metafísica, y...) que caracterizaría la posmodernidad. Latour critica a estos autores porque (como Habermas, a quien no cita), intentan "reingresar en el sólido castillo del modernismo", o de la modernidad, mientras que él (y yo me apunto) intenta seguir hacia lo que llama, "a falta de término mejor, Nomodernismo". Ojo al neologismo, porque Latour conoce perfectamente el de posmodernidad y, sin embargo, prescinde de él de manera tan consciente como taxativa. En principio, parece que se trata sólo de pasar de la tierra de nadie de la Posmodernidad a las "bad lands" de la Nomodernidad. Pero no es así: una Nomodernidad implica la consciencia de que hay "algo" que ya no es, puramente, el agotamiento o la exasperación del contenido cultural de la Modernidad. Dicho en términos literarios: habría ya otro camino, otro futuro, otra tierra (movediza, pero caminable), que no sería ya la de la "literatura del agotamiento" de John Barth. En muchos de los post anteriores he detectado una postura reacia hacia el mismo término Posmodernidad, unas veces por considerarlo inexacto, otras por odio a cualquier etiqueta. Pero, ¿no sería plausible este término, que es abierto por naturaleza y se constituye como una irónica No-etiqueta?

    De vez en cuando (podéis verlo en un desgraciado comentario que está por otra parte del blog), se me considera una especie de Defensor de la posmodernidad, o el no va más del posmodernismo. Si se consulta la nota final de "Circular" (Plurabelle, 2003), se puede ver claramente mi alergia a ser considerado un escritor (o un teórico) posmoderno. Allí combatía con las palabras; en "Construcción", que sale ahora, espero haber pasado a los hechos. Estudio y seguiré estudiando la Posmodernidad como lógica cultural de un capitalismo tardío o ultracapitalismo, por necesidad de ajustar las obras literarias al Zeitgeist de su tiempo (y la posmodernidad es ese espíritu popular, sin duda), pero creo que hay posibilidad de luchar contra el tiempo de uno, y creo como crítico literario que las voces más válidas de todas las épocas y culturas son aquellas que dispararon contra su tiempo, bien por adelantarse al mismo (Cervantes, Joyce, el Borges de los cuentos), bien por volverse deliberadamente anacrónicos (Wilde, Thomas Mann, el Borges de los poemas).

    La posmodernidad, a partir de la carta fundacional de Lyotard ("La condición posmoderna", 1969), se ha caracterizado por abarcar cada vez más amplios campos (primero ciencia, luego arquitectura, filosofía, etc., llegando a alcanzar en la obra de Frederic Jameson las dimensiones de una cosmovisión) hasta anegarlo todo con su espuma, retroalimentándose de modo tal que llega a aplicarse retroactivamente, a temas y autores que nada tenían que ver con ella en su esencia o que incluso la hubieran contradicho de conocerla, como Borges. Lo postmoderno es lábil y vacuo desde su frontispicio, la terminología: al utilizar el término post-modernidad queda claro, como dice Saul Yurkiévich, que “sólo lo moderno parece identificarse por sí mismo”. José Luis González Quirós pone en duda la frase de Vattimo según la cual "es mejor ser posmodernista que no ser nada"; en realidad, la distinción no es válida, por cuanto ser posmoderno no garantiza no ser nada también; y lo mejor para demostrar lo contrario, que se es algo; lo mejor para superar de una vez por todas el posmodernismo, es ser "alguien": intentar la diferencia, ser el Otro si no se puede ser uno (o el Uno), atacar la alergia a los grandes relatos, perseguir un pensamiento válido por sí mismo y no sustentado por la mera forma de expresión, por la écriture filosofemática. La solución, por tanto, no es la que plantea Habermas, volver a la modernidad inconclusa que la posmodernidad vino a cerrar en falso, sino superar ambos modelos. También Francisco León y Alejandro Krawietz en su prólogo a "La otra joven poesía española" (Igitur, 2003), sostenían la posibilidad habermasiana. No se trata de cegarnos por las luminarias de la globalización icónica, ni de solicitar, como el agrimensor K., el reingreso en el Castillo (¿de Axel?). Hay una tercera vía, pero no está en medio, sino hacia delante. No podemos ni defender acríticamente la máquina, como Marinetti, ni combatirla de manera cerril, como William Morris; más bien, se trata de ver qué puede hacerse con este mundo en el que la máquina es tan incuestionable como el capital o la prisa, y lograr que la escritura sea la descripción adelantada de ese futuro alternativo.

