¿Un poco de canon? Recomendaciones para no leer (y para leer)
Buenas. He estado un poco perdido, sin leer demasiado y entregado a la gestión cultural. El mundo no es mejor por ello, pero al menos, como dice una de las protagonistas de Mujeres desesperadas, hablando del matrimonio, nos quedan las cenas -con escritores amigos-. De lo último que he leído os recomiendo J. M. Pozuelo Yvancos, Narrativa y Posmodernidad (Centro de Profesores y Recursos de Cuenca, 2005), y Chuck Palahniuk, Error humano (Mondadori, Barcelona, 2005). Este último es un divertido y ameno conjunto de artículos donde podemos asistir a un despliegue de las obsesiones (en general, bastante perversas) de Palahniuk. Sirve como retrato generacional de los escritores de su tiempo y, sobre todo, de sus lectores. En el "Mapa 7.0", celebrado la pasada semana en Córdoba, se estuvo hablando de literatura norteamericana última y, al menos Julián Jiménez Heffernan y yo estuvimos claros al hablar de su escaso interés. Corrijo: mucho interés en el sentido de ser lecturas simpáticas, llenas de freaks, pero el efecto es el mismo de las películas de la serie American Pie: "cómo se atreven", y luego, tras un bostezo, a hacer otra cosa. Desde el punto de vista literario, la mayoría de estos libros son nulos. Su interés sociológico es inversamente proporcional al estético. Se lo decía a mis amigos Eloy Fernández Porta y Juan Francisco Ferré, especialistas en estos temas y que también estuvieron en el Mapa: los leo con gusto, pero, como escritor, no puedo aprender absolutamente nada de ellos. Al menos, en el caso de Palahniuk, hay un punto de observación crítica con el que sí me siento próximo. Varios de estos artículos o crónicas describen la sinrazón del comportamiento de varios congéneres que luego gente como Saunders o Foster Wallace llevan al extremo esperpéntico. Y cuando Palahniuk bucea en sus demonios íntimos (el asesinato de su padre), el resultado nos estremece, por la frialdad con que se cuentan las partes más crudas: una aplicación del minimalismo narrativo que en alguno de estos textos se defiende como poética.
Un poco de canon negativo: no pierdan el tiempo leyendo el libro de Rodolfo Fogwill, Urbana (Mondadori, Barcelona, 2003). La posmodernidad bien entendida es otra cosa.