    Y si su estilo literario, con/fundido con una postura intelectual crítica, se llama "Nomodernismo", pues vale. Al menos, queda claro lo que no es.

    vicente luis mora — 04-09-2005 23:00:19

  52. Me había descolgado del debate por razones ajenas a mi voluntad y ahora resulta difícil contestar a todas las cuestiones que han ido surgiendo. La verdad es que no sé como abordar el tema de forma concisa y constructiva para que pueda continuar el debate. Quería apuntar algo respecto a un tema propuesto por Eloy y que quedó pendiente hace unos post. Partamos de Wittgenstein, como hace Agustín: “El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”. Esto lo entiendo yo, aplicado al caso de la obra y su contexto, del siguiente modo: no hay un significado previo al poema (o al lenguaje en general) sino que se genera al inscribirse en un contexto determinado. Bueno, no le doy más vueltas a esto que parece que todos asumimos y vamos a ver si Siles también lo entiende así:

    SIN

    Sin signos.
    Sin idioma.
    Sin final.
    Tal cual a ti
    en ti
    nada te cambia.
    Lo anterior a tu voz,
    eso es el mundo.

    De "Biografía sola" 1971

    También se puede traer a colación el poema Pasos sobre el papel de “Himnos tardíos”, donde el poeta insiste en la mudez que resta detrás de las palabras, lo que yo asocio más a una tradición vinculada a la exploración del silencio de todo lo que el lenguaje no alcanza a nombrar más cercana al Wittgenstein del Tractatus que al de las Investigaciones (y que, por otra parte, es la de una parte importante de la poesía española de los últimos tiempos). Bueno, yo no quiero quitarle a Jaime Siles su “condición” de posmoderno. De todos modos a mí, hasta dónde le he leído (que tampoco es tanto) no me interesa su trabajo, aunque “Tinctus colore noctis” y la interpretación que aquí se propuso me parecen interesantes. Se le puede dar una vuelta de tuerca más al argumento wittgensteiniano y decir que, como sugería en un antiguo post, una corriente literaria no existe antes de su denominación y que no teníamos Novísimos hasta que los inventó Castellet (que es lo que, más arriba, venía a afirmar b). Si la posmodernidad no es un periodo histórico, sino un modo de “leer” y “contar” la historia, tal vez la posibilidad de realizar una antología fiel a todos esos presupuestos que han ido surgiendo no sea la de componer una antología de autores “posmodernos”, sino una antología cuya lectura de los acontecimientos literarios sea posmoderna. Lo contrario no deja de ser sino más de lo mismo: una lectura materialista de la Historia con sus tesis, antítesis y síntesis. Por otra parte, Vicente, lo de que exista una tercera vía que “no está en medio, sino hacia delante” lo veo, no únicamente difícil, sino peligrosísimo. Para eso prefiero, a todas luces, la vía explorada por la Escuela de Frankfurt que, a pesar de ser netamente moderna, integra en sus presupuestos la tradición de una vertiente de la modernidad que fue capaz de realizar un ejercicio de autocrítica y de valoración de sus propias contradicciones. Como el tema es complejísimo, mejor lo dejo aquí...

    Sandra Santana — 05-09-2005 17:50:47

  53. Corto y pego un fragmento del último post de Sandra:
    <<Si la posmodernidad no es un periodo histórico, sino un modo de “leer” y “contar” la historia, tal vez la posibilidad de realizar una antología fiel a todos esos presupuestos que han ido surgiendo no sea la de componer una antología de autores “posmodernos”, sino una antología cuya lectura de los acontecimientos literarios sea posmoderna. Lo contrario no deja de ser sino más de lo mismo: una lectura materialista de la Historia con sus tesis, antítesis y síntesis.>>

    Eso es perfecto. Lo suscribo 100% y creo que has conseguido sintetizar en pocas palabras el asunto que subyace en el fondo de estos ya cincuenta y pico post. Pero la segunda parte a esa gran verdad es la siguiente: escribir un poema es, en cierto modo, también "releer" todo lo ocurrido hasta entonces, incluso releerlo de forma posmoderna si se da el caso. Situados en ese punto, es decir, el punto de "poemas que se escriben desde una lectura posmoderna de la historia", sí que se podría, teóricamente, llegar más o menos a discernir qué autores son posmodernos o no, porque la relectura de por ejemplo, San Juan de la Cruz que implícitamente puede haber en un poema posmoderno distaría mucho de la que hubiera hecho un tipo de épocas anteriores. Si en arquitectura, música, artes plásticas o cine, es posible hacer una nómina de autores más o menos posmodernos, no veo por qué en la poesía no podría, teoricamente, en caso de existir, confeccionarla. De la misma manera que puede decirse que Tarantino o Peter Greenaway (gustos aparte, ojo) responden a un cine posmoderno porque, a mi modo de ver, cumplen aquellos teóricos 5 puntos que yo enuncié (provionales y quizá tontos), y José Luis Garci no porque es un neoclásico, o Fernando León de Aranoa tampoco porque es un "realista", aunque todos sean contemporáneos entre sí, de la misma manera, decía, podríamos llegar a discernir si existen poetas posmodernos en España. Lo que pasa es que para eso hay que saber mucha literatura, y yo, desgraciadamente, no sé tanta, o por lo memos hasta ese punto. Lo único que digo es que hasta donde yo alcanzo, como lector, no he encontrado una corriente perfectamente identificable, aunque sí fragmentos, pero siempre de forma puntual, sin mucha continuidad, y que no creo que puedan constituirse en corriente. Pero ya digo, sólo soy un lector, no un estudioso. Pero lo que sí tengo muy claro es que antes de ponerse a buscar autores posmodernos, o barrocos, o simbolistas, o clasicistas, o lo que queramos, tenemos antes que determinar qué conjunto de mínimos deben cumplir. Si no, es como intentar sacar el agua del mar a cucharadas, o intentar representar una curva continua en un plano pintando punto a punto: entre dos puntos siempre habrá inifinitos puntos.

    Ahora bien, creo que estamos de acuerdo en que existe otra óptica que aunque se sale del marco que estamos aquí debatiendo, en principio, alguien podría argumentarla como plausible: autor posmoderno es aquel que ha vivido y creado en un intervalo determinado del siglo20. Esta visión viene a decir que no se es posmoderno, o barroco, o medieval en sí, por sí mismo, sino que se es en base a las relaciones que se establecen entre el objeto artístico (o no artístico) y su entorno. De esta manera, una casa construida, por ejemplo, en 1930 pero con arreglo a la estética (por exagerar) renacentista, sería no obstante una casa tan moderna como las que pudiera hacer en 1930 Le Corbusier, porque las relaciones que se establecen, el feed-back, entre esa casa renacentista y su entorno moderno provocan otra lectura de la misma casa, otro uso. De la misma manera, un indio comanche que hoy viviera siguiendo su propia tradición en las momtañas americanas sería tan posmoderno como un ciudadano de Las Vegas. En este sentido, cualquier poeta que escriba y publique hoy, sea del pelaje que sea, podría considerarse posmoderno, nomoderno, trasnmoderno, o como demonios queramos llamar a esta época en que nos ha tocado vivir. Un saludo.
    PD: he introducido mi imeil en su correspondiente campo, aunque no sé muy bien para qué sirve en este contexto

    Agustín Fernández Mallo — 05-09-2005 19:45:47

  54. Recojo estos párrafo del artículo "El Pop de plata", de Eloy Fernández Porta, publicado hoy (14/09/2005) en el suplemento "Culturas" de La Vanguardia, por tener aspectos lindantes con la discusión pacífica que sostenemos:
    "La métrica de la viñeta La poesía española de principios de siglo se está configurando, en su vertiente más renovadora, como una poderosa instancia de análisis y crítica del pop. La efusión de libros que abordan, como tema lírico, la cultura globalizada de la imagen y el consumo, puede explicarse a partir de varios factores. En primer lugar, la crisis que sufre el logos del lenguaje en la era del complejo informativo visual: la palabra ya no es límite del mundo, sino más bien exégesis de la imagen. La poesía más reciente no es insensible a este fenómeno, y lo refleja por medio de una inflexión menos formalista, menos metalingüística: por primera vez en mucho tiempo, vuelve a hablarse de temas poéticos, y no sólo de sentido de la lengua. En este contexto, la idea de la poesía como conciencia ahistórica y autotélica es cuestionada en favor de una concepción del hecho poético como goce y discusión de nuestra vivencia de la sobreaceleración tecnológica. Si pensamos, por ejemplo, en Pessoa y sus heterónimos como piedra de toque de la actualidad literaria, diríamos que hoy el pastor Alberto Caeiro ha sido eclipsado por el futurista Álvaro de Campos. En el marco de la tradición española un tercer factor a considerar es la influencia, aún muy presente, de la estética novísima, que incorporó al repertorio lírico motivos tales como la imaginería del cine negro (Gimferrer), las nuevas modalidades del gótico (Leopoldo María Panero) o los sonidos del twist y el blues - en la obra temprana de Montalbán, quien cantaba, con fervor polisémico y culé, "tots som pops, tots som pops/ la victòria ens crida a tots"-. Finalmente, habría que hablar de un cambio generacional y estético protagonizado por varios autores nacidos entre mediados de los años setenta y principios de los ochenta, y del que dan fe algunas antologías recientes, como La verdadera historia de los hombres de David González y Nacho Escuín o Andalucía Poesía Joven de Guillermo Ruiz Villagordo.

    Uno de los autores incluidos en esta última compilación, Raúl Quinto (...) El uso de los cómics como objeto poético es una constante dentro de esta nueva sensibilidad, que se extiende desde los versos de Luis Alberto de Cuenca, con su tiempo de reloj de Tintín, hasta el soneto a Corto Maltés de Álvaro Tato, pasando por la oda al Capitán Marvel de Rafael Ramírez Escoto, y llegando hasta los superhéroes desmoronados de Quinto. Todos ellos configuran un modo literario que cabría llamar el pop de plata, y que consiste en una recuperación sentimental del imaginario mítico o épico, tensada entre la ironía y la nostalgia y formulada en un estilo elevado, narrativo y, con frecuencia, monumental, que recicla los metros clásicos y los integra en el poema discursivo posmoderno. Plata que ilumina las noches noir de Gimferrer; "sueño en la frente de plata" de Silver Surfer, cantado por Tato: los iconos de la cultura de la imagen configuran así una épica de segundo grado que se revela como la única forma de recuperar el estilo trascendental cuando el mito y la grandeur se han convertido en... bueno, lo que el vulgo llama tebeíllos y usted - modernísimo lector/ mon semblable/ mi hermano/ qué passsa neeeeeeng- conoce como Comic Art.

    ¿Demasiado clásico para ser poppy? No: en realidad, el pop de plata constituye una más de las modalidades de estilo sublime enmarcado en la cultura pop, bogando entre la Escila del kitsch y la Caribdis del passatismo, entre la celebración de la herencia (De Cuenca: "¿qué haría yo sin mis tebeos?") y su problematización (Quinto: "mi rostro es liturgia de otros dioses")."

    vicente luis mora — 14-09-2005 17:46:38

  55. Extracto de El Pais de hoy (23/09/2005), sobre el aterrizaje forzoso en Los Ángeles: "El piloto, según han contado después los pasajeros, usaba el tono anodino más habitual. Fue entonces cuando algunos descubrieron que el Airbus A320 de JetBlue ofrecía televisión por satélite en directo en las pantallas individuales. Y en las cadenas informativas la imagen permanente era la suya: podían ver su avión, el avión en el que estaban, con la rueda torcida, mientras expertos en aviación hablaban sobre las posibilidades de que el aterrizaje de emergencia se convirtiera en una catástrofe. 'No podíamos creernos la ironía en la que estábamos metidos: íbamos a asistir a nuestra propia muerte retransmitida por televisión. Era todo demasiado posmoderno', contó luego la pasajera Alexandra Jacobs a la CNN."

    vicente luis mora — 23-09-2005 12:05:41

  56. un apunte "domestico-cotidiano" despues de tanto posmodernismo literario : cariño, ¿que quieres que te regale por tu cumpleaños?.
    Disculpad la interrupción.

    angelita-fuera-de-contexto — 23-09-2005 13:54:09

  57. Me temo que Agustín Fernández Mallo se ha cargado, en cierta forma, el debate sobre posmodernidad, con su libro "Joan Fontaine Odisea", cuya crítica voy a colgar en breve. Os transcribo uno de sus poemas:


    75.

    Desde una mística moderna,
    pides un día más y una voz
    igual a la tuya te dice No.
    Era éste el sentido de la vida, ir hacia la muerte
    en busca de tu propia analogía,

    hasta una mística posmoderna,
    hubiera preferido ser,
    antes que alma en tránsito
    que la muerte reducirá a química repetida

    objeto repetido de supermercado
    y en un ready-made obtener el alma.

    pero en medio la mía
    tus dedos códigos de barras
    entre flashes de pasarela
    0 y 1 en un mismo
    estallido de tus huesos.


    Eso que agustín llama "la mía", esa mística ya fuera de la posmodernidad, es lo que habría que comenzar a examinar.

    Un saludo,

    Vicente

    vicente luis mora — 29-09-2005 14:25:48

  58. Sin embargo, contradiciendo lo que he dicho antes, creo que la aparición de esta "tercera vía" junto a los resabios modernistas y lo que sea que comience a existir tras la posmodernidad, me niego a dejar de lado la cuestión que nos viene trayendo por aquí. Esto es: la existencia de una "auténtica" posmodernidad (si es que esto no es una contradictio in terminis, pues buena parte de lo posmoderno está encaminado a la destrucción de los valores de verdad y autenticidad) en la lírica española publicada con posterioridad a 1980. Aunque ahora no tengo tiempo, a ver si la semana que viene sí, voy a plantear algunos textos que considero claves para fijar los términos de ese debate. Entre ellos, este poema de Francisco Fortuny, publicado en "Cielo rasante" (Pre-Textos, 1992, p. 8). Hay que hacer notar que este poemario, donde se juega varias veces con la métrica tradicional castellana, ironizando a partir de esquemas estróficos muy conocidos, es un año anterior a la publicación de "Además", de Luis García Montero. Ya explicaremos lo que esto significa. El poema de Fortuny dice así: "mantener la postura propiamente: / ser discreto, normal, que ningún tic / delate mi escondite entre la gente: / ser como un grillo que ni diga cric. / (pero en el fondo, ¿no sería imponente / ser tan tremendo como Moby Dick?) // nadie note que existo y que tranquilo / me dejen con mi copa en algún pub / olvidarme de mí. Tal es mi estilo: / ahogarme en suaves tragos -glub glub glub. / (aunque en el fondo, no me tiene en vilo / ser tan amado como el Disney Club?) // control, control, control: que esa conquilla / de la violencia no me oblicue el fiel: / ved como ningún gesto me mancilla: / no pierdo los papeles, o el papel. (mas si los pierdo, ay Dios, qué maravilla / zurrar tan duro como el Club Marvel)". Algunos de los registros aquí utilizados, sobre todo en lo tocante al uso irónico de la rima, ya estaban utilizados por el postismo, sobre todo por Carlos Edmundo de Ory, y aun antes. Pero hay una sustancial diferencia en cuanto al contenido del poema y los poemas modernos que intentaban esta mezcla de lo privado y de lo público. Agustín Fernández Mallo, en sus apuntes colgados en este blog, suele denominar a este tipo de poesía neovanguardista, cuando lo que es neovanguardista es precisamente el postismo que este poema recoge o imita para superar, disuelta ya la ironía moderna en la ironía débil, ideológicamente desactivada, del posmodernismo. Si leemos cualquiera de los excelentes ensayos de Jaume Pont sobre el postismo, vemos que este movimiento poético tenía no poco de carga de profundidad contra el estado de cosas, social y literario, del momento. También, hablando de Gabino Alejandro Carriedo, destacó ese factor Martínez Sarrión, creo recordar que en un artículo de la revista Barcarola. No queda nada de eso en el poema de Fortuny. Hay una relajación total hacia cualquier tipo de trascendencia, de hipotexto, de necesidad de sentido. Como dice Frederic Jameson, "creo que debemos hablar ahora del alivio de lo postmoderno en general, de la estruendosa desobstrucción de impedimentos y de la liberación de una nueva productividad que al final del período moderno estaba tensa y congelada, bloqueada como un músculo agarrotado" (Teoría de la postmodernidad, Trotta, 1996, p. 235). Este poema de Fortuny está construido, estructural y discursivamente, como un "alivio", en ese sentido. Por si esto fuera poco, están claras la ironía constituyente (en fondo y forma), el juego con los conceptos de alta y baja cultura, la aparición de los iconos de la comunicación de masas, del cómic, de los espacios urbanos de la cotidianidad, de la carencia absoluta del "angst" moderno. Todo el libro de Fortuny camina por esa vía, aunque este es quizá el poema más sintomático, más posmoderno de todos.

    Otro día seguimos, con más poemas en la misma tónica.

    vicente luis mora (+ posmodernidad) — 08-10-2005 12:24:03

  59. Gracias, Vicente, por tu apreciación, sin duda interesante y enriquecedora. No obstante, aún poniendo por cierto que pueda considerarse a ese poema de Fortuny como un buen candidato a ser incluido en una antología de poesía posmoderna en España, ¿crees que ese ejemplo, ese poema, justifica la introducción de ese poeta en conjunto en esa supuesta nómina de autores posmodernos? No sé si este otro poema perteneciente al mismo poemario podría igualmente incluirse; quizá no:

    De nuevo has procurado mi desdicha
    y otra vez me has dejado en tenguerengue
    al filo de tu morro en que el merengue
    de tus babosas vísceras sin chicha

    afean el aire: exponen tu blandengue
    inmundicia interior: ¿no te encapricha
    mi vida mucho ya, so inmunda Bicha?
    ¿y donde vas con tanto blando dengue?

    Llegará el día en que podré pincharte
    con arma mala que te parta el pecho
    y te raje en medidas de chuleta.

    Así la podredumbre de tu arte
    fatal, fértil hará todo el barbecho
    desértico que has hecho del planeta.


    Parece un cuento popular, una cancioncilla arcaica, ironizada, sí, y ahí he de admitir que hay experimentación, pero ¿a qué tanto ironizar el pasado si no asienta una propuesta sólida en el presente? Yo no creo que ironizar con las rimas, con las estructuras métricas, o con el lenguaje arcaico dé para tanto. Es un juego que termina pronto, muy pronto, y está tan visto que rápidamente cansa. Sólo hay que ir a cualquier fiesta popular de cualquier pueblo que se precie de potenciar lo arcaizante para ver ese tipo de espectáculos en los que jóvenes disfrazados del medioevo glosan cantares satíricos, irónicos, o de escarnio de ese mismo tipo entre tambores, flautines y zambombas. A lo mejor me confundo, pero no creo que eso sea una poética muy posmoderna.
    Por otra parte, aún admitiendo que aquel poema que tú citaste estuviese en la supuesta nómina posmoderna por todas aquellas razones que bien aduces en tu post, lo veo un poema tan débil en ese sentido, tan tímido, tan una revisión del postismo, una mera actualización, que yo no sé si se ajustaría a los supuestos preceptos de esa también supuesta antología de poesía posmoderna. Juguetón, sí, pero no mucho más que eso. (Aunque en su estilo, en la corriente que el propio poema defiende, sea un buen poema; nada tiene que ver una cosa con la otra).
    Recuerdo, además, que yo en ningún momento he sostenido que no existan autores que puntualmente elaboren piezas, digamos, posmodernas; sino que no existen un número suficiente de casos para configurar una corriente sólida que así pueda llamarse.

    agustín fernández mallo — 10-10-2005 19:49:35

  60. El posmodernismo es don Ramón López Velarde y doña Gabriela Mistral. Ya lo dice la palabra: pos-modernismo, lo que viene después del modernismo.

    Serafín — 16-10-2005 11:48:40

  61. EL FIN DE LATERAL
    Desgraciadamente, la revista Lateral, cierra sus puertas. Con ella desaparece uno de los pocos lugares en soporte papel y con gran difusión que ejercían con independencia esa cosa que damos en llamar, más o menos y casi siempre mal, Cultura. No está de moda ser políticamente incorrecto y dar cabida a escritores de todas las razas y opiniones. Una lástima.

    Se puede leer el último número, gratis, en la página:

    http://www.lateral-ed.es/

    en la que algunos vertemos opiniones sobre el estado de la poesía.

    Los que empezamos a publicar casi al mismo tiempo que dio comienzo Lateral sabemos lo mucho que ha hecho para que se gestara todo un movimiento rico y heterogeneo de poetas, novelistas y ensayistas, de ambos lados del Atlántico, que en otras páginas eran, por motivos diversos, rechazados. Hay mucho que agradecer a su director y fundador Mihály Dés, a su primer coordinador Jorge Zentner, y a tantos que han pasado y aún estan en su redacción.

    Agustín Fernández Mallo — 13-01-2006 17:53:16


